Los personajes le pertenecen por completo a Masami Kurumada
Mil perdones! Un mes sin actualizar, realmente lo siento, pero el tiempo me come con tareas, evaluaciones, entreno y clases. En serio, perdón. Sé que la historia es de misterio y que no se entiende nada, perdón de verdad. espero que quienes le seguían la pista no hayan perdido el interés.
Pero, bueno. Adivinen! Hoy subo ya todo hecho y derecho. Hoy terminamos la historia porque tengo tiempo de terminar y subir! Yei!
Mil gracias por el review. a: M.A: Siento haber tardado tanto, muchas gracias.
Jen 23: Espero que las dudas se aclaren , pero creo que eso es hasta ya más al final
Daracuario: Mil gracias, enserio por seguir esto. De verdad espero que a todos se les resuelvan las dudas.
-¡Seiya! ¡Seiya!- Alguien me llama. -¡Seiya, responde por favor!- No sé quién habla, no veo nada más que unos cuantos lienzos cubiertos.
La habitación es un tanto vieja, como de hace siglos. Se me hace conocida y agradable…Me hace sentir extraño, pero la sensación se parece a la que sentí cuando Alone acarició mi rostro.
-Tenma.- Reaccioné al nombre, que también se me hace bastante familiar. Si recuerdo bien, Alone me había llamado así antes de desaparecer.
-¿Alone?- él estaba ahí, parado frente a mí con una sonrisa muy hermosa que se asemejaba bastante a la que Shun tenía en un pasado. Sin embargo había algo que no encajaba, la sonrisa de Alone tenía un no sé qué que me inquietaba un poco; quizá su sonrisa ocultaba dolor y por eso sentía tanta empatía por él.
Había una voz de fondo, quizá de afuera o de alguna habitación cerca; esa voz me llamaba un poco la atención y me hacía sentir ligeramente inquieto.
-¡Seiya, despierta!- La voz se escuchaba desesperada, triste. Me daba curiosidad saber por qué y quién era, pero mi concentración volvía demasiado rápido a Alone y su hermosa sonrisa.
Al tener en frente a Alone quería preguntarle muchas cosas, pero me quedé hipnotizado al ver sus hermosos ojos azules y su sonrisa. No quería que nada acabara con ese momento, donde nadie quería alejarme de Alone ni hacerle daño, donde podíamos vernos sin complicaciones. Me sentía bien así, de un manera que hace algún tiempo no me sentía…quizá más o menos desde que Shun comenzó a cambiar.
-¡Seiya, maldita sea, despierta!- Sentí como alguien sacudía mis hombros bruscamente. Me desperté solo por el movimiento y la molestia de éste.
Me decepcionó darme cuenta de que era un sueño, que no había estado realmente con Alone y que aquél lugar tan cálido había sido una ilusión.
Más allá de mi decepción, me alegré mucho al ver que era Shun el que estaba frente a mí; nada se compara al alivio que sentí al ver que me veía molesto y con cierto aire de impaciencia.
-Ni se te ocurra acercarte más.- hizo un gesto de alto con la mano. Lo comprendí al instante, ¿cómo iba a quererme cerca después de lo que le había hecho? –La próxima que lo veas, quiero que me hagas caso en todo lo que yo te diga.- hizo un énfasis bastante notorio en la palabra "todo". Me le quedé viendo consternado, sin comprender de qué me estaba hablando. –Me refiero a Alone. Al rubio de ojos azules que te tiene tan embobado.- Lo dijo molesto, viéndome con esa expresión que rara vez había visto en él. Sus ojos estaban serios pero su rostro relajado, sin las características arrugas de alguien molesto. Además de todo lo que recientemente me asustaba de él, esa expresión siempre me había aterrado.
-Shun…Yo quería disculparme por…- Antes de que yo pudiera terminar, Shun soltó una risa bastante amarga y desvió sus ojos a la ventana de mi habitación.
-No te preocupes por eso. Solo preocúpate de que Hyioga no esté cerca cuando duermes.- La verdad, no entendí si era o no una broma.
-¿Cómo estás…? Es decir, yo…- fui interrumpido de nuevo, esta vez por la carcajada sin gracia de mi amigo.
-No estoy muerto…Si eso es lo que te preocupa.- Me enfadé. No sé por qué era yo el enfadado, pero lo estaba y no podía evitarlo.
-¡Podrías ser un poco más comprensivo!- le grité mientras él se levantaba a la ventana.
(volvimos a la obsesión por las ventanas)
-Tienes razón…Lo siento.- y volvía a sentirme mal. Yo tendría que disculparme, no él. –Seiya…-
-¿Si?-
-¿Harías lo mismo que yo?- me tomó por sorpresa. Para ese punto, yo no sabía si él me hablaba en acertijos o si yo era tan estúpido para no entender.
-¿A qué te refieres?-
Nos quedamos callados. Él viendo hacia la ventana con la mirada perdida en algún lugar, y yo viendo como silenciosas lágrimas caían de sus ojos sin su permiso. Le observé durante un buen rato, sin poder pronunciar una sola palabra, esperando a que él se moviera o dijese algo.
-Seiya…recuerda siempre tu nombre.-
-¿Eh?-
-Recuerda que eres Seiya, que no importa cuántas veces hayas renacido, eres Seiya y nadie más.- sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el puño.
-Está bien…Pero, ¿por qué me lo dices?-
-Si ves a Alone de nuevo, quiero que se lo digas. Si lo vez de nuevo, quiero que veas bien sus ojos…Luego dejaré que decidas qué hacer.-
Dicho aquello, Shun comenzó a caminar a la puerta, pero antes de que la abriera quise detenerle así que me puse de pie.
-¡Dije que no te me acercaras!- gritó alterado.
-¿Por qué…?-
-Solo hazme caso, Seiya.- volvió a sollozar y segundos después estaba llorando en silencio, mordiendo su labio inferior hasta hacerlo sangrar.
-¿No crees que merezco saber por qué no puedo acercarme a mi amigo?- su mirada tembló, soltó un sollozo más fuerte y cayó de rodillas llorando.
No supe qué hacer. Me quedé viendo como arañaba el piso.
-Seiya.- me llamó. Se había puesto de pie y estábamos viéndonos a los ojos…Sus ojos estaban tristes.- Lo lamento. Pero no puedo decirlo y no sé si en este preciso momento seamos amigos o algo que se le parezca.- su voz sonaba como una extraña mezcla de llanto y risa.
-No lo entiendo.- él abrió la puerta, y antes de cerrarla me dijo:
-Cuando yo entienda…Quizá pueda explicarte.-
Me lancé hacia atrás, presa de un repentino pánico y miedo y me di en la cabeza contra la mesa de noche. Mi respiración agitada y ruidosa no me permitía escuchar la voz de Shun que agregó algo a nuestra conversación a través de la puerta. Sabía que era él, sabía que su sonrisa había vuelto a teñirse de malicia y picardía, sabía que su voz se mofaba de mí, que se reía de haber logrado engañarme…Sabía que sus ojos rojos brillaban macabramente detrás de mi puerta.
