Summary: Imaginé más de cien escenarios para decírselo. Pensé en decenas de cosas para hacer memorable el momento, pero si algo aprendí de todo esto es que existe una sola manera para expresar mis sentimientos. Y que tengo mala suerte, claro está. Mucha mala suerte.
Disclaimer: los personajes de CCS no me pertenecen, son obra y gracia del fantástico grupo CLAMP. La trama de esta historia sí, así que respeten mis derechos de autora-vaga. Creo que está de más decir que solo hago esto para conquistar al mundo, ¿verdad?
Nota: Todos los capítulos vienen con alguna canción recomendada. No tiene un fin específico, son solo vías que utilicé para inspirarme o que me resulta divertido escuchar mientras los escribo. Si desean escucharlas, dénse una vuelta por mi perfil y encontrarán los links.
Perfect Ratio
-Kira Read-
Día siete: El efecto Cady
Canción: Al amanecer
En cuanto Tomoyo me empujó para que saliera del taxi comprendí que me había ganado problemas innecesarios. La entrada de la discoteca frente a mí, el frío de la noche colándose por el tonto vestido que había dejado que Tomoyo me pusiera y el ruido a mí alrededor me hicieron tomar conciencia de lo que había hecho.
¡Me había fugado de casa por un tonto capricho adolescente y lucía como una fácil con ese vestido negro tan corto!
Joder.
Pánico. Tuve un ataque de pánico. Ustedes dirán: "Dios, qué drama. Se fugó de casa mientras sus padres no estaban y luce un poco navideña, ¿a quién le importa?", pero para mí sí que era algo grande. Quizá demasiado grande para manejarlo sin que se me cortara la respiración y terminara mareada.
—Sakura, dime por favor que no estás teniendo un ataque de pánico —me dijo Tomoyo parándose frente a mí. Incapaz de negárselo, comencé a respirar más agitada.
Mi adorable mejor amiga, que obviamente me había manipulado con sus palabras provocadoras e hirientes para llevarme a ese lugar, rodó los ojos, tomó una bocanada de aire y me miró fijamente.
—Escúchame bien, no has venido hasta aquí para que te pase esto justo ahora. Vas a sonreír y será una noche fabulosa… ¡vamos! Acabas de hacer algo que va en contra de las reglas, ¡disfrútalo! —y, sin más, comenzó a arrastrarme para entrar al local.
Yo de verdad pensaba que Tomoyo tenía toda la razón, ¡me había costado demasiado decidirme a hacer algo como eso y no podía desperdiciar esa valentía que me había infundido mi capricho! Pero también pensaba que si mis padres lo descubrían se iban a sentir muy decepcionados, así que estaba en medio de una de esas grandes contradicciones de la vida.
Hacer lo correcto o disfrutar lo prohibido.
Las luces de la discoteca me desorientaron aún más e hicieron que mi mente siguiera divagando mientras Tomoyo continuaba arrastrándome, lo digo casi literalmente, hasta quién sabe dónde. Mordí mi labio inferior cuando una imagen de mi madre diciéndome "estoy tan decepcionada, Sakura" inundó mi mente. ¡Y el castigo que me podía caer!
No, no, no, no, no…
La balanza cada vez más se inclinaba hacia el lado de "huir silenciosamente" pero, justo entonces, alguien me empujó quién sabe con qué intenciones (yo siempre he pensado que fue Tomoyo aunque no tengo pruebas) y terminé sentada sobre alguien.
—¿Sakura? —al escuchar esa voz, mi cerebro solo pudo eliminar cualquier pensamiento relacionado a la huida y le ordenó a mi corazón latir como un desquiciado.
—Hoe, hola —dije bajito cuando mis ojos se encontraron con otros más oscuros.
Claro, yo no podía haber caído sobre ninguna otra persona que no fuera Shaoran. De reojo pude ver que Tomoyo aguantaba una risita que seguro sería histérica.
—¿Qué…cómo? Es…es decir tú-tú… —intentó él decir algo pero, obvio, falló. Yo me comencé a reír nerviosamente y me sobé el cuello.
—¡Sorpresa! —atiné a responder con una voz muy pequeña. Shaoran se quedó callado mirándome y yo tuve que apartar la mirada porque no quería ponerme roja.
Aunque, sinceramente, con todas esas luces dudo que alguien pudiera haberlo notado.
—Hey —me llamó la voz de Tomoyo otra vez y, al voltearme a verla, encontré que estaba sonriendo macabramente con Eriol. Eso me asustó, porque supe que lo siguiente que dijera o hiciera me avergonzaría mucho—, ¡sonrían! —de quién sabe dónde, ella había sacado una cámara para fotografiarnos y dejarnos más aturdidos aún. Yo no había terminado de recuperarme del flash cuando la escuché decir aún por sobre la música—: se ven tan tiernos así… ¡y Sakura encima suyo! Esta va para enmarcar…
No hace falta decirlo, creo, pero me convertí en un farolito rojo en cuanto hizo esa mención. ¡Había olvidado que estaba sentada sobre él! Y lo peor vino después, cuando todos se rieron de mí al pararme tan apresuradamente.
Le dirigí una mirada llena de enojo y dolor a mi mejor amiga, pero ella se encogió de hombros y me guiñó el ojo dejándome claro que no se arrepentía. Sin embargo, broma o no, yo quise asesinarla.
—¡Me encanta esta canción! —chilló alguna de las chicas de mi curso cuando comenzaron a tocar alguna tonada que estaba de moda. Todos desaparecieron al instante, inclusive Eriol y Tomoyo que se lanzaron unas miradas muy raras e ignoraron mis intentos de hacer contacto visual para dejarles muy en claro que los odiaba. Eriol no me había hecho nada directamente, pero seguro que estaba de parte de mi maléfica mejor amiga.
El ruido me aturdió un poco más y caí sentada en un silloncito frente a la única persona que se había quedado conmigo: Shaoran, pero era incapaz de mirarlo porque aún estaba avergonzada por lo de antes.
Pasaron algunos segundos antes que alguno de los dos se animara a decir algo.
—Viniste —escuché su voz a pesar de la estridente música. Yo me encogí en mi lugar y asentí, aún negándome a verlo—. Vaya…es decir…pensé que lo tenías prohibido y…
—Y Sakura nunca rompe una regla, así que no te imaginaste que viniera, ¿no? —adiviné un poco mosqueada. Vamos, que ya había tenido suficiente de eso.
Él abrió la boca, pero no dijo nada y yo supe que estaba en lo cierto. Me crucé de brazos y me recosté totalmente en el respaldo, solo para mirarlo con una mueca adornando mi rostro. Él terminó sonriéndome encantadoramente.
—Tienes razón, no pensé que fueras a venir porque de verdad eres una chica buena, Sakura —me dijo mientras se paraba y se acercaba a mí para sentarse en el sillón contiguo. Yo, por supuesto, puse mi mejor cara de indignación.
—¡Yo no soy una aburrida chica bue…!
—Pero —me interrumpió al instante— no por eso creo que seas aburrida. La verdad, no tengo idea de cómo lo consiguió Tomoyo —inflé mis mejillas resentida con él por quién sabe qué razón, ya que en realidad no me había hecho nada.
—Es una maestra de la manipulación —murmuré. Él soltó una carcajada y asintió.
—Es cierto y esta vez le agradezco. No habría sido lo mismo sin ti, ¿sabes? —me dio un leve codazo. Yo lo miré un poquito de costado e intenté por todos los medios no sonreír, porque sabía que era justamente lo que él quería.
—Ya sé que no puedes vivir sin mí, Li —terminé por responder y su fabulosa sonrisa torcida hizo su aparición estelar. Suspiró y luego se sentó mirando al frente igual que yo.
—De verdad me alegro que estés aquí, Kinomoto —lo escuché susurrar.
Si yo pensaba que mi corazón tenía un límite para latir tan desbocado, me equivoqué. Sentí que mis mejillas se ponían coloradas y desvié la mirada al piso.
La verdad, yo también me alegro de estar aquí, Shaoran.
Tomoyo y yo caímos rendidas en un silloncito en cuanto lo vimos. Habíamos estado bailando por cerca de quince minutos con un mix que parecía nunca iba acabar. Yo suponía que estábamos cerca de la una de la mañana y, la verdad, me lo estaba pasando genial.
Probablemente mucho de mi buen humor se debía a Shaoran diciéndome cuán feliz lo hacía que yo estuviera ahí. Pensándolo bien ahora, debería haberme asustado el gran poder que él tenía para hacerme cambiar mis opiniones con tan solo una sonrisa. Debería haber sospechado que eso, a la larga, no podría terminar tan bien como yo en ese entonces imaginaba.
Sin embargo, ¿quién podría ponerse a pensar en eso cuando está pasándola tan bien como yo lo estaba? Me encontraba con mis amigos, con música y mucha alegría quizá inducida por el par de copas con quién sabe qué cosa dulce que me dio Tomoyo.
—¡Qué gran noche! —exclamó Chiharu, una de mis amigas, abrazando a Yamazaki, su novio.
—Sí, creo que definitivamente deberíamos hacerlo más seguido —acotó Naoko dándole un sorbo a su piña colada.
—¡Hey! ¿Y los demás? Juraría que Kurosaki y Miyashiro estaban en algún lugar cerca con Souta —esa era Rika, siempre preocupándose por el resto.
Yo parpadeé y miré a mi alrededor tratando de encontrarlos. La verdad, solo había visto a ese grupo por un par de minutos antes de Eriol decidiera utilizarme como una marioneta en la pista de baile. No que me queje, me hizo sentir como una dancing queen.
Algunos desaparecieron aduciendo que se iban a bailar y cosas parecidas, mientras otros se pusieron a buscar a los desaparecidos. Me quedé con Naoko, Tomoyo, Eriol y Shaoran. Y hablando de él, no se había parado de la mesa en toda la noche.
—¡Hey, Li! No te has parado de esta mesa en toda la noche —le reclamó Naoko entrecerrando los ojos.
Al parecer no era la única que lo había notado.
Él cogió su vaso y se lo llevó a la boca para beber limitándose a encogerse de hombros. Mi amiga rodó los ojos como exasperada.
—Una pensaría que ya que vienes a este lugar por lo menos bailarías un poco… —la risa de Eriol la interrumpió y todos nos volvimos a verlo.
—Shaoran no baila. Nunca —aclaró conservando su sonrisa. Yo miré de reojo a mi mejor amigo y lo vi desviar la mirada.
Eso era cierto. Creo ya haberlo mencionado, pero Shaoran nunca fue el mayor fan del baile. No creo que se debería a que no era bueno, sino que sencillamente no le gustaba.
Probablemente su total desagrado hacia bailar había nacido gracias a aquellas clases que nos la tía Ieran nos había hecho tomar cuando teníamos doce años. Todos éramos ciertamente torpes a esa edad y Shaoran no podía soportar no ser bueno en algo. Al final, había aprendido a bailar muy bien pero nunca olvidó la humillación y todo lo que le costó lograrlo.
—¿Ni si quiera con Sakura? —insistió Naoko algo sorprendida. Me tensé un poco ante su mención pero aún así me quedé en silencio.
—No me gusta bailar —fue lo único que dijo Shaoran y supongo que algo dentro de mí se desinfló.
Ya sabía que esa era su más probable respuesta, pero siempre quise creer que él podía hacer excepciones si se trataba de mí.
Yo y mis tontas ganas de ser su excepción y no la regla.
Tomoyo agarró mi mano y supuse que estaba mirando con mucha molestia a Shaoran, pero yo seguí jugando con la pajita de mi bebida. El silencio entre nosotros se hizo algo incómodo a la vez que la música parecía subir más y más de volumen y yo lo único en que podía pensar era que no había por qué sentirse ofendida si ya conocía cómo era Shaoran.
Alguien empujó el silloncito donde estaba con Tomoyo y todos volteamos alarmados. Lo primero con lo que me choqué fue con la verde mirada avergonzada de Kei Kurosaki mientras él recuperaba el equilibrio. Seguro se había chocado con alguien.
—¡Lo-lo siento mucho! —se apresuró a decir mientras jalaba nuestro asiento hacia su lugar original. Tomoyo soltó una risita y le dijo algo como "no te preocupes" y yo le sonreí.
—¡Kurosaki! —lo llamó Eriol—, ¿dónde te habías metido? ¿Y los otros? —él pareció confundido.
—No lo sé; en realidad estaba con Miyashiro pero de pronto desapareció así que decidí regresar aquí —Eriol asintió y se acomodó los lentes como si estuviera pensando en algo importante.
Right Round comenzó a sonar de repente y Naoko saltó jalando a Tomoyo de paso.
—¡Vamos a bailar esto! —gritó mientras la arrastraba a la pista. Todos nos reímos por la cara de emoción que había puesto Naoko y la forma en que Tomoyo había rodado los ojos.
Me vi de repente atrapada entre tres pares de ojos que me veían atentamente. Eriol se reclinó hacia atrás y me sonrió.
—¿Y tú no irás a bailar, Sakura? —miré hacia el lugar por donde supuse que mis amigas estarían, pero ya no las vi así que me encogí de hombros.
—Creo que ya las perdí —contesté alto para que me oyera. Algo brilló en la mirada de Eriol y me sonrió asintiendo.
¿Hace falta decir que me asusté un poco?
—Oh, bueno, qué lástima —soltó y lo dejó ahí. Eso me tranquilizó, quizá me había apresurado al pensar que estaba maquinando alguna cosa que me pusiera en aprietos.
—¿Por qué no la llevas tú? —alcancé a escuchar a Shaoran decir aunque no estaban junto a mí.
—En realidad estoy muy cansado y adolorido. Tomoyo se emocionó de más y me estuvo pisoteando —explicó dedicándome una mirada arrepentida. Yo hice un gesto con la mano para indicarle que no importaba realmente.
—Apuesto que lo hizo a propósito —Eriol se rió al igual que Kurosaki y yo.
—¿Por qué no vas con Kurosaki? Después de todo Shaoran no quiere bailar y yo necesito un descanso, así que me quedaré haciéndole compañía. Ya es hora que regreses a la pista de baile —me guiñó un ojo. Cerca de mí, Kurosaki abrió los ojos muy grandes y pude notar cómo se tensaba.
¡Ese Eriol era un malvado! Sabía que algo tenía planeado, pero no dejaría que avergonzara al pobre Kurosaki, y a mí de paso, así que fruncí el ceño.
—Eriol, creo que…
—No, no, no me vengas con tu discurso de "estoy bien, gracias". Kurosaki, ¿te molesta bailar con Sakura? —mi enojo con él creció un poco más, pero mi compañero de clase solo sonrió.
—Eh…si ella quiere… —Kurosaki-kun me extendió la mano y yo lo miré sorprendida.
En realidad, yo sabía que Kurosaki tampoco era un chico de fiestas, bailes y bebida pero ahí estaba: invitándome a bailar con una tímida sonrisa solo para hacerme evitar un momento incómodo.
¡Reacciona!
Mi cerebro actúo rápido en cuanto me di cuenta de que llevaba varios segundos y aún no respondía. Le devolví la sonrisa, dejé a un lado mi copa y asentí tomándolo de la mano.
—Claro.
Me ayudó a pararme y nos dirigimos a la pista de baile; sin embargo, antes de que desaparecieran de nuestro campo de visión alcancé a ver a Eriol y Shaoran: el primero se despedía de mí con una deslumbrante sonrisa y el segundo solo se nos quedó viendo con los labios apretados.
Una expresión que definitivamente no auguraba nada bueno para mí esa noche.
Kurosaki-kun me ayudó a dar una vuelta sobre mi eje mientras yo me reía e intentaba no tropezarme. La verdad había terminado pasándola muy bien con él. No logro calcular exactamente cuántas canciones llevábamos bailando hasta ese momento, pero con seguridad eran más de las que yo hubiera esperado.
—Dios, soy un desastre —dije entre risas volviendo a seguir el ritmo de la música. Él frunció el ceño.
—En realidad, eres una excelente bailarina. Probablemente yo estoy luciendo muy tonto a tu lado, Kinomoto —debo admitir que me sonrojé y me reí más cuando dijo eso. ¡Kurosaki siempre tendía a ser tan adorable!
—¿Cuál tonto? Creo que lo haces mucho mejor que yo —repliqué. Él meneó la cabeza.
—¿Acaso quieres apostar y conseguimos público para ver quién tiene la razón? —tomé eso como un reto y estaba a punto de aceptarlo, pero alguien muy poco cuidadoso me empujó y terminé pegada a mi compañero de baile y el sosteniéndome de los brazos para frenar el impacto.
Agarrándome de la casaca que llevaba en ese momento, mi primer instinto fue subir la cabeza para pedirle disculpas.
Craso error.
Kurosaki era mucho más alto que yo, pero con esos tacos que había aceptado ponerme, y tan pegada como había terminado a él, nuestras narices terminaron rozándose.
—Eh…yo… —intenté decir mientras sentía que mi rostro comenzaba a arder. A pesar de las luces que distorsionaban todo a nuestro alrededor, pude notar que él también estaba rojo.
Nunca logré comprender por qué no me aparté instantáneamente de él (me gusta atribuirlo al aturdimiento que me provocó su cercanía), pero tampoco me dio mucho tiempo para reaccionar, ni a él, porque a los pocos segundos escuché un carraspeo cerca.
—¿Sakura? —y esa era la voz de Tomoyo. Ambos giramos la cabeza hacia un costado y vimos a mi mejor amiga, Eriol y Shaoran mirándonos sorprendidos.
—Hey… —dije débilmente comenzando a sentirme mareada. Sus expresiones entonces cambiaron un poco.
—Eh…yo… —escuché decir a Kurosaki. Shaoran nos miró con algo que no supe identificar muy bien, pero que definitivamente lograba asustarme, y se cruzó de brazos.
—¿A esto le llaman bailar? —soltó arqueando una ceja. Mi boca se abrió por lo venenoso que había sonado al decir eso y Eriol lo miró enojado.
Kurosaki y yo nos soltamos entonces y nos apartamos unos considerables pasos el uno del otro bastante avergonzados por la situación.
—No…no es lo que…es decir, esto es… —intenté decir en mi defensa al comprender que definitivamente estaban malentendiendo la situación.
—De verdad no es lo que parece —afirmó Kurosaki sonando mucho más coherente que yo—; alguien empujó a Kinomoto y yo-
—Tú estabas ahí para salvarla. ¡Qué coincidencia! Me parece que se veían demasiado cómodos para haber sido un accidente —masculló Shaoran y yo me sentí herida. ¿Pero de qué iba?
Iba a empezar a justificarme otra vez cuando Tomoyo se precipitó hacia mí y me tomó de la mano.
—Ven conmigo a los servicios —me pidió intentando guiarme hacia donde ella quería. Yo me quedé plantada.
—Pero es que… —intenté decir una vez más, pero ella me cortó.
—Todos sabemos que solo fue un accidente, Sakura. Vamos —y, sin más, me llevó.
Le dirigí una mirada de disculpa a Kurosaki por la bochornosa situación y los raros comentarios que habían surgido por parte de mi mejor amigo a lo que él sencillamente me sonrió para tranquilizarme.
No me atreví a mirar hacia donde estaban los otros dos, porque no quería ver a los ojos a Shaoran y descubrir que él pensaba que yo había estado haciendo algo más que bailar con Kurosaki.
Como si yo pudiera fijarme en otro chico que no fuera él.
Idiota.
Mi mirada se mantuvo pegada al piso todo el tiempo que estuvimos en el baño y lo seguía estando cuando salimos de este. Tan ensimismada como me encontraba maldiciendo a Shaoran por insinuar estupideces, ni si quiera me había molestado en explicarle a Tomoyo lo que había pasado.
No fue hasta que ella se detuvo cerca de la barra y me obligó a mirarla que hablamos.
—¡Ya deja esa cara, Sakura! Es obvio que Kurosaki y tú habían estado bailando inocentemente, pero que alguien chocó contigo y terminaron en una posición poco afortunada justo cuando llegábamos —me dijo con el ceño fruncido. Yo la miré con los ojos muy abiertos.
¡Realmente es psíquica!
—To-Tomoyo… —murmuré. Ella suavizó su mirada y me acarició el cabello.
—No le hagas caso a las tonterías de Shaoran. Creo que estaba un poco sorprendido, nada más —yo asentí a eso no muy convencida y continuamos con nuestro camino.
Mi noche había pasado muy mágicamente de "muy divertida" a "desastrosa" en apenas unos segundos. Y no mejoraría cuando llegáramos a la mesa con el resto.
Algunos habían partido ya, entre ellos Kurosaki, porque eran cerca de las dos de la mañana pero el grupo aún así era grande. Lo lamenté muchísimo pensando en que debería haberme disculpado antes por el bochorno.
Sin embargo, mi atención se desvió instantáneamente hacia cierto castaño que bebía sin parar entre otros chicos. Vi a Shaoran terminar un vaso de golpe y a los demás chicos aplaudirlo como si se tratara de una hazaña maestra. Él se rió mientras algunos lo palmeaban y le dieron un vaso más de cerveza. Su mirada en algún punto se cruzó con la mía y estoy segura de haberlo visto decir "¿y Kurosaki?" sin emitir ningún sonido. Volvió a beberse el vaso que le acababan de dar de una, haciendo una mueca que me dio a entender que no quería verme en ese instante.
Auch.
No pude hacer otra cosa que fruncir el ceño. Yo suponía que no podíamos habernos tardado más de quince minutos en el baño con Tomoyo, así que no podía entender cómo había él llegado a embriagarse tanto en tan poco tiempo. Ni qué rayos tenía en la cabeza para andarme mirando así.
—¿Qué le pasa a Shaoran? —le pregunté consternada a mi prima. Ella apretó los labios y miró con enojo, o quizá algo más, hacia donde estaba él.
—Solo está haciendo el tonto. No le hagas caso, vamos a bailar un poco más —le lanzó una mirada significativa a Eriol, quien asintió y se quedó con los chicos y Shaoran.
A pesar de que no me sentía con muchas ganas de bailar, tuve que hacerlo porque mis amigas se estaban poniendo muy pesadas respecto a mi desgano. Me arrancaron algunas sonrisas con sus increíbles pasos de baile, pero en algún punto se hizo evidente que ya no estaba tan activa como antes.
—Sakura, ¿segura que estás bien? —me preguntó por enésima vez Rika. Yo sonreí un poquito y asentí, esperando convencerla una vez más o si quiera lograr que dejara de preguntarme eso.
Ella miró hacia Tomoyo sin dejar su preocupación de lado. No sé qué se habrán dicho con la mirada, pero pronto ambas dejaron de bailar.
—Quizá ya es hora de irnos a casa, Sakura —no quise lucir tan aliviada cuando Tomoyo me dijo eso, aunque supongo que fue inevitable.
Me pidió que la esperara cerca de la salida, creo que comprendió que no quería ir a despedirme de Shaoran, sin embargo cuando regresó no lo hizo sola.
Eriol iba detrás de ella jalando a Shaoran como podía, porque se notaba que él estaba un poco más que pasado de copas y que no quería irse.
—¡No quiero irme! —fue lo primero que alcancé a escuchar mientras Eriol seguía jalándolo.
—Justo ahora, no estás en condiciones de decidir nada así que te vienes con nosotros —le respondió él. Li lucía bastante enojado, casi como un niño pequeño y yo entonces comprendí que estaba borracho.
Oh Dios.
No era como si nunca hubiera visto a Shaoran un poco pasado de tragos antes, pero era la primera vez que lo veía así.
¡Genial!
Tomoyo me dirigió una mirada de disculpa y yo suspiré. Al parecer tendría que soportarlo un poco más esa noche, a pesar de estar lo suficientemente enojada y ofendida por sus actitudes como para no hablarle o verlo en un par de días.
Cuando me miró supe que, a pesar de la borrachera, él tampoco estaba muy feliz de estar cerca de mí en esos momentos. Y, por alguna razón, me hizo sentir como si todo eso fuera mi culpa.
Otra vez, genial.
El tomar un taxi a los cuatro no costó mucho trabajo. Eriol fue adelante y Tomoyo se sentó entre Shaoran y yo, seguro tratando de alejarnos porque se notaba que no estábamos en condiciones de soportarnos y había antecedentes de peleas monumentales entre nosotros.
La primera parada fue mi casa y el viaje fue en total silencio hasta que estuvimos a unas cuadras de llegar.
—¡Demonios! —exclamó Eriol. Tomoyo se inclinó hacia delante preocupada.
—¿Qué pasa?
—Mis padres llegaron hoy de viaje y si ven a Shaoran así seguro que mamá le avisará a tía Ieran. No puede venirse conmigo porque será lo mismo que ponerse la soga al cuello —masculló. Shaoran bufó desde su sitio.
—Puedo regresar a mi casa, nadie va a notarlo —Eriol lo miró incrédulamente.
—¡Seguro! ¿Acaso no te acuerdas de la última vez que llegaste a tu casa así?
En realidad, todos recordábamos eso. Tía Ieran lo había descubierto y lo había castigado por cerca de un mes, no tanto por la borrachera sino porque Shaoran tiende a decir cosas que no debe cuando bebe. Y ya se imaginarán que a ninguna madre le gusta que le digan que es la mujer más controladora del mundo.
Así que, en conclusión, Shaoran no podía regresar a su casa ni ir a la de Eriol.
—Bueno, mi mamá probablemente hará lo mismo y ella seguro que sí está ahí para recibirnos. Además del discurso, claro está —el taxi se estacionó frente a mi casa y, a la vez, Eriol y Tomoyo me miraron.
No me costó mucho comprender de qué iba su actitud.
—No, esta noche no —dije frunciendo el ceño.
—Sakura, por favor… —me pidió Eriol, el muy apoyador de amigos ofensivos borrachos.
—¡Pero es que…es que…! —intenté negarme. Era el día menos adecuado para que Shaoran se quedara conmigo en casa.
—Sakura, si castigan a Shaoran seguro que no podrá salir a ninguna parte y este es su último mes aquí, ¡por favor! —habló Eriol otra vez. Tomoyo no dijo nada, pero ese mismo silencio podía tomarse como un apoyo a su novio/lo que sea.
Shaoran parecía algo adormilado y la mirada de mis dos amigos era poderosa, así que tuve que tragarme mi enojo y ceder.
—Vale, despiértenlo y que venga conmigo —dije entre dientes y me bajé del taxi.
Eriol se bajó para ayudarlo a salir, pero en cuanto le abrió la puerta Shaoran salió como si nada. Cruzaron un par de palabras y al final él vino caminando solo y derecho hacía mí.
Todos lo miramos extrañados y algo maravillados por su repentina recuperación. Eriol se encogió de hombros y se despidió con la mano. A través de la ventana, Tomoyo me sonrió y pronto partieron.
Me quedé viendo cómo se perdía el taxi en la oscuridad y luego, con cierta renuencia, me volteé hacia Shaoran para decirle que me siguiera.
—Bien, mejor entre… ¡whoa! —A penas intenté hablarle, él se tambaleó hacia adelante y comenzó a reírse como loco—. ¡Shaoran! ¿Se puede saber qué rayos te pasa! —él me miró y continuó meciéndose de un lado hacia el otro.
—Le gané —murmuró sonriéndome tontamente.
—¿De qué rayos hablas? —pregunté mientras lo cogía para que no se cayera.
—Él dijo que no podría, ¡pero lo hice! —exclamó feliz. Me tomó unos cuantos minutos entender eso.
Ay no.
Probablemente Eriol le había dicho a Shaoran que él no podría caminar solo y esta versión borracha de mi mejor amigo lo había tomado como un reto. Súper.
—¡Argh! Shaoraaaaaan —me quejé preguntándome cómo rayos iba a llevarlo hasta mi casa si apenas podía mantenerse en pie. Él me abrazó riéndose más y restregó su mejilla contra la mía.
—Sakuraaaaaa —me respondió. Rodé los ojos: obviamente sí que estaba borracho.
Bueno, no podía quedarme con él ahí parados para siempre, y de verdad estaba comenzando a asfixiarme, así que decidí que sencillamente tendría que apoyarse en mí y esperar que no termináramos los dos en el suelo.
—Bien, Shaoran, escucha: vamos a ir a mi casa para que puedas recostarte, ¿bien? —le dije mientras acomodaba su brazo alrededor mis hombros haciendo la carga más fácil.
Él se me quedó mirando unos segundos y luego frunció el ceño tratando de alejarse de mí.
—No, no quiero ir contigo —mi boca casi se cae hasta el suelo.
—¿Por qué? —pregunté confundida.
—Porque vi la manera en la que estabas con el idiota de Kurosaki y a eso no se le llama bailar —me respondió con la voz rara. Yo realmente no podía creer que me estuviera pasando eso a mí.
—La forma en que nos encontraron fue un accidente —dije con voz contenida. Él negó y se separó de mí.
—¡No te creo nada! —y ese fue mi límite.
—¡Pues bien! No me creas y quédate aquí para siempre si quieres, no lidiaré con tus tonterías cuando has sido un idiota toda la noche —dicho eso, me di media vuelta para marcharme.
Estaba realmente decidida a dejarlo ahí a que se muriera del frío y puse la llave en mi puerta con esa intención, pero entonces lo escuché caminar hacia mí.
Al voltearme, ya lo tenía bastante cerca con su cara de "perdóname por ser un idiota, Sakura".
—Sakura —dijo con semblante repentinamente deprimido. Yo no entendí su cambio de humor tan rápido, pero luego me acordé de que estaba borracho. Y los borrachos son raros, aunque eso no disminuyó mucho mi enojo.
—Aléjate, Shaoran —le advertí cruzándome de brazos y girando el rostro.
—Sakura, pe-perdón —murmuró quedándose a un palmo de distancia. Puse las manos en su pecho para alejarlo, pero él me las cogió y terminé mirándolo a los ojos.
Segundo craso error de la noche.
Ya se imaginarán que me apiadé, lo perdoné y terminé sonriéndole.
—Está bien —murmuré suspirando a la vez. Su sonrisa tonta regresó a su rostro y yo me reí un poquito—, ¡pero no te atrevas a decirme nada o mirarme de esa manera otra vez porque sino nunca volverás a escuchar que te dirija la palabra, Shaoran Li! —él meneó la cabeza muchas veces.
—De verdad, lo siento. Te prometo que no volveré a ponerme celoso —prometió con solemnidad, pero supongo que eso fue lo que menos me importó entonces.
¿Celoso? ¿Celoso había dicho él?
¿Q-qué…?
—¿Ce-celo-loso? —pregunté en shock. Él me miró confundido y sus ojos se velaron un poco. Obviamente no estaba muy consciente de lo que decía, pero yo estaba lo suficientemente desesperada porque me quisiera como para dejarlo pasar— ¿a qué te…a qué te refieres con eso? —le pregunté acercándome a él para que me mirara a los ojos y pudiera obligarlo a responder.
Shaoran se quedó callado un rato, como si pensara en una respuesta adecuada, y luego me volvió a mirar. Moví mi cabeza para instarlo a hablar, pero eso no fue lo que él hizo.
Se fue hacia adelante y terminamos pegados a la puerta de mi casa, con sus manos sujetando fuertemente mi cintura y su cara lo casi suficientemente cerca de la mía como para causarme un ataque cardiaco.
Oh por Dios…
—Sha-Shaoran —intenté llamarlo demasiado nerviosa para si quiera recordar lo que había intentado sacarle antes. Él suspiró, yo me estremecí y me agarré de sus hombros por temor a colapsar, aunque lo dudaba mucho si él estaba tan pegado a mí. Tanto que me faltaba el aire.
—Luces hermosa hoy —susurró y me sonrojé al instante. Algo dentro de mí estaba a punto de hacer corto circuito.
—Yo…eh… Shaoran, gracias —él me sonrió y nos quedamos así un rato más. Entonces desvió su mirada hacia mis labios.
Ay, ay, ay, ay, ay
¿Iba a besarme? ¿Iba este Shaoran que había bebido de más a besarme?
El solo pensamiento me hacía querer desmayarme. No exagero.
Su cara comenzó a descender y yo cerré los ojos, apretándolos muy fuerte. Esperando inconscientemente el contacto, aunque definitivamente esa no era la situación más adecuada.
En realidad, y espero que no se sientan decepcionadas y comprendan: así es la vida, sus labios nunca llegaron a los míos. Su cara terminó enterrada en mi cuello, él haciendo más fuerte el agarre en mi cintura y dejando salir el aire de un solo golpe.
—Sakura —me llamó con voz lastimera.
—¿S-sí? —respondí temblando como una hoja. Él volvió a exhalar.
—Necesito recostarme en algún lugar muy urgentemente —y eso bastó para acabar con mi fantasía sobre la situación.
Lo aparté como pude de mí y al verle la cara entendí su urgencia: ¡obviamente tenía arcadas! Me apresuré entonces a voltearme, lo cual no fue lo más brillante porque terminé con él apoyado sobre mí, pero ignoré eso para abrir la puerta y arrastrarlo como pude hasta uno de los sillones.
Lo senté ahí y fui corriendo a buscar un vaso de agua. Para cuando volví, él tenía la cara enterrada en el sofá.
—Shaoran —lo moví suavemente—, quizá si tomas algo de agua te sientas mejor. Puedo traerte una pastilla si quieres —le dije mientras le entregaba el vaso. Parecía bastante enfermo, así que no pude evitar preocuparme más de la cuenta.
Bebió sin decirme nada y luego me devolvió el vaso. Su mirada estaba algo perdida, pero su color había mejorado un poco.
—¿Mejor? —pregunté echándole el cabello hacia atrás para verle bien los ojos. Se limitó a asentir y a reclinarse.
—Gracias —murmuró.
—No es nada —dejé el vaso a un costado y volví a verlo. Tenía los ojos a medio cerrar y seguía luciendo algo descompuesto, pero me sonrió. Supuse que se le había bajado un poquito el alcohol.
—Vaya desastre de noche —yo solo pude sonreírle y asentir.
—Y yo que pensé que mi primera escapada siempre sería memorable —se rió débilmente.
Nos quedamos callados un rato, ambos mirando al frente sin saber muy bien qué decir.
—Lamento haberte hecho enojar —me volteé a verlo inmediatamente y ahí estaba otra vez su cara de arrepentimiento. Solo pude enternecerme.
—Sabes que nunca puedo enojarme realmente contigo —intenté tranquilizarlo. Shaoran suspiró y recostó su cabeza contra la mía.
—Pero eso no es lo importante. Fui un idiota.
—Está bien, sí lo fuiste —otra vez se rió. Lo sentí buscar mi mano y se la di, sintiéndome extrañamente cómoda así con él.
Era de esos momentos llenos de paz, perfectos. Contuve un suspiro de tristeza al pensar que quizá pasaría un buen tiempo para que volviera a estar así junto a él. Entonces, las ganas de expresar mis sentimientos aparecieron con fuerza.
Intenté contenerme, me dije que no era el momento adecuado pero, tal como Cady Heron en Mean girls, sufrí de vómito verbal.
—Te quiero, Shaoran —murmuré. Él movió un poco la cabeza.
—Yo también, eres mi mejor amiga —dijo con voz lejana, casi como si se tratara de un suspiro. Apreté los labios intentando que la valentía para replicarle no se fuera de mí y respiré profundamente antes de seguir.
—No, yo no hablaba de eso —intenté explicarme sin esperar a su respuesta, asustada de lo que pudiera decir—: yo me refiero a que…yo…estoy enamorada de ti, Shaoran. He llevado esto mucho tiempo dentro de mí. Me encanta todo lo que haces, todo lo que dices, todo lo que eres y no puedo dejar que te vayas sin que lo sepas. Te quiero, te he querido siempre y estoy comenzando a temer que, probablemente, siempre te querré de esta forma —terminé con la voz algo rota.
Shaoran guardó silencio y yo entonces supe que lo había arruinado. Mi corazón comenzaba a partirse en pedacitos por cada minuto que pasaba sin su respuesta y mis ojos ardían cada vez más.
¡Demonios! ¡Demonios, lo arruiné!
Tragué pesado intentando contener las lágrimas en mis ojos pero dispuesta a obtener una respuesta a pesar de todo.
—Shaoran…tú… ¿estás enojado porque te he dicho esto? —otra vez, él guardó silencio. Todo mi ser se quebró un poco más—. Shaoran, por favor, háblame. Está bien si no me quieres, pero dime algo —pedí ya desesperada; sin embargo, no pareció surtir efecto.
Me aparté de él para confrontarlo, pero lo que vi acabó definitivamente conmigo.
Estaba dormido…
¡Dormido!
—¿Shaoran? —Pregunté con un par de lágrimas escapándose cuando fruncí el ceño—. ¡Shaoran! —lo zarandeé enojada solo para comprobar que no me estaba ignorando a propósito. Y, en efecto, él estaba muy dormido.
Me gruñó un poquito cuando intenté despertarlo y se acurrucó contra un cojín dejándome a mí boquiabierta.
¡El muy maldito se había quedado dormido durante mí declaración! ¡Y con lo mucho que me había costado!
Esto es un desastre.
Me costó dejar de abrir la boca una y otra vez como si fuera un pez y tranquilizarme. Era algo para no creerse porque, es decir, ¿cuánta mala suerte podía tener yo?
Indignada con ese baboso que llamaba mejor amigo, subí hasta mi habitación y salté a mi cama a descargar la frustración contra mis almohadas.
Estúpido Shaoran Li y su borrachera. Estúpida yo y mis sentimientos. ¡Estúpida situación en la que me había metido!
Terminé con las mejillas infladas y todo en mí palpitando del enojo que sentía contra el mundo por arruinar siempre mis declaraciones y así me quedé dormida pensando lo obvio…
¡Solo a mí puede sucederme algo así!
Aclaraciones:
(1).- El título del capítulo "El efecto Cady" es en honor a uno de los personajes de Mean Girls, película que fue mencionada en el capítulo anterior (y que me gusta, por cierto). Más que todo haciendo alusión a su torpeza en ciertas situaciones, a su renuencia al principio por hacer cosas malas y al "vómito verbal".
(2).- El término "navideña" es una broma de mis amigas. En mi país, cuando una chica parece "fácil" se le dice "regalona" y por eso la alusión a la navidad y tanta tontería. Ojalá sí se entienda.
(3).- La canción Righ Round mencionada pertenece a Flo Rida. Si alguien vio The Hangover seguro que la conoce :I!
(4).- Sobre la canción recomendada... ¡no me juzguen! Soy una fresona rebelde. Ok, no. Esta aclaración es inútil! ¡Ignórenla!
Notas de Emi-chan.-
¡Aloha, linduras! Con ese saludo ya se imaginarán que ando de muy buen humor. Y así es, porque ayer por fin me vino la inspiración divina y pude terminar este nuevo capítulo antes de que se cumpliera un mes de la publicación del anterior; de cualquier manera, espero que la espera no haya resultado tan larga.
Ya que arribita hice las aclaraciones que quería, supongo que no tengo mucho por decir. Les agradezco esos preciosos reviews y estoy ansiosa por saber su opinión sobre este segundo intento fallido de Sakurita. ¿Alguien se veía venir eso?
Buenoo, llegaré hasta aquí. Tengo mucho que estudiar (la próxima semana hay exámenes D:), así que me despido. El siguiente capítulo trataré de terminarlo pronto (creo que sí, porque casi lo escribo ayer de un tirón xD), pero no prometo nada ._.! Un abrazoteeeee de oso a todas!
