¡Hola a todxs!
En primer lugar, quiero disculparme por la tardanza a la hora de actualizar esta historia. Entre el trabajo y mis oposiciones no tengo mucho tiempo libre últimamente, así que escribo en los escasos ratos libres que tengo.
En segundo lugar, quiero confirmar que NO abandonaré la historia. Nunca lo he hecho. Me he tomado algún descansos en momentos puntuales por razones personales, pero JAMÁS abandonaré un fic. Prefiero tardar más tiempo escribiéndolo y que os guste a que nunca sepáis el final. Estoy trabajando en los siguientes capítulos; aunque, como ya he dicho, no sé el tiempo que me va a llevar publicarlos. Así que de nuevo os pido perdón por tardar tanto en actualizar. Ya sabéis que me gusta publicar cuanto antes, pero a veces hay circunstancias que no nos dejan continuar con el asiduidad que nos gustaría.
De modo que aquí tenéis el capítulo siete. Las cosas empiezan a complicarse para nuestra súper pareja. Espero que disfrutéis este capítulo y esperéis con ansias el siguiente ;)
¡Nos leemos!
Adrien se quedó mirando a Ladybug, como si no creyera lo que ella le decía. Sin embargo, los cristales rotos a su lado, la ventana destrozada y la expresión desolada de su novia contrarrestaban cualquier duda. Habían secuestrado a su padre y ella no había sido capaz de detenerlos.
―¿Has visto quién era? ―fue su primera pregunta cuando recuperó un poco la voz y los oídos dejaron de pitarle.
Ladybug negó con la cabeza.
―Le daba la espalda a la calle y la lámpara, pero escuché su voz. Era una mujer―explicó ella, alzando el rostro para enfrentarse a la mirada perdida de Adrien―. Lo siento muchísimo. Te prometo que he intentado evitarlo…
―Lo sé―repuso Adrien con suavidad, sus ojos fijos en los de ella. A pesar de lo nervioso e inquieto que se sentía, la presencia de Ladybug le relajaba un poco―. No ha sido tu culpa.
Ladybug cerró los ojos y dejó que Adrien le acariciara los brazos.
―Levántate, vamos―dijo él, tirando de ella sin ejercer demasiada fuerza―. Ten cuidado, no toques los cristales.
Ladybug obedeció y se refugió en los brazos de Adrien. Irónicamente, era él quien estaba consolándola a ella, cuando debería haber sido al revés. No obstante, a Adrien le reconfortaba tenerla entre sus brazos y eso era suficiente consuelo para él; al menos, hasta que descubriesen quién sabía que su padre estaba allí y cómo se lo había llevado.
―¿Me acompañas abajo? ―murmuró Adrien, rompiendo el silencio que se había instalado entre los dos― Quiero comprobar las cámaras de seguridad.
Ladybug le miró con una mezcla de sorpresa y confusión.
―¿No vas a llamar a la policía?
Adrien dudó.
―Si lo hago, toda la prensa se enterará de lo de mi padre―negó con la cabeza, resoluto―. No, lo mejor es que llevemos esto con la mayor discreción posible. Lo último que necesito es a Nadja Chamack pegada a la verja de mi casa.
Ladybug sonrió un poco y asintió. A pesar de la situación, Adrien estaba bastante sereno.
―¿Tienes alguna idea de quién puede habérselo llevado?
―Ninguna―admitió Adrien a regañadientes―, pero debe de ser alguien de dentro, alguien que conoce la casa perfectamente. Fíjate―señaló la ventana con una mano―, sabía a dónde tenía que ir. Si se hubiese equivocado de extremo, habría acabado en mi habitación.
Ella frunció la boca y el ceño, pensativa.
―Sí, tienes razón. Aunque eso significaría…
―… Que alguien nos ha traicionado, sí―suspiró Adrien, llevándose una mano a la frente―. Lo que no entiendo es por qué. ¿Qué gana llevándose a mi padre?
Ladybug se mordió el labio inferior, estrujándose el cerebro para intentar encontrarle un sentido a lo que había ocurrido. Habían secuestrado a Gabriel Agreste. Podrían haberse hecho con su hijo, que ahora era más importante que su padre, pero no. Se habían decantado por Gabriel. Y cuando ocurrían cosas como aquella, normalmente se pedía un rescate.
―Es demasiado extraño―susurró Ladybug, observando la escena del crimen con ojo crítico―. Si quisieran ponerte en el ojo de las cámaras de todo el país, solo tenían que infiltrarse para conseguir imágenes de tu padre aquí encerrado. Se habrían forrado con esas pruebas y habrían podido dedicar un mes entero a sus conjeturas.
―¿Quieres decir que no van a pedir un rescate? ―se aventuró a decir Adrien, notando cómo esa posibilidad, que era la mejor de las que se le habían ocurrido, se evaporaba poco a poco.
―Exacto―asintió Ladybug, girándose de nuevo para mirarle―. No les interesa el dinero. Así que debe de ser otra cosa.
Adrien maldijo por lo bajo, aunque no lo suficiente para que Ladybug no le escuchara. Ella se removió, incómoda y recordó entonces que aún seguía con el traje puesto.
Respiró hondo y le puso las manos en el pecho a Adrien para captar su atención.
―Creo que no vamos a descubrir nada esta noche―concluyó, preocupada―. Lo mejor será que vayamos a descansar un poco y que, mañana por la mañana, empecemos a investigar.
Adrien alzó una ceja.
―No sé cómo vamos a hacerlo…
―Sospecho que hay muchas formas, aguafiestas―replicó Ladybug, dándole un golpe en el hombro y separándose por completo de él―. Tengo que irme a casa, pero si necesitas algo, solo tienes que llamarme.
Adrien quiso protestar. Le dolía que ella pensara siquiera en dejarlo solo, sobre todo porque estaba seguro de que no iba a dormir en toda la noche. Aunque estaba agotado, su mente se encontraba más despierta que durante el día. No pararía de darle vueltas al tema hasta encontrar alguna posible solución y la presencia de Marinette, con o sin el traje, podría ayudarle a calmarse y a tratar de relajarse. Sin embargo, ella prefería irse. Estuvo tentado de pedirle que se quedara, que le ayudara a desconectar, pero luego recordó sus reproches y cómo ella se quejaba de que no la dejaba decidir lo que quería hacer.
Por mucho que le doliese, debía dejar que se marchara a casa.
―De acuerdo―dijo finalmente, tratando de sonar despreocupado―. Avísame cuando llegues a casa, por favor.
Ladybug sonrió con dulzura.
―Estaré bien. Todo irá bien―ella se puso de puntillas y le dio un casto beso, nada que ver con la manera en que sentía que le devoraba minutos antes―. Intenta descansar, Adrien, por favor.
―Lo haré…
―Si no lo haces, me enteraré―le advirtió Ladybug sin perder la sonrisa, caminando hacia la ventana rota.
―Plagg es un traidor―masculló Adrien, haciéndola reír.
―Buenas noches, Adrien―se despidió Ladybug, lanzando su yo-yo a una farola cercana.
Adrien se quedó mirándola, embobado.
―Buenas noches, my lady.
Ladybug le guiñó un ojo y salió volando por la ventana, la misma que Gabriel Agreste acababa de cruzar.
… … … …
Ni Marinette ni Adrien pudieron pegar ojo en toda la noche. Estuvieron enviándose mensajes de todo tipo, lo que fuera para mantener la mente ocupada y no pensar en todo lo que había ocurrido la noche anterior. Aún estaba pendiente la charla sobre su relación, pero tras el secuestro de Gabriel las cosas habían cambiado. La prioridad de ambos era encontrar al famoso diseñador de moda y, para ello, habían llegado a la conclusión de que necesitaban al mejor equipo del mundo.
Alya fue la primera que respondió al mensaje de S.O.S. Se presentó en casa de Marinette a las dos horas, a eso de las once de la mañana. Los padres de Marinette estaban bastante ocupados en la panadería, ajenos a los problemas de su hija, así que tenían vía libre para hablar tranquilamente de cualquier cosa.
Sin embargo, lo primero que hizo Marinette al ver a su mejor amiga fue lanzarse a sus brazos y ocultar la cara en su hombro. La había echado tanto de menos… Alya, por su parte, le devolvió el abrazo, sorprendida.
―Menudo recibimiento, chica―comentó, cogiéndola por los hombros―. ¿Estás bien?
Marinette apretó los labios, aguantando unas inesperadas lágrimas que amenazaban con destruir su compostura.
―Vamos, anda―la guio Alya, llevándola de vuelta al dormitorio.
Tikki salió a saludar a Alya con alegría y esperó a que las dos amigas se sentaran en la chaise longue de Marinette para acomodarse junto a su dueña.
―Bien―dijo Alya, dando una palmada―. ¿Qué te parece si me cuentas primero lo de tu suegro y luego pasamos a por qué tienes esas ojeras tan gigantescas?
Marinette paseó los ojos por la habitación, que apenas había cambiado a lo largo de los años. La única diferencia era que ahora había varias fotos de ella con Adrien, además de unas cuantas con Alya y Nino, principalmente.
―Lo de Gabriel ya lo sabes―habló por fin Marinette, dando un largo suspiro―. Adrien lo resumió perfectamente en el mensaje: oímos un ruido, fui a investigar y encontré a una mujer con Gabriel. No le vi la cara, intenté evitar que se lo llevara, pero se largó por la misma ventana por la que entró.
―¿Y habéis estado toda la noche hablando del tema? ―inquirió Alya.
Marinette cabeceó.
―Más bien, evitándolo―admitió―, aunque al final tuvimos que admitir que no podíamos hacer nada sin vosotros―Marinette fijó los ojos azules en los castaños de su amiga, seria, sombría―. Si no queréis ayudarnos, lo entenderemos. Gabriel es asunto nuestro, no estáis obligados a hacer nada que no queráis.
Alya alzó una ceja.
―No vuelvas a insinuar que vamos a daros la espalda, nena. ¿Entendido? ―y la amenazó levantando un dedo― Ni una estupidez más, o te juro que cojo este cojín―se hizo con uno de los que había a su espalda― y te lo meto por…
―Vale, vale―intervino Tikki, riéndose.
Marinette la imitó, dejándose caer sobre el regazo de Alya.
―En serio, tía, ¿se te ha fundido el cerebro o qué?
Marinette negó con la cabeza. Alzó la vista hacia su amiga y se encogió de hombros.
―Es que… Bueno…
Alya suspiró y, tras cerras los ojos un momento, le dirigió a Marinette una mirada llena de significado.
―¿Tiene eso algo que ver con el comportamiento de Adrien últimamente?
Una de las cosas que más le gustaban y le fastidiaban al mismo tiempo de Alya era su capacidad para captar las cosas y para expresarse. Tenía un don, no en vano estaba estudiando Periodismo. Y, a pesar de los años que llevaban conociéndose, Marinette seguía sin saber esquivar sus insidiosas preguntas, que tocaban los puntos más débiles de los problemas y hacían que le doliera la cabeza tras un interrogatorio.
Marinette decidió que debía hablar ahora o nunca, así que se enderezó, cogió el cojín que Alya aún tenía entre las manos y lo apretó contra su pecho.
―Ayer hablé con él en la fiesta―empezó a decir con un hilo de voz―. Le dije todo lo que sentía…
―¿Todo? ―la interrumpió Alya― ¿Incluso lo mucho que odias que haya fotografías de él con algunas modelos pululando por ahí? ¿No se da cuenta del daño que te hacen esas cosas?
―Es su trabajo, Alya―repuso Marinette, aunque era una frase que repetía más por costumbre que por auténtica confianza en sus palabras―. Es modelo y empresario y no voy a tenerle encerrado como hizo su padre. Es una persona muy famosa, es lógico que cualquiera quiera tener una foto con él.
Alya bufó.
―Cualquiera, no, solo las chicas dispuestas a romper una bonita pareja por egoísmo. A ver―Alya levantó un puño―, ¿cuántas veces te ha defendido en público?
Marinette se encogió de hombros.
―Bueno, cuando dijo que se ponía al frente de la empresa…
―Vale, esa fue la primera. ¿Recuerdas la segunda?
No hacía falta quebrarse la cabeza para saber la respuesta a esa pregunta. De hecho, el silencio fue suficiente para que Alya bajar la mano, aún con el índice en alto.
―¿Lo ves?
―Adrien amenazó con emprender acciones si me hacían fotos o me perseguían―le recordó Marinette, tratando de defender a su novio de las argumentadas acusaciones de Alya.
―Sí, pero eso fue el año pasado y la gente suele olvidar lo que le conviene. Los paparazzis han cumplido y no se han acercado a ti, pero no dejan de mencionarte en sus programas del corazón, no dejan de verter informaciones falsas sobre los dos. Tal vez a Adrien le dé igual que se pasen el año hablando de él, pero debería entender que tú no has vivido bajo el objetivo de una cámara toda tu vida. Debería entender que estas cosas te afectan, más aún si se comporta como un creído superficial...
―Basta, Alya―la interrumpió Marinette, molesta.
Su amiga se mordió la lengua, pero por su expresión Marinette sabía que estaba deseando continuar con su discurso. No era que Alya no sintiera cariño por Adrien, sino que Marinette era más importante para ella que su amigo, sobre todo porque sabía lo mucho que su mejor amiga había sufrido por el joven Agreste y las ilusiones que ella se había hecho respecto a su relación. Si bien Adrien no la descuidaba, tampoco la trataba como se merecía.
Y eso era lo que a Marinette le costaba admitir, incluso para sí misma.
―Creo que Adrien se ha dado cuenta de todo lo que ha hecho mal―añadió Marinette con más calma, tras unos segundos en silencio―. Y eso es bueno, pero ahora mismo tenemos otras cosas en qué pensar.
―Tu relación con Adrien es parte del problema, Marinette―repuso Alya, seria―. Sois Ladybug y Chat Noir, aunque él se empeñe en no volver a ponerse el traje; los más poderosos de todos. Si vosotros no estáis unidos, el grupo se desintegrará.
Marinette no dijo nada. No estaba segura de que Alya tuviera razón, pero tampoco tenía ningún motivo para pensar que no estuviera en lo cierto.
―Entonces―dijo finalmente, decidiendo que ya habían hablado suficiente de su vida amorosa―, ¿nos ayudaréis?
Alya esbozó una media sonrisa y asintió una sola vez con la cabeza.
―¿Cuándo empezamos?
