Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de la gran señora Stephanie Meyer. La historia si es mía.
Carlisle ya me había dado de alta en el hospital. Él me había ordenado que me quedara en casa y no hiciera nada estúpido o temerario, nada que implicara que me fracturar el cráneo de nuevo, quedarme en casa y descansar. Eso es todo. Carlisle también me dijo que lo fuera a verlo en su consultorio en ocho días para quitarme los puntos de la cirugía de la cabeza y los de los pies. Me habían quitado la venda que tenía alrededor de la cabeza, y no me he bañado en varios días. ¡Qué vergüenza!
¿Cuándo rayos voy a tener un trabajo? Es obvio que en este estado no puedo trabajar. Renée me tiene que ayudar urgentemente en ese detalle, ¡alguien me tiene que ayudar con eso! Gruñí, hoy no era mi día, me siento mal –no hablo físicamente, hablo emocionalmente–. Por una parte me siento feliz porque hoy salgo de este maldito y deprimente hospital, pero por la otra parte me siento una inservible y una tarada porque no tengo trabajo y ni estoy estudiando en la universidad –como cualquier otra chica normal de diecinueve años–. Gruñí de nuevo.
Renée se está tardando demasiado en cualquier maldita estupidez que esté haciendo. Pateé el suelo con mi pie, pero sólo logré que me doliera la planta de pobre pie derecho, hice una meuca de dolor. Qué desesperante. Relájate, Bella.
–¡Al fin! –grité cuando vi a Renée y a Phil acercándose hasta a mí. Todo el mundo se me quedó mirando por el grito que produje. Cállate, Bella–. ¿Dónde rayos estaban metidos? Me tenían desesperada.
Renée tenía agarrada a Oriana con sus brazos –¿por qué los bebés son tan bellos? ¿Yo cuando fui bebé era linda? Esa idea me hizo sonrojar.
–Lo siento, pero estaba cambiando a Oriana.
Siempre sus excusas tienen que mencionar a Oriana. Agh.
–Y yo estoy esperando, impacientemente, para irnos –continué con una sonrisa sarcástica–. ¿Ya nos podemos ir?
–Sí, tranquilízate, Bella.
–¡Gracias!
Histérica, así me sentía en este momento.
Phil y Renée caminaron juntos, delante de mí, yo estaba detrás de ellos caminando lo más rápido y mejor que podía. Aún me ardían los pies, pero no tanto como antes, y no podía estar mucho tiempo parada. Tenía puestas unas sandalias, no podía usar ni medias ni Converse –qué fastidio–, odio las sandalias, odio las zapatillas, odio toda esa porquería.
Subí a la camioneta de Phil –en la parte trasera, por supuesto– y me quité esas sandalias, Renée puso mis maletas en el maletero de la camioneta y subió al asiento del copiloto. Phil empezó a conducir.
La pequeña Oriana iba sentada en mi regazo, mi madre quería que pasara tiempo de calidad con ella. Sólo tiene tres años, pensé. Clavé mi mirada en la ventana derecha del auto. Hacía mucho sol, quisiera estar ahora mismo en la playa y absorber toda la vitamina D que pueda. Aunque extrañaba la lluvia, extrañaba Forks, apenas llevo viviendo en Phoenix tres semanas y ya estoy empezando a extrañar Forks. Suspiré. Oriana me jaló un mechón de mi cabello. Volteé a verla. Ella me estaba sonriendo con su pequeña boquita. Tan linda Ori, siempre mostrando sus sonrisas a las personas que más lo necesitan, me dan ganas de comerla a besos. Le devolví la sonrisa. Ojala tengo una hija tan hermosa y maravillosa como Oriana, siempre alegre, siempre sonriente.
Veinte minutos más tardes Phil se estacionó al frente de mi casa. Renée bajó de la camioneta con gracia, yo seguí sus mismos pasos –sólo que dejé a Oriana en el auto– pero lo hice con torpeza.
–Mamá, no es necesario que bajes del auto, yo puedo ordenar mis cosas de nuevo.
–No lo creo, Bellita –odio cuando me llaman Bellita–, tú tienes que descansar esos pies y la cabeza. Yo me quedaré contigo una o dos semanas.
–No puedes, Renée, Oriana necesita de ti. Ryan y Hilary, todos necesitan de ti.
–Ellos van a estar bien por uso días –me confirmó con su más grande y brillante sonrisa.
–¿Y Phil?
–No creo que Oriana le cause muchos problemas a Phil.
–¿Segura? Tal vez Orianita necesite más tiempo de ti –volteé los ojos y crucé mis brazos sobre mi pecho.
Aún no se me puede olvidar la ignorancia que Renée ha puesto en mí y en sus hijos. Puede sonar muy egoísta de mí parte, pero duele, duele que tu propia madre te ignore por estar más pendiente de su hija de tres años. Volví a voltear los ojos. Yo quiero mucho a Oriana, demasiado, es mi hermanita, ¿pero por qué Renée me tiene que ignorar? Desde que ingresé al hospital ella ha estado más pendiente de ella que de mí, y yo fui la que se rompió el cráneo.
–Bella, ¿qué te pasa? Desde el sábado estás con esa maldita actitud. ¿Qué es lo que va mal?
¡¿Qué es lo que va mal? Estás de broma, ¿no? Renée me tiene que estar tomando el pelo. Es muy obvio lo que ella me está haciendo.
Flash back
Ojeando mí nueva revista Seventeen. Eso es lo que estaba haciendo. La artista que ponía reflectores a la portada era una chica llamada Selena Gómez (N/A: Lo siento, pero tuve que ponerla! Ustedes saben mi pasión por Gómez xD), no sé quién es para ser sincera, lo único que sé sobre ella es que es una cantante y actriz de este país, estaba leyendo su entrevista, ¡gracias, Phil!
–¡Hola, Bella!
Volteé la mirada.
–Ah, hola, Renée –comenté, ahora, molesta e histérica–. No te oí llegar.
–No importa. Dime qué has hecho.
Ella sonaba demasiado feliz, eufórica en realidad. Yo no me sentía de esa maldita manera. Me sentía triste, desolado, desdichada, enojada, irritada, y todo por culpa de mi madre. Solté un suspiro fuerte y seguí leyendo la entrevista de Selena, ignoré la pregunta de mi madre.
–Bella.
–¿Sí, madre? –no volteé la mirada. Lo de madre me hacía reír mucho por dentro. A ella no le gusta que le llame madre. Pero ella me ignora por atender a Oriana, y no lo voy a permitir. ¡No!
–¿Desde cuándo me dices madre?
–Desde hace cinco segundos –volteé los ojos.
–No me digas madre, ¡ya te lo he dicho! Suena muy… agh.
Noté cómo se estremecía.
–De acuerdo, madre –reí, de nuevo, hacia mi interior. Hacerla enfadar es muy gracioso.
–¡Basta con esa mierda de madre!
¡Oh! Dato interesante: a Selena le gusta la cantante Cheryl Cole, igual que am mí. Volví a ignorar a Renée.
–¡Bella! –seguí leyendo–. ¡Isabella!
Maldición. Cuando Renée me llama Isabella nada bueno sucede por parte de ella. Abrí los ojos como platos y puse mi mirada en la suya.
–Renée –hablé con la más calma que me pude permitir–. Habla –continué cuando ella no emitía ninguna palabra. Renée me clavó su mirada asesina. Si ella cree que esa miradita de te voy a matar me va a hacer llorar, se equivoca.
–Bella, nunca había sido tan grosera conmigo.
–¿Grosería? –fruncí el ceño Dejé la revista un lado–. Pero si no he dicho ninguna grosería –me quejé.
–Tú sabes muy bien de qué hablo, Isabella… Nunca me habías hablado de esa manera.
–¿Qué manera?
–¡De esa manera! –me señaló con la mano–. Nunca me habías hablado tan histéricamente. ¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Acaso he hecho algo malo?
–A mí no me pasa nada, eres tú… Y tampoco has hecho nada malo, pero si doloroso –mis ojos se llenaron de lágrimas, éstas no querían salirse de mis ojos.
–Quieres especificar eso.
–¡¿Quieres oír qué diablos pasa? –solté todo mi enojo contra ella.
–Por favor.
No era justo expresar todo mi enojo contra mi madre; lo vuelvo a repetir: ella no ha hecho nada malo, pero si doloroso. Me calmé un poco, sólo un poco.
Mi hermanita de tres años es pequeña lo acepto, Oriana necesita de su madre y de mí madre Renée, yo no juzgo ni a Oriana ni a Renée porque no se lo merecen. Pero, Renée, tienes otros 3 hijos. Por favor, no olvides a tus otros hijos: Hilary, Ryan y… y yo.
–No, no es nada –bajé la mirada. Sentí cómo mis lágrimas corrían por mis mejillas.
Fin del Flash back
Renée, es muy obvio, pensé.
–No es nada, coño, ya te lo dije el sábado cuando estábamos en el hospital… Renée, discúlpame, pero no voy a ir hasta tu casa para buscar tus malditas cosas.
–No es necesario, hija, traigo mis malditas cosas en la maleta de la camioneta –ella cruzó sus brazos en su pecho. Odio cuando se copian de mis acciones. Yo primero crucé mis brazos y ahora ella también lo hace. Clavamos nuestras miradas una a la otra, parece que esto va hacer una competencia de clavar miradas.
Odio que me digan hija, así que estamos a mano.
Phil se bajó de su camioneta. Ninguna de las dos lo seguimos con la mirada, sólo escuchamos su pisada contra el asfalto, hicimos caso omiso para ser clara.
–Renée, ¿te bajo del equipaje? – preguntó él. Phil nos veía como ¿qué les pasa a estas locas?
–Sí, por favor –contestó ella, "con su inocente voz"
–¿Pasa algo? Se nota la tensión.
–No, estamos bien, gracias por preguntar –concluí.
Holis!
Les debo doscientas mil disculpas por estar tan atrasada con el fic, pero como les dije antes: ya comencé las clases otra vez, y no me da tiempo para nada :S Por suerte puede escribir este capítulo para ustedes, espero que no me maten ;) He tenido como 3 exámenes, algo así, y he tenido que estudiar mucho ¬¬ El taller de artística lo odie porque sólo eran 2 malditas preguntas y yo me estudié todo el cuaderno para nada…
Estamos a octubre! Podemos aguantar un poco más para ver Amanecer, mi BFF y yo tenemos planeado algo súper mega divertido: nosotras (con nuestros demás compañeros de 2do año) vamos a ir al cine un viernes, es día de clase, y salimos como a las 1:30pm, y yo le dije a ella que tengo que llevar la cámara para capturar cada momento de ese día, desde que llegue al liceo hasta que salgamos del cine xD Tenemos que llevarnos ropa ajuro y cambiarnos en alguna casa de nuestras amigas, porque no nos van a dejar pasar con uniforme al centro comercial. El 18 de noviembre me voy a desmayar, jajaja!
Espero que les haya gustado el capítulo, pobre Bella, no? Bella dice que Renée la ignora mucho por Oriana :( Gracias a Dios, a mí nunca me ha pasado eso.
Bueno, es todo lo que tengo para decir…
Bye! ;)
