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Capítulo VII

Inicia el Quidditch

Campo de Quidditch

Hermione acomodó la bufanda entre la capa para que no ondeara y terminara fuera de lugar. Arregló su túnica y tomó su asiento junto a Neville que agitaba su banderín con insistencia pese a que aún no empezaba el partido.

—Debería estar con Hugo, los chicos se han estado portado maravillosamente, no lo han dejado solo— dijo preocupada buscando con la mirada el sitio donde se arremolinaran las cabelleras rojas.

—No creo que les moleste, los Weasley son una buena familia, muy unida.

— ¡Weasley! ¡Longbottom!

Los dos giraron para ver a Ernie Macmillan que corría hacia ellos agitando los brazos para llamar su atención.

— ¿Qué pasa?

—Nada, solo quería saludarlos — respondió empezando a reírse.

—Seamus venía conmigo, no sé en dónde se quedó. ¿Por qué la cara trágica, Hermione? Ni siquiera empieza el partido, está bien que Hufflepuff sea un equipo de cuidado, pero Gryffindor y su pequeña estrella Potter no perderán por tanto.

Neville infló el pecho con orgullo.

—La copa de Quidditch ha estado en el despacho de Gryffindor cuatro años consecutivos.

Ernie hizo un movimiento con las manos restando importancia.

—Detalles, detalles.

—Parece que vinieron todos los profesores al partido inaugural — comentó Seamus llegando por fin, se estaba poniendo la túnica y tenía problemas con la capa accesoria del modelo que llevaba, pues no parecía ser capaz de encontrarle la posición adecuada. Los otros tres profesores giraron la vista a donde el recién llegado miraba, y junto al director Flitwick y la subdirectora Sprout, estaban los demás profesores en comitiva bien alineada, incluso la profesora Trelawney, que a la luz del sol lucía tan traslúcida como un fantasma, su piel casi grisácea por la edad y el encierro se pegaba a sus huesos como si no hubiera músculo debajo, el peso de sus collares y pulseras parecían jorobarla y los inmensos lentes resplandecían tanto como los de la profesora Sinistra, sentada a su lado, junto con la profesora Babbling.

Los otros tres profesores que estaban del otro lado seguían siendo un misterio total, como si hubiesen emergido de la nada, tal vez fueron compañeros de diferentes generaciones, pero de esas personas que nunca miró dos veces porque sus rostros no le sonaban de nada a Hermione. Y por supuesto, el que desentonaba entre las capas negras, azules y rojas, era Jareth, que iba de brillante dorado, no una emulación dorada sintética o encantada, sino un oro rico metalizado y resplandeciente como si fuese de oro literalmente. Pero eso era muy absurdo, ni siquiera un Malfoy lo haría, tanto brillo era inadmisible, sobre todo si daba más vida al cabello, ese cabello de corte irregular y que no se decidía por un tono de rubio o castaño.

—Ese sujeto definitivamente sabe llamar la atención — dijo finalmente Neville.

—Escuché que es un noble — dijo Seamus.

— ¿De las familias antiguas?— preguntó Ernie a lo que el otro asintió.

—La otra vez escuché de la profesora Babbling que tuvo una discusión con el director porque no le permitieron traer una comitiva de sirvientes mayor a tres.

— ¿Sirvientes?— y esta vez la pregunta la hizo Hermione — ¿Los goblins?

Seamus dio un salto como si la palabra evocara a una maldición que caería sobre él, le hizo una seña a sus compañeros para que se acercaran tanto como pudieran y así lo hicieron hasta que sus cabezas casi chocaron.

—Creo que está en un lío con el Ministerio por eso, Hagrid me dijo que esos goblins son humanos con una maldición, y que en su castillo se cuentan por cientos, que él los transforma cuando son aún bebés y con el tiempo olvidan lo que fueron.

Hermione se llevó las manos a la boca.

— ¡Eso es horrible! ¿Por qué no han hecho nada entonces?— exclamó Ernie.

—No lo sé, puede que sea solo un rumor basado en el folklor de que los duendes roban bebés.

—Puede. Hay muchas leyendas muy difundidas incluso entre los magos pero que son falsas al final — secundo Neville queriendo sonar optimista, más para él mismo que para los demás.

Antes de que se dieran cuenta, el silbatazo inicial había sido dado y de repente, los tres hombres volcaron toda su atención al primer juego del año, Hufflepuff contra Gryffindor. Pero para Hermione no fue así, había quedado pensativa, de repente la idea no sonaba tan descabellada, la profesora McGonagall había mencionado que había "un asunto" con Jareth y él mismo había dicho que tenía problemas propios e importantes. Se llevó el dedo índice a la nariz.

Era con seguridad que la profecía de Hugo se trataba sobre él, McGonagall lo había insinuado y él lo había confirmado con su abrupta escapatoria tras escucharla.

Hablaba de un rey ¿Él era el rey? Tal vez, los goblins se referían a él como "Su Majestad" y Seamus confirmaba ascendencia noble.

¡Ella trabajaba en el departamento de regulación y control de criaturas mágicas! ¡¿Cómo era que no sabía de eso?!

Movió la cabeza de un lado a otro con fuerza, estaba volviéndose descuidada, enviaría una lechuza a su oficina para ver lo que tenían del caso, y claro que lo confrontaría, los rumores son desmentidos o confirmados directamente por el involucrado.

Llegó la primera anotación y no supo ni de quién fue, sus ojos se dirigían fugazmente al destello dorado que reflejaba el sol. Una segunda anotación, los espectadores estaban eufóricos y se pusieron de pie lanzando vítores, en ese momento el dorado se perdió de su vista un instante, reaccionó como impulsada por un resorte levantándose también. Jareth dejaba las gradas, bajaba por las escaleras ufanamente como si no le importara.

Había cumplido con la ceremonia inaugural y se marchaba, eso sucedía.

Sin avisar a sus amigos también empezó a empujarse contra los alumnos para salir.

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Lago negro

Hermione llegó finalmente al suelo, sobre su cabeza se escuchaba la exclamación de otra anotación. Pero ya no le importaba, buscó mirando a todos lados pero el dorado había desaparecido completamente. ¿A donde iría?

La escuela era una posibilidad, podía imaginarlo regresando al castillo, a encerrarse tal vez en sus habitaciones, casi nunca estaba afuera. Solo salía para dar clases; de la Torre Norte a las Mazmorras, no lo veía en el comedor y definitivamente nunca paseando por los jardines. Levantó el borde de la larga túnica negra para no tropezarse mientras corría y fue directo al castillo.

El lugar estaba abandonado como era de esperarse. Solo rondaban los fantasmas y el único ruido provenía de los cuadros.

— ¡Sir Nicholas!— llamó casi sin aliento al fantasma que tarareaba una canción distraídamente mientras iba por un corredor.

— ¡Profesora Hermione Weasley! Que gusto verle, y que extraño estando iniciada la temporada de quidditch — exclamó con sorpresa deteniendo su vago flotar para mirarla.

— ¿A visto al profesor Jareth?— preguntó, a lo que el fantasma torció la boca ya de entrada ofendido por no ser saludado con la misma efusividad que él había usado.

—No, por aquí no ha pasado— respondió secamente aunque la bruja no se percató o no tomó importancia de ello, irritando más la pobre sensibilidad del fantasma.

Iba a haber un intento de conversación cuando un ruido los hizo mirar al piso, rodando se acercaba una esfera de cristal que se detuvo justo a los pies de la profesora, ella se agachó y la tomó reconociéndola extrañamente como la irritante esfera con la que Jareth jugaba al hablar.

—Creo que sabe que lo estoy buscando — dijo triunfante viéndola caer de nuevo, escapando de sus manos y empezando a rodar por el pasillo —. Tengo que irme, hasta luego.

Y sin más, Hermione volvió a emprender la carrera directamente fuera del castillo, sobre el césped, hacia el sur, directo al Lago Negro.

Empezaba a quedarse sin aliento cuando la esfera redujo su avanzar y se detuvo al pie de un grueso árbol, vio una mano agacharse a recogerla luego de que diera un salto por sí misma, pero no era la de Jareth, era un muchacho de cabello castaño claro y corto, debía estar en quinto curso, llevaba el uniforme de Hogwarts y los detalles de Ravenclaw. Sus ojos eran de diferente color, el derecho azul y el izquierdo café.

— ¿Qué he hecho para merecer tu atención?— preguntó haciéndola retroceder dudosa de sí misma y por ello el chico hizo un movimiento con la capa, como si la girara y el dorado intenso apareció de nuevo con todo lo conocido de aquél mago: el cabello, la expresión altiva, todo de regreso a su lugar.

— ¿Haces eso a menudo?— preguntó con las cejas levemente contraídas por una rabia creciente ¿Resultaba ser un metamorfago también? Todo ese talento y casi perfección era algo que ella consideraba inadmisible y hasta grosero, sobre todo viniendo de una persona que no tenía sentido del deber, del orden ni de la modestia.

—Para la cena, y algunas tardes para salir, si es que mis deberes de tutor privado me lo permiten — dijo recargándose en el árbol con una actitud despreocupada.

—Si no quieres hacerte cargo de Hugo, no te estoy obligando, puedo conseguir a alguien más — reclamó defensiva con los puños apretados.

Jareth emitió algo como un silbido.

—Yo no quiero pelear, no me gustan los conflictos ¿Qué quieres?

Hermione de repente recordó el motivo inicial de su búsqueda.

—Escuché algunas cosas sobre ti y quiero que me las confirmes, o lo niegues, pero con la verdad.

—La verdad es subjetiva, si quieres preguntar hazlo, pero que te responda es otro asunto, si no me viene en gana no lo haré.

Arrogante pero con sentido, respiró profundamente, lo miró con dureza y sin acobardarse, rápidamente ideo un orden que no fuera brusco pero solucionara todos los pendientes.

— ¿Vienes de familia noble?

Jareth asintió una sola vez.

— ¿Eres tú el dichoso Rey que mencionó la profesora McGonagall?

—Eso fue grosero, pero sí, yo soy el Rey Goblin, creí que lo sabías, solías llamarme así.

La sangre en las venas de Hermione se heló ¿Ella solía llamarle así? Imposible, si le hubiera conocido de alguna manera en tiempo pasado, ella lo recordaría, porque ella no olvidaba nada y menos a alguien como él, simplemente era del tipo de persona que no se ignoraba. Lo miró fijamente por primera vez examinándolo minuciosamente, no solo para una impresión general de un excéntrico personaje.

—No sé quién seas.

Jareth soltó algo como una risa que no terminó de convertirse en tal.

—Con magia o sin magia, siempre es igual, fue absurdo pensar que las brujas y magos saldrían ilesos. Mentes estrechas son mentes estrechas.

— ¿De qué estás hablando?

—No importa, no es eso de lo que tú quieres hablar ¿Por qué tengo tu atención?

Hermione desvió la vista con la mente nublada por más preguntas y él la miraba con tranquilidad, aún recargado en el árbol, las manos en los bolsillos y sin alterarse siquiera.

—Es sobre los goblins ¿Es verdad…? ¿Es verdad que son humanos transformados?

—Si respondo que no ¿Que vas a hacer?

—Nada.

— ¿Y si respondo que sí?

—Llamaré al ministerio y mi palabra se convertirá en una prueba acusatoria.

Jareth se impulsó para separarse del árbol acortando la distancia con la bruja, apareciendo frente a ella la esfera, Hermione miró su reflejo por un instante, pero enseguida este cambió mostrándole una sucesión escenas de sus días en Hogwarts, como si fuera una película en tomas abruptas.

— ¿Qué es eso?— preguntó sin ser capaz de despegar completamente los ojos de la visión.

—Un cristal, nada más.

—No es verdad ¿Qué me está enseñando?

—Tus sueños.

Hermione se apartó bruscamente parpadeando varias veces.

—Eso no tiene sentido.

—De verdad no lo recuerdas — repitió el mago pero sin inmutar su expresión.

— ¿Qué debería recordar?

—Tómala, si quieres respuestas te las dará.

Le arrojó el cristal y empezó caminar en dirección al castillo, y mientras lo hacía volvió a ondear su capa reapareciendo al muchacho de Ravenclaw.

— ¿Ravenclaw fue tu casa cuando estudiaste?— preguntó de pronto ella pensando en que si sabía cuál era su casa podría investigar por su cuenta lejos de las respuestas esquivas y confusas. Jareth se detuvo mirando por encima de su hombro.

—No.

Y no volvió a detenerse.

Mientras se alejaba, Hermione se decidió completamente, si estaba tramando algo, no importaba la recomendación de la profesora McGonagall, ella lo descubriría y lo detendría.


Comentarios y aclaraciones:

No hay sorpresa aquí, planteo que Hermione conoció a Jareth cuando niña ¿Con qué motivo? eso si es secreto.

¡Gracias por leer!

¡Feliz año 2013!