Como siempre nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la autora de la historia es Hopesparkles, yo solo la traduzco.
Y gracias a mi compañera de armas, mi amiga y Beta Erica Castelo por seguirme soportando :P
Café. La única cosa que a Bella le gustaba más que despertar con el aroma del café, era despertar con el aroma del café frente a la playa. Sus ojos no estaban abiertos, pero sus otros sentidos estaban completamente alerta. El aroma del café desde la cocina, y el aire salado afuera de su ventana, el suave zumbido del ventilador de techo al girar encima de ella, la sensación de las sábanas frías cuando estiró sus piernas.
¿Sábanas frías? Bella abrió rápidamente los ojos y se fijó en el espacio vacío junto a ella. El espacio vacío que había esperado que Edward ocupara.
Anoche estaba atónita cuando él había hecho su declaración. La deseaba, ¿pero cómo la deseaba? ¿Cómo amiga? Habían sido amigos por años, y él nunca había dado indicación que deseara más de ella. ¿O no había visto las señales? Y si él deseaba más, ¿ella también?
Su cabeza comenzaba a doler mientras consideraba todo lo que había pasado. El resto de la noche había sido romántica y placentera. Él le había pedido que bailaran, después de eso, se sentaron en el columpio doble, disfrutando de la música y el sonido de las olas. Se habían ido a la cama, acurrucados juntos y adormecidos. Él no había intentado besarla, o incluso decir algo más para discutir más extensamente la evidente atracción entre ellos. Pero, por otro lado, ella tampoco.
Y ahora, despertó sola, preguntándose qué le esperaba esa mañana. Echando el edredón a un lado, se levantó de la cama y agarró su traje de baño antes de encaminarse al baño para preparase para el día. Habían decidido pasar sin prisa la mañana del domingo en la playa antes de aventurase por la tarde a algunos de los mercados de agricultores locales, optó por prescindir de la ducha hasta que regresaran de la playa.
Una vez que se sirvió una taza de café, Bella reunió algo de fruta, quesos, galletas saladas y agua embotellada y todo lo metió en una pequeña hielera sobre la mesa. Mirando por la puerta lateral, podía ver a Edward en la playa, haciendo sus estiramientos antes de correr. Envidiaba su fuerza de voluntad para levantarse y correr. Ella no lo había intentado desde que estaban aquí. Temía el esfuerzo que requeriría de ella el volver a esa rutina cuando llegaran a casa
Casa. Cerró sus ojos y respiró hondo al considerar lo que eso podría significar. Su casa estaba en Seattle. La de Edward estaba en Nueva York. Nunca había hablado de lo que sucedería cuando regresaran… a casa. No podía creer que su hubiese precipitado a este matrimonio sin considerar todas las repercusiones. Esa no era ella en lo absoluto. Siempre planeaba cada decisión, cada movimiento, antes de hacerlo. Pero esta vez no. No, esta vez lo había hecho sin pensarlo y tomando el riesgo.
Bella no podía negarlo… se sentía bien. Tal vez porque era Edward y confiaba en él. Tal vez porque estaba cansada de siempre ser la responsable. Tal vez porque, en el fondo, era lo que ella quería…
Su respiración se detuvo cuando reparó en ese pensamiento. ¿Era lo que ella quería? Se sentía cómoda con Edward. Lo quería muchísimo, y había estado terriblemente prendada de él cuando era más joven. ¿Pero en verdad quería esto?
"¡Ugh! Deja de pensar, Bella. ¡Estas son vacaciones y se supone que tienes que estar relajada!" Sacudió su cabeza, agradecida de que Edward no estuviera cerca para escucharla mientras aclaraba sus pensamientos. Arrojó el protector solar dentro de la bolsa de playa y salió por la puerta.
Extendiendo su toalla junto a la de Edward y quitándose sus sandalias, Bella se sentó y comenzó a aplicarse el protector sobre sus piernas. Cuando una sombra cayó sobre el extremo de su toalla, levantó la vista para ver a un muy mojado Edward. Él le dio una sonrisa malvada antes de inclinarse hacia el frente, sacudiendo el agua de mar de su cabello, dejando caer las frías gotas de agua sobre Bella, riendo mientras ella chillaba y daba manotazos a sus piernas.
Él reía cuando se sentó detrás de ella, estirando sus largas piernas a cada lado de las de ella. Exprimió protector solar sobre sus manos y empezó a frotarlo en su espalda y hombros.
"Gracias. No puedo creer que hasta ahora haya logrado escaparme de una quemadura de sol." Su piel pálida por lo general se freía cada vez que tenía una exposición prolongada al sol. Había sido diligente aplicándose el protector, sin querer sufrir una quemadura.
Los dedos de Edward bajaron por sus brazos. "Aunque tienes un color dorado." La echó hacia atrás contra su pecho y la envolvió en sus brazos mientras ella se relajaba en su abrazo. Se quedaron callados observando las olas por unos minutos antes de que Bella se volviera y lo mirara.
"Edward, sobre lo de anoche…"
"¿Sí?" Él encontró su mirada y la sostuvo hasta que ella la desvió.
"Quería darte las gracias."
"De nada." Edward sabía que había algo más que ella quería decir. Esperó pacientemente, permitiéndole tiempo para reunir el valor para hacerlo. No le tomó mucho tiempo.
"Tengo algunas preguntas."
"Tengo algunas respuestas."
Bella mordió su labio y tomó una respiración profunda. Ella deseaba preguntarle desesperadamente sobre su declaración, pero no era lo bastante valiente como para comenzar allí. "Umm… ¿los anillos? ¿Puedes hablarme de los anillos?"
Edward sonrió y negó. La conocía lo bastante bien para saber que no le preguntaría sobre lo que dijo anoche. Se preocuparía y estaría ansiosa por ello hasta que lo soltara en un momento de pánico espontáneo. O lo analizaría y le daría muchas vueltas hasta que tuviera qué preguntar o no podría dormir. Bueno, si con esto es con lo que necesitaba empezar, él podía trabajar con ello. Al menos ella estaba hablando y no huyendo.
"La mañana de la entrevista, después de que accediste a casarte conmigo, fui con mi mamá y le pedí el anillo de mi abuela. Lo había estado guardando por años para mí. Le pregunté a Alice tu medida de anillo y lo llevé con un joyero. Fue muy fácil elegir las alianzas de boda a juego. Le di a Alice tu alianza después de que accediste a usar el diamante."
Bella bajó la vista a los anillos en su mano izquierda, girándolos suavemente.
"¿Algo más?"
Sus cejas se fruncieron, "¿Qué?"
"Dijiste 'preguntas'. ¿Hay algo más que quieras preguntar?"
Lo miró a los ojos por un momento, pero rápidamente apartó la mirada. Empujándose para ponerse de pie, ella sacudió su cabeza, "No, nada más por el momento. Voy a nadar un rato."
Edward atrapó su mano, manteniéndola en su lugar mientras le susurraba, "Solo tienes qué preguntar, Bella."
Le dio un apretón a su mano antes de soltarla y verla entrar al agua. La estaba debilitando, poco a poco, pero seguro. Pediría, o demandaría una explicación de él. Era solo cuestión de tiempo. El único problema era que el tiempo se estaba acabando. Se irían en unos días y se verían atrapados en el torbellino de la gira mediática, y la conocía bastante bien para saber que ella usaría la gira como una excusa para no enfrentar los sentimientos que estaban empezando a salir a la superficie.
La observó nadar por unos minutos antes de darse la vuelta sobre su estómago y estirarse sobre la toalla. En cuestión de minutos, estaba dormitando bajo la cálida luz del sol, una sonrisa de satisfacción en sus labios.
Frío. Helado. Edward se incorporó abruptamente ante la sensación de agua helada sobre su piel calentada por el sol. "Qué demonios…"
Bella se estaba riendo y cuando él se volvió para encararla, ella se puso rápidamente de pie y comenzó a correr. Por supuesto, su instinto natural fue perseguirla. La alcanzó sin problema, atrapándola por la cintura y tirando de ella hacia atrás contra su cuerpo. Ella estaba chillando mientras forcejeaba con él.
"Resistirte solo lo hará peor." Lo dijo en serio para sonar intimidante, pero su risa le restó efecto. Le dio una voltereta poniéndola sobre su hombro y le dio una fuerte nalgada.
"¡Edward!" Ella estaba riendo y agarrándose de la cintura de él tratando de enderezarse. Fue inútil, y segundos después, se sorprendió volando por los aires cuando Edward la arrojó a las olas. Ella salió a la superficie para encontrarlo riendo a carcajadas con el agua hasta la cintura. Cuando la siguiente ola los alcanzó, ella agarró su traje de baño y tiró con fuerza, casi descubriéndolo por completo antes de que él atrapara la cintura. Cuando se agachó para subirlos, ella brincó encima de él por detrás, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas en torno a su cintura. Arrojó todo su peso sobre él, tratando desesperadamente de empujarlo de frente hacia el agua.
"¡Oh, muchachita, en verdad no debiste haber hecho eso!" Edward levantó sus manos y la sujetó por los brazos mientras se doblaba súbitamente por la cintura. La lanzó desde su espalda, dándole una voltereta por encima de él y de vuelta al agua.
Sucedió muy rápido y tomó a Bella completamente desprevenida. Cuando subió, estaba escupiendo y tosiendo, pero seguía sonriendo. Edward extendió sus manos para estabilizarla, atrayéndola a su pecho, envolviendo un brazo alrededor de su cintura y quitando el cabello de su rostro con la otra.
"Te lo advertí, Bella. ¿Estás bien?"
"Tenía que intentarlo—" Su sonrisa se desvaneció cuando levantó la vista y lo encontró observándola con una expresión indescifrable en su rostro. Estaba tan cerca y era tan cálido, y ella se dio cuenta que no podía apartar la mirada. Los dedos de él tomaron su mejilla mientras su pulgar pasaba por su labio inferior. Ella no podía respirar.
"Solo tienes que pedirlo, Bella." Su voz fue baja y calmada.
Los ojos de ella se cerraron poco a poco mientras susurraba, "Por favor."
Su boca presionó contra la de ella antes de que pudiera recuperar el aliento. Sus labios fueron delicados, pero insistentes, mientras sus manos se enredaban en su cabello, sosteniéndola contra él. Ella se aferró a sus hombros, acercándolo al mismo tiempo que la lengua de él acariciaba su boca.
Edward no podía pensar en nada más que cómo se sentían los labios de Bella, su lengua, y su cuerpo pegado al suyo cuando bajó una mano hacia su espalda baja, pegándola por completo a él. Él sintió que las rodillas de ella se doblaban y envolvió su brazo con firmeza en torno a su cintura para soportar su peso al mismo tiempo que apartaba su boca a regañadientes de la de ella. Él pegó su rostro en la curva de su cuello mientras trataba de calmar su respiración y controlar su cuerpo.
Fue solo cuando la sintió temblando que él se echó hacia atrás para mirarla a los ojos. El miedo y la agitación que vio allí lo sorprendieron. Su voz fue baja y titubeante.
"Eres mi mejor amigo, Edward." Él escuchó lo que ella no dijo. Había cruzado una línea y temía que su relación fuera dañada. Al menos él podía tranquilizarla en ese respecto.
"Eso no va a cambiar, Bella." La atrajo a su cuerpo, sosteniendo su cabeza contra su pecho al dejar un beso en la coronilla de su cabeza. "Independientemente de lo que pase entre nosotros, eso no va a cambiar."
La abrazó por varios minutos, hasta que ella finalmente se apartó de su abrazo, sus ojos mirando a todos partes menos a él.
"Necesito una ducha. Y pensar."
Edward asintió y le dio un suave apretón a su mano antes de zambullirse de cabeza en la siguiente ola que se acercaba. Podía darle espacio y tiempo para pensar, pero no mucho más. El tiempo se les estaba acabando rápidamente y él temía que si no se daba algo pronto, perdería el progreso que había logrado con ella.
Él la había amado desde hace algún tiempo, pero no tenía idea de que ella sintiera algo más que amistad por él. Ahora sabía que sí. Lo había admitido inconscientemente, y de alguna manera, él tenía que conseguir que se diera cuenta de ello durante la semana siguiente.
***FTDF***
Pasaron el resto de la tarde en los mercados de agricultores y mariscos. Vegetales frescos y cangrejo siempre eran una buena opción, de acuerdo a Edward. Él se había puesto cada vez más inquieto al transcurrir la tarde, y a medida que se acercaban a la casa, Bella no pudo evitar preocuparse.
"Edward, ¿he hecho algo para molestarte?"
"¿Qué? ¡No! ¿Por qué piensas eso?" Edward la miró de soslayo antes de volver su atención rápidamente al camino.
"Pareces, no lo sé, tal vez… um…" No podía encontrar la palabra para ello. No parecía enojado, "¿… intranquilo?"
Edward suspiró, "Mis dedos están ansiosos. Necesito un piano."
Bella no había considerado que él necesitara ese desfogue. Para ella, escribir era su escape, a lo que recurría cuando necesitaba lidiar con algo. Sabía que Edward era igual, pero en su caso a veces era mucho más profundo. La música era su escape de todo. Ella se había apoyado en él esta semana, pero nunca consideró que lo estaba alejando de su droga de elección—su piano. Solo se necesitaba un minuto para que la inspiración llegara.
"Espera, entra aquí," señaló hacia un estacionamiento justo antes de su calle. Él entró y se detuvo, observando confundido como ella se bajaba del coche y entraba corriendo a la iglesia, cuyo estacionamiento estaban ocupando en ese momento.
Se ausentó por unos minutos, solo para regresar con una sonrisa de felicidad en su rostro. Abriendo la puerta de él con fuerza, Bella agarró las llaves y luego la mano de Edward, sacándolo del vehículo.
Se negó a responder sus preguntas, simplemente llevándolo al interior de la iglesia donde una mujer mayor los estaba esperando justo al entrar por la puerta. Bella se volvió hacia él emocionada, "Edward, ella es la señora Harris. Es la asistente administrativa del pastor aquí."
Edward le ofreció su mano, "Señora Harris, soy Edward Cullen. Es un placer conocerla." Miró a Bella con curiosidad, pero fue la mujer mayor la que habló.
"Edward, Bella me contó que están en su luna de miel." Cuando él asintió, ella continuó. "También me dijo que necesitas un piano. Eres bienvenido a tocar aquí cuando quieras. Trabajo desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, pero por lo general alguien está aquí también por las noches."
Él estaba más que entusiasmado mientras le agradecía. Ella le mostró en seguida donde estaban las luces y los dejó para que se pusieran cómodos. Una vez que se sentó frente al piano y pasó suavemente sus manos sobre las teclas, Bella dio una paso hacia atrás y sonrió.
"Me voy a ir a la casa y comenzar con la cena. Quédate tanto como quieras."
"Bella, gracias por esto." Él agarró su mano y la llevó a sus labios antes de presionarla contra su mejilla y encontrar los ojos de ella. "Tú me entiendes como nadie más."
Cuando soltó su mano, ella se dio la vuelta para irse, caminando lentamente cuando él empezó a tocar. Sus emociones estaban de pronto agitadas en su camino de vuelta a la casa. Las hizo a un lado el tiempo suficiente para descargar sus compras y comenzar la cena, pero cuando no tenía nada más en qué ocupar su mente, se vio forzada a enfrentar sus sentimientos que había estado ignorando desde ese beso en el agua esta mañana.
Si fuera honesta, tendría que admitir que esos sentimientos habían aflorado mucho antes de ese beso. De hecho, parecían haber estado allí desde hace mucho más tiempo. ¿Pero valía la pena el riesgo? Si lo que sea que estuviera pasando entre ellos no durara, ella perdería mucho más que solo su mejor amigo. Perdería a su familia. En realidad, eso era lo que eran los Cullen para ella—familia. Pero por más aterrador que fuera el considerar perderlos, la idea de perder a Edward era casi devastadora.
Su cabeza daba vueltas por la confusión cuando escuchó que la puerta se abría. Mirando por encima de su hombro, vio a Edward entrar en la habitación, sin duda más relajado de lo que había estado toda la tarde. Él le sonrió a medida que se agachaba y besaba su mejilla.
"Me siento mucho mejor. Gracias, Bella."
"Me alegro. ¿Tienes hambre? Tengo todo listo así que solo necesito unos minutos para ponerlo en la mesa."
"Te ayudaré."
Trabajaron juntos en silencio, Edward recogiendo la fruta y ensaladas mientras Bella sacaba la charola de pasteles de cangrejo que se estaban calentando en el horno. Minutos más tarde, estaban cómodamente sentados frente a la mesa, comiendo en un silencio agradable. Como se había hecho rutina, una vez que Edward había consumido la mayor parte de su comida, comenzó con las preguntas.
"Entonces, cuando escribes un diálogo, ¿haces referencia a conversaciones de la vida real, o los creas de acuerdo a la trama?"
"Ummm… un poco de ambas, supongo. Me refiero a que, la mayoría tienes que crearlo para que encaje con la trama, pero uso algunas líneas geniales que he escuchado o dicho antes. ¿Por qué lo preguntas? ¿Has reconocido algunas de tus palabras en mi escritura?"
"Más de lo que crees." Las palabras de Edward fueron un murmullo mientras fruncía el ceño y empujaba un poco de ensalada en su plato con su tenedor.
"¿Estás—Edward, ¿estás molesto por eso?"
Dejó caer su tenedor y la miró a los ojos, los suyos abrasadores por su intensidad, "¿Has leído ese libro?"
Sus ojos se ampliaron, y soltó una carcajada casi incrédula, "Lo escribí, ¿recuerdas?"
Él se inclinó hacia delante, haciendo su plato a un lado y colocando sus manos sobre la mesa, "Sí, ¿pero lo has leído? ¿Tomarlo como una historia y leerlo completo?"
"No necesito leerlo. Sé lo que dice."
"Quiero que lo leas, Bella." Él estaba de pie ahora, paseándose de un lado a otra detrás de su silla.
Bella se estaba poniendo inquieta también, "¿Qué tiene mi libro que te ha afectado tanto, Edward? Todos los días me interrogas, preguntándome sobre tramas, personajes y detalles en los que no había pensado desde la edición. ¿Qué sigue? ¿Estás revisando también mi gramática?"
Edward agarró el libro y lo sostuvo en alto, agitándolo con fuerza a medida que su voz se elevaba un poco, "¡Somos nosotros, Bella! ¡Conversaciones que hemos tenido, lugares en lo que hemos estado juntos, peleas, bromas, todo! ¡Escribiste nuestra historia! Dime, ¿cómo escribes con esa pasión, con ese amor, si no es una parte de ti?" Arrojó el libro sobre la mesa frente a ella. "Léelo Bella, porque me capturaste a la perfección en esas páginas."
Saliendo de la casa, Edward azotó la puerta detrás de él y se dirigió hacia la playa. No había querido que sus emociones se apoderaran de él, pero al parecer su corazón se abrió sin su consentimiento. Ciertamente no había tenido intención de lastimarla, pero la expresión en el rostro de ella cuando salió furioso pareciera indicar que lo había hecho. Tomó una respiración profunda, frotando sus manos sobre su rostro y pasándolas por su cabello mientras estaba sentado en la arena. Por un momento, admiró las estrellas y la luz de la luna reflejándose en el agua y deseaba compartirlo con Bella, abrazándola contra su cuerpo mientras escuchaban las olas.
Siempre había leído sus libros y pensó que sería divertido el que lo discutieran mientras pasaban tiempo juntos. Pero en el momento que comenzó a leer, pudo verlo. En cada frase, cada palabra. Era su historia, con algunos de los detalles alterados. Y lo que había estado desesperado porque ella comprendiera desde hace días ya – era que ella lo amaba. No había posibilidad de que pudiera escribir la emoción, el amor puro que se encontraba en esas páginas, si no fuera también una parte de ella. Ya había reconocido que no amaba a Jake, ¿pero se daría cuenta de su amor por él?
Después de un rato, Edward se puso de pie y comenzó a caminar por la playa, siguiendo las luces de las casas cercanas mientras trataba de aclarar su mente. Su frustración ya no era con Bella, sino consigo mismo por ser impaciente e incapaz de esperar por el momento oportuno. En vez de eso, había arremetido contra ella cuando no comprendió de inmediato la razón de sus preguntas. Tal vez ya había destruido cualquier esperanza que tenía.
Dentro de la casa, Bella se quedó sentada por varios minutos, mirando fijamente la portada de la novela al mismo tiempo que trataba de entender lo que acababa de suceder. Habían compartido un día perfecto y una agradable comida juntos y repentinamente había explotado en cuestión de segundos.
Empujando su silla de la mesa, Bella se levantó y cogió el libro de la mesa donde Edward lo había lanzado. Llevándolo con ella, se sentó en el sofá y miró por la ventana para ver si podía ver a Edward. Lo único visible era la luz de la luna y sus reflejos en el agua. Volvió sus ojos hacia el libro en sus manos, su ceño fruncido en concentración como si fuera a hablar en voz alta para ella si se concentraba lo suficiente. Respirando hondo, abrió la cubierta y por varias páginas comenzó a analizar las familiares palabras.
Casi tres horas más tarde, Edward todavía no había regresado y Bella era un desastre. Tenía rastros de lágrimas en sus mejillas y manchas con restos de su máscara de pestañas. Sus ojos estaban rojos e hinchados y en momentos, le era difícil respirar. Era cierto, había escrito su historia. ¿Cómo no lo había visto cuando se llevaron a cabo las ediciones? ¿Cómo no se había dado cuenta que su simple enamoramiento hace mucho se había convertido en un amor duradero hacia su mejor amigo?
Obviamente, Edward lo había reconocido. ¿Estaba frustrado con ella porque había escrito algo muy personal, o porque nunca se lo había dicho? ¿O su ira contra ella era simplemente porque no podía corresponder a sus sentimientos? Él definitivamente parecía sentir algo por ella. Se acercaba la medianoche y él seguía ausente. A Bella le preocupaba que incluso cuando volviera, las cosas entre ellos habrían cambiado irrevocablemente.
Pasaron otros treinta minutos y Bella estaba demasiado agotada para mantener los ojos abiertos por más tiempo. Se cambió a una camiseta suave sin mangas y pantalones cortos y subió a la cama, haciéndose un ovillo y tratando, en vano, de evitar derramar más lágrimas.
Mmmm sí, ya sé, ya sé, es una tonta. ¿Cómo no se había dado cuenta de algo que ella misma había escrito? Pero sí puede pasar, y es obvio que ella estaba en algún tipo de negación, ¿tal vez por el temor de perder a su mejor amigo y su familia? En fin, al menos ahora ya se dio cuenta, pero es obvio también que estos dos tienes serios problemas de comunicación, se piensan mucho las cosas. ¿Resolverán esto? ¿Ustedes que creen?
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