Nota: Buf, no os podéis creer lo liada que he estado... aún así no tengo excusa, de todos modos... he aquí el siguiente capítulo. Eso sí, no creo que tarde tanto en la próxima actualización jajaja malo será. Disfruten.


Capítulo 7: Hoy por ti, mañana por mi.

La claridad se asomaba en la mansión Fujino y vagamente Natsuki abrió los ojos para encontrarse en una habitación que no era la suya. Ah sí, es la habitación de Shizuru... un tono rojizo cubrió completamente sus mejillas al recordar lo sucedido ayer. Al lado de ella se encontraba descansando lo que a la morena le parecía un ángel caído del cielo. Ojalá pudiera ver esta imagen cada mañana. Natsuki rodeó con un brazo a la castaña y cerró los ojos dispuesta a dormir un poquito más.

Cuando la castaña se despertó su corazón se llenó de calidez al sentir un brazo de la morena sobre ella. Nat-su-ki. Vio el reloj y al ver que ya pasaban de las 11 decidió, muy de mala gana, levantarse de la cama. Qué raro que la otra no me haya despertado para ir a cuidar de los puñeteros caballitos. Caminó por el largo corredor de paredes blancas hasta llegar a la cocina, y se extrañó de no verla allí tampoco. Debería estar por aquí. Cuando caminaba silenciosamente atravesando la habitación reparó en un folio escrito con palabras bien grandes y claras:

Srta. Fujino, hoy me he tomado el día libre…he ido anteriormente a despertarla pero al ver que tenía compañía he decidido dejarle a usted una nota. No se olvide de los caballos, hasta mañana.

Atte,

La asistenta del hogar

Mier…coles, ya sabía yo que era demasiado bueno para ser cierto. Se acercó al salón y se tiró sobre uno de los sofás, con las manos detrás de la cabeza fijando su vista en el techo. Vaya, vaya… tendré que ponerme a ello, aunque pensándolo bien no debería dejar a Natsuki solita en esta casa tan grande fufufu.

En el otro lado de la casa, la morena entreabrió poco a poco los ojos y se dio cuenta de que ya no había nadie a su lado. ¿Shizuru? De nuevo, imágenes del día anterior inundaron su cabeza, haciéndola sonrojar profundamente. Oi, no debería haber hecho semejante cosa, pero si la conozco de hace un par de días. Natsuki, no se puede ser tan así… ¿y sí está jugando conmigo? ¡Pero ni siquiera sé quién es realmente! ¿Y ahora donde habrá ido? Se levantó de la cama y salió por la puerta de la habitación. Un gran pasillo blanco apareció ante sus ojos. ¿Y por donde era? Qué complicación, madre mía. La morena tomó el camino de la derecha, aunque algo indecisa, y empezó a caminar. Después de lo que le parecieron diez minutos, aún estaba recorriendo el pasillo. ¿Es que esto no se acaba nunca? Sus quejas fueron oídas, pues de ahí a un rato apareció delante de una puerta de madera de caoba bastante grande. Debe de ser aquí, por fin… giró el pestillo y entreabrió la puerta, iluminando el interior. Vaaaya, ¿qué es ésto? Ante ella aparecían apiladas diversas vestimentas y utensilios de equitación. Una voz interrumpió su contemplación.

- Natsuki no debería fisgonear en casas ajenas.

- Etto… y no lo estaba haciendo, solo buscaba una… ¿salida? – contestó Natsuki, girándose para encontrarse con la castaña que aún vestía la ropa de ayer y estaba un poco despeinada. Está… radiante. No pudo hacer otra cosa que admirarla.

- Pues debería la señorita saber… que, por supuesto, la salida estaba para el lado contrario. Esto es un almacén que utiliza mi padre para guardar sus cosas. Y ahora, si dejas de babear y me sigues quizás encuentres esa salida que tanto quieres fufufu.

Natsuki enrojeció, pero asintió levemente y se colocó a la altura de la castaña. Juntas empezando a recorrer el pasillo en sentido contrario tras, previamente, haber cerrado la puerta del almacén. Se formó un silencio entre las dos, en el cual Natsuki empezó a cuestionarse todo de nuevo.

- Natsuki, háblame. – Shizuru se paró en seco, girándose para enfocar su vista en esos ojos verdes que tanto la atraían.

- ¿Eh? – la morena, sumergida en sus pensamientos, no había estado prestando atención a Shizuru, pero se había parado al ver que ésta lo hacía.- Dime

- Que si podrías tener una charla agradable conmigo quizás, quiero saber qué pasa por esa cabecita tuya- dijo la castaña poniéndole un dedo sobre la frente de Natsuki. -¿En qué piensas?

- Pienso… en que probablemente no debería estar aquí, ahora, contigo… una desconocida.- se sinceró Natsuki. Shizuru la miro preocupada. – Quiero decir… que no debería, pero en realidad… quiero. Sé que no te conozco, pero también sé que eres demasiado interesante para irme, demasiado… sexy.

La castaña fue esta vez la que se sonrojó fuertemente.

-Ven aquí… - susurró pasando los brazos por la espalda de la morena. – Tú, Srta. Kuga, sí que estás para comerte. – Acto seguido no pudo contenerse más y posó sus labios sobre los de una sorprendida Natsuki, que reaccionó aumentando la intensidad del beso. Solo se separaron cuando tuvieron que coger aire. Natsuki apoyó su cabeza en el pecho de la castaña, haciendo el abrazo más profundo. Fue ésta la primera en decir palabra.

- Natsuki, por mucho que me gustaría quedar así todo el resto de la mañana, has de saber que tengo cosas que hacer.

- Joo… -dijo Natsuki haciendo un puchero al separarse, pero cambiándolo por una sonrisa luego -¿Qué tienes que hacer? Deja que adivine, ¿cambiarte de ropa? Ah noo… quizás tengas que ir a buscar cierto caballo de pintas rebelde que anda por ahí… escapado tal vez.

- Ara, qué perspicaz, era justo eso lo que estaba pensando. Ahora en serio, no. ¿De verdad quieres saberlo? Puedes acompañarme si quieres, ven.

Las chicas conversaron sobre todo tipo de temas de camino a la habitación de la castaña. Una vez allí la castaña cogió ropa limpia y se dirigió al baño para cambiarse.

-Natsuki, haz el favor y espérame aquí.

- Vale, vete tranquila…

Cuando la castaña se hubo marchado, Natsuki se encontró admirando el cuarto de la castaña. Era una habitación sencilla, sin muchos adornos para la sorpresa de la morena y de paredes lilas. Una estantería en la que se apilaban diversos volúmenes se encontraba en la pared al frente de la cama y, justo al lado, un gran armario de puertas blancas. También le llamó la atención que en la mesilla de noche se hallaba un lujoso juego de té, al lado de éste había un libro, "50 sombras de Grey". Vaya, vaya… ¿De qué tratará este libro? No se puede adivinar gran cosa por la portada… Natsuki decidió leer la parte de atrás de la obra, pues quería saber qué clase de literatura le gustaba a la castaña. Así la encontró Shizuru cuando volvió recién cambiada.

- Ara ara, no sabía que a Natsuki le gustaba esa clase de literatura…- dijo la castaña con un tono picaresco.

-¿Eh? Pero si solo estaba leyendo la contraportada… además no soy yo precisamente quien está leyéndolo. No sabía que te gustaba la literatura… ¿erótica?

- Fufufu Natsuki debería saber que me encanta el erotismo- susurró Shizuru mirando fijamente a la morena.- y creo debería empezar a conocerme más – La castaña hizo el gesto de empezar a desabrocharse la camisa que tenía, ante una sorprendida Natsuki que se había quedado sin habla, pero simplemente se desabrochó el primer botón. Natsuki, ¿en qué diablos estabas pensando?

- ¿Puedes acompañarme a cuidar los caballos de mi padre? – preguntó Shizuru acercándose para quitarle el libro de las manos a Natsuki y ponerlo en su sitio.

- ¡Por supuesto! – a la morena se le acababa de iluminar la cara. No podía creer que tendría el gran placer de ver los ejemplares de uno de sus ídolos jinetes y además, cuidarlos.

- Sígueme- dijo la castaña divertida al ver esa expresión en las facciones de su Natsuki. Es como una niña pequeña, igual.

Hacía un día brillante, con pocas nubes en el cielo. El viento mecía suavemente los árboles dando una sensación refrescante. Hoy será un buen día.

Llegaron al establo y un nuevo mundo se abrió ante los ojos de Natsuki, diversos caballos en sus respectivas cuadras parecían llamarla.

-Waa , son todos preciosos.- dijo contenta la morena.- Incluido ese de ahí, el pintado- haciendo referencia al caballo de pintas tan famoso.

- Bah, no me lo recuerdes, ¡chinchilla*! No fue mi culpa que se escapara.

- ¿Y entonces? ¿Qué paso realmente? – preguntó con curiosidad Natsuki.

- Ahora que lo dices, ni yo lo sé realmente. Simplemente estaba la puerta abierta ese día y se marchó, igual la dejé yo abierta y todo, pero dudo ser tan poco cuidadosa.

- Bueno, igual la abrió el propio caballo… - las chicas dirigieron su vista al caballo pintado, que las miro y relinchó. – Nah, olvídalo.

- Bueno, menos hablar que hay que empezar y si no nos echaremos aquí todo el resto de la mañana y parte de la tarde. – y yo que quería hacer cosas más interesantes fufufu.

- Vale, pero me debes un favor por ayudarte. – sentenció la morena guiñándole un ojo.

- Y yo que pensé que lo hacías de manera altruista… baka.

- Menos hablar y más trabajar – una sonrisa malévola se asomó a sus labios.

¿Natsuki?

Continuará… chan chan chaaan

*Chinchilla: De chincha, que le gusta fastidiar o molestar al personal.