7. Al límite
"Amor es demencia, y su médico la ausencia."
—Anónimo
La noche había llegado a su final, y por primera vez en tres meses, Demencia logró conciliar el sueño como era debido, no tuvo esas horribles pesadillas, al parecer las pastillas que Flug le dió si eran milagrosas.
*...Flug...* – Demencia pensó en él, recordó que el día anterior, el científico había perdido su paciencia... y todo por su estupidez, aún así, ésto era algo que no debería de importarle ¿cierto?, ella había nacido para el caos y la maldad... entonces porqué le causaba un malestar en el estómago siempre que pensaba en lo mal que había puesto al chico de bolsa de Kraft.
Demencia dió un largo suspiro mientras bajaba de la cama, se decidió a darle una visita al científico.
De alguna manera extraña, no se sentía con el ánimo elevado como para gastar una broma o perseguir a Black Hat, en su mente solo rondaba llegar con el doctor Flug enseguida. Bajó desanimada por las escaleras, llegó hasta el comedor principal, en donde yacían desayunando 5.0.5 y Black Hat.
Acercándose, tomó una rebanada de pan tostado y se lo llevó a la boca, no se molestó en tomar asiento.
– Oigan ¿y Flug?– preguntó de pronto ella a nadie en particular.
– No sé y no me interesa– respondió Black Hat mientras daba un sorbo elegante a su tasa de té mientras leía su habitual periódico.
– Bawh– gruñó el oso suavemente.
– ¿En el jardín?... gracias oso– y sin decir más, tomó otra rebanada de pan tostado en la mesa y se dirigió a la puerta que conducía a dicho lugar.
Esto porsupuesto, tomó por sorpresa a los presentes en la mesa, Black Hat quitó su vista un instante de su lectura para mirar a 5.0.5 con confusión, para posteriormente mirar hacía donde Demencia se había ido, el oso hizo lo mismo.
Al demonio oscuro le parecío extraño que la chica lagarto no lo ostigara como normalmente ella acostumbra, o que también no se haya quedado a desayunar con ellos con tal de estar cerca de él o el oso.
Al final, optó por dejarlo pasar, de cualquier manera a Black Hat no podía importarle menos lo que sus empleados hicieran, por lo que continuó su lectura.
El doctor Flug se encontraba probando y al mismo tiempo reparando un drone de reconocimiento, mismo, que había construido para que la mansión, fuera monitoreada en lapsos de tiempo completo, para distinguir anomalías cercanas, intrusos y además de las cámaras de vigilancia, poder mantener la discreción y seguridad del hogar de los villanos.
Él trataba de lograr que el drone volara de nuevo para implantar en él, una alarma.
Caso inútil, ya que no lograba concentrarse adecuadamente, después de no dormir bien, la presión de Black Hat sobre sus inventos y además Demencia demasiado cerca, quien terminaría volviéndose el segundo demente de la mansión sería él mismo.
Mientras tanto Demencia lo observaba de pie en la entrada al jardín, aún llevaba un pedazo pequeño del pan tostado que había tomado de la mesa de hace un rato. Lo miraba en silencio mientras seguía comiendo, Flug por su parte no se había dado cuenta de su presencia y sin embargo sintió un par de ojos clavados en su nuca, esa sensación de cuando estás siendo observado.
Demencia terminó de comer y tragó en seco, se sentía de pronto miserable por lo sucedido el día anterior en la habitación de Flug, y eso era completamente extraño para ella, ¿Cómo es que podría sentirse mal de esa manera? ¿Desde cuándo ella sentía empatía por otras personas o por el gusano de Flug?.
Simplemente no lo entendía, ella siempre había sido una rebelde sin causa, no le importaba nada más que su diversión y que alguien sufriera por su culpap la tenía sin cuidado...¿Verdad?.
¿Y si solo, por una vez en su vida fuera considerada?...
No, que bobada.
Pero...¿y si solo por ésta vez...?.
Dejando de pelear mentalmente con su consiencia, dió un suspiro resignado, decidió que se daría una única oportunidad para hacer las pases con el doctor Flug, después de todo, él la había ayudado con su problema, y al menos ella cumpliría su parte del trato. No era tan horrible. Sonrió para sí misma y se acercó hasta donde estaba Flug.
– Hola 'Flugbug', ¿qué estás haciendo? – le dijo Demencia mientras se colocaba a su lado.
Flug la miró un momento sin interés alguno.
– Hola Demencia...– hizo una pequeña pausa – sólo estoy reparando este estúpido drone.
Demencia se percató de la molestia en el tono de voz de Flug, entonces una extraña atmósfera incómoda se formó en el ambiente.
Ella supo enseguida que probablemente él estaría aún molesto por lo de ayer.
Dispuesta a dejar su orgullosa locura de lado por unos minutos, decidió disculparse con Flug por primera y única vez. Tan raro y tan inusual en ella, que no supo exactamente cómo comenzar a romper el silencio, pero dejó que su desquiciada mente hablara en voz alta.
–... Oye Flug...
–¿Qué?...– respondió frío y sereno.
–...Yo...sólo quiero...bueno, ¿cómo se dice?...amm...D-disculparme, por lo de ayer y...y además...este...*carajo* – maldijo en un susurro por lo bajo lo último, después de tartamudear.
– Esta bien Demencia, es obvio que no tenías idea...bueno en realidad nunca la tienes – ésta vez, el tono de Flug se suavizó pero continuaba serio.
– Gusano – Demencia sonrió y le mostró la lengua en un patético intento de insulto infantil.
– Desquiciada – contestó Flug más animado, pero sin perder su postura, al parecer, una disculpa simple e inofensiva, era lo que estaba esperando.
– ¡Oigan ustedes dos! – dijo una voz gutural y conocida a sus espaldas – si ya dejaron de olgasanear, necesito que se preparen para la visita de nuestro más importante cliente de esta semana, un comprador de altas exigencias que puede pagarnos exquisitamente bien por los inventos.
Y no quiero que hagan las estupideces que acostumbran, así que ¡Flug! ¡ve a revisar los inventos y asegurate de que está vez funcionen, o si no...! – Black Hat cerró su puño amenazante hacia el científico teniendo la intención de ahorcarlo en algún momento.
– ¡No se preocupe jefe, lo haré! – dijo el doctor sorprendentemente sin estar nervioso ésta vez y sin alguna emoción.
– Y en cuanto a tí – dijo mirando a Demencia, ésta sólo sonreía con la lengua de fuera – ¡una sola tontería y lo lamentaras! – le habló con una paciencia terriblemente molesta, casi a punto de estallar.
Ella solo levantó los hombros y los brazos en señal despreocupada.
Con un último gruñido de impaciencia, Black Hat retomó sus pasos, dándoles la espalda y regresando por donde llegó, volviendo a dejarlos solos.
– Bueno...es hora de cumplir con mi parte del trato...– dijo Demencia a Flug, mientras se recargaba con su brazo sobre el hombro del científico.
– ¿Tu parte del trato?
– Sí, yo dejaría de molestarte por un rato si tú me ayudabas a poder conciliar el sueño de nuevo ¿recuerdas?...y lo hiciste... ahora me toca a mí – dicho esto, Demencia se alejó hasta la entrada, no sin antes mirar sobre su hombro al chico de la bolsa en la cabeza.
– Pero no te acostumbres Flugy...sabes que volveré a las andadas pronto, pues...que aburrida sería tu vida sin mi presencia ¿no? – le sonrió y se volvió hacía él con una mano en la cintura – sabes en donde encontrarme si me necesitas – se dió la vuelta acomodando su larga y verdosa coleta, coqueteando.
Flug la miró alejarse y de repente, dejó su mini estado de hipnosis, para caer en cuenta de lo que ella había dicho.
– ¡Hey! ¡¿Qué te hace pensar que te necesito?! – le gritó Flug, pero Demencia ya había cruzado el umbral, y de pronto una mano se asomó por el marco de la puerta haciendo una señal obscena con el dedo medio.
Flug entrecerró los ojos ante la acción, pero lo dejó pasar, pues con todo lo que vivía día con día, era algo normal, además Demencia había ganado un punto, tenía razón en lo que dijo.
Pues de no ser por ella, la vida de Flug sí que sería aburrida, fuese de la forma que fuese, dejando de lado un momento las circunstancias que los colocaron en donde estaban ahora, olvidando por un instante su desgracia, ella aún estaba en su vida, no como le gustaría, pero lo estaba, y por primera vez desde que todo éste mal sueño empezó, él admitió algo en silencio;
*"Ya no serás mí Marianna, pero si mí Demencia...y me vuelves loco"*.
El doctor Flug regresó a su laboratorio, su estado de ánimo definitivamente no se había recuperado del todo, caminó cabizbajo, pero enseguida se obligó a dejar de comportarse como un mártir y se puso a trabajar, preparó todos los inventos y los revisó muy bien para evitar fallas, fue cuando un crujido de la puerta del lugar lo sobresaltó, volteó enseguida, preparado para recibir un impacto o cualquier cosa a lo que ya estaba acostumbrado, pero se sorprendió de no obtener nada, sólo una traviesa corriente de aire que empujó la puerta y la hizo rechinar. En efecto no era quien él esperaba, Demencia sí que lo tenía traumado.
Retomó sus actividades, pero se detuvo un momento, colocó sus manos en el borde de la mesa, mientras miraba el suelo, un pequeño dolor de cabeza surco su cráneo, no le dió importancia y suspirando se incorporó de nuevo, miró alrededor de todo su laboratorio, una paz desconocida lo acompañaba, pero sus pensamientos se encontraron de nuevo con la chica de cabello bicolor, de alguna manera, sí que hacía falta su presencia miró sus inventos, aún en una pieza y sin un rasguño, reconsideró que tal vez no precisamente ahora fuera buena idea tenerla cerca.
Flug terminó con su revisión y se sentó en su silla frente al escritorio, se relajó un poco, pero fué en ese instante que sus pensamientos comenzaron a vagar por enésima vez, se sentía cansado, solo, y enojado, pudo ser así todos los días de su vida, pero esta vez lo era más, a veces sentía la terrible necesidad de correr hasta Demencia y decirle toda la verdad, idear un plan de fuga juntos, sin importar nada y escapar. Pero lógicamente lo único que solo conseguiría era que Demencia se riera de él en su cara por tal estupidez.
Sin embargo era una estupidez que rondaba su mente en patéticas ocasiones.
Otras, sólo deseaba no salir de la cama en todo el día.
Cerró los ojos y se dejó llevar por el recuerdo inoportuno que llegó a su mente.
** El sol se había escondido por completo en el horizonte, dando paso a la luna y dejando ver el brillo de un sin fín de estrellas lejanas en el firmamento.
La pareja que hace un rato había acudido al mirador para la puesta de sol, estaba aun ahí, en silencio, contemplando la ciudad a sus pies, la noche estaba tranquila y casi no se escuchaba el bullicio de la ciudad y la actividad automovilística.
Sin duda era el lugar perfecto para relajarse.
Flug comenzó a inquietarse un poco y por vigésima ocasión, metió la mano en su chaqueta para tocar la pequeña caja de terciopelo rojo que guardaba en el bolsillo derecho de esta.
Estaba dispuesto a pedirle matrimonio a su novia Marianna, antes de iniciar su viaje, lo había pensado desde hace unas semanas, pero no se había armado de valor suficiente para hacerlo. Y entonces tomó una decisión, este era el momento, deja la cobardía de lado, ¿está bien? Se dijo a sí mismo.
Ella seguía mirando al frente, con una serena sonrisa, disfrutando el viento en su rebelde cabello.
Pero al sentir una mirada persistente en ella, se volvió para mirar a su novio, quién parecía nervioso y con ganas de decirle algo.
– Flug...¿estás bien? – preguntó preocupada.
– Si...es decir...no en realidad...yo – tartamudeó, los nervios le ganaron.
– Oye...oye... tranquilo, ¿qué es lo que te sucede? ¿Puedes decirme?...– dijo ella mientras lo tomaba de las manos y lo tranquilizaba con su suave voz.
– ...es...sólo que...llevamos un largo tiempo saliendo y pues la verdad es...que no quiero arruinar tus planes de vida, no quiero interferir con tus planes a futuro..pero si acaso yo fuera parte de ellos.. quiero pedirte algo...– dijo él armandose de valor.
– ¿Flug? – le preguntó ella confundida mientras el científico entrelazaba sus dedos con los de ella.
– Eres alguien muy importante en mi vida y por eso quiero compartir el resto de mis días contigo.
Entonces, el se arrodilló sobre un pie, y saco la pequeña caja de su bolsillo, la abrió y extendió hacía ella, Marianna al ver esto, se sorprendió enormemente, que se quedó sin aliento.
– Marianna...¿te casarías conmigo?
– ... – ella se quedó tan conmocionada, tenía ganas de llorar pero una felicidad desconocida la invadió y no se lo permitió.
Flug tomó su silencio como una respuesta negativa y enseguida miró al suelo tristemente, no sabía en qué demonios estaba pensando cuando se lo propuso, debió haberse quedado callado, que estupidez. Al menos eso pensó él.
Marianna notó la reacción de Flug y antes de que todo se viniera abajo como él creía, tomó la barbilla de su novio con su mano derecha y lo obligó a mirarla, él al sentir está acción, la miró confundido.
– Mi silencio nunca significó un "no"...sólo me quedé sin palabras...¡yo acepto! me encantaría casarme contigo Flug...te amo...
Al decir esto él se levantó y la abrazo.
– y yo te amo a tí, más de lo que imaginas...en verdad había pensado que me rechazarías, hehe – dijo él con voz aliviada.
– Gusano – le dijo cariñosamente y lo besó.
Él correspondió gustoso el beso sin apartarla de sus brazos.**
El rechinar de una puerta metálica lo sacó de su trance, enseguida se incorporó, y 5.0.5 entró al laboratorio con una bandeja de lo que parecía ser el almuerzo.
El oso celeste enseguida noto el comportamiento molesto y cabizbajo de su amigo y le gruñó suavemente para preguntar si el científico se encontraba bien.
– ¿Qué?...oh, no pasa nada 5.0.5, tranquilo – dijo Flug dando una palmadita en el lomo de su amigo azul. Pero sin en cambio, el oso no quedo muy convencido y de pronto lo abrazó fuertemente, apretujandolo juguetonamente, con la intención de reanimar a su creador.
– N-no...pued-o...resp-pirar...– habló el doctor tratando de safarse de su agarre.
Cuando lo hizo, Flug se acomodó su bata y recuperó el aliento, miró un momento a 5.0.5, suspiro y continuó haciendo observaciones en sus inventos.
La florecita amarilla en la cabeza de 5.0.5 decayó, como cada vez que algo lo ponía triste. Y ésta no fué la excepción, al no obtener reacción alguna del doctor.
En silencio, Flug reflexionó que no era justo el trato poco amigable para el oso y tampoco que se desquitará con cualquiera, pero su malestar comenzó a abarcar la mayor parte de sus sectores y su paciencia, aunque no lo pareciera, estaba llegando a su final.
– ¡Flug! ¡El cliente está aquí! ¡Muévete animal!... – le gritó Black Hat desde el pasillo.
Flug frunció su seño aún más, tomó una caja donde guardó todos sus inventos y se dirigió a la salida. 5.0.5 sólo lo miró tristemente y lo siguió de cerca.
