* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.
Tomé sólo mi sable al salir de nuevo al planeta, caminé por las mismas colinas que recorrí con Kylo inconsciente hasta que llegué al punto donde lo encontré, la lluvia se llevó todo posible rastro que pudiera seguir, así que sólo tenía mi instinto, dejé que la fuerza fuera mi guía, cerré mis ojos y me permití ser una con el entorno, con la escasa luz que emanaban todos los objetos, el viento cálido que soplaba y hacía bailar mis cabellos, los sonidos que producían las creaturas que habitan naturalmente este lugar y poco a poco, comenzando cómo algo que solo puedo describir cómo un susurro, sentí el llamado de la fuerza, caminé guiada sólo por esa sensación, seguía unas huellas invisibles que me llevaron más allá de lo que sola no me habría animado a explorar, pasé a un costado del árbol donde seguramente Kylo fue picado, pude ver los rastro de lo que fue un panal, debió destruirlo cuando lo atacaron. Continué mi camino pasando por más árboles, hasta que pude divisarla, su nave, no me sorprende para nada que sea negra, un caza, 4 cañones y misil, a este niño le gustaba los juguetes ostentosos.
La puerta a la escotilla estaba abierta, una invitación para cualquier chatarrero. Me adentré y por un segundo me sentí en Jakku, buscando algo que pudiera servir en una de las naves imperiales dejadas para morir en el desierto. Encontré sólo desilusión, aquí tampoco prendía la fuente de poder, pero podía llevármela y tratar de arreglarla, sin duda esta estaba en mejores condiciones que la mía, algunas piezas del motor también se añadieron a la colección y un transmisor de largo alcancé. Esto en Jakku me daría para comer un mes entero.
Al igual que hice con Kylo me llevé todas las cosas de su nave, ayudada con la fuerza. Estuve de regreso justo a tiempo, mientras más me acercaba más sentía a Kylo despierto. Dejé las cosas robadas al lado de las que ya estaba tratando de arreglar.
El cansancio comenzaba a cobrarme notas, después de aterrizar, encontrar a Kylo, reparar la nave y robar en su nave, estaba exhausta. Llegué hasta la enfermería y él estaba abriendo sus ojos adormilados.
—¿Dónde estuviste? — Me preguntó con impaciencia
—Caminando…
Llegué hasta él con más seguridad que antes, me coloqué justo frente y tomé su temperatura con mi mano, sentí su tención al momento en que nuestra piel hizo contacto.
—Tienes alta la temperatura…
—Y me duele la espalda.
Quité mi mano de su frente y me senté con más comodidad.
—Es normal, no te has movido, ni te has puesto de pie… serán sólo uno o dos días más.
—Te vez cansada.
¿Y desde cuando a Kylo Ren le interesan las demás personas? Será que está delirando a causa de la temperatura.
—Estoy cansada, no he dormido desde que llegué a este lugar, y no eres tan liviano al cargar.
—Tú si lo eres… —Su respuesta me tomó por sorpresa, recuerdo haber estado en sus brazos alguna vez, pero era cómo un sueño, lo veía entre flashes de mi memoria, hasta que Finn contó la historia del ataque en Takodana donde dice que me vio desmayada en sus brazos.
Gire mi rostro apenado a otro lugar, mojé mi labios con mi lengua y me puse de pie.
—¿Cómo te sientes? — Traté de llevar la conversación a otro lado.
—Tengo frío.
—Iré por alguna manta.
Salí casi corriendo de la enfermería, esa respuesta suya me hizo desvariar un poco, por alguna razón sentía el corazón acelerado, así que otra vez necesitaba mi tiempo alejada de él, pero ya no podía una parte de mí me pedía a gritos que me quedara a su lado.
Tomé la manta que estaba tendida sobre la cama que más tarde utilizaría yo, al regresar a la enfermería, Kylo tenía la cabeza agachada, esta medicina en verdad era fuerte. Coloqué la manta a su alrededor, tratando de cubrir la mayor cantidad de su cuerpo, aunque era demasiado alto, no podría cubrirlo todo con una sola manta, traté de acomodarla alrededor de su cuello y, al alejarme un poco, de nuevo me observaba con esos enormes ojos.
—Te tomas demasiadas molestias… — Dijo en voz muy baja —… para mantenerme con vida, cuando me entregues a la resistencia lo primero que harán será matarme.
Tenía razón, no importa de qué familia sea, ha cometido demasiados crímenes en contra de la Galaxia.
—Tu madre jamás lo permitiría— Le respondía con franqueza, Leia amaba profundamente a su hijo, sin importar el ser en que se convirtió.
—Leia… mi madre será la primera en encender la hoguera donde me quemaran…
No tuve respuesta a ese comentario, coloqué la manta lo más ajustada que pude y me puse de pie, caminé hasta la puerta y me detuve. La frase salió de mi boca como una respuesta involuntaria; —Yo no permitiría que te pase nada.
Y salí del lugar, mis emociones estaban bastante confusas, entre odiar y apreciar al hombre que estaba recostado sobre el suelo de mi nave, un hombre con el corazón tan envenenado por el lado oscuro que creía que su propia madre sería capaz de matarlo.
Llegué hasta el camarote donde tomaría un descanso, a la distancia podía sentir a Kylo, confundido, alterado, vulnerable… supongo que hace años que olvidó como se sentían todas esas emociones, debía dejarlo experimentarlas un rato, talvez le haría bien recordarlas.
Quedé dormida casi al instante, pero el frío me hizo despertar, un frío que calaba hasta los huesos, no tenía una manta, la que estaba en esta cama ahora rodeaba a Kylo Ren, pero ¿En qué momento bajó tanto la temperatura?
Busqué por el camarote otra manta que me pudiera cubrir, pero no sabía dónde podían estar guardadas, mis articulaciones apenas me respondía, y una idea llegó de repente a mi mente ¿Cómo estará Kylo? Tenía la temperatura alta y con el clima extraño de este planeta debe estar helado.
Decidí ignorar el frío que crecía cada vez más en mí y caminé a tropezones hasta la enfermería, ahí estaba él, inconsciente, no dormido, me acerqué cómo pude y toqué su frente con mi mano, helado no, congelado sería la palabra adecuada.
— ¿Kylo? —Pregunté preocupada —Despierta— lo tomé con fuerza de los hombros y lo sacudí.
—Está helando— Dijo sonriendo, mientras pequeños espasmos lo hacían moverse desde su abdomen.
—No es tiempo aún, pero te pondré otra dosis, debes mantener la temperatura alta.
Caminé hasta el botiquín donde guardaba la medicina, la preparé y regresé a su lado, descubrí su abdomen y apliqué la inyección, me asustó el hecho de que esta vez no gimiera de dolor. Me acurruqué a su lado y pasé mis brazos por sus hombros, estaba unida a él por un abrazo, desesperada por traerle calor, sentía sus mejillas heladas acomodarse en mi cuello y su nariz rozando ligeramente mi clavícula, su respiración era más fría, con cuidado lo liberé de las manos y lo recosté, sin generar mucho moviendo, ahora estaba acostado en mi pecho, sujetaba sus brazos con mis manos y pasaba la manta sobre nosotros. Temblaba con un pequeño niño y yo lo acunaba con la esperanza de pasarle un poco de mi calor, poco a poco dejó los espasmos de lado, comenzaba a regular su temperatura, ya no estaba azul, recuperaba su antinatural tono pálido transparente. Peiné su cabello fuera de su rostro y fue lo último que vi antes de quedarme dormida.
