Capítulo 7: El consejo de la tía, segunda parte.

La última vez que Shaoran recordaba no haber parado de pensar en una chica habría tenido unos 7 años, aproximadamente. Fue un corto enamoramiento de una amiga de sus hermanas. Debió haber durado un par de semanas, hasta que comenzó a interesarse en la práctica del Jian o espada Shaolin. Con lo que podrían darse una idea de la profundidad de sus infantes sentimientos. Pero ahora… Ahora era como abrir un grifo de agua en su máxima potencia y no saber cómo cerrarlo.

No es que estuviera repentinamente enamorado de Sakura Kinomoto. No era tan extremo. Él definía su situación más como sano interés. Está bien, quizás sea mejor decir profunda curiosidad. Aunque, tras esa tarde donde se juntaron, temía que la palabra curiosidad ya no fuera suficiente para describir lo que le estaba pasando.

Y ocupar la palabra obsesión sería definitivamente exagerar.

Aun así, tenía algo muy claro. Ya no tenía forma de parar. Quizás en un momento pudo haberlo detenido, pero para esas alturas él sabía que estaba jodido. Lo que a su mente práctica y lógica no le estaba haciendo nada de bien. Incluso el hecho de que Sakura le haya dicho que no estaba interesada románticamente en nadie no ayudaba en lo más mínimo. A lo mucho le causaba más interés.

Lo que era extremadamente frustrante para él.

Y es que, haya sido lo de los correos verdad o no, ya para esas alturas era irrelevante. Aunque Sakura diera una declaración jurada de que jamás estuvo interesada en él, daba exactamente lo mismo para esas alturas. En esos instantes, el problema era él.

La siguiente vez que se juntaron a terminar el trabajo, todo se desarrolló en un ambiente relativamente tranquilo. Es decir, tranquilo dentro de lo humanamente posible. Es que, tal como Sakura había predicho, los rumores tras esa tarde en la biblioteca alcanzaron un nivel de locura inconcebible.

Para el resto del mundo, Sakura y él eran oficialmente novios. Lo que era una jugada realmente mala para su situación en particular. Porque ser "socialmente" el novio de la chica por la que no paraba de pensar no le hacía ninguna gracia. Eso, agregado al hecho de que tras terminar el trabajo sobre Tales de Mileto y entregarlo no volvieron a hablar otra vez, parecía ser una verdadera ironía de la vida.

- ¿Vas a querer otra cerveza? – Preguntó Eriol, para después terminar su vaso al seco

Pero Shaoran siguió inmerso en sus pensamientos.

Rebatir el maldito rumor era más bien esfuerzo y tiempo perdido. Probablemente, aunque él apareciera con otra chica del brazo y la luciera por toda la secundaria, a nadie le importaría. Lo importante es que, al fin, el famoso Shaoran Li había caído bajo el encanto de alguien. Y de nada menos que una chica común y corriente como Sakura Kinomoto.

Sí, claro. Si bien ahora último sacar a Sakura de su cabeza se estaba convirtiendo en un molesto problema, de ahí a pasar a lo de novios era, a lo mucho, una mínima-remota-escasa posibilidad. ¿Qué parte de que, si no fuera porque ellos dos estaban en la misma clase, jamás se verían siquiera?

Gente estúpida que sólo ven lo que quieren ver.

Aparte, para tener novia, un mínimo requisito es que te guste susodicha persona y viceversa. Y por más que Shaoran esté prendido de la esmeralda mentalmente, bien podría dar su mano derecha a que esa no era para nada la situación de Sakura.

La muy suertuda.

- Si venías a este pub a meditar sobre la vida, mejor te hubieras quedado en tu pieza.

Shaoran le dio otra bocanada a su cigarro y con toda la paciencia del mundo miró a su amigo con extrañeza. ¿Acaso Eriol no sabía ya para esas alturas de su amistad que él tomaba sus mejores decisiones en pubs y, en lo posible, medio ebrio?

- Tráeme una Red bull y pregunta si hay Jägermeister.

- ¿Una Jägerbomb? ¿Eso es para tener más energías para la fiesta de después, o para dar inicio a una noche de borrachera?

- ¿Qué fiesta?

Erio miró a su amigo y sonrió de esa forma tan suya.

- Bien, para esos son los amigos. Se emborrachan contigo en las buenas y en las malas. ¿Y qué celebramos hoy?

Shaoran miró unos segundos la punta de su cigarro, para después terminar lo que le quedaba de cerveza.

- Mi noviazgo con Sakura Kinomoto.

Eriol no pudo evitar reír ante el comentario mientras se levantaba para ir al bar.

- Esa suena como una muy buena escusa. Llamaré a Yamazaki, quizás con suerte Mihara lo deje salir esta noche.

Shaoran observó a su amigo alejarse, mientras seguía fumando su cigarrillo. Lo que le volvía a dar tiempo para pensar en su situación. Otra vez. Como por quincuagésima vez en el día ¿Quién diría que su peor enemigo en esos momentos sería él mismo? O, más específicamente, el muy hijo de puta de su cerebro. Y eso que ellos dos normalmente se llevaban de lo más bien.

Pero podría ser peor. Al menos él no estaba enamorado de Kinomoto.

El ambarino le dio una última bocanada a lo que le quedaba de cigarro y miró la hora. Las 0:47. Hoy no tenía ninguna intención de llegar temprano a su casa.


- ¿Qué te parece si mañana temprano trotas unos 45 minutos antes de clases? – Ofreció el profesor de Educación física - Necesitas mejorar tu resistencia en el atletismo.

¿Y por qué no mejor se iba a la mierda?, pensó con molestia Shaoran mientras se secaba. Había estado nadando por dos horas y lo último que le apetecía era trotar temprano al día siguiente. Aparte, él se estaba entrenando a sí mismo. Aunque, claro, si llegara a ganar la triatlón, obviamente el profesor querría llevarse algo de gloria junto con él. Da igual que todo el entrenamiento haya sido independiente.

- Mañana temprano tengo otros planes – Contestó el chico neutralmente.

- Necesitas esforzarte más si quieres ganar.

Ah, pero es que él no quería ganar. Participar en la triatlón no tenía nada que ver con la fama y la gloria. Ya de eso tenía bastante. El desafío, en cambio… Eso sí que era una gran fuente motivacional. Pocas cosas lo llevaban a límite y esa competencia era una de esas. Si llegara a ganar, estaría realmente decepcionado.

- Apropósito, a finales de este mes se hará la maratón familiar de Tomoeda. No sería malo que participaras en la sección juvenil.

Shaoran no estaba muy seguro de lo que el profesor le estaba hablando en esos momentos, así que solamente asintió en silencio, mientras se vestía. Él estaba más preocupado de llegar pronto a su casa y terminar de leer la Iliada para pasado mañana.

- Tsutomu y Kinomoto están en tu curso, ¿No? Creo que igual les avisaré. Kinomoto, en especial, quedó en tercer lugar el año pasado. Quizás se anime este año otra vez.

¿Kinomoto qué? ¿Qué diablos el profesor acababa de decir sobre ella? Shaoran estuvo tentado a darse un golpe por no prestar más atención. Aunque, ahora que lo pensaba, pareciera que Sakura le estaba saliendo en todas partes, en casi todas sus conversaciones. ¿Era algún tipo de poder mental del que no era consiente acaso?

- ¿Me estás escuchando? – Preguntó el profesor al ver que su alumno no le contestaba.

- No, lo siento. No escuché lo último. Estaba pensando – Lo que era verdad, en su defensa.

- Te pedí que les avises a Tsutomu y Kinomoto que vayan a mi oficina lo más pronto posible. Si van a participar, los dos deberían entrenar antes aunque sea un poco.

- Claro.

Shaoran terminó de abrochar sus zapatos, y cerró su bolso.

- Estás distraído. Quizás debas descansar mejor.

Oh, el profesor no tenía ni idea de lo distraído que estaba últimamente. Pero no tenía nada que ver con el cansancio.

- Piensa lo de la maratón. Pero no te exijas demasiado tampoco.

Primero que no se esforzaba lo suficiente y ahora se estaba exigiendo mucho. Ah, demonios, quien lo entendía. Pero, pese a todo, ese profesor le agradaba. Nunca le daba problemas para ocupar el gimnasio, las canchas o la piscina, sin importar la hora y el día. Nada de mal.

- Nos vemos, profesor.

- Nos vemos mañana, Li.

Ya estaba oscuro cuando salió del establecimiento. Si no estaba mal en sus cálculos, debían ser como las 8 de la noche ya. Irónicamente, pese a que había estado en el agua lo suficiente como para una semana, sólo quería darse una ducha tibia. Sus extremidades lo estaban matando.

Estaba cruzando el parque cuando su celular sonó. Un mensaje de texto.

"Fiesta en la casa de Fushida a las diez. El trago es gratis"

¿Una fiesta un martes? Ni aunque supiera quién diablos era Fushida o donde vivía, él ya había pasado la fase de fiestas todos los días. Fue necesario tanto por el bienestar de su hígado, como el de sus pulmones. Además, no estaba totalmente seguro de haber superado completamente la borrachera del sábado.

Segundos después el celular volvió a sonar. Esperaba que no fuera Eriol o Yamazaki ofreciéndole ir a la susodicha fiesta.

Sin embargo, el que llamaba era Wei.

- ¿Pasa algo, Wei?

- Me preguntaba, joven Shaoran, si se encuentra cerca del supermercado.

Shaoran miró a su alrededor. No estaba exactamente al lado de la tienda, pero tendría que desviarse sól cuadras para llegar allá. No era tanto.

- Sí, lo estoy. ¿Qué necesita?

- Vino de arroz y brotes de soja, si no fuera a molestarle mucho.

- Está bien. Nos vemos más tarde.

- Muchas gracias, joven Shaoran.

Honestamente, aunque hubiera estado a 26 cuadras de distancia del supermercado, él hubiera ido allá de todas formas. Era un favor a Wei. Por él haría casi cualquier cosa que el anciano le pidiera. Y es que no cualquiera hubiera dejado su patria para cuidar a un niño ajeno como si fuera su propio hijo, ¿O sí? Aunque, claro, Wei lo conocía desde que usaba pañales.

Así que dio media vuelta y se dirigió a su nuevo destino.

Por alguna razón que Shaoran aún no lograba entender, entre las 8 y 9:30 de la noche los supermercados en Tomoeda se atestaban de gente. ¿Por qué? Tenía varias hipótesis, pero ninguna teoría. Así que, pese a que encontró lo que buscaba en pocos minutos, la espera en la fila de la caja era una historia completamente distinta.

Parece que esa ducha tibia que tanto quería sería más bien una ducha express.

- Disculpa muchacho, ¿Podrías hacerme un favor?

Shaoran levantó una ceja mientras miraba a la señora que estaba adelante de él. ¿Cuántos favores ya llevaba el lo que iba del día?

- Claro.

- Es que se me olvidó traer un paquete de hojas de Nori. ¿Podrías guardarme el puesto mientras voy a buscarlo?

- ¿Voy mejor yo a buscarlo? – Se ofreció Shaoran – Usted lleva muchas cosas.

- ¿En serio? – El rostro de la señora se iluminó - ¡Muchas gracias! Te guardo el puesto mientras. Tráeme las del paquete azul.

Así que el chico tomó su vino de arroz y brotes de soja y se encaminó en busca de las hojas de Nori. Y por ser tan buena persona en lo que iba del día, se compraría una barra de chocolate con menta como recompensa. Llámenlo maricón o lo que sea, pero los chocolates seguían siendo una de las mejores cosas creadas por el hombre a su parecer.

Justamente estaba en eso cuando escuchó una voz en el pasillo de al lado.

- Compremos también chocolates y galletas, ¿Sí?

Su cerebro le debía estar jugando una broma de mal gusto. Era imposible que la dueña de esa voz estuviera en ese mismo lugar e instante. No podía ser tan mala su suerte. Así que, sudando frío, con cautela fue a observar al otro pasillo para verificar si sus sospechas eran o no certeras. Y casi se le va el alma del cuerpo.

¿Qué demonios estaba haciendo Himeko en Tomoeda? ¿No que se había ido al otro lado del planeta o algo así?

- ¿Galletas, entonces? Creo que están en el otro pasillo.

¿Otro pasillo? ¿Qué otro pasillo? Shaoran observó a su alrededor y entró en pánico. Él estaba en el pasillo de las golosinas. Y casi pudo jurar que vio su vida pasar por sus ojos.

Su cuerpo entró en estado automático y corrió como si el diablo le persiguiera los talones. Lo que era más literal que metafórico. En segundos llegó al pasillo donde vendían algas y buscó lo más rápido que pudo el paquete de Nori que le encargaron. Sólo quería salir de ese supermercado lo más pronto posible.

- ¡Menos mal que llegaste! Ya es mi turno – Comentó la señora alegremente, mientras Shaoran se ponía detrás de ella.

¿No les ha sucedido a veces que, en momentos donde tienes más apuro, siempre pasa algo que hace que te demores aún más? En este caso, la cajera se quedó sin papel en la máquina registradora, por lo que tuvo que llamar a Dios sabe que otra persona para que la ayudara, lo que le estaba haciendo perder preciosos minutos a Shaoran para huir.

Y en lo que se refería a Himeko, realmente cualquier segundo valía.

- Disculpe la demora. Buenas noches, ¿Es está su compra?

Shaoran asintió y pasó el dinero, mientras observaba hacia los pasillos. Parecía que aún no lo habían encontrado.

- ¿Quiere una bolsa para…?

- ¿Shaoran?

Ah, mierda. Mierda, mierda, mierda. Himeko lo miraba desde la otra fila y ya venía hacia él con esa expresión de fanatismo enfermizo tan propio de ella. ¿Por qué diablos no se había ido a su casa más temprano?

- No, y quédese el cambio.

Y sin guardar sus cosas siquiera, huyó del supermercado con una rapidez que desconocía de sí mismo. Aunque, claro, Himeko no demoró ni 10 segundos en salir del lugar y perseguirlo.

- ¡Shaoran!

Correr hasta su casa no era exactamente una buena idea. Si Himeko le perseguía, sabría donde viviría y eso significaría verse obligado a cambiarse de hogar. Pero sucedía que le gustaba donde estaba su casa actualmente, por lo que esa no era una opción para él. De repente, la solución le llegó al doblar en la esquina.

- ¿Le ayudo con sus bolsas? – Preguntó el ambarino a la señora de antes, mientras tomaba una bolsa sin esperar respuesta.

- Oh, no. No te preocupes. No pesan tanto.

- Insisto – Dijo, tomando otra bolsa.

- Pero, ¿No te desviaría de tu camino? No vivo tan lejos, pero ya es tarde.

- No se preocupe, le aseguro que no es problema.

La señora, al ver a Shaoran tan inquieto, le sonrió.

- Está bien. Aunque, ¿No serás un ladrón, verdad?

- No lo soy. Pero supongo que, si lo fuera, tampoco se lo diría, ¿O sí?

- Así que aparte de guapo y servicial, eres inteligente. Nada de mal – Y la señora finalmente cedió.

Más que servicial, en esos instantes las intenciones de Shaoran eran netamente estratégicas. Y aunque Himeko lo persiguió como por una cuadra más, no se le acercó al ver que no estaba solo. El chico, al darse cuenta de esto, por fin pudo volver a respirar.

- Así que… ¿Por qué huías de esa chica?

Esa pregunta tomó totalmente desprevenido a Shaoran. Jamás pensó que la señora se hubiera percatado tan bien de lo que había estado pasando. Ahora, ¿Cómo diablos le explicaría su actitud sin sonar como un completo idiota?

- Es complicado.

- ¿Alguna ex novia o algo así?

- Ni en broma – Replicó Shaoran con terror.

La señora, al ver su expresión y tono de voz, comenzó a reír.

- Quizás sí sea complicado. Mira, esa casa de la esquina es la mía.

La casa de la señora era bastante tradicional y simple. Sin embargo, su jardín era una historia completamente distinta. Shaoran debía admitir que era realmente lindo. No era tan inmenso como el de su casa en Hong Kong, pero estaba muy bien cuidado.

- Es mi mayor orgullo, aparte de mi hijo – Comentó la señora, como si hubiera leído los pensamientos del ambarino.

- ¿Le toma mucho trabajo?

- Si haces algo con placer, jamás lo sentirás como un trabajo.

Lo que probablemente significaba que sí le tomaba mucho trabajo, pero que no le importaba.

- Vamos, pasa.

- Oh, no. No se moleste. ¿Dónde les dejo las bolsas?

- En la cocina. Por lo que tendrás que pasar de todas formas – Replicó la señora, para después adentrarse aún más en la casa, dejándole la puerta abierta a Shaoran.

El chico lo pensó por un par de segundos.

- ¿Quieres chocolate caliente? – Se escuchó a lo lejos.

Y Shaoran no necesitó pensar más.

Si por fuera esa casa era completamente aburrida, por dentro era exactamente lo contrario. Desde la decoración, los cuadros, los libros; había cosas interesantes en todos los rincones. Lo que más le llamó la atención fue, definitivamente, unas fotos de Hong Kong donde salía la señora y, suponía, su hijo. Muy interesante.

- Estoy a tu derecha – Se escuchó a los lejos.

La cocina era igual de interesante que el resto de la casa. Y Shaoran no era exactamente alguien al que le interesara esa parte de la casa por lo general.

- Por tu uniforme puedo captar que vas a la secundaria Seijo. ¿En qué año estás?

- En el penúltimo.

- ¡Ah! Entonces debes conocer a mi sobrina.

"Oh, por favor que no se llame Sakura Kinomoto, por favor que no se llame Sakura Kinomoto…"

- Chiharu Mihara. ¿Te suena?

- Sí, la conozco – Respondió el chico con alivio – Está en mi curso.

- ¿En serio? ¿Cuál es tu nombre?

- Shaoran Li.

- ¿Shaoran Li? ¿El famoso Shaoran Li?

¿El famoso qué? Maldita sea, debía ser una broma.

- Oh, no me mires así. Takashi me ha contado una que otra cosa sobre ti.

Ah, bueno. Eso explicaba muchas cosas.

- No soy famoso.

- Oh, sí lo eres. Y creo que ahora que te conozco puedo entender más o menos porqué.

Shaoran se limitó a guardar silencio. Hablar de ese tema le ponía de mal humor y esa señora le agradaba.

- Acá tienes tu chocolate. ¿Quieres también galletas? Son de canelas, unas de mis especialidades.

Shaoran aceptó el ofrecimiento de las galletas (Porque después de una tarde de ejercicios realmente tenía hambre) y le dio un sorbo a su vaso. El chocolate estaba delicioso.

- Takashi me contó que eras de China. ¿De qué lugar?

- Hong Kong.

- ¡Ah, el Puerto Fragante! Una hermosa ciudad, la verdad. Aunque es como un poco drástico el cambio de allá a Tomoeda, ¿No crees?

Eso bien se lo podría decir a su madre. No es que Shaoran haya tenido mucho voto o voz para decidir cuándo se mudó. O, mejor dicho, cuando lo obligaron a mudarse.

- Me acuerdo que te vi en esa triatlón hace unos años atrás. Para haber llegado en segundo lugar, parecías realmente satisfecho – Dijo la señora mientras guardaba lo que había comprado.

- Lo estaba.

- Si no hubieras tenido problemas con tu bicicleta quizás hubieras ganado. ¿Has pensado volver a participar otra vez?

- Sí.

La señora dejó de hacer lo que sea que estaba haciendo y miró fijamente al chico. Shaoran simplemente siguió bebiendo su chocolate caliente y comió otra galleta. La señora sonrió.

- Eres directo, serio, de pocas palabras y algo huraño. Interesante mezcla.

Shaoran frunció el ceño al escuchar eso. ¿Se supone que lo estaba halagando? ¿Y por qué lo de huraño? Había sido de lo más amable con ella durante todo ese tiempo.

- Y apuesto a que deben de haber miles de chicas detrás de ti, ¿No?

- Con esa descripción que hizo de mí no suena como que atraiga a muchas chicas.

- Es que no dije lo de inteligente, deportista, guapo, servicial y encantador.

- Falta lo de genio en matemáticas y trilingüe – Agregó el chico con burla.

- ¡Ah! Y con sentido del humor. Además de extranjero. ¿No serás rico, verdad?

Shaoran sonrió. Incluso casi rió. Aún no entendía muy bien hacia donde iba toda esa conversación, pero definitivamente lo estaba disfrutando.

- No pareces ser un chico que disfrute con llamar la atención. Entonces, ¿Por qué eres tan conocido? – Preguntó sirviéndole más chocolate caliente al ambarino.

- Le juro que, en todos estos años, me sigo preguntando lo mismo.

- Y pensar que a varios chicos les encantaría estar en tus zapatos. Es una verdadera lástima.

Shaoran lo pensó por un instante. Eso último era muy verdad. Si comparaba su situación a la de otros, era una reverenda estupidez que se quejara tanto. Su vida era un camino de rosas comparado a la de otros compañeros. Nunca lo había pensado de esa manera.

- Aunque no todo puede ser tan perfecto, ¿Verdad? Nunca es así – La señora se sentó al frente de él, mientras tomaba té y fingía seriedad – De seguro eres gay o estás enamorado de la única chica a la que no le gustas, o algo así.

El acto de sonrojarse no era algo que le sucediera muy seguido a Shaoran. En realidad, casi nunca. Sin embargo, en ese mismo instante, fue justamente eso lo que sintió cubrir su rostro, sin ser capaz de detenerlo u ocultarlo.

- ¿Eres gay? – Preguntó la señora con tono de entre asombro y pánico.

- ¡No! – Replicó el chico con el mismo tono.

- Ah. Entonces te gusta una chica a la que no le gustas.

- Tampoco – Dijo rápidamente el ambarino. Demasiado rápido.

- Oh, sí que te gusta – Insistió la señora con una sonrisa.

Shaoran quería replicar, pero no estaba muy seguro de cómo hacerlo. Si lo hiciera, le daría demasiada importancia al asunto. Si no lo hiciera, parecería que estuviera admitiendo que eso era verdad. De cualquier forma, él perdía.

- Vamos, no creo que sea tan complicado.

Shaoran la miró con recelo. ¿Estaba leyendo su mente, acaso?

- Sí, soy bruja. Leo mentes. Debería haber sido abogada, lo sé.

Shaoran abrió los ojos de par en par. ¿Qué tipo de magia negra era esa?

- ¿La chica está en tu curso, o es de afuera?

- Realmente no tiene importancia – Replicó el ambarino esquivando el tema.

- ¿Sabías que si le contaras tus problemas a cualquier extraño jamás tendrías que pagar por terapeutas?

El chico terminó lo que le quedaba de chocolate y miró a la señora seriamente. Lo más bien podía tomar sus cosas e irse de esa casa en ese instante. Sin embargo, el asunto "Sakura Kinomoto" era algo que lo estaba medio enfermando últimamente. Es que pensar todo el día en una persona no podía ser normal. Por lo demás, esa señora le agradaba.

Exactamente, ¿Qué tanto podría perder explicándole lo que le estaba pasando a una extraña?

- La conozco desde hace años.

- ¿Entonces te gusta desde hace mucho?

- No.

- ¿Te gusta desde hace poco?

- Ni siquiera sé si me gusta, la verdad.

La señora le dio un sorbo a su té y reflexionó por un par de segundo.

- ¿Piensas mucho en ella?

- Sí.

- ¿Estás siempre pendiente de ella?

- Sí.

- Entonces, temo decirte, que sí te gusta.

En realidad, como que Shaoran ya tenía eso más o menos asumido. Pero escucharlo en voz alta era realmente demoledor.

- ¿Y cómo partió?

- No sé. Hubo un rumor, todos se volvieron locos y, de la nada, ella estaba ahí. Siempre estuvo ahí, pero ahora era consciente de ello.

- ¿Un rumor?

- Una estupidez. Nada digno de contar. Aunque supongo que fue el detonador de todo.

La señora volvió a darle un sorbo a su té, pero ahora frunciendo el ceño.

- Así que un rumor… Bueno, supongo que eso no es lo importante ahora. ¿Estás seguro que no le gustas a esa chica?

- No le gusta nadie.

- Ah, bueno. Entonces no es tan malo. Podría ser peor y que le gustase otra persona.

- ¿Perdón?

- Que te va a ser más fácil conquistarla si no le gusta nadie.

- Yo no quiero conquistarla.

- ¿No? Entonces, ¿Cuál es tu plan?

Esa era una excelente pregunta, ciertamente. Lo que realmente le gustaría hacer era poder quitarse a la buena e inocente Sakura Kinomoto de la cabeza, pero no estaba muy seguro de que esa fuera una posibilidad válida. Y aunque soñar era verdaderamente lindo y gratis, no creía que eso fuera a ayudarle mucho ahora. Entonces, ¿Qué es lo que realmente quería hacer?

- Cuando a una persona le gusta alguien, normalmente también quiere estar con esa persona. Es parte natural del juego de la atracción, ¿Sabes?

No es que no quisiera estar junto a Sakura. Es sólo que aún tenía fuerzas para luchar contra todo eso. Y sí quería luchar.

- ¿O tienes miedo?

- ¿Miedo? ¿Se puede tener miedo de algo así?

- Claro que sí. Tu corazón le pertenece a otra persona para cuidarlo o destruirlo y tú no puedes hacer absolutamente nada al respecto. El amar sin ser amado es lo más valiente y estúpido del mundo. Debo admitir que no muchos se atreven a hacerlo.

- Pero yo no estoy enamorado de ella.

- Aún. De aquí a un par de meses quien sabe.

- Entonces, ¿Por qué querría empeorar las cosas si pierdo tanto?

- Ah, buena pregunta. Lo más bien podrías dejar pasar el tiempo y, te aseguro, te olvidarás de ella tarde o temprano. Pero, dime, ¿Por esa chica no valdría la pena intentarlo?

¿Valdría la pena? Shaoran no tenía ni la más remota idea de eso. Jamás había pensado las cosas de esa forma. Y no estaba seguro de estar preparado para enfrentar esa posibilidad.

- Aparte, ¿Quién dice que perderías? La chica igual se puede enamorar de ti, ¿No?

Eso último sonó tan bien en los oídos de Shaoran. Lo de igual se puede enamorar de ti debería grabarlo y escucharlo todos los días de despertador. Era mil veces mejor que esa mierda de música de relajación y sus tantos variantes, y era definitivamente mucho más adictivo que cualquier otra cosa que hubiera escuchado antes.

- Deberías pensarlo, Shaoran Li. Aparte, no luces como si fueras un cobarde. Apuesto a que, si te lo propusieras, podrías lograr lo que sea.

Estuvieron hablando otro rato más, hasta que Shaoran se percató de lo tarde que era (Y de lo poco feliz que debería estar Wei, más aún sin las cosas que le había encargado) por lo que, al terminar su tercer vaso de chocolate caliente, se despidió de la señora.

- Cuando quieras, ven a verme. Siempre tengo chocolate caliente y galletas – Ofreció la señora en la puerta.

- Hecho.

Y con paso tranquilo el ambarino se fue a su casa.

La tía Kaede se quedó en la puerta hasta que Shaoran se alejó tanto que ya no pudo verlo, y un poco más. Al pensar en la conversación que acababan de tener, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

- Ay, chicas. ¿Qué es lo que han hecho? – Y se adentró en su casa moviendo con pesar la cabeza.


Shaoran despertó la mañana siguiente con serias ganas de pegarle a alguien en la cara. En especial a sí mismo. Había soñado con Sakura esa noche, y para qué detallar de qué había tratado el sueño cuando bastaba con decir que el resultado final se podía ver alzado claramente entre sus piernas.

Genial. Ahora sus dos "cabezas" se unían contra él. Simplemente genial.

¿Por qué su cuerpo y mente no querían entender que él no quería desear a Sakura Kinomoto? Sí, bueno, muy buena suerte tratando de luchar contra ello ahora. Podía pelear contra su cerebro, pero ahora que su libido se había unido en la batalla, se lo estaban dejando endemoniadamente difícil. ¿Qué le quedaba libre ahora? ¿Sólo el debilucho de su corazón? Esa no era una guerra justa.

Completamente adolorido, se levantó de la cama cada vez más enojado. Y el señor me-gusta-tener-vida-propia podría quejarse todo lo que quisiera, pero Shaoran no iba a tocarlo para aliviarlo. Ese señor era un maldito hijo de perra traicionero y merecía sufrir.

Al menos la cuenta del gas le iba a salir barato ese mes. Tenía la ligera sensación de que se bañaría sólo con agua fría durante un buen tiempo.


Notas de la autora:

Primer que todo, disculpen las faltas de ortografía o sintaxis que hayan encontrado al leer. No pude revisar el capítulo con la suficiente profundidad que hubiera querido, pero era publicar ahora o en tres días más. Con todas las semanas que he estado desaparecida supuse que preferirían un capítulo publicado lo más pronto posible. Aunque revisaré el capítulo de forma apropiada en el futuro próximo en caso de que haya que hacer uno que otro arreglo (Si leyeron algún error, avísenme para poder cambiarlo!)

Lo siento, lo siento, lo siento. Me imagino que para estas alturas ya se debieron de haber olvidado de muchos detalles de la historia y tuvieron que releer capítulos anteriores. Y lo que más me frustra es que, para cuando publiqué el capítulo 6, este capítulo ya estaba terminado. Pero, sinceramente, el tiempo se me escapa de las manos. ¡No siquiera he podido escribir! Y me asusta pensar que me quede estancada en algún punto de la historia, sin actualización alguna por meses. Eso es justamente lo que más quería evitar con este fic. ¡Así que envíenme energía positiva, tiempo y la musa inspiradora! Los voy a necesitar.

Pero al menos espero haber hecho feliz a mucho lectores con un capítulo entero desde la perspectiva de Shaoran. Ahora ya sabemos lo que realmente pasa por su cabeza, ¿No? ¡Espero que les haya gustado!

¡Mil gracias por todos sus reviews! Me han ayudado mucho para darme ánimos y esforzarme en desarrollar la historia lo mejor posible. ¡En serio que se los agradezco! Las respuestas de los reviews que no tienen cuenta en f/f están en mi profile (Guest 1 y Guest 2 - No se olviden de escribir su nombre! - y Luisa). ¡Ah! Y mil gracias a los que han agregado la historia a sus favoritos y a su lista de alertas también :)

¡Nos vemos en el próximo capítulo!