Ya era tarde. La luz del atardecer se filtraba por las ventanas, tiñéndolo todo de un suave color anaranjado. El instituto ya casi estaba vacío, a excepción de los miembros de algunos clubes que seguían abiertos... entre ellos, los tres jóvenes que seguían en el aula del club de periodismo. Se habían quedado hasta aquella hora no porque tuviesen cosas que hacer, sino porque habían querido escuchar la extraña historia del Hada de los Tomates.

Feliciano había terminado ya de contarles su serie de extraños acontecimientos. Cómo se había escondido en el cuarto de las escobas para escapar de Ludwig, por un motivo que ni siquiera recordaba ya; también lo de los arbustos y el agua que cayó por la ventana. Por último, les narró lo que ya habían visto momentos antes, explicando las cosas con mayor detalle y desde el principio. Finalmente, el italiano soltó un suspiro de alivio y se dejó caer en su sila. Había sido agotador contarles todo, tanto física como psicológicamente. Estaba cansado.

Mientras tanto, las chicas se quedaron en silencio. Tenían que procesarlo adecuadamente; además, ya era suficientemente extraño que un amigo te dijese que en sus ratos libres se escondía para ser el Hada de los Tomates. Que no era exactamente así, pero parecido. Aunque Mei no acababa de comprender del todo.

- A ver si lo entiendo, Feliciano... ¿sólo porque habías visto a Ludwig, te escondiste? -La chica frunció el ceño y se masajeó las sienes, confusa.

- B-bueno... -Claro, Mei no sabía el por qué de todo su comportamiento. Eso no lo había dicho.

- ¿Le odias o algo?

- ¡Ve! ¡Claro que no! E-es que...

- Vamos, Mei... -La húngara sonrió y abrazó a la taiwanesa por los hombros.- Todo lo contrario~ Lo que pasa es que le gusta~ ¿a que sí?

- ¿Eeeh? ¿Le gusta? -Pobre Mei, aquella tarde era una sorpresa después de otra. Miró a Feliciano, esperando que confirmara o desmintiera lo que su amiga acababa de decirle. Este estaba empezando a ponerse rojo como un pimiento, y miraba al suelo mientras movía sus pies nerviosamente. ¿Tenía que contestar a eso? Bueno, Elizabeta parecía saberlo ya, así que contarle a alguien más seguramente no sería nada... además, Mei parecía de confianza, seguro que no se lo decía a nadie. Le había ayudado antes, no podía ser mala persona.

- Pues... -Incapaz de decir que sí, el joven simplemente asintió. Ante esto, la otra chica sólo pudo sonreír ampliamente.

- Ya veo~ Ahora entiendo muchas cosas~

- Claro, Mei, el corazón de una doncella necesita saber ciertas cosas para comprender~ -Feliciano no sabía de qué estaba hablando Elizabeta exactamente, pero haber compartido su secreto con alguien de confianza le hacía feliz. La húngara se giró para hablarle de nuevo entonces, con un tono más animado.- ¿Y cómo se te ocurrió decir que eras un hada, Feli?

- N-no lo sé... ve, sólo entré en pánico~ -Feli sonrió y se encogió de hombros. Realmente el pánico hacía cosas graciosas, ¿no?

- Pero... algún día tendrás que decirle que eras tú, ¿no? -Mei se cruzó de brazos, pensativa. Eso no parecía hacerle mucha ilusión a Feliciano, quien negó con la cabeza efusivamente, nervioso.

- Bueno, no creo que haya necesidad, Mei... al menos no de momento... -Respondió Elizabeta, que estaba pensando cómo era que Ludwig aún no le había descubierto... el italo tampoco tenía las mejores dotes de actor del mundo, y la voz era reconocible si te parabas a pensar un poco.- Pero de momento te ayudaremos, Feli~

- Vee~ grazie, Eliza~

- Aunque eso no quiere decir que no tengas que ordenar los expedientes antes de irte, que ya sé quién los dejó desordenados en el cajón~

- V-ve... está bien...

A pesar de las palabras de la chica, los tres se quedaron hablando un rato más después de ello. El final del trimestre se acercaba, las vacaciones estaban al caer y todos parecían tener planes. Elizabeta se iba a ir de vacaciones a una casa que tenía en la montaña, porque quería alejarse un poco de todo ese ambiente escolar y ajetreado que era su barrio... aunque pensaba llevarse libretas y apuntes con ella de todos modos. Mei pasaría las Navidades con su familia, harían un banquete y encenderían fuegos artificiales. Parecía tan divertido... desgraciadamente, Feliciano no tenía ninún tipo de planes.

"Ya haré algo con mi abuelo y mi hermano", dijo. Pero seguramente Lovino querría estar con Antonio por fiestas, así que le tocaría estar a solas con su abuelo. No es que le molestase o algo, al contrario, pero sus planes parecían algo solitarios al compararlos con los planes de las chicas.

...

¿Qué haría Ludwig por vacaciones?

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- Kiku, ¿tú crees en las hadas?

"... ¿Eh?"

Mientras tanto, cierto alemán quería compartir sus inseguridades con alguien. El rubio enredaba sus dedos en el cable del teléfono, nervioso; quizás la pregunta que había hecho era un poco extraña... pero Kiku era la única persona que conocía que tenía la cabeza bien puesta sobre los hombros, él sabría responderle con sabiduría y sinceridad, o al menos eso esperaba.

Y el japonés lo único que quería saber era si aquello tenía algo que ver con la película de Peter Pan que pusieron el día anterior en la televisión, pero no se atrevía a preguntar.

- Las hadas... ¿son reales? ¿Qué crees tú? -Ludwig insistió, haciendo que el pobre Kiku se sintiese como en una encrucijada. ¿Debía decirle que no? Ah, pero quizás así rompería el alma de niño que quedaba aún en el alemán... Ludwig tenía de vez en cuando unos puntos de vista algo infantiles, (de hecho, aquella pregunta era una muestra de cuán inocente todavía era el alemán), lo cual no era malo en lo absoluto... pero precisamente por eso no sabía muy bien lo que el rubio quería escuchar.

"Bu... bueno, nunca he visto una..." Decidió ir, una vez más, con sus respuestas neutras.

- Ya, supongo que no... yo tampoco... pero Elizabeta dijo que eso es porque si vemos un hada, esta se desvanecerá para siempre...

"¿Eh? ¿Elizabeta dijo eso?"

- Sí... ¿no es cierto?

"Ah, pues... es que yo no sé mucho de hadas..." Kiku intentó excusarse con su poco conocimiento en la materia, pero eso no le libró de más preguntas.

- Sólo pido tu opinión, ¿tú crees que existan? -Ludwig siguió presionando; él no quería ser una molestia para su amigo, pero estaba confuso y necesitaba sus respuestas. No pensaba preguntarle a su hermano porque se reiría de él, asegurado, pero el japonés era diferente, nunca se reiría de sus dudas. Aunque Kiku no estaba acostumbrado a que le hiciesen tantas preguntas, y tan seguido. Empezaba a agobiarse un poquito, así que no le quedó otra que hacer él otra pregunta.

"Esto... ¿puedo preguntar a qué se debe todo esto, Ludwig-san? Es una pregunta bastante inusual viniendo de ti..."

- Oh, claro, lo siento. -Ciertamente, no le había dicho nada al respecto. Sólo le había preguntado y ya, nada más descolgó el auricular.- Bueno, es una historia algo larga...

"Te escucho." Así que había una historia... ahora Kiku tenía más curiosidad que antes.

- Bueno... ¿recuerdas hace un par de días, cuando teníamos que terminar juntos unos trabajos de álgebra? Viniste a buscarme después de clase, y me encontraste en el pasillo oeste...

"Ah... ciertamente." Ahora que el japonés recordaba mejor, no era la primera vez que escuchaba el nombre del Hada de los Tomates. Aquel día también se la había mencionado, pero no sabía demasiado porque se abstuvo de preguntar.

- Sentí que alguien me estaba espiando, así que seguí a alguien por el pasillo y llegué hasta la puerta del cuarto de las escobas... la puerta no estaba cerrada con pestillo, pero aún así no pude abrirla... y una voz desde dentro me decía que era el Hada de los Tomates... -Ludwig empezaba a sentirse algo tonto por estar explicando algo como eso, parecía más bien un cuento para niños pequeños...

"Comprendo... espera, ¿la puerta estaba abierta y no pudiste entrar? Qué inusual... ¿seguro que estaba abierta?"

- Sí, esa puerta sólo se puede abrir o cerrar desde fuera, y el pestillo no estaba echado. Iba a derribar la puerta, pero entonces llegaste tú y lo dejé pasar.

"Y... ya veo..." En ese momento, Kiku se alegró de haber ido a buscar a su amigo aquel día. Echar abajo una puerta del instituto podría no ser la mejor idea después de todo.

- Y luego, al día siguiente, en el recreo... Lovino Vargas vino a preguntarme si había visto a su hermano. Empezó a ser extrañamente amable conmigo... -Sí, el alemán estaba contando algo bastante surrealista.- Se escuchó entonces un grito que venía de detrás de los arbustos. Me giré para ver qué había ocurrido, pero...

"... ¿No había nadie?" Aventuró el otro.

- En efecto. Nadie detrás de los arbustos. Pero la voz de esa tal hada estaba ahí, sonaba como si estuviese cerca... no entiendo nada...

"¿No podría haber alguien escondido?"

- No había ningún lugar donde esconderse... había un árbol, pero no creo que nadie pueda esconderse ahí detrás, es algo delgado...

"Realmente extraño..." Ahora Kiku estaba interesado. Cuánto misterio... ¿quién sería la supuesta hada?

- Pero eso no es todo...

"Oh, ¿aún hay más?"

- Sí... hoy mismo, el hada también estaba en el armario de la sala de reuniones del club. Elizabeta y una amiga suya estaban allí, y decían que el armario no se abría a pesar de estar sin el pestillo puesto.

"Entonces, quizás estaba bloqueado desde dentro... ah, pero eso no se puede hacer en un armario de ese tipo..."

- Esas dos me dijeron que no debía intentar ver al hada o esta desaparecería... también me dijo que me pasarían cosas buenas si era bueno con el hada... y cuando decidí dejar estar el tema y fui a mi taquilla... bueno...

"¿Sí?"

- ... Estaba llena de tomates.

"... Oh. Ya veo." Bueno, no tenía ninguna explicación lógica para eso. Era un tema de lo más peculiar, sí. ¿Quizás era un hada de verdad? No es como si no creyese en todas esas cosas paranormales, después de todo... no era muy del tipo "ver para creer", aunque sí algo escéptico. Había una alta probabilidad de que todo eso tuviese una explicación coherente, aunque... en verdad no se le ocurría ninguna. Pero primero que todo, debía colaborar con su amigo para resolver aquel asunto. "Y... ¿qué es lo que planeas hacer al respecto?"

- Por lo pronto me he puesto a hacer una salsa con los tomates, la serviré para la cena. -Respondió Ludwig.

"No, no era eso a lo que me refería... digo con el hada, ¿qué planeas hacer?"

- Oh... bueno, no sé dónde podría encontrarla de nuevo, así que no puedo hacer gran cosa... pero... ¿tú crees que realmente es un hada?

"Bueno... podría... podría serlo... o podría no serlo..." Maldición, ahora Kiku se lamentaba el no poder ser más decidido. Le gustaría darle a Ludwig una opinión sincera, pero simplemente no tenía ninguna.

- ¿No estás seguro tampoco? -El rubio suspiró, cansado. Bueno, él tampoco lo estaba... pero porque él era mucho más escéptico que el japonés; él continuaba buscando desesperadamente una solución a aquel embrollo.

"Lo siento... me gustaría verlo de primera mano, pero no sé si será posible... ah, de todos modos hablaré con Elizabeta al respecto..." Añadió enseguida Kiku, anotando eso mentalmente para hacerlo al día siguiente nada más le fuese posible. "Oh, y... ¿qué piensa Feliciano al respecto?"

- ¿Feliciano? Ah... ahora que lo dices, él ya se había ido, según Elizabeta me dijo. No sé si llegó a hablar con el hada o no... -Pensativo, Ludwig se apoyó un poco en el mueble que tenía a su espalda; llevaba un buen rato de pie ya. El japonés estaba sentado desde un principio, así que eso no le preocupaba, pero igual cambió un poco de postura para estar más cómodo.

"Creo que las opiniones de todos deberían contar... es un tema interesante, pero no podemos hacer nada hasta que el hada no vuelva a hacer acto de presencia..."

- Tienes razón... bueno, seguramente volverá a aparecer... por algún motivo lo presiento. -Dijo Ludwig, antes de que una voz interrumpiese su conversación telefónica.

- Weeeest! ¡Tengo hambre, ¿cuándo estará hecha la cena?! -El albino acababa de regresar a la casa hacía pocos minutos, pero ya estaba exigiendo comida.

- ¡Enseguida estará, bruder! -Suspiró.- Oh, lo siento, Kiku, es mi hermano...

"Comprendo. Bueno, es que ya son estas horas..." Respondió el otro, calmado. "Yo tomaré udon y terminaré los ejercicios de física en cuanto pueda."

- Dejémoslo en que necesito más datos de todo esto...

"Sí, será mejor dejarlo en eso por el momento." Asintió Kiku. Ya que ninguno de los dos estaba seguro de la respuesta correcta, lo mejor sería esperar para recopilar más datos en un futuro. No iba a meterle a su amigo ideas en la cabeza que luego podrían no ser ciertas...

- Entonces nos veremos mañana.

"Hai. Nos vemos mañana, Ludwig-san." Una vez que pronunció su despedida, esperó a que el alemán colgase para hacer lo propio con su teléfono. Luego se acomodó en su silla de nuevo y suspiró, algo cansado. Ese problema le estaría rondando por la mente por verias horas antes de que lograse enfocarse realmente en sus estudios. Quizás debería ponerlo como artículo del periódico de la escuela... ah, pero sería malo que el problema se extendiese aún más, ¿no? Cualquier persona con malas intenciones podría intentar hacer la broma y confundirles aún más... no, mejor no tocaba el periódico por el momento.

Ah, qué problemático...

Y mientras el japonés debatía consigo mismo, Ludwig volvía a la cocina para continuar haciendo la cena. Se había tomado un descanso para llamar a su amigo, ya que su hermano no tenía hambre todavía.. continuaría ahora, y luego de cenar estudiaría un poco. Preguntarle algo a su hermano acerca del tema era una mala idea, seguro que se reía de él o algo por el estilo.

Ya haría algo por su cuenta. Al menos ahora podía preguntarle al japonés cada vez que le sucediese algo nuevo. Aunque le gustaría que él también lo viese, así lo comprobaría con sus propios ojos... no había podido evitar notar el tono escéptico del más mayor mientras le iba contando cosas.

Aunque si por él fuese, preferiría no tener que volver a lidiar con aquel tema tan confuso.

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- Hombre, mira quién ha vuelto a casa... el señor hada. -Nada más Feliciano volvió a casa fue recibido por su querido y sarcástico hermanito mayor, que estaba cómodamente sentado en el sofá comiendo pizza mientras veía una película. Pero no estaba solo, Antonio estaba con él.

- Ve... ciao, fratello. Ciao, Antonio~ -El menor sonrió al ver a su futuro cuñado.

- Hola, Feli~ estamos viendo Invasión Alienígena, parte dos. ¿Quieres verla con nosotros~? -preguntó alegremente el español mientras se separaba un par de centímetros de su novio. Parece que ya sabía las consecuencias de pegarse mucho a Lovino cuando había gente cerca, aunque fuese su hermano... Antonio había aprendido bien.

- No, grazie~ no he visto la primera parte, además de que seguro que ya casi acaba. -Respondió Feliciano. No dijo que estaba muy cansado y que quería ir a tumbarse.

Además, la imagen de un hombre siendo devorado desde el estómago por algo que parecía un pulpo sideral no le hacía mucha gracia... mejor evitarlo.

- Tú te lo pierdes, idiota. -Refunfuñó Lovino, quien estaba de malas con Feliciano desde que este tuvo que explicarle la situación con el hada.- Hay comida en la nevera si la quieres, el abuelo llegará tarde así que cenará fuera, no le dejes nada.

- Entendido~ -cierto, Feli también tenía mucha hambre, esas cosas solían pasarle cuando estaba nervioso o cansado, y en ese momento estaba ambas cosas. Dejó a la pareja con su película y su intimidad y se dirigió hacia la cocina para sacar cualquier cosa rica de la nevera.

Al entrar, reparó en que la cesta de tomates estaba casi vacía, así que cogió el bolígrafo que siempre dejaban encima del microondas y escribió "tomates" en el post-it que colgaba de la nevera; ahí apuntaban lo que les faltaba por comprar, o alguna nota por si necesitaban algo, fecha importantes... cualquier cosa. Después de esto, dejó el boli en su sitio y reparó en el reloj rojo que había en la pared. Las manecillas marcaban las ocho... ¿ya era tan tarde? Cierto, se había quedado un buen rato hablando con Eliza y con Mei, pero no creyó que fuese tanto... con razón el cielo estaba ya tan apagado.

Con un suspiro, el italiano abrió la nevera y rebuscó algo comestible. Lovino le había dicho que había comida preparada, así que quizás aquel tupper del fondo era su cena. Lo sacó y sonrió al abrirlo; ¡macarrones! ¿los habría hecho su fratello? Siempre le quedaban buenísimos~ a veces incluso mejor que a él... en realidad, ambos hermanos tenían un nivel de cocina muy similar, así que de vez en cuando cocinaban por separado para ver quién hacía el plato más rico.

De todos modos, dejando ese tema aparte, en el recipiente sólo estaban los macarrones. Faltaba la salsa, así que Feliciano decidió hacerla él mismo. Mejor si la salsa estaba recién hecha, después de todo~ así que dejó el tupper encima de la mesa y volvió a buscar en la nevera. Necesitaría tomate, y... carne picada. Una cebolla tampoco estaría mal, ¿por qué no? Tenía hambre, pero mejor si hacía una buena cena, así valdría la pena esperar cinco minutos. Sin más demora, calentó algo de aceite en la sartén y empezó a cocinar.

Mientras estaba en ello, podía escuchar las risas de los otros dos en el salón. No entendía de qué se reían, porque supuestamente estaban viendo una película gore... pero al menos lo estaban pasando bien, y eso era lo que importaba, pensó el joven mientras terminaba de cortar la cebolla y la añadía a la carne en la sartén.

Últimamente su hermano se reía más de lo normal, eso era maravilloso... y seguramente gracias a Antonio. Feliciano siempre le estaría agradecido al español por sacar a su hermano mayor de esa burbuja en la que siempre se había empeñado en esconderse, y no dudaría en agradecérselo de todas las formas posibles. Cada vez que podía lo hacía, de hecho; empezando por no decirle a su abuelo sobre lo suyo con Lovino, o invitarle a merendar de vez en cuando. Y ahora pensaba dejarles ver la película en paz, por supuesto.

Contento con cómo le había quedado la salsa, echó los macarrones y los revolvió un poco para que se calentasen con el fuego de la sartén, para echarlos casi enseguida a un plato. Cogió un vaso, servilleta y cubiertos, y se sentó en una de las sillas para poder empezar a comer. No le importaba comer solo, no era la primera vez y seguro que no sería la última. Pasó el rato jugando con su comida, comiéndola y escuchando de vez en cuando algunos comentarios obscenos de boca de Lovino desde el salón, y las risas de Antonio. Aunque ya hacía un rato que se habían quedado callados, así que por el momento sólo escuchaba el murmullo de la televisión y el rítmico tic tac del reloj de pared. Empezaba a amodorrarse, mejor terminar pronto de comer e ir enseguida a la cama.

Y justo cuando estaba lavando los platos, escuchó la puerta de la entrada abrirse. Sonrió, cerró el grifo y dejó lo que estaba haciendo para ir corriendo a saludar al recién llegado, es decir, a su abuelo.

- Vee~! Nonno~! -en efecto, era él. Se tiró a abrazarle y enseguida notó cómo era levantado en el aire. Su abuelo sí que estaba en forma, sí.

- ¡Feli! ¿Qué tal está mi pequeño~? ¿Me echabas de menos~?

- ¡Sí, mucho! ¡No te veo desde esta mañana! ¿Dónde estuviste?

- Bueno, cierta persona me había prometido ir a pescar, así que eso hice~ -Rió el viejo, al parecer satisfecho consigo mismo.- Te diría que traje la cena, pero lamentablemente me la comí por el camino...

- No importa, nonno, Lovino hizo macarrones, así que he cenado eso~ -Dijo Feliciano, asintiendo como si así quisiese enfatizar sus palabras.

- Oh, hablando de eso, ¿dónde está Lovino? ¡Quiero saludar a mi otro nieto!

- Ve~ está en el salón~ viendo una película con Antonio~ -Respondió, mientras seguía a su abuelo al salón.

Y en efecto, allí estaban, viendo cómo descuartizaban a uno de esos pulpos astrales, o lo que sea que fuesen esas cosas moradas. Pero... estaban bastante separados. Mucho más de lo que estaban antes, de hecho. Además, parecían nerviosos. Lovino parecía nervioso, y Antonio abrazaba un enorme cojín con cara de culpabilidad. Y ninguno de los dos estaba mirando a la pantalla del televisor. Feliciano los miró con curiosidad. ¿Qué estarían haciendo antes de que llegase el abuelo Rómulus? Quizás algo más que ver la tele...

- Ciao, nonno... vuelves pronto. -Gruñó Lovino, intentando ocultar su nerviosismo. Lo cual funcionó, ya que podría parecer perfectamente que estuviese molesto, también.

- Ho-hola, señor Vargas. -Antonio también saludó, aunque no se le daba tan bien disimular los nervios, cosa que Rómulus enseguida notó.

- Ciao... ¿... Qué estabais haciendo? -Preguntó, escéptico.

- Pues veíamos una película ¿qué te parece?. -Lovino se giró, mirando mal al mayor.

- Pues... me parece que también quiero verla, tiene buena pinta~ -Sí, las escenas sangrientas nunca eran un no para el señor Rómulus Vargas. Aunque su nieto no parecía estar muy de acuerdo.

- ¡Claro que no! ¡Está a punto de terminar, vete a dormir y déjanos estar!

- Pero...

- ¡No hay peros! -Replicó el joven.- Además, seguro que no paras de preguntar quién es quién y qué es qué en todo el tiempo que estés aquí... ¡descarga la maldita película!

- ... Bueno, está bien. Este viejo se irá a la cama... buenas noches. -Suspiró el mayor, cediendo a los caprichos de su nieto. Aunque por el rabillo del ojo vio a Antonio acercarse un poquito más a su querido nieto... y eso no le acababa de gustar del todo.- Buenas noches a ti también, Carriedo. -Dijo, con un tono bastante más frío.

- B-buenas noches... -Murmuró el español, algo inquieto todavía. Los dos mantuvieron el contacto visual hasta que Rómulus desapareció por la puerta. Feliciano, que lo había estado viendo todo, sospechaba aún más de lo que sospechaba su abuelo. ¿Qué estarían haciendo? Aunque bueno, no sería nada demasiado grave, ¿no? no harían algo así con él en la habitación de al lado...

- Nonno... -el menor iba a decir algo, pero enseguida se vio envuelto en un par de fuertes brazos que le apretaban con más fuerza.

- ¡Feli! ¡¿Qué es lo que he hecho mal?! -Lloriqueó el abuelo.- ¡Lovino ya nunca quiere hacer nada conmigo! ¡Y siempre está con ese Antonio!

- ¿Ve?

- ¡Vale que fui yo el que le dije que debería probar a trabar amistad con él, porque le veía muy solo, pero ahora el que está solo soy yoo! -Rómulus miró a su nieto con lástima, queriendo consuelo.

- No es verdad, nonno, yo estoy aquí~ además, Lovino también está~ -Feliciano sonrió; le parecía divertido que su abuelo estuviese celoso de Antonio. Aunque todos los padres y abuelos se ponen así cuando sus hijos y nietos se alejan... él no era excepción.

- ¡Pero es que ya no me fío de ese! -Con "ese" se refería al español, probablemente.- Mira raro a mi Lovino, y eso no me gusta... ¡¿Qué quiere de él?!

"Ah, se ha dado cuenta..." pensó Feliciano. Aunque claro, lo raro sería que no se hubiese dado cuenta. Si estaba más que claro que Antonio adoraba a Lovino, se veía de lejos... de muy lejos, se veía desde China. Bueno, había tardado meses en darse cuenta, pero al final se olía algo. Claro que de sospechar algo así a sospechar todo lo que en realidad había era diferente. Y ni qué decir cuando se enterase. Feli no estaba muy seguro de cómo reaccionaría.

- ¡Pe-pero nonno! ¿No estás feliz por Lovino? -empezó a decir, queriendo que su abuelo le diese algo de crédito a Antonio por todo lo que hacía.- Desde que está con Antonio que se ríe más~ y... y... ve~ también se ha vuelto más sociable. ¡Ya no nos manda al cuerno desde su cuarto! Bueno, no tanto...

- Eso es cierto, pero... -Rómulus suspiró, tristón.- Aún me entristece ver cómo mis nietos crecen y se alejan poco a poco de mí... también te llegará el día, Feli, te enamorarás y te olvidarás de tu abuelo.

- ¡N-no, claro que no! Yo no haría eso...

- ¿Ah, no? Porque yo lo hice~ -el mayor rió un poco, con un gesto culpable.- La juventud es maravillosa, después de todo~

- Vee...

- Ah... ¡no me mires así! ¡cuando te pase a ti ya no hablarás tanto!

- No digas esas cosas. No quiero olvidarme de ti sólo porque me enamore, nonno... -Dijo Feliciano, abrazando de nuevo a su abuelo.

- Ay, eres tan buen niño~ No cambies nunca, Feli~ -Rómulus correspondió al abrazo, feliz e ignorante de la cruda realidad, de que sus nietos ya estaban felices y enamorados. Pero quizás fuese mejor así... de momento. Los dos, abuelo y nieto, permanecieron un rato más abrazados, y después se separaron; Feliciano estaba cansado, así que eso fue lo que anunció.

- Me voy a dormir, nonno... mañana hay que despertarse pronto...

- Ya... madrugar es malo si se hace cada día, ¿no? Hasta yo me llego a cansar. -Rió el mayor, dándole un par de palmaditas a su nieto en la cabeza antes de desearle unas buenas noches.- Que duermas bien~

- Ve~ igualmente~ -Dijo Feliciano mientras subía por las escaleras en dirección a su cuarto. Nada más entrar cerró la puerta y se puso el pijama, dejando su ropa de diario desperdigada por el suelo. Se dejó caer en la cama con los brazos extendidos y se quedó mirando al techo. Muy pastel.

Ah... Tanto hablar de amores le había recordado a Ludwig. Sonrió levemente al recordar cómo había vuelto a esconderse cuando él estaba cerca, y suspiró, sintiendo algo de culpa. ¿Cómo iba a acercarse al alemán si se empeñaba en hacer esas cosas? No, no debía hacerlo más...

Rodó un poco en la cama para poder alcanzar el interruptor de la luz y apagarla. El cuarto se quedó totalmente a oscuras, a excepción de las lucecitas rojas del reloj digital de encima de su mesa, que tenía puesta la alarma para el día siguiente. Suspiró de nuevo y cerró los ojos, pensando... que ojalá nunca más tuviese que volver a actuar como si fuese el Hada de los Tomates.


Lo hiceee! Estoy de exámenes, pero logré escribir algo! xD

Este capítulo me da la sensación de que está enfocado bastante al spamano... de hecho, me muero de ganas de hacer la misma versión de esta historia, pero en modo spamano... pero igual queda demasiado repetitivo, así que no creo hacerlo xDD

Igualmente, espero que os guste! :33 intentaré escribir cuando pueda!

Gracias por las reviews y los favoritos, me inspiran y me dan confianza para continuar! C: