Parada frente a la puerta, Sara se preguntó una vez más qué estaba haciendo. Volvió a revivir por momentos los sentimientos que, después de estar dormidos, despertaron en aquel beso. Sentía algo, eso estaba claro, pero ¿qué era exactamente? Por miedo a cometer los mismos errores esa pregunta surgía una y otra vez en su cabeza. No estaba segura si sus sentimientos eran simplemente la necesidad de tener a alguien o… eran algo más.

Queriendo no pensar más pico al timbre. ¿Estaba nerviosa? Si, definitivamente lo estaba y todavía lo estuvo más cuando oyó que Greg le hablaba desde el otro lado de la puerta.

"Sara. Tienes que hacer una cosa. No puedo abrir la puerta hasta que no cierres los ojos."

"¿Cómo? Greg, déjate de chorradas y abre la puerta."

"Por favor. No te voy a hacer nada. Lo prometo."

Después de un bufido, Sara cerró los ojos y escuchó como la puerta se abría. Unos de sus cinco sentidos lo saboreó; el olor a melocotón inundaba la habitación. Tras sus parpados notaba como la luz era tenue y suave. Pero fue el tacto el que realmente consiguió que un escalofrió recorriera su cuerpo. Greg la había cogido de la mano para que entrara en la casa, pero ahora esa misma mano estaba en su espalda guiándola entre un mar de sabores.

"Puedes abrir los ojos" Sara así lo hizo, pero no podía creer lo que estaba viendo. Las cortinas del salón estaban echadas y había velas por todos lados; por el olor, éstas serian de melocotón. Frente a la tele el sofá y a la derecha una pequeña mesa con tostadas, fruta, café…en definitiva un desayuno completo. La chica se volvió hacia Greg sin habla.

"Greg… esto es… vaya." Su sonrisa era algo que Sara siempre podría recordar, algo que también le formaba una sonrisa en su rostro.

"¿Desayunamos?" Simplemente asintió y ambos se dirigieron a la mesa.

"¿De dónde has sacado tantas velas?" Estúpida pregunta, pero era la única frase que su mente había conseguido formular.

"Las he comprado"

"Claro."

"¿Estas nerviosa?"

"¿Y tu?"

"He preguntado yo primero."

"Pero a partir de tu pregunta se ha formulado otra pregunta, lo que te obliga a contestar"

"Mmm. Según esas reglas puedo contestar o hacer otra pregunta… pero tu harías otra pregunta que llevaría a otra más y nunca obtendríamos nuestras respuestas."

"conclusión. Estás nervioso."

"¿Tú crees eso?"

"Estas divagando sobre hacer preguntas que nunca obtendrán respuesta para poder llenar un poco el silencio y la tensión que se siente en el ambiente."

"¿Y por qué hay tensión?"

"Esa es otra de tus preguntas que no recibirá respuesta y que ocasiona otra pregunta similar. ¿Por qué crees tu?" Sara estaba con un cuenco de macedonia y Greg dándole los últimos sorbos a su café. Ambos tenían la mirada fija en el otro y pequeñas sonrisas escapan a su control. La conversación que estaban teniendo era totalmente estúpida y surrealista, pero era mejor que tratar temas más serios.

"El silencio es una buena respuesta, porque no tienes que contestar ni formular otra pregunta." Fue entonces cuando la conversación entro en caudales más serios.

"No contesto, porque no se la respuesta a tu pregunta. No se lo que está pasando." Sara le miró por unos segundos y de seguido se levantó y comenzó a recoger la mesa. Greg se quedó sentado, pensando que lo había estropeado todo, que la había asustado, pero tampoco tardó mucho en levantarse a recoger también.

"Deja las cosas ahí. ¿Quieres otro café?"

"Si" Sara se sentó en el sofá y Greg fue a por una taza de café. Esta escena resultaba familiar, excepto porque ahora era la casa de él y era ella la que estaba sentada esperándole.

"Aquí tienes."

"Gracias."

"Sara, ¿quieres hablar?" Ella se revolvió en su asiento, pero supo qué contestar.

"Vaya pregunta… no se si sabré qué decir."

"Solo espero que tu repertorio se haya ampliado y tus únicas palabras no sean no lo se"

"Muy gracioso. ¿Tu sabes qué decir?"

"Si."

"¿Si? ¿Sin más?"

"Si." La mirada de Greg era sincera y solo esperaba una confirmación por parte de Sara, quien seguía con sus inseguridades.

"Sara, ¿Qué quieres?"

"Quiero tantas cosas…"

"¿Y la que más?"

"No cometer los mismos errores…quiero que no me hagan daño."

"Yo nunca te haría daño." Los cafés habían sido olvidados sobre la mesa. Sara elevó la mirada transmitiendo a Greg comprensión.

"Se que no me harías daño, pero… tengo la sensación de que soy incapaz de afrontar una relación, de que no puedo mantenerla."

"Eso es porque no has encontrado a quien de verdad quiera mantenerla. Sara… no espero que me digas lo que quieres ahora mismo, pero solo quiero que sepas que quiero intentarlo y…" Greg respiro profundamente con la intención de formar una frase en su mente que parecía no querer ser pronunciada. "… bueno creo que ese beso antes, en el aparcamiento… creo que tu también lo has sentido."

Eso descolocó por completo a Sara. No espera una afirmación tan rotunda por parte de él, pero ciertamente tenía razón. Ese beso había hecho que en su interior se despertara algo; un sentimiento diferente que le daba ganas de volver a intentarlo.

Sus miradas se cruzaron y lo que se dijo en ellas expresaba un sentimiento conocido por aquellos que experimentan la felicidad… amor. Era eso, aunque por otro lado, en la mente de Sara aparecían demasiados peros, demasiadas preguntas que no obtenían una respuesta clara. Greg percibió su preocupación únicamente con observar su cálida mirada, se acercó a ella lentamente y con suavidad retiró el pelo de su cara.

"Eso no va a ocurrir. Jamás." Fueron sus últimas palabras antes de que volviera a sentir que realmente el cielo estaba en la tierra. Que el mundo a su alrededor eran meras sombras que no podían irrumpir en la pequeña burbuja en la que ambos se encontraban. Sus labios volvieron a sentir el sabor de la felicidad, más cercana que nunca. Un sabor que querría tener por muchos años… por toda su vida.

Sara entornó sus párpados procurando sentir todo lo que Greg estaba dispuesto a dar; y desde luego lo sintió; multitud de emociones que escapaban a su control; jamás había sentido nada parecido. Creía que había estado enamorada, pero fue en ese preciso momento cuando supo que no había sido así. El roce de sus labios, le prometía más de lo que ella podía imaginar. Sus manos aun estaban paralizadas por las sensaciones del momento, en cambio las Greg se situaban en su rostro.

"Greg…" Únicamente sus suspiros inundaban el silencio, y se entremezclaban con la tenue luz de las velas y el rico sabor a melocotón que se apreciaba en el ambiente. Sus ojos cerrados y sus frentes una contra la otra.

"Quédate conmigo…" Su mano derecha estaba enredada en su pelo y sus labios aún degustaban el sabor de lo que significaba sentirse vivo. Sara simplemente le observo y sintió como sus dedos se entrelazaban juntos, bajo la mirada que ambos compartían.

Una lágrima se deslizo por la mejilla de ella, pero se detuvo en la mano de Greg, quien de nuevo la beso. Ambos sabían lo que querían, ahora si.

-o-

Había sido perfecto… Sara despertó y recordó quién estaba a su lado. Sólo con eso una sonrisa se formó en su rostro. Primero sintió una pequeña caricia recorrer su brazo, después un beso en el cuello y por ultimo sintió su abrazo. La felicidad desde luego existía, y estaba en esa habitación, entre esas cuatro paredes se encontraba ahora el mundo; su mundo.

Sara se giró y se encontró con otra sonrisa.

"Hey, sweetie"

"Buenos días" Permanecieron mirándose mientras Greg acariciaba su rostro

"Eres preciosa." Sara rió a la vez que se sonrojaba. "No, en serio. Quien no lo vea es porque realmente está ciego."

Ella se acercó y le beso. Él pronto respondió tomándola por la cintura, de tal manera que Sara estaba ahora sobre Greg. Un deseo comenzaba a nacer… El chico se detuvo y la miró profundamente a esos ojos chocolate que le hacían viajar a otro mundo cada vez que los observaba.

"¿Estoy soñando? ¿Es este otro de esos sueños en los que me despierto solo?" otro beso le dio la respuesta. Realmente no estaba soñando, era real. Sara estaba con él, en su habitación y en su cama. No había ni Grissom ni Hank ni nadie, solo ellos dos.

"Me gustaría quedarme aquí durante horas, pero desgraciadamente tenemos un trabajo al que asistir." Greg miró a su izquierda para ver la hora que era. Las seis de la tarde… dos horas para entrar a trabajar.

"Todavía tenemos tiempo." Y ahí estaba esa sonrisa traviesa de nuevo.

"Tengo… que ir… a casa… a cambiarme."Contestó Sara entre besos.

"Pero… eso lleva poco tiempo. ¿No?" Otra vez la sonrisa… le dio un último beso y comenzó a vestirse.Sólo llevaba puestas unas pequeñas braguitas negras y una camiseta de tirantes. Greg se apoyó en sus codos y la observó.

"¿De verdad tienes que irte?"

"No me mires con esa cara… Greg, por fa no me mires así..." Él cada vez conseguía mostrar más tristeza en su rostro, pero por supuesto era para intentar que ella se quedara. "No vas a hacerme cambiar de idea… además, no me gustaría ir al laboratorio con la misma ropa que llevaba ayer."

"Vaaale." No la perdió de vista mientras se vestía y cuando hubo terminado consiguió agarrarla por el brazo, con el resultado de que ella volvía a estar encima de él.

"No te vayas."

"Tengo que irme." Se levantó sonriendo junto con Greg que estaba en ropa interior. La acompañó hasta la puerta.

"Nos vemos luego."

"Si…" Un beso apasionado era la mejor forma de despedirse, aunque Greg…en fin… quería más…

Darse una ducha fría sería lo siguiente que haría.

-o-

Desgraciadamente tendría que salir de su pequeña burbuja. Sara se encontraba en el coche frente al laboratorio intentando agrupar sus ideas. Tenía que comportarse de la misma forma con Greg, pero no sabía si estaba segura. Después de todo con Grissom lo había conseguido, pero eso era distinto. No era el mismo sentimiento.

Un golpe en la ventanilla del conductor la hizo volver a la realidad. Grissom… Sara solo bajó la ventana.

"¿Qué haces ahí? Llevas ya un rato… ¿Estás bien?"

"Sí."

"Sara. ¿Cuándo me dejarás hablar contigo?"

"Grissom estoy bien, no pasa nada. Es agua pasada."

"Para mí no. Realmente quiero hablar contigo y explicártelo todo."

"Es que no tienes nada que explicarme. Te acostaste con Sofía cuando estabas conmigo. Se acabo la explicación."

"Por favor."Verdaderamente parecía derrotado y fue lo que hizo que en Sara apareciera esa pizca de comprensión de la que luego se arrepentiría.

"Vale."

"Gracias. ¿Quieres que luego pase a verte?"

"Claro."

La frustración la invadió. Por primera vez en mucho tiempo no tenía ninguna gana de ir a trabajar y mucho menos en ese caso que parecía no tener ni pies ni cabeza.

Aun así entró en el laboratorio justo detrás de Grissom, a quien le agradeció el no que no hubiera entrado con ella. Después de todo él conocía sus propios límites y pese a sus defectos, infinidad de ellos, también tenía su parte buena… Pero… ¿se puede saber en que narices estoy pensando? Estás enfada con él, ¿recuerdas? No tiene cosas buenas y punto.

Sara entró en la sala común con la esperanza de que nadie se fijara en la cara de tonta que tenía, pero pensó que si había podido ocultarlo con Grissom, ¿por qué no con Greg? Su supervisor había ido primero al despacho, pero el resto del equipo estaba allí esperando. La chica entró y saludó ofreciéndole a Greg en especial una tímida sonrisa. Fue a por un café mientras la mirada de Greg acompañaba todos sus movimientos. Catherine y Warrick no estaban atendiendo en absoluto al momento que estaban viviendo sin darse cuenta. Probablemente con haber echado un vistazo, Cath habría averiguado lo que la cara de Greg gritaba en silencio.

Grissom regresó para retomar el caso que teníamos pendiente, mientras que a Catherine le asignó otro diferente, cosa que no le sentó nada bien.

-o-

Sara revisaba las anotaciones sobre el caso junto con las fotos; sabía que algo se les estaba escapando. No había indicios de que una quinta persona estuviera en la habitación, por lo que todo había pasado entre los matrimonios. Lo difícil era averiguar el quién y el cómo. Repasó una y otra vez los informes, hasta que lo vio. Salió de la sala en busca de Greg para contárselo, pero fue con Grissom con quien se topó y por encima de todo eran profesionales.

"Grissom, creo que se lo que hemos pasado por alto..."

"La secuencia de tiempo." Sara le observó no muy sorprendida, porque siempre lo hacía.

"Como siempre, tú ya lo sabes." Un poco desilusionada comenzó a caminar a la par que él a lo largo de los pasillos del laboratorio.

Fueron a buscar a Greg, que estaba revisando unas pruebas y sin más Grissom comenzó a explicarlo todo.

"Repasemos. Todos muertos, sin ningún otro sospechoso. Las partículas que tenía la rubia eran sal y tenían el ADN del marido. Los hombres estuvieron bebiendo tequila, de ahí la sal en su mano y la transfusión a la chica rubia. Sabemos que Jason Skinner estranguló a su propia esposa, Karen Skinner. También sabemos que Nathalie Carney, la chica joven, disparó a Jason al ver que estaba matando a su amiga. Lo que tenemos que averiguar es qué hacía Michael entre tanto y por qué murió con la pistola en la mano si no disparó a nadie."

"Simple." Dijo Greg. "Mató a su mujer, la pistola cayó al suelo y él la cogió."

"¿Cómo si estaba muerto?" Ese había sido Grissom, siempre cuestionándolo todo como si se tratara de un rompecabezas.

Sara por fin quiso intervenir en la conversación. "La clave para resolverlo está en Michael y Nathalie, la pareja joven. Supongamos una cosa: los maridos entran en la habitación borrachos y lo que se encuentran no les gusta nada. La morena, Nathalie, se levanta de la cama y se acerca a su marido diciendo la típica frase de no es lo que parece, él contesta cerciorándole un bofetón que hace que caiga sobre el escritorio. De ahí la sangre que encontramos en la esquina. Entre tanto el segundo marido, Jason se aproxima a su esposa, se coloca sobre ella restringiendo todo movimiento y rodea su cuello con sus manos…"

"¿Y dónde está Nathalie? Aún mejor, ¿dónde estaba la pistola para que pudiera acceder a ella tan fácilmente?" Fue ahí cuando a todos se les ocurrió lo mismo, pero fue Grissom quien habló primero.

"Greg, vuelve al hotel y comprueba todos los cajones del escritorio."

Una mirada profunda a Sara y desapareció por la puerta.

-o-

Pasada la media hora, Sara recibió una llamada de Greg confirmando que en el tercer cajón del escritorio estaba la funda del arma. Fue a buscar inmediatamente a Grissom para informarle. Éste se encontraba analizando las muestras de sangre de la ropa, simplemente para confirmar lo que ya sabían.

"La pistola estaba en el escritorio." Levantó la mirada del microscopio y sonrió. Sara le conocía bien y sabía que le encantaba ir juntando todas las piezas para luego obtener una imagen del conjunto.

"Estupendo. Tenía buen acceso a la pistola. La cogió mientras estaba en el suelo y…"

"El abollón en el parqué…"dije dándome cuenta del pequeño detalle, pero significativo del indicio. "El marido la volvió a golpear cayéndosele a ella la pistola y provocando esa marca." Parecía que poco a poco las piezas encajaban.

"Bien. Entonces, ¿cuál es la situación?"

"Dos en la cama, vivos aún. El marido joven golpeando a su mujer la lleva hasta el baño. Ella consigue de alguna manera golpearle…"

"Vengo ahora." Grissom salió de la habitación a toda prisa, estaba claro que algo se le había ocurrido y seguro que era la clave que resolvía el caso. Ya le había hecho lo mismo en varias ocasiones y dejarla con la palabra en la boca era algo que ella odiaba.

-o-

5 minutos, 10, 15, 20 y ni rastro de él. Greg y Sara estaban esperando a que Grissom diera señales de vida. Se encontraban en la sala de descanso discutiendo el caso y otras cosas... Intercambiando miradas, en fin coqueteando un poco.

"Grissom vendrá con la solución. ¿Lo sabes no?" dijo Greg con un tono de voz insinuante.

"Lo se"

"¿Y sabes que quiere decir eso?" Seguro que él no estaba pensando lo mismo que ella. Después del turno tendría que tener una conversación larga y tendida con Grissom. No tenía ganas, pero aunque ahora Sara supiera lo que quería, él siempre había sido algo más para ella y sus sentimientos no desaparecerían por mucho que quisiera.

"Tenía que hablar contigo de eso." Sara preparaba café mientras Greg estaba sentado en el sofá mirándola como un perrito escondido tras el respaldo.

"¿Qué pasa?" Ella se acercó con dos tazas de café sentándose junto a Greg y deseó que nadie interrumpiera su conversación, porque sino le sería más difícil retomarla.

"Pues verás, tengo que solucionar una cosilla, pero luego me pasaré por tu casa. Te lo prometo."

"¿Puedo preguntar qué cosilla?" Greg se había dado cuenta de que Sara no quería dar demasiados detalles del tema, pero los celos y su curiosidad eran algo que siempre se interponía entre lo que se debe y no se debe hacer.

"No te gustará oír la respuesta." Sara dio un sorbo a su café y su rostro se lleno de culpabilidad. El chico no necesitó nada más. Ya sabía lo que pasaba

"Tiene que ver con Grissom, ¿verdad?" Ella simplemente asintió. "Bueno, si lo necesitas hazlo, pero prométeme que luego me llamarás"

"Prometido." Ambos sonrieron y se acercaron para compartir sus labios, pero antes de hacerlo volvieron a la realidad dándose cuenta de dónde estaban. Greg, como sustitución al beso, acarició el brazo de la chica, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.

Entonces el móvil de Sara sonó, pero no era una llamada, era un mensaje.

"Un mensaje de Grissom" Dijo mirando el aparato. "Está con Robbins"