Disclaimer: todo el universo Harry Potter pertenece a JKR, sí, Severus también, yo solo lo convierto es eso que a mi cabeza se le pueda ocurrir…

Chapter 7: Historias de dragones.

Hermione paseo la vista por cada uno de los estantes pero no encontró el libro que buscaba.

− ¡Oh! Disculpa Severus yo creí que tu lo habías leído antes y por consiguiente tendrías un ejemplar, pero si quieres puedo ir a traer el mío. –Hermione agachó la mirada, ese libro le había fascinado, y ella había pensado que Severus lo había elegido porque él ya conocía la historia, porque era algo especial para él, ella había pensado que le había dado ese libro por un motivo en especial, pero ahora resultaba que simplemente había elegido un libro al azar, de una estantería cualquiera y se lo había dado.

−Y no te equivocabas, creo que lo que estas buscando es esto, −Severus había sacado un desgastado libro del cajón de su escritorio y ahora le susurraba esas palabras al oído, haciendo que sus pensamientos anteriores se fueran y su cuerpo comenzara a temblar.

La castaña tomó el libro de las manos de Severus y lo observó mientras este se sentaba en el sofá que había al fondo del despacho, con un brazo sobre el espaldar, la chica se sentó a su lado un poco alejada.

−profesor…

−Dígame Sta.

− Es que… usualmente acostumbró a leer recostada, entonces ¿crees que pueda? – Hermione señaló las piernas del pocionista y vio como él sonreía de medio lado.

−Adelante− contestó divertido.

La castaña se recostó sobre las piernas de Severus y él la miró a los ojos desde donde estaba.

− Entonces dime ¿en qué parte vas?

−En realidad ya lo he leído completo.

−Era de esperarse.

−Pero... puedo leerte mi parte favorita.

−Como quieras

El libro trataba sobre un joven príncipe, domador de dragones que se enamora de una doncella que trabajaba para él en el palacio.

El príncipe Tai lee se apeó en la montura de su dragón plateado con su habitual pose altiva y dominante, mientras su criada de cabellos dorados le alcanzaba las provisiones para su viaje.

Joan caminó hacía el gran dragón con un poco de miedo, pero mientras observaba al enorme animal tropezó torpemente con la cola de este y cayó arrastrando todo lo que llevaba en las manos, el dragón gruñó y la chica soltó un grito aterrorizado.

Tonta mujer, mire lo que ha hecho− el príncipe saltó del dragón y la levantó por los hombros− este es un dragón domesticado ¿cómo le va a tener miedo?, ¡ha estropeado todas estas provisiones!

Lo siento señor, no volverá a suceder, yo le traeré nuevas provisiones en seguida.

Eso no es necesario ya las comprare en el camino, si espero a que haga algo bien, con su torpeza, tal vez no logre partir hoy, puede retirarse ya.

El príncipe ni siquiera la determinó, volvió a subir en el dragón e hizo que este desplegara las enormes alas y emprendiera el vuelo, el destello de la luz del sol se reflejo en la piel de la criatura cegando a la doncella por un instante. Un dragón rojo y uno negro, emprendieron vuelo siguiéndolo, los mejores amigos del príncipe.

La doncella miró hacía el horizonte, hacia las montañas por las que el príncipe había desaparecido y por las cuales aparecería en no menos de un mes. Joan suspiró y se encaminó hacia el palacio real con un deje de añoranza en el pecho.

Hermione detuvo su lectura y observó al profesor unos instantes, él había recostado la cabeza en el espaldar de la silla y tenía los ojos cerrados.

− ¿Severus? – susurró la chica.

− ¿Hmmm?

− ¿Por qué me regalaste este libro?

− Se que te gusta leer.

−Eso lo sabe todo el mundo, pero ¿por qué este en especial?, quiero decir tiene algún doble sentido ¿verdad?

− No ¿por qué preguntas?

−Solo digo que es demasiado curioso, como entre más insultos que le dice el príncipe a la doncella, ella mas se enamora de él, eso no puede ser coincidencia solamente.

− En realidad solo te lo di por el parecido que puedes sacar entre las motocicletas y los dragones, digo si lo piensas bien es casi lo mismo, montar en motocicleta, dragón… ¿tú ves la diferencia?

−No se los dragones, tienen vida, enormes alas y déjame ver… ¡vuelan!

− ¡Espera! – dijo de repente Snape, irguiéndose en la silla y viéndola a los ojos.

− ¿Ahora qué?

− ¿Te estás enamorando de mí?

− ¿¡QUE! − Hermione abrió mucho los ojos y enrojeció súbitamente− ¿de dónde has sacado eso?

− Dijiste que era mucha coincidencia, eso de que la doncella se enamora cada vez mas del príncipe que la insulta constantemente. – Severus sonrió burlón− Yo te insulto constantemente, entonces tu…

− Nooo, pero que idiota ¿Cómo puedes pensar eso?

− Vamos Sta. Ahora no empiece a insultarme porque siento que me enamoro− Snape se puso una mano sobre la frente e inclinó la cabeza hacia atrás, entonces la miro nuevamente y al ver su enfado soltó una carcajada. –No mientas se que te encanta, sabelotodo.

−Mas sabelotodo serás tú, ahora no te leo nada, si quieres leer hazlo tu mismo, la chica estrelló el libro en el pecho de Severus y apretó los ojos fuertemente.

−Bien te leeré preciosa y enamorada sabelotodo –Severus rió nuevamente.

−Argh ¡por favor! − Hermione se dio media vuelta y quedó de medio lado en el sofá aun recostada sobre las piernas del pocionista, tal vez su enfado se reflejara mejor si solo se sentaba lo más alejada de él que pudiera, pero le encantaba donde estaba y no lo iba a desperdiciar por las necedades del hombre.

− veamos en que quedaste… si, justo la parte que sigue es una de mis favoritas.

Joan miraba constantemente hacía el horizonte, cada mañana con nuevas esperanzas de verlo aparecer ente las grandes montañas, pero pasados dos meses la joven desistió resignada a que el príncipe no regresaría tal vez en mucho tiempo.

La doncella se encontraba limpiando unos jarrones en el recibidor del palacio, pero por un error dejo caer uno de ellos, la mujer saco un varita del bolsillo y apuntó al montón de cristales, la agitó pero nada ocurrió. Ahora solo podía recoger ese desastre y esperar la reprensión de sus señores.

Solo las personas de mucho dinero tenían derecho a ser instruida en la magia, pero ella una doncella jamás había tenido un instructor, solo tenía esa varita que le fue heredada por su madre al morir. Si tenía suerte algún día ella tendría un esposo de clase media que pudiera enseñarle uno que otro hechizó.

Veo que sigues siendo torpe Joan.

Lo siento señor− la doncella hizo un reverencia, el príncipe estaba de vuelta.

reparo− Tai apuntó al jarrón y este quedo en pie nuevamente− de todos modos ¿Qué más se puede esperar de alguien que le teme a un dragón domestico?

¡Yo no le temo a los dragones! – la verdad si lo hacía pero de pronto, se había sentido herida por él, el hombre al que había estado esperando por más de dos meses, ¿había llegado solo para insultara como siempre?, no había medido sus palabras y había terminado gritándole a su señor. –yo lo siento…

Pues ya veremos eso de que no le temes a los dragones Joan, te ordeno que vengas a los corrales de dragones esta noche a las diez, veremos toda esa valentía.

creo que eso no es muy apropiado señor.

Yo creo que no tienes muchas opciones para refutar mis órdenes, pero pongámoslo de este modo, si te presentas a cumplir con mis órdenes, a cambio te enseñaré un par de hechizos como para que no uses esa varita como un accesorio inservible.

No tenía más opción, eran ordenes directas de su señor y además en verdad deseaba aprender algo de magia, así pues al dar las diez de la noche Joan ya estaba en la entrada de los corrales de dragones, oyendo el resoplar de sus respiraciones mientras dormían, la joven doncella comenzó a temblar asustada.

Veo que te has decidido a venir− el príncipe Tai Lee le permitió pasar a los corrales, dentro habían al menos unos cinco dragones dormidos, emanando humo por sus fauces. La doncella retrocedió un paso− ¿quieres hacer esto de esto Joan? porque no te vez muy segura, me atrevería a decir que estas muy asustada de hecho.

No tengo miedo.

Pues acércate aquí.

Joan camino hasta el lugar donde se hallaba el príncipe, junto al dragón plateado y el preferido de su señor.

Adelante puedes acariciarlo.

La doncella vaciló con la mano extendida frente a su cara y entonces unas manos firmes tomaron la suya acercándola a la escamosa y fría piel del dragón. La enorme criatura despertó haciéndola retroceder y estrellarse con el príncipe.

Está bien, el señor tenía razón yo soy una estúpida que le teme a los dragones.

Nunca he dicho que seas estúpida Joan, pero respecto a los dragones hoy vas a perderles el miedo.− El príncipe se apartó de la joven para luego hacer aparecer la montura y las riendas directamente sobre el animal.− vamos chico que esta noche saldremos a pasear.

Estaban sobre el risco desde donde hacían emprender el vuelo a los dragones generalmente, el príncipe y la doncella ya estaban sobre la criatura y Joan se aferraba con fuerza a la montura, a pesar de que aun no se había movido, el viento golpeaba fuerte y sentía que podría caerse en cualquier momento.

¿Tienes miedo? –La joven asintió – pues entonces sostente fuerte −el príncipe tomó las manos de la doncella y rodeo su cuerpo con ellas.

−¿Severus?...

− dime

−¿crees en los deja vu? Porque acabo de vivir uno en carne propia, uno con una motocicleta y mi profesor de pociones haciendo que lo abrace por la cintura, eso es raro a que sí.

−¿Qué puedo decirte? Soy Severus Snape… no creerás que esos dotes de conquista venían con mi ADN, ¿verdad? ¿Qué más puedo usar si no los libros?

− ¿No habrás leído de casualidad el de don Juan de Marco?

− ¡Hermione!

− oh ¡SEVERUS!

−No ¡Hermione!

−No tu – dijo ella haciendo que se callara− ¿ese primer día en Hogsmeade tratabas de conquistarme? – fue como si una bombilla se encendiera en su cabeza− Ja sí, ¡acabas de aceptarlo! Yo te gusto− Hermione sonrió con suficiencia.

− Y yo te gusto a ti, no veo cual es el problema.

−… tu no me gustas− contestó ella no muy convencida.

− ¡Oh! Vamos claro que si, pero si estas tan segura… te reto a besarme y luego verme a los ojos y decirme lo contrario, o ¿es que eres una cobarde?

−Como quieras, solo una condición, si te doy ese beso que pides con tantas ansias, tu responderás una de mis preguntas.

−Yo no tengo ansias de tus besos, pero está bien− aceptó− si no eres capaz de hacerlo sin garantías.

−Te propongo algo – dijo entonces ella− ya que aseguras no estar ansioso… si noto algún leve indicio de emoción en ti, serán dos preguntas más… ¿es un trato entonces?

−Granger estas retándome a mostrarme insensible, por Merlín ¡lo he hecho durante mi vida entera!

−entonces no tendrás de que preocuparte

−Es un trato – Severus estiró su mano hacia la castaña, que ahora estaba sentada sobre sus talones, encima del sofá.


A todos gracias por seguir el fic, y a las chicas que dejan reviews, muchisimas gracias, son un gran apoyo y mi fuente de inspiración, porque se que estan disfrutando de la historia tanto como yo lo hago escribiendola. BCB