Este capítulo se lo dedico a ANABELITA N que cada tanto me manda mensajito recordándome que no debo abandonar mis fics porque a ella le gustan, ¡muchas gracias muchachita! Vos siempre tan considerada y buena onda.
Los personajes de este fic no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
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Capítulo 7: Al ataque.
Durante aquella noche el cielo se oscureció como nunca antes en la vida. Ni una sola nube interrumpía ese inmenso manto negro, incluso la luna parecía haber desaparecido en éste. El viento se tornó muy violento y aterrador, y fue imposible no pensar que algo malo estaba a punto de ocurrir en Sunagakure.
El Suna Deluxe que había recibido con una cálida bienvenida a los hermanos Sabaku No, con el pasar de las horas se había convertido en lo que parecía un campo de batalla, y sin la presencia de Gaara y Kankuro para enfrentar al dueño de dicho hotel, la única capaz de confrontarlo era Temari.
Ante la inapropiada actitud de Masaru, la dama de ojos verdes no tuvo otro remedio que desafiarlo, y luego de cruzar algunas palabras con el sujeto, no tardó en coger el abanico en sus las manos en espera del futuro encuentro.
El empresario por su parte se mantuvo distante, por lo que la kunoichi intuyó que se encontraba en presencia de un rival con ataques de media a larga distancia. Obviamente podía estar errónea en su suposición, mas la idea de tenerlo lejos la haberse tratado de otro enemigo ni siquiera le hubiese importado la forma de pelear de éste, pero tratándose de Masaru las cosas cambiaban, definitivamente ella no lo quería cerca de su cuerpo y mucho menos cuando estaba envuelta en un diminuto y ajustado vestido.
―¿No piensas atacar? ―le preguntó la rubia al hombre pretendiendo incentivarlo, nada más quería en el mundo que combatir con aquel sujeto tan desagradable, esa resultaba su mayor motivación.
Sin embargo viendo que el empresario ni siquiera fue capaz de contestarle, tuvo que hacer un cambio de planes, y aquel tessen que sostenía de manera defensiva pronto se volvió un arma ofensiva.
Temari apresuró su marcha en línea recta hacia donde se hallaba Masaru y fue tan sólo cuando se encontró a tres metros de distancia de él que emitió su enérgica embestida.
―¡Fuuton, Kakeami!―gritó fuertemente la mujer mientras generaba una intensa ráfaga de viento en forma de red; su plan desde un principio era neutralizar a su oponente sin generarle un daño potencialmente mortal.
Instantáneamente las paredes de la habitación donde estos dos se encontraban comenzaron a temblar; muchas de estas estabas construidas a partir de arena por lo que al recibir el feroz ataque se formó un espeso nubarrón de polvo que dejó nulo el campo de visión de la kunoichi.
¿Lo he logrado? ―caviló la rubia en tanto descifraba cuál era la ubicación de su contrincante.
Cuando los diminutos granos de arena dejaron de suspenderse por el aire, Temari pudo darse cuenta había hecho estallar todas las ventanas de cristal y hasta corrió los muebles de su respectiva posición. El lugar casi estaba en ruinas, pero único que le importaba era saber en qué condiciones se hallaba Masaru. Buscó y buscó con su mirada hasta que al fin lo halló, y para su sorpresa el hombre había logrado esquivar su ataque, aunque no por mucho. El costoso traje que llevaba puesto su enemigo quedó arruinado por completo, lo que ocasionó que Temari creyera que las cosas iban por buen camino. Era claro que con un jutsu un poco más vigoroso su rival pronto sería acabado, o al menos eso pensaba ella.
―Sorprendente, como era de esperarse de ti ―comentó el empresario con admiración mientras se sacudía la ropa dañada y cubierta de polvo―. No obstante, ¿cuándo piensas demostrarme tu verdadero potencial?
―Sigue hablando y pronto lo verás ―amenazó la mujer un poco irritada por su reciente asalto fallido y la ridícula declaración de su contrincante―. Aunque mi intención no es matarte ―agregó―, te quiero vivo para entregarte ante el Kazekage y que tú mismo seas el que le dé las explicaciones que se merece.
―Debo confesarte que cuando te haces la ruda me gustas aún más ―opinó él con una sonrisa cómplice en su rostro como si el argumento expuesto recientemente por la rubia careciera de importancia.
―¿Era tan necesario hacer ese tipo de comentario en un momento como este? ―preguntó la dama. La actitud de su adversario era tan irritante que ya no lo importó si lo mataba o no, aun si eso implicaba tener que ser regañada por su hermano Gaara frente a la falta de respuestas―. Concéntrate en la batalla idiota, porque en el próximo ataque no tendré piedad.
―Pues aquí te espero ―informó Masaru de brazos abiertos dejando en evidencia que estaba completamente desprotegido. Su mirada permanecía sumamente tranquila y en su rostro no se visualizaba ninguna reacción de terror pese a tenía a una de las kunoichis más fuertes del mundo shinobi ante a sus ojos.
―¡Estás perdido! ―exclamó Temari perdiendo por completo los estribos, quería asesinarlo a toda costa.
No sabía si se trataba de una simple rendición o una táctica para distraerla, y dejándose llevar por el hervor de su sangre atravesándole las venas, se inclinó por lo seguro, atacar. Abrió de nuevo su abanico y lo sostuvo firmemente delante a ella, luego se mordió el pulgar derecho para conseguir algunas gotas de sangre que rápidamente desparramó a lo ancho de su arma de combate.
Una técnica de viento cortante es lo que necesito para derrotarlo ―pensó la dama de ojos verdes―. Mi peludo amigo, voy a necesitar de tu ayuda.
Con su tessen teñido de rojo escarlata, Temari se dispuso a hacer una invocación. Tan sólo unas sencillas palabras bastarían para iniciar con una de sus técnicas más poderosas.
―¡Jutsu de Invocación! ―rugió la mujer, e inmediatamente pensó en el animal que haría posible el uso de su técnica, mas no bastaba con representarlo en su mente sino que también debía llamarlo por su nombre. Lo tenía en la punta de la lengua y estaba segura de poder lograrlo como tantas otras veces, pero cuando lo intentó…―. Ka-kamata…
Así fue, sus palabras no salieron correctamente de su boca, tartamudeó y luego calló sin poder terminar la frase, ¡lo había hecho mal, terriblemente mal! Nunca en la vida le ocurrido algo similar. Y como era de esperarse, tras la mala pronunciación, Kamatari jamás se hizo presente. Así mismo, el jutsu quedó inconcluso y Masaru se mantuvo parado allí sin un solo rasguño.
¿¡Qué rayos!? ―se preguntó en silencio la kunoichi y ahí mismo lo notó, ¡le constaba expresarse con palabras!
―¿Qué ocurre, te comieron la lengua los ratones? ―indagó el empresario mientras se acercaba lentamente a ella―, aunque en este caso sería la comadreja―. Añadió y de su boca dejó salir una risa absurda e incomprensible.
―Tks… ―chasqueó la lengua contra sus dientes; aún no salía de su asombro.
Temari ya se estaba disponiendo a retomar su típica posición de combate cuando de pronto notó que algo más fallaba en ella. A los pocos minutos de haber errado en su ataque sintió como sus rodillas comenzaban a temblar. No obstante, a pesar de la extraña sensación, al ver que el hombre se le aproximaba hacia ella, intentó correrse al costado para alejarse él, mas sus pasos se tornaron torpes y erráticos.
―Creo que ya te tengo bajo mi dominio ―sentenció el enemigo con una sonrisa victoriosa que le iba de oreja a oreja.
Sin embargo la rubia no podía rendirse tan fácilmente, había luchado con temerosos contrincantes aun en peores condiciones. No permitiría que Masaru se convierta en una excepción, claro que no, ella lo derrotaría aunque su vida dependiese de ello.
Aún pudiéndose mantener de pie, volvió a desplegar su abanico, se llevó el pulgar izquierdo a la boca y lo mordió intensamente con la idea de impregnar el sangrado en su arma. Tenía todas las intenciones de repetir la invocación una segunda vez, y ya lo estaba logrando cuando otro inconveniente surgió de la nada misma.
Su respiración empezó a hacerse pesada y un incipiente dolor de cabeza invadió la totalidad de su cráneo.
Frente a tan repentino acontecimiento, entendió que las opciones eran pocas. Probó con analizar la circunstancia una vez más pero le costaba mucho. ¿Cómo era posible?
Masaru hasta el momento se había mantenido distante y en ninguna ocasión pronunció alguna frase a modo de jutsu. Tampoco había movido sus manos para invocar un sello. ¿A caso se trataba de un potencial genjutsu? Eso la aterraba, no estaba acostumbrada a escaparse de ese tipo de situaciones con mucha facilidad.
Tenía en claro una sola cosa, si no descubría porqué su cuerpo seguía fallando extrañamente y de manera progresiva, entonces jamás conseguiría zafarse de aquella circunstancia y mucho menos derrotar a su rival.
Pensó y pensó pero con la creciente jaqueca atacándola y la respiración débil lo único que pudo concluir era que debía huir a como dé lugar. Sin la posibilidad de usar una técnica de viento como era apropiado de ella, optó por algo más fácil, y de la liga ocultada bajo su vestido volvió a sacar un pergamino, pero esta vez utilizaría otro tipo de armamento.
Hizo aparecer dos kunias con sellos explosivos en sus extremos, y apenas los sintió posarse en sus manos no dudó en arrojárselos a su adversario provocando casi de inmediato un estallido que sacudió toda el ala oeste de la sala. Con la creciente nube de polvo invadiendo todo el sitio, trató de apresurar su paso lo más posible en búsqueda de una escapatoria; no era tonta, sabía que esa distracción duraría poco.
Si bien tanto su tessen como sus piernas le pesaba, con mucho esfuerzo logró aproximase a la puerta de salida, y ya estaba poniendo un pie por fuera de ésta cunado al instante lo sintió, ¡era él!
Masaru había conseguido alcanzarla.
Ya todo le daba vueltas, su mente no se podía concentrar, la visión le fallaba, las manos le temblaban, sus piernas tiritaban y el oxígeno no abastecía correctamente su cuerpo. A esas alturas se sentía más muerta que viva y lo que más le jodía era que ni siquiera iba a poder despedirse de aquel maldito sin dedicarle un último insulto de cortesía.
Y con su cuerpo totalmente debilitado, la mujer no tardó en desplomarse en el piso.
―Mi dulce Temari ―pronunció Masaru en tanto se acerca hasta donde yacía la dama tendida en el suelo. Ya la tenía como quería, derribada e indefensa y nada más lo avivaba que eso, tanto que no dudo en agachar su cuerpo junto al de la rubia y apoyar sus labios contiguos a los de ella―. Entiende que yo nunca quise que terminaras así, tu misma me llevaste a hacer esto.
Otra vez invadía su espacio, nuevamente corrompía su intimidad a su antojo, pero esta vez, lejos se encontraba el empresario recibir un amenaza por parte de ella, todo lo contrario, Temari ya estaba totalmente inconsciente.
―No tienes de qué preocuparte ―advirtió el hombre aun sabiendo que ella ya no lo escuchaba―, yo cuidare bien de ti.
Y sin más tiempo que perder, la cogió del suelo para cargarla entre sus brazos y llevársela de allí. Su semblante lo decía todo, él tenía un plan y éste recién daba comienzo.
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Me había súper emocionado con este capítulo y la hora de escribirlo me pasó que me costó mucho, ¡estaba muy trabada! Y no, no quedó como me hubiese gustado pero prometí que seguiría adelante con esta locura.
Muy buen fin de semana para todos.
