Disclaimer: La trama es mía, los personajes de Steph, tenemos un pacto de sangre sobre Jasper, tho.
Sonríe, el Coco te está observando.
Summary: "El Coco, pensó. Lo habían nombrado de tantas maneras a lo largo de su existencia y esta era la que más le gustaba."
Vampiros. OoC. Bella&Edward.
Capítulo 7: Sorpresa.
— ¡Que no, Emmett!, ¡tú no puedes ser Santa!
Una vez más Isabella peleaba con Emmett acerca de su personaje. Emmett, encantado con el berrinche de la niña, la molesto aún más. Ver a la pequeña Bella echar humo no tenia precio. Habían pasado años desde la primera presentación que habían tenido, donde Isabella se había tragado a la fuerza las palabras del corpulento vampiro, pero no ahora, no cuando ya no era esa pequeña niñita de cinco años que asistía al jardín de infantes.
¡Tenía nueve ahora!
— ¡Claro que lo soy! —chilló Emmett, alzando sus manotas al aire, fingiéndose estar herido— ¿Dudas de mi, pequeña? —le preguntó, poniendo esos ojos de borregos y el infantil puchero que la pequeña castaña tanto odiaba. ¡No podía resistirse a ellos!, Isabella frunció el ceño y se cruzó de brazos. Esta vez debía resisitirse a los encantos de Emmett, esta vez no iba a caer.
— ¡No dudo de ti!, pero… —Bella suspiro y miro el techo. ¡Ya tenía nueve años!, todos sus compañeros aseguraban que habían visto a sus padres esconder los regalos en algún lugar del armario y luego decirles que Santa los había traído. Si bien ella nunca había pillado in-fraganti a su adorada madre, le era realmente extraño que ya varios de sus amiguitos alegaran lo mismo. Algo debía pasar allí, ¿no?
— Dime, azucarito, ¿quién te trajo esa bicicleta que tanto querías?
La niña frunció sus labios cuando Emmett soltó eso. Cuando cumplió los siete le pidió a Emmett una bicicleta azul que había visto en un escaparate cerca del centro comercial de Seattle, una vez cuanod fue de paseo con su madre. La bicicleta llegó, exactamente la misma que había pedido, incluso y Renée se había sorprendido cuando apareció en la puerta de la casa con un gran moño rosa para Navidad, sin contar la montonera de ropa que le esperaba en el armario cortesía de Alice.
— Si, bueno, pero…—Emmett soltó una gran carcajada y se acomodo al lado de Bella, sobre la cama. Isabella aún se encontraba insegura, había visto muchas películas sobre navidad y Santa Claus. ¡Emmett no se le parecía ni una pizca! Era verdad que nunca nadie había logrado ver a ciencia cierta al hombre que vivía en el polo norte, pero todo lo era tan confuso. El juguetón vampiro tomó a Bella en sus brazos y la sentó sobre su regazo, causando un adorable sonrojo en las mejillas de la niña.
— ¿Y qué hay del año pasado?, pediste esa extraña colección musical. Déjame decirte que las niñas de tu edad no escuchan esas cosas, pero no dije nada, ¿y qué pasó?, ¡te llegó todo! —Bella se ruborizó nuevamente. La colección la pidió para su madre, The Beatles eran sus favoritos. Ella también los prefería, todo menos Hannah Montana como sus compañeras estaban acostumbradas— ¿Aun dudas de mi, pequeño bombón? —Emmett sonrió al ver la cara de la niña, estar más roja era imposible, pero amaba llamarla con cada apodo que se le ocurría porque ese adorable tono carmín que adornaba sus mejillas era de lo más tierno.
— No, Santa —refunfuño Bella en un bajo volumen de voz. Emmett sonrió y desordeno su cabello, haciendo que la pequeña niña inflara sus mejillas— ¡Emmett! —chilló, mirándolo con el ceño fruncido mientras arreglaba su cabello con sus pequeñas manitas.
— Lo siento cariño, sabes que tu cabello es irresistible —Bella rodó sus ojos ante lo absurdo de aquel "cumplido".
Isabella se puso de pie súbitamente y miró al joven vampiro con los ojos entrecerrados. Emmett copio su gesto y entrecerró sus ambarinos ojos. Chocolate y topacio en una silenciosa e inocente pelea. Bella sonrió y se cruzo de brazos, mientras pensaba en cómo hacerle la pregunta a Santa. El inmortal se estremeció cuando vio la sonrisita pedante que la niña tenía, su hermana Alice había sabido cómo enseñarla sus técnicas de persuasión.
— Emmett… ¿Dónde está la señora Claus? —el vampiro enmudeció.
Rose, pensó, mientras rascaba su nuca.
Su mujer quería conocer a la niña, mas nadie sabía ese secreto que tenía tan oculto. La rubia vampiresa no era muy dada a expresar sus emociones, la gente a su alrededor pensaba que por su naturaleza fría y déspota, sin embargo Rosalie, a pesar de tener la apariencia de una tigresa, en el fondo de su corazón era una pequeña gatita doméstica. Emmett lo sabía bastante bien. Su Rosalie al ser vampiresa se le había quitado la oportunidad de poder ser madre, algo que la mujer había anhelado desde siempre.
La pequeña Isabella era la esperanza que Rose necesitaba.
...
La despampanante vampiresa de cabellos dorados se encontraba sentada en el alfeice del gran ventanal que adornaba su habitación, cepillaba su largo cabello despreocupadamente mientras su vista se perdía por sobre los picos de los pinos que revestían el bosque frente a ella. Suspiró al escuchar un ruido, tal vez a unos cuantos metros de distancia. Dejando el cepillo de lado se preparó para lo que venía, mirando directamente a la puerta de su recamara. La blanca puerta reboto contra la muralla cuando fue abierta de un tirón, Rosalie puso sus ojos en blanco y se cruzó de brazos, esperando.
— ¡Quiere conocer a la señora Claus!, ¿sabes qué significa eso, Rosie? —una casi imperceptible sonrisa adornó los rosáceos labios de la rubia, trató de hacerse la indiferente, y sin más alzo una ceja y miró a su esposo con suficiencia.
— ¿Cuántas veces te he dicho que no golpees así la puerta? —espetó con voz contenida, tratando por todos los medios de alejar la alegría que crecía en su pecho. La sonrisa de Emmett aún seguía pasmada en su rostro, se acerco de una zancada a su esposa y la tomo en sus brazos.
— ¡Al fin conocerás a la pequeña Belly!, ¿ves?, te dije que…—Emmett se quedo callado súbitamente y dejó a Rose en el suelo nuevamente, su cerebro recién había empezado a procesar las palabras de Rosalie, la miro con el ceño levemente fruncido y habló con confusión— ¿La puerta? —le preguntó desconcertado— ¡Te acabo de decir que la niña quiere conocerte y tú me dices algo de la puerta! —el corpulento hombre se cruzó de brazos enfurruñado, sin poder creer que su querida esposa no estuviera emocionada con todo esto.
Rosalie sonrió pronunciadamente, encandilando al vampiro por unos míseros segundos. Nunca se acostumbraría a tanta belleza junta, y a pesar de que muchos pensaran en su Rosalie como una persona fría, él conocía a la verdadera chica que estaba detrás de esa mascara. Y era un dulce, esa chica era un dulce que solo el degustaba. Los ojos de Rosalie refulgieron con satisfacción, Emmett y Alice le habían contado maravillas acerca de la pequeña y luego de cuatro años finalmente tendría el agrado de conocerla.
— ¿Cuándo podré verla? —preguntó, haciendo acopio para acallar la emoción que sentía dentro y fallando completamente en el intento. Emmett soltó una atronadora carcajada, que se vio acallada por un gran rugido que sonó a lo lejos y que alerto a los vampiros presentes.
...
Cuatro años.
Día, noche, día, noche.
¿Qué hacer cuando no le estaba permitido ver a la razón de su existencia? Tuvo el impulso muchas veces de llegar a hurtadillas y tan solo velar sus sueños, desistió luego de que comprobó como Alice y Emmett se turnaban para hacer ese trabajo. Su trabajo. El odio crecía día a día en su interior, sus entrañas podridas llenas de aquel oscuro sentimientos que lo carcomía, consumiéndolo sin piedad. Odio hacia sí mismo, repulsión por ser él el único culpable de que aquel privilegio le fuera arrancado.
Cuando el joven vampiro de cabellos broncíneos supo que no solo dos de sus hermanos tendrían el placer de poder ver a la pequeña algo rugió en su interior. ¿Qué acaso no había sido suficiente castigo el mantenerlo alejado de ella por estos largos y solitarios cuatro años? Rosalie se sumaba a la cuanta de protectores de la pequeña, mientras que él seguía buscando a Jasper.
Jasper, pensó mientras corría desde su casa al bosque, luego del pequeño encuentro que habían tenido, no había habido ningún rastro de su persona. Era como si se hubiera convertido polvo, desvanecido de la faz de la tierra en un abrir y cerrar de ojos. El hecho de que su capricho por la joven madre hubiera acabado lo tenía descartado desde que inicio su búsqueda. El mismo Jasper le había dicho que no tenía apuro alguno y que esperar no era un impedimento para cumplir su cometido.
Algo planeaba y él estaría listo para detenerlo.
...
— Alice —las mejillas de Isabella se sonrojaron con el simple recuerdo. La vampiresa la miró con una dulce sonrisa plantada en su rostro, se acerco lentamente a ella y se posiciono en la silla continua a la de Bella.
— ¿Sí, cariño? —pregunto con ternura, aunque ya sabía de que venía todo esto. Bella retorcía sus manos sobre su regazo con nerviosismo, levanto sus achocolatados ojos y los clavo en los topacios de Alice, una sonrisa surco su infantil rostro.
— Uh, yo… Eh, ¿nunca más volveré a ver al Coco? —susurró, agachando su mirada nuevamente mientras su cara se tornaba de aquel color carmín que tanto odiaba. Alice soltó una musical risita, mientras seguía haciendo unas lindas trenzas en el cabello a la pequeña Bella.
— ¿Quieres volver a verlo? —le preguntó Alice, tratando de desviar la atención de aquella pregunta. Ella no era la indicada para decirle si o no. Bella volvió a jugar con sus dedos mientras pensaba en lo que Alice le había preguntado.
¿Quería volver a verlo?
¡Claro que quería!
No hubo una noche en la que perdieran la esperanza de que él saldría de entre las sombras y le hablaría dulcemente con esa aterciopelada voz.
— Uh, yo… —Bella asintió, sintiendo una vergüenza enorme. Alice sonrió con tristeza.
Edward también quiere volver a verte pequeña, pensó melancólicamente recordando a su hermano.
Terminó de hacer la última trenza y la amarro con un hermoso moño violeta que contrastaba con el cabello color chocolate de Isabella. Apreció su trabajo, dando el visto bueno a su peinado, su puso de pie y posicionó frente a la niña. Isabella la observaba sonriente, sus ojitos chocolates brillaban con la alegría que ella merecía. Alice se contagió con la luz que irradiaba la pequeña niña.
— ¡Listo! —chilló la vampiresa dando pequeños aplausos—, ahora, ¿estás lista para conocer a la señora Claus? —Bella asintió fervientemente mientras se ponía de pie apresurada. Alice alcanzo a agarrarla con sus manos antes de que la niña tocara el suelo debido a su gran torpeza . Calma, pequeña —le dijo, dándole un pequeño golpecito con uno de sus dedos en la punta de su nariz.
Alice y la pequeña Isabella bajaron al jardín trasero de la casa de la niña, ahí se encontraba un eufórico Emmett con una impaciente Rosalie. Cuando la pequeña cruzó el umbral de la puerta tomada de la mano de Alice, algo se inflo en el vacío pecho de la vampiresa de dorados cabellos al tener a la criatura más hermosa que sus ojos hubieran visto frente a ella. Alice se había tomado su tiempo vistiendo a la pequeña con un hermoso vestido color blanco, y unas pequeña flores de adorno en violeta.
Los marrones ojos de la pequeña se abrieron a más no poder. ¿Señora Claus?, la mujer que se encontraba frente a sus ojos parecía un ángel, el más hermoso de los ángeles. Bella sonrió con tristeza al recordar a su ángel, al cual había dejado de ver al igual que al Coco. Movió su cabecita haciendo que las trenzas volaran alrededor de su rostro, centro su atención en la joven que tenía allí: una muchacha con un hermoso cabello con ondas doradas que caía hasta la mitad de su espaldas, y esos ojos a los cuales se había acostumbrado con el tiempo, esos ojos como el oro fundido que la miraban embelesados.
— Hola, hermosura —Rosalie sonrió abiertamente mostrando su perfecta dentadura. Bella se sonrojo por el apelativo y le regaló una tímida sonrisa— Soy… Soy la señora Claus —soltó entre dientes Rosali— Pero tú puedes llamarme Rose —Bella asintió y dio un pasito frente a Rosalie.
— Hola Rose, soy Bella —dijo tímidamente, estirando su pequeña manita. Rosalie sonrió con ternura y se agacho hasta quedar a la altura de la niña.
— Encantada de conocerte, Bella — deposito un dulce beso en la mejilla de la pequeña.
La dulce escena duró solo unos escasos minutos.
En un pestañeo, Isabella tenia a tres vampiros agazapados frente a ella. El cuadro la tomó por sorpresa y soltó un pequeño chillido. Rosalie mostraba sus dientes amenazadoramente en dirección al bosque que se encontraba tras la casa de Bella. Alice siseo algo bajo su aliento, en uan velocidad solo apta para los oídos de sus hermanos, para que pasara inadvertido para Bella. Y así como el caos había aparecido en un cerrar de ojos, la calma volvió con la misma rapidez. Los vampiros se relajaron y volvieron a sus posiciones anteriores, Rosalie se acerco a la niña y le regalo una dulce sonrisa, mientras la tomaba cuidadosamente en sus brazos.
El corazón de Bella era igual al aleteo de un pequeño colibrí, se agarro fuertemente a la camisa de Rosalie, con la vista clavada en el bosque al igual que el resto. Alice y Emmett estaban relajados, incluso uno suave sonrisa se posaba en ambos labios. Edward salió entre los árboles, se veía demacrado y unas ojeras incluso más pronunciadas que las de sus hermanos adornaban el contorno de sus ojos.
— Alice, ¡Alice!, Jasper está… —las palabras murieron a mitad de camino con la visión que tenía frente a él. Ahí estaba ella, su niña, su pequeña Isabella en los brazos de su rubia hermana. Olvidó lo que iba a advertir, todas las palabras se fueron de su mente y sonrió inconscientemente cuando deparo en la grande que estaba su niña.
Bella se encontraba prendada de esos ojos que ahora le parecían más oscuros a como los recordaba, una gran sonrisa adornó su pequeño e hizo todo lo posible para que Rosalie la pusiera devuelta en el suelo. La vampiresa se lo concedió a regañadientes. Isabella comenzó a caminar cuidadosamente a donde se encontraba Edward, temiendo que fuera producto de su imaginación. Habían pasado ya cuatro largos años en los que no había visto ni siquiera su sombra, ¿qué tal si al estar bastante cerca este se esfumaba nuevamente? Un pequeño escalofrío recorrió el frágil cuerpo de la niña, cuando estuvo a solo unos centímetros de el alargo una de sus pequeñas manos. Edward se acuclillo frente a ella, dejando que Bella acariciara su mejilla dulcemente.
— Hola, Coco —susurró, temiendo que fuera un espejismo o un juego de su inocente imaginación. El de cabellos broncíneos sonrió y en un inesperado acto la tomó entre sus brazos, saboreando internamente el momento de finalmente tenerla entre sus brazos una vez más.
— Hola, cariño —murmuró besando la mejilla de la niña castamente— Ni te imaginas cuanto te he extrañado —Bella escondió su cabeza en el cuello del joven vampiro, suspiró al escuchar sus palabras y se aferró férreamente a su chaqueta.
— Yo también te he extrañado mucho, Coco —susurró de vuelta la pequeña niña. La dicha de Edward fue inmensa cuando esas simples palabras salieron de la boca de su pequeña.
— Vaya, vaya, vaya… ¡la familia está reunida! —ipso facto, Edward se tensó al igual que el resto de sus hermanos— Que imagen más tierna la que tengo frente a mi —Isabella levanto la cabeza de donde la tenia y se fijó en la persona que había aparecido en la escena, una sonrisa surco su rostro nuevamente y sus ojos brillaron con emoción.
¡Muchas cosas buenas le estaban pasando el día de hoy!
— ¡Ángel! —chilló emocionada. Jasper sonrió con dulzura a la niña.
— Sorpresa, pequeña —murmuro el vampiro, mirando con burla a aquellos que anteriormente solía llamar hermanos.
¡Buenas tardes!
Séptimo capítulo arriba, casi se me olvida subirlo XDDDD lo siento, ¡espero lo hayan disfrutado!
¡Nos estamos leyendo pronto!
Lamb.
