Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer. Yo solo les he dado una historia alternativa.

Bad Things

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Capítulo 7

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No sé por qué una parte de mí esperaba que Renée estuviese esperando en el porche cuando aparcamos en la acera o espiando entre las cortinas del salón. Pero no había rastro de ella.

Eché un vistazo a la casa unifamiliar con la fachada de ladrillo rojo. Allí había crecido, había vivido mis años de feliz ignorancia y más tarde los de la dolorosa verdad y la firme decisión. No podía negar que todo lo que había pasado entre aquellas cuatro paredes había determinado gran parte de mi carácter. Alguien no pasa por todo aquello sin más. Deja huella y depende de cada uno salir con algún rasguño o quedar atrapado en la mentira.

Esperé al lado de mi puerta a que Edward rodease el coche. Me tomó de la mano y le di un ligero beso en los labios, necesitaba su contacto. Caminamos lentamente, siguiendo un paso que yo había marcado inconscientemente. Había perdido parte de la aprensión entre lágrimas unas calles más abajo, pero un hormigueo en el estómago me recordaba que aún me quedaba gran parte del camino por recorrer.

El timbre sonó más fuerte de lo que esperaba. Quizás estaba tan concentrada en seguir adelante que había silenciado todo lo que había a mi alrededor. Edward apretó mi mano ante mi leve respingo. La puerta se abrió y allí estaba ella.

Renée no se lanzó a mis brazos, se mantuvo entera en el umbral, aunque se veía que había llorado mucho y aunque no podía estar segura, sospechaba que la pérdida de peso había sido reciente.

—Hola, cariño —dijo con dulzura, dejándonos pasar.

—Hola, mamá —le contesté dándole un leve abrazo—. Este es Edward —los presenté tomando de nuevo su mano, dejándole la derecha libre para que se la estrecharan.

Renée le había hecho un escáner completo desde que nos había visto aparecer y era más que probable que ya tuviera una opinión de su carácter tan solo por su educado "un placer, señora".

—Pasad, sentaos. Ahora traigo algo de beber —y sin opción a réplica desapareció en la cocina, dejándonos solos en el salón. Nos acomodamos en los viejos sillones y permanecimos juntos. En ese momento su mano era una extensión de mí misma, si la soltaba… bueno, no sabía si podría seguir.

—He traído agua fría y limonada, no tengo mucho más —Renée traía una bandeja con vasos y un par de jarras. Era la imagen más hogareña que tenía de ella desde los catorce años. ¿Habíamos vuelto al pasado?—. Pero bueno, contadme, ¿qué tal ha ido el viaje?

Carraspeé un poco incómoda por su entusiasmo. Lo prefería al llanto sin fin, aunque era desconcertante.

—Bien, nos hemos turnado al volante y no se ha hecho tan pesado.

—¿De verdad? ¡Cualquiera lo diría! Ocho estados en tres días, tiene que ser agotador.

Y ahí estaba.

Hola Renée. No te echaba de menos.

Antes de que pudiese replicar, Edward tomó la delantera.

—Verá, a los dos nos gusta conducir y paramos cada pocas horas para descansar y comer. Además de que la buena compañía en un viaje así es fundamental. —Sus sencillas palabras me arroparon como una manta en una noche fría de invierno.

—Querido, no me trates de usted, no soy tan vieja —comentó con falsa modestia—. Entonces, ya que por fin estáis aquí, ¿hasta cuándo pensáis quedaros? —Su mirada estaba centrada en mí, brillando con ese reproche que sabía que estaba integrado en su ser desde hacía tanto.

—Espero que mañana o pasado podamos empezar el viaje de vuelta.

—¡Imposible! —Toda su fachada de tranquilidad se había ido—. No sabes hasta cuándo… —Pude ver las lágrimas asomar a sus ojos, tragó con fuerza y siguió—. ¿No te quedarás al funeral?

—¿Para qué? ¿Para dar el espectáculo? Renée, su familia se merece un respeto aunque él no lo haya tenido por ninguno de nosotros.

—También somos su familia —contestó categórica. No pensaba discutir esto. Ya era suficiente con volver, con tener que verlos. Cambié de tema sin pensarlo dos veces.

—¿A que hora empieza el horario de visitas?

Me miró furiosa, ella no había acabado con aquella conversación. Pero dando una breve mirada a Edward, me siguió la corriente.

—Se puede ir desde por la mañana. Pero estoy esperando a que Paul me avise. —Debió ver mi cara de confusión porque continuó—. Es el hijo mayor de Charlie. Cuando Lucy se va a casa me avisa para que pueda ver a tu padre.

Se me revolvió el estómago ante la mención de "mi padre", aunque agradecí que no tuviese la desfachatez de decir que Paul era mi hermano. Ella me conocía mejor que eso.

—¿Entonces, vamos al motel a dejar las cosas y luego volvemos a por ti? —pregunté esperanzada, necesitando un respiro.

—Está a punto de llamar —dijo consultando su reloj—. Lucy no suele quedarse hasta tarde, es de la opinión de que debe dejar trabajar a las enfermeras. —Su tono decía a las claras que no estaba para nada de acuerdo con la mujer de Charlie.

Tomé aire profundamente y me preparé para lo que venía. Por suerte Edward estuvo ahí para rescatarme en la medida de lo posible. La conversación se centró básicamente en él, Renée se interesaba en su oficio, su familia… al final simplemente estaba en la habitación de cuerpo presente. Dejando vagar la mente, en busca de un rinconcito de paz.

—¿…Bella? —Parpadeé sorprendida porque se dirigieran a mí. Mi madre me miraba con curiosidad.

—Tu madre quiere saber a qué te dedicas en Forks —me susurró Edward al oído.

—Sí, debería saber qué haces, ¿no te parece? —contestó Renée molesta.

Sacudí un poco la cabeza intentando aclararme.

—Soy camarera. En un bar del pueblo —me devané los sesos buscando algo más pero no encontraba nada más que decir.

—¿Cuánto tiempo lleváis juntos? —La verdad me estaba empezando a sentar mal el interrogatorio. De acuerdo que no nos comunicábamos desde hacía tiempo por decisión mutua, pero eso no quería decir que cuando nos viésemos necesitásemos una actualización detallada.

Iba a dar rienda suelta a mis pensamientos en voz alta cuando finalmente el teléfono sonó. Creo que nunca me alegré tanto de escucharlo como en aquel momento. Renée se disculpó y se apresuró a contestar de camino a la cocina.

—Ya casi estamos —Edward me animó y yo me dejé caer contra su pecho y cerré brevemente los ojos.

—Sí, mañana todo habrá terminado —pasó sus brazos a mi alrededor y me estrechó con fuerza. La garganta se me cerró y tuve que respirar profundamente para alejar el llanto.

Abrí los ojos y me giré para besarle con ganas. Quería a este hombre, tanto… En realidad el que él estuviese aquí conmigo tenía un significado tan profundo que no llegaba a alcanzarlo.

Un carraspeo nos interrumpió.

—¿No sois un poco mayorcitos para daros el lote en el sofá de mamá? —Me separé de Edward y lo miré a los ojos, para evitar matar a mi madre. Sus ojos verdes me dieron el aplomo suficiente.

—¿Nos vamos ya? —ignoré su puya.

—Sí, en cuanto queráis. Paul nos estará esperando y Lucy se fue hace diez minutos.

Ya nos movíamos hacia el coche, pero no pude evitar preguntar.

—Entonces… Paul, ¿lo sabe?

—¿Lo nuestro? —Me limité a asentir—. ¡Por supuesto que lo sabe! Él tenía casi diez años cuando tú naciste.

La bomba me cayó como un yunque y me subí al coche con movimientos mecánicos. Renée iba dirigiendo a Edward hacia el Deaconess Gateway Hospital y yo solo podía pensar en ese pobre niño. Bueno, ahora ya era un hombre.

¿Pero qué clase de personas eran mis padres? Era consciente de la naturaleza de Charlie desde hacía mucho tiempo, pero a Renée le había achacado una ceguera que en realidad no existía.

¿Sabía de la existencia de un niño de diez años y aún así…? Agité la cabeza para aclararme, sería mejor que dejase de pensar en ello.

Rápidamente la fachada del hospital apareció ante nosotros y fui consciente de lo que me había llevado allí. Más de cinco años sin verle, de intentar olvidarle y de hacer como que no existía no habían servido para nada. Ahora todos los demonios del pasado regresarían, rápido y con fuerza.

Renée hervía en el asiento trasero y en cuanto aparcamos, saltó del coche como un resorte.

—Paul debe estar preguntándose dónde estamos. Hemos tardado mucho en aparcar, casi es más rápido venir en autobús.

Me tragué la respuesta mordaz que afloró hasta mis labios y tomando la mano de Edward la seguimos en silencio. Gran parte de su actitud altiva se había perdido en ese corto trayecto y ahora la veía avanzar nerviosa hacia las puertas automáticas.

Una vez en el hall se dirigió con prisa hacia la izquierda y comenzó a hablar unos metros antes de llegar a un chico moreno.

—Perdona, Paul. Nos llevó una eternidad aparcar.

Mientras él le quitaba importancia a nuestro retraso, me quedé congelada observándolo. Era tan parecido a Charlie, un poco más joven que el padre que conocí en mi niñez, pero tenían un parecido asombroso.

¡No! Mamá no me puedo ir a dormir, papá no ha venido a darme las buenas noches.

¿No entendía que él me había prometido que hoy vendría a arroparme? Papá no siempre estaba con nosotras pero cumplía sus promesas. No quería dormirme antes de que llegara.

Bells, sabes que a veces llega tarde y mañana tienes colegio —insistió con tono cansado.

No me pienso dormir. —Me crucé de brazos para que supiera que no iba a cambiar de idea—. Puedes apagar la luz si quieres pero voy a esperarle despierta.

Mamá bufó y se sentó a mi lado en la cama.

Hazme un sitio —me instó, tomando el libro de la mesilla y siguiendo la historia donde lo había dejado.

Abrí los ojos lentamente y me acurruqué calentita entre las mantas. Todavía estaba oscuro así que tenía que ser muy temprano. Recordaba que la princesa había salido corriendo al tocar las doce, pero no podía decir cómo seguía el cuento.

Me levanté de golpe. ¡Papá no había venido a darme las buenas noches! Corrí descalza hasta mi puerta y escuché su voz a través de la madera. ¡Había llegado!

Charlie, no puedes hacer esto. Son las tres de la mañana, Bella tiene colegio y…

¡Papáaaa! —Corrí hacia sus brazos abiertos.

Hola, pequeña —me abrazó y me besó en la mejilla, haciéndome cosquillas con el bigote.

No has venido a arroparme —él miró a mamá, que tenía cara de enfado, y luego a mí.

Lo siento, cielo. He tenido que trabajar hasta tarde. Pero te arroparé ahora —Se acercó a mamá y le dio un beso en la mejilla, ella estaba rígida, pero papá le sonrió—. Bells,dale un beso de buenas noches a mamá.

Yo me encaramé a ella y le di un beso y un abrazo. Ella sonrió, aunque seguía pareciendo triste. No quería que estuviese triste.

—Paul, esta es Bella, mi hija, y su novio Edward —avanzamos los pocos pasos que nos separaban y le estrechamos la mano. Murmuré un "encantada" y creo que ellos hicieron lo mismo.

Paul y yo nos quedamos mirándonos lo que pareció una eternidad. ¿Estaría reprochándome que le quitase tiempo con su padre cuando era pequeño? ¿Contento de haber encontrado a "su otra parte de la familia"?

Yo solo podía pensar en aquella noche de mi infancia, en ese primer recuerdo de Renée molesta con Charlie. Preguntándome cómo habrían sobrellevado ellos esta situación. ¿Sus hermanos sabían de mí? ¿Era el único que soportaba la carga por ser el mayor? Se parecía tanto físicamente a nuestro padre… No podía ser igual que él en todo, ¿verdad?

—Mi padre está en la tercera planta y, aunque puede recibir visitas, nos recomiendan que entremos a verlo de uno en uno.

—Sí —continuó mi madre, como si ahora ella tuviese toda la autoridad—, será mejor que vaya yo primero y así le digo que has venido. En su estado no son buenos los sobresaltos.

—Entonces quizás no sea buena idea que…

—Tonterías, él pidió verte —me replicó Renée, haciendo una carrera de fondo hacia el ascensor.

Los demás la seguimos a una distancia prudente, pero todos estábamos dentro antes de que éste cerrase sus puertas.

Todo el mundo está de acuerdo en que viajar en ascensor con compañía es incómodo, con los vecinos hablas del tiempo o de la última noticia del periódico. Pero esta situación era mil veces peor. Me aferraba a la mano de Edward con fuerza y él se pegó más a mí notando mi incomodidad.

Cuando sonó la campanilla y salimos a la tercera planta fue un alivio. Volvimos a seguir a Renée que se paró ante la habitación 318.

—Dadme unos minutos. Después podrás pasar, Bella.

Y entró, cerrando silenciosamente la puerta tras ella.

Empecé un lento caminar por el pasillo, intentando tomar aire profundamente por la nariz y expulsándolo por la boca hasta vaciar mis pulmones. Edward me siguió las dos primeras vueltas, después me apretó ligeramente el hombro para hacerme saber que estaba allí y se quedó de pie al lado de Paul mientras yo seguía deambulando.

Cuando pasaba delante de aquel cuarto podía escuchar la voz de Renée. Las manos me sudaban y el corazón me latía acelerado. Intentaba imaginar que simplemente visitaba a un amigo de la familia que estaba enfermo. Ninguna relación más allá. Pero no era fácil. Sabía que allí estaba el hombre al que tanto había querido y al que tanto había aborrecido después.

Me detuve delante de los chicos y tomé aire como si fuese a decir algo, pero acabé soltándolo de golpe y mirándolos desconcertada, notaba mis pocas barreras derrumbarse por momentos y ni siquiera lo había visto aún.

—Me alegra haberte conocido. —Las palabras de Paul me sacaron de mi caída al abismo.

—Espera… —Intenté reaccionar—. ¿Desde cuándo lo sabes?

Paul se acomodó contra la pared, colocó las manos a su espalda y me miró directamente a los ojos antes de empezar. Esto no iba a ser una respuesta corta, no iba a ser un simple número. Él quería contarme algo, quería que supiese una parte de la historia que para mí era desconocida.

—Estaba en mi último año de universidad. Una noche volví tarde a casa después de una fiesta y papá estaba en el porche, bastante… achispado. Me sorprendió porque él nunca bebía, al menos que nosotros supiéramos —la acotación me hizo todavía más consciente de que esa sensación la vivíamos ambas partes, compartíamos una faceta de él pero no sabíamos qué pasaba el resto del tiempo. ¿Era el mismo padre? ¿El mismo marido?—. Estaba muy disgustado y le insté para que hablase conmigo. Fue la primera vez que me habló de vosotras. Me contó que os había perdido y… que no vería a su hija convertirse en mujer.

Tragué y me di cuenta de que tenía la garganta seca. Parte de mi mente quería escapar con la nueva y maravillosa excusa de ir a comprar algo para beber, pero era consciente de que no volvería a tener esta oportunidad, ver o atisbar qué pasaba al otro lado.

—¿Te lo contó y lo aceptaste sin más? —Era algo que para mí era vital, si yo no había podido lidiar siquiera con la idea abstracta… ¿Él pudo con el conocimiento? ¿Sabiendo nuestros nombres, oyendo de nosotras?

—No, no sin más. Pero tienes que entender que…

Renée irrumpió en el pasillo cortando la explicación de Paul. Y ya no solo quería que no saliese de ese cuarto para evitar ver a Charlie, ahora también quería conocer la verdad, la realidad con la que había convivido ese hombre que, a pesar de todas mis reticencias, era en parte mi hermano.

—Bella, Charlie te espera —Noté cómo me costaba más respirar—. Procura no ser brusca. Ya te he dicho que no le conviene alterarse.

Miré a Edward y podía sentir el pánico saliendo de mi cuerpo en oleadas. Era el momento. Se acercó a mí y dirigiendo un rápido "ahora venimos" a mi madre, me llevó hasta el final del pasillo donde nos refugiamos tras una esquina.

—Bella —me instó acariciándome la cara—, todo va a estar bien. Respira, cariño —Enfoqué la mirada en él y tomé una gran bocanada de aire—. Eso es. Vas a entrar ahí, pasar unos minutos con Charlie y ya. Saldremos de aquí y no tendremos que volver nunca más, a no ser que quieras lo contrario.

Estaba a punto de soltar un lastimero "quiero irme ahora" pero era consciente de cuán infantil era mi miedo. Era un hombre moribundo postrado en una cama de hospital. Pero el temor venía de los recuerdos y sentimientos que sabía que permanecían conmigo. Me aferré a las manos de Edward y luego me dejé fundir en un abrazo.

—Todo va a estar bien —murmuró contra mi pelo. Y a pesar de todo el caos que sentía en mi interior pude notar cierta calma.

Me separé despacio de él, le di un beso en los labios y caminamos juntos de nuevo hasta la dichosa puerta. Ni siquiera miré a mi madre o a Paul, no me volví hacia Edward. Ahora solo me podía concentrar en hacer girar esa manilla.

Tragué en seco y entré en la habitación.

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Este capítulo va dedicado a mis Bitches, con todo mi cariño. Las malas rachas también pasan :*

Gracias a DraBSwan por ser mi beta y aconsejarme.

Espero que el siguiente capítulo esté pronto. Nos seguimos leyendo.

Ebrume.