Zack se molestó. Otra vez, las mismas palabras.

—¿Me mataras?

—Ya deja de joder con eso —farfulló con furia.

—Entonces, ¿Soy correspondida? —sus ojos se dilataron por la impresión.

—Cierra la boca por un maldito segundo —su mente se hacía un nudo, intentando pensar en que decir—¡Diablos! —masculló furioso sintiendo que sus mejillas enrojecían. Solo de pensar en ella, la chica que dijo que lo amaba.

Mucho más al ver esa mirada anhelante que realizaba Ray. ¿Era por él?

Maldición, maldición, maldición.

—Entonces, ¿Me vas a matar?

Enseguida preguntó, su mirada seguía siendo brillosa. Como si la sola idea, de cortarle el cuello con la guadaña, sea grandiosa para la chica.

Así que ser amada o ser asesinada, ¿Era igual? ¡¿Qué carajo?!

—¡Agh! ¡Mierda, no puedo amarte! —Llegó a la conclusión sin importar cuan ruidoso latiera su corazón. Ray lo entendió.

Eso hizo saber, cuando sin decir ni una palabra, se dio vuelta yéndose. Zack la siguió confundido e irritado cuando vio como la joven estaba cargando su pesada guadaña con sus delgados brazos.

¡Esta Ray!

—¡Ya déjala!—Gritó molesto, quitándole de su poder—No puedo amarte porque soy un adulto —Ray lo miró sin expresión—¿Sabes que soy un adulto? ¿Cierto? —comenzó imponiendo su decencia.

—Sí.

—¿Y tú una niña?

—Pre-adolescente —objetó tranquilamente.

—¡No me vengas con eso! —espetó— El punto es que eres menor de edad.

—¿Obedeces a las reglas?

—¿Eh? —sorprendiéndose por la pregunta.

—Haz asesinado, haz destruido...

—¡Cierra la boca! —refutó— Se lo que hago, pero soy un adulto... decente ¡Diablos! ¡Yo no les hago eso a las niñas!

—Entonces, cuando crezca... ¿Puedes corresponderme?

Zack la miró con atención.

—En cinco años...—inició.

Sus manos juntas y sus dedos entrelazados como si estuviera rezando.

— Por favor... ámame.