- Lo siento Clary. – dijo Will.

- No tienes porqué. Es Jace el que se preocupa por absolutamente todo. –

- Pero esta vez sí tenía motivos para preocuparse. Yo mismo me he asustado. – bajo la cabeza avergonzado.

- Muchas gracias por quedarte conmigo toda la noche. – se limpió el rastro de lágrimas. – Bueno parece que ya es de día. ¿Qué te parece si hacemos algo de desayunar? –

- Aún no me acostumbro a que no haya servicio. – se rio. Abrió la puerta de la habitación. – Señorita. – dijo bromeando. Clary se rio.

- Muchas gracias. – le agarró el brazo y caminaron juntos hacia la cocina.

Tessa se despertó. Le resultó raro no tener a Sophie para ayudarla a vestirse. Se dio cuenta con un pinchazo de tristeza que puede que jamás volviera a ver a la chica. O a Charlotte y a Henry. Se sentó en la cama, al borde de las lágrimas. Alguien llamó a la habitación. Entro Jem, con su habitual sonrisa. Pero al ver a su prometida, se borró por completo de su rostro.

- Tessa, ¿qué ocurre? – se acercó a ella y se arrodilló para poder verle la cara.

- Es que… Jem acabo de darme cuenta que puede que nuca más volvamos a ver a Sophie, a Charlotte, a Henry… Puede que nunca vuelva a ver a mi hermano. –

El rostro del chico se suavizó.

- Tessa no deberías pensar en cosas tan tristes. A demás, Magnus está intentando llevarnos de vuelta a casa. Por ahora, lo importante es mantenernos unidos. – Puso su mano en la mejilla de ella. – Para mí, lo más importante es mantenerte a salvo y junto a mí. –

Tessa sonrió. Jem siempre conseguía calmarla. Era la roca que la mantenía sujeta en la tormenta. Se acercó y le dio un casto beso en los labios. Él sonrió y se puso en pie.

- Vamos. – la chica se levantó. – Estoy deseando ver en qué ha cambiado mi ciudad. –

- ¿Sería un inconveniente verla después de tomar algo? –

- En absoluto. –

Cuando llegaron a la cocina, encontraron que Clary y Will ya estaban allí. Los dos estaban cocinando, cubiertos de una sustancia color crema. La pelirroja preparaba algo en una sartén, que despedía un olor delicioso. Mientras, Will, tenía algo de color negruzco y con olor a quemado.

- Desisto. – dijo mientras reía. – La cocina no es lo mío. –

- Buenos días. – saludó sonriente Jem. – Will eso que estas preparando tiene un aspecto increíble. Pero es que no tengo mucho apetito. – Él mencionado le lanzó una mirada asesina. Jem se rio.

- Tranquilo. A pesar de que Will es un experto en la cocina, puedo prepararos más tortitas. Aunque no estarán a la altura de las suyas. – dijo Clary riéndose a carcajadas. Will le lanzó un poco de esa sustancia pegajosa, que Tessa supuso que sería la masa de las tortitas. La pelirroja se la devolvió tirándole un puñado de harina, que cayó sobre su pelo.

- Mi pelo. – exclamó Will, fingiendo tristeza. – Mi negro y hermoso pelo. –

Jem, Tessa y Clary se rieron todos al unísono. Tras eso, Clary preparó más tortitas para los presentes. Will, después de que le echaran chocolate, dijo ser una de las mejores cosas que había probado en su vida. A Tessa le extrañaba la nueva confianza que tenían, pero en el fondo lo agradeció. Después de que le dijera a Will que se iba a casar con Jem, este había estado con la mirada ausente. Era la primera vez que lo oía reír en mucho tiempo. Después de un tiempo, llegaron Alec e Isabelle.

- No creía que fuera posible, pero Will cocina incluso peor que Izzy. – bromeó Alec. Su hermana le lanzó una mirada que podría derretir hielo. Él levanto las manos, como si le hubiera apuntado con un arma.

- No me mires así. Es verdad. Oye, ¿dónde está Jace? –

Will miró a Clary con preocupación. Ella bajo la cabeza.

- Jace se ha cabreado. Ha dado un portazo y se ha ido. –

- ¿Qué ha ocurrido? – preguntó Isabelle.

Tras un suspiro, Clary les relató todo lo ocurrido la noche anterior.

- Clary, tendrías que habernos avisado. Una visita de Sebastian no es como para tomárselo a broma. Podría haberte pasado algo. – Alec había puesto su voz de adulto. Cuando hablaba así, a Clary le daba la sensación de que era una niña pequeña y él su padre regañándola por haber pintado las paredes.

- Pero…- comenzó Jem. - ¿por qué te ocurrió eso al hacer la runa? –

- Verás. –cortó Isabelle antes de que Clary pudiera explicarlo. – Clary puede crear runas nuevas porque su padre psicópata le dio sangre de ángel a su madre mientras estaba embarazada de ella. Además de esto, también puede poner mucha más fuerza en las runas que hace. Aunque esto le desgasta mucha energía. – miró inquisitivamente a la otra chica. – E incluso la puede llevar al borde de la muerte. –

Todos en la mesa se quedaron en silencio.

- Bueno. ¿Qué tal si hacemos una visita guiada de Nueva York? – preguntó Clary emocionada.