Aquí os dejo mi siguiente capítulo, espero que os guste ya que es más largo que los otros y más interesante XP
Bueno, ya sabéis: One Piece no me pertenece, es de un tal Eiichiro Oda; un genio, el tío.
Os dejo la respuesta a la anterior adivinanza:
DESPISTE GEOGRÁFICO:
¿Qué puede hace una
foca para no perecer
en medio de la
pradera?
~Pedir ayuda, porque
se habrá perdido~
TACIHILA
CAPÍTULO 6. ARCOS, FLECHAS Y PISTAS
El incendio había destruido por completo uno de los tipis donde se almacenaba la comida.
Nadie sabía cómo había empezado, pero en pocos minutos las llamas se divisaban desde todo el poblado. Y menos mal que el río estaba cerca.
Formando una cadena de brazos, los indios llenaban recipientes de agua que pasaban de mano en mano hasta llegar al fuego. Lo importante era que este no se propagase por el poblado. Y afortunadamente, consiguieron controlarlo.
Los sioux estaban acostumbrados a los incidentes y no se preocupaban demasiado por el incendio. Un accidente fortuito podía pasar en cualquier lugar, en cualquier poblado.
-Me parece -dijo Robin- que esto no ha sido un accidente.
-Claro que no -aseguró Lince Veloz, que estaba inclinado junto a las cenizas-. Huele.
El muchacho metió sus dedos entre lo que quedaba del tipi consumido y le acercó sus dedos a la altura de la nariz de Robin y ésta olió.
-Parece, parece... gasolina.
-Es obra de los rostros pálidos. Seguro.
-Quieren que os asustéis.
-Esto no puede quedar así -afirmó Lince Veloz, cargó su carcaj de flechas y se dirigió hacia la pradera.
-¿Adónde vas? -le preguntó Robin, deseando acompañarle.
-Voy a seguir sus huellas, a descubrir dónde se esconden y que más piensan hacer. Estoy seguro de que no se van a contentar con este pequeño incendio. Tramarán otra maldad para echarnos de nuestra tierra. Querrán asustarnos para que consintamos en la venta. Tengo que detenerlos antes de que hagan algo gordo. No quiero que el abuelo se preocupe.
-¡Espera! Voy contigo.
-¡Y yo! -se ofreció Gusano Fofo llegando hasta ellos corriendo algo agitado.
-Pues vamos -dijo decidido con un rostro que demostraba bastante venganza.
-Un momento -los detuvo Robin-. Tú tienes arco y flechas. Yo también quiero tenerlos.
-Pero no sabes disparar -objetó Lince Veloz.
-Me enseñarás -repitió Robin convencida.
Lince Veloz sonrió. Gusano Fofo se rascó la tripa.
-Es mejor que te quedes -dijo el muchacho, a quien le gustaba ver a Robin tan decidida-. Tendremos que seguir las huellas de los incendiarios. Tampoco sabes seguir huellas.
-Me enseñarás -respondió la niña con una sonrisa de medio lado.
-De acuerdo -dijo Lince Veloz-. Aunque con ello perdamos algún tiempo, no importa. Cuantos más podamos defendernos, mejor nos enfrentaremos a los malvados hombres blancos.
Luego, de un salto montó sobre su caballo que le esperaba a la salida del poblado. Robin le imitó. A la primera falló; dio una voltereta sobre Minchaka y quedó colgada de la tripa como un gusarapo, pero a la segunda consiguió subir a la grupa de su querido caballo manchado.
El contrario, que pasaba por allí, aparentó que le de daba un escalofrío y puso cara de pánico:
-¡Huy, qué miedo, ya no podré dormir gracias a los hombres buenos!
Lo que quería decir que ningún tiparraco iba a atemorizarle y que pensaba dormir a pierna suelta.
Cabalgaban, seguidos por el poni de Gusano Fofo. Lince Veloz preguntó:
-¿Qué prefieres: fresno, olmo, sauce o cerezo?
A Robin le gustaban todos los árboles, pero recordó que las flores de cerezo tenían un color precioso color rosa y además le encantaban.
-Cerezo, ¿por qué? -contestó.
-Haremos tu arco de madera de cerezo.
Y se dirigieron al bosque, donde Lince Veloz eligió una de las ramas más flexibles y resistentes de cerezo, que podó con la ayuda de su cuchillo.
Mientras tanto, Gusano Fofo iba recogiendo piedras de obsidiana, las mejores para las puntas de las flechas.
Robin aprovechó que sus amigos estaban un poco alejados para hablar con Minchaka:
-Quiero ser una guerrera para poder defenderme. Esos tres bandidos son muy peligrosos y para seguirles la pista es mejor estar preparada.
-Sé dónde viven esos hombres, arriba, en la montaña; son capaces de todo y no se detienen ante nada -dijo el mustang.
-¿Sabrías llevarnos hasta ellos? Yo los vi una vez cerca de una cueva, pero no recuerdo el camino.
-¿Una cueva, una gruta? -una cabeza curiosa se asomó por un agujero. Era un perrito de las praderas que se acercó y se puso de pie sobre sus patas traseras-. Son mi especialidad.
-¿Sabes hacer una cueva?
-Vivimos bajo el suelo, en galerías, en túneles.
-¿Cómo los topos?
-No exactamente, nosotros salimos y entramos. Nos gusta la luz del sol, pero nos escondemos para que nadie nos haga daño.
-No te vayas a creer que los perritos de la pradera tiene miedo -aclaró Minchaka-. Son de los más valientes de todos los valientes.
-Gracias, caballo, eres un amigo. Siempre serás salvaje y libre, aunque ahora estés con una niña de piel blanca -dijo el perrito, y dirigiéndose a Robin, pronunció unas palabras misteriosas-: Recuerda siempre que dentro de un túnel el aire te señalará el camino.
Robin quiso preguntarle a qué se refería con aquello del túnel, pero en ese momento llegó Lince Veloz y la conversación quedó interrumpida. Traía el arco y las flechas.
-Ahora, Violeta de la Pradera, coge tu arco. Siente su peso, nota su tacto. ¿Te gusta?
-Me encanta.
Gusano Fofo había tallado en piedras de obsidiana las puntas de las flechas. Para hacerlas había utilizado un martillo de piedra para romper el mineral y otro sílex para darles forma puntiaguda.
-Muy bien, Gusano Fofo, magnífico trabajo.
El muchacho del sombrero de paja se hinchó de satisfacción.
-Violeta de la Pradera, el arco ha de ser como una prolongación de ti misma. Debes tensar la cuerda sin mirarla y concentrarte en donde quieras clavar la flecha.
-Me gustaría clavarla en aquel árbol, junto a la hoja verde.
-Pues inténtalo.
Robin puso la flecha en el arco, tensó la cuerda y apuntó. Alguna vez, en su isla, había jugado a los indios con sus amigos. Pero ahora sus amigos eran indios de verdad y además era mucho más que un juego.
Árbol, tronco, hoja verde.
«Zasssssssssssssssss...»
La flecha salió disparada y se clavó en el tronco. Mantenía la dirección y la altura gracias a las plumas pegadas al extremo. Robin había dado cerca, muy cerca, del objetivo deseado.
-¿Qué tal?
-No ha estado mal para ser la primera vez. Aprenderás a hacerlo mejor. Pero ahora te voy a enseñar a disparar más deprisa. Hay veces en que la rapidez es tan importante o más que la puntería. Mira.
Robin se quedó con la boca abierta, comprendió porqué se llamaba Lince Veloz. Aún no había terminado de hablar, cuando el muchacho de cabellos verdes disparó una flecha hacia los cielos. Y antes de que esta flecha cayera y se clavara en el verde tapiz del bosque, ya había lanzado cuatro flechas más. Todas se clavaron en el árbol al lado de la de Robin.
-¡Guauuuu! -exclamó la niña ojiazul con admiración.
-Dho, dho! -gritó Gusano Fofo indicando que aquello era «estupendo».
Lince Veloz no se dio por aludido, ni se mostró orgulloso por lo que había hecho. A fin de cuentas, cualquier sioux que se precie sabe utilizar el arco y las flechas igual o incluso mejor. Los grandes guerreros podían disparar siete, ocho flechas, antes de que la primera cayera al suelo.
-Ahora, yo -dijo Robin muy ufana.
Pero su gozo en un pozo: solo le dio tiempo de disparar una. La primera flecha bajaba tan deprisa...
-Tienes que lanzarla hacia el cielo, lo más fuerte que puedas. Fíjate en las nubes y diles «Allá va mi flecha, sujetadla para que tarde en caer».
-Allá va mi flecha... -comenzó a decir Robin en voz alta, pero Lince Veloz selló con su mano los labios de la morena.
-Habla con el corazón.
Robin tensó la cuerda del arco, se fijó en la nube más alta, lanzó su deseo con el pensamiento, y disparó.
Esta vez consiguió clavar dos flechas en el árbol antes de que la primera descendiera; en esta ocasión parecía caer más despacio, facilitando los otros disparos.
-Y ahora fíjate bien -le dijo Lince Veloz-, y dime lo que ves.
El muchacho le señalaba el suelo, donde ella no veía más que hierba, algunas ramas, guijarros y diminutas flores.
Cuando dijo lo que veía, Gusano Fofo comenzó a reírse divertido.
-Oye, ¿qué te pasa? -le preguntó Robin.
-Me acuerdo la primera vez que mi padre me llevó a leer huellas. Me enseñó una cagarruta de bisonte y me preguntó qué veía. «Pues una cagarruta de bisonte», dije. Y él me ordenó: «Mete el dedo dentro». Lo hice porque me lo pedía mi padre. «Huele», y olí. «¿A qué huele?» «A cagarruta de bisonte» «¿Y qué más?» No supe decir nada más. Pero mi padre, Pluma Negra, me enseñó que el olor hablaba del bisonte, de su tamaño, del tiempo que hacía que había pasado por allí, de lo grande que que era la manada, etc. Si no aprendía a ver nada de eso, no sabría distinguir al bisonte de la cagarruta. Por eso, cuando por fin vi al bisonte, me emocioné tanto que no vi la cagarruta, la pisé y me puse perdido -y Gusano Fofo volvió a reírse recordando aquel momento.
-Pero aquí no hay cagarrutas de bisonte -dijo Robin, sin dejar de mirar al suelo.
-Pero hay huellas de los hombres que estamos buscando. Han pasado antes que nosotros. Mira esa rama quebrada, indica el camino que han seguido.
-Hacia la montaña.
-En efecto, hacia la montaña. Fíjate bien porque, si alguna vez nos separamos, debes saber interpretar los mensajes que te iré dejando. Tres piedras como estas, colocadas de mayor a menor, significarán que ese es el camino que has de seguir.
»Tres piedras grandes colocadas juntas con otras pequeñas encima, significarán que los bisontes están cerca.
»Un haz de hierba anudado a una rama indica peligro.
-¿Qué más? -preguntó Robin, que tomaba buena nota de lo que estaban aprendiendo.
Era mejor que los mensajes escritos, porque las huellas en el campo solo eran comprensibles para quienes sabían interpretarlas.
-Dos palitos en forma de L dicen que cerca hay tantos indios como palitos en fila.
-¿Y si fueran los blancos a quienes buscamos?
-Entonces los palitos estarán cruzados unos encima de otros.
Violeta de la Pradera cubría su cabeza con el tocado de plumas, llevaba el arco y el carcaj con las flechas y, de vez en cuando, exclamaba en el idioma sioux hoppo!, que significa «¡vamos allá!».
Los días, las tardes y las noches pasaban por la pradera y se acercaba ya «la luna en que se mudan los ponis», que corresponde a nuestro mes de mayo.
Continuará...
Este capítulo me ha salido más largo porque he tenido más tiempo para escribir ya que el jueves fue el día de Andalucía (soy andaluza :) y es fiesta así que no tuve instituto y el viernes era puente y tampoco tuve insti, así que he tenido dos días libres y además el fin de semana para escribir. Espero que os haya gustado este capítulo, ya que me he esforzado bastante con lo de las pistas y eso xD
(/:::::|REVIEWS|:::::\)
Laura9914: ya se que la adivinaste pero es que tengo muy poco tiempo, sabes? Y espero que te haya gustado mi capítulo porque este es mas largo. Siento no contestarte mucho pero esque no tengo tiempo. Y espero que con esta historia aprendas a apreciar el ZoRo!
Zu Robin Kato: si que pena que este a punto de morir el abuelo de Zoro... y lo del significado de 4, a mi me gusto bastante porque para mi si que da buena suerte (para mi) y bueno tambien es que si lo piensas bien el 4 lo tiene todo... Lo de la comida yo pense: ¿que pongo que es? Y digo pues algo que sea muy asqueroso y asi llego. Espero que sigas leyendo :)
Lord Yavetil: tranquilo que ya te he dejado los reviews, me encanta tus historias te lo voy a decir siempre asi que no te preocupes que yo siempre leo aunque no deje reviews :)
Aquí dejo mi nueva adivinanza, espero que esta vez puedan adivinarla ^^
DIBUJO ANIMAL:
¿Con cuántas patas
tienes que dibujar
un león para
estar seguro?
Sin más, espero les haya gustado este pequeño escrito, ya saben, los reviews son gratis, siempre bienvenidos, pero sobre todo, me alegran mucho el día.
Nos leemos ^^
Fatima-swan
