Capítulo 7: Primera noche
Sasuke.
Llegamos muy tarde esa noche al departamento, porque Naruto quiso quedarse un poco más antes de que enviaran el cuerpo de la chica a una fosa común.
Al final nunca supo su nombre, o cómo había conseguido escapar. La idea le pesaba y me lo dijo mientras subíamos las escaleras de su edificio, pero no comentó nada del tema una vez atravesamos el umbral.
Lo primero que hizo fue darse una ducha; tenía en toda su camisa restos de sangre de la híbrido y unas cuantas gotas habían terminado en su cuello y parte de su barbilla. Yo hice lo mismo apenas salió.
Como la primera noche, comimos ramen en el sofá mientras veíamos en la pantalla los anuncios de la élite y las noticias en el borde inferior. Quise leerlas para pasar el rato, pero pronto quedó claro que Naruto no tenía los mismos planes.
— Socios — Dijo entre dos bocados de su comida. —, de verdad somos socios-ttebayo.
— ¿Cuál es la razón de que te emociones tanto? — Pregunté, algo molesto de que no me dejara prestar atención; más cuando volví la vista hacia él, me esperaba con una gran sonrisa. ¿O acaso me estaba mirando desde antes?
—Creí que lo del Centro de Híbridos había arruinado todo —. Admitió luego de tragar el bocado. — No recuerdo cuántas veces me dije que había sido una completa estupidez llevarte.
Puso su plato sobre la mesita al lado del sillón y subió ambas piernas para terminar sentado con ellas cruzadas.
— Pero aceptaste, no sabes lo feliz que me hace eso.
— No tienen muchas buenas noticias en tu departamento, ¿cierto?
— No desde hace un par de años, todo ha ido de mal en peor —. Comentó con pesar, luego llevó su vista a la pantalla. — Pero tal vez todo pueda mejorar a partir de aquí, ¿no lo crees, socio? — Soltó una enorme sonrisa.
Me encogí de hombros.
— Supongo que tienes razón.
Otro anuncio más se proyectó en la pantalla; tenía colores tan intensos y lo consideré de tan mal gusto que aparté la vista a los pocos segundos, pero él aún me veía.
— ¿Por qué sigues viendo eso? ¿No sería más interesante hablar entre nosotros? — Su tono de voz demostraba su molestia. A regañadientes, ladee mi cuerpo hacia él.
— ¿Ser socios implica que te diga todo sobre mi existencia? Además, se supone que ya sabes gracias a sus informes.
— ¡No me refiero a eso! Y claro que el informe no lo dice todo.
Dejé escapar un suspiro apesadumbrado, que también llevaba consigo cierta redención.
— No es que no pueda contarte, no son cosas que quiera recordar.
— Algo bueno debió salir de ese lugar —. Su comentario me provocó una amarga risa. — ¡Es decir, estás cuerdo! Casi ningún híbrido se encuentra tan estable como tú.
Sí, tenía gran razón en ello. Antiguos colegas míos no habían perdido la razón porque simplemente conocieron un mundo antes de entrar ahí. Pero yo…
— Mis padres y posteriormente mi hermano fueron quienes me mantuvieron cuerdo —. Recargué mi cabeza contra el respaldo del sillón. — A mis padres les metieron al laboratorio ya grandes. Cuando nació Itachi, hicieron lo posible por enseñarle lo que sabían. Lo hicieron conmigo también y finalmente él terminó la tarea. Ellos tenían la esperanza de que nosotros saliéramos de allí algún día.
— No se equivocaron —. Contestó Naruto complacido. Sonreí levemente.
— No, no lo hicieron. Sospecho que ellos sabían algo más de todo esto, que nunca nos contaron. — Dejé salir todo el aire de mis pulmones con brusquedad, para inhalar profundamente y de esa manera relajar mi cuerpo. Si realmente no estaba loco era un milagro, pero como todo, había secuelas en mi mente que nunca sería capaz de borrar. — Pero pensar en eso nunca me ha servido y dudo que lo haga algún día, así que prefiero pasar de ello.
— Es comprensible —. Murmuró. Bajó la vista al suelo con gesto pensativo. — Ese problema también es el gran dolor de cabeza de todos en el departamento.
— ¿El qué?
—El origen de los híbridos —. Pareció desesperarse con los sonidos chillantes que salían de las bocinas de la pantalla y la apagó. Botó el control en el espacio del sillón entre nosotros. —Ni el gobierno mismo sabe cómo empezó todo esto. Creyeron al principio que se trataba de mutaciones producto de los residuos de la Guerra Bacteriológica, pero ya se demostró que hay algo más.
— Deben tener alguna pista —. Alzó la mirada a mí de nuevo.
— Muy pocas y difíciles de utilizar. ¡Oh! Por ejemplo — Se acomodó mejor en su lugar y sus labios esbozaron una breve sonrisa. —, ¿sabes que la mayoría de los híbridos son mitad felinos?
Arrugué el entrecejo.
— ¿Felinos? ¿Qué es eso?
— Ya sabes: gatos, tigres, panteras… Criaturas muy ágiles y veloces. Nos hace pensar que se originaron como armas o posibles espías.
— ¿Antes o después de la guerra?
— No lo sabemos tampoco, aunque no hemos encontrado híbridos cuya edad coincida con la época de guerra.
Luego, como yo hice antes, dejó caer su cabeza en el respaldo.
— Pero lo que más urge ahora es encontrar a quién hace esto, las razones las sabremos después.
Esa emoción efímera despareció con tal brusquedad que me desconcertó. Ahora en su rostro parecía haber un peso fantasma de muchos años de pesares. Sin embargo, su sonrisa volvió cuando volteó de nuevo en mi dirección.
— ¡Y ahora realmente lo conseguiremos! ¡Ah, empezaría mañana mismo!
— ¿Y por qué no lo hacemos?
— Aún hay detalles que debo afinar con Shikamaru —. Contestó con leve frustración. — Pero es posible que si los resolvemos mañana, en la noche podamos empezar.
— ¿Y cómo se supone que vamos a-?
— ¡Espera! — Se enderezó de repente y volteó a ambos lados con expresión alterada. Frunció la nariz. — ¿Hueles algo?
Alcé un poco la nariz para hacer lo que me pedía, cosa de la que me arrepentí segundos después.
— Arg… Huele a algo quemado —. Mi sentido del olfato era bastante agudo y tuve que llevar una mano a mi nariz para taparla.
— ¿A quemado? Pero si no puse a calentar… — Su rostro palideció repentinamente y se levantó con brusquedad. — ¡Mi ramen! ¡Puse a calentar más ramen!
Corrió a la cocina y yo también me levanté; sus gritos chillones se escucharon por toda la casa.
— ¡¿Por qué diablos no se activó la alarma de incendios?! ¡No pagué el maldito aparato por nada!
Corrió de un lado a otro de la cocina para abrir las ventanas. Aparentemente, el agua se había evaporado y la pasta comenzó a quemarse, quedando en una masa asquerosa en el fondo del trasto que aún echaba grandes humaredas negruzcas. Justo cuando consiguió que se detuviera al echarle agua del lavabo, un ligero pitido se escuchó y la pequeña regadera en el techo se abrió.
— ¡Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! — En segundos quedamos empapados.
— ¡Deja de gritar como idiota y apágalo!
— ¡No sé cómo! ¡Nunca lo intenté!
— ¡¿Lo compraste sin saber?!
— ¡Viene incluido, pero tenía instrucciones! ¡Creo que era por un comando de voz!
— ¡Pues di lo que tengas que decir!
— Eh… Ah… ¡Apágate!
Nivel de alerta: 2
— ¡Waaaaaaaa! ¡Se mojarán mis envases en la alacena!
— El agua ya está llegando a la sala…
— ¡Los papeles del caso!
— ¡Haz algo! — Lo último que esperaba era que tomara un trasto viejo y se acercara al aparato de forma amenazante. — ¡No, así no!
OoOoOoO
Shikamaru se sobaba la sien, viéndonos por sobre su escritorio. Pasaba su mirada de mí hacia Naruto, pero finalmente se quedó en él, que prefería fingir que algo en la ventana tras Nara tenía toda su atención.
— Inundaste el departamento —. Naruto fingió no inmutarse, pero pasó su vista a un lugar perdido en la superficie del escritorio. — Rompiste el sello del drenaje e inundaste el departamento, Naruto.
Como una aceptación de su propio final, el rubio asintió con lentitud.
— ¿Tienes una idea de cuánto nos costará arreglarlo? — Puso ambas manos sobre la superficie. — ¿Sabes el precio de esos mugrosos sistemas?
— ¡No fue mi intención-ttebayo! ¡El agua no se detenía!
— ¡Porque nunca aprendiste cómo apagarla!
— ¡Ese aparato abollado no atendió mi instrucción! ¡Sasuke es testigo de ello!
—No me metas en esto —. Dije de inmediato cruzándome de brazos.
— ¡Hey! ¡Tú sabes que es verdad!
— Sí, y recuerdo también que te dije que te detuvieras, pero quisiste ignorar ese minúsculo detalle.
— ¡Te juro que no te escuche!
— ¿Es decir que aparte de idiota eres sordo?
— ¡Cállense ya! — Gritó Shikamaru, acompañando su orden con un fuerte golpe al escritorio. Luego pareció invadirle el cansancio y se dejó caer en su silla. — Ambos son verdaderamente problemáticos.
— No tengo que ver en esto.
— Hablaba por sucesos pasados, Sasuke —. Murmuró, luego volvió a Naruto. — Después de lo de ayer, esperaba al menos pasar el día sin malas noticias; pero llego a la oficina y lo primero que escucho es que inundaste tu departamento y es responsabilidad nuestra porque te lo asignamos.
Se dejó caer en la silla y pasó sus manos por su cabello haciéndolo hacia atrás, algo para nada efectivo porque este ya estaba amarrado en una coleta.
— Una buena noticia, sí, eso me vendría bien; dado que no tienes una tendré que…
— ¡Pero si la tengo! — Exclamó Naruto dando un salto. De repente tenía su brazo sobre mis hombros. — Ayer Sasuke y yo hablamos: ha aceptado cooperar.
La molestia de Shikamaru fue sustituida momentáneamente por una profunda sorpresa. Luego recordó que estaba enojado, pero no pudo recuperar del todo su anterior aspecto antes de dirigirse a mí.
— ¿Es eso cierto? — Asentí levemente. — Bien, ¿puedo saber cuáles son tus motivos? Ayer te mostrabas bastante reticente aún.
Me quedé unos segundos en silencio, sopesando mis palabras. Finalmente me encogí de hombros, queriendo restar importancia a mi respuesta.
— Supongo que tiene mucho que ver lo ocurrido ayer.
— ¿Con la chica híbrido? — Asentí.
— Me queda claro que intentan ayudar, así que haré lo posible por serles útil.
— Debes saber que contarás con la máxima protección posible, tenemos múltiples aparatos para no perderte de vista y además…
— No tengo miedo — Le interrumpí. —, llevo huyendo demasiado tiempo.
— Entiendo —. Contestó luego de una breve pausa. — En ese caso, todo lo que queda es revisar los planes. No, Naruto, aún tengo mucho que decir con respecto al departamento — Dijo al notar la leve sonrisa del rubio, que se quitó de inmediato. —, solo que no es momento para ello.
Del cajón de su escritorio sacó un folder amarillo; lo abrió y extrajo una hoja que extendió a Naruto.
— Es la lista de lugares a los que irán, actualizada ayer mismo con los últimos datos del sistema.
— ¿Incluye la cafetería de la calle cincuenta y tres? Porque te juro que el otro día…
— No había híbridos allí, Naruto, entiende —. Le respondió Nara con fastidio. — Sasuke, el plan, aunque suena un poco ambiguo, consiste básicamente en que te dejes ver.
Señaló con la vista la hoja que Naruto aún revisaba.
— Los lugares que están en la hoja tienen antecedentes de secuestros de tu especie, tanto híbridos ya protegidos por nosotros como los que se mantenían al margen de la ley.
Naruto me extendió la hoja y me apresuré a leer. La mayoría de los sitios los reconocía por el nombre, pero nunca me había adentrado a ellos.
— Bares de mala muerte y antros de intercambio —. Murmuré. — Bien, esperaba algo como esto.
— Los sitios más fuera de la ley que puedas encontrar — Dijo Shikamaru. — Irónicamente sin regulación, dentro del distrito que se encarga de ello.
— ¿Qué se supone que haré allí?
— Tomarte una copa, bailar, fingir que te interesa alguien…
— ¿Cuál es el punto de ello?
— Lo que dije antes, que te dejes ver. Han atrapado a cada híbrido que ha pisado esos lugares sin distinción alguna. Si aún hay alguno suelto, mi equipo encubierto confirma que no han pisado esos lugares desde hace meses. Serás presa fácil y es lo que queremos.
— ¿Qué procede si me atrapan?
— Tendrás un rastreador en la nuca, ese que no dejaste que Sakura te pusiera —. Fue Naruto quien contestó. — También otros cuantos aparatos escondidos para poder registrar a donde te llevan.
— Entrarás, vagarás durante un par de horas y volverás al departamento de Naruto —. Continuó Shikamaru. — Un lugar diferente cada noche. Contamos con que te atrapen antes de que acabe la lista.
— ¿Y cuando eso suceda…?
— Te seguiremos la pista hasta dar con su escondite —. Finalizó el rubio con una sonrisa. — Aunque eso es un poco más complicado de lo que parece.
Asentí sin entusiasmo, más atento a buscar cualquier cosa que me pusiera en dificultades.
— ¿Y si algo sale mal? ¿Si se dan cuenta que tengo el dispositivo de rastreo, por ejemplo?
— No irás solo, Naruto estará contigo todo el tiempo.
Voltee a ver al aludido, que me sonrió ampliamente.
— Incluso entraré contigo, solo que no nos sentaremos juntos. Así es más seguro y será más fácil localizarte.
— ¿No te reconocerán?
— ¿Has ido alguna vez a un mar de mala muerte, Sasuke? — La voz de Nara sonaba divertida. Negué de inmediato.
— Sí he ido a bares porque los borrachos son muy estúpidos, pero esos lugares suelo evitarlos.
— Bueno, difícilmente alguien dentro recuerda su propio nombre —. Naruto ahogó una risita. — No lo reconocerán, no te preocupes por ello.
— Shika — Naruto no dejaba de reír. —, ¿recuerdas cuándo...?
— Lo recuerdo perfectamente, Uzumaki —. Le interrumpió.
— ¡Hey! ¡No me hables así! ¡Si fue esa ocasión cuando conociste a…! — La taza que segundos antes estaba en el escritorio del jefe dio de lleno en la frente de Naruto. Estaba vacía, pero eso no reducía el impacto de la porcelana. — ¡Ay! ¡Shikamaru bastardo!
— En fin — Dijo este con gesto aburrido. —, ¿tienes alguna otra duda, Sasuke?
— ¡Mi cabeza-ttebayo!
— No, tengo todo bastante claro —. Respondí sin inmutarme, aunque Naruto se retorcía de forma muy extraña al lado mío.
— ¡Sangre! ¡Hay sangre en mi mano!
— ¿Te sientes bien para comenzar hoy? — Asentí. — Bien, entonces haz el favor de llevar a ese idiota a la enfermería y dile a Sakura que te ponga el rastreador. El operativo inicia esta noche.
OoOoOoO
— ¿Cuánto tenemos que quedarnos aquí? — Las luces del local apenas e iluminaban la entrada lo suficiente como para distinguir el escalón de la puerta y unas cuantas sombras más allá, que parecían moverse al ritmo de una música de mal gusto.
—Solo lo suficiente para que te dejes ver —. Dijo en voz baja muy cerca de mi oído, lo que me hizo estremecer y fruncir el ceño en consecuencia. — Que sepan que estás aquí.
Di un certero codazo a su costado.
—Deja de hacer idioteces —. Contesté antes de adelantarme y entrar finalmente al lugar.
Había visitado bares en algunas ocasiones, porque los borrachos eran una presa fácil. Solían traer dinero suficiente para tomar toda la noche y era divertido hacerles hablar mientras estabas en sus piernas y rebuscabas la billetera en el bolso de sus sacos de vestir. Aun así, no me gustaba hacerlo, de hecho me sentía sucio, pero en momentos de desesperación uno prueba con todo lo que estaba a su alcance.
Pero aquel lugar distaba mucho de los que frecuentaba. Era oscuro y de olor desagradable, cubierto por una gruesa capa de humo producto de los cigarros cuyas colillas decoraban ahora el piso del lugar.
Había poco espacio, muchos sonidos indecorosos y uno que otro espectáculo indecente sobre las mesas de servicio. Los que no estaban follando o consumiendo alcohol se encontraban en medio de una pista improvisada muy pequeña, sobre la que colgaba una viejísima lámpara de disco que reflejaba las luces azules de las esquinas del lugar.
Me quedé en una orilla, sin estar seguro de cómo proseguir, hasta que Naruto llegó a mi lado. Traía dos vasos llenos en sus manos y una sonrisa ladina que intentaba disfrazar su incomodidad.
Se habría visto muy fuera de lugar con su traje de siempre. Por ello, ahora vestía pantalones de mezclilla ajustados y una camisa negra bajo una chamarra del mismo color.
— ¿Bebes durante el trabajo? — Pregunté cuando me extendió uno de los vasos, donde pude ver un líquido amarillento que me recordaba a la cerveza.
— Dentro tiene una sustancia que te mantiene sobrio. Si las personas que te buscan te ofrecen un trago, no puedes negarte o resultará sospechoso.
— ¿Y solo se te ocurrió dármela con cerveza? ¿No pudimos tomarla en el auto mientras colocábamos esas cosas en nuestros oídos?
— La cerveza lo hace más efectivo—. Contestó muy convencido, luego perdió su mirada en el líquido dentro de su vaso hasta que no pudo ignorar mi mirada perforando su sien. — Está bien, olvidé dártela en el auto y aquí no tienen agua simple.
Bingo.
— Serás denso.
—Cierra la boca —. Gruñó con molestia antes de vaciar su vaso de dos buenos tragos. Relamió sus labios un momento antes de dirigirse a mí de nuevo. — Tómalo ya, solo es efectivo durante cinco minutos después de su preparación.
— Bueno, al menos te acuerdas de eso.
— No puedes culparme, he leído papeles toda la tarde, me duele la cabeza-ttebayo.
— Eso y el golpe de Shikamaru debieron dejarte así de mal.
— ¡Te juro que necesitaba puntadas!
— Exagerado.
Di un vistazo a mi propio vaso antes de beber de él. Cuando terminé, recorrí todo el lugar con la vista y una vez más, arrugué el entrecejo ante lo desagradable que era. Ni yo, viviendo antes en las cañerías, me sentía cómodo en un lugar como ese.
— ¿No se supone que este tipo de sitios son ilegales? — Pregunté a Naruto, que como yo, paseaba la mirada por el sitio.
Se encogió de hombros.
— Somos el Distrito de Defensa; teóricamente, la ley en toda la Unión Asiática… Ya lo dijo Shikamaru, somos algo permisivos con nosotros mismos.
— Admito que no me esperaba algo así de tu parte — Confesé a la vez que bajaba la mirada a mi vaso vacío. Negó con la cabeza.
— No es como si tuviéramos de otra.
— ¿De qué hablas?
Dejó pasar unos momentos antes de responder.
— Son muchas cosas juntas: demasiada población, falta de trabajo para las mujeres, para los mayores de cincuenta… A pesar de las promesas de la élite, muchos aquí deben hacer su vida como pueden, y si eso implica crear y mantener lugares como este…
— ¿Haces un servicio social mirando a otro lado? — Negó de nuevo.
— A mí no me corresponde, no es mi puesto —. Luego esbozó una pequeña sonrisa. — De hecho, el encargado de eso es el que está sentado en la segunda mesa de la derecha.
Voltee discretamente, aunque tal vez no era necesario entre todo ese alboroto.
El sujeto en cuestión era muy robusto, de piel morena y gran altura. Estaba sentado en la mesa con dos chicas en las otras sillas y dos más sobre sus piernas, unos diez tarros de cerveza sobre la superficie y con sus labios ocupados en una zona muy indecorosa de la pelirroja en su izquierda. No pude evitar una mueca de asco.
— Una denuncia anónima no vendría mal.
Naruto se rió ante mi comentario.
— Debo admitir que alguna vez me pasó por la cabeza.
Sonreí levemente antes de continuar con mi análisis del lugar. Entendía el porqué de que estuviéramos allí, mas no exactamente en un sitio de ese tipo.
— ¿Y qué se supone que esperamos? Nadie me va a ver en este lugar.
— Te olerán.
Fije mis ojos en él ante esa afirmación.
— Sólo los híbridos deben poder olerme, los humanos no notan la diferencia.
— Tienen suficientes híbridos de su lado como para detectarte.
¿Y qué más? ¿No se les haría sospechoso que apareciera de repente con otro hombre y no estuviera ocultando mis garras? ¿Y qué me la pasara de pie recargado en la pared de un bar sin hacer otra cosa? Notaba muchos más errores en su supuesto plan, pero tampoco era viable discutirse sobre la marcha.
Pareció entender mi expresión, porque comenzó a explicarse.
— En un lugar de este tipo es difícil ver quien viene y quien va, por ello buscan el olor. Sabrán que estuviste aquí, pero qué hiciste o con quién viniste, no.
Sonaba muy seguro de sus palabras, pero mi gesto continuó impasible hasta que se me ocurrió otra cosa.
— ¿Lo han intentado antes? — Negó casi de inmediato.
— ¿Por quién nos tomas-ttebayo? — Arrugó el entrecejo, gesto que por alguna razón me resultó divertida. — Hay híbridos que han sido capturados de esa forma, los que atienden la barra ven muchas cosas durante su turno… Ellos sí saben quién viene y va; son nuestros mejores aliados en casos como este.
Asentí para mostrar que entendía su punto.
— Entonces supongo que estaremos inmóviles hasta que nos aburramos de ver ese tipo de porquerías —. Comenté con desgano a la vez que señalaba con la mirada una mesa más allá con tres parejas, que sin pudor comenzaron a tocarse sus partes íntimas por sobre la ropa y a abrir sus camisas y blusas.
— No precisamente…
Ahora sí me miró, escondió sus manos dentro de los bolsillos del pantalón y soltó un enorme suspiro. ¿Acaso sus mejillas enrojecieron? Se recargó de lado contra la pared y se acercó más a mí, sin quitar sus ojos de los míos.
Solo en ese momento lo entendí, estaba claro una vez recordaba el oxidado protocolo de los bares de mala muerte. A ojos de los demás, yo estuve solo hasta que llegó él con un trago para mí, y el haberlo bebido significaba que lo aceptaba como mi pareja de esta noche.
Joder.
— Hijo de puta—. Murmuré, aunque me escuchaba a la perfección… Porque se encontraba ya demasiado cerca.
— Tenemos que... Integrarnos. ¡Maldición, no me mires así si sabes a lo que me refiero! — En otra ocasión habría sido graciosa su cara de estúpido indeciso. — Ambientarnos, que crean que venimos a lo mismo-ttebayo.
— ¡Ya lo sé, maldita sea!— Mi mano se posó con brusquedad en su pecho para alejarlo, pero pareció no entender el mensaje. — En ese caso hubiera preferido estar borracho.
— Qué cruel eres, no estoy tan mal —. Dijo mientras sonreía y se señalaba a sí mismo. ¿La cerveza lo habría afectado? Puede que sí; tomarla tan rápido me había mareado lo suficiente para que considerara ese gesto ligeramente atractivo, así que él debía estar en las mismas condiciones.
Mi mutismo le desesperó a los pocos segundos.
— ¡Vamos! ¡Es solo por trabajo! Puedes cerrar los ojos si tanto te molesta.
Un momento… ¿Acaso insinuaba que lo iba a dejar… Tocarme? Tuve el impulso de decirle unos cuantos improperios, pero sabía que no serviría para nada más que aplazar el asunto.
Sin embargo, una parte de mí se obligó a encontrar una manera más sencilla de sobrellevar la situación; cuando la encontró, me permití una corta sonrisa y mi mano se apartó de su pecho.
— Cierra tú los ojos entonces.
— ¿Eh?
No le dio tiempo a reaccionar antes de colocar mi vaso en su otra mano y utilizar las mías para tomarlo de los hombros y empujarlo contra la pared. Ahogó un grito de protesta que me provocó cierta satisfacción. Apegué mi cuerpo al suyo y escondí mi cabeza en su cuello.
La casi nula diferencia de alturas me ayudaba bastante, sólo tenía que inclinar un poco mi cabeza para tener su cuello a mi disposición. Mis manos se apoyaron en su cadera y coloqué mis labios a lado de su cuello, pero sin tocarlo.
— Eres más idiota de lo que creí si realmente creíste que te dejaría hacerlo.
No era la primera vez que debía recurrir a algo así, aunque hacerlo siempre ponía mis sentidos en alerta. Sin embargo, al notar su respiración, me percaté de que se encontraba ligeramente acelerada. Arquee una ceja, pero esa extraña sensación fue sustituida por una aún más cuando sentí sus brazos rodear mi cadera y atraerme contra él. El sonido de los vasos al estrellarse contra el piso se perdió en medio del bullicio a nuestro alrededor.
— No te hagas el listo, Uchiha —. Murmuró contra mi oído.
Di un respingo y por impulso traté de apartarme, pero no me lo permitió.
— ¿Es joda? Déjame en paz.
— Hey, tranquilízate, no voy a hacerte nada —. Dijo con voz suave. Me quedé quieto unos momentos, internamente, obligándome a regular mi respiración, a enseñarle a mi mente que la situación era muy diferente a la que se imaginaba. Mis dedos temblaron en sus caderas sin que pudiera evitarlo y un leve respingo me dijo que era muy probable que se hubiera dado cuenta de mi estado.
Me apartó, más no me soltó. Nuestros rostros quedaron de frente, muy cerca el uno del otro, y mi mirada se centró en sus ojos azulados.
— No te lastimaré —. Dijo en un murmullo. Sonreí para disimular mi nerviosismo.
— ¿Acaso crees que tengo miedo de ti?
Sí, muchas veces los borrachos me tocaban, pero en esas ocasiones sabía tomar el control; ahora era diferente, más íntimo, tal vez. Aunado a aquellos recuerdos que aún solían torturarme, controlar mi pánico se había vuelto más difícil.
— No tenemos porqué hacer otra cosa, con quedarnos así basta —. Su murmullo prácticamente contra mis labios me hizo volver a colocar la cabeza cerca de su cuello, luego me quedé en silencio.
Pasó cosa de un minuto. Los sonidos del lugar me ayudaron a volver a la realidad y recordar nuestro objetivo. Ya recuperado moví mis manos sobre su cadera de arriba a abajo, con lentitud.
— ¿Q-qué haces?
— Imagina que te lo hace alguna chica linda —. Dije en voz baja, susurrando a propósito contra su lóbulo. Lo sentí estremecerse. — No conozco del todo estos sitios, pero si no queremos resultar sospechosos, es lo mínimo que hay que hacer.
Una vez me sentí realmente tranquilo suspiré en silencio. No detuve mi movimiento aun cuando sentí que sus propias manos comenzaban a acariciar mi espalda baja. Los nervios no se quitaban del todo, pero su tacto, lejos de parecerme amenazante, se sentía bien.
Pasee la mirada por sobre su hombro. En efecto, nadie nos veía; el ambiente seguía tan pesado y nauseabundo como antes, pero ahora parecía haberse formado una burbuja entre todo aquel bullicio y nosotros. Extraño, sí, pero no podía quejarme.
— He, admito que no esperaba esto de mi profesión —. Comentó minutos después, en una voz tan baja que apenas la escuché.
— ¿Entonces qué esperas de ella, eh? — Pregunté. Rocé tentativamente mis labios contra su cuello, que se sentía muy cálido contra mi piel constantemente fría.
No me esperaba esa respuesta, mucho menos acompañada de una suave risa.
— Morir.
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Continuará.
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