Reino de Sangre


Capítulo VII: Caminos bifurcados.


Se despertó abrazado de su cálido y delgado cuerpo, y aún con los ojos cerrados deslizó la punta de sus dedos por sobre la porcelana de su cintura. Luego de se giró a su cabello y respiró el perfume barato que le habían puesto. Sin darse cuenta comenzó a tomarla con firmeza, como si sintiera que en cualquier momento desaparecería. Como si fuese capaz de desvanecerse por sí sola. Por un instante se preguntó si lo que había pasado la noche anterior era real o un sueño vívido. Y la duda no le permitió abrir los ojos.

Sentía el calor de la mañana sobre su piel, las cortinas de su tienda se transparentaban. Escuchaba por fuera el relinche de los caballos, los pasos de los soldados, el rechinido de sus armaduras al moverse. Se podía escuchar cómo afilaban sus armas, cómo reían y conversaban.

Se aventuró con valentía a abrir los ojos y respiró profundamente al ver a Bulma abrazada de su ancho torso. Desgarbada, con marcas en todo el cuerpo como un relato de las barbaridades a las que había sido sometida. Con suma tranquilidad la estrechó contra sí mismo, aunque por dentro mermaba otra vez una sensación apabullante.

Le hervía y crecía dentro, similar a la sensación que lo embargó después de perder a Tormenta. Y ambos sentimientos se fusionaron e instalaron en el corazón del guerrero.

Vegeta necesitaba venganza.

No era esta la manera en la que debían desenvolverse las cosas. Él y Bulma se pertenecían y eso estaba más que claro para él, era la razón de su reencuentro, estaba grabado en el destino de ambos. Pero Paragus y Broly habían bifurcado sus caminos. Lo único que logró apaciguar la ira del guerrero era el haber comprobado que la virtud de Bulma no había sido ultrajada. Era suya en cuerpo y alma para siempre, sin importar lo que pasara de ahora en más.

Sin embargo jamás podrían recuperar todo lo que les habían arrebatado, en especial a ella. No estaba seguro de poder tolerar el relato que Bulma podría contarle sobre lo que había vivido antes de llegar a él. Su cuerpo temblaba embriagado de odio de sólo imaginarlo.

Interrumpió sus pensamientos al escuchar unos pasos acercarse. Una silueta se dibujó sobre la entrada de su tienda, contorneada por la luz del sol que se ponía sobre ellos.

—¿Vegeta? —lo llamó tímidamente la voz de Tarble.

El príncipe le dirigió una última mirada a Bulma, acomodó unos traviesos mechones de cabello que se le alborotaban en el rosto, detrás de su oreja. La examinó con cierto temor, temor de volver a dejarla sola y que de alguna manera alguien logre quitársela una vez más. Pero acalló sus dudas y respiró nuevamente, nada podía ocurrirle en su campamento, Broly aún estaba lejos de ellos, no había nada de qué preocuparse.

Se vistió rápidamente las mismas prendas de las que se había deshecho con urgencia y caminó hasta Tarble, quien lo esperaba pacientemente.

—Consigue ropa para ella —Le ordenó antes de dirigirle la mirada. Él asintió y tragó saliva, estaba casi listo para hablarle pero parecía tener un nudo bien atado en la garganta. Vegeta lo observó y supo perfectamente que tenían un problema—. Escúpelo.

—Hermano… —comenzó, intentado suavizar lo que seguía pero en su lugar logró poner más ansioso a Vegeta—. Alguien ha venido al campamento anoche… La buscaba… buscaba a la princesa. Dice que viajaba con ella y se extravió.

—¿Dónde está? —cuestionó con firmeza.

—Sígueme.

El pequeño príncipe caminó acelerado entre los soldados, hizo una pequeña parada hasta una moza a quien solicitó una muda apropiada que debía ser llevaba a la tienda de Vegeta, de la forma más breve posible, mientras su hermano bufaba sonoramente tras su espalda. Luego caminaron unos cincuenta metros, hasta ver a Nappa junto a una pequeña tienda lejos del resto de los soldados. La tienda estaba custodiada por al menos cinco guardias.

Vegeta miró al guardia de su padre, y éste le observó sin delatar detalle sobre quién estaba dentro.

—Está aquí —dijo Tarble antes de ingresar—, dice que su nombre es Goku… Nappa se encargó de interrogarlo.

—Quiero escuchar lo que tiene que decir —contestó el príncipe e hizo a un lado la pesada tela que lo separaba de aquel hombre.

La sangre aún goteaba de la punta de su nariz. Tenía el rostro cubierto por su enmarañado cabello azabache, observando el suelo, respirando con un poco de dificultad.

Vegeta ingresó al pequeño recinto, tenso, ansioso, más demostraba una calma perturbadora.

Goku escuchó los pasos aproximarse a él, alzó el rostro y observó a Vegeta. Supo inmediatamente quién era ya que era la réplica del famoso rostro de su padre. No pudo evitar sonreírse al encontrarse finalmente cara a cara con él, después de tanto tiempo buscándolo. Soltó una sonrisa empañada de tristeza al no hallarlo junto con Bulma.

—Príncipe Vegeta —alcanzó a decir antes de ser tomado por el cuello de su camisa.

—¿Quién eres? —le cuestionó con resentimiento—, ¿por qué sabes de ella? —preguntó retorciendo la ropa en su puño.

Goku no se inmutó ante la violenta presentación de Vegeta, a pesar de los grilletes que rodeaban sus muñecas y tobillos, mantuvo la calma.

—Es mi amiga.

—¿Tu amiga? —se rio—. Explícate mejor o lo que sea que te haya hecho Nappa, te prometo que fue gentil a comparación de lo que soy capaz de hacer contigo.

—Mi hijo la encontró… encontró primero a su caballo, Kinton —Vegeta se retrajo al escuchar ese nombre—, estaba vestida en ropa de mozo de cuadra, desmayada, había viajado bajo el sol sin comida ni agua. Mi esposa cuidó de ella hasta que despertó. Desde entonces hemos estado viajando para encontrarte.

—Estás siendo demasiado familiar para mi gusto, imbécil.

Goku se sonrió, él sentía que realmente ya se conocían.

—Ayer llegamos a este pueblo, paramos en una taberna y antes de darme cuenta Bulma había desaparecido. La he estado buscando desde entonces, creí que podrían ayudarme, pero terminé metido en más problemas.

Vegeta soltó de sus ropas y se detuvo a deliberar por un instante. Le enervaba los nervios que se atreviera a llamar a Bulma por su nombre, sin el recato que se merecía, ¡a su Bulma! Y si era cierto que aquel hombre había recorrido el país junto con ella, cómo podía ser tan indulgente de perderla como si se tratara de un objeto. En un instante Vegeta se encontró a sí mismo con su puño presionado con firmeza en la empuñadura de su espada.

—Dices que simplemente "desapareció"—le dijo y ladeó una sonrisa.

—Bulma es…—comenzó pero repentinamente sintió el filo helado de la espada de Vegeta sobre su garganta.

—No te refieras a ella con tanta familiaridad, me desagrada.

—Es mi amiga —repitió el joven campesino, en un tono firme y desafiante.

—¿Y dónde estabas cuando la saqué de un burdel? —cuestionó presionando los dientes.

—¿Está aquí? —soltó con sorpresa pero el filo se presionó contra su piel.

—¡¿DÓNDE?! —bramó—, dime dónde estabas cuando la vistieron como una prostituta y la golpearon, cuando la obligaron a… —se reprimió de continuar la desafortunada frase—. Dime dónde estabas.

—No lo sabía, yo…

—¡Basta! —escuchó Vegeta a sus espaldas.

Bulma caminó frente a él y retiró la espada del cuello de Goku sin mirar a Vegeta a los ojos. Tómo con delicadeza el rostro del muchacho y revisó sus heridas con suma preocupación. Vegeta se quedó helado al verla tan preocupada por aquel campesino, repentinamente un dolor le retorció las entrañas. Había sido sólo suya hacía un par de horas y le revolvía el estómago ver sus manos sobre otro rostro.

Deseaba haber tenido la oportunidad de golpearlo. Ella se puso de rodillas frente a él y revisó con horror sus muñecas.

—¿Qué acaso son unos animales? —le dijo mirándolo por sobre el hombro, con espanto. Vegeta tragó saliva, no podía explicar ese sentimiento incómodo lo recorría. Tarble estaba junto a él sin que se diera cuenta, mientras Bulma reclamaba por las llaves de los grilletes de Goku—. No puedo creer que te hayan hecho esto, ¡bestias! —dijo exaltada.

El más joven miró el desencajado rostro de su hermano con preocupación. Habían sido los segundos más largos de silencio de Vegeta, se veía incómodo, molesto, sin embargo estaba estático. Él entendía perfectamente qué podía estar pasando por su mente, sabía de primera mano todo lo que había vivido luego de la presunta muerte de la princesa.

—No sabíamos quién era… —dijo Tarble e inmediatamente la mirada colérica de Bulma se hizo sobre él.

—¡Pudieron haberme preguntado! —aseveró poniéndose de pie frente a ellos.

—No quisimos interrumpirlos —se atrevió Tarble.

El pudor en el rostro de Bulma no se hizo esperar, rápidamente giró el rostro y se cruzó de brazos.

—¿Y eso es excusa suficiente para molerlo a golpes?

—No sé quién es, ni me interesa —dijo Vegeta finalmente—, este es mi campamento, es mi jodida guerra y aquí se hace lo que yo ordeno. ¿Entendiste?

—¿Tú ordenaste esto? —gritó escandalizada.

—¡Eso no es de tu incumbencia! Tú no haces las reglas, las hago yo. Y si no te gusta puedes irte con tu amiguito, ¡ya que les fue tan bien la primera vez!

Un calor intenso le recorrió la mejilla, su rostro se había corrido unos centímetros y aunque no hubiera sido significativamente fuerte, se inundó de ira.

—¡Eres un idiota! —le gritó con lágrimas en los ojos.

Vegeta se quedó pasmado, con el rostro ensombrecido. No entendía cómo podía haber pasado del mejor momento de su vida a esa extraña situación en la que se encontraba. Por qué después de tanto esfuerzo y sacrificios, ella se estaba volviendo contra él por un simple campesino.

No pudo volver a dirigirle la mirada, y la verborragia salió sin pensar.

—La próxima vez que se te ocurra ponerme una mano encima, te mataré yo mismo… —se giró sin más y aunque Tarble intentó frenar su partida, no logró más que un empujón que lo llevó al suelo.

—¿Cuál es su problema? —se preguntó Bulma, mientras ayudaba a Tarble a levantarse del suelo.

—No sabes por todo lo que ha pasado en tu ausencia —Se sintió molesto, no con el empujón de Vegeta ni con su amenaza, sino con la actitud prepotente de Bulma. Él entendía en profundidad aquél deseo desmedido de protegerla—. No deberías juzgarlo —soltó acomodándose la capa.

Bulma observó el ceño fruncido de Tarble y por primera vez notó una similitud entre ambos hermanos. Goku se incorporó a su lado, luego de abrir los grilletes que lo aprisionaban. Se estiró hasta donde la pequeña tienda se lo permitió, se acarició el cuello y se quejó del golpe que tenía en las costillas, sin embargo se sonrió al ver a Bulma, cruzada de brazos con un semblante molesto.

—No te preocupes, estoy bien —le dijo a su amiga que parecía muy ensimismada hasta ese instante.

Ella soltó el dejo de una media sonrisa.

—Necesito algunas medicinas para tratar las heridas de Goku —le pidió a Tarble, quien ya se retiraba del recinto.

—Se has haré llegar —contestó sin voltearse.

Vegeta caminó exacerbado hasta su tienda. Aunque no quisiera admitirlo esperó a que ella entrara para volver a reclamarle todo una vez más. Sin embargo ella no volvió detrás de él. Se preguntó si seguiría acompañada de aquel hombre que la había descuidado y ella parecía proteger.

—Mujer estúpida —soltó para sí mientras deambulaba dentro del recinto, luchando con las apabullantes ansias de ir por ella y obligarla a quedarse allí, junto a él. Donde se suponía que debía estar. Pero, a pesar de su ferviente deseo, se quedó en silencio intentando encontrar calma. Luego de unos minutos había logrado al menos simular aquel estado, pero su interior continuaba igual de perturbado. Asumió que era suficiente con aparentarlo.

Habían programado una reunión que se llevaría a cabo en unas horas, debían planear una estrategia de ataque al llegar a las tierras del anciano Briefs. Repentinamente el plan que tenía ideado no le parecía tan acertado, con la presencia de Bulma en su campamento. Debía planear mejor su ataque si no quería un desenlace como el de la primera vez. Debía ser más meticuloso y frío. Al menos ahora sabía con certeza a lo que se enfrentaba y aunque no estaba seguro si él podría luchar personalmente contra Broly, confiaba en que una estrategia bien ejecutada lo llevaría a la victoria.

Del otro lado el campamento, Tarble cargaba consigo los insumos necesarios para tratar las heridas de Goku. Por alguna razón su orgullo había sido herido junto con el de su hermano, estaba enfadado con Bulma. Tanto que sentía unas ínfimas ganas de llegar a discutir con ella. Pero él no era así, sabía también que no llevaba eso dentro de sí. Al mismo tiempo entendía los estragos que causaba en su nación, una guerra de esa magnitud. Habían invertido casi todo su capital en provisiones para los soldados, y luego de terminar con ello, les quedaría un largo tramo por delante para reconstruir su economía. Los saiyajin no eran una nación productora, sino más bien comercial. No tenían recursos propios que utilizar para alimentar a sus tropas en esa jornada inevitable. Era ingenuo de su parte pensar que había forma de librarse de aquella contienda. La ambición de Paragus no conocía límites, y una vez fundida la nación de los Briefs, vendría por ellos.

El Rey Vegeta también estaba seguro de ello. Y después del príncipe Vegeta, era el más seguro de que la cruzada era una obligación de su raza guerrera.

Antes de llegar a la tienda de campaña que le habían facilitado a Goku, escuchó la aguda voz de Bulma proveniente del interior. Se paró silenciosamente junto a ella y escuchó con atención, un poco avergonzado de lo que hacía.

—No seas tan dura con él —escuchó de la voz masculina.

—¿Estás de su lado o qué?

—Tenemos el mismo objetivo, vinimos hasta aquí buscándolo a él.

—Eso no le da derecho a tratarte como un criminal. Parece que disfrutaste la golpiza.

El hombre se rio y pudo escuchar al mismo tiempo un quejido de la fémina. Antes de continuar escuchando la charla y con un cordial "con su permiso", ingresó en la tienda. Bulma estaba sentada frente al campesino, le dirigió una dura mirada y giró el rostro, elevando la nariz con soberbia.

—Aquí está lo que me pidió —le dijo, extendiendo una caja de madera a la princesa.

—Es lo mínimo que podían hacer —aseveró ella.

—Gracias —agregó Goku—. ¿Su nombre es?...

—Tarble.

—Gracias, Tarble —reiteró el hombre con una sincera sonrisa en el rostro.

—Una disculpa también estaría bien —agregó Bulma, mientras untaba un líquido espeso en un paño. Tarble sofocaba las ganas que sentía de reprenderla, no estaba seguro si le correspondiera a él esa conversación. No estaba seguro de si sus palabras pudieran también molestarle a Vegeta—. Mira cómo te dejaron estos animales —dijo, colocando el ungüento sobre las muñecas de Goku.

—No es nada —repitió el campesino.

—¡¿No es nada?! Ustedes los hombres están dementes. Ni siquiera saben todo lo que pasamos para llegar hasta aquí y te reciben de esta manera. Si no fuera por ti, quién sabe en dónde estaría, o siquiera si estaría viva. Nunca los voy a perdonar por lo que te han hecho. Son unos imbéciles.

—Tú no sabes por todo lo que ha pasado Vegeta por ti —soltó Tarble enervado. La princesa se giró asombrada ante el comentario. Clavó su perlada mirada sobre el azabache de los ojos de Tarble. Tan intensos que no parecían suyos—. Vegeta casi muere por vengarte. Aún no entendemos cómo sobrevivió. Broly lo dejó tirado junto a Tormenta, para que se desangre hasta morir. ¡Se escapó del palacio cuando supo que habías muerto!

—Tarble, yo… no sabía.

—No, no lo sabías, pues Vegeta tampoco sabía que él te había ayudado a llegar hasta aquí. Para él, el sólo saber de tu existencia era una amenaza para tu vida. No tienes derecho a ser tan dura con él después de todo lo que ha hecho por ti.

Tarble no tardó en retirarse. Bulma se quedó sin palabras. Recordó de pronto, la cicatriz en el abdomen de Vegeta y un escalofrío la recorrió. No se habían dado el tiempo de conversar todo lo que habían vivido desde la última vez que se vieron y ahora sentía que tal vez sí le debía una disculpa. Tampoco había visto a Tormenta en el campamento, ¿lo habían asesinado?

—Puedo hacerlo solo —le dijo su amigo. Ella alzó el rostro y miró su cálida sonrisa y le devolvió otra un tanto más tímida.

—Ahora debo disculparme, ¿no es así? —preguntó abochornada—. Deséame suerte…


Vegeta ordenaba las viejas piezas de madera sobre el mapa que habían traído desde Vegetasei. Apoyó sus codos en el borde de la mesa y pensó en su mente las diferentes formas de atacar el castillo. Estaba seguro de que Paragus encontraría un sitio en el cual esconderse, sería difícil incluso para él derribar a todos los guardias que le custodien, incluyendo a Broly. Pero debía lograrlo, él era núcleo de esa guerra. Broly podía ser la fuerza bruta frente a él, pero sólo sería una fuerza desbocada sin su padre. Sostuvo una de las piezas en su mano y repentinamente dudó de sí mismo, recorrido por el nefasto recuerdo de Tormenta. La cicatriz en su abdomen súbitamente le ardió. El recuerdo estaba más que latente. Aún sentía la sangre abandonando su cuerpo y él frío recorriéndolo cómo si la muerte lo estuviera pisando fuerte.

—Vegeta… —La voz de Bulma lo sacó de sus cavilaciones. Se levantó, aún con aquella pieza entre sus dedos y con el dolor de su abdomen latente. La observó, ingresando tímidamente en el recinto que fue testigo de su apasionada entrega.

—¿Qué quieres? —le dijo, con el recuerdo fresco de sus últimas palabras.

—Pues… —comenzó, esquivándole la mirada. Se retorcía por dentro ante la dificultad que encontraba en disculparse con él—. Yo… —El Príncipe dejó la figura de madera sobre el tablero y se cruzó de brazos, mirando atento a su dirección—. Vine a disculparme.

—¿Disculparte? Bien, ya lo hiciste. Ahora retírate, estoy ocupado.

—¡Oye!, ¿podrías ser más amable? —le cuestionó cruzándose de brazos—. Tú también me debes una disculpa, a mí y a Goku.

—¿Yo? —le preguntó sorprendido—, ¿esperas una disculpa mía? ¡Já! Sigue esperando —aseveró girándose al mapa.

—No te atrevas a ignorarme —exclamó acercándose a él hasta interponerse entre el tablero y Vegeta—. Tú tampoco tienes idea de todo lo que pase para encontrarte, ¿crees que fue fácil?

—¡Yo fui quién te sacó de un burdel! ¿Acaso lo olvidaste? —Acertó un golpe contra la mesa, que no fue capaz de sobresaltar a Bulma.

—¿Y cómo crees que fue antes de eso? ¡Tú no estabas ahí para ayudarme! Goku sí.

—Pues ve con ese campesino si eso quieres.

—¡Vine a disculparme, idiota!

—¡No te atrevas a insultarme una vez más porque te juro que —No pudo terminar lo que había comenzado. Los labios de Bulma se prendieron con ansia de los suyos y por mucho que resintiera todo lo que había ocurrido, no pudo resistirse a ella, ni retroceder un centímetro. No pudo evitar tomarla con fuerza de la cintura y apretarla contra su cuerpo, ni pudo contener la ansiedad de estrecharla contra la mesa. Ella le rodeó con los brazos y lo besó, le mordió los labios y le acarició con las piernas entre las telas de su vestido.

—¿Esta es la única forma de que te calles? —le preguntó suavemente, alejándose de sus labios, rozando su fina y pálida nariz contra la morena de él.

—Esto no significa que te he perdonado —Aseveró en un tono tosco, sin embargo sentía cómo su corazón se aceleraba por sólo tenerla tan cerca.

El hormigueo en los labios de Bulma le obligó a volver a besarlo, acariciarle el cuello y disculparse de la única forma que Vegeta parecía entender. Se vio tentada a desabrocharle la camisa, pero antes de hacerlo sintió las manos enguantadas de él, hacerse contra sus piernas y subirla sobre la mesa.

—¿No estabas ocupado? —se burló ella, rodeándolo con sus piernas níveas.

—Se te ha hecho una costumbre arruinar mis planes…

—Vegeta, en unos minutos comenzará la reunión —le dijo Tarble del otro lado de la tienda.

—Maldita sea —susurró. Su frente cayó en el impoluto espacio entre el cuello y hombro de Bulma. Ella suspiró y enredó sus finos dedos en la oscuridad del cabello del Príncipe. Luego de que ambos intentaran calmar sus ansias, ella tomó el rostro de Vegeta por las mejillas y enfrentó su mirada.

—Lo siento —le dijo, y de alguna forma ambos supieron que no era del todo referido a la discusión previa. Bulma sabía un poco de todo lo que había sufrido él en su ausencia y sobre todo sentía la pérdida de Tormenta.

No pretendía que él le respondiera o le contara qué había sucedido antes de ella, en cierta forma entendía su silencio. Sin esperar por palabra de él, depositó un beso suave en sus labios y se bajó de la mesa. Acomodó su vestido y se cruzó de brazos. Miró la mesa y notó que habían volteado las piezas de madera que Vegeta había acomodado antes de que ella llegara. Sin decir mucho volvió a ponerlas en su lugar. Su semblante había cambiado, lo notó más preocupado y eso la obligó a ver con atención el mapa. Las tierras de Upa estaban marcadas con una pieza similar a las que había en su ubicación.

—¿Cuáles son tus planes? —le preguntó poniéndose junto a él.

—Pensamos atacar desde el este, el Rey Upa tiene soldados que enviar a batalla pero no están tan entrenados como los Saiyajin. Ellos atacarían desde el noroeste, lo rodearíamos, ya que no puede avanzar por el océano.

—Cuando escapé del castillo pensé en ir con mi hermana, pero no quería involucrarla en esto…

—Tarble le escribió, creyó que la alianza era nuestra mejor opción. Ella también lo cree así…

Aunque la duda se arremolinaba en sus pensamientos, Bulma sabía perfectamente cómo se sentía su hermana. La desgarradora noticia de la muerte de sus padres la desarmó, aún la desarmaba. Y aunque no quisiera que se ocasionaran más muertes, no había vuelta atrás del infierno que Broly y Paragus habían desatado sobre ellos. Vegeta estaba seguro de ello, y en su mirada se reflejaba un infierno propio.

Él pulía detalles en su mente que ella desconocía. Estaba nervioso por los días que se aproximaban, por las vidas que se perderían, por la incertidumbre de no saberse capaz de vencerlo. A esa fuerza monstruosa y sobrehumana que él tenía. Esa fuerza aplastante que destruía todo a su paso. Ese demonio personificado.

Lo único que le consolaba era saberlo mortal, que como todos debía tener una debilidad en alguna parte… O eso suplicaba.

Luego de unos minutos de examinar en silencio su plan junto a Bulma, escuchó a Tarble anunciarse y entrar a la tienda. Detrás de él venía su padre, el Rey, y junto a él, Nappa.

La Princesa observó la imponente figura del padre de Vegeta y, sin olvidar los modales inculcados desde la cuna, tomó los bordes de su vestido e hizo una ligera reverencia.

—Su majestad —le dijo y se hincó nuevamente, con ambas manos entrelazadas en su regazo.

Se sorprendió al sentir la mano de él, posarse sobre su hombro desnudo. La inspeccionó un momento y no dudó por un instante su identidad. Era la misma doncella que había conocido tiempo atrás, aquella que dieron por muerta el día de su boda. Aquella que había llevado a su primogénito a la demencia. Ahora estaba más seguro que antes, que debían recuperar ese castillo y su derecho al trono.

—Llegaste en el momento justo.

Ella se extrañó, pero la media sonrisa de su rostro consiguió mermar sus ansias. Le inspiró seguridad. Y aunque eran abismalmente diferentes, de cierta forma le recordó la sonrisa confiada de su padre.

Vegeta repitió una vez más el plan que habían ideado junto a Tarble. Partirían al amanecer y a la siguiente salida del sol estarían frente a las puertas de Paragus, el usurpador.

—Si logramos deshacernos de Broly debemos encontrar la forma de sacar a Paragus de su escondite —agregó Tarble—. No va a dirigir a su ejército, no se atrevería.

—Conozco cada pasillo de ese castillo —contestó Bulma, segura de sus palabras. Vegeta la miró de lado, había una parte del plan que aún no mencionaba, ni lo haría en su presencia.

—¿Puedes hacer un mapa? —le preguntó el Rey, ella asintió con una sonrisa confiada.

—Acompaña a Nappa, explícale a los soldados cómo entrar al castillo. Lo necesitamos lo antes posible —pidió Vegeta y ella, entusiasmada, se retiró junto al guardia real.

Una vez que estuvo lo suficientemente lejos, miró a Tarble con complicidad. Su padre aún observaba las figuras de madera en el tablero.

—Trae al campesino —le ordenó a su hermano—. Ahora mismo.

El joven Príncipe no dudo un segundo. Salió apresurado y regresó pocos minutos después, acompañado del sonriente amigo de Bulma. El campesino saludó con torpeza al Rey e hizo un gesto hacia Vegeta. Él esquivó la mirada ante la vulgaridad de aquel sujeto, sin embargo necesitaba de él.

—Iré al grano, no quiero a Bulma en el campo de batalla. No podré concentrarme con ella allí. Será un estorbo… —El Rey mantuvo silencio, se cruzó de brazos y escuchó con atención—. Ella confía en ti… No sé por qué debería, pero lo hace. Quiero que se la lleven de aquí, a Vegetasei. Ella esperará que todo termine allá. No importa lo que diga, no me interesa si se niega. Es una orden.

—¿Se lo diras? —le preguntó Tarble y el silencio de Vegeta inundo el recinto.

Él bajó la mirada y pensó sus palabras, imaginó el escenario y aunque le desagradaba la idea de enviarla lejos, sabía que era la mejor decisión. No sólo para él, sino para ambos. Él no podría estar tranquilo librando una batalla sin saber si ella estaría bien, probablemente dejaría más guardias de los necesarios custodiándola. Eso significaba menos hombres en batalla. Y él jamás confiaría en que estaría totalmente protegida. Además, no sabía cómo reaccionaría Broly si se enteraba de que ella seguía viva. Quizás haría todo lo posible por llegar a ella, y ahora que finalmente la había recuperado, era inadmisible.

—Yo me encargo —finalizó y miró a Goku a los ojos. Parecía estar de acuerdo con él, a juzgar por la mirada preparada de él.

Bulma estaba satisfecha consigo misma, había trazado un mapa del castillo a detalle y estaba lista para la batalla por venir. Había indicado varios puntos de ingreso que podrían estar descuidados y, al mismo tiempo, todas las habitaciones escondidas del castillo en las que Paragus podría esconderse. Los soldados del Rey se veían satisfechos, uno de ellos incluso le dio una fuerte palmada en la espalda, de camaradería. Vegeta llegó minutos después, y entre la euforia de los soldados se destacó su reservado semblante. Él no se acercó, la miro desde lejos y repentinamente soltó una media sonrisa. Esa que la encandilaba. Ella no contuvo su inmensa sonrisa y se despegó del grupo de soldados que vitoreaban una victoria que aún no conseguían. Se acercó al príncipe pero a medida que la distancia entre ellos se reducía, su media sonrisa se borraba, y junto con ella, la de Bulma.

—¿Pasa algo? —le dijo, apenas audible para el grupo escandalizado.

—Prepárate —soltó con un nudo en la garganta—. Un carruaje te espera afuera, partirás a Vegetasei.

—¡¿Qué?!

—No quiero discusiones —le exigió tomándola del brazo, arrastrándola hasta las afueras—. Te irás y no hay nada que puedas decir que me haga cambiar de opinión.

—¿¡Estás loco!? ¡No voy a dejarte solo! ¡¿Quieres deshacerte de mí?! —le gritó escandalizada, revolviéndose entre el firme agarre de Vegeta.

—¿Quieres dejar de decir tonterías? —respondió, bajando la voz. Se acercó al carruaje y la acercó a su rostro—. Esto es una guerra, un asedio no es lugar para ti.

—¡Yo te diré cuál es mi lugar, Vegeta! ¡Aquí, junto a ti! ¿Para qué crees que he viajado tanto? ¿Para irme a esconder a otro castillo? ¡Esta guerra no es sólo tuya!

Vegeta no dudó en su decisión a pesar de las firmes palabras de Bulma. Giró la mirada y la Princesa notó la presencia de Goku y Tarble, detrás de ella. Se volvió a Vegeta con el ceño fruncido. Se sentía traicionada.

—Libraré esta guerra por los dos.

Inundó sus oídos un sonido profundo. Un cuerno fue soplado y tras él otro. Vegeta abrió los ojos horrorizado y, sin soltar a Bulma, se giró al campamento, tal y como lo hizo el resto de los soldados. Un silencio sepulcral se hizo con todos ellos. Otro cuerno sonó, dos veces más y un grito se oyó a lo lejos.

—¡Nos atacan!

Bulma sintió el pulso de Vegeta temblar por un breve instante y se le erizó la piel al escuchar el rugido de su voz.

—¡A LAS ARMAS! —gritó con fuerza y se volvió a ella—. Tienes que irte —soltó y azotó la puerta del carruaje, metiéndola dentro de un empujón.

Sintió el golpe y se levantó lo más rápido que pudo, se acercó a la venta y vio como Vegeta trababa la puerta con una espada. Horrorizada empujó de la puerta y gritó su nombre, pero él ya no la escuchaba. La miró una última vez y se giró a la batalla.


Continuará…


N/A: Siempre lamento mis demoras. Espero que les haya gustado, son libres de dejar sus comentarios. Gracias y perdón a Miki que siempre está pendiente, me hubiera gustado poder contestar el mensaje por privado pero a aquellos que no tengan cuenta esta es mi única manera de responderles. Gracias a todos por sus reviews, siempre los leo cuando ando bajón para poder volver a escribir, para ustedes y para mí. Esperen con ansias el próximo porque ahora la historia se pone áspera. Un abrazo.