6. Lo que quiera (Parte 2)

Rosalie POV

Dentro del despacho de Carlisle se escuchan dos voces. Las dos son masculinas. Es el momento perfecto por que Eleazar esta dentro con Carlisle hablando del don de la nueva. Si, ahora esta golfilla es la comidilla de la casa. Todos hablan de ella. No le veo la importancia sinceramente, la mal parada aquí soy yo me tendrían que estar consolando.

Alise mi camiseta blanca y decidí picar a la puerta. Pero ni siquiera llegue a eso que la puerta ya se estaba abriendo con un suave movimiento. La puerta entreabierta me dejo ver que Carlisle girado hacia su enorme biblioteca con una mano en la barbilla y pensativo. Eleazar permanecía quieto en una de las butacas que Carlisle tiene instalada detrás de su descomunal mesa. Aquella situación me infundía demasiado respeto para hablar yo primera, así que espere hasta que me invitaran pasar.

-Pasa, querida.- comentó Eleazar un tanto despreocupado- creo que nos quieres comentar algo, ¿no es así?

- Si, así es.

- Rosalie date prisa, no estamos para tonterías. – Dijo Carlisle sin girarse.

- Pero es que no es una tontería.- me apresure a decir con nerviosismo aparente.

-Amigo, deja que exponga sus ideas- aconsejó tranquilamente – Todas las opiniones sobre lo que sea, siempre son aceptadas. Recuerda que necesitamos ayuda venga de donde venga. Adelante, querida.

- Creo saber cuál es el misterioso don de la nueva- Los dos se giraron ate mis contundentes palabras y yo sin detenerme proseguí a contar lo que hace mas o menos un cuarto de hora había pasado exactamente aquí, en esta habitación.- Hace quince minutos exactamente, cuando Eleazar acababa de "trabajar" con ella. Edward me comento que Emmett quería hablar conmigo, por supuesto esto solo lo supo el por qué le leyó el pensamiento. Al entrar en esta habitación, me encontré con lo que toda ex novia cornuda puede encontrarse, su "querido" ex novio besándose con la golfa con la que le ha puesto los cuernos. Dejando aparte ese tema, yo apenas empecé a discutir con él, cuando solté una barbaridad de las mías y al segundo ya me retracte. Luego sin quererlo ni beberlo me dirigí a la puerta y más tarde sin decir nada a la habitación de Alice. Todo esto sin que yo lo quisiera.

- ¿Qué nos quieres decir con eso, Rose?

-Pues que el don de la nueva es controlar a los demás.

- Pero no crees que si fuera simplemente eso, yo ya lo hubiera visto. Lo hubiera sentido con solo mirarla.

-Eleazar, entonces como explicas que yo haya hecho todo eso sin quererlo, ¿eh?

-Bueno, querida, la gente hacemos cosas sin pensar, sobre todo los vampiros. Recuerda que a nosotros nos mueven los impulsos.

- Rose con esto estas poniendo en evidencia el don de Eleazar- dijo Carlisle casi enfurecido. No soportaba que nadie pusiera en duda a nadie y menos si era un viejo amigo suyo.

-Pero es que lo que yo sentí fue muy diferente a los impulsos vampíricos. Fue como si por un momento me quitaran el control de mi cuerpo y de mi mente.

-Supongamos que eso fuera cierto, ¿Dónde habría estado tu mente en aquellos momentos?- expuso Eleazar comenzándose a creer mi historia.

No conteste a aquello. Más bien es que no tenía respuesta para lo que había preguntado. Es que todo lo que había pasado era indescriptible por que tienes que probarlo para saber de que hablo.

Encogí los hombros a modo de respuesta.

-Ves, querida. Pero de todas maneras cuando vuelva a "trabajar con ella" lo comprobare.

-Muchas gracias, Eleazar.

Me dirigí a la puerta. No necesitaba nada mas, solo eso. Que Eleazar comprobara si la nueva o la golfilla (como la llamo yo) tiene el don que yo he expuesto anteriormente.

Salí corriendo. No pare de correr hasta que llegue a lo más profundo del bosque. Donde los árboles se cruzan unos con otros y lo matorrales hacen de suelo blando a los pies de cualquier humano. Haba árboles caídos y troncos astillados. Percibí el olor de un pequeño alce correteando, supongo que en busca de su madre. No le di la menor importancia al alce. No había ido allí a cazar.

Encontré lo que estaba buscando. Entre muchos hierbajos, densa maleza y recubierta de musgo. Allí estaba. La ultima casita que Esme, Jasper y Alice habían construido para Emmett y para mí. Caí de rodillas frente a la puerta. Un sollozo escapo por entre mis labios. Luego otro, seguido de otro más fuerte. Tantos recuerdos que había allí dentro y ahora no me atrevía ni a cruzar la puerta. No es por miedo, si no por impotencia. La impotencia de saber que nunca volveré a cruzar esa puerta de la mano de mi amado.

En el suelo cerca de la puerta encontré una pequeña placa de bronce que debería estar colocada encima del timbre. En ella se podía leer: "Hogar, dulce hogar". Esta frase hizo que cada una de mis células enfureciera. Rompí la placa con un golpe brusco y separe sus pedazos tirando cada uno a un lado. Haciendo que se perdieran en la profunda densidad del bosque.

Con esto los sollozos se multiplicaron. No caía lágrima alguna. Pero de haberlo hecho hubiera formado un charco bajo mis rodillas.

Me levante del suelo todavía sollozando. Mire fijamente la puerta exterior, me arme de valor y con un pequeño empujón conseguí abrir la puerta. Agarrada por la maleza y las lianas que caían de los arboles.

Recuerdo que siempre que estábamos aquí dentro. Relajados, desintoxicándonos de los problemas del mundo exterior. Emmett corría de arriba abajo, de liana en liana. Y yo como una estúpida le miraba apoyada en la ventana del saloncito. Cuando se cansaba y desaparecía, pensaba que se me acababa el mundo pero cinco minutos después reaparecía, me cogía de la cintura y me susurraba al oído: "Te quiero".

Y ahora que lo he perdido para siempre, esos cinco minutos me parecen una estupidez.

Empuje suavemente la puerta de madera. Me encontré el recibidor lleno de telarañas pero seguía con el mismo tono rosa pastel con el que yo lo había pintado, juntamente con el resto de la casa. Había una mesa con un jarrón de flores encima. Sin flores. Le seguía un pequeño pasillo y venia el saloncito y aquella enorme ventana que le daba tanta luz a la habitación. Ahora tapiada por la vegetación. La mesa de roble con apenas dos sillas, tenían las sabanas que había puesto para que no se llanearan de polvo. Cogí ambas con las dos manos y estire de ellas. Seguían tan preciosas como antes. El sillón junto a la chimenea era de Emmett. Le gustaba sentarse ahí mientras yo iba en busca de más ropa cuando se acababa la del armario. Y me recibía siempre con su amplia sonrisa.

Me dirigí al dormitorio y como supuse no había cama. No pusimos otra desde la última vez. Sonreí tímidamente al ver los surcos que había donde antes estaban los soportes de la cama. Las puertas del armario estaban cerradas con llave. Se que suena estúpido pero es que me gusta tener la ropa bien guardada. Es que no me gusta que me la toquen, ni siquiera los zapatos.

La puerta que había en el dormitorio conducía al baño. Un baño precioso con muebles de estilo clásico. Al fondo de la estancia esta la bañera. No es como una bañera corriente de las que están incrustadas en la pared, si no son de estas que tienen patas y están separadas de la pared. Muy bonita. Allí pasamos noches inconfundibles. Los dos metidos en esa bañera en remojo. Hablando de nuestras cosas y poniendo verde a algún humano. Se me escapó una pequeña sonrisa y caí de rodillas al suelo con otro sollozo. Me arrastré hacia el hueco que había entre la bañera y el mueble que había de armario. Me acurruqué allí y empecé a sollozar, recordando todo lo que había vivido aquí y pensando que jamás recuperare todo esto.

Emmett POV

Ya están otra vez. Allí dentro. Los dos. Solo faltaba una hora para que amaneciera y ya habían empezado a "trabajar", hoy han empezado más pronto que de costumbre. ¿Por qué? Nadie me lo explica, no me quieren decir nada. Es más apuesto lo que sea a que Alice lo sabe. Si, si se lo preguntare. Pero mejor sería preguntárselo a Edward. Tengo como más confianza con él. Pero es que Alice me lo sabrá decir como más exactitud. No lo sé, no sé qué voy a hacer. Estoy tan confuso.

Miró a mí alrededor, están todos menos Rosalie. ¿Y que mas da donde este? Espera sí que me importa. Me importa y mucho. Supongo que no puedo negar que todavía siento algo por la mujer que me salvo la vida y a la cual estaré eternamente agradecido. Pero yo dije que se acabo. Aunque no fuera forma decirlo, ni hacerlo. Creo que lo deje bien claro ¿no? Si pero es que Rosalie, es Rosalie y no puedo negar que me ha afectado todo esto. Sé que no tanto como a ella. Pero aunque no lo parezca lo ha hecho. Sé que mi pinta de pasota lo ha enmascarado todo. Y lo prefiero así la verdad.

¿Y si se ha ido? No, no lo creo. No me dejaría así como así. La sola idea de pensar que me ha dejado ya me destroza por dentro. Sé que puede sonar raro pero es que a lo mejor todavía estoy enamorado de ella. Si, Melissa me gusta pero creo que necesitare tiempo para quererla como quiero a Rosalie. ¿Pero se puede querer con el tiempo, verdad? Sí, yo he visto relaciones como esas, la chica no quiere al chico pero con el tiempo aprende a quererlo solo por el hecho de estar al lado suyo. Estar por estar, no, eso es egoísmo. Pero estar por qué quieres, sí, eso sí. Con el tiempo se arregla todo, incluso los corazones rotos.

Me di cuenta de que Jasper, Alice y Edward sonreían. Cada día están más idos de la cabeza, eso de tener dones creo que los enloquece. Miradme a mi yo estoy totalmente cuerdo y no tengo ningún don. Melissa sale la primera por la puerta. Eleazar está detrás y me hace una señal para que entre.

-Emmett tengo que hablar contigo- su semblante serio, escondía un aire de satisfacción.

-Bien, dime.

- No me voy a andar con rodeos. Ya sé que es lo que tiene tu amiguita en su cabecita o mejor dicho se cual es su don.

-¿Si? ¿En serio? Bueno ¿Y cuál es?- dije gratamente sorprendido.

-Tiene algo así como una posesión sobre los demás. Puede hacer lo que quiera sobre los demás. Claro que esto no hubiera sido posible sin la colaboración de… - se quedó pensativo durante unos minutos- Rosalie.

-¿Rosalie te ha ayudado a descubrir que es lo pasaba?

Asintió de una manera brusca y yo me quedé sorprendido. ¿Pero por qué? ¿Qué sentido tiene que Rosalie ayude a Melissa? Ninguno creo yo.

-Entonces ¿Qué te parece que Melissa pueda hacer lo que quiera sobre los demás? – comentó Eleazar para dejar atrás el tema de Rosalie.

-¿Lo que quiera?

-Si, si lo que quiera.

No salía de mi asombro. Nunca había visto nada igual. Increíble.