Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Advertencia : Lenguaje un poco fuerte en éste capitulo, leer con cuidado ;)
Segunda impresión.
Isabella nunca pensó que esto sería tan difícil. Su tío hablaba en serio cuando le dijo que para sus profesores ella sería como otra estudiante más; se dirigían a ella como "Princesa" o "Alteza", pero la reprendían igual cuando se equivocaba, y ya la habían calificado con más de un cinco, y algo peor.
Acababa de vivir la semana más dura de su vida, y le faltaba muy poco para tirar la toalla con la universidad. Quizás era porque estaba fuera de práctica, después de tres años sin estudiar; o porque en el instituto sus profesores sí era más indulgentes con ella y muchas de su notas altas eran gracias a su título Real, y no a su dedicación.
Aunque eso no era del todo cierto, como cualquier persona ella también tenia sus puntos fuertes y aquellos flacos. Se le daban muy bien las materias humanísticas: literatura y filosofía (gracias a su tío por ello), la historia, geografía e idiomas (era la futura Reina, y éstas eran materias que desde pequeña había tenido que aprender sí o sí); En éstas era capaz de sacar un ocho casi sin ningún esfuerzo. Era en las materias científicas que peligraba, matemáticas, física, química y biología. Oh, qué materias más inútiles.
¿De qué le iban a servir a ella esas cosas cuando fuera Reina?.
Éste era el primer motivo por el que estaba tan estresada.
Después estaban sus compañeros de universidad, la estaban volviendo loca. No hacían más que seguirla a todos lados con la mirada, y algunos se atrevían a hacerlo incluso físicamente. Más de uno se había acercado a ella con el deseo de ganarse su amistad, pero Isabella no estaba en absoluto interesada en entrar en contacto con personas que le hicieran la pelota constantemente. Ya tenia suficiente de esos fuera de la universidad. Puede que allí estuviera el problema.
Cuando salía del castillo cada tanto, resultaba divertido y emocionante que la miraran como si ella fuera una Diosa entre los mortales. Pero luego de solo dos días en la universidad, de siete horas diarias, la cosa se había vuelto francamente un poco irritante y muy incómodo. Toda su vida ha estado rodeada de personas con también sangre noble o de su misma posición económica y social, y estos ya no hacían un gran escándalo por estar en compañía de la Princesa Isabella.
Algunos de sus amigos y conocidos estudiaban también allí, pero era difícil coincidir con ellos porque iban en clases más avanzadas.
Y esto llevaba a la tercera razón de su estrés. Había olvidado por completo lo que era estar sola y en paz. Muchos de los guardias Reales rodeaban la universidad para poder garantizar su seguridad. Pero debido al continuo acoso de sus compañeros, ahora tenia que estar junto a su guardaespaldas personal siempre que salia del castillo. Y aunque Emmett le cayera muy bien y sus bromas le arrancaban siempre una risa, tenerlo pisando sus talones en todo momento, sin darle un solo respiro, la ponía nerviosa hasta el punto que sentía que a la más mínima provocación perdería la cabeza, vamos si incluso cuando tenia que ir al baño, Emmett la esperaba fuera de la puerta.
-Llegará tarde a su clase de química, Alteza – le dijo éste, llevando los libros de ella en sus musculosos brazos.
Como parte de su trabajo, se había aprendido de memoria el horario de clases, y la localización de las aulas de la Princesa Isabella, antes e incluso mejor que ella.
-No me lo recuerdes – gruñó entre dientes Isabella, deseando que hubiera alguna manera de lograr convencer a Emmett que la dejara saltarse por lo menos ésta clase.
-Ánimo Princesa – Emmett cambió a entusiasmado el tono de su voz – que ésta es su última clase del día, y además ya estamos a jueves.
¿Apenas estaban a jueves?. Una sola semana estudiando y a ella le parecía más una eternidad. ¿Cómo habían personas que hacían esto durante años?.
-Ojalá fuera tan simple como eso. En un mundo ideal, estudiar debería acabar al mismo tiempo que las clases … ¡Pero no, las tardes también deben estar dedicadas a la estúpida universidad! - Emmett elevó una ceja ante la parrafada y gritería de la Princesa, tenia mucha paciencia porque sabia que ella se sentía cansada y frustrada. Isabella suspiró sintiéndose casi culpable, él no tenia por qué pagar por sus problemas – Tengo un trabajo de geografía que hacer para el lunes, un examen de filosofía mañana, y ya desde ahora puedo predecir que si sigo así, suspenderé química por lo menos.
-Bueno, llegar puntual a clases siempre suele ayudar en estos casos.
Isabella cerró los ojos y se masajeó las sienes con fuerza.
-Y ésta es la centésima vez en la que me pregunto si todo esto vale la pena.
Emmett sonrió con compresión y suprimió los deseos de pasar el brazo por la espalda a ella, en señal de camaradería, como haría con sus amigos. Había buen ambiente entre ellos y confianza, pero jamás podía olvidar que ella era la Princesa y él debía mantener las distancias.
-Cómo ya le dije antes Alteza, Ánimo. Piense en esa película tan divertida de la Disney, hay que seguir siempre adelante. Con tenacidad y determinación todos podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos.
Isabella abrió los ojos y los levantó para mirar a Emmett con diversión.
-¿ "Descubriendo a los Robinsons" ?. ¿En serio, Emmett? - preguntó conteniendo la risa.
-Es sin duda una de las mejores películas que existen, Princesa – se defendió – Honestamente lo que me sorprenda es que usted también la conozca. No me parecen de género que vea.
Isabella se encogió de hombros.
-Era uno de mis libros preferidos cuando era pequeña. Cuando salió la película, sentí mucha curiosidad de ver cómo lo habían adaptado.
-¿Es un libro? - preguntó Emmett sorprendido.
Ella no pudo evitar soltar un risotada, eso era mucho más típico de Emmett.
-Si, así es. Pero no te preocupes que los dos son muy diferentes. No es de esa película que necesitas haber leído el libro antes, para poder entenderlas mejor.
Emmett soltó un suspiro aliviado de broma.
-Qué alivio escuchar eso. Me gustan las películas para niños porque son divertidas, nada complicadas y siempre tienen un final feliz. Me arruinaría por completo la diversión saber que tengo que leer un libro para poder disfrutarlas más.
Ella volvió a reír, su guardaespaldas había hecho un buen trabajo en lograr que sintiera más tranquila y relajada. Pero eso solo hasta que se giró para seguir caminando y se encontró con la verdadera raíz de sus problemas.
Era él.
Allí estaba sentado en la grama de los jardines, como tomando el sol, la mar de feliz, charlando y riendo con la rubia que estaba a su lado; y fue precisamente eso lo que hizo que se molestara nuevamente. No era justo que ella estuviera estresada hasta el punto de llegar a tener un crisis nerviosa, en cambio Edward Masen parecía no tener una sola preocupación en el mundo.
Eso era completamente injusto.
Y la cosa empeoró cuando la risa melodiosa de él llegó a sus oídos, a pesar de la distancia que los separaba. Ya era demasiado. Sin darse cuenta de lo que hacía, se estaba encaminando en su dirección. No se quedaría tranquila hasta que Edward escuchara muy bien lo que estaba en su mente. Sin dejar a Emmett más remedio que seguirla.
…
Edward salió del laboratorio cuando el ruido de su estómago aumentó de volumen, se estaba muriendo de hambre. Decidió ir hacia los jardines, deseoso de absorber un poco de vitamina D. Llevaba tanto tiempo en el interior a causa del experimento en el que estaba trabajando, que su piel estaba blanca como un papel. Ya empezaba a tener un aspecto poco saludable. Tanto que si seguía así, terminarían estudiándolo a él. Incluso se lo podía imaginar, el departamento de antropología descubriría un nuevo espécimen : El estudiosus palidochus.
Soltó una risotada al caer en la cuenta de la tontería en la que estaba pensando, esto tenia que ser otra señal más de que necesitaba un descanso urgentemente. Cuando llegó al exterior, sonrió suavemente al sentir la brisa desordenar su cabello. El otoño había llegado.
Divisó a Rosalie y fue hacia ella. Su amiga rubia estaba con el rostro expuesto al sol y los ojos cerrados. Edward se paró enfrente suyo y ella abrió uno de sus ojos azules solo un momento, antes de volverlo a cerrar.
-Edward te quiero, pero si no te apartas y dejas de taparme el sol, te prometo que yo misma te quito del medio – amenazó con voz plana.
Él volvió a reír y se sentó a su lado en la grama. Ella se giró a verle y le sonrió.
-Así está mucho mejor – dijo – Bienvenido nuevamente al mundo de los vivos – bromeó.
Edward puso los ojos en blanco y negó la cabeza con ironía.
-¿Has pasado otra vez tiempo con mi madre?. Empiezas a sonar como ella – contestó con sequedad.
-Bien, pues eso me ha sonado más a un cumplido. Esme es una de las mujeres más inteligentes que conozco.
Edward rió otra vez. Era incapaz de contradecir esa afirmación.
Rosalie y él han sido amigos desde hace años, desde que se conocieron el primer año en el instituto. Sucesivamente Esme se hizo muy buena amiga de Kate Hale, la madre de Rosalie, y eso hizo que la relación entre ellos dos se hiciera más fuerte. Ambos compartían un sentido del humor bastante sagaz, y una inteligencia muy aguda.
Ella provenía de una familia de abogados, económicamente acomodada, que sorprendió a todos cuando anunció que quería estudiar ingeniería mecánica, en lugar de continuar con el legado de familia. Kate y Garrett, dueños del estudio legal Hale&Hale, en un primer momento no estaban muy entusiastas con la idea de que su hija mayor no seguiría sus pasos. Pero pronto comprendieron que su verdadera pasión son los coches y las maquinarias, y como cualquier padre lo que más se desea es la felicidad de sus hijos. Además Tanya y Riley, los hermanos menores de Rosalie, sí estaban interesados en una carrera jurídica. Así que todos salían ganando.
Edward sacó una magdalena de su mochila, y Rosalie olisqueó el aire dramáticamente.
-Oh magdalenas de Esme – suspiró – Cuánto os he echado de menos.
Edward apartó la mano que tenia la magdalena, antes que la de Rosalie la alcanzara.
-Aleja tus garras de mi merienda, Hale. Ve a comprarte una de esas barras de cereales que tanto te gustan.
Ella lo miró con el ceño fruncido.
-Eres cruel, Masen.
Él adoptó una fingida expresión de inocencia.
-¿Yo?. Que va. Estoy más bien pensando en ti. ¿No eres tú la que siempre dice que un minuto en tu boca, equivale a toda una vida en tus muslos? - elevó una ceja con una sonrisa irónica. Ambos sabían que él tenia razón.
Rosalie soltó un bufido exasperado. Es cierto que cuidaba mucho su cuerpo, pero en ese momento tenia más hambre que vanidad.
-¡Al demonio con mis muslos!. Lo que quiero ahora es una magdalena de Esme, sabes que son mis preferidas.
Edward asintió con seriedad y sacó otra magdalena de su mochila.
-Si lo sé, y mi madre también. Por eso me dio una para ti – Y se la entregó.
Rosalie sonrió, la tomó de su mano y se acercó a depositar un beso en los labios de Edward.
-Y es por eso que tú eres mi chico preferido – le dijo, antes de darle un mordisco a su magdalena. Soltó un gemido de placer cuando se derritió en su boca - ¡Mmmm, qué maravilla! - exclamó.
Edward volvió a reír.
-Y después dicen que el mejor camino para llegar al corazón de un hombre es el estómago.
Rosalie se encogió de hombros.
-La comida de Esme es siempre una apuesta segura.
-Si, recuerdo que así fue que te conquisté la primera vez.
En el último año de instituto, Edward y Rosalie llevaron su relación él siguiente nivel, pensando que la atracción física y las hormonas significaban que estaban enamorados. Solo unos pocos meses después comprendieron que lo único que estaban destinados a ser es buenos amigos. Pero aun así después de eso, no se cohibían de mostrarse afecto en púbico : besos en los labios, caminar cogidos de la mano o abrazados. Para ellos era una cosa natural.
-¿Es cierto que pusieron un bomba fétida en el laboratorio de química? - preguntó Rosalie, buscando confirmación o menos del rumor que escuchó esa mañana en clases de álgebra avanzada.
Si alguien sabia lo que había pasado, ese sería Edward, prácticamente vivía en esos laboratorios últimamente; Y si se lo contaría a alguien en toda la universidad, sería a ella.
Edward negó con la cabeza y puso los ojos completamente en blanco.
-Para nada. Ocurrió solo que un imbécil de segundo año quiso demostrar que sabía un mínimo de química, cuando en realidad es más tonto que un primate, e hizo un experimento que básicamente le explotó en la cara y dejó una asquerosa peste en todo el laboratorio; ahora está inutilizable hasta que logren ventilarlo. Solo que decir que puso una bomba fétida y fingir ser un chico malo, le hace quedar mejor con las chicas que decir la verdad.
Rosalie rió, esto era aun mejor de lo que se había imaginado.
-¿Y quién fue? - preguntó llena de curiosidad.
Edward sonrió y volvió a negar.
-Se dice el pecado, pero no el pecador.
-Oh vamos Edward, no me puedes dejar así a medias, además sabes que no se lo contaré a nadie. Conociéndote seguro que Esme ya lo sabe todo con lujos de detalles.
Una vez más, no se equivocaba.
-Bueno, dejaré que lo adivines tú sola. Es el mismo que el año pasado lo encontraron durmiendo desnudo dentro de la fuerte del jardín este, después de la fiesta de la fraternidad.
Era más que información suficiente. Explotó en una carcajada.
-¿Mike Newton? - Edward asintió – Dios, qué razón tienes. Ese tío en un imbécil.
-Amén hermana – fue su única respuesta. No valía la pena desperdiciar más saliva por alguien tan escuálido como Mike Newton.
Se quedaron en silencio, terminado de comer las magdalenas. Hasta que el ruido de alguien cayendo al suelo, después de haberse tropezado con un árbol, llamó su atención. No pudieron evitar reír por la escena que tenían enfrente. Sabían que no estaba bien reírse de los accidentes de los demás, pero fue de verdad muy divertido.
-¿Qué fue lo que le pasó a Yorkie? - preguntó Edward, secándose las lagrimas de la risa. Había estado distraído para ver el motivo de la caída.
Rosalie se encogió de hombros, como en gesto de fastidio.
-¿Tú qué crees? - preguntó con retórica – Nuestro cachorrito Eric se ha distraído siguiendo de nuevo a la Princesa, embobado y sin mirar a dónde iba. Te juro, esto ya se empieza a volver cansino; hace una semana atrás, yo también estaba emocionada ante la idea de que íbamos a tener a la Princesa del país estudiando con nosotros. Pero a éstas alturas ya todo el tema me parece aburrido y pesado. Al fin y al cabo es un ser humano como cualquiera de nosotros.
Edward asintió, sin decir nada. A él también le había sorprendido la noticia de saber que la Princesa ahora sería su compañera de universidad. Puede que quizás sí se equivocaba al criticarla por no querer sacarse una carrera. Pero como su vida académica se basaba prácticamente en estudiar, estudiar y más estudiar, muy pronto todo el tema careció de importancia.
De vez en cuando la veía de lejos, caminando por el campus, siempre en compañía del mismo grandullón que ese domingo entró en la librería, pero nada más.
Ni siquiera en casa había hablado de ello, y eso que desde pequeño él nunca perdió la costumbre de confiarle todo a su madre.
Pero después del susto que les hizo pasar a todos, al saber que la Princesa había vuelto el día siguiente en compañía del Rey, Esme estaba nerviosa en todo momento. Parecía que tenía problemas para dormir, porque Edward la veía siempre más cansada y ojerosa, se sobresaltaba siempre que alguien mencionaba por lo que sea a uno de los miembros de la familia Real o los veía por televisión, y por último había desarrollado una obsesión casi patológica de saber en todo momento dónde estaba su hijo y si se encontraba bien. Edward no tenia intenciones de estresarla más, y por eso se lo había guardado para sí.
En cambio Rosalie se movía por más círculos sociales que él, incluso en la universidad. Y era de suponer que él último tema de conversación sería la Princesa, así que podía entender que ella ya estuviera cansada de hablar siempre de lo mismo.
-Me da como la impresión de que la Princesa Isabella ha causado más accidentes dentro de la universidad en ésta semana, que en los últimos 5 años – continuó Rosalie con voz seca.
Edward volvió a reír con ganas. Éste era el humor de su amiga al que él se refería.
-¿Cómo te atreves? - lo interrumpió una voz femenina y furiosa a sus espaldas.
Los dos se dieron la media vuelta y al ver a la persona de la que estaban hablando, se pusieron de pié, haciendo una inclinación al mismo tiempo.
-Buenas tardes Princesa - Saludó Edward educado, pero con confusión al ver la expresión de ella. ¿Qué motivo podía tener ahora para verlo de esa manera? - ¿Cómo le va?.
-¿Cómo me va?, ¿Que cómo me va? - preguntó con incredulidad y retórica – Me va que acabo de tener la semana más difícil y dura de mi vida. ¡Y es toda culpa tuya! - se alteró mientras hablaba.
La confusión de Edward aumentó más.
-¿Disculpe?, ¿Por qué es culpa mía?.
Pero Isabella continuó como si él no hubiese dicho nada. Una vocecilla en la parte posterior de su cabeza (que curiosamente sonaba como la de su tío), le dijo que se estaba pasando y no era justo comportarse así con Edward, pero la ignoró. En ese momento él era la representación física de todas la frustraciones que llevaba acumulando en los últimos días.
-Ha sido terrible, y los peor de todo es encontrarte aquí entretenido y como si no tuvieses ninguna preocupación en el mundo. ¿Que no se supone que deberías estar trabajando duro para tu grandioso doctorado? - hizo un gesto con las manos para acompañar su comentario sarcástico.
Eso llamó por completo la atención de Rosalie, como si no fuera ya suficientemente curioso que la Princesa le estuviese hablando a Edward, ¿Cómo hacia ella para saber que él estaba estudiando un doctorado?.
-Edward – se giró a verlo - ¿Conoces a la Princesa?.
Él se encogió de hombros, sin saber qué decir. Para lo inteligente que era, no estaba entendiendo nada de lo que pasaba.
-Algo así – era la mejor manera que se le ocurría de contestar a esa pregunta.
-Oh si, claro que nos conocemos, he tenido ya ese placer. Conozco al supuesto genio Edward Masen, que está estudiando micro-biología, que es muy educado, atento y amable – repitió las palabras con la que lo había descrito su tío. Muy pronto su molestia hacia él creció, la verdad es que era una sensación que no la había abandonado desde esa tarde en la librería – Y en el fondo no es más que el hijo de una vulgar madre soltera – atacó con desprecio – Una cualquiera.
Hablaba con intenciones de tocar y hundir.
-¡Hey! - exclamó Rosalie indignada, sin detenerse mucho en a quien le estaba hablando. Solo pensaba en que acababan de lanzar un insulto contra Esme, una mujer que para ella es como una segunda madre, y no lo iba a permitir.
-Princesa – Emmett posó una mano sobre su hombro, esperando lograr detenerla. Ya se estaba pasando.
La verdad es que hasta ahora no había sido capaz de participar mucho en lo que estaba ocurriendo, la fantástica rubia que tenia enfrente era lo único que tenia capturada su atención. Esa era la mujer de sus sueños. Alta y con las curvas espectaculares de una modelo. Un largo cabello que parecían más hilos de oro, y sus ojos ni siquiera eran azules, sino violetas. Labios carnosos que se estaba muriendo de las ganas de besar, y de repente sus pantalones se estaban volviendo incómodos. Pero lo trajeron a la realidad las palabras duras de la Princesa y que la rubia no le estaba prestando ninguna atención, para ella era como si él no estuviera allí.
Por su parte Isabella se había quedado sin poder apartar la mirada de Edward; un escalofrío involuntario de algo que se asimilaba al miedo recorrió su cuerpo. Nunca había visto que la expresión de alguien cambiara tan velozmente. Él apretó la mandíbula y sus ojos se endurecieron hasta el punto que parecían de verdad dos esmeraldas brillantes.
Edward respiró profundo y contó hasta diez, antes de que hiciera algo de lo que después se pudiera arrepentir. No funcionó del todo.
-Escúcheme muy bien, Princesita – empezó con frialdad – Nunca en su vida se atreva a decir una sola palabras más que sea una ofensa a mi madre. JAMÁS. Porque de lo contrario le prometo que me olvido por completo de quien es usted, o incluso de que es mujer.
Isabella tragó saliva y dio un pequeño paso hacia atrás. Era la primera vez que alguien le hablaba de esa manera. Aunque enseguida se recordó quien era ella.
-Pero, ¿Cómo te atreves – empezó a preguntar, pero Edward la interrumpió antes de que pudiera continuar.
-Mi madre es mucho mejor mujer de la que usted podrá incluso soñar ser – Esme es su punto débil y nadie, absolutamente nadie iba a insultarla delante de él – Es una madre estupenda, me ha sacado adelante ella sola, es muy respetada y querida por todos aquellos que la conocen, tiene su propio negocio y una carrera universitaria. Algo que según sus propias palabras, usted no es ni capaz de luchar por conseguir.
Elevó una ceja con un gesto de superioridad. "Métete con mi madre, y eso es lo que recibirás", pensó.
Ese último comentario hizo volver la rabia de Isabella. No en serio, ¿Cómo se permitía él decirle esas cosas?. Se volvió a mirar a Emmett, esperando que él hiciera su trabajo.
-¿Es que te piensas quedar allí parado?! - exclamó - ¡Haz algo!, ¡Atácalo, lo que sea!.
Emmett mostró una expresión sincera.
-Él no me ha dado motivos para que yo haga tal cosa.
Isabella lo miró como si le hubiese salido una segunda cabeza,
-¿Cómo que no? - preguntó con incredulidad - ¿Que no lo escuchaste antes, cuando me amenazó abiertamente?.
-Con todo respeto Alteza, usted insultó a su madre antes de eso. Y si no hubiese venido a atacarlo, nada de eso habría pasado.
Isabella quería golpearse la cabeza, para ver si así volvía a la realidad. ¿En qué maldita dimensión paralela entró desde que conoció a Edward Masen?. Todo se retorcía cada vez que estaba enfrente suyo o él salía en la conversación.
-Te las estás jugando, Emmett – ella sí amenazó claramente entre dientes. Y se giró a mirar a Edward con odio.
Pero Emmett no parecía muy sorprendido o asustado, solo le sonrió suavemente.
-Vamos Princesa, que ahora ya se le ha hecho tarde para llegar a su clase de química.
Isabella no contestó. Estaba concentrada en su guerra de miradas con Edward. Era como si los dos querían ver quien cedía primero.
-Si por el motivo que sea, usted desea echarme a mi la culpa de su fracaso académico, adelante no me importa – dijo Edward con una calma impasible – Pero mi madre no tiene nada que ver en esto, no lo olvide.
Emmett aumentó su sonrisa, éste Edward le caía muy bien, y con cuidado tomó el codo de la Princesa.
-Vamos Princesa – repitió y la empezó a acompañar con delicadeza hacia el aula de química – Lo siento – le dijo a Edward, volvía a disculpase con él otra vez por el comportamiento de su jefa, y solo era la segunda vez que lo veía de persona. Lanzó una última mirada a la despampanante rubia, prometiéndose a sí mismo con una sonrisa interna que en el futuro encontraría la manera de acercarse a hablar con ella.
Cuando se quedaron Edward y Rosalie solos, él suspiró profundo, cerró los ojos y se llevó el medio y el pulgar al tabique de la nariz.
-Edward – lo llamó Rosalie, pero antes de que ella pudiera decir algo más, como empezar a interrogarlo, él la interrumpió.
-Ahora no, Rosalie – lamentó que su voz sonara más fría de lo que él pretendía, pero no hizo nada por cambiarlo – Me regreso al laboratorio – dio un solo paso cuando algo en particular se le pasó por la mente – Prométeme que no le contarás nada de esto a mi madre – pidió. Aunque no podía estar seguro por todos los mirones que habían presenciado el encuentro entre él y la Princesa Isabella.
-¿Por qué? - Eso la desconcertó todavía más, conocía a la perfección la buena relación que había entre Edward y Esme, y que él no era capaz de guardarle ningún secreto a su madre.
-Tú solo prométemelo – la cortó Edward.
Rosalie le sonrió.
-Está bien, te lo prometo. De mi, Esme no escuchará nada.
-Muchas gracias, Rosalie.
-De nada. Pero con la condición de que después me expliques de que iba todo esto, porque yo no me he enterado de nada.
Edward se encogió de hombros.
-Si, lo haré. Pero te aseguro que no cambiará mucho tu confusión, porque yo estoy igual que tú.
Y con eso se alejó de ella.
Necesitaba volver al laboratorio y distraerse, no pensar en la Princesa, o en eso tan horrible que dijo de su madre.
¿Por qué era así?, ¿Cómo podía una mujer tan hermosa por fuera ser así por dentro?, se preguntó con una tristeza que no supo de dónde provenía. Cada vez que la había visto, él siempre quería detenerse a admirar su belleza, pero bastaba solo con que ella lanzara una sola palabra envenenada, para mostrar su verdadero rostro.
…
-Disfruta de la tarde, Emmett. Porque hoy es el último dio que tendrás un trabajo – le dijo Isabella mientras caminaban.
Él le gustaba mucho, pero no iba a permitir que su desacato pasara impune.
Emmett ni siquiera cambió su expresión risueña. No era la primera vez que la Princesa lo amenazara con algo así desde que trabajaba para la familia Real, y seguro que tampoco sería la última.
-Yo no estaría tan seguro de ello, Princesa. Recuerde que el único que puede despedirme es el Rey.
Isabella se cruzó de brazos tercamente. Él tenia razón.
-Bueno pues lo hará cuando yo le diga que no cumpliste tu trabajo, al decidir no defenderme de una clara amenaza.
Emmett suspiró.
-Alteza, entienda que él no la amenazó, simplemente estaba defendiendo a su madre y eso yo no lo culpo. Honestamente, si alguien dijera eso mismo de mi propia madre delante mio, creo que yo reaccionaría mucho peor que él.
-Pero yo ni siquiera he dicho nada sobre tu madre, ¿Qué tanto te importa?.
-Las madres son sagradas, Alteza, no se atacan. Es una de esas cosas que sencillamente no se hacen, como una de las normas no escritas de la vida. Al mismo nivel que esa que dice que no prestan los cepillos de dientes, la ropa interior y la novia – una pequeña sonrisa de diversión adornó los labios de la Princesa y él se sintió muy complacido por ello – Piense en cómo se sentiría usted si alguien dijera algo ofensivo de la Archiduquesa delante suyo.
La Princesa se quedó en silencio y Emmett festejó que era porque había entendido el concepto del que él hablaba, y el error que cometió. Lo que no veía era que Isabella lo estaba analizando desde otro punto de vista.
¿De verdad eran así de importantes sus madres para las demás personas?. ¿Por qué ella no se sentía de esa manera?. Renée no significaba nada de eso para ella. Debía de haber algo malo con su forma de ser o conciencia, entonces, porque si alguien dijera algo malo de su madre, ella sabia que no haría nada, en el mejor de los casos. Pero en el peor se uniría a la conversación, colaboraría con algún comentario, o puede que incluso la hubiese iniciado ella misma.
Pero como era tan cabezota, se negaba a rendirse sin luchar.
-Tendrás que reconocer que lo que le dije a Edward era absolutamente cierto, no es culpa mia si su madre permitió que la dejaran criando a un hijo sola.
Emmett negó la cabeza, sin borrar la sonrisa de sus labios.
-Ser madre soltera no es nada de que avergonzarse hoy en día, más bien es algo que admirar. Muchas de sus artistas preferidas están criando a sus hijos solas, ¿Ellas también son unas cualquieras?.
Isabella calló definitivamente después de ese comentario, no tenia nada que contestar. Esa fue la primera vez en su vida que se empezó a cuestionar su comportamiento hacia los demás.
Continuará …
¿Y bien?, ¿Qué les ha parecido el capitulo?, espero que les guste. ¿Se merece un comentario, aunque sea pequeñito :P?.
La verdad es que ya hay muchas preguntas que hacerse a éste punto sobre los misterios de la historia. ¿Alguien tiene alguna?
Besos, Ros.
