Notas: Nos excusamos por la demora, y a cambio, subiremos dos cap pronto. Uno hoy y el otro el viernes, como compensación ^^! Esperamos que disfruten de este ca.

Parejas: Dohko x Shion [Lemon], Kardia x Dégel (más maternales jaja)


Capítulo 7.

Pesadillas.

—x—

Después de adentrarse al templo de Aries, Dohko recostó con cuidado a Julieta en la cama de su protector. La colocó en una posición cómoda cerciorándose de no irrumpir los sueños de la chica. Después se extrajo su capa y con ella la abrigó con ese cuidado paternal bastante conocido en el santo. La observó dormir unos minutos como si fuera una especie de ángel guardián que velaría para que los sueños de Julieta fueran siempre tranquilos.

Unos instantes más tarde, la puerta se abrió dando entrada al santo de Aries anunciado su llegada.

—¿Por qué la abrigas con tu capa y no con la sábana, Dohko? —preguntó un poco sorprendido.

El santo de Libra observó a Julieta unos segundos antes de responder removiendo con cuidado uno de los mechones de la chica que se le despeñaba en los ojos.

—Será más cálido para ella.

Shion recordó el suceso cuando las chicas se aferraban a las capas de Albafica y Manigoldo, revelando por inercia una sonrisa que, Dohko compartió. Dejó la comida y el ramo de flores sobre una mesa que había junto a la puerta, y se acercó a la cama silenciosamente. Dohko lo observó sentarse a su lado luciendo una singular sonrisa.

—Tienes razón.

También se percató de un brillo elusivo que habitaba en la mirada de su compañero, un brillo que, no había visto en mucho tiempo. Tomó su mano con cautela.

—¿Qué ha pasado? —preguntó con suavidad.

Shion echó un último vistazo a Julieta para luego erguirse e irse fuera de la habitación, con Libra siguiéndole el paso. Caminaron hasta el salón principal del templo para tener mejor comunicación sin despertar a Julieta y, también, un poco de privacidad entre ellos al momento de hablar.

Shion se detuvo de repente girándose sobre sus pies quedando frente a frente con su amigo.

—Esas chicas... —empezó dudoso, mordiéndose ligeramente el labio inferior—: Han pasado por mucho dolor, Dohko. —Levantó la vista, y la gran tristeza que se ocultaba bajo su iris tomó sorpresivamente a su compañero—. Su pasado es…

—Shion... —Dohko acortó el pequeño espacio que los separaba y extendió sus brazos atrayéndolo en el proceso—, está bien.

Shion se abrigó en esos brazos con la familiaridad que se tenían, resignándose una vez más a dar paso a la aglomeración de sus emociones. Unas cuantas lágrimas lo traicionaron y la frustración que tanto intentaba contener por fin explotó, dando una fuerte erupción en los brazos de su compañero.

—Está bien, aquí estoy —añadió Libra acariciando aquel hermoso cabello rubio—. Desahógate.

Aries levantó la vista topándose con esos hermosos orbes color chocolate. Se acercaron cuando se acabaron las palabras; no había más que decir, simplemente se besaron con terneza. Dohko llevó una de sus manos a las suaves mejillas del carnero, propiciando una enorme sensación de calidez que se prolongó los posteriores minutos.

—Bienvenido, Dohko. —Logró sonreír aún con las lágrimas humedeciendo sus mejillas.

—Nuestra hija duerme, podemos jugar un poco en el baño. —Sonrió su compañero robándole el aliento nuevamente y dejando escapar una pequeña risa al mismo tiempo.

Shion sintió sus mejillas maquillarse de ese desagradable carmesí que sólo era la reacción instintiva cuando residía cerca de ese santo.

—Idiota...

—Serás una gran madre sin duda. —Rió Dohko suavemente ganando una vez más la conversación cuando las mejillas del carnero volvieron a arder.

—¡C-Cállate!

Dohko dejó salir otra diminuta risa, esas reacciones eran realmente sugestivas para él.

—Ya lo eres —confesó cuando Shion le empezó a guiar por los pasillos del templo.

Llegaron a la bastante amplia estancia con la familiaridad que les había dado el pasar buenos ratos ahí sin que nadie se enterara de sus cercanos encuentros en esa bañera. En realidad había sido a Dohko a quien se le había ocurrido darle un nuevo uso al amplio baño de Aries cuando, en cierta ocasión, el alegre Aldebarán decidió hacerle una visita repentina a Shion sin saber que Dohko había llegado primero y no exactamente con las mismas intenciones.

Dohko sonrió al recordar la preocupación de Shion por ser descubiertos. Luego se percató de que la bañera estaba llena e incluso percibió las esencias que a veces Shion traía de Jamir cuando visitaba su tierra natal.

—¿Anticipación, Shion? —le sonrió, y el aludido torció sus labios en una sonrisa casi invisible.

En realidad sólo había preparado la bañera en caso de que las hermanas la necesitaran. Bien sabía que las condiciones de los aspirantes a santos no eran las mejores; no que ellos por ser dorados tuvieran muchas comodidades, pero por lo menos cada quien poseía una modesta vivienda en su respectivo templo. ¿Quién diría que ese día en particular le daría otro uso? Ese pensamiento le hizo ampliar su sonrisa. Era mejor guardarse el verdadero motivo, ya que él le había prometido a su santo de Libra que le daría una gran bienvenida por su regreso.

Observando a Shion sumido en sus pensamientos mientras, se adentraban con lentitud al baño, Dohko tuvo la brillante idea de aventarse a la bañera sumergiéndose en ella.

—¡Dohko!

El impacto del salto y, el peso de la armadura encausaron parte del agua fuera de la tina. Donde en el reducido espacio de ésta, Dohko apenas cabía con las piernas flexionadas.

—Vamos, Shion. —Le extendió su mano invitándolo con esa provocadora sonrisa gentil.

Shion dudó un instante, pero le había prometido una bienvenida y acababa de decirle las palabras mágicas "bienvenido" en el pasillo, sin duda no podía dejarlo hasta ahí. Comenzó a retirarse la armadura con lentitud en la que Dohko saboreó el poder ver a su Aries desvestirse tras su ausencia prolongada. Pero la paciencia no era aún su más grande virtud y, en un impulso, jaló a Shion cuando éste terminó de retirarse la parte superior de la armadura.

El choque de metales resonó una vez más en el templo, sin embargo, esta vez se debió a la colisión de sus botas dentro del agua. Shion abrió los ojos de nuevo para toparse con la mirada juguetona de Libra, cuyas piernas habían quedado atrapadas entre las suyas.

—¿Quieres despertar a Julieta?

—No se despierta con nada —comentó Dohko divertido con la expresión de su compañero—. Desde que la acosté en tu cama no ha dado ni indiciosos de estar viva—agregó delineando los labios de Shion con su mano.

—¡¿Qué?! —Se exaltó el santo haciendo afán de levantarse con urgencia y asegurarse de que los indicios que Dohko juzgaba no fueran verídicos, pero el santo de Libra le tomó por la cintura abrazándolo firmemente.

—Es una expresión, Shion —reveló riéndose un poco y dejando en un estado de vergüenza a Aries—. Pero en serio, dudo que se despierte.

—Sólo para estar seguros... —Shion se agachó para acercar su rostro al de Dohko, donde dejó caer sus labios siendo recibido con una jovial alegría dándole la señal de "adelante" a su lengua al rozar la contraria.

Sin despegar sus labios, Dohko recorrió con sus manos las caderas de Shion en la medida que la armadura se lo permitía abriéndose paso para retirar aunque fuera un poco el pantalón y la ropa interior. Mientras tanto, Aries se encargaba de retirar con su habilidad de manipular las sagradas armaduras las piezas que obstruían el paso a sus manos sobre la espalda de Dohko.

—Shion... —murmuró éste en sus labios al sentir el masajeó a través de su espina dorsal.

Aries reiteró el beso para ahogar su gemido al sentir una mano escabullirse por su entrepierna y estimular más que sus sentidos con los delicados toques. Pensó en hacer lo mismo, pero antes de que pudiera moverse si quiera, Dohko rompió el beso y lo abrazó con fuerza hundiendo su rostro en el pecho contrario.

—Shion... —lo llamó alzando ligeramente su rostro para mirarlo—, te extrañé —confesó estrechando su cintura.

—Y yo a ti —susurró Shion en los cabellos de Dohko acunándolo en sus brazos.

—Déjame sentirte —pidió Libra alejándose lo suficiente para detallar el rostro de Shion—. Déjame mezclar una vez más mis cosmos con el tuyo.

Sin objeciones ni mucho menos vacilaciones, Shion le permitió la entrada a Dohko en su cuerpo con una ligera sacudida en lo que recordaba la sensación de ser ocupado por su compañero, de encender su cosmos con la llama compartida por el cosmos de Dohko.

Las respiraciones inestables pasaron a ser la melodía ambiental mientras sus cuerpos escalaban los peldaños al clímax sin prisas, saboreando la por ambos ansiada bienvenida.

Dohko trazó los rasguños en los brazos de Shion como si con su tacto pretendiera sanarlos por completo ante la falta de atención que Aries les daba por tener como prioridad salvar la vida de las armaduras que llegaban a su templo.

—Encontré... —Recordó Shion en medio de la aglomeración de pensamientos que pasaba por su mente cuando estaba tan cerca de Libra —, mi martillo en tu templo...

Dohko parpadeó un par de veces. No es que no hubiera notado que habían estado bastante tiempo en su templo, la destrucción parcial de su residencia era suficiente evidencia. Pero creyó haber escondido el artículo bastante bien, lo que no sabía, es que su escondite no representaba ningún oponente para la mayúscula curiosidad de Isabelle, que quizás superaba incluso a la de Regulus.

—Eh... Iba a decírtelo... —Quiso justificarse con una sonrisa de inocencia.

—Gracias... —Le sorprendió la sonrisa con la que Shion le retribuyó—, por preocuparte por mí...

Después de quedarse un tanto anonadado, dejó salir una risilla, feliz de que su hazaña hubiese dado tan buenos frutos y que Shion no le hubiera echado en cara la osadía de ocultar el martillo interrumpiendo su trabajo de alimentar a las armaduras. Aunque siendo sinceros, por lo regular su compañero era tranquilo y no tenía esos dotes de violencia. En realidad no dudaba que Shion escuchara los murmullos de las armaduras, pero a menudo le preocupaba que les prestara demasiada atención al grado de descuidarse a sí mismo.

—Alguien tiene que hacerlo. —Lo atrajo a su rostro en una caricia—. Ya que tú a menudo lo olvidas. —Entrelazó sus dedos con los de Shion y sus labios se unieron de nuevo en un beso intenso al sentir que sus cosmos acariciaban el clímax.

—Dohko... —Aries atinó a formar su nombre en la extrema cercanía de sus labios—, te amo.

—Y yo a ti —respondió retomando los labios de Shion para acallar su gemido mientras el agarre de sus manos se reafirmaba cuando las descargas placenteras terminaron de arder sus cosmos en el orgasmo.

Pasaron unos segundos en los que permanecieron en la misma posición intrincada disfrutando de los persistentes temblores que azotaban sus cuerpos, del poco oxígeno compartido que reciclaban sus pulmones, de sus cosmos consumidos por la explosión de sentidos reciente... Simplemente disfrutar de la presencia del otro.

Cuando al fin se separaron, ambos inhalaron el aire fresco que los regresó a la realidad de la bañera. Shion se dejó ir hacia atrás haciéndose espacio entre las piernas de Dohko para recargarse del lado paralelo a su compañero.

—Si cada vez que me vaya me vas a dar bienvenidas así, me iré más a menudo —comentó Dohko cuando al fin pudo respirar con normalidad.

Shion sonrió a los comentarios simples de su compañero; como siempre, hacía que la situación aligerará el gran peso que conllevaba.

—Salgamos —añadió levantándose—. Debemos cambiarnos y secar las armaduras. —Rió ante el medio puchero en la cara de su compañero que, al parecer, no era del bando de "limpia lo que ensucies"—. Acabas de regresar y tenemos una invitada, no te pongas exigente.

Dohko terminó riendo también mientras imitaba la acción de Shion para salir de la bañera.

Una vez que se retiraron apropiadamente las armaduras, compartieron comentarios triviales sobre la misión del santo de Libra mientras se secaban el exceso de agua antes de salir del baño en busca de ropa seca.

—En resumen, no me fue mal —concluyó cerrando la puerta tras la salida de ambos.

—Esperemos el veredicto del Patriarca —objetó Shion con un semblante bastante sereno para haber tenido una recién eyaculación en el baño—. Quizás él tenga una opinión diferente.

—Si me va bien, le pediré que no me mande lejos tanto tiempo. —Dohko le aprisionó contra la pared—. No me gusta estar lejos de ti.

Competieron un beso más en la aparente soledad del pasillo sin sospechar que Julieta había despertado extrañada de hallarse en una habitación que no conocía y acababa de aventurarse a abrir la puerta sólo para toparse, en primera fila, con el escenario amoroso de los caballeros.

Tratando como jamás en su vida de no hacer el más mínimo ruido, cerró de nuevo la puerta y se recargó en ella como asegurándose de que no se abriera. Con un visible sonrojo, se deslizó hasta quedar en el suelo.

—Padre... —murmuró para sí—, sabía que al aventurarnos aquí nos toparíamos con muchas cosas, pero... jamás pensé ver a dos hombres tan atractivos besarse con tanta naturalidad justo frente a mí —dijo aún abstraída—. Issi sencillamente no lo creerá. Quizás hasta pregunte si nuestro padre también vivió este tipo de "relaciones" aquí... ¡Por todos los dioses! —agregó con una sonrisa ladina evocando en su mente, después de varios segundos, el hecho de que su hermana no estaba en su rango de alcance.

Observó por toda la habitación girando su cabeza en todas las direcciones, pero su vista no logró atinar con la silueta de su hermana. Rebuscó entre la capa y las sábanas, aunque era obvio que no estaba allí; sin embargo, cuando caes presa de la angustia repentina, hasta buscar en una despensa es una opción.

—¡Isabelle! —gritó con fuerza dejando salir la primera emoción a flote: Pánico—. ¡Issi! ¡¿Dónde estás?!

Shion y Dohko entraron alarmados a la habitación encontrando a la chica en un estado de trance perteneciente a la familia que representa los miedos más terribles y amigo de los temblores del cuerpo.

—Julieta, ¿qué pasa? —Se acercó Shion encontrando a la chica desesperada.

Se arrodilló junto a ella y le posó una mano en el hombro. Julieta alzó la vista topándose con los ojos preocupados de Aries y, más atrás, la mirada de Libra con las mismas características de inquietud.

—¡Señor Shion! —lo llamó tomándolo por los hombros—. ¡Mi hermana…! ¡¿Dónde tienen a mi hermana?! —Alzó la voz deliberadamente casi zarandeando al santo sino fuera por el tenaz equilibrio que poseía Shion en sus talones—. ¡Llévenme con ella! ¡Por favor!

Dohko, después de analizar el rostro angustiante de la chica, la abrigó en sus brazos intentando calmar ese miedo tan absoluto de perder a su hermana, de olvidar que estaban en el Santuario y a salvo, que nada les iba a ocurrir mientras ellos estuvieran cerca.

—Julieta… —Afirmó el abrazo cerrando los ojos—. Cálmate, por favor…

La chica se vio a sí misma en las palabras del santo y, una vez más, recordó su postura y seriedad.

—L-Lo siento…

El santo se alejó después de sentirla más calmada, tocó su cabeza con una palma y le sonrió carismáticamente.

—Tu hermana está bien, pequeña princesa —le informó alborotándole la oscura cabellera que volvió a su estado lacio cuando retiró su mano—. Ella está en Acuario con Kardia y Dégel.

—¡¿Con el señor cara de imbécil?! —Julieta se levantó con fuerza con la intención de pasarle por un lado a Dohko y teniendo como dirección la puerta, pero Shion la detuvo sujetándole una mano.

—Tranquila, Julieta, por favor. —Intentó controlarla—. Dégel está con ella, no dejará que Kardia le haga algún tipo locura.

Julieta negó la cabeza refutando cualquier explicación coherente. Conocía demasiado bien a su hermana, esa chica era capaz de muchas travesuras si ella no estaba cerca para recortarle la cuerda.

—Es que usted no sabe lo que es capaz de hacer esa mujer cuando tiene las cadenas sueltas —corrigió Julieta cerrando los ojos con resignación—. No quiero que sea un dolor de cabeza para el señor Dégel y, bueno..., en realidad el señor Kardia se lo merece… —recapituló sus palabras al mencionar en una misma oración al santo de Escorpio y a su hermana—, o quizás, esos dos juntos… —hizo una pausa pensativa dejando en estado curioso a los santos—, ¡se conviertan en la destrucción del Santuario! —se alarmó de nuevo—. No, no, no. ¡Debo ir con ella!

Corrió a la puerta, pero una vez más fue interceptada por el santo de Libra, quien la levantó en peso, echándosela al hombro.

—¡Tranquila, July! —Empezó a reír suavemente mientras Julieta intentaba mantener las piernas juntas debido al vuelo de su vestido.

—¡S-Señor Dohko!

Shion los observó un momento para luego sonreír. Se levantó del piso apoyándose de su propia rodilla y luego caminó hasta Dohko para posar una mano en su hombro en señal de que colocara en el piso a la chica.

—Julieta, puedo asegurarte que no hay ser más controlador de la locura que Dégel.

Silencio.

Los dos santos mirando con atención a la chica, la chica mirando la puerta y, un silencio arropándolos con elegancia. Julieta no pareció muy convencida, incluso tomando en cuenta el hecho de que, con lo poco que había visto en esos santos, era posible que Shion tuviera razón.

—Pero al menos… déjenme asegurarme de que está bien, ¿sí? —insistió una vez más.

Los santos sonrieron, asintiendo levemente.

—x—

Ciertamente las palabras de Shion estaban confirmadas con la absoluta y cruda realidad de los hechos. Dégel, hasta ahora, era la única persona capaz de poder controlar a maestría absoluta la actitud infantil de Kardia.

Mientras se encaminaba a su templo, el santo de Acuario pensaba con sumo detalle en la situación que los abordaba; considerando cómo podía empeorar y cómo ellos debían ingeniárselas para solucionarla.

Llegó a su templo finalmente, caminando por el gran salón buscando como primer objetivo su habitación. Se desplazó con elegancia por los pasillos del templo, cuidando que sus pasos no resonaran en la baldosa.

Estando cerca de su destino, se escuchó un fuerte gimoteo proveniente de su habitación, dándole pocas ideas sobre el dueño de dichos gemidos. Abrió la puerta con rapidez topándose con una escena que ni siquiera en una dimensión paralela lograba dibujar: Kardia estaba sentando en su cama, con la espalda contra la pared y, con Isabelle llorando desconsoladamente en sus piernas.

El santo de Escorpio, al verle llegar, habló con una mirada llena de incredulidad y total desconcierto. Intentando cavilar en su mente cómo reaccionar de buena manera, ante la situación que lo acorralaba.

—Dégel… —lo llamó escurriendo sus palabras con el mayor nerviosismo que Dégel había atestiguado en su voz durante el tiempo que lo conocía—, es hora de que hagas uso de tus dotes de madre —añadió mientras Dégel apenas y logró separar las armónicas que creaba la combinación del comentario de Kardia y el llanto de Isabelle; uniéndose y desuniéndose como un lazo de corbata.

Se acercó a su lecho, dejando a un lado las cosas que llevaba en la mano. Se sentó en el pequeño espacio que había en el borde de la cama, tocando con cuidado la espalda de Isabelle, pero mirando fijamente a su compañero.

—¿Qué le hiciste? —inquirió acribillándole con la mirada.

—¡¿Ah?! ¡¿Yo?!

—Sí, tú. —Alzó una ceja, claramente molesto—. Hasta donde recuerdo, te la entregué dormida.

Isabelle seguía sumergida en el desconocido motivo de tan desgarrador lamento, escurriendo sus lágrimas y su nariz en la capa de Kardia.

—Se despertó de repente —confesó éste último observando con molestia cómo sus piernas asumían el papel de pañuelo—, y empezó a gritar cosas incoherentes…

Dégel buscó el rostro de la chica, el cual escondía entre la capa y las piernas de su compañero, recubriéndose con su alborotado cabello cobrizo.

—Señorita Isabelle —intentó vanamente que la chica dedicara su atención a él—. Señorita…

Pero la chica no prestó la suficiente atención al llamado de su nombre, seguía sumergida en su llanto; un llanto que sólo ella podía entender, un llanto que imitaba ser una rata fugitiva con poco sentido analítico dejándose llevar por el primer impulso.

—Hey, mocosa, tu madre está aquí —anunció Kardia en tono serio, al fin y al cabo su comentario estaba lejos de serlo—. Él sabrá consolarte.

La espalda de la chica aún temblaba por el forzado lagrimeo. No quería hablar con nadie, ni siquiera con el señor Verde, pero las palabras de Kardia le hicieron dejar por un momento su drama torturador, obteniendo un resultado inesperado, dejó de llorar.

—¿Mi… madre? —preguntó aunque ya sabía que el santo de Acuario había llegado a su lado. Ladeó la cabeza, encontrándose con los ojos lilas angustiados y esa aura fría que ya le era reconocible y que verificó cuando los dedos del santo tocaron su espalda.

—No le haga caso a mi impertinente amigo. —Intentó cubrirla Acuario acariciándole el cabello. Hubo una pequeña pausa donde se observaron solamente—. ¿Por qué llora, señorita?

Isabelle apretó los labios; a pesar de sentir el calor de una compañía que le resultaba casi invisible, se negó a hablar de su dolor, evadiendo el tema con lo primero que se le vino en mente.

—¿Mamá? ¿El señor Dégel que al principio era el señor verde? —De sus labios increíblemente brotó una sonrisa. Luego dirigió su vista a Escorpio, quien también la observaba—. Entonces…, supongo que tú eres el padre, señor cara de imbécil Kardia.

—Sigo sin acostumbrarme a ese nombrecito —atestiguó, observando a Dégel incrédulo.

Acuario sólo reveló lo que parecía ser una pequeña curva en la línea de sus labios para después volver a la seriedad habitual.

—Como dije, no le preste atención.

Pero Isabelle se incorporó dirigiéndose a Dégel.

—¡Mamá es súper sexy! —Le rodeó el cuello con fuerza. Bajando de nuevo su tono de voz y, una vez más, teniendo un cambio de dirección al juego de sus palabras, añadió—: A veces un simple juego de palabras puede salvar a alguien de la represa en la que solemos ahogarnos, ¿no lo cree?

Dégel no se sorprendió por el cambio de voz, la seriedad ni de la perspectiva que repentinamente revelaba Isabelle; ese cambio le resultaba fascinante. Además, sabía que no iba a confesar su dolor a unos extraños que a penas y había conocido hace un par de días, de modo que optó por tomar la espalda de la chica como si de una delicada pluma se tratase, y proseguir:

—Sí, tiene razón.

—¿Entonces es mamá? —Jugó la chica separándose un poco y esperando una confirmación a sus propias palabras.

—Supongo… —Sonrió levemente, limpiándole la humedad de los lagrimales—. Entonces, ¿me permite saber qué la agobia?

—No me trate con tanta formalidad —reprochó la chica volviendo a las piernas de Escorpio, encogiéndose como un ovillo entre ellas y la capa, con la que cubrió parte de su rostro, pero dejando a relucir su puchero—. Así no me hará creer que es mi madre.

—¡Oh, Dégel! ¡Te han regañado! —exclamó Kardia riéndose, colocando su mano en la espalda de la chica—. Ver para creer.

—Cállate, Kardia —sentenció Dégel—. Tú no eres precisamente el emblema que todo padre desea seguir. —Cerró los ojos cantando una vez más victoria en sus adentros, cuando escuchó el crujir de los dientes de su compañero.

—¡Oooh! —se escuchó la voz cantarina de la chica—. Mami regañó a Papi.

—Guarda silencio, mocosa —habló en tono serio el santo de Escorpio llamando por primera vez el nombre de la chica, donde, en esa instancia se ganó la completa atención de los dos residentes de la habitación. Kardia aspiró una fuerte bocanada de aire y prosiguió—: ¡O te castigaré por tu mal comportamiento!

O-k-e-y…

Isabelle se quedó perpleja unos segundos para luego reír suavemente, buscando tomar la mano de Dégel, quien también reaccionó alzando una ceja incrédulo.

—Mamá… —Empezó a llorar inflando las mejillas. A consecuencia, Dégel tuvo un dilema en su interior; no supo diferenciar si era actuación o realmente estaba llorando, necesitaba más tiempo para poder encontrar la diferencia entre cada una—, papá me castigará…

Acuario se sentía acorralado en tantos juegos y emociones ligadas en una misma ensalada llamada: "¿Cómo debo reaccionar ante esto?".

Lo único que restaba era seguir el juego, aunque realmente no había muchas vías de escape para él. Y tampoco es que hubiese querido tomarlas realmente. Cerró los ojos, intentando no reírse de sí mismo con lo que iba a decir:

—Kardia, no le hables así a la niña.

—¡¿Ah?! —Escorpio arqueó las cejas en una mueca—. ¡¿Te pones de su lado?!

—No estoy del lado de nadie —objetó entrecerrando los ojos—. Sólo que esa no es forma de hablarle.

—¡Esta noche se le prohíbe a papá el R18+! —espetó Isabelle levantándose una vez más—. ¡Mamá dormirá conmigo!

—No sé qué diablos significa R18+ —Kardia se acercó a Isabelle juntando su frente con la de ella y mostrando un rostro ridículamente serio—, pero, ¡no dejaré que me quites la comodidad de dormir junto a tu madre!

Acuario se interpuso entre ambos, separándoles las cabezas y observándolos severamente.

—Por favor, absténganse de pelear.

—¡Ella empezó! —refutó Escorpio.

—¡Ajá! —bufó la chica—. ¡Qué fácil es echar la culpa!

Dégel suspiró casi palpándose la cara en resignación. Eso… apenas era el inicio de lo que parecía ser una larga y agotadora situación. Hubo un silencio que recayó en la habitación, donde el peso de las palabras había cedido al tan cansado suspiro que se arrastró de los labios de Dégel.

—Mamá… ¿estás bien? —preguntó Isabelle con un rostro triste, gateando hasta el santo—. ¿Te sientes mal? ¿Quieres que te busque algo? ¿Quieres que haga algo para que te sientas mejor?

Abrió los ojos topándose con ese preocupado rostro acompañada por esa lluvia de preguntas, recordando algo de gran importancia: "Nuestra madre nos fue arrebatada a causa de una enfermedad cuando aún éramos muy pequeñas", su mente había maquinado con la rapidez habitual. Claro, debían tener traumas psicológicos con respecto a ese tipo de situación, lo mejor era, evadir ese tema. Le sonrió con toda la naturalidad que pudo y le acarició la cabeza.

—Sí, mi pequeña —dijo en un tono bastante indulgente —. Sólo estoy un poco cansado, no tienes que preocuparte. Estoy bien.

Isabelle se desplazó hasta su cuello abrazándolo con cuidado.

—Me iré a la habitación que me asignaron para que pueda descansar y tener una noche de sexo con papá. No se esfuerce demasiado, ¿sí?

—¡M-Mocosa!

—¡Ah! ¡¿Entonces juegas a la casita con mamá?! —Observó a Kardia aún asfixiando al santo—. ¡No me jodas!

Dégel la separó de su cuello con cuidado, sin sentirse realmente avergonzado. Había estado demasiado tiempo con Kardia, tanto que le había coadyuvado en cómo estirar su paciencia y mejorar su sentido común. Además, la amistad de Escorpio y Cáncer le había servido para aprender a soportar los grandes juegos, ofensivos como inofensivos, sobre las relaciones sexuales que ambas parejas compartían y, por ende, Albafica se incluía en ese cuarteto. Ya realmente había olvidado cuándo había dejado de sentirse incómodo o avergonzado. Aunque claro, una chica de dieciséis años hablando de sexo entre hombres… era algo que salía del alcance de todo lo anterior.

—Isabelle, por favor —empezó con tono delicado y suave—, no digas esas cosas.

La chica bajó la cabeza asintiendo y una vez más regresando a su lugar.

—Por cierto, ¿qué significa R18+? —Kardia ladeó la cabeza confundido después de un silencio breve.

—Sólo para adultos —respondió Dégel observando fugazmente a su compañero.

Kardia se reclinó hacia adelante, robándole un beso sorpresivo, y el suave choque de sus labios dejó un eco en la habitación que hasta a ellos mismos les sorprendió. Regresaron rápidamente a su lugar, prácticamente olvidándose de la presencia de Isabelle. Dégel volvió a suspirar buscando la mirada burlona que esperaba de la chica, pero se encontró con otra escena que le hizo arquear las cejas: Se había quedado dormida al parecer, una vez más, en las piernas de su compañero.

—Aún me sorprende esa habilidad —secundó Escorpio con una ceja alzada y observando de la misma forma a la chica.

Ambos santos la observaron dormir, y Dégel volvió a abrigarla con la capa, dejando una caricia en sus cabellos que bajaron lentamente a su rostro. En esa cercanía, sin que los santos se dieran cuenta, se sentían realmente como una familia.

—Qué conmovedora escena —habló una voz proveniente de la entrada.

Los santos atinaron sus miradas afiladas a la fuente de la voz, donde se toparon con Julieta acompañada de Dohko y Shion, quienes desfilaron frente a ellos.

—Tenía razón…, señor Shion —dijo la chica sorprendida de ver a su hermana dormida entre los dos santos—. El señor Dégel es sorprendente, ¡domó a mi Isabelle!

Acuario ladeó la cabeza separando su mirada de Isabelle para dedicársela a Julieta.

—Me alegra que se encuentre mejor, señorita Julieta.

La chica inclinó su cabeza cordialmente.

—Um... Espero que disculpe mi comportamiento. —Quiso excusarse, justificarse cuando menos. Pensar en su dramática salida de la casa Patriarcal la avergonzaba un poco ahora que estaban siendo todos tan abiertos—. Sabrá usted que…

—No tiene que disculparse, señorita —interrumpió Dégel aún manteniendo la calidez en su serena mirada—. Usted tiene razón. Nunca nos detuvimos a pensar en cómo se sentían al respecto, y quisiera disculparme por ello.

—N-No, por favor... —Julieta se enrojeció ante la respuesta del santo. Kardia sólo la observó soltando una pequeña risa, cosa que Julieta alcanzó a observar por el rabillo del ojo, pero se abstuvo de hacer algún comentario, ya lo haría después. Aclaró su garganta para a dirigirse de nuevo al santo de Acuario—: ¿Cómo está mi hermana?

Pero fue el santo de Escorpio quien respondió a la pregunta.

—Hace rato despertó lloriqueando. Dégel logró calmarla, pero aún no sabemos por qué carajos despertó asustada.

Julieta tensó la quijada apretando los puños e incrustándose las uñas en las palmas.

—Lo sabía…

Aries se acercó cauteloso a la espalda de Julieta, posándole la mano en el hombro.

—¿Ocurre algo, Julieta?

La chica asintió acercándose a la cama. Dégel cordialmente se levantó cediendo su lugar a ella.

—¿La vas a despertar? —preguntó Kardia haciendo una mueca—. ¿Sabes lo difícil que fue sedarla?

—¿S-Sedarla? —Julieta se horrorizó.

—Es mentira, señorita Julieta —desmintió Acuario con una ceja alzada, obviamente, dirigida al santo de Escorpio.

La chica estuvo a punto de atestarle un manotazo, pero sólo hizo una mueca; "más tarde", se dijo. Regresó su atención a su hermana.

«Si no hablo con ella, lo más probable es que vuelva a despertarse y no dejará dormir al señor Dégel…»

Lo que no sabía Julieta era que sus pensamientos fueron cubiertos por su cosmos, permitiendo que los caballeros escucharan sus palabras. Sin embargo, ninguno mencionó una palabra, dejando el peso de la conversación entre ella y su propia mente.

—Issi, hey... —Le zarandeó el hombro con cuidado, pero la chica no hizo ni siquiera un afán de movimiento—. Isabelle, no me hagas despertarte como Veltrack me enseñó.

Isabelle no reaccionó ante su amenaza, por el contrario, se acurrucó en las piernas de Kardia, quien rió suavemente al ver fallar a la chica en su intento.

—Te ha ignorado.

—No por mucho tiempo. —Julieta sonrió sin poder ocultar el repentino tic en su ojo.

Quitándose las sandalias, se subió a la cama con cuidado para luego sentarse con diligencia sobre el torso de Isabelle. Los santos la miraron con una gran incógnita pintada en sus rostros al no querer especular sobre las claras intenciones de las acciones sucediendo ante sus ojos. Julieta continuó, pasando su mano debajo del cuello de su hermana para alzar ligeramente su rostro y aprisionarlo con su busto el tiempo que fuese necesario.

Las piernas de Isabelle reaccionaron y sus manos empezaron a moverse con desesperación en busca del aire que le estaban quitando. Antes de que los santos reaccionaran para quitarle de encima a la chica, Julieta se alejó por sí misma mirando con semblante burlón a su hermana.

—Parece que esa es la única forma de despertarte.

Isabelle empezó a toser empujando a Julieta lejos de su cuerpo. Se sostuvo el costado haciendo una mueca de dolor, cosa que al parecer sólo Dégel alcanzó a notar, ya que la chica al momento empezó a reír.

—¿Ya te calmaste? —preguntó después de aplacar su pequeña vehemencia—. ¿El señor Herrero te dio un indicio de amor? —Otra pregunta que no podía reservarse para cuando estuvieran solas—. Muy mal, hermanita, no es ético meterse en relaciones ajenas.

—No me hagas asfixiarte de nuevo —advirtió su hermana, evitando percatarse de los rostros sonrientes de los santos, sobretodo el de Kardia, que tenía precisamente de frente.

—¿Y? —Isabelle se incorporó dejando de las piernas de Escorpio, quien creyó que finalmente había sido liberado—. ¿Para qué me despiertas? Sabes que sufro de insomnio, ahora te quedarás hasta que me duerma.

—Vaya, parece que alguien se despertó de mal humor —se burló Julieta.

—Después de sufrir un intento de asfixia, ¿quién no? —Isabelle la miró con una ceja alzada y una sonrisa burlona.

Julieta odiaba esa sonrisa, esa sonrisa que significaba "vamos, intenta algo mejor". Suspiró.

—No vine a jugar contigo, Issi —aclaró y, tras una pausa, lanzó sin rodeos—: ¿Otra vez tienes pesadillas?

El rostro de Isabelle se afiló, mostrando uno más serio mientras observaba sus manos. Kardia aprovechó ese momento para huir de la cama y reunirse con sus compañeros.

—Sí —respondió con sequedad. Se dio tiempo en responder, esperando que alguien interfiera; intervención que nunca llegó—. Al parecer cada una es peor que la otra.

Cruzado de brazos, Dohko estaba pegado al umbral de la puerta. Prestando atención con sumo esmero, Shion permanecía a su lado, mientras que Dégel estaba en el extremo de la habitación y Kardia junto a él. Ni siquiera se atrevieron a preguntar "¿de qué hablan?", después de una experiencia de ese calibre, las pesadillas eran algo natural.

—¿Quieres decirme que ves en esas pesadillas? —Julieta miró a su hermana con ojos indulgentes.

Isabelle buscó con la mirada el rostro de Dégel, consiguiéndolo con facilidad, aunque en realidad estaba verificando que tenía toda la atención de los santos; todos esperando ansiosamente su respuesta, incluyendo a Julieta que sostenía su mano con firmeza.

—No tienen mucho sentido.

—Si despiertas haciendo semejante drama, mínimo deben torturar a alguien —mencionó Kardia cruzándose de brazos, siendo casi congelado por La Ejecución de Aura de Dégel, esquivando el invisible Starsdust de Shion, y bajando la cabeza para evitar los cien dragones de Dohko. Se encogió de hombros desviando su sonrisa burlona.

Isabelle se lo pensó un minuto.

—Veo cómo unas personas hacen fila…

—¿Fila? —preguntó Julieta con tacto, bien sabía que a su hermana no le gustaba hablar del tema.

—Sí, en un monte gigante —continuó. Su mirada representaba la angustia en una de sus mejores fases, mordiéndose con fuerza el labio inferior—. Se lanzaban desde un precipicio y caían sobre un gran lago de fuego.

Los santos parpadearon al momento, captando en sus mentes la escena que mencionaba la chica.

—Pero, Issi…

—Julieta —cortó Isabelle mirándole con enojo, como si le molestara que no entendiera sus palabras. Continuó una vez que se cercioró de que Julieta la escuchaba de nuevo—. Habían otros sitios después de atravesar ese pozo. Eran escenarios terroríficos, pero eso no fue lo que me impactó esta vez… —Su hermana afirmó el entrelace de manos en espera de brindarle fortaleza—. Era como un paraíso de nieve… Habían cientos de personas enterradas en el hielo. —Tomó una pausa casi volviendo a llorar. Los santos no podían creer lo que estaban oyendo, si sus suposiciones eran ciertas significaba una cosa terrible—. Y… nuestro padre… —Se dio fuerza a sí misma, volviendo a sentir un gran nudo en la garganta—, ¡y nuestro padre era una de esas personas! —gritó finalmente, sorprendiendo al instante a todos los presentes—. ¡Sufriendo en ese lugar! ¡Sin poder hacer nada!

Dégel se acercó a ella cuando Julieta se quedó inmóvil, estupefacta, al formar en su mente la imagen mencionada por su hermana. Retrocedió unos pasos, dando cavidad de que Isabelle se abrigara en los brazos de Dégel, donde descargó un nuevo llanto, enterrando sus uñas en la armadura dorada de Acuario, mordiéndose los labios, y temblando con severidad.

Julieta sintió las lágrimas derramarse por sus ojos al ser interceptada por Dohko, quien la tomó por la espalda al verla tan afectada.

—Yo vi a mi madre… hace un par de noches... —Empezó con lentitud, sin querer asimilar que la imagen que había soñado era cierta. Quiso creer que sólo había sido una pesadilla, una horrible y ficticia pesadilla que la había hecho derramar lágrimas a mitad de la noche sin que su hermana supiera—. Ella... era atravesada por una enorme piedra… —Negó con la cabeza al pensar en el paralelismo entre su hermana y ella, cuando ambas habían optado por restarle importancia al hecho. Se aferró a los brazos de Dohko cuando evocó de nuevo las siniestras imágenes—. Gritaba de dolor y... pedía ayuda, pero no había nadie…

—Cocytos y las Tumbas Llameantes, conocidas también como "La Gruta" —se escuchó una voz proveniente de la entrada, a la que todos dirigieron su vista y donde, impresionante, el santo de Virgo había hecho su aparición—. Son lugares que yacen en el inframundo.

—Asmita de Virgo —mencionó Dohko mientras abrazaba a Julieta—. ¿Qué haces aquí?

El santo entró tranquilamente antes de responder. Puedo observar los semblantes de las hermanas sintiendo sus cosmos y las alteraciones que presentaban.

—Alguien, desde el inframundo, les está imponiendo esas pesadillas —afirmó—. Anoche sentí la interferencia; hoy incluso subió hasta Acuario.

—¿Alguien? —preguntó Shion aún sorprendido.

—Sí, un espectro quizás. —Asmita pareció estudiarlas sin la necesidad de abrir los ojos—. Tráiganlas a mi templo, les crearé unas barreras mentales para que no tengan más pesadillas.

Julieta le observó dudosa, pero asintió con recelo. Shion tomó su mano mientras Dohko aún la mantenía entre sus brazos.

—Vamos. —La escoltó uniéndose al santo de Virgo en dirección a la salida.

—Es el señor rubio, ¿seguro que no nos hará nada extraño? —le susurró—. Los rubios son los más peligrosos —agregó dejando de lado, una vez más, el obvio hecho de que Shion también lo era.

—No todos, Julieta, no te preocupes. —Le sonrió Dohko tomándola de la mano contraria a la que sostenía Shion—. Algunos son unos lindos corderitos —agregó y Julieta no pudo evitar reír ante el comentario, no sin antes echar un último vistazo a su hermana.

Por su parte, Isabelle se aferró con fuerza a la espada de Dégel, aún temblando como si la hubiesen metido en las gélidas aguas de Siberia. Kardia esperó que su compañero también saliera, pero Acuario estaba concentrado en la chica que tenía en brazos, acariciándose los risos cobrizos que bajaban por su espalda, hablándole sólo a ella por medio de su cosmos.

Tranquila, ¿sí? Asmita no les hará daño, todo lo contario. Que haya salido de su templo y venido hasta acá significa que tiene buenas intenciones.

¿Va a estar a mi lado?

¿No se supone que quitaríamos la formalidad?

Isabelle sonrió con el rostro enterrado en la melena verdosa.

¿Ese alguien del inframundo tiene que ver con nuestro padre y su muerte?

Puede ser. Pero aquí estoy, pequeño torbellino. Kardia tampoco se irá de tu lado. Y ninguno de los dos permitiría que ese alguien les hiciera daño.

La británica asintió.

Mi Padre, eh…, el original, claro, me decía que era la locura hecha humana…

Dégel sonrió.

Mi Kardia y tú, juntos, puede que lo sean.

Isabelle rió suavemente mientras Asmita ya salía de Acuario y los guiaba al templo de Virgo. Kardia se acercó a la cama y la tomó de la mano sacándola del pecho de Dégel.

—Oye, mocosa. —La miró con semblante neutral—. Carrera hasta la casa de Virgo, si ganas te regalaré el casco de Escorpio.

—¡¿En serio?!

—No, pero puedo darte otra cosa —la risa sarcásticamente irónica hizo que Isabelle inflara las mejillas y se acurrucara en los brazos de Dégel.

—Yo tengo algo mejor —sonrió de forma mecánica, casi benigna—. Si gano, mamá Dégel dormirá conmigo.

—¡Ni hablar! —Kardia alzó las cejas dejando descansar sus manos en la cintura—. ¡No apostaré mi lugar junto a Dégel!

—¿Qué? Eres un santo dorado, ¿no? No deberías sentirte intimidado ante una débil niña como yo, ¿verdad? —Levantó su mirada buscando la aprobación de Acuario—. ¡Y el señor Dégel mamá-súper-genial, será el jurado!

Escorpio hizo una mueca y, Acuario sólo le sonrió afirmando sin palabras, que admitía ser parte del juego.

—¡Acepto, mocosa! —Tomó las manos de Isabelle y la levantó de un tirón, haciendo que sobrevolara la cabeza de Acuario, quien trágicamente verificó el color de las bragas de la chica.

—¡Kardia! —espetó al ver tremendo zarandeo; fue como ver volar a un papel, pero, por suerte, Escorpio amortiguó la caída con sus manos, dejándola en el piso mientras aún la sostenía de la cintura.

—¡Apostemos nuestro lugar junto a Dégel! —Pero había sido ignorado presuntuosamente.

Ambos, Isabelle y Kardia tomaron su respectivo lugar tocando el suelo.

—¡Señor verde!

—¡Dégel!

El aludido parpadeó, observando a esos chicos joviales. Ante todo, esos dos ya eran su dúo de locura.

—¿En sus marcas…?

Continuará.


Notas finales: Nos excusamos por la tardanza, realmente se nos complicaron las cosas con coincidir y enviarnos el cap. ¡Pero aquí está!

MissLouder: ¡Recién salido del horno!

Kamui Vampire: No realmente.