Capítulo 7: Hipnosis
Harry se quedó unos instantes pensando en las últimas palabras del demonio, pero no era nada nuevo para él. Esos pensamientos ya le habían atormentado los días siguientes a escuchar la profecía, pero ahora no le importaba demasiado. Si algún día se sintiera culpable por lo que tuviera que hacer, pues intentaría redimirse; pero hasta entonces no le daría más vueltas.
En ese momento se fijó en Samael y Gabriel, que se estaban levantando del suelo. Harry se acercó a ellos y les preguntó (sobre todo a Gabriel):
- ¿Qué pasó?
- ¡Harry! ¡Lo lograste! ¡Venciste al demonio! –exclamó Gabriel con una gran sonrisa mientras le daba un gran abrazo.
- ¡Eh! ¡Aparta, que me duele! –se quejó Harry, ya que le dolían las heridas, que no eran pocas- Además, ¿qué confianzas son esas?
- Ah, perdón –dijo Gabriel mientras daba un paso atrás-. Vamos, Harry. He estado toda la vida contigo, hay confianza entre nosotros. Además… no te preocupes que no me van los tíos…
- ¡¿Qué?! –exclamó Harry mientras Gabriel y Samael se partían de la risa por la expresión de Harry- Ahora te vino la venada graciosa, ¿no?
- De todas maneras no pasa nada –dijo Samael mientras dejaba de reírse lo necesario como para hablar-, como es parte de ti si lo hacéis técnicamente sería una autosatisfacción…
Gabriel volvió a partirse de la risa, y Samael no se le quedó atrás. Momentos más tarde hasta Harry se unió a las risas.
- Bueno, calla o te doy una hostia –dijo Harry cuando consiguió parar de reír- que incluso me va a doler a mí.
- Soy parte de ti, Harry. Si me pegas te va a doler –respondió Samael con una sonrisa.
- Ahora estáis graciosos, ¿eh? –dijo Harry, pero con una sonrisa en la cara-. Bueno, ahora explicarme lo que ha pasado, y tú –dijo señalando a Samael- dime qué es eso que me dijo esa cosa de que no eras un demonio y de que era él el que tenía los planes de poseerme y vivir mi vida.
- Vale –dijo Samael-. Realmente no soy tu demonio personal. Yo sólo soy tú y tus sentimientos oscuros como el odio, las ansias de poder, la envidia, etc.… pero también poseo en menor medida algunos de tus buenos sentimientos. Lo mismo pasa con Yibril, pero al revés. Él es básicamente tus sentimientos "buenos", pero también posee alguno de los malos. En ambos casos sólo es una muy pequeña proporción, pero lo suficiente para equilibrarnos un poco.
- Si –continuó Gabriel-. No existe luz sin oscuridad, y en toda oscuridad hay algo de luz. Siempre.
- Ni yo soy un demonio ni él es un ángel, pero es la forma más fácil de identificarnos –dijo Samael.
- Ninguno de los dos somos malos o buenos. No hay bandos aquí. Solamente somos partes de ti, dos partes que se complementan, como el ying y el yang.
- Pero tú, Harry, eres nuestra base, nuestro sostén, y nosotros somos parte de ti. Estamos contigo y te ayudamos en tus decisiones día tras día.
- Puedes llamarnos tu conciencia, tu lado bueno y tu lado malo, pero los dos somos parte de ti; ya que tú no puedes ser sólo uno de nosotros.
- Y… -dijo Harry- ¿tú quieres poseerme y tener una vida como decías antes?
- No –respondió éste-. Tengo la misma opinión que Yibril, y como estoy seguro de que él ya te la dijo, no la repito. Yo sólo quería ponerte a prueba y ayudarte a enfrentarte a algunos de tus recuerdos más dolorosos.
- ¿Y por qué estaba "mi demonio personal" dentro de vosotros? –preguntó Harry.
- Porque se alimenta de esa oscuridad. Fue el demonio el que dijo las partes más duras, como lo de violar a Hermione. Nunca intentaría hacer algo así, ya que muy en el fondo la quiero.
- ¿Qué tú qué? –preguntó Harry sorprendido.
- No te sorprendas –dijo Gabriel-. A pesar de toda la oscuridad que es y tiene que soportar, son los sentimientos como el amor por Hermione que lo equilibran.
- Sí –dijo Samael-. Mayormente siento resentimiento de Dumbledore, ira por Snape, Draco, tía Petunia, tío Vernon, nuestro "querido" primo, odio por Voldemort, cierta envidia de Ron… pero en el fondo quiero a Hermione, y siento la amistad por Ron.
- Un momento… un momento… -dijo Harry- Yo no siento envidia de Ron.
- Sí que la sientes, muy pequeña pero la sientes. Envidias que te él tenga una familia que no sabe apreciar verdaderamente.
- Pero me tratan como a uno más –dijo Harry-. Desde segundo ya no siento esa envidia.
- Sí que la sientes, pero desde entonces ha disminuido aún más, y es aún más pequeña, pero está ahí. No podrás superarlo hasta que tengas a tu propia familia.
- Vale. También la siento –dijo Harry en tono de "me rindo"-. Que terco eres.
- Soy parte de ti, ¿qué querías?
- Vale, vale… Oye Gabriel, ¿por qué el demonio salió también de ti?
- Porque como ya dije antes también hay algo de oscuridad dentro de mí. De alguna manera Saklas y yo estamos conectados, mi oscuridad es parte de la suya, y su luz es parte de la mía. Si posee a uno, posee en parte al otro.
- Ok. ¿Por qué querías ponerme a prueba?
- Porque quería ayudarte a superar esos recuerdos tan dolorosos que tienes. Pero has conseguido superarlos al aceptarlos. Lo que pasa es que ese caguetas que ves ahí llamado Yibril no quería que te pusiera a prueba ya que tenía miedo de que te enfrentaras a tu demonio interno.
- ¿Qué querías? Era la opción más sensata. Era difícil que Harry encontrara la forma de derrotarle. Dudo mucho que entienda del todo lo que ha pasado.
- Pues explícamelo –dijo Harry.
- Hm… vale. ¿De dónde has sacado la fuerza y la tenacidad para derrotarle?
- Pues… estaba bastante enfadado, pero lo que me dio la fuerza necesaria fue pensar en Hermione.
- Exacto. El odio nos hace fuertes a todos. Por ira cualquiera se hace más fuerte, incluso por orgullo. Pero eso sólo no basta. Igualmente el amor y la amistad nos dan fuerzas y valor para seguir luchando, pero tampoco llega. Tú, lo que hiciste fue una mezcla… La ira nació de tu amor, y se apoyó en él, un sentimiento tan bueno y poderoso que no hay nada capaz de romperlo. La ira siempre se tiene que apoyar en algo, sea el odio, la envidia, el resentimiento, el orgullo… pero lo único más grande que hay es el amor.
- ¿Recuerdas cuando te provoqué con lo de Hermione? –preguntó Samael-. Tu ira basada en el amor que le tienes a Hermione te dio mucha más fuerza de la que yo podía conseguir por tu ira.
- Esa clase de fuerza era la que necesitabas para vencer a tus demonios internos y para dominar tu mente y tu corazón. Esa es la fuerza que te ayudará a partir de ahora a mantener a cualquiera fuera de tu mente.
- Pero aún así debes organizarla, como dije antes es un caos. Organízala en grupos, clasifica los recuerdos, si no te pueden entrar sin que te enteres. Crea tu propia fortaleza mental, así te será más fácil defenderte y al mismo tiempo serás capaz de memorizar las cosas más rápidamente y recordarlas mejor.
- Así que… -empezó Harry a decir- una fortaleza mental… ¿Me llevará mucho tiempo?
- No lo sé, pero no lo creo –respondió Gabriel-. Ahora que has vencido a tus demonios internos y aceptado tus peores recuerdos no deberías tardar demasiado.
- Puede que un par de noches como mucho… -dijo Samael.
- ¿Un par de…? –de repente Harry pareció darse cuenta de algo-. ¡Mierda! ¿Cuánto tiempo ha pasado? Ya debe de haber amanecido hace mucho tiempo…
- No te preocupes, Harry –le interrumpió Gabriel-. No han pasado ni cinco minutos en el mundo real.
- ¿Cómo? Pero si llevo aquí mucho tiempo…
- Porque para tu mente ha sido una eternidad. En ese estado de meditación que alcanzaste tu mente trabaja a un ritmo mucho mayor. Se desconecta del cuerpo y va por libre. Hemos estado aquí unas tres-cuatro horas, que en la realidad no han sido más de tres-cuatro minutos.
- Lo que pasa es que esto gasta muchas energías y cuando vuelvas en ti tendrás un pequeño dolor de cabeza –dijo Gabriel-. Necesitarás descansar un poco y dormir, preferentemente sin soñar.
- No intentes volver aquí excepto que lo necesites, porque no te va a servir de mucho. Por mucho que tengas aquí más tiempo que en la realidad no te sirve de nada. Si quisieras utilizar ese tiempo extra para entrenar no resultaría, ya que si para aprender un hechizo normalmente tú tardas un par de horas, aquí tardarías el equivalente; es decir, mucho tiempo más.
- De acuerdo –dijo Harry-. ¿Y de qué me ha servido venir aquí?
- Para enfrentarte a tus recuerdos y emociones y aceptarlos –respondió Samael-. Aunque aún no has aceptado del todo tus sentimientos más oscuros…
- ¿Por qué debería aceptarlos? –preguntó Harry.
- Porque son parte de ti –respondió Gabriel-. No puedes rechazarlos, pero sí aceptarlos; así nunca podrán estar fuera de control.
- Y hablando de sentimientos –dijo Samael-, quiero darte un par de consejos. En primer lugar intenta mostrar a Malfoy indiferencia. No se merece que pierdas el tiempo en una estúpida rivalidad que no te va a servir para nada.
- Creo… que tienes razón –dijo Harry después de pensarlo un momento-. Lo intentaré.
- En segundo lugar, no odies a Snape. Intenta que no interfiera más en tu vida, ni tú en la suya. No necesitas a alguien que va a actuar siempre contra ti sólo porque te pareces a tu padre.
- Ya pensaba dejarlo en paz. No más clases de Pociones ni de Occlumancia. Espero que si yo me alejo él me deje en paz.
- Así se habla –dijo Samael-. Y en tercer lugar ya sé que aún estás bastante resentido con Dumbledore, y que no le tienes toda la confianza que le tenías. No pienses en ello. Hay cosas mejores en las que pensar.
- Ya procuro no pensar en ello. Espero que deje de ocultarme cosas.
- Sabes perfectamente que aún te va a ocultar alguna cosa. Sólo esperemos que te cuente más sobre esto en lo que estás tan implicado –dijo Samael.
- Bueno, es la hora –dijo Gabriel-. ¿Has aceptado a todos tus sentimientos y emociones?
- Sí –y mirando hacia Samael dijo-: te acepto.
En cuanto lo dijo, para sorpresa de Harry, Samael empezó a desvanecerse, aunque Harry podía ver como la zona del pecho empezaba a brillar más y más.
- Eso sí –dijo Samael con una sonrisa en la cara mientras se desvanecía-. No pasa nada si peleas más a menudo, me encantan las peleas.
Al desaparecer, lo único que quedó fue una especie de bola brillante de color negro a la altura del pecho que fue hacia Harry y se adentró en él.
- ¿Qué…? –dijo Harry al notar como entraba la bola dentro de él, pero enseguida se calló al experimentar un cambio.
Notó como sus emociones como el rencor, el odio, la envidia… aumentaron de intensidad. No crecieron, sólo eso, se volvieron más intensos. Comprobó que Samael había dicho la verdad al decir que también quería a Hermione, pues también ese sentimiento se había vuelto algo más intenso.
Harry se sentía un pelín más oscuro, pero no malvado. Se fijó en Gabriel, que lo había estado observando en silencio.
- Mi único consejo es que hables pronto con Hermione, y mejor si lo haces antes de que alguien se te adelante. No tengas miedo, porque si de verdad es tu amiga y ella no te quiere de la misma manera entonces valorará lo suficiente vuestra amistad para no querer perderla sólo porque tú hayas sido sincero.
- Te olvidas de la otra opción, Yibril –dijo Harry con un deje de burla al decir el nombre de Gabriel-, que sería borrarle la memoria. Así ella no recordaría que le dije la verdad y todos contentos.
- Ya empiezas a hablar como Saklas… -dijo Gabriel con una pequeña sonrisa mientras empezaba a desaparecer también-. Ante todo aprovecha tu vida e intenta ser feliz…
Dicho esto también desapareció de la misma manera que Samael. Se formó una bola de luz blanca y brillante que también se metió en Harry. Él pudo notar como el resto de sus sentimientos se intensificaban, de manera que ya se volvía a sentir él mismo completamente. Aunque ahora sentía todas sus emociones mucho más fuertes y cercanas a él. Se sorprendió un poco al sentir emociones que no se había dado cuenta antes de que estaban allí, como esa pequeña envidia a Ron, cierto respeto por Snape o incluso algo de decepción con su padre en muy poca medida por lo visto en el recuerdo de Snape. No obstante sabía que ya estaban allí antes porque no se sentía diferente. Sólo mucho más calmado y relajado. Se sentó y cerró los ojos. Al abrirlos, estaba de vuelta en su habitación.
Se fijó en la hora, y tal como le habían dicho no habían pasado ni cinco minutos. Aún así sentía dolor por todo el cuerpo, no sólo en la cabeza. Al tocarse la cara comprobó para su sorpresa que estaba sangrando. Tenía exactamente las mismas heridas que había sufrido en su mente.
Fue al baúl y tomó un par de pociones cicatrizantes para las heridas, y luego fue a limpiarse y a quitarse toda la sangre seca. Cuando acabó tenía mejor aspecto, pero aún le dolía la cabeza, por lo que decidió seguir el consejo que le habían dado y dormir un poco en vez de meditar. Primero se tomó una poción para dormir sin soñar, una de las últimas que había conseguido hacer, y durmió profundamente el resto de la noche.
Al día siguiente se despertó mucho más descansado y con la cabeza más clara. Por la mañana hizo lo de siempre, estudió y entrenó magia en el baúl. Por la tarde, en casa de John, le explicó que había luchado contra su demonio personal.
- Muy rápido tú encontrarlo… -dijo John.
- ¿Cómo que muy rápido? –preguntó Harry- ¿Sabías que lo encontraría?
- Sí. Todos tener nuestros propios demonios –explicó John-, pero si el tuyo aparecer tan rápido entonces él tenía fuerza suficiente para eso… eso significar que tú vivir muchos malos momentos de los que él alimentarse…
- Eh… sí, he tenido una vida difícil.
- Bueno, no importar. Ahora que tú vencer a tus demonios tú poder organizar la mente mucho más rápidamente.
- Lo que no acabo de entender es porque es tan importante organizarla. ¿Al tenerla organizada no es más fácil que los demás encuentren lo que quieran en mi mente?
- En parte sí, pero al organizarla tú poder crear una especie de burbuja por capas donde en la capa más externar estén todos los recuerdos que no importar si son leídos –hizo una pausa antes de continuar-. Recuerdos como comer, pasear, dormir, etc. Así mientras tus rivales están entretenidos con esos recuerdos e intentando acceder más, tú poder detectarlos y echarlos o decidir que quieren ver llevando a esa capa los recuerdos que quieran.
- ¿Y cómo hago eso?
- Como ya decir otro día, tú deber clasificar recuerdos, formando las capas. Mejor manera de aprender es hacer. Esa ser las defensas más básicas. Cuando tu aprendas a hacer eso, tú empezar a aumentar defensas.
- Y crear mi propia fortaleza mental… -terminó Harry.
- En efecto.
- Y otra cosa. Si la pelea fue en mi mente, ¿por qué al volver a la realidad tenía todas las heridas?
- La mente ser algo muy poderoso… Nosotros tan solo usar una muy pequeña parte de su capacidad. No ser real, pero tu mente hace que lo sea.
- Es decir… -dijo Harry mientras empalidecía por lo que eso implicaba- que si hubiera muerto allí…
- Cuerpo no poder vivir sin la mente. Ahora ven, yo enseñar a preparar un ungüento para las heridas…
Así John le enseñó a preparar ese ungüento, que su efecto era calmar el dolor de cualquier clase de herida y acelerar el proceso de curación. No era difícil de aprender, y siempre era útil tener un poco para las heridas poco importantes, o los moratones. De esa manera reservaría las pociones para las emergencias o las ocasiones en las que no tuviera tiempo de aplicar el ungüento.
Un par de días más tarde John le dijo que quería intentar algo.
- Esto ser algo que hace mucho tiempo mi maestro hizo conmigo –dijo John.
- ¿Lo qué?
- Voy a hipnotizarte.
- … -Harry miró a John con cara rara- Eso no se puede hacer. No es más ciencia ficción.
- ¿Y lo dice el joven mago que todos los días se aparece de la nada?
- Eh… -dijo Harry algo avergonzado- ¿Entonces es real?
- Sí. ¿Saber lo que es? –preguntó John.
- ¿No era aquello de controlar a alguien subconscientemente?
- No. Bueno, sí, pero no…
- ¿Sí pero no? ¿Qué significa eso?
- Hipnosis servir para ver el subconsciente de alguien y poder modificar ligeramente el comportamiento sin que la persona se de cuenta. Supongo que ser posible eso de controlar si uno dedicarle el tiempo necesario…
- Eso se puede hacer con magia, obligar a alguien a hacer algo –dijo Harry recordado la maldición Imperius.
- Esto es distinto. No se puede ir nunca en contra del subconsciente. Para hacer eso habría que modificarlo muy poco a poco durante mucho tiempo, y sólo servir en algún aspecto concreto.
- ¿Entonces qué es lo que quieres lograr con eso?
- Me interesa ver cuáles son tus puntos fuertes, en qué eres realmente bueno. Con la hipnosis yo poder saberlo y además poder desbloquear todo tu potencial oculto.
- ¿Qué quieres decir? –preguntó Harry.
- Por lo que yo ver hasta ahora tú ser bueno en la lucha. Con la hipnosis yo poder desbloquear tus barreras subconscientes y luego serías capaz de aprender más rápida y fácilmente.
- ¿En serio? –preguntó Harry algo emocionado ante la idea.
- Sí, puedo hacer eso en todas tus habilidades latentes.
- ¿Habilidades latentes?
- Sí. Normalmente ser bueno en algo quiere decir que tenemos esa habilidad latente. Tus habilidades latentes no son sólo aquellas cosas que se te dan bien ahora mismo, también son aquellas de las que aún no sabes nada. Con el resto, siempre se puede aprender y desarrollar esas habilidades aunque no estén latentes, pero costará un mayor esfuerzo.
- ¿Y aquello que se nos da mal?
- Normalmente ser las habilidades contrarias a nuestras habilidades latentes. Ir en contra de nuestra naturaleza, por lo ser aún más difícil de desarrollar. Con la hipnosis yo poder ayudarte a crear una especie de barrera subconsciente que ayude a neutralice parte de ese rechazo subconsciente a la habilidad.
- Es bastante útil –dijo Harry, algo sorprendido ante las posibilidades.
- Sí, así tú poder ser lo más equilibrado posible. ¿Entonces quieres que lo intente?
- De acuerdo, no pierdo nada. ¿Qué tengo que hacer?
- Relajarte…
…
- Bueno, ¿cómo te sientes? –pregunta John a Harry, quien acababa de abrir los ojos.
- Bien, relajado. ¿Ha funcionado? –preguntó Harry.
- Eso creo.
- Pues yo no me siento diferente…
- Pequeño impaciente, los cambios no los notarás de repente. Ser algo más lento. Tus habilidades latentes acaban de desbloquearse, pasará un tiempo hasta que despierten por completo.
- ¿Y sabes cuáles son?
- No.
- ¿No? ¿Entonces cómo has conseguido despertarlas? –preguntó Harry extrañado.
- Difícil de explicar. Digamos que yo tener el don de ver habilidades de los demás. De esa manera puedo despertarlas.
Se quedaron un momento en silencio, y luego John volvió a hablar.
- Lo que te puedo aconsejar es que para saberlo lo que debes hacer es dejarte llevar unos días por el instinto y la intuición. Así descubrirás las diferencias.
A lo largo de las dos siguientes semanas Harry fue descubriendo cuales de sus habilidades habían mejorado gracias a la hipnosis. Durante ese tiempo progresó bastante en su adiestramiento. John apenas le enseñaba nuevas cosas sobre la lucha, pero notó que era capaz de aprender casi instantáneamente las técnicas que le veía usar. También se potenció su capacidad de observación. Él siempre se había fijado en todos los detalles posibles, pues de pequeño sus tíos aprovechaban para reñirle al más mínimo desperfecto. Ahora su capacidad de retención de detalles era mucho mayor, y eso le ayudaba a la hora de aprender las cosas viendo a los demás hacerlas. Mientras practicaba magia notó como había aumentado la potencia de los hechizos relacionados con los duelos y DCAO, como el expeliarmus o el protego. Lo que más gracia le hizo fue descubrir que también había mejorado en la cocina, pues una noche que sus tíos no estaban le dejaron una nota diciendo que se arreglara con lo que hubiera en la nevera. Al abrir la nevera solo encontró algunas verduras de muy mal sabor, pero improvisando y dejándose llevar por el instinto (el resultado no podía ser peor, ¿no?) le quedó algo tan delicioso que incluso lo sorprendió a él mismo.
Con John más que nada hacía muchos ejercicios que le obligaban a ser más rápido y esquivar mucho con los mínimos movimientos. Incluso le había cambiado la ropa por otra el doble de pesada (es decir, unos 50 kg), y una vez que Harry se acostumbró empezó a adquirir toda la agilidad posible. John también empezó a enseñarle algunas cosas sobre hierbas, musgos y otros ingredientes que él utilizaba para sus ungüentos y pociones no mágicas. Incluso le dio algunas macetas con algunas de las plantas que más usaba en sus ungüentos, pero que no eran comunes por Inglaterra. También le enseñó un poco como recoger los ingredientes de las plantas sin estropearlas de manera que siguieran creciendo. Harry se imaginaba que a Neville le encantaría saber de todo esto a pesar de que no tenía nada que ver con plantas mágicas.
La confianza que había entre Harry y Remus creció en ese tiempo, ya que Remus visitó un par de veces más a Harry, y charlaron de todo un poco, sobre todo del traje, del que Harry ya le había descrito la mayoría de los detalles. Eso sí, cuando Remus se enteró de la opción para disfrazarse que había ideado Lily quedo bastante alucinado; incluso obligó a Harry a mostrarle los distintos aspectos. Después Remus le aseguró que nadie le reconocería, excepto tal vez en la forma morena, ya que era en la que más rasgos parecidos había. Remus le fue contando los progresos que había tenido, aunque últimamente había estado bastante ocupado en una misión para la Orden. Seguía sin encontrar el libro sobre el acero del diablo, pero ya había conseguido traducir en parte alguno de los documentos, en los que se describía a un antiguo mago relacionado con el apellido Berengar y el lugar donde él vivía. Remus creía que en el resto del documento había indicaciones para encontrar algo o a alguien relacionado con ese mago o ese lugar.
Harry vio en Remus a alguien de confianza, ya que si ya antes se conocían y llevaban bien, ahora lo empezaba a ver como ese adulto en quien podía confiar, contarle sus problemas y pedirle consejo. No estaba sustituyendo a Sirius, ya que este había sido una especie de figura paternal, y Remus era algo más parecido a un amigo que a un padre.
Para Remus en cambio esta relación le estaba ayudando bastante a sobreponer la pérdida de Sirius, ya que veía en Harry algo de Lily, algo de James y algo de Sirius. Pero sobre todo lo veía a él. Por primera vez estaba dejando de ver a Harry como el hijo de sus mejores amigos y lo empezaba a ver solamente como Harry. Hasta entonces siempre había intentado ayudarlo por ser hijo de sus padres, por la amistad que había tenido con ellos. Ahora confiaba en él, y quería ayudarlo porque se había transformado en su amigo. No era el sustituto de James, Lily o Sirius, él era simplemente Harry.
Como ya faltaban sobre dos semanas y media para volver a Hogwarts, Harry le sugirió a Remus el ir al Callejón Diagon a comprar los libros el siguiente fin de semana, ya que si iba cuando estaba previsto corría el riesgo de que alguien lo atacara o emboscara, pues era posible que hubiera algún espía. Remus no estaba muy de acuerdo con la idea, pero después de discutirlo largo rato y matizar detalles para su seguridad Remus aceptó. El próximo sábado Harry se disfrazaría con el traje e iría hasta una cafetería donde Remus lo estaría esperando. Después ambos irían hasta el Callejón Diagon y comprarían todo lo necesario. Para mayor seguridad Remus no le contaría a nadie sobre esto, ni siquiera a Dumbledore. Ya se lo dirían más adelante.
Llegado el día Harry decidió usar de nuevo su aspecto pelirrojo. Fue al punto de encuentro y se saludaron. Antes de irse al Callejón Remus le sugirió que lo mejor sería que utilizara otro nombre mientras estuvieran allí. Harry lo pensó un momento y soltó una pequeña carcajada por lo que se le acababa de ocurrir.
- De acuerdo. A partir de ahora siempre que use este aspecto llámame Gabriel –dijo ante un licántropo confundido que murmuró algo parecido a "¿Me he perdido algo?".
…
Ambos pasaron una mañana bastante agradable. Mientras hicieron todas las compras necesarias estuvieran hablando de muchas cosas. Remus le comentó que McGonagall se había sorprendido mucho de que Harry no aceptara ni el puesto de prefecto ni el de capitán del equipo de quidditch; y casi le había ordenado a él que hablara con Harry para hacerle cambiar de opinión, o que por lo menos aceptara el puesto de capitán. Harry le confesó (con la condición de que le guardara el secreto) que pensaba dejar el equipo ese año, y por eso no había aceptado. Decir que Remus casi se cae de la impresión es decir poco. Hablaron largo y tendido acerca de ello, pero al final Remus vio el punto de vista del muchacho: Si conseguían encontrar a esa persona que entrenara a Harry él iba a necesitar todo el tiempo que pudiera tener.
Harry aún no le había dicho a Remus sobre todo lo que le había dado Sirius, sólo sobre el traje y la necesidad de encontrar a alguien que le entrenara. De todas maneras Harry ya confiaba plenamente en Remus, y pensaba decirle todo cuando terminara de traducir los documentos y estuvieran a solas. De hecho ya le enseñaría la carta.
Remus también mencionó a cierta castaña, pero ante el sonrojo de Harry y sus obvios intentos por desviar la conversación dejó pasar el tema… de momento.
Cuando pensaban ir a comer ambos escucharon un par de voces conocidas…
- Hermione no han llegado y ya tengo hambre cuanto se van a tardar -preguntaba Ron.
- En comer es lo único que tú piensas -respondió Hermione-. Quedamos en vernos a la 1:00 todavía les quedan 15 minutos.
- Jo, pero es que los del ED que han estado ahora con la Orden van a tardar…
¡Eran Ron y Hermione! Tanto Harry como Remus se dieron la vuelta al reconocer las voces, y se fijaron como se iban.
- ¿ED y la Orden? –preguntó Harry extrañado- ¿Qué tiene que ver el ED con la Orden, Remus?
- No lo sé –respondió Remus igual de extrañado que Harry-. Dumbledore no me dijo nada de que fuera a hablar con el ED.
- Hm… -Harry sacó la capa invisible de donde la tenía guardada y se la dio a Remus-. Póntela, si no te reconocerán.
- ¿Qué? ¿Para qué quieres que no me reconozcan?
- Uno, porque el plan es que nadie se fije en mi y pasar lo más desapercibido posible. Si me ven contigo se preguntarán quien soy y podrían sospechar algo. Dos, porque vamos a espiarles.
- Ah, vale… ¿Cómo que vamos a espiarles? ¿Por qué?
- Por lo que han dicho de la Orden. Me interesa saberlo, y aunque normalmente me cuentan las cosas en cuanto tienen oportunidad, tengo mucha curiosidad y no me apetece esperar. ¿Es que tú no?
- La verdad es que algo me pica la curiosidad, y me extraña que Dumbledore no me dijera nada…
- Pues eso mismo. Les espiaremos porque si yo estoy aquí disfrazado es para que no me descubra nadie, así que no les puedo decir: "Hola, soy Harry, ¿de qué habláis?" por mucho que quiera. Es mejor no ser descuidado ahora.
- Eso ha sonado muy prudente, Harry –dijo Remus con orgullo-. Vamos.
- Remus, recuerda que ahora soy Gabriel –dijo Harry en voz baja-. Fuiste tú el que planeaste casi todos los detalles. Me sorprende que te despistes.
- Tienes razón, lo siento Gabriel. Es que esto me recuerda a algunas de las aventuras con tu padre…
- Luego me lo cuentas, ahora vamos o los perderemos.
Remus se puso la capa y ambos siguieron de lejos a Ron y a Hermione. Harry iba perdido en sus propios pensamientos. Tener tan cerca a la castaña le ponía aún más nervioso de lo normal y sentía el maldito cosquilleo en el estómago. Pero lo que más nervioso le ponía era saber la razón de esos síntomas: estaba enamorado.
Sobre el capítulo anterior, vais a tener que decirme exactamente lo que quereis que os explique.
En cuanto a este capitulo, bueno, aqui ya se explica alguna cosilla sobre el anterior.
Y puede que os resulte una tontería lo de la hipnosis, pero tengo algo en mente.
Prometo acción en el próximo capítulo. Si no estoy demasiado ocupado con los examenes lo subire en dos o tres semanas.
