Me despierto con Madge entre los brazos. Al principio me asusto, luego recuerdo lo que había pasado anoche.

No pude decirle que no. Parecía tan rota, tan sola, tan indefensa.

Me recordó demasiado a mí mismo como para negarle protección.

Con cuidado de no despertarla me levanto. Los rayos de sol sacan destellos de sus mechones rubios y siento la necesidad de apartarle el pelo de la cara o abrazarla, pero no quiero más conversaciones incomodas como la del otro día.

Nada de enamorarte, ¿recuerdas? Ese era el trato Gale. Me digo a mi mismo. Cualquier sentimiento que puedas tener por Madge está total y absolutamente prohibido.

Me visto y salgo de la casa por la puerta de atrás sin hacer ruido. Me apoyo en la pared. Se suponía que había huido al distrito 2 para huir del pasado, pero este me perseguía. Sacudo la cabeza y me dispongo a disfrutar de mi día de caza.

Les sigo llamando días de caza, pero ya no cazo, no es necesario, pero me paseo por las montañas durante todo el día. Es agradable poder disfrutar de esto sin el temor de ser visto y castigado, o de no cazar suficiente.

No me he adentrado ni unos diez metros en el bosque cuando oigo unas pisadas en mi dirección y me encuentro con Madge a mi lado. Lleva ropa de montaña y el pelo revuelto.

-¿Puedo ir contigo? – Se dobla para coger aire y me mira suplicante. Yo accedo. Otra vez.

No es la primera vez que me acompaña al bosque, cuando los Juegos empezaron me suplicó que la llevase un día al bosque. Al principio me negué, pensando en la carga que sería, pero al final acepté. Resulto que Madge era una buena compañera de caza. No hablaba ni se rezagaba y aprendía rápido.

La mañana pasa rápido, hemos recogido un poco de fruta para comer y nos sentamos en un árbol caído. No hablamos. Casi nunca lo hemos hecho. Para que hablar si no hay nada que decir.

Eso es algo que me encanta de Madge, no necesita llenar las horas con conversaciones vacías.

-¿Mason y tu os conocéis de hace mucho? –Me pregunta Madge al volver para casa.

-La conocí cuando ella llegó al 13. Nos hicimos amigos. Demasiadas cosas en común. – Al mirar atrás la veo asentir. No dice anda más.

Los días pasan y antes de que me dé cuenta es fin de año. Madge, Cinna y Mandy llevan en nuestra casa dos meses. Me paso mucho tiempo en el trabajo así que casi no he notado la variación en muestras vidas. Pero los demás sí.

Mi madre parece feliz de tener a otra mujer en la casa con la que pueda mantener una conversación, y Posy está encantada con Madge y Mandy. Hasta los chicos parecen felices con las nuevas caras.

Estoy en mi despacho acabando el papeleo cuando Madge llama a la puerta. Lleva un vestido que Cinna le ha hecho.

Jamás he dudado del atractivo de Madge, simplemente no podía permitirme verla como una igual. Pero ahora puedo admirarla sin miedo.

-Ha llegado esto por la mañana. Es de Peeta. –Dice jugueteando con el sobre entre las manos. Suspiro y me levanto a cogerlo de sus manos.

Peeta y yo llevamos años enviándonos cartas a espaldas de Katniss. Suelen ser cartas cortas, simplemente informando de cómo esta Katniss y el distrito 12. Lo cierto es que cuando me llegó la primera carta me sorprendió mucho. Al principio creí que Peeta quería restregarme que él se había quedado con Katniss, después me di cuenta que lo hacía con las mejores intenciones, y por esa breve y corta amistad que hicimos cuando entrenamos para los septuagésimo quintos Juegos del hambre y durante la guerra.

Es lo mismo que me pasa con Madge. No entiendo porque son amables conmigo cuando yo nunca lo he sido con ellos. Será una cosa de la gente de ciudad. En la beta te movías por tus propios pies, sin esperar bondad de nadie.

Le echo un vistazo a la carta.

Feliz Navidad, Gale.

La reconstrucción va bien. Ya han acabado con el Edificio de Justicia y ahora están discutiendo si reconstruir el Quemador.

Effie nos visita a menudo. Creo que le gusta Haymitch. Katniss mejora, aun tiene problemas de concentración, pero las cosas van mejorando.

Espero que tu y tu familia estéis bien.

Saludos,

Peeta Mellark.

-¿Saben que estoy aquí? –Levanto la vista y me encuentro con los ojos perforadores de Madge.

-No. Pensé que ese honor era vuestro. ¿Quieres que se lo cuente?

-No. Cuando me recuperé marcharé y tendré una nueva vida. Será como si de verdad hubiera muerto. Nada de lo que haga ahora importará dentro de unos meses.

Asiento y me vuelvo a mi escritorio, releo la carta y la guardo en el último cajón de mi escritorio, el que guarda todas las cosas con importancia. Me pongo a trabajar, pero después de un rato levanto al vista, sabiendo que los ojos de Madge me están perforando la coronilla.

-¿Qué os pasó? A ti y a Katniss. –Yo le sonrió. Una sonrisa marga, una mueca.

-¿Cómo sobreviviste al bombardeo? –Nos quedamos un rato mirándonos el uno al otro, en una de nuestras antiguas guerras de aguantar la mirada.

Finalmente ella sale del despacho acudiendo a la llamada de mi madre.

Eso es Madge. Yo también sé juagar al juego de los secretos.

La cena que ha preparado mi madre es asombrosa. Sé que disfruta de este lujo de poder cocinar lo que ella quiera. Además está preciosa. Cinna se ha encargado de vestirnos a todos y mi madre parece adorar el vestido que Cinna ha hecho para ella. Rory habla tranquilamente con Mandy, mientras Vick mantiene una conversación con Cinna y la señora Everdeen, mi madre se entretiene en que nuestro paltos nunca este vacios y que Posy no destroce su vestido nuevo. Madge y yo comemos en silencio. Como siempre.

Cuando suena el teléfono Posy es la primera en levantarse.

-¡Katniss! ¡Hola! –Doy un respingo. Eso definitivamente no lo esperaba. La mesa se queda en un silencio mortal, simplemente roto con la vocecilla chillona de Posy. –Estamos todos bien. ¿Y vosotros? ¿Quieres hablar con Gale? –Maldita sea, Posy.- ¡Oh! ¿Y con tu mamá? ¡Señora Everdeen! ¡Katniss quiere hablar con usted!

Me levantó a la vez que la señora E. yo dirigiéndome hacía el jardín trasero.

Está nevando y mi aliento se convierte en humo cuando sale de mi cuerpo, pero eso no me impide sentarme en el suelo.

No notó el frio. No noto nada. Katniss ya no quiere sabe nada de mí. Pensé que quizás después de estos años podría felicitarme el año. Pera ni eso.

Noto que alguien hecha una manta sobre mi y se sienta a mi lado. Madge me coge las manos entre las suyas. O yo estoy muy frio o ella tiene las manos muy calientes. Seguramente seré yo.

Me coge la mandíbula y me obliga a mirarla a los ojos con suavidad. Tiene esta mirada. La de extrema concentración y observación. Después se acerca a mí y me besa, yo le devuelvo el beso, con más ímpetu del que debería, pero en ese momento anda importa. Lo único que siento es el cuerpo de Madge y sus palabras zumbándome en los oídos.

Cuando me recuperé marcharé y tendré una nueva vida. Será como si de verdad hubiera muerto. Nada de lo que haga ahora importará dentro de unos meses.