Capítulo 7

- Al fin en casa.

Sonrió Yugi respirando hondo y entrando en la casa que compartía con su marido Yami. Yami dejó la maleta de Yugi a un lado del pasillo y cerró la puerta.

- ¿Quieres irte a la cama o prefieres comer en la sala?

Le preguntó Yami a su amado. Yugi lo analizó.

- En la sala, ya llevo mucho tiempo en cama.

Sonrió el oji-violeta. Yami lo acompañó protectoramente hasta la sala y lo dejó en el sofá antes de ir a la cocina por la comida y calentarla, además que de pasó tomar las pastillas que a su amado niño le tocaban tomar.

****

- Seto.

Gritó Joey entrando al despacho de su marido. El castaño oji-azul levantó la cabeza de su portátil y lo miró confundido al entender que Joey lo había llamado Seto.

- Joey, yo soy Seth.

- No - Negó Joey agitado - Tú eres Seto, Seto Kaiba, pero Seth ha engañado a todos haciéndose pasar por ti.

- ¿De qué hablas, Joey? ¿Te sientes bien?

Preguntó Seto seriamente preocupado por la salud mental de su cachorro. Joey le extendió el diario en sus manos.

- Todo lo dice aquí, en el diario de tu hermanito Mokuba Kaiba.

El oji-azul tomó el diario con sus ojos brillantes.

- Mokuba - Susurró con amor fraternal Joey, Mokuba está muerto, no debiste leer su diario. - Lo regañó el oji-azul sin prestar caso a eso de que él en realidad era Seto.

- Cállate y lee el maldito diario, y así me entenderás.

Le ordenó el rubio, con uno de sus arranques de genio.

***

Mokuba yacía en su cama llorando suavemente, todo el cuarto a su alrededor estaba destruido. Se había mantenido lo más tranquilo posible hasta que llegó a su departamento y entró a su cuarto.

Entonces empezó a romperlo y tirarlo todo en un ataque de rabia. Rompió el espejo, las almohadas, las figuras, el florero y todo lo que encontró.

Debió de cortarse con algún vidrio pues la palma de su mano derecha sangraba, pero ni siquiera lo sentía. Se sentía furioso y devastado.

Mokuba era un ser romántico y sensible, que siempre se imaginó un lugar hermoso y romántico y una persona amada para su primera vez. Pero en cambio, fue obligado, en la oficina de un despacho y con un hombre que, aunque guapo, no era amado.

- Todo es tu culpa, Seth. Arruinaste mi vida y la de todos los que te rodean.

Dijo el pelinegro apretando los puños con rabia.

***

Duke llegó a su mansión satisfecho. Que los Kaiba se la arreglaran como quisieran, a él sólo le interesaba un Kaiba, Mokuba. Su dulce y hermoso Mokuba.

- Mío - Susurró recordando su cuerpo contra el suyo mientras lo tomaba. - Eres mío.

Subió arriba y sonrió al ver a Marik y al pequeño Ángel. Pero su expresión cambió al ver la cara de Marik. Le hizo una seña para salir, no quería alarmar al pequeño. Una vez afuera le preguntó sinceramente preocupado.

- ¿Qué te sucede, Marik?

- Tengo miedo, Duke, temo lo que Bakura pueda hacer, está furioso. Temo que quiere recuperar a Ángel.

Se lamentó el de cabellos rubios cenizos. Duke lo abrazó con cariño.

- No temas, Marik, sabes que tanto tú como Ángel son los seres que más quiero en este mundo y los cuidaré.

Marik suspiró y besó a Duke en una mejilla.

- Tienes razón, Duke.

Asintió.

- Te quiero mucho, Marik.

Le susurró Duke, Marik sonrió.

- Yo también.

Ambos hablaban de cariño, porque lo había pero no de amor, porque entre ellos ese sentimiento no existía.

***

Mientras por su parte Bakura, jugaba muy bien sus fichas y las empezaba a mover, no sólo quería a su hijo consigo sino también a Marik.

- Eres mío, Marik, mío.

Continuará...