Hola :3

Muchas gracias por comentar ^-^ Lástima que al ser anónimos no os haya podido responder directamente, pero aún así gracias ^-^


Capítulo 7: Paciencia

Ace podía afirmar, sin lugar a dudas, que aquella era la cita más extraña que había tenido hasta el momento. Si tenía en cuenta lo desastrosas que habían sido la gran mayoría de sus citas, aquello era una noticia fantástica.

Cuando habían entrado, Marco no había hecho ningún amago de intentar apartarle la silla para que se sentara, como más de un hombre sí había intentado hacer con resultados desastrosos. Al parecer, como era el que estaba "abajo", muchos lo consideraban como el equivalente de "la chica" de la relación, e insistían en tratarlo como tal. Aquellas relaciones ni habían terminado muy bien ni habían durado.

Marco tampoco se había puesto la servilleta en el regazo, como hacían muchas personas que intentaban parecer refinadas, y Ace se alegró de ver que no tenía problemas en apoyar los codos en la mesa. Aún recordaba a aquel ex novio del instituto que le había echado la bronca al salir de un restaurante por comer con los codos sobre la mesa. Si no se lo había merendado había sido simplemente porque Nami, que había estado por la zona, intervino al ver las señales de peligro. Si le preguntaban, Ace no sabía nada de la espontánea combustión de la moto del chico al día siguiente.

La prueba de fuego llegó con los primeros platos que habían pedido. Por un momento Ace había considerado la posibilidad de contenerse a la hora de comer, pero la había descartado casi de inmediato: Marco le gustaba realmente, y Ace sabía que no podía cambiar su falta de modales en la mesa, si aquello iba a ser un problema prefería saberlo cuanto antes.

Marco ni siquiera pestañeó cuando Ace se tragó un bollo de carne de un solo mordisco. O cuando sorbió todos los tallarines del plato de pasta de una sola vez. Ace se quedó mirándolo con la boca entreabierta, preguntándose por qué el hombre, que no compartía sus hábitos como su hermano o su abuelo ni se había inmunizado a ellos como Law, no parecía afectado en lo más mínimo.

Marco pareció adivinar lo que estaba pensando, porque levantó una ceja y dijo:

-Me crié en un orfanato, no vas a hacer nada que no haya visto antes.

-¿En un orfanato?- Preguntó, notando la similitud con su propio caso de orfandad. ¿Eso significaba que Ace se libraba de conocer a la familia y tener que causales buena impresión?

-En el Moby Dick, ¿te suena?- Respondió Marco, sonriendo al mencionar el nombre del orfanato.

Pues no se libraba, no. Todo el mundo sabía que en el Moby Dick eran una gran familia, los huérfanos como hermanos unos de otros y Edward Newgate el padre de todos.

Ace tenía una impresionantemente grande familia a la que no caerle como el culo.

-¿Con el viejo Barbablanca? ¿En serio?- Familia aparte, estaba impresionado. Aquel hombre era una leyenda en la ciudad, alguien a quien Ace admiraba y que, de vez en cuando, le hubiese gustado tener como figura paterna de niño en vez del viejo chalado o sus amigos delincuentes con los que los había dejado a él y a Luffy más de una vez cuando eran pequeños.

Pasaron el resto de la cena hablando de sus aventuras e historias de cuando eran pequeños. Ace habló de Luffy, de cómo solían colarse en las casas del vecindario a robar comida cuando se quedaban sin en la casa, de cómo iba con Law por la ciudad de noche y siempre terminaban metidos en alguna pelea, normalmente por tonterías como que Ace se quedaba dormido en el parque que una banda se había apropiado o porque Law no podía contenerse y tendía a cabrear a los diez miembros de una banda en dos frases. Convenientemente, olvidó mencionar a Garp en todos sus relatos.

Marco le habló de sus hermanos, en especial de un tal Thatch al que consideraba su mejor amigo y estaba tan loco como para haber intentado teñir a Barbablanca de rosa o morado en más de una ocasión, le habló de Izo y el día que todos en el orfanato despertaron maquillados.

Al acabar de cenar, ambos sabían bastante de las infancias del otro, y habían llegado a la conclusión de que ninguna era lo que la mayoría de gente clasificaría como "normal".

Entonces llegó la hora de pagar y se dirigieron al mostrador.


Conis era una alegre chica que llevaba varios meses ya trabajando en aquel pequeño buffet libre especializado en comida de Wa. Ese día estaba en la caja registradora, el puesto más aburrido de todos, así que cuando no estaba cobrándole a nadie pasaba el rato mirando a los clientes y tratando de averiguar sus historias.

Una de las parejas que habían ido esa noche se levantó y comenzó a acercarse a ella: un hombre rubio y otro, más joven, moreno, este segundo aproximadamente de la edad de la propia Conis. La chica sonrió. Los había estado mirando desde que habían entrado y le habían parecido monísimos. Se notaba, por el silencio y la conversación algo torpe del principio, pero después habían encontrado un tema y se habían pasado la cena hablando y riéndose.

Les sacó la cuenta y la dejó en el mostrador para que la vieran, como siempre hacía. Ambos hombres sacaron sus carteras, y Conis no pensó nada de ello hasta que se quedaron mirándose un momento y los dos fueron a sacar dinero a la vez.

Por favor, no. Pensó la chica. Odiaba aquella clase de situaciones.

-¿Se puede saber qué haces?- Preguntó el rubio, con el dinero total de la cuenta ya en la mano.

Conis pensó una desagradable palabra que nunca diría en voz alta.

-Pagar mi parte.- Respondió el moreno, saltando a la defensiva.

-Yo te he invitado, pago yo.

-¡No soy una chica!- Protestó Ace.

-Sigo queriendo invitarte.

-No hace falta, me lo pago yo.

Conis miraba de uno a otro, temiéndose ya una de aquellas desagradables peleas que se daban a veces cuando una pareja no se ponía de acuerdo sobre quien pagaba. Ya estaba a punto de llamar al encargado cuando pasó algo que no se habría esperado nunca: en vez de seguir discutiendo, el rubio empotró al moreno en el mostrador, lo besó para pasmo de todos los presentes en el restaurante y le tendió el dinero a Conis por encima del hombro del más joven.

Atónita, la chica cogió los billetes y se quedó mirando, como en un trance, mientras el rubio arrastraba a un ahora enfurruñado moreno fuera del restaurante.

El silencio predominó por unos segundos antes de que el local estallase en bulliciosas conversaciones. A la joven no le extrañaría que mañana por la mañana media ciudad supiese de aquella pareja y el curioso método para parar una discusión del rubio.


-¡Serás cabrón!- Gritó Ace, nada más hubieron salido del restaurante.

-No parecías querer entrar en razón.- Se defendió Marco.

-¿Y por eso tenías que besarme en medio del restaurante? ¿Qué te costaba dejarme pagar?

-Quería invitarte, Ace.

Ace fue a seguir discutiendo, pero Marco recurrió a la misma técnica de antes y volvió a besarlo, esta vez empotrándolo contra el muro del restaurante. El moreno, que antes se había quedado en shock, comenzó a responder furiosamente al beso, enzarzándolos a ambos en una batalla de de lenguas y dientes que terminó con los dos jadeando, frente contra frente.

-No vuelvas a hacerme eso.- Amenazó Ace.

-Tantas veces como haga falta.- Dijo Marco, y volvió a besarlo una tercera vez, en esta ocasión juntando sus cuerpos y gimiendo a la vez que Ace cuando sus semi erectos miembros se tocaron a través de la ropa.

-Oh, joder, otra vez no.- Gruñó Ace, agarrando a Marco por el cuello de la camisa y arrastrándolo al callejón junto al restaurante.

-¿No íbamos a ver una peli?- Preguntó el rubio, divertido, pero sin separarse de él y llevando la boca al cuello de Ace, que comenzó a besar, lamer y morder, con el chico abrazándose a él.

-No pienso volver a quedarme con las ganas.

-Me parece perfecto.

Ace tiró de él otra vez y pronto estuvieron pasada la esquina que se metía detrás del restaurante, en un espacio que daba a una pared y cuya única iluminación era la ventana de la cocina, junto a la que terminó Ace de espaldas en una posición que no los verían a no ser que saliesen por la ventana.

-¿No crees que nuestra primera vez debería ser algo más romántico?- Preguntó Marco medio en broma, porque ya había pasado a desabrochar el pantalón de Ace.

-Ya habrá tiempo para eso.- Respondió apresuradamente Ace, peleándose con el cierre del pantalón de Marco. Unos dedos frente a sus labios lo distrajeron de seguir hablando y abrió la boca, invitándolos a entrar y recorriéndolos con la lengua, cubriéndolos de saliva.

Pronto la ropa estuvo al nivel de sus tobillos y Ace se giró, apoyando las manos en la pared para mayor soporte y girando la cabeza para besar a Marco justo a tiempo de ahogar el gemido que se le escapó cuando dos de aquellos dedos entraron en sus interior, moviéndose y buscando aquel punto que lo haría gemir sin control. La otra mano de Marco, sosteniendo su cabeza, fue lo único que evitó que se apartase del beso y gritara su placer cuando el hombre encontró su próstata. Éste se separó y le sonrió.

-Lástima del lubricante.

-Nos podemos apañar…- Suspiró Ace, haciendo un mohín de protesta cuando Marco retiró los dedos.

-¿Puedes mantenerte el silencio?- Preguntó el hombre, colocando la punta de su polla en la entrada de Ace con la ayuda de una mano.

-Claro.- Respondió el moreno, apartando una mano de la pared, metiéndose el puño en la boca y girándose hacia el muro para apoyar la frente contra este.

Marco se rió y, sosteniéndolo de la cadera, comenzó a entrar. Pudo escuchar los gemidos ahogados de Ace, que no se oirían ni desde el restaurante ni desde la calle, y eso lo animó a entrar más adentro y comenzar a moverse. Con la barbilla apoyada en el hombro del moreno, una mano en su cadera y con la otra rodeándolo para alcanzar su polla, Marco comenzó un estable ritmo de embestidas que fue creciendo en velocidad e intensidad a medida que Ace respondía, moviéndose al son de sus estocadas e incluso yendo más deprisa.

Pronto Marco se encontró mordiendo el hombro de Ace para no gritar cuando se vino, tratando de no dejar de moverse y llevando su mano a un ritmo casi frenético sobre la polla de Ace, que pronto lo siguió y se corrió en calientes chorros sobre su mano.

Ace se dejó caer sobre la pared, y Marco lo siguió, dejándolo atrapado entre ella y su cuerpo. Levantando su mano limpia a la mejilla del chico, le giró la cabeza y le dio un casto beso que no casaba con lo que acababa de suceder.

-¿Te vienes a mi casa?

Ace se rió.

-¿Me lo estás preguntando en serio?

Marco sonrió.

-Pues claro, te sigo debiendo el sexo romántico.

Continuará


Que levanten la mano los que se esperaban que hiciesen el amor lenta y tiernamente en una cama xDDD