Claymare, escena 7: Una nueva vida para todas
La enorme criatura tipo Zodíaco, un Cáncer, utilizaba sus enormes pinzas como podía intentando desesperadamente por detener a esta cosa que tenía enfrente, pero nada. Siguió atacando hasta que las pinzas sangraron debido al esfuerzo, ¿de qué estaba hecha esta criatura? Era una especie de metal pero flexible y extraño como cabellos, ¿o eran tentáculos? No importaba, el Cáncer miraba impotente a los ojos dorados de la cosa, que le dedicó una 'cálida sonrisa' y luego enredó dos de sus tentáculos para inmovilizarlo por completo, eran tan fuertes y flexibles que sólo dos eran más que suficientes; y con otros dos abrió la concha de golpe revelando sus entrañas. La criatura entonces se relamió los labios.
—Mariscos gigantes de tierra, que criaturas más interesantes encuentro aquí — dijo tomando las entrañas y comenzando a devorar. — No está tan mal, lo mejor que he probado son los ponis pero… apenas si son un bocadito, no vale la pena la molestia. Ya qué.
Regresó a su forma de camuflaje, la de una pequeña potrilla rosa. Naturalmente las criaturas del bosque se hubieran lanzado sobre ella pero por las malas habían aprendido que debían dar paso a la criatura. Y aunque fueran animales, a la antigua Reina Riful del Oeste no había nada que le gustara más que sembrar el terror a donde quiera que fuera, además estos animales parecían mucho más inteligentes que los que conocía en su propio mundo.
El bosque le gustaba para crear su nuevo territorio pero las criaturas estaban escapando, obviamente, tenían que ocultarse del depredador más peligroso; lo cual era un constante recordatorio que debía de expandir su territorio de caza. Quién sabe, con su enorme poder podría apoderase de todo el extraño lugar en donde había terminado; sin las estúpidas de los ojos plateados, sin la Organización que las controlaba, y por supuesto sin los otros monstruos de su especie (Kakuseisha) que le hicieran competencia ella podría obtener todo lo que quisiera. Todo era perfecto, casi. Lo único que lamentaba era que su antigua pareja, Dauf, no estuviera junto a ella para compartir ese hermoso lugar nuevo.
—Vaya, hace tiempo que no pensaba en Dauf. Siento que a veces era un poco dura con el pobre, después de todo era el único que podía entenderme sin tenerme miedo. Ah, Dauf, me arrepiento por cada vez que te dije que me daba vergüenza admitir que eras mi hombre.
Miró hacia el horizonte, quería explorar, pero su camuflaje no le ayudaba mucho, su forma infantil aunque servía para que la mayoría de incautos bajaran la guardia si había algo odiaba era ser tratada como una niña. El problema era que no podía revelarse como lo que era hasta estar segura a qué se enfrentaba en este mundo, además que sentía con alguna dificultad la presencia de algunas auras Yoki. Y bien sabía a quién pertenecían: las guerreras de la Fantasmagórica Miria, la prueba era que no podía sentir sus auras; eran unas verdaderas expertas en ocultarlas, ahora la pregunta era ¿ya la habían sentido?
—Como siempre ellas andan metiéndose en mi camino. Bueno, es hora de avanzar.
La bestia avanzó tranquilamente, tenía todavía mucho en qué pensar pero tenía tiempo de sobra. Era la ventaja de ser inmortal y una criatura completamente invencible, no tenía que preocuparse por nada y tenía todo el tiempo del mundo.
…
Mientras tanto amanecía un nuevo día, y una vez Celestia se encargó del sol bajó las escaleras, sólo para toparse con Clare leyendo en un rincón. Ahora que había aceptado quedarse, se decidió a conocer todo lo que pudiera sobre su nuevo hogar Equestria y debía de admitir que era hasta cierto punto interesante, pero no perdía cierto toque de cuento de hadas.
—Bueno, me sorprende realmente que cosas así sean consideradas hechos históricos pero quién soy yo para juzgar — murmuró Clare para sí misma colocando el libro en una gran pila. — Ah, muy buenos días Celestia.
—Clare, — sonrió la Princesa, ella misma había insistido que Clare no la llamara por su título ya que por algo eran familia ahora. — ¿Madrugaste para leer?
—No me acosté — dijo Clare tranquilamente.
—¡Clare! Como todos los ponis necesitas descanso, esto…
Clare suspiró, se le había armado una escena similar a la hora de comer.
—Las de mi especie podemos funcionar perfectamente sin dormir por largos períodos de tiempo — explicó ella. — No necesitamos dormir tanto como una persona normal, en todo caso cerramos los ojos por quince minutos o veinte, y eso nos basta para mucho tiempo. Y cuando no estamos batallando esa necesidad disminuye todavía más. No te preocupes.
—Clare, claro que me preocupo. Ante todo está tu salud…
La guerrera rodó los ojos.
—Súper fuerza, súper agilidad, súper velocidad y la capacidad de curar instantáneamente cualquier herida. Cálmate, estoy perfectamente saludable, he mantenido este estilo de vida por más de quince años y hasta ahora no me ha afectado. Tranquilízate.
—Perdóname por diferir, — dijo Luna uniéndose a la conversación. — ¿Pero no que perdiste un casco y una amiga te regaló el suyo para reponerlo?
Clare tocó su casco frontal derecho y suspiró, su vieja amiga Irene conocida como 'la de la Espada Centelleante' no sólo le salvó la vida sino que encima le regaló el miembro que ahora cargaba.
—Olvídenlo, practicaré con mi espada.
Pero en cuanto se dirigió al jardín la puerta se cerró de golpe, de nuevo Clare suspiró armándose de paciencia; esta era una de las cosas que tenía que soportar ahora que quiso quedarse, pero con todo y lo molesto la situación en general era medio agradable.
—¿Quieren que desayune, no?
—Vamos ahora mismo Clare. Según tu amiga Helen comer no les afecta en nada aunque no lo necesiten así que no te quejes.
—Bueno, la comida sigue teniendo buen sabor — dijo Clare resignada. — Pero luego me dejarán practicar con mi espada en paz por favor.
—¡Claro!
El resto del día Clare se la pasó en el gimnasio militar, ganándose la admiración de todos. por supuesto que a estas alturas ya se habían acostumbrado a la potrilla que las Princesas trajeron a casa, pero no se esperaban en lo absoluto que su comportamiento errático se debiera a la falta de memoria y que en realidad era una guerrera de alto nivel. Muchos pensaron que se trataría de una broma pero pronto quedó claro que no era cualquier poni en cuanto vieron la enorme espada que cargaba, mucho más larga que su propio cuerpo; y que la deslizaba en el aire con gracia y agilidad que ellos sólo podían imaginar. ¿Quién o qué era esta chica?
Luego la vieron moverse, ella literalmente era tan veloz que parecía que se tele-transportaba de un lugar a otro, pero era una terrestre y a diferencia de los unicornios esto no parecía agotarla.
—¡Señorita Clare, por favor háganos sus discípulos! Queremos proteger Equestria como usted — dijo de pronto el capitán Master Sword.
Clare sonrió divertida ante el guardia.
—Chicos, aunque tengan las mejores intenciones no es tan sencillo. Las de mi especie poseemos una física única que nos hace las perfectas luchadoras.
—Habemos terrestres en la Guardia, mucho gusto — dijo uno de los soldados que había visto el mortal despliegue de Clare.
—Yo hablo de otra cosa — dijo la joven pasando sus ojos de plateado a dorado.
—De todos modos, podríamos haber detenido a muchos enemigos de haber tenido la habilidad para movernos a esa velocidad o para al menos ser un poco más fuertes. Por favor señorita.
Clare rodó los ojos, era imposible razonar con los ponis de aquí, igual nunca fue su especialidad discutir. Entonces una imagen cruzó por su mente, el de un chico humano del que alguna vez se hizo cargo así como Teresa se hizo cargo de ella, Raki. El chico era muy terco y cuando tuvieron que separarse por culpa de una psicópata homicida llamada Ofelia, él siguió buscándola sin importar qué. Incluso entrenó junto a las horribles bestias llamadas Kakuseisha demostrando así el verdadero poder de la humanidad, tal vez también se aplicara a los ponis. Actualmente se habían separado pero Raki podía ser una buena referencia.
—Haré lo que pueda, ¿entendido? Pero no prometo nada, como dije las habilidades de mi especie son únicas pero yo misma rompí mis límites varias veces. Empezaremos ahora…
—Señorita, está terminando nuestro turno, está anocheciendo. Ha pasado todo el día entrenando, ¿no siente cansancio?
Clare iba a preguntar a qué diablos se refería con que estaba anocheciendo, que el sol seguía en el mismo sitio; pero entonces vio a Luna saliendo a un balcón y haciendo brillar su cuerno para bajar un astro y subir el otro.
—Claro, cuento de hadas — murmuró Clare. — De acuerdo, de todos modos algo me dice que dentro de poco vendrán a obligarme a ir a cenar. Buena noche señores.
Los guardias se despidieron y como Clare adivinó, la hicieron sentarse y comer con todas; aunque como dijo antes la comida sabía bien y estaba de buen humor. Soportar esto era lo mínimo que podía hacer a cambio de una vida tranquila.
—Bueno, supongo que iré a leer un poco — dijo Clare una vez se levantó.
—Clare, ¿segura no quieres una poción para dormir o algo? — Le ofreció Luna.
Clare negó con la cabeza.
—Aunque aprecio la atención, no soy una niña pequeña Luna. Soy una guerrera… y honestamente prefiero quedarme despierta. Has visto lo que hay en mis sueños, ¿no?
—La criatura de un solo cuerno — confirmó la Princesa de la Noche.
—Mejor conocida como Priscila, la bestia que acabó con Teresa. Apenas si me libré de ese monstruo en la vida real… no, estoy bien así.
—Clare, tarde o temprano tendrás que dormir aunque sea por un corto período — dijo Luna confortante. — Y si se da el caso con mucho gusto te echaré un casco.
—No entiendes, no puedo permitir que te sigas metiendo en mis sueños — dijo la Claymore. — No es porque no quiero que me ayudes, es porque en mi estado normal suelo luchar con ella. No quiero que me vean así.
—Clare, ya te vimos luchar con tu amiga Helen, no es tan extraño…
—Una cosa es una pelea de entrenamiento y otra muy diferente es luchar contra un monstruo enfurecido que te matará a la menor oportunidad. Cuando estás en estas situaciones no te queda más remedio que luchar con el mismo plan, matar o morir.
Las dos Princesas retrocedieron asustadas, así que Clare bajó la cabeza.
—¿Lo ven? Sabía que tendrían esa reacción por eso prefiero que no me vean así ni en mis sueños.
Las dos Princesas asintieron y Clare se dirigió a sus habitaciones en silencio. Andaba molesta pero no por esos cuidados 'excesivos' que sí eran algo fastidiosos pero la habían subestimado todos por ser la guerrera de rango más bajo (#47 durante los Antiguos Días)
No, lo que le molestaba era que ahora no sabía bien cómo actuar a partir de ahora ni mucho menos qué hacer con su vida, siempre había luchado y es cierto que ella misma pidió una pausa pero una cosa era decirlo y otra hacerlo. ¿Qué haría a partir de ahora?
—A como lo veo yo, tenemos una eternidad por delante para averiguarlo, pero no nos tardaremos tanto — dijo Luna adivinando la pregunta de Clare.
—Espero que sea pronto, como ya saben por mi capacidad de regeneración soy prácticamente inmortal.
Luna le sonrió y le guiñó un ojo.
—¿Y quién te dijo que nosotras no somos inmortales también?
Ah, el antecedente de la batalla. Clama antes de la tormenta… un cliché muy común en los animes y mangas y Claymore no es la excepción, pero a diferencia del manga no creo que pueda recrear las batallas de Yagi-sensei, extremadamente intensas y de paso parece que no terminan nunca. Sin más:
Chao; nos leemos!
