Capítulo VII

Cuando el hermano de Tom y yo terminamos de hablar, me quedé un momento mirando el teléfono, y pensando en que era una idea muy retorcida, creer que con citarme tan temprano, luego de mi cena con Tom, fuese una forma de arruinar mi noche.

De alguna manera no lograba ver a ese chico como alguien realmente amable. Y aunque el trabajo que me estaba dando, me pagaría parte de lo que me quedaba de Universidad, no podía olvidar que eran para su álbum privado. ¿Quién se toma fotos de estudio para un álbum privado? Me encogí de hombros, la verdad es que bastantes personas, pero todas ellas con ego tan grande que no les dejaba ver ni sus propios zapatos.

- Pufff… a las once de la mañana – me quejé, dejando caer el teléfono dentro de mi bolso.

Mi teléfono volvió a sonar.

- ¿Y ahora qué? – me pregunté volviendo a sacar el móvil, que no dejaba de sonar.

Antes de contestar pude ver el número de Bob en la pantalla, llevaba varios días fuera de contacto, él estaba al tanto de mi lesión, y aunque ahora mismo no tenía deseos de hablar con él, le contesté. Después de todo era el hermano de Helen.

- Hola Bob – le saludé amablemente.

- ¿Qué tal estás Isabelle? – me preguntó, casi afectuosamente.

- Bien, mucho mejor – contesté intentando parecer alegre, aunque en ese momento me inquietaba que Tom llamara y yo estuviese ocupada.

- Me alegro – respondió – me preguntaba cuándo te veremos por aquí nuevamente.

- Con este pie no puedo hacer mucho – le aclaré algo que a él debía de resultarle obvio.

- Ya, me imagino… pero… podrías pasarte a hacer un pequeño trabajo de edición, para las fotos de la revista - me ofreció.

- ¿De verdad? – le pregunté.

Aquel era el trabajo, para el que inicialmente me había ofrecido, algo que, desde luego, se me daba mucho mejor que andar colgada de los arboles, intentando conseguir una foto que pareciera de mediana calidad.

- Sí… sería por unos días – agregó – hasta que tu pie se recupere.

Bueno, pero era nada ¿no?

- Gracias Bob – dije, intentando terminar la conversación pronto.

Pero como si lo hubiese augurado, la llamada en espera comenzó a sonar, pero Bob volvió a hablar.

- Podrás empezar mañana mismo – me anunció.

¿Qué diablos le pasaba a todo el mundo con mañana?

Creo que los nervios, al escuchar la llamada en espera, me traicionaron, aunque en ese momento no lo pensé así, ya que las palabras salieron de mi boca, como si las estuviese disparando, y Bob no era precisamente un hombre de perder el tiempo.

- Mañana tengo una sesión de fotos con el hombre de la barba.

Por qué nunca me salía decirle por su nombre.

- ¿El hombre de la barba? – me preguntó.

La llamada en espera dejó de sonar, así que mi voz sonaba algo decepcionada.

- Sí, ese al que me mandaste a fotografiar – respondí casi resoplando.

¿Es que Bob no se cansaba nunca de hacer preguntas?

- ¿Bill Kaulitz? – me preguntó con un cierto tono de ansiedad.

Y creo que fue justamente ese tono el que me avisó de que me estaba metiendo en un lío.

- … Sí… - confirmé con cautela.

Él se quedó un momento en silencio, y a mí no me gustaban los silencios de Bob, siempre traían consigo una petición que me costaba demasiado eludir. Cuando volvió a hablar, la palabras salieron con estrepito, mientras la llamada en espera se volvió a hacer presente.

- Ve Isabelle, pasado mañana te espero, con alguna de esas fotos.

Alcancé a abrir la boca, para intentar oponerme a ello, pero Bob había sido más astuto y había cortado la llamada, dando paso de inmediato a la que estaba en espera.

- Al fin – escuché a Tom, y no fui capaz de hablar de inmediato - ¿estás lista?

Suspiré.

- Sí, lo estoy… - intenté sonreír.

Minutos más tarde íbamos de camino al restaurante.

- Vas muy callada – me habló Tom

Lo miré algo extraviada. En mi cabeza no dejaban de sonar las palabras, Tom, hermano, fotos y lío, unas tras otras, como si se tratara de una procesión.

- Lo normal… creo… - respondí.

- ¿Normal?... – preguntó – ¿desde cuando es normal que no hables?

- ¿Me estás diciendo habladora? – le dije intentando hacer de esta conversación algo divertido.

Pero bien sabía yo que sí que era habladora, y que el dolor de cabeza que ahora mismo me estaba viniendo, era por culpa de eso.

- No, no… desde luego que no…- respondió él riendo.

Me quedé un momento mirándolo. Me gustaba mucho su perfil, y la sonrisa le daba un hermoso aspecto travieso. Poco a poco me fui enfocando en el problema que tenía. No veía factible alargar nuestra noche, aunque había sido mi idea inicial. Me sentía bastante decepcionada por ello, y creo que esa decepción se filtró en mi voz.

- Tom… - comencé a hablar. Él me miró fugazmente – mañana temprano tengo que hacer esas fotos.

- ¿Esas fotos? – preguntó como si no supiera de qué hablaba.

Me quedé un momento en silencio, y me mordí el labio. Al parecer Tom no sabía de las fotos que le haría a su hermano, y quizás eso fuera algo positivo para mí, aunque ahora mismo no sabía cómo.

- Unas fotos que haré mañana… - le aclaré.

- Mmm… dices que temprano… - habló, con aquella distancia que tomaba cuando los planes no salían a su gusto.

- Sí… - respondí en un susurro.

Tom se quedó un momento pensando antes de responder. Y lo que dijo a continuación, no me lo esperaba.

- Me gustas Isabelle… pero no soy un hombre de esperar demasiado.

No podía ser más directo. Y si yo fuera un poco más puritana le habría tirado con el zapato por la cabeza, pero no podía ser hipócrita, yo tampoco pensaba esperar demasiado.

- Que conciso… - dije.

- Lo siento… - respondió – creo que es mejor decir las cosas como son.

- ¿La verdad aunque duela? – le pregunté mirándolo.

Él se sonrió.

- Algo así… - se encogió de hombros.

.

Me movía con toda la rapidez que me era posible, por mi habitación, buscando el zapato, recogiéndome el cabello. Me miré en el espejo y como no me daba tiempo a maquillarme ni un poco, lo único que hice fue pellizcarme un poco las mejillas, al fin y al cabo sólo era el hermano de Tom, y como no tenía interés en parecerle bonita, qué más daba ¿no?

Mi teléfono sonó en el momento en el que estaba de rodillas, mirando bajo mi cama el zapato que me pondría. Ponerse de pie era un martirio, no podría apoyarme en el pie lastimado, así que casi tuve que lanzarme boca abajo sobre la cama para tener algo de soporte. Metí la mano al bolso y contesté aún tirada sobre la cama.

- ¿Sí?

- Hola Isabelle… soy Bill, estoy fuera de tu portal – me anunció.

Maldición con estos alemanes, ¿no podían retrasarse aunque fuera por cortesía?

- Bajo enseguida – dije, intentando no parecer todo lo molesta que me sentía.

La noche anterior con Tom había salido dentro de lo esperado. Besos y caricias, que aunque me tuvieron más de una vez a punto de salvar la distancia entre su asiento y el mío en el coche, me mantuve en mi sitio. No podía pensar en que mi primera vez con él, fuese un meneo de quince minutos en el asiento de un coche, que yo era practica, pero un mínimo sentido del romance conservaba.

Me puse el zapato y me colgué el bolso con mi arsenal de fotografía, cruzado en el pecho.

En cuanto salí del portal, divisé el coche del hermano de Tom y aquel coche negro tras él. Vaya, este tampoco salía sin niñera.

Tomé aire antes de seguir hasta él, y cuando estuve a pocos pasos lo vi bajarse y dar la vuelta hasta el asiento del acompañante y abrirla para mí.

Este chico estaba teniendo gestos muy extraños. Quizás no sería mala idea contárselo a Helen y que hiciera aquella carta astral que me había ofrecido, de ese modo vería si este chico tenía un ascendente con Géminis, que lo convertía en un hombre tan cambiante.

- Hola… - sonreí amablemente cuando estuve a centímetros de él.

Parecía despejado, alegre, e incluso con un aire de frescura que no le había visto antes. Sus ojos maquillados sin tanto impacto como la vez anterior que lo fotografié, le daban a su rostro un toque juvenil e interesante.

Miré al suelo. ¿No podía estar analizándolo de ese modo?

- Hola… - susurré.

Quizás la que debía hacerse una carta astral era yo.

Cuando él me ayudó a subir, aunque ahora me era más fácil moverme, se acomodó ante el volante y me volvió a hablar.

- Tú me diriges.

- ¿Ah? – le pregunté y me encontré directamente con su mirada.

Había algo casi metafísico en sus ojos, una especie de respuesta a la vida misma, pero que había que descubrir. Quizás era incluso el mismo misterio que bordeaba los ojos de Tom, pero en los de este hermano no había un jardín invitando a la diversión. Sabía que había algo, pero aún no lograba revelarlo.

Dejó de mirarme, pero se enfocó nuevamente en mí casi de inmediato.

- Que tú me dices donde ir – me aclaró.

- Oh claro… - respondí inmediatamente.

Como podía estar tan ida.

Isabelle concéntrate, me dije antes de comenzar a darle indicaciones.

- ¿Es un sitio muy público? – me preguntó.

- Un poco, es un parque – le aclaré.

Asintió, como si estuviese considerando la información.

- Te gustan los escenarios naturales – afirmó.

- Sí… - respondí casi con timidez.

Nos quedamos un momento en silencio. Yo comencé a mirar el paisaje, no había indicaciones que dar, durante un par de kilómetros. Pero él habló.

- ¿A qué te dedicas cuando no estás sobre los árboles?

Lo miré. ¿Era eso un intento de conversación?

Me miró fugazmente, y luego sonrió, mostrándome el mismo hermoso perfil de Tom, con aquella sonrisa traviesa que no podía ser más exacta. Aunque me tomé un minuto más para observarlo, y en sus ojos, a pesar del maquillaje, podía notar una leve diferencia.

- Estudio historia del arte – respondí casi sin proponérmelo.

- Ya veo… - dijo en un tono especulativo que no se me pasó por alto.

- ¿Ya veo? – repetí buscando que me explicara.

Él había dejado de sonreír.

- Bueno… fotografía, historia del arte… no están muy lejanas una de otra – aclaró.

- Claro… - le concedí.

Mirando la carretera.

- Toma la siguiente salida – le avisé.

- Bien…

Observé un poco los detalles del coche. No había nada demasiado personal en él, por lo que no podría buscar datos de su personalidad.

Tomar las fotografías nos tomó bastante más tiempo del que esperaba. Cambiamos el escenario más de una vez, y aunque no tuvimos interrupciones, personalmente me esforcé por conseguir un buen material.

- Es un bonito lugar – dijo acercándose a mí, cuando estaba guardando la última lente en el bolso.

Nos encontrábamos en un uno de los puentes que cruzaban el río que había en el lugar.

- Sí… - acepté – mi padre me ha traído desde pequeña, para fotografiar pequeños rincones.

- ¿Tú padre es fotógrafo también? – continuó preguntando interesado.

De pronto noté que estábamos muy cerca, pero aquella cercanía me resultaba agradable, cálida, suave.

- No de profesión… - le aclaré cerrando el bolso – pero le encanta.

Él hizo un sonido suave de comprensión, y nos quedamos mirando el paisaje.

- Mi madre pintó ese puente – le conté sin saber por qué.

- ¿Tú madre pinta? – me preguntó, con entusiasmo, mirándome fijamente como si hubiese descubierto algo más.

Yo asentí con suavidad, mientras lo miraba a los ojos, y comprendía, que le había contado más cosas de mí a él, que a Tom. Pero lo que más me sorprendió, fue darme cuenta de que él me las había preguntado casi todas.

El corazón me dio un salto en el pecho, cuando noté sus ojos bajar hasta mis labios. Los entreabrí casi instintivamente, como si necesitara respirar, consumir el aire que mi cuerpo estaba reclamando.

- Ya es tarde… - dijo y creo que me costaba procesar sus palabras.

- Claro… - acepté, pensando que buscaba el modo de ser amable, para terminar con ese momento e irnos.

- ¿Podría invitarte a comer? – me preguntó, volviendo a mirar mis ojos.

¿Por qué me sentía tan impulsada a descubrir el secreto de los suyos?

- No sé si es una buena idea… - le contesté.

No estaba segura de que estuviese bien aceptar una invitación del hermano de Tom. Si bien era cierto que no había nada concreto entre nosotros, no me parecía una buena idea.

- Entiendo… - respondió él, como si adivinara exactamente lo que estaba pensando.

Y me sentí de pronto transparente ante sus ojos.

Se mordió el labio, con un gesto de contención. No estaba segura de si intentaba callar, o evitar hacer algo. Pero mis ojos bajaron a esos labios que si bien no tenían piercing, estaban resguardados por un lunar definido, que los hacía particularmente sensuales.

El corazón se me alteró más aún al darle forma en mi mente a la idea de besarlos. Y tal como antes, casi como si lo adivinara, se inclinó sobre mí y tomó mi labio entre los suyos, arrancándome un suspiro de asombro y de avidez, que me sorprendió incluso a mí. Cerré los ojos, y creo que entonces no comprendí la magnitud de aquella entrega, porque todo mi cuerpo se entregó, como si me sumergiera en una especie de sueño inconcluso, del que regresé, cuando él me sostuvo por el brazo, evitando que me cayera.

Apoyé la frente sobre su pecho. El vahído aún seguía ahí, recorriéndome lentamente como agua caliente.

Le susurré con voz temblorosa.

- Esto no se le hace a un hermano…

Lo escuché suspirar, y su voz retumbó en todo mi cuerpo, como un elixir hecho para el amor.

- No, no se le hace…

Continuará…

Uffff… casi salgo a darme tres vueltas corriendo a la manzana, de la intensidad de la energía que me dejó esta escena. A ver como se sienten luego de esto… No Bill, esto no se le hace a un hermano hombre… qué te ha enseñado tu mamá?...

Muchas gracias por todos sus comentarios, me encantan ¡!

Espero que les haya gustado, y que nos encontremos en el siguiente capítulo con el otro lado de la moneda…

Besitos.

Siempre en amor.

Anyara