N/A: Este fic es una adaptacion de "El haren de la Tía Penelope" de Chris Tanglen. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Yo solo me encargo de cambiar los nombres y las descripciones.
Este fic contiene escenas sexuales y malas palabras. Es sugerido para mayores de 18 años. Solo sugerido porque yo tengo menos de 18 y lo estoy adaptando.
Capítulo 7
— ¡Santa putísima mierda! —Dijo Tanya mientras entraban en uno de los baños—. Hasta tienes una de esas cosas que te lanza un chorro de agua cuando has terminado. ¿Cómo se llaman esos?
—No estoy segura —admitió Bella.
—Preguntémosle a tu mayordomo. —Tanya presionó el botón del intercomunicador—. ¿Royce?
Royce se asomó inmediatamente por la puerta abierta. Tanya lo había mandado llamar hacía menos de un minuto para preguntarle si la televisión de pantalla gigante tenía o no recepción por satélite (sí tenía), por lo que no había tenido tiempo de irse muy lejos.
— ¿Señora?
— ¿Cómo se llama esto? —preguntó Tanya, señalando la cosa que lanzaba chorritos de agua.
—Es un bidet, señora.
—Un bidet. ¿No es genial? Gracias, Royce.
Royce saludó con la cabeza y se marchó.
—Creo que estás empezando a cabrear a mi mayordomo —dijo Bella.
—Lo siento, pero ¡este lugar es sensacional! ¿Dónde está el harén?
Había sido así en cada habitación. Tanya reaccionaba diciendo "¡Santa putísima mierda!", luego llamaba a Royce para hacerle una pregunta, luego exigía saber dónde estaba el harén y luego expresaba su indignación porque Bella no se hubiera aprovechado de ninguno de los hombres la noche pasada.
—Ya llegaremos —prometió Bella.
—No puedo creer que no aprovecharas la oportunidad para echar un polvo —dijo Tanya—. Toda esta riqueza ha arruinado tu libido.
—Claro que no.
— Entonces, tu cerebro.
—No. Tanya, hablamos de ocho hombres que han aceptado vivir en la mansión de mi tía nada más que como meros esclavos sexuales. ¡Es repugnante!
—Te haré una pregunta. Si tu bidet se rompe y necesitas contratar un fontanero ¿no querrías a alguien que no hiciera otra cosa que trabajar como fontanero? No buscarías a alguien que fuera maestro de preescolar y sólo reparara bidets a medio tiempo para cubrir los gastos ¿no es cierto? Así que, si lo que necesitas es sexo ¿no querrías a alguien que se dedicara nada más que a follar para ganarse la vida?
—Eso es un gigoló.
—Sí, pero por ahora, llamémosles esclavos sexuales profesionales. ¿Cuándo podré ver el harén?
—Francamente no me parece que seas lo suficientemente madura como para ser capaz de manejarlo.
—Ah, no puedes ser tan bruja —dijo Tanya, dándole una palmada en el brazo.
—Vas a hacerme pasar vergüenza.
—Entonces preséntame y vete. Cada tanto pásanos algo de comida deslizándola por debajo de la puerta. —Tanya sonreía de oreja a oreja—. Sólo te estoy tomando el pelo. Llévame a hacer un rápido recorrido por el harén y luego regresaremos a ver cuántos canales se reciben aquí. Quizás deberíamos llamar a Royce y preguntarle.
—No llames a Royce. Te llevaré al harén.
...-...
Tanya se quedó con la boca abierta casi hasta el escote cuando entraron al harén. Todos los tíos estaban en la estancia principal, sin camisa y posando. Riley estaba haciendo sus flexiones. Edward se encontraba de pie justo al lado de la puerta, y al parecer se había pasado aceite por el pecho.
— ¡Bella, bienvenida otra vez! —dijo—. Veo que has traído una encantadora invitada. —Extendió su mano hacia Tanya—. Soy Edward. ¿Y tú eres…?
Tanya contemplaba la habitación con expresión atónita.
— ¿Ah...?
—Quiere saber cómo te llamas —dijo Bella.
—Ah. Díselo.
—Edward, ella es Tanya. Tanya, Edward.
—Es un placer conocerte —dijo Edward, estrechándole la mano.
—Claro —dijo Tanya.
Edward las condujo por la habitación y presentó a Tanya a todos los hombres. Para cuando iban por el séptimo tío, se había recuperado lo suficiente de la impresión como para decir su nombre de manera semi-coherente.
—Bueno, señoras, vayan a ponerse los trajes de baño —les instó Edward—. El tobogán de agua está abierto al público.
Bella guió a Tanya hasta la sauna, dejando que la puerta se cerrara detrás de ellas.
— ¿No te follaste a ninguno de ellos? —preguntó Tanya.
—No.
—Bella, estos hombres son… ¡son modelos de portada de novelas románticas! Dijiste que pasaron un examen de aptitud, cumplen requisitos de longitud mínima, tienes la certeza de que están libres de enfermedades, y obedecen cada una de tus órdenes ¿y tú ni siquiera has besado a uno de ellos?
—Lamento mucho decepcionarte.
—Esto está definitivamente mal. Esto es como tener una caja de chocolates Godiva y arrojarla a la basura. ¿Qué clase de persona tiene una caja de chocolates Godiva y la tira a la basura? ¡Chocolates Godiva! ¡No puedes hacerles eso a unos Chocolates Godiva!
—Ponte el traje de baño y cállate.
Las mujeres se apresuraron a cambiarse de ropa. Bella ya había visto a su amiga desnuda, pero aún sentía ese deje de celos al ver el esbelto cuerpo de Tanya y sus senos pequeños pero firmes. Entonces dejó escapar un resoplido de risa.
— ¿Qué? —preguntó Tanya.
—Por favor, dime que no te has depilado especialmente para visitar el harén.
Tanya bajó la mirada a su sexo completamente depilado.
—No parece ser algo que yo haría. —Se puso la parte de abajo del bikini. De un vivo color fucsia y bastante revelador.
—Jesús. ¿Por qué no te pones una tanga, ya que estás en ello?
—Hey, tú tienes las tetas, y yo el culo — Tanya se puso la parte de arriba del bikini fucsia, mientras Bella se metía dentro de su aburrido traje de baño azul—. Así que ¿de veras sólo se pasan todo el día allí sentados, posando?
—Desde luego.
—Este lugar es jodidamente increíble.
Salieron de la sauna, e inmediatamente se hizo evidente que el traje de baño de Tanya captaba la atención de los hombres.
—Así que ¿cómo funciona esto? —preguntó Tanya.
— ¿Cómo funciona qué?
—Esto. El harén. ¿Pego un grito para llamarles la atención o algo así?
— ¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?
—Nada malo, te lo prometo. —Tanya dejó escapar un fuerte silbido—. Atención, caballeros —llamó en voz alta—. Por favor reúnanse delante de la sauna.
Sin titubeos, los ocho hombres se dirigieron hacia la sauna, enfrentándose a las mujeres en una línea perfecta.
—No puedo creer que eso funcionara —dijo Tanya.
Bella deseó desesperadamente tener algo en las manos con lo que pudiera juguetear nerviosamente.
—Así que ¿es cierto que obedecéis todas las órdenes de mi amiga? —preguntó Tanya.
Los hombres asintieron.
— ¿Puedo actuar como tu representante?
— ¡Tanya...!
—Ay, no seas tan mojigata. Esta será probablemente mi única oportunidad en la vida de tener ocho sementales musculosos espectaculares bajo mis órdenes, y quiero aprovechar para disfrutarlo. ¡Venga, por una vez, pasémoslo bien!
— ¿Sabes qué? Vale. A decir verdad, creo que me gustaría ver esto. —Se volvió para dirigirse a los hombres—. ¿Alguien tiene algún problema con que Tanya esté a cargo?
— ¡No, demonios! —dijo Riley.
—Muy bien, entonces, ella es vuestra ama y señora oficial, o como sea que queráis llamarla. —Bella dio un paso atrás, lista para disfrutar ese momento especial en el que Tanya se daría cuenta de que había abarcado más de lo que podía manejar.
Sin embargo, ese momento especial se hizo esperar. Tanya contempló detenidamente a los hombres y se relamió los labios.
—Vaya, vaya, vaya —dijo, caminando a lo largo de la línea como si lo hubiera hecho un millón de veces antes—. Todos vosotros, sin duda alguna, os veis como hombres fuertes y saludables. ¿Qué os parecería tensar un poco esos músculos para mí?
Obviamente, ésta era una orden que los hombres adoraban llevar a cabo. Todos flexionaron sus músculos con entusiasmo, y Riley realizó también una más que impresionante sentadilla. Edward flexionó sus propios bíceps y le guiñó un ojo a Bella.
Se veían divinamente bien.
Tanya caminó de vuelta frente a la línea de hombres, dedicándose a observar a cada uno durante un momento.
—Muy, muy bien —dijo—. Descansad.
Los hombres se relajaron. Casi todos ellos sonreían amplia y descaradamente. Se lo estaban pasando demasiado bien.
Tanya se dirigió hacia Riley y le dio un golpecito en el pecho.
—Así que ¿de veras tienes que hacer cualquier cosa que ordene?
—Para eso estoy aquí.
—Entonces, mueve el culo y ponte a hacer más de esas lagartijas.
Riley se tiró al suelo y comenzó a hacer unas vigorosas flexiones de brazos. Tanya contó veinte de ellas y luego le ordenó que volviera a ponerse de pie. Riley así lo hizo, sin haber derramado siquiera una gota de sudor.
Bella se encontró preguntándose cómo sería estar debajo de él mientras hacía esas flexiones.
Tanya se acercó al siguiente hombre, el rubio.
— ¿Cómo dijiste que te llamabas?
—James.
—James ¿tienes algún talento especial como ése?
—Sí, señora. Muchos.
— ¿Por ejemplo?
—Soy muy hábil con mi lengua.
Varios de los hombres se rieron por lo bajo.
—No os he dado permiso para reír —dijo Tanya, que obviamente se lo estaba pasando en grande con su rol de dominatrix—. Reíros otra vez y Bella os azotará el trasero. ¿Está claro?
—Yo no tengo nada que ver —dijo Bella—. Soy una observadora pasiva. Estoy fuera de esto.
—Muy bien, entonces haré que os azotéis el trasero unos a otros y estoy segura de que nadie quiere eso, excepto yo.
—Sí señora —dijo James.
Tanya se paseaba de un extremo al otro de la fila.
—Sencillamente no sé qué hacer con todos vosotros. Lo confieso, es todo un dilema. Ocho bombones que están como un tren, bajo mis órdenes. Tantas posibilidades. ¿Qué diablos puedo hacer?
—Señora, solicito permiso para hablar, señora —dijo Félix, irguiéndose en posición de firme.
—Adelante.
—Señora, nos gustaría bailar para usted, señora.
—Esa parece ser una buena idea —dijo Tanya. Echó un vistazo hacia Bella—. ¿Qué te parece?
—Deja de recurrir a mí para que te dé el visto bueno.
Tanya volvió su atención a Félix.
—Sí, esa es una excelente idea.
—Señora, gracias, señora.
—Tome asiento, por favor, mi señora —dijo Emmett, tomando la mano de Tanya y besándosela—. Volvemos enseguida.
Los hombres se apresuraron a salir metiéndose en una de las habitaciones. Bella tomó dos tumbonas y las arrastró hacia donde estaba Tanya.
—Parece que te lo estás pasando de lo lindo.
—Oh, vamos, esto es condenadamente divertido y lo sabes —dijo Tanya, sentándose—. Si ellos lo están disfrutando y yo lo estoy disfrutando ¿dónde está el problema?
—Es sólo que… no lo sé…
—Si hubiéramos cogido unos extraños de la calle, les hubiéramos ceñido al cuello unos collares de perro y forzado a bailar a punta de pistola, entonces sí tendríamos un serio dilema moral. ¡Pero esos tíos se han presentado para esto! Han pasado por una rigurosa investigación de antecedentes y se han sometido a un proceso de capacitación. Han estado de brazos cruzados durante un mes… ¡dejemos que los pobres desgraciados bailen para nosotras!
— ¿Y luego qué?
—Luego me llevaré a dos o tres a la cama conmigo. Pero después de que bailen.
Se apagaron las luces.
Tanya y Bella se quedaron sentadas en una completa oscuridad durante unos segundos.
De repente, el lugar se iluminó como una discoteca. Luces multicolores se movían haciendo círculos en el suelo y la música comenzó a retumbar, con un fuerte y pesado ritmo tecno.
Los hombres emergieron del cuarto en fila, todos vestían chaquetas de cuero negro y llevaban látigos de montar. Se dirigieron a un punto varios pasos por delante de Bella y Tanya; entonces, simultáneamente, comenzaron a bailar con unos pasos sincronizados realmente impresionantes.
Todos al unísono golpearon las fustas contra las palmas de las manos y al compás de la música.
— ¡Venga! —gritó Tanya. Lanzó un fuete silbido—. ¡Menéalo!
Los hombres lo menearon. Luego se quitaron las chaquetas de cuero, las hicieron girar sobre sus cabezas y las lanzaron al otro lado de la habitación.
Golpearon otra vez los látigos contra las palmas de las manos, esta vez también meneando las caderas de manera más que provocativa.
Bella se echo a reír mientras aplaudía apreciativamente.
— ¡Venga! —Repitió Tanya—. ¡Ya sabéis lo que le gusta a mami!
Los hombres sostuvieron los látigos sobre la cabeza y los alzaron como si estuvieran levantando pesas siguiendo el ritmo de la música. El meneo de caderas se transformó en empujes de cadera.
Luego restallaron los látigos contra el suelo.
Esto continuó durante otros tres minutos hasta que terminó la canción y se apagaron las luces.
Bella y Tanya aplaudieron como locas.
Pocos segundos después, volvieron a encenderse las luces normales. Debían estar conectadas a algún tipo de temporizador. Todos los hombres permanecían en varias poses flexionando los músculos.
— ¡Quiero vivir aquí! —gritó Tanya.
Después de un momento, los hombres relajaron sus poses y regresaron a la fila. Tanya volvió a ponerse de pie.
— ¿Cuántos números como ése tenéis preparados? —preguntó.
—Dieciocho —dijo Edward.
— ¿Cuántos de ellos incluyen látigos de montar?
—Doce.
—Vaya, eso fue verdaderamente impresionante. Así que ¿vosotros realmente tenéis que hacer lo que sea que yo diga, eh?
Los hombres asintieron.
—Y qué pasaría si dijera algo sobre, no sé, que esos trajes de baño cubren demasiado...
De ningún modo. Bella no podía creérselo. Tanya sólo estaba bromeando ¿verdad? Realmente no iba a decirles a los hombres que se desnudaran ¿no?
—Señora, solicito permiso para hablar libremente, señora —dijo Félix.
—Concedido.
—Señora, sólo quería concordar con usted con respecto al tema de los trajes de baño, señora.
—Bueno, entonces, Félix, dado que has declarado tu consentimiento a oído de todos, ¿por qué no eres el primero en rectificar esta desagradable situación?
—Señora, no será ningún problema, señora.
Félix asió la cinturilla de su traje de baño y tiró hacia abajo. Agachándose, se lo quitó por completo, dejándolo caer al suelo frente a sí.
Bella tomó una honda inspiración. Realmente nunca había esperado que Tanya lo llevara tan lejos. Félix tenía un pene largo y grueso que era increíble incluso estando relajado. Era enorme. Su sola vista le produjo a Bella un escalofrío de pies a cabeza.
Se dio cuenta de que lo estaba mirando fijamente. Luego se dio cuenta de que Edward la estaba observando mirar fijamente a Félix con una enorme sonrisa en la cara. Inmediatamente se apartó e hizo como si estuviera estudiando la pared.
—Oh —dijo Tanya—. Oh, cielos. ¿Puedo tocarlo?
—Señora, sí, señora.
—Estupendo.
Tanya deslizó los dedos sobre su polla y a través del vello púbico pulcramente recortado. Luego dio un paso atrás.
— ¿Quién en esta fila no quiere mostrarme su polla?
Nadie levantó la mano.
—Porque voy a hacer que esto sea de participación voluntaria. Tengo más que suficiente para mantener los ojos ocupados aquí con Félix, así que no os sintáis obligados a participar. Quién quiera conservar su traje de baño en su sitio que dé un paso al frente.
Ninguno dio un paso al frente.
—Bien —dijo Tanya, sonando un poquito nerviosa—. Entonces continuemos a lo largo de la fila.
Bella miraba, petrificada, mientras Tanya ordenaba a los hombres, de uno en uno, que se quitaran los shorts. Edward no había mentido… todos eran caballeros extremadamente bien dotados, incluso la polla de Jacob era un miembro asombroso aunque fuera la más corta del grupo. Tanya se desplazó lentamente a lo largo de la fila, demorándose con cada hombre, acariciando personalmente cada pene al ser expuesto.
Aunque Bella continuaba intentando decirse que no debería estar mirando esto, que debería regresar a su habitación, era incapaz de convencerse a sí misma de que quería estar en cualquier otro lugar excepto aquí.
Finalmente todos los hombres estuvieron desnudos, a excepción de Edward.
Tanya echó un vistazo atrás, hacia Bella.
—Él es tu favorito ¿no es cierto? ¿Te gustaría ver lo que tiene para ofrecer?
—Te lo he dicho, no voy a involucrarme en esto.
—Apuesto diez contra uno a que estás mojada.
— ¡Tanya!
Tanya se estremeció, obviamente cayendo en la cuenta de que se había pasado de la raya.
—Lo siento —dijo, pareciendo sincera—. Me dejé llevar. —Palmeó a Edward en el hombro—. Dejaré que permanezcas vestido.
—Como desees.
Bella se dio cuenta de que se sentía más que un poco desilusionada, aunque también se sentía aliviada de que Tanya no fuera a ser la primera en acariciar el pene de Edward.
No, no, la única. Bella no iba a tocar la polla de nadie en esta habitación. Eran pollas muy bonitas, sin duda alguna, pero no intervendría en su manipulación de ninguna manera.
—Entonces ¿qué deberíamos hacer ahora? —Preguntó Tanya—. Con siete hombres desnudos frente a mí. ¿Qué os parece si vamos a nadar en cueros?
Demetri levantó la mano.
—Solicito permiso para hablar.
—Concedido.
—El agua está realmente fría y ciertos rumores con respecto al agua fría son ciertos.
—Oh. Vaya, no nos gustaría que pasara eso. ¿Qué sugieres en cambio?
—Un masaje.
Se que me mataran por hacerlas esperar tanto para leer un nuevo cap y mas este que es tan especial. Pero recuerden que yo soy un ser humano y tengo necesidades. Ayer estuve desde las 7:00am de doctor en doctor, asi que espero que me entiendan.
Ojala el cap les guste, ya sentimos un poco de calor en el haren. Como ya vieron Tanya no es tan tonta como para no darse cuenta de la quimica de Bella Y Edward. Amenla como yo lo hice con el personaje real, se van a divertir mucho com ella.
Nos vemos pronto
Belle Goose
