Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original fue escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.

3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "T".

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…

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CAPÍTULO 7

-Naruto, cariño, qué alegría - exclamó Kushina Namikaze al ver a su hijo entrar en la cocina de la casa que tenían frente al mar, en las afueras de Seattle-. Iba a prepararle una taza de café a tu padre. Te prepararé una a ti también. Vete a verlo. Está en el muelle. Hoy se está muy bien al sol.

Naruto besó a su madre en la mejilla.

-Me quedaré por aquí mientras preparas el café. Y luego podamos ir a buscarlo juntos.

Mientras llenaba la cafetera, Kushina lo miraba pensativamente.

-¿Estás bien, hijo?

-Sí –respondió enseguida-. ¡Eh! No empieces ya con los discursos de madre. Acabo de llegar.

-Lo siento, hijo, pero ya deberías estar acostumbrado. Es solo que desde que volviste de Australia te encuentro muy tenso. Y también más delgado.

-Estoy bien mamá… -Naruto miraba en silencio mientras su madre echaba leche en una jarrita de porcelana-. Bueno, es cierto que sí tengo algunas cosas en qué pensar –admitió por fin.

-Lo sé, cariño –Kushina se acercó a él y le dio un abrazo-. ¿No será una de esas cosas una bonita morena australiana?

Miró a su madre con malicia y soltó un suspiro.

-Ya sé que aquí llegaron algunas fotos, pero no pensaba que tú leyeras ese tipo de revistas.

-Yo no, pero la señora de la limpieza sí, y me la mostró. Tú pareces muy… muy interesado por la chica.

Naruto se rio. Cuando salía en la prensa, su madre nunca le comentaba nada. Ya estaba acostumbrado.

-Me pillaron desprevenido una vez.

-Varias veces.

Naruto se sorprendió.

-¿Cuántas fotos has visto? Mejor que no contestes. Prefiero no saberlo.

-Parecía una chica muy guapa.

-No es nada serio –murmuró, decidido a no comentar con su madre nada sobre Hinata-. Ya sabes cómo se entusiasman los de la prensa.

-Pues ya es hora de que pienses en serio sobre alguna chica. No entiendo como tus amigas soportan esa actitud tuya tan frívola –Kushina se alejó un poco y lo miró con intención-. Al parecer, Ino Yamanaka te echó de menos mientras no estabas.

Naruto frunció el ceño. Pensó que tenía que responder rápido a la indirecta, o si no su madre se lanzaría a una de sus campañas casamenteras.

-La semana próxima voy a llevar a Ino al teatro –le dijo apresuradamente. Tendría que acordarse de pedirle a Sakura que lo arreglara.

-Eso está muy bien –la cara de Kushina se alegró-. ¿Qué vais a ver?

-Ino tiene que decidirlo.

Kushina estaba aún más complacida.

Ino tiene muy buen gusto. Entiende mucho sobre arte.

-Espero que escoja una comedia, porque me iría bien alegrarme un poco. Mira –dijo con un suspiro-. Hay algo muy diferente y mucho más importante de lo que quiero hablarte –hizo una pausa-. Tengo malas noticias para papá.

-¿Cómo de malas? –preguntó Kushina.

-Tanto como para que sea mejor que te las dé a ti primero, para que decidas si podrá aguantarlas.

-Cielos, Naruto.

-Es sobre el testamento. El testamento que encontraron en la botella.

-Tenía mucha curiosidad por saber algo.

-No era para nosotros.

-¿Por qué no? –su madre lo escudriñaba.

-Estaba dirigido para la esposa de Jiraiya Namikaze –contestó desviando la mirada.

-¿A Tsunade? Era la madre de tu padre. Tu abuela.

-No mamá. No era para Tsunade.

Kushina palideció.

-Pero eso es ridículo. ¿No querrás decir que…? –agarrando s Naruto por el brazo, lo sacudió-. ¿Qué demonios quieres decir?

Naruto le contó la historia de Jiraiya y Haru, y del encubrimiento por parte de la abuela.

Horrorizada, Kushina Namikaze se quedó un buen rato quieta y callada. Naruto podía ver por su expresión que estaba comenzando a entender lo que decía: la ilegitimidad de su padre y la amenaza para la empresa familiar.

-Por lo menos hay algo bueno, y es que Haru Namikaze no está interesada en los negocios de la familia, aunque legalmente puede reclamarlo todo. Dice que no ha contribuido a Namikaze & Uzumaki y que no espera nada, excepto que la familia reconozca la legitimidad de su matrimonio.

-¿Esta familia? ¿Quieres decir todos nosotros, incluido tu padre?

Naruto asintió.

Kushina se quedó anonadada. Tras unos minutos de silencio, dijo:

-No podría guardar para mí un secreto como ese… Tu padre está bastante mejor. Creo que podrá resistir esta noticia –dirigió a Naruto una mirada de advertencia-, pero tendremos que buscar una forma delicada de decírselo.

-De acuerdo. Haré lo que me digas –Naruto agarró la bandeja que llevaba su madre-. También hay otra cosa de la que quisiera hablar con papá cuanto antes. Tiene que ver con la empresa.

Kushina hizo una mueca.

-¿No podemos ir pasito a pasito?

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Hinata observaba la cara de la doctora tratando de adivinar lo que pensaba. Al poco rato esta le dijo:

-Sí, querida, estás embarazada. No hay la menor duda.

Hinata cerró los ojos entre alarmada y emocionada. Era verdad. Era un golpe para ella, pero no algo inesperado. Durante todo el mes había sentido los síntomas típicos del embarazo y la prueba que se había hecho daba positivo. Pero oírselo a la doctora era definitivo. ¡Embarazada!

La doctora estudió la reacción de Hinata.

-¿Es una buena noticia? –Hinata abrió la boca para contestar pero vaciló. ¿Era una buena noticia? No podría decirlo. No podía pensar. Lo único que había en su cabeza era que ya no podría olvidar a Naruto-. Hinata, ¿estás bien?

Aturullada, miró a la doctora y se dio cuenta de que tenía que decir algo.

-Lo siento –murmuró- ¿Qué preguntaste? Sí, usamos protección. Debió fallar. No sé cómo pudo fallar.

-Por desgracia esas cosas pasan –contestó la doctora dándole un golpecito en la espalda para animarla-. Pero no te preocupes. Eres una mujer joven, fuerte y sana. No te darás ni cuenta y al final tendrás un bebé precioso.

Hinata asintió intentando sonreír. Se suponía que ese era un momento especial. Un momento para correr a casa y compartir la buena noticia con el marido de una. Así era como ella se lo había imaginado siempre.

Su marido se habría emocionado y ella le habría dicho que lo tomara con calma. Él habría puesto una mano sobre el vientre de ella y le habría prometido llevarle el desayuno a la cama por las mañanas.

Se daba cuenta de que eso era solo un sueño tonto e infantil. La realidad era otra. Miró a la doctora.

-El curso próximo pensaba reanudar mis estudios de posgrado…

-Puede que eso todavía sea posible –dijo la doctora, aunque parecía dudarlo. Hinata escondió la cara entre sus manos. No tenía a Naruto, no podría seguir con las ciencias marinas… Lo único que tendría sería un bebé. Se sentía tan cansada, tan perturbada… -. Hinata –oyó la voz de la doctora-, ¿piensas seguir adelante con el embarazo?

-Oh, sí –trató de centrarse e el presente, en esa consulta con olor a medicamentos, y en esa doctora tan aséptica y tan razonable-. Claro que quiero tener al bebé.

-Bien. Entonces eso ya está zanjado.

Después de haber dicho las palabras claro que quiero tener al bebé, Hinata se sentía mucho mejor.

-¿Cuándo nacerá? –preguntó.

La doctora consultó una tabla.

-Si tus fechas son correctas, diría que para mediados de febrero.

-Febrero –repitió Hinata. Verano. Era la época más caliente y más húmeda del año. No era el mejor momento del año para que naciera un bebé.

-Dentro de unas semanas, cuando te haya hecho una ecografía, lo sabremos con más precisión ¿Tienes una pareja que te mantenga? –le preguntó al ver que no llevaba alianza.

-No, no tengo –recordó lo que Naruto había dicho sobre los torbellinos amorosos y los compromisos precipitados: En estos momentos no puedo pensar a largo plazo. La doctora había fruncido el ceño-. Pero no te preocupes estoy bien.

-¿Y tu familia?

-Me temo que estoy sola –trató de poner una sonrisa brillante y llena de confianza, pero se dio cuenta de que no engañaba a la doctora-. Me las arreglaré. Mi padre murió a primeros de este año, pero me dejó lo suficiente para poder salir adelante.

Acudió a su mente una imagen de su padre y se llenó de tristeza. Ya no podría ver al bebé, a su nietecito.

Igual que Naruto tampoco verá a su hijo o hija, pensó también. Se restregó los ojos.

-Lo siento –dijo la doctora con dulzura-. Es duro pasar por esto sola.

-Es solo que añoro… -soltó una lágrima- a mi padre.

-Claro. De todos modos, es natural que te pongas un poco llorona al principio. Es debido a las hormonas –a continuación pasó a darle algunos consejos sobre cómo llevar el embarazo y le entregó un folleto sobre grupos de apoyo.

Cuando estuvo en la calle, Hinata se dio cuenta de la parte positiva de lo que se le venía encima. Un bebé quería decir que volvería a formar parte de una familia. Una familia de dos. Madre e hijo, o madre e hija.

Ella y su hija, o hijo, se tendrán cariño, igual que ella y su padre. Tendría a alguien que la quisiera. Alguien a quien querer.

La idea de unos bracitos de bebé agarrándose a ella la hizo sonreír. Podía soñar un poco.

Quizá el bebé fuera niño. Un niñito con el pelo rubio y ojos azules como el cielo. Podía imaginárselo con una sonrisa de oreja a oreja, como las de Naruto.

Esa idea le procuró un sinfín de recuerdos dolorosos. ¡No! ¡No echaba de menos a Naruto Namikaze!

Pensó que no podría decirle acerca del bebé. No después de la manera en que se separaron. ¿Qué iba a poder hacer, aparte de darle dinero? Ella no quería su dinero ni tampoco que dirigiera su vida, desde el otro lado del océano Pacífico.

Por si el pensar en Naruto no fuera lo bastante doloroso, había un paquete de él esperándola en casa. Con dedos torpes, lo abrió. Se encontró con una caja de plata forrada de terciopelo, y dentro, un colgante: un zafiro azul con una cadena de plata.

Había también una tarjeta escrita en letras de molde que decía: Tan pronto como pueda, quiero ver cómo cambian tus ojos con su brillo azul.

-Oh Naruto –susurró, y se puso a llorar. Aun desde tan lejos, podía alcanzar los lugares más vulnerables de su corazón. Hiciera lo que hiciera, él conseguía que lo deseara. ¡Iba tener se bebé! ¿Qué podría hacer?

Se dejó caer en una silla y se llevó las manos con el colgante a la cara.

Hinata no puso cuánto tiempo pasó sollozando, pero poco a poco se fue tranquilizando. Un pensamiento la atormentaba. Debería decirle a Naruto lo del bebé. Una parte de ella quería decírselo, aunque estaba segura de que la noticia no le iba a gustar. Pensó que no sería más que otra complicación en la vida de él.

Pero era su hijo, o hija. Y ella se sentiría mejor si se lo decía. Le diría que estaba bien y que no necesitaba nada.

Se quedó pensativa. Buscó su agenda y consultó las franjas horarias.

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La mañana siguiente, justo antes de las siete, marcó los números del teléfono que Naruto le había dejado.

Le temblaba la mano y tenía la garganta seca. Tardaron unos minutos en pasar la comunicación desde la centralita hasta la asistente de Naruto. Habría sido mucho esperar que le diera el número directo.

-Oficina e Naruto Namikaze. ¿Qué desea? –preguntó una agradable vos femenina.

-Eh –Hinata reprimió un ataque repentino de pánico-. ¿Podría hablar con el señor Namikaze, por favor?

-Lo siento, pero está en una reunión. ¿Quién lo llama?

-Mi nombre es… Me llamo Hinata Hyuga. Naruto tiene mi número.

-¡Hinata Hyuga! –exclamó la mujer, y Hinata se quedó sorprendida de lo cálida y emocionada que resultaba su voz-. Oh, Hinata, lo siento mucho. Naruto va a estar ocupado con reuniones toda la tarde. Quizás deberías llamarlo a su casa esta noche. Déjame que consulte su agenda a ver qué va a hacer esta noche –Hinata oyó como pasaba las páginas. Luego, una especie de suspiro-. Ah, cariño, tiene algo previsto para esta noche, pero si lo intentas alrededor de las seis, podrás hablar con él antes que salga.

Ah… -Hinata casi no pudo contestar porque le vino una sensación de nausea. Naruto no le había dado el número de su casa, pero su asistente daba por sentado que lo sabía.

-¿Hay algo más que podría hacer por ti? –volvió a decir esa voz amigable.

-Podrías… No tengo… Me perece que he perdido el número de si casa. ¿Podrías dármelo otra vez?

-Claro, cariño. Debes tener el número de Naruto.

Hinata copió el número. La amabilidad de la mujer la tenía confundida y cuando colgó, se hundió de nuevo en su desesperación.

Pasó toda la noche despierta pensando distintas maneras de decirle a Naruto lo que tenía que decirle. Esto encinta. Voy a tener un bebé, tu bebé. Vas a tener un hijo. Vamos a tener un bebé. ¿Cuándo es el día del padre en los Estados Unidos?

Estaba tan nerviosa que casi se había arrepentido de llamarlo. Y resultó que tenía que esperar horas para poder hablar con él.

Quizá no era lo bastante fuerte.

Logró distraerse con el trabajo y se sentía más relajada cuando regresó a casaa la hora del almuerzo para intentar la llamada.

De nuevo se sintió cuando una voz sedosa de mujer contestó el teléfono.

-¿Sí?

-Eh… Naruto…

-Es la casa de Naruto, y yo soy Ino.

-¿Po… podría hablar con Naruto? –le entró el pánico. ¡Una amiga! ¿Tengo que decirle que va a ser padre, cuando hay otra mujer junto a él?, pensó y estuvo a punto de colgar.

-¿Quién lo llama? –la voz que preguntaba era fría como el hielo.

-Hinata. Hinata Hyuga, de North Queensland, Australia –el corazón le palpitaba con fuerza.

Hubo una pausa.

-Me temo que hora Naruto está ocupado. Se está duchando –otra pausa-. Pero puesto que la llamada es de larga distancia, ¿quiere que le pase el teléfono a la ducha?

-¡No! –exclamó Hinata-. No, gracias. Intentaré llamarlo en otro momento. Adiós.

Colgó el teléfono, frustrada. Naruto tenía una amiga que podía hablar sin recato de llevarle el teléfono a la ducha.

Cerró los ojos e intentó suprimir la escena que se imaginaba. Sabía que era un soltero millonario y muy guapo. Era lógico que tuviera una colección de amigas íntimas.

¿Por qué no había anticipado que eso podía ocurrir? Podía ser que Naruto le dijera que ella era especial, y que lo sintiera en aquel momento. Pero al oír aquella voz sedosa y sofisticada, Hinata se convenció de lo que siempre había sabido. Que los hombres se olvidaban de sus amoríos durante las vacaciones en cuanto regresaban casa.

Se sintió más sola y desesperada que nunca. Si Naruto quería olvidarla, ella le daría facilidades. Y haría lo posible para olvidarlo también.

Solo había una posibilidad…

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Naruto se estaba poniendo los gemelos cuando entró en la sala para servirse una copa antes de que llegara Ino Yamanaka. Necesitaba una bien fuerte para poder afrontar la noche. La compañía de Ino era agradable, pero desde que había regresado de Australia, su interés pos las mujeres había decaído.

Quizá era debido al poder del aire marino tropical, pero cada vez que miraba a una mujer, lo perseguía la imagen de Hinata.

Al agarrar una botella notó que había alguien en la sala. Allí estaba Ino Yamanaka, sentada en el sofá, vestida con algo negro y escaso y con las piernas cruzadas.

-Ino, no me había dado cuenta de que ya habías llegado.

-Entré por mi cuenta –susurró mientras se acercaba a él.

-¿Cómo? –preguntó él intrigado.

Ella sonrió.

-Mientras estabas fuera, tu madre me dio una llave para que pudiera regar las plantas.

Naruto frunció el ceño.

-Tengo una empleada que se ocupa de eso, y mi madre lo sabe –se sirvió un whisky doble.

-No te enfades conmigo –ronroneó-. Pensé que estaría bueno que estuviera más… disponible.

Naruto no hizo caso de si insinuación.

-Oí sonar el teléfono. ¿Contestaste?

La cara de Ino se ensombreció.

-Sí, se habían equivocado de número.

¿Acaso era imaginación suya el nerviosismo de Ino cuando le respondió?

Naruto se tomó la copa de un trago. Si Ino pensaba que él quería que estuviera disponible, estaba muy equivocada.

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A la semana siguiente, cuando Sakura le llevó el correo, se quedó parada delante de Naruto con un paquete en la mano.

-Este paquete me suena.

Naruto alzó la vista.

-¿Qué es?

-Se parece muchísimo al que me pediste que enviara hace un par de semanas. Y los sellos son de Australia –dijo entregándole el paquete.

-Gracias, Sakura –el pulso se le aceleró, mientras se ponía de pie.

Esperó a que Sakura se fuera antes de abrir el paquete. Intuyendo lo que era desgarró el papel. Dentro había una nota cortés de Hinata y el zafiro que le había enviado.

Se dejó caer en una silla mientras leía y releía la nota. Daba las gracias y lo rechazaba con mucha cortesía, pero sin dar un motivo. Era tan impersonal como un extracto del banco.

Era como una bofetada.

Furioso, Naruto lanzó la nota sobre el escritorio. ¡Cómo le había dolido! Y el dolor no era solo por el orgullo herido.

-¡Maldita sea! –exclamó en voz baja, pensando que Hinata le gustaba de verdad. Le gustaba mucho. Quizá más que mucho. Y si no estuviera tan atado por su trabajo, volvería a Australia a averiguar con exactitud cuánto le gustaba.

Miró su reloj calculando la diferencia de hora entre Seattle y el este de Australia, se acercó al teléfono y marcó.

Cuando Danzo Shimura contestó la llamada, Naruto le pidió que le pasara a Hinata.

-No está aquí –mascullo Danzo.

-¿Está de permiso?

-No, amigo. Dimitió. Se marchó la semana pasada. Presentó su renuncia y se fue.

Naruto se sintió como si hubiera caído de un avión sin paracaídas.

-¿Por qué? –consiguió decir.

-No puedo ayudarte amigo. No tengo la más remota idea.

-¿Y sabes adónde fue?

-Ni idea. No dejó su dirección. Hoy en día no se puede confiar en los empleados. No tienen sentido de lealtad.

Cuando colgó el teléfono, Naruto comprobó el matasellos del sobre. Lo habían enviado desde la isla una semana antes. Miró a ver si había remite, pero no había nada.

No podía ser que Hinata se hubiera marchado sin decirle nada. ¿No estaría escondiéndose de él? Estaba anonadado. Sintió un dolor repentino en el pecho. La nota había herido su orgullo, pero en ese momento lo que estaba era preocupado. Muy preocupado.

Marcó el número de Haru Namikaze. Una vez se hubieron saludado, le preguntó:

-¿Qué ha pasado con Hinata?

-Oh, Naruto –hubo una incómoda pausa-. Hinata está bien –Haru hablaba con cautela.

-¿Estás segura?

-Sí.

-¿Completamente segura, Haru?

-Sí –contestó ella con impaciencia-. Me telefoneó ayer.

Naruto respiró aliviado. Había estado tan preocupado por si le había ocurrido algo…

-¿Dónde está?

-Me temo que no te lo puedo decir.

-¿Quieres decir que te ha pedido que no me lo digas?

-De momento –el tono de Haru no era cálido, como de costumbre, y Naruto sintió que se le encogía el estómago.

Hinata no podía hacerle eso.

-¿Sabes por qué trata de evitarme?

-Sólo sé que no te quiere en su vida.

-¡Haru! –Naruto sintió vergüenza del tono herido que ponía en la voz, pero no pudo evitar gritarle-. ¡Eso es ridículo!

-Naruto, por lo que eh oído decir, tienes muchas amigas. Deja en paz a Hinata.

-¿Amigas? Yo… yo… Eso era antes, Haru –se hizo un silencio-. ¿Haru? ¿No me crees?

-No, Naruto, no te creo –respondió Haru, cortante-. Mira, estoy segura que en su momento Hinata se pondrá en contacto contigo.

Viendo que eso era todo lo que conseguiría de ella, se despidió y colgó.

-¡Qué lío! –exclamó en voz baja.

No debería haberse marchado de Australia sin haber resuelto antes las tensiones que había entre Hinata y él. Era obvio que tenían un malentendido, y si se hubiera quedado algunos días más, podría haberlo aclarado.

Nunca había conocido una mujer como Hinata. No era solo por su belleza y su dulzura, sino por… todo. El sonido de su risa. El amor que sentía por el mar y por la vida marina. No había conocido a ninguna otra mujer con tantas cosas en común con él.

Y además, esa luz especial que tenía en los ojos…, su elegancia natural, la manera en que se movía como una bailarina, la forma en la que lo escuchaba, y cómo hacía el amor, con tanta ternura y tanta pasión, tanta dulzura y tanto fuego.

No estaba seguro de qué era lo que quería de ella, pero desde luego algo más que una nota educada de disculpa. Pensó que le daría un poco de tiempo para que se calmara y luego volvería a intentarlo; y en cuanto solucionara sus asuntos de negocios, la buscaría y no pararía hasta encontrarla.

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Hinata teléfono a Haru a mediado de septiembre y se sorprendió al oír que Naruto había estado tratando de encontrarla varias veces.

-¿Qué le dijiste?

-Intenté convencerlo de que no sabía dónde estabas.

-¿Y te creyó?

-No estoy segura, pero no le dije nada. Sólo que te dirigías al sur.

-Apuesto a que no te creyó.

Haru se río.

-Claro que no –imitó la respuesta furiosa de Naruto:-"¿Al sur? ¿A qué sitio del sur? ¡Hay un gran pedazo de Australia al sur de Townsville!"

Hinata apoyo el teléfono contra su pecho. Hablar de Naruto siempre la ponía nerviosa.

-¿Crees que va a venir a buscarme?

-Estoy segura de que tarde o temprano lo hará, pero de momento parece estar muy ocupado con los negocios –Hinata se contuvo para no decir lo que pensaba. Cómo no. Los negocios y el dinero. Eso era siempre lo primero para Naruto-. También le dije que estabas muy bien.

-¡Haru! –exclamó Hinata-. ¿Por qué le dijiste eso? Harás que sospeche algo.

-No, querida. Los hombres nunca piensan en cosas como esa. Solo gruñó: "Claro que está bien. Hinata es una chica joven y saludable. ¿Por qué no iba a estar bien" Entonces tuve que decir que habías tenido un resfriado.

-Estoy bien. Ya no me mareo por las mañanas.

-Me alegro mucho, cariño. ¿Sabías que Naruto contrató a una cuadrilla para que me pintaran la casa? Ahora se ve preciosa.

-Es lo menos que podría hacer, Haru.

-Y el hombre que contrató para que me arregle el jardín cada semana es estupendo. Y me regaló un precioso broche de perlas para mi cumpleaños. Hinata, Naruto es un chico maravilloso.

-Estoy segura de que la mitad de las chicas de Seattle estarían de acuerdo contigo, pero puede quedarse siendo maravilloso al otro lado del Pacífico.

-No estás diciendo lo que sientes, cariño –Hinata no quería acabar discutiendo con Haru sobre lo acertado de sus decisiones. Haru estaba convencida de que Naruto estaba tan enamorado y sentía tanta devoción por Hinata como Jiraiya había sentido por ella-. Te advierto que cualquier día vendrá a buscarte, en cuanto aclare sus asuntos.

La cantidad de tiempo que necesitaba para aclarar sus asuntos sorprendía al mismo Naruto. No se trataba solo de llegar a un acuerdo satisfactorio con Haru. Naruto tenía otros planes para la empresa. Deseaba venderla.

La parte más fácil había sido conseguir el consentimiento de su padre.

-Mira lo que Namikaze & Uzumaki me ha hecho –se quejó el padre-. Años y años de trabajo duro y de tensiones. Mi corazón está tan dañado que tengo que estar sentado como un inválido y tomar las cosas con tranquilidad.

Lo que tomó un tiempo larguísimo fueron las innumerables negociaciones necesarias para encontrar el comprador adecuado. Pero valió la pena. Cuando llegó el año nuevo, ya estaban ultimadas. Tanto los nuevos propietarios como los padres de Naruto estaban encantados.

Y él… él se sentía como si hubiera salido de la cárcel.

No pasaba un solo día sin que pensara en Hinata. Al día siguiente de finalizar la venta, llamó a Haru.

-Lo siento, Naruto. No puedo decirte dónde está. Se lo eh prometido.

-¿Ni siquiera una pista?

-¿Por qué insistes tanto en querer encontrarla?

-Tú lo sabes, Haru. Han pasado casi ocho meses desde que la vi por última vez y, ¡maldita sea!, creo que estoy enamorado de ella.

-¿Quieres casarte con ella?

Naruto tragó saliva.

-No lo sé –volvió a tragar-, tal vez.

-¡Ay, Dios! –susurró la anciana.

-Haru –insistió Naruto-. Piensa en Jiraiya. Estoy en la misma situación que Jiraiya. Viajé hasta Australia y encontré a esa maravillosa mujer.

-Sí, lo sé, querido.

-O sea, que al menos vas a decirme en qué estado se encuentra, ¿verdad?

-Sí –Haru contestó-. Creo que te lo diré –volvió a hacer una pausa mientras el corazón de Naruto se aceleraba-. Está en algún lugar de Sunshine Coast, en la casa que su padre le dejó junto a la playa. Pero eso es todo lo que te voy a decir. Es todo lo que puedo decirte.

-Haru, eres un ángel.

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No iba a ser fácil encontrar a Hinata. Dos días más tarde, cuando Naruto llegó a Sunshine Coast, descubrió que era un conjunto de playas densamente pobladas al norte de Brisbane. Había una lista interminable de playas.

Comenzó la búsqueda en el listín de teléfonos, llamando a todos los Hyuga. Dio gracias al cielo de que el apellido de Hinata no fuera común. Finalmente pensó que Hinata tenía un número reservado, de los que no estaban en la guía.

Durante los días siguientes estuvo caminando por los paseos de una docena de playas, buscando entre el gentío. Y al menos una docena de veces, creyó que la había visto. Una de ellas casi lo atropella un coche, cuando se paró a mirar a una mujer con el mismo color de pelo que Hinata. En otra ocasión, abordó a una mujer en un café, pero no era ella.

Una de las veces vio a una chica al otro extremo de una galería comercial y, convencido de que era Hinata, la siguió. Pero estaba muy lejos, andaba muy deprisa y había mucha gente con quien tropezar. No podía verla bien.

Entonces, ella se giró y Naruto la vio de perfil. Estaba encinta y en muy avanzado estado de gestación.

Otro error. Sabía que no podía ser Hinata y dejó de seguirla.

Intentó telefonear a varios hoteles de la zona preguntado si tenían una empleada con el nombre de Hinata Hyuga, pero no tuvo éxito.

Se paró a tomar algo en la terraza de un café. Debía aceptar que cada vez tenía menos posibilidades de encontrarla. Pensó en contratar a un detective privado, pero si Hinata no quería que la encontrara, ¿qué hacía el buscándola? Tal vez debería darse por vencido y continuar con su vida.

Muchos hombres de su edad darían cualquier cosa por estar en su lugar. Tenía mucho dinero en el banco y ninguna responsabilidad. Y además, el mundo estaba repleto de mujeres bonitas.

¿Por qué tenía esa fijación con una?

Una mujer terca como una mula y que, para colmo, no lo quería.

Una hermosa mujer, amorosa y apasionada, que una vez lo había deseado y se había entregado a él en cuerpo y alma.

Agarró su teléfono móvil.

-Esta no es una tarde muy buena, Haru.

-Naruto, ¿eres tú? ¿La has encontrado?

Él soltó una risita, compungido.

-Sabes muy bien que me enviaste a una misión imposible.

-¿O sea, que no has tenido suerte?

-Haru, era como buscar una aguja en un pajar.

-¿Tan mal te ha ido?

-Peor –habló pausadamente y con firmeza-. Necesito su dirección. Estoy preocupado por ella. Necesito encontrarla.

-Oh, Naruto –suspiró Haru-. Te creo. Espero no cometer un error. ¿Tienes algo con que escribir?

Le dio la dirección.

Y media hora más tarde encontró la casa de Hinata.

Ella no estaba en casa, pero había correo dirigido a su nombre en el buzón. Naruto supo que por fin la había encontrado.

Estuvo deambulado por el jardín de la casa. Era pequeño y estaba descuidado, y a la casa le hacía falta una mano de pintura. Pero tenía su encanto.

En la parte de atrás había un porche con dos viejas sillas de caña y colgaba un móvil hecho con caracolas, corales, ramas y otros restos traídos por el mar. En la ventana, unas macetas con hierbas aromáticas.

En el suelo, junto a una de las sillas, había una revista y un vaso vacío. Y en un rincón, una caña de pescar.

Naruto se sentó a esperar en una de las sillas. Estaba más que nervioso. Estaba aterrorizado. Había gastado tanta energía en buscar a Hinata, que no había pensando en el siguiente paso si la encontraba. Necesitaba planearlo. Y no podía equivocarse, porque había mucho en juego.

Una cosa si sabía. Hinata no iba a recibirlo con los brazos abiertos. Una mujer no se escondía solo porque sí. No tenía ni idea de cuál era el problema y nadie le daba la respuesta.

Se quedó pensando. Los negocios eran un juego de niños en comparación con tratar con Hinata Hyuga. Hinata, cuyos ojos cambiaban como el mar del gris, al perlado. Hinata, que tenía tantos cambios de humor como el mar.

Estiró las piernas e intentó relajarse. Seguro que solo había sido un malentendido. Cuando la volviera a ver, encontraría la forma de resolver sus problemas.

¿CONTINUARA?...

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LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)

*Candice Saint-Just*

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"…SaKu-14…"