7-. Situación inesperada
Cuando salimos del pensadero y volvimos a la sala de interrogatorios, una vez puse los pies en el suelo me deje caer. ¿Cómo podía ser que una persona tan odiosa tuviera motivos para serlo? Harry caminaba nervioso por la sala de un lado para otro murmurando cosas inteligibles. Malfoy nos esperaba sentado en una silla, observando nuestra reacción.
Los Malfoy habían sido aliados. Parecido a Snape, pero en su caso nadie sabía nada. Pusieron su vida en peligro por ayudarnos. Malfoy me había protegido. ¡Draco Malfoy me había protegido! Aún no puedo creer lo que acaba de ver. En su mansión estaba demasiado débil para ver las cosas con claridad. Cómo no pude darme cuenta de las acciones de Malfoy. Que estúpida.
Una noticia de El Profeta de hace cuatro meses cruzó por mi mente: Lucius Malfoy condenado al beso del dementor.
-Malfoy...yo...tu padre...- murmuré, ¿qué le podía decir?-. Lo siento tanto.
- No necesito tu compasión, Granger. Y menos tu pena- dijo con tono frío.
Harry se acercó hacia mí y me ayudó a levantarme. Se volvió hacia él.
- Yo... no sé que decir. De todo lo que pensaba de ti, esto es lo que menos me podía esperar. Te estaré agradecido siempre- Malfoy asintió-. ¿De dónde han salido estos recuerdos?
- Mi padre me dejó los suyos antes de morir. También están los de mi madre y los míos propios- cerró los ojos momentáneamente ocultando sus sentimientos y me miró-. Ahora que ya sabéis la verdad, necesito que me libres de la condena, mi hijo depende de ti, Granger, por mucho que odie admitirlo. No quiero que la infancia de mi hijo esté dictada por los actos que cometí en el pasado.
- Es lo menos que puedo hacer por ti, después de todo lo que has hecho por nosotros. No dudes ni un segundo que haré todo lo que este en mi mano. En un par de semanas serás libre.
Harry me acompaño hasta la puerta de mi casa, donde me esperaba un Ron bastante malhumorado.
- ¿Donde estabas, Hermione?- preguntó furioso nada más verme-. Son ya las doce de la noche. Tú hija ha estado todo el día en casa de mi madre y ni siquiera te has preocupado en ir a buscarla.
- No me hables así, Ron. Llamé a tu madre diciendo que iba a salir tarde y que iría a buscarla en cuanto pudiera. Ella quería que Rose se quedara a dormir allí y yo acepté.
- Pues no deberías haberlo hecho es tu hija y tu deberías de hacerte cargo de ella. Y si no puedes trabajar dejalo.
- ¿Pero que estás diciendo, Ron?- no puedo creer lo que estaba escuchando-. Tu madre está encantada de quedarse con su nieta. Y no se que te crees diciéndome que deje el trabajo. Porque no lo haré.
- Eso lo veremos, Hermione. ¿Y qué caso es ese tan importante?
- No puedo decírtelo.
- ¿Qué no me lo puedes decir? Esto ya es el colmo. Lo que me faltaba, que mi mujer me esconda las cosas- una rabia empezó a surgir en él. Me miraba con odio, un odio que nunca había visto es sus ojos.
Un fuerte puñetazo cruzó mi cara y me hizo tambalearme. Me pilló totalmente desprevenida, ¿mi marido me acaba de pegar? No, no es posible. Pero la sangre que caía de mi labio indicaba todo lo contrario.
- Que me lo digas, ya- repitió gritando.
Me encogí en mi sitio. Le había prometido a Arthur que no podía hablar con nadie sobre Malfoy hasta que fuera el juicio, excepto con Harry. Y era la mejor opción a no ser que quisiéramos tener a Rita Skeeter todos los días a todas horas pisándonos los talones.
- Te repito que no puedo, Ronald- no reconocía a mi marido, ¿quién es este hombre tan desagradable? Saqué la valentía que tenía escondida y le dije con tono serio- ¿Quién te crees qué eres para pegarme? Ni se te ocurra volver a hacerlo, porque te juro que no nos vuelves a ver ni a mi ni a Rose en lo que te queda de vida.
- A mi no me amenaces, Hermione- se acercó lentamente con una sonrisa que me produjo un asco increíble. Hizo una caricia en mi mejilla dolorida y me tranquilicé momentáneamente. Su mano siguió su recorrido por el cuello, que poco a poco empezó a apretar con fuerza, asfixiándome, teniéndome completamente a su merced y cuando creyó conveniente susurró en mi oído antes de soltarme y marcharse a nuestra habitación-. Haré lo que me de la gana, que no se te olvide.
La soledad me inundó. Las lágrimas se escapaban sin mi permiso y contuve con todas mis fuerzas las irremediables ganas de sollozar. No le daría el gusto de escucharme llorar. Menos mal que mi niña está con Molly. Jamás le hubiera perdonado hacerme eso con mi hija en casa.
Me introduje en la habitación de invitados y me tumbé tapándome la cara con la almohada para silenciar mis chillidos. Cuando estuve completamente agotada conseguí dormirme.
A la mañana siguiente, Ron me despertó trayéndome el desayuno a la cama, con un gran ramo de rosas que hizo aparecer de la nada.
- Lo siento, Hermione. Siento lo que pasó ayer- se sentó en la cama, me agarro las manos y me miro apenado-. Fui un idiota. Estaba nervioso porque llegué a casa y mis princesas no estaban.
- Eso no es motivo, Ron.
- Lo se... lo se. Perdonamé, por favor- suplico mientras me acariciaba la mejilla y parte del labio, donde me había golpeado.
Su cara reflejaba pena y sus ojos tristeza. Esos hermosos ojos de los que un día me enamoré. Me acerqué a él lentamente y le bese con ternura, haciéndole saber mi respuesta.
