DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la trama es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.
Capítulo beteado por Manue Peralta de Betas FFAD.
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Playlist: Angel of music - BSO del Fantasma de la ópera; Save me - Queen
Capítulo 6: Crisis veraniega
Isabella despertó sudorosa después de aquel sueño, se refregó los ojos y cuando enfocó bien su visión, notó que tenía compañía; la chica que el vampiro había matado, estaba sentada en la mecedora que tenía en su habitación.
—Espero no haberte asustado con toda la historia. —Fueron las palabras del alma de la chica—. Interrumpí mi descanso porque quiero que cuando tú te cruces con aquel vampiro, le cuentes esta historia y le digas que lo perdono.
—¿Él me perseguirá? —preguntó con un leve tono de pánico la castaña.
—No, pero en tu destino está escrito que, en un punto de tu vida, los vampiros formarán parte inevitable de tu día a día. —La declaración del fantasma de la chica dejó sin habla a Isabella—. Entonces, ¿prometes que le dirás que lo perdono?
—Si alguna vez lo encuentro, se lo diré.
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En Inglaterra todo estaba tranquilo, Edward estaba encerrado en su habitación escuchando música, Angel of music que era parte del Fantasma de la ópera.
Alice, en el otro extremo de la casa, comenzó a tararear la parte que Christine cantaba y, pese a que Edward estaba más concentrado en lo que estaba oyendo en su habitación, nunca podría abstraerse del todo por los agudos sentidos que le otorgó el vampirismo.
—Alice, ven aquí. —Edward llamó a su hermana.
—Los Vulturi no han decidido aún, si era lo que querías preguntar. —Edward negó con la cabeza.
—Necesito que me muestres la visión que tuviste ayer por la mañana. —En la mente de Alice comenzó a reproducirse todo lo que ella había visto.
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Por las características del paisaje, parecía la ciudad de Seattle en el estado de Washington, Edward miraba a lo lejos una casa en específico y en su rostro se veía la duda marcada.
El vampiro corrió y se acercó a la casa que estaba mirando, se subió a un árbol y miró por la ventana, como esperando ver a alguien.
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—Eso es todo. —Tanto Alice como Edward no le encontraban significado a esa visión del futuro—. Algo falta y creo sospechar lo que es. —El vampiro alzó las cejas dando a entender que quería que prosiguiera—. Falta que conozcas a quien vive en aquel lugar.
¿Quién será? ¿Cuánto faltará para conocer a esa persona? Eran las dos preguntas que quedaron dando vueltas en la cabeza de Edward mientras Save me de Queen comenzaba a escucharse.
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Las primeras semanas de vacaciones habían sido espectaculares para Isabella, no se había encontrado con muchos espíritus, pero el sueño de la muchacha que falleció a manos del vampiro se había repetido en un par de ocasiones.
Prendió su computador para ordenar la casa escuchando música, puso el CD en el lector y la voz de Alanis Morissette llenó su habitación. Mientras ordenaba, recordó la llamada telefónica que había recibido anoche, en la cual su prima había cancelado los planes que tenían para ese día pues los padres de ella habían adelantado el viaje a Vancouver, Canadá, porque la abuela materna tendría que operarse de la vista.
El teléfono la interrumpió.
—¿Aló? —Bella reconoció la voz de su padre al otro lado del teléfono—. ¿Papá, necesitas algo?
—No, pequeña, nada tan urgente —aclaró el Jefe Swan—. Quería consultarte si necesitabas algo para preparar la cena.
—Sólo algo de beber —respondió la castaña—. El pescado ya está descongelado y después que termine de ordenar, me pondré a cocinar.
—Espero que te quede rico, Bells. —Fue el comentario con el que Charlie finalizó su llamada.
La castaña siguió ordenando totalmente relajada, quiso ir a buscar un paño para sacudir al mueble que estaba al lado del lavaplatos y en la cocina apareció James.
—Hola, preciosa. —La cara de felicidad que tenía al haber completado su broma contagió a Bella, que pese a estar un poco cabreada, se lo tomó con humor y le respondió haciéndose la dura.
—Jamás, ¿me oyes? —Bella levantó su índice para enfatizar lo que estaba diciendo—. Jamás vuelvas a asustarme de esa manera.
James le traía una noticia a Bella que la pondría feliz, de alguna u otra manera y que dejaría en el pasado el tiempo que estuvieron distanciados.
—Hey, Bells, creo que he visto a tu madre, está con las almas que descansan en paz. —El impacto que causó la noticia en la castaña hizo que tomara asiento en una de las sillas de la cocina—. Pero sabes que yo no puedo acceder a ese sitio por lo que soy, los vampiros tenemos nuestro mundo aparte.
—Pero con lo que me dijiste puedo quedarme más tranquila.
—Bells, ¿aún tienes guardada esa rosa que apareció el día del funeral? —preguntó James y la castaña asintió y le pidió al fantasma del vampiro que la acompañara.
Isabella sacó la rosa del lugar donde siempre la había guardado y en ese momento una sensación extraña invadió el estómago de la castaña. Fue de tal magnitud lo que había sentido, que volvió a dejarla en el lugar que ocupaba.
La niña que vio en el cementerio apareció.
—El vampiro está mintiendo, Isabella. —Fue lo primero que salió de la boca de la que aparentaba ser una niña de aspecto frágil e inocente—. Tu madre está sufriendo, ella aún no ha salido de la transición y debes ayudarla.
Los escalofríos que invadieron a Bella le hicieron estar en estado de alerta, sin demostrarle temor se acercó a la niña.
—Dame tu mano, pequeña. —La que simulaba ser una niña, sin entender qué era lo que quería Bella, le dio la mano. Apenas la mano de Bella tocó la mano de la fantasma, imágenes de cuervos, sangre y un ángel completamente de negro fue lo que inundó su mente.
Para que aquel demonio no sospechase que vio en lo más profundo de su alma oscura, se soltó suavemente y en completo silencio se sentó en su cama, le hizo un gesto a James para que tuviese claro que era un espíritu oscuro y que tendría que dejar su mente en blanco y bloquearle así el paso a este espíritu.
El espíritu oscuro no comprendió qué era lo que Isabella estaba tratando de hacer, Gaelle no había avanzado tanto y no sabía cuán grande era el poder que Bella poseía. Cuando la habitación de la adolescente comenzó a desaparecer y vio que estaba alejándose en contra de su voluntad, lo comprendió, la muchacha estaba intentando cerrarle el paso, luchó incansablemente para poder seguir con su plan de corromper el alma de Isabella, pero la fuerza interior de Bella mandó a su indeseado visitante de vuelta al mundo donde se ubicaban los espíritus y almas tan oscuras como aquella.
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Un día más pasó, Edward acompañó a Carlisle a su trabajo porque el doctor tenía sospechas de que algunas personas que trabajaban con él, habían hecho conjeturas sobre su verdadera identidad.
Edward se mantuvo distante pero atento a los gestos de su padre para leerle la mente a cada uno de sus colegas. Después de pasar casi una mañana completa leyendo mentes, pudo enterarse de que dos personas querían hacer caer a Carlisle en una trampa.
Carlisle se dirigió a su consulta después de que terminó sus rondas, pues allí había quedado de juntarse con su hijo. Cuando entró a su despacho en el hospital, supo que no las noticias no eran muy buenas.
—Quieren hacerte caer en una trampa. —Fue lo que Edward le contó—. Que te acusen por negligencia y pierdas tu licencia.
—Tendremos que marcharnos. —Fue la resolución del patriarca Cullen—. Hoy presentaré mi dimisión.
Cuando el doctor llegó a su casa, conversó con la familia y decidieron que lo mejor era volver a América. La ciudad de Nueva Rochelle, del estado de New York en Estados Unidos, sería su nuevo hogar.
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Después del episodio con uno de los espíritus más oscuros que le había tocado enfrentar, Isabella había quedado agotada, pero aun así, bajó a la cocina y le hizo la cena a su padre.
Después de que terminó de preparar la comida, la castaña se sentó a descansar en el sillón de la sala; no pasó mucho tiempo en el cual la muchacha se quedó profundamente dormida.
Cuando el Jefe Swan llegó a su casa y no vio ninguna luz encendida se sorprendió, pero su asombro aumentó cuando estuvo dentro pues su hija estaba recostada y dormida en el sillón.
Charlie, como todos los días, se acercó al mueble en el cual dejó su cinturón que contenía su arma, con la carga de repuesto y el bastón retráctil. De su tobillo extrajo el arma de repuesto, posteriormente, cuando tuvo todo sobre el mueble, descargó y limpió sus armas.
Dentro del sueño que Isabella estaba teniendo, comenzó a sentir ruidos que no encajaban en lo que estaba viendo, para ella, los golpes contra madera no tenían explicación en su recorrido por los bosques del Amazonas.
—Bells, pequeña. —Sintió que le hablaban a lo lejos—. Despierta.
Pese a lo suave que el Jefe Swan le habló a Isabella, la chica despertó asustada, pero cuando comprendió que estaba en su casa junto a su padre, toda esa sensación de no entender qué era lo que pasaba se esfumó.
—Perdón, creo que la pequeña siesta que iba a tomar se transformó en un par de horas de sueño profundo. —Fueron las palabras de la castaña y su padre se sonrió—. Al menos, la cena está lista para servir.
El sheriff vio a su hija muy distraída y con el cansancio marcado en su rostro, se preguntó internamente si le había pasado algo, pero no quería preguntar pues podía tratarse de temas exclusivamente femeninos y no estaba seguro de poder lidiar con ello.
Después de dejar todo ordenado, Isabella se dirigió a su habitación, sacó su pijama y después entró al baño para darse una ducha. El cansancio hizo mella en la chica, que cuando entró a su habitación dispuesta a dormir, se encontró con James.
—Bells, sé que estás agotadísima por lo de hoy por la tarde, pero vine a confirmarte que tu madre está bien.
—No sabes lo feliz que soy con esa información. —Pese al agotamiento, Isabella sonrió—. Aunque no puedo dejar de extrañarla —comentó.
—Te dejaré dormir, pequeña. —Fueron las palabras de James que la castaña apenas pudo sentir, pues se entregó por completo al mundo de los sueños.
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Un avión proveniente de Londres aterrizó en New York, de aquel avión bajaron poco a poco todos los pasajeros, pero los que más destacaban eran siete personas que tenían un perceptible rasgo en común, eran muy pálidos.
Los Cullen avanzaron hacia la salida del aeropuerto, se dividieron en dos taxis y el destino de ambos vehículos era la empresa más cercana que rentaba automóviles las veinticuatro horas. Una vez la familia de vampiros pudo terminar el papeleo, pusieron sus maletas en la parte trasera de la van mercedes Benz para partir rumbo a Nueva Rochelle.
Llevaban casi quince minutos viajando cuando Alice quedó con su vista vacía, instantáneamente Edward colocó atención en lo que su hermana estaba viendo.
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Era un día nublado, Edward estaba paseando por calles neoyorkinas, había bastante tráfico, Manhattan estaba hecho un hervidero de gente que buscaba un lugar donde comprar comida y volver a su trabajo; mientras tanto, Edward siguió caminando, como si tuviese que dirigirse a un sitio específico.
Hubo un grito, Edward volteó su cabeza y se concentró en buscar quién era la persona afectada. Cuando vio a una muchacha agachada tomándose la cabeza y con lágrimas corriendo por su cara no dudó en partir en su ayuda, parecía que la chica estaba teniendo una crisis de angustia muy grande.
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—¿Qué fue lo que viste? —Jasper le preguntó a su amada.
—Edward recorriendo Manhattan y ayudando a una chica que parecía estar con crisis de angustia.
—¿Será que encontrará a su amada, Alice? —Bromeó Emmett, la mirada envenenada que le dio Edward, lo hizo callar de inmediato.
—Si no vas a decir algo coherente, mejor cierra el pico.
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Pasó una semana más, en la que Bella y sus amigos estaban disfrutando del verano. Sin embargo, aquel día la castaña se había quedado en casa por orden de su padre, pues había un juicio en contra de una banda de narcotraficantes peligrosos que venían desde el estado de Florida y desde New York, estos criminales se denominaban "mala noche" y habían cometido toda clase de fechorías a nivel internacional.
Para Bella, el tener que estar encerrada y custodiada por una patrulla de incógnito no era cómodo, pero lo prefería, pues así lograba que su padre estuviese tranquilo.
La castaña comenzó a organizar todo en la casa, dejando para el último el despacho de su padre. La chica comenzó por archivar los informes de accidentes de tránsito, dejando el más reciente sin hacerlo, porque pronto tendría que enviarlo a las oficinas de estadísticas que recopilaban todos los datos del estado.
De forma inesperada y sin causa aparente, varios de los documentos que no había archivado, cayeron al suelo.
—Si no te muestras, no podré ayudarte. —Isabella tenía claro que se trataba de un fantasma, pero le extraño que no pudiese mostrarse—. Necesito saber que quieres.
Pasó alrededor de un minuto y Bella pudo ver como una silueta débil aparecía frente a ella.
—Tienes que relajarte, quizá aún estás confundido, pero intenta decirme que es lo último que recuerdas.
—Mala noche… —Ante estas palabras Bella se asustó y cuando apareció la sombra, el pánico la invadió por completo.
No pasaron más allá de treinta segundos cuando los disparos comenzaron, la hija del jefe Swan se refugió bajo el escritorio, le pidió a Dios que toda la balacera acabara y rogó porque su padre estuviese a salvo.
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En Italia, Aro, Cayo y Marco conversaban a solas.
—Se han oído rumores de que los Cullen volvieron a América. Es preciso que dentro de pocos meses mandemos a buscar a Edward. —Fueron las palabras del líder.
—Aro, no sé por qué no te vences con el chico —cuestionó Marco—. De todos los vampiros, él es uno de los que tiene el historial más limpio, ha matado sólo a una chica en casi un siglo, no veo forma de que se nos una.
Cayo estaba oyendo la conversación que mantenían sus hermanos, pero a la vez pensaba en como aniquilar a una manada de hombres lobo que estaba cercana a Volterra. No quería a hijos de la luna merodeando cerca.
—Hermanos, no desistiré, algún día encontraré la manera de que Edward Cullen pertenezca a mi guardia —anunció Aro.
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Los disparos habían cesado hace varios minutos, pero Bella no había querido salir de su escondite. Pensando en la posibilidad de que los maleantes de la banda Mala noche aún estuviesen cerca.
Cuando sintió como abrían la puerta de su casa, se obligó a permanecer en silencio pero cuando reconoció la voz de Charlie, salió a su encuentro. Apenas el jefe Swan pudo ver a su hija sana y salva, se le quitó un peso de encima.
—Gracias a Dios estas bien, Bells. —Para el señor Swan, su hija era el único tesoro que le quedaba de su amada Renée y perder aquel tesoro, significaría volver a perder una parte de su corazón.
—Pude protegerme a tiempo —respondió la castaña.
—He tomado una decisión, Bells. —El rostro de Charlie reflejaba la preocupación que sentía—. Rellenaré los formularios para el programa de protección de testigos, nos iremos a New York por lo que resta del verano.
La noticia sorprendió a la chica, aunque prefería acatar aquella decisión de su padre, pues vivir con el temor de que cualquier maleante de la Mala noche pudiese irrumpir en cualquier momento no era grato. Por otra parte, Charlie pensaba en la posibilidad que el juicio contra todos los criminales terminase en el periodo que él había prometido.
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El viaje a New York había sido relativamente tranquilo, pues a Isabella se le apareció el fantasma de una de las azafatas del vuelo 11 de American Airlines que se estrelló contra una de las torres gemelas.
—¿Qué necesitas? —preguntó la castaña.
—Es algo puntual —dijo el alma de la mujer—. Por la calle del memorial, en uno de los edificios de enfrente, hay una bajada de agua que tiene una rendija y allí está mi anillo de bodas, quiero que se lo hagas llegar a mi esposo.
—Dame una dirección —solicitó Bella y la aeromoza respondió a su petitorio.
Después que Bella se instaló en el lugar que viviría durante un tiempo, se dispuso a buscar donde quedaba el lugar que el alma de la mujer le había indicado. Según internet, el sitio que necesitaba encontrar quedaba cerca de donde estuvo el WTC.
El departamento en el que el jefe Swan y su hija estaban viviendo era muy cómodo, con varios locales cerca además del parque Washington market y justamente abajo del edificio estaba el Food Emporium, de la calle Greenwich.
—Bells, pequeña, tengo que ir al departamento de policía. —El miedo de Charlie era palpable—. Si quieres salir, sabes que abajo estarán los oficiales para que te cuiden.
—Papá, ve tranquilo. —La joven abrazó a su padre esperando infundirle un poco de confianza—. En media hora quiero salir a recorrer el monumento del 11-S. —Le informó—. Y aunque quiero resguardo, espero que no me abrumen demasiado.
—Recuerda que para ellos eres Marie. —Fue lo último que mencionó Charlie antes de salir del departamento.
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Para Edward era muy extraño recorrer Manhattan, se sentía un verdadero turista pese a los años de vida que tenía. Pero lo que más lo tenía intrigado, era esa necesidad de seguir recorriendo.
El vampiro se aventuró, continuó recorriendo a un paso medianamente rápido, quería saber si la visión de su hermana Alice era real, quería ver si aquella chica castaña estaría ahí.
En un punto cercano, Isabella bajó de su edificio y avanzó hacia el sur por la calle Greenwich, pasó por el frente de construcciones y apenas llegó a la esquina de la calle Liberty vio el lugar que la azafata había descrito y del lugar donde caía el agua sacó el anillo de bodas.
La castaña volvió hasta las dos grandes piscinas y fue leyendo nombres de víctimas. Su corazón se agitó, pensando en cada familia que perdió a alguien ese día y su mente volvió a recordar el sueño que había tenido aquel 11 de septiembre.
Levantó su vista y no vio a nadie en toda la manzana que estaba dedicada al memorial, un par de vehículos estaban estacionados a lo lejos y en uno de ellos se encontraban los agentes especiales que se encargaban de su protección.
Aquel clima tranquilo cambió en un segundo, pues un centenar de personas asediaron a la castaña pidiendo ayuda. Ella intentó calmarse para tratar de explicarles que necesitaba que hablasen uno por uno, pero un severo y repentino dolor de cabeza se lo impidió, la respiración de la chica comenzó a hacerse dificultosa, su pulso latía detrás de sus orejas. Estaba con una crisis en toda regla.
En el momento en el que Edward llegó a la zona del monumento a los fallecidos del atentado, pudo observar a la chica de la visión de su hermana, la muchacha estaba colapsando y corrió rápidamente para ir en su ayuda.
En ese momento, Edward no se percató que no podía leerle la mente y Bella estaba tan abrumada que cuando comenzó a ver borroso se aferró a aquello, sabía que los agentes de seguridad la ayudarían.
Pero el que llegó primero fue Edward, el vampiro la tomó en sus brazos y la llevó a una banca cercana para que la castaña estuviese más cómoda; más por costumbre que por necesidad, inspiró. Fue entonces que el caos interno comenzó.
Si la chica que Edward había matado por accidente en Cleveland lo había torturado, esta muchacha era imposible de resistir y se dedicó a combatir a su bestia interna.
Agradezco a cada persona que últimamente se ha unido al fic y a las que han dejado su comentario. Ojalá les haya gustado el capítulo, el que viene será casi en exclusiva de Bella y Edward así que espero que estén atentas a las cosas que suba en el grupo de facebook.
Pili: Aquí está el encuentro, espero haber estado a la altura. Gracias por tu incondicional apoyo.
Muchos saludos a todos los que dedican su tiempo a leerme. Nos vemos en el siguiente cap.
Sofía
