¿Familia?


-¡Eso no va allí, Sebastián!- Gritó Ciel, parado en el umbral de la puerta, con la niña en sus brazos, quien jugueteaba con sus manitas, sin prestarle atención a las voces de su papi.

Sebastián frunció el ceño e intentó permanecer tranquilo, como siempre, pero es que el menor había cambiado el lugar de la cuna –la cama de la niña- cuatro veces en menos de una hora, y aún quedaban un montón de cosas en la habitación de al lado, que debían ser montadas y ordenadas, por lo que ignoró por completo al menor, y siguió montando la pequeña cuna de la niña, justo al lado de la cama de este.

-¡Sebastian!- Este se levantó de su lugar, soltó el destornillador y en dos grandes zancadas se posicionó frente a Ciel, con una clara expresión de disgusto en su rostro.

-¡Hágalo usted si cree para que así no se queje….!- Su tono de voz había empezado altamente alterado pero cuanto más decía y caía en sus propias palabras, iba descendiendo más y más hasta un punto en el que era verdaderamente difícil escucharlo. El menor lo miró, con sus ojos completamente abiertos, y es que Sebastian nunca se había alterado por nada, y no en tan poco tiempo.- Lo siento, Bo-chan…- En silencio, apretando los puños por la impotencia de esas emociones humanas que tanto lo embargaban últimamente, volvió con su labor de arreglar la habitación de la menor.

"¿Todo esto es por lo de antes, en el carro?"- Se preguntó el niño, aún con la niña en brazos. Suspiró y con cuidado la colocó en la cama, rodeándola de las almohadas que había sobre su cama y caminó hasta el lado de su, cada vez menos, mayordomo, se tragó todo su orgullo –algo verdaderamente difícil para él- e intentó hablar con toda la suavidad posible. Por su parte, Sebastian se preguntaba dónde había ido toda su esencia demoníaca en esos cuatro días, ¿qué pasaba con él? ¿era la niña, o quizá ver a Ciel actuando como papi? ¿qué era exactamente, y por qué se sentía tan bien?

-He pensado…- El peliazul miró a cualquier parte de la habitación, menos a la persona que tenía a su derecha.- Que la cuna podría estar al lado derecho de la cama, por si llora en la noche- pasó el nudo en su garganta, que supuso que eran nervios y ahora sí, miró a Sebastian. Recordó cuando lo salvó del fuego y se repitió hasta el cansancio que lo había hecho por el contrato, por nada más, pero entonces, rememora la cara que tenía el demoniaco ser, de total preocupación y alivio al saber que él estaba vivo. Negó con la cabeza mínimamente, sin desear que Sebastian se percatara de cómo se había perdido en los recuerdos de la noche del incendio.

Supuse que Sebastian le había contestado, pero como él estaba tan perdido en su mundo, continuó montando la cuna.

-Bo-chan…- ¿Estaría bien decirlo?- ¿Podría traer las togas y mantas de la otra habitación, por favor?- ¿Estaría bien aquella urgente necesidad de que ambos hicieran aquello juntos, el montar la habitación de aquella niña –que seguía sin nombre-, la cual había cambiado todo en tan solo unos días?

-Claro…

Antes de salir, miró a la niña, miró a Sebastian y se miró a él mismo, desde fuera, como si se tratara de una cámara y él tuviese el poder de verlo todo en tercera persona, y odió, odió y adoró la sonrisa sincera y prolongada que se había formado en su cara.

"Parecemos una familia… una familia real y, sumamente extraña."