El destino también cambia de opinión
Acción y Reacción
Acto I: Inicia el primer día de tu vida
Helga se detuvo momentáneamente frente al aparador de un Starbucks, por un momento observó el delicioso Caramel Macchiato que una comensal se bebía mientras hablaba por celular. En ese sentido, la chica agradecía al universo entero que esa cadena de cafés llegara a su ciudad, después de probar una de sus deliciosas combinaciones se había vuelto adicta. Pero repentinamente le quitó importancia al asunto cuando reparó en su propio reflejo en el cristal. Le costaba reconocerse, los zapatos deportivos azules hasta sus tobillos, las medias tan pequeñas que no se veían y el largo camino de sus piernas descubiertas hasta llegar a los cortos y ajustados shorts que resaltaban sus caderas, el top de tirantes que cubría su torso de color azul y la coleta baja que caía sobre su hombro derecho, su cabello rubio delicadamente peinado, acomodado sobre su piel descubierta cayendo ligeramente a un lado de su escote y a un lado, a la altura de su oreja estaba un lazo añil saludándola, casi burlándose. Casi parecía Alice mirándose a través del espejo, en lugar de observar a Wonderland.
Y no solo eso, si notaba el cuadro en general, su mano había sido capturada por una mucho más grande y el dueño de esta le observaba con tranquilidad. Él llevaba una chaqueta de aviador café que resaltaba su ancha espalda y una camiseta blanca con el borde del cuello color roja, sus pantalones se ajustaban bien a sus tonificadas piernas. Si, Will, con su cabello revuelto, rostro alargado y mirada grisácea era, indudablemente uno de los chicos más atractivos que había conocido en toda su vida. Y desde esa misma mañana que le entregó el lazo añil que llevaba puesto, con dieciséis años, eran oficialmente novios. Un año atrás había estado suspirando por Arnold y en ese momento, sentía sus piernas temblar al percatarse que Will le observaba divertido, jalándola a él.
- Podemos venir otro día, pero Gretel ya nos está gritando. –le recordó, señalando a la alemana, que se había subido a la espalda de Wolfgang y los insultaba dos cuadras más adelante, pero curiosamente aún se la podía escuchar y entender perfectamente.
- Alguien debería ponerla en su lugar. –susurró, avanzando con el pelirrojo.
- Te sedo el honor. –bromeó el chico, ganándose un codazo de parte de Helga.
- ¡Que valiente! –ironizó la chica, sin poder evitar reírse por el rostro del chico- No te golpee tan duro, no seas llorón.
- Oh, esperaba despertar tu compasión, Pataki. –se defendió él y soltó una carcajada al notar el escepticismo en el rostro de su novia- Del cual no tienes nada, lo sé.
- Que bueno que estés bien enterado de eso, zanahoria.
- ¿Podrían dejar sus escenas románticas para después? –gruñó Gretel, aun sobre la espalda de Wolfgang y señalándolos de la misma manera en que lo haría una reina a dos condenados- Vamos a llegar tarde. Y oh… créanme, no quieren el castigo que estoy planeando para ustedes si eso ocurre.
- No se quiere perder la cara de tus compañeros cuando te vean. –explicó Wolfgang, en tono confidencial pero lo suficientemente alto para que la alemana lo escuchara.
- Exacto, te vamos a dejar en el coliseo para la bienvenida a los novatos. –Gretel sonrió de lado pero repentinamente su sonrisa se borró al mirar al grupo, completamente asqueada se bajó de la espalda de su novio y dio un par de pasos hacia atrás, con resentimiento, levantando sus manos.
- ¿Qué? –preguntó Helga, cruzándose de brazos.
- ¡Somos novias de capitanes de equipo! –gritó de manera casi chillona y dio una patada al suelo frustrada- ¡Del quarterback y del capitán del equipo de béisbol!
Helga comenzó a reírse con fuerza, completamente divertida, los otros dos chicos se unieron rápidamente a ella dejando en un estado peor a la alemana. Pero era increíble que recién se diera cuenta de la especial posición que tenían y que exactamente diera ese tipo de popularidad que tanto detestaba.
- ¡No es gracioso! ¡Es repugnante!
Y las risas se intensificaron. Solo Gretel podía percatarse tan tarde de su lamentable situación, pensó Helga. No solo eran dos rubias saliendo con deportistas, sino primas, muy parecidas por cierto, saliendo con capitanes. Esa era la cúspide del cliché absoluto.
- Prepárate, Gretel, que las invitaciones para unirnos al equipo de porristas van a llover. –bromeó Helga, con crueldad en su voz- Lindas minifaldas y pompones llamativos.
- Y maquillaje con brillantina. –recordó Will.
- Y peinados de coletas. –completó Wolfgang y observó al otro chico- Aunque ahora que lo pienso no suena nada mal. –admitió.
- Todo lo contrario. –concordó el pelirrojo pero logró esquivar la patada de Helga, cosa que no pudo decir el rubio, quien se sostenía el estómago frustrado por el puñetazo de su novia- No digo esto porque quiera evitar más golpes pero ¿No vamos tarde?
- Demonios… es verdad. –gruñó la alemana- Luego solucionaré esta lamentable situación. –juró, comenzando a correr y Helga se le unió, aunque rápidamente esta dejó atrás al grupo entero.
No era por nada, pero la menor de los Pataki era prodigiosamente rápida, por eso quería entrar en el equipo de béisbol, para lucir esa habilidad y porque era su deporte favorito, aunque por un momento había dudado entre este y futbol americano, dado que no siempre se tenía de cuñado al capitán del equipo.
Al llegar a la preparatoria no le extrañó notar que había sido la primera por mucho, así que se apoyó contra el portón y sacó sus audífonos, esperando a que el resto de competidores llegaran hasta ella de una buena vez. Ni siquiera le extrañó que una cuadra antes Will simplemente se detuviese y comenzara a caminar, mientras saludaba a otros estudiantes y se desentendiese de ellos rápidamente señalando a Helga. Bien, eso último si le extrañó, claro que sabía que el pelirrojo era popular pero usualmente no se soltaba de sus tareas sociales tan rápido. Ni menos lo tuvo al frente se paró extremadamente cerca de su cuerpo y lo apuntó con su dedo índice.
- ¿Se puede saber qué tanto me señalabas? –preguntó, enmarcando una ceja.
- Por supuesto, les decía "No puedo hablar, mi novia me espera" –respondió Will atentando con morderle el dedo y obligándola a apartarlo de su cara.
La ruda actitud de Helga desapareció en un parpadeo y se quedó completamente roja, observándolo sin poder creer lo que oía. Lo peor es que le creía ¡Eso explicaba por qué la gente le observaba al entrar!
- Y te estaban saludando pero tú no los oías. –el pelirrojo señaló los audífonos que colgaban del escote de la chica, esta rodó los ojos y los guardó rápidamente.
La mirada que le lanzó a Will decía todo. El hecho que él fuese popular no la haría cambiar ni un ápice. No iba a dedicarse a saludar a la gente, sonreír amigablemente y hablar con las novias de otros chicos para fingir que eran amigas por asociación. Ni hablar. Por suerte el pelirrojo lo entendió y le pareció correcto.
¿Por suerte? Tal vez debiese agradecerle a Gretel que lo tenía acostumbrado a ese tipo de actitudes tan antisociales.
Ja… Agradecer… Sí, claro.
El timbre sonó y el grupo se dirigió al coliseo, Helga se sintió tranquila al no notar a sus compañeros de clase cerca, posiblemente ya habían arribado al lugar de la bienvenida. Pero mientras más se acercaba a su objetivo y escuchaba las burlas de Gretel, más consideraba que todo eso no era una buena idea.
- ¿Estas bien, Pataki? –Helga regresó a ver a Will, este lucía como si le hubiese estado observando hace rato- Él va a estar ahí ¿No? –preguntó e intentó sonar casual pero la rubia supo que algo le molestaba.
- Si. –admitió y se encogió de hombros- Pero no por eso estoy así. –continuó, lanzándole una mirada- Estoy segura que se van a burlar de mí. –explicó.
Will le observó con completa sorpresa y para suerte de Helga ni su prima ni Wolfgang le habían escuchado, ambos discutían sobre comics y cuando hacían eso era muy difícil sacarlos de su paraíso personal.
- ¿Burlarse? ¿Por qué habrían de burlarse? –consultó, aminorando la marcha y por ende arrastrando a Helga a quedarse retrasada del grupo. Al parecer iba a entrar muy tarde a esa bienvenida a los novatos.
- Tú no entiendes… Por años fui su brabucona personal y posteriormente me volví un ser maldito pero aun así temida. Pero mírame ahora… luzco como la representación de la paz y la armonía. –masculló, cruzándose de brazos.
¿Qué había estado pensando? Para Alemania ese era un atuendo correcto, solo pasaba con su prima y los amigos de esta, pero ya no estaban allá, este era su mundo y uno muy difícil.
- Hey… no creo que la ropa haga a la guerrera, hace menos de una media hora intentabas golpearme y yo te gusto. –comentó casualmente Will, encogiéndose de hombros.
- Ególatra. –susurró ella, sin darse cuenta habían llegado a las puertas del coliseo- Supongo que tienes razón… -observó hacia el interior, todos estaban formados, dándole la espalda- Debo entrar…
- Todo estará bien, vendré a verte cuando termine esto. –le prometió Will, apoyando su mano sobre su hombro, ella se la apartó, rodando los ojos y entró al coliseo.
No prestó mucha atención al discurso, como había llegado última, simplemente se paró atrás del resto y no hizo ningún ruido, así que nadie se percató de su presencia. Casi parecía que se estaba escondiendo, pero inevitablemente no sabía cómo actuar en ese momento. Sin poder evitarlo sus ojos buscaron la peculiar cabeza de Arnold, mucho más delante de ella. El corazón le latió ligeramente pero ya no fue como antes ¿Tanto había cambiado? Eso era sorprendente. Pero agradable, era una sensación nueva el sentir en su corazón calma y no un profundo dolor y nerviosismo creciente.
El director dio la orden de retirarse y el grupo se giró, Helga se movió tan rápido que nadie se percató que era ella, continuó caminando, escuchando las voces conocidas, aquellas que eran irremediables de identificar e inevitablemente reconoció su voz.
- ¿Han visto a Helga? –era Arnold y parecía acercarse- No la vi al inicio de la ceremonia.
- Por favor, Arnold, -pidió Rhonda- si no fuese por qué se trata de ti, juraría que te gusta Pataki. –algunos se rieron a su alrededor.
Helga apretó sus puños, algunas cosas no cambiaban pero por lo menos no se estaba lanzando sobre la princesa.
- Si, hermano, ya cálmate. –ese había sido Gerald- Tal vez se dio a la fuga ¿Quién sabe?
Helga caminó hasta la salida y repentinamente una mano se cerró sobre su muñeca, jalándola hacia la pared. En un parpadeo se encontró atrapada y unos labios la besaron posesivamente. A pesar del poco tiempo que iba conociendo esa sensación, supo exactamente quién era y a los pocos segundos dejó de prestar atención a los gritos de sorpresa y a las diversas voces que decían su nombre. La chica simplemente rodeó el cuello de Will y pegó su torso contra el pecho masculino, mientras su lengua se deslizaba entre los dientes masculinos y se frotaba contra la lengua del pelirrojo, conteniendo un suspiro al sentir el cosquilleo en su vientre que llegaba siempre que él la envolvía juguetonamente y acariciaba su paladar con la punta antes de retraerse y recorrer sus labios, haciéndola estremecer. No sabía cómo lo hacía, pero Will sabía a hierbabuena todo el tiempo ¿Acaso cargaba un enjagüe bocal y lo usaba a cada hora? La idea le hizo reír contra los labios de su novio y este se separó entre sorprendido y divertido.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Pensaba en tu higiene bocal. –el chico enmarcó una ceja y ella soltó una carcajada mordaz- Una muy buena, por cierto. –Will le observó con completa extrañeza- ¿Una provocativa? Intento halagarte aquí ¿Sabes?
- …gracias… creo… -entrecerró los ojos, soltándola.
En ese momento ambos regresaron a ver a un lado. Sin siquiera exagerar, Helga notó que todo su curso estaba completamente detenido y estático mirándola, con la boca desencajada y los ojos a punto de salir de sus cuencas. El silencio se había desatado entre ellos y Helga no estaba segura si la miraban más a ella, a Will o a ambos. Como fuera, tenía la suerte de que el pelirrojo actuaba con completa naturalidad en toda situación.
- Hey… -saludó el chico, levantando su mano libre, la otra la tenía muy ocupada en la cintura de Helga, creando insinuantes círculos con su índice sobre la fina tela del top- ¿Son compañeros de Pataki? –ellos asintieron al unísono- Soy Will. –algunos levantaron sus manos de manera nerviosa, otros no salían de su asombro.
- Por Dios, estoy rodeada de ignorantes. –susurró Helga, avanzando rápidamente y arrastrando con ella a Will- No puedo creerlo… ¿Viste sus caras? –preguntó irritada.
- Yo lo encontré gracioso. –admitió el chico, observando hacia atrás- Creo que hay un chico que me esta fulminando con la mirada…
- ¿Ah…? –ella regresó a ver y era verdad.
Pero no era cualquier chico, era Arnold, estaba atrás del grupo, aun en la puerta del coliseo y a la distancia lucía completamente fastidiado y molesto ¿Acaso estaba celoso? Helga sintió un ligero palpitar, similar al que se siente cuando alguien sale de la nada y el grito se te ahoga en la garganta…
- ¡Buh!
Si, una sensación similar a la que estaba viviendo en ese momento. Helga se agarró con fuerza el pecho y fulminó a su prima, quien había saltado en frente de ellos.
- El rostro de tus compañeros fue épico.
- ¡Casi me matas de un susto! –gritó Helga- ¡Creo que se me detuvo por un segundo!
- Exagerada. –Gretel rodó los ojos pero su sonrisa felina se mantuvo- ¿Qué ocurre? –la sonrisa de sus labios desapareció cuando notó que Will observaba hacia atrás y asentía para sí mismo.
- Si, definitivamente tengo competencia. –concluyó y Helga lo golpeó en el costado, fulminándolo con la mirada- Pataki, en serio, ese novato está hirviendo en su propia salsa.
- ¿Ese es Arnold, no? –Gretel observó descaradamente hacia el chico, quien, al notar que era observado se fue caminando rápidamente hacia los baños.
- Dios…. –Helga se tapó la cara, más por frustración que por vergüenza- ¿Ustedes dos no pueden ser más obvios, verdad?
- Él comenzó. –se defendieron tanto Will y Gretel, señalando hacia la dirección que había tomado Arnold.
- Bueno, si soy sincero, se vuelve más emocionante todo esto. –el pelirrojo rodeó con su brazo los hombros femeninos y sonrió de costado- Porque no pienso dejarte ir, Pataki. Él pude ser tu primer amor, pero perdió su oportunidad. –la chica se sonrojó súbitamente por tal declaración- Y voy a ganar. –juró, besándola- Nunca antes he querido a alguien como tú. –susurró contra sus labios, clavándole la mirada directamente- No voy a dejarte ir.
Acto II: ¿El mundo al otro lado del espejo?
Oficialmente, estaba en Wonderland. Sí, Helga tenía la fuerte teoría de que la cinta color añil que llevaba puesta había sido una llave a Woldernand, había cruzado al mundo del espejo donde nada tenía sentido y ahora ella era Alice. Simplemente esperaba ser la Alice de traje gótico y no la versión de Disney.
Como sea… siguiendo su hilo de pensamiento, estaba en el mundo al revés, donde nada tenía sentido ¿Y por qué decía eso? Bueno, pues…
- ¿Por qué simplemente no nos dividimos el trabajo? –preguntó exasperada, después de ir diez minutos discutiendo y estando a punto de jalarse el cabello.
- ¡Porque es un trabajo en grupo! ¡Grupo! ¡Somos un equipo, Helga! –le gritó exasperadamente Arnold, apoyándose en la mesa de su asiento e inclinándose hacia ella- Así que vamos a hacer esto juntos ¡Juntos! –recalcó.
- Pero no quiero trabajar contigo. –rodó los ojos- En general, no me gusta trabajar con otras personas. Simplemente dividámonos esto. Nada personal.
- No, quieras o no, vamos a trabajar juntos. –se cruzó de brazos, tercamente- Nos vamos a reunir en mi casa esta noche.
- ¿Qué? ¡No! A esa hora hago mis deberes. –Helga se masajeó el entrecejo, exasperada.
- ¿Qué haces toda la tarde? –preguntó el chico, sorprendido, dejando de pelear por un segundo.
- Paso con Will. –respondió con absoluta lógica pero ahí iba otra vez, la oleada de molestia de Arnold.
- Entonces tendrás que sacrificar tus sagradas horas con él. –el chico se encogió de hombros, frunciendo el ceño- Esto es más importante. –puntualizó, inclinándose hacia ella- ¿Entiendes, Helga? Vas a venir a mi casa esta noche.
- Realmente eres un hormonal. –masculló la chica, inmediatamente el rubio se alejó de ella y se puso completamente nervioso, con las mejillas sonrojadas.
- ¿Por… qué… dices eso? –preguntó, a la defensiva.
Helga parpadeó extrañada y se encogió de hombros.
- Porque tienes cambios de humor repentinos y sin sentido, comunes de la adolescencia, producto de las hormonas que corren por tu sistema. –le explicó con voz obvia- ¿Qué más podría ser?
- Ah… -el chico sonrió ligeramente culpable- Ya…
- ¡Bruja! –ambos regresaron a ver y se dieron cuenta que ya no había nadie en el salón, Gretel se asomaba por la puerta, notoriamente exasperada- ¡Vámonos! –exigió, apretando sus labios ligeramente.
- No he terminado con ella. –respondió Arnold, bloqueándole la salida a Helga.
Ahí iba otra vez… hace un rato sonreía, una vez más fruncía el ceño ¿Quién rayos lo entendía?
- ¿Disculpa? Es el receso, fenómeno. –la alemana ingresó al aula con paso decidido, el golpe de sus tacones contra el suelo hizo un eco intimidatorio pero Arnold simplemente avanzó a la chica y se cruzó de brazos, desafiante, levantando su mentón- Devuélveme a mi prima.
- Estamos hablando de tareas, Gretel. Tareas, obligaciones, responsabilidades ¿Las conoces? –preguntó Arnold, con voz exasperada.
Helga abrió los ojos con sorpresa, aunque no era la primera vez que esos dos se enfrentaban, cada vez Arnold se volvía más atrevido y altanero a la hora de pelear con Gretel.
- ¿Y tú conoces el término "espacio personal" o "darle un respiro"? ¡La estás asfixiando! –lo empujó a un lado, pero Helga se interpuso rápidamente, jalando a su prima fuera del aula, antes de que esta barriera el suelo con Arnold.
- ¡Esta noche en mi casa! –le recordó el rubio y Helga apenas hizo un gesto de asentimiento, mientras se iba.
- ¿Qué cosa? –preguntó irritada la alemana.
Nunca salía de buen humor de sus encuentros con Arnold.
- Tenemos un trabajo que hacer y está empecinado en que lo hagamos juntos y revisar que no lo eche a perder. –se encogió de hombros, pero Gretel se detuvo repentinamente- ¿Qué?
- ¿No te das cuenta, verdad? –Helga parpadeó extrañada- Oh, por toda la humanidad ¡En verdad no te das cuenta! –la alemana abrió los ojos con sorpresa- Él está enamorado de ti.
Y Helga se comenzó a reír con fuerza, sin poder creerlo ¿Arnold? ¿Enamorado de ella? ¡Por favor! La trataba terriblemente mal y con el resto seguía siendo el dulce y bueno samaritano de toda la vida. Simplemente no la soportaba y en el peor de los casos la odiaba. Cómo fuera, era de poca importancia.
- ¡Hablo en serio! –Gretel casi dio una patada en el suelo, como una niña exasperada pero se contuvo- Está coladito por ti, se nota. Claro, justo ahora que le quitaron lo que era suyo se pone a luchar con todas sus ganas. El muy imbécil. Y tú, sin darte cuenta de nada. Hasta han cambiado de papeles y todo. –se burló.
- Por favor. –Helga rodó los ojos- Es solo Arnoldo vengándose de todas las malas pasadas que le hice, es todo.
Gretel se encogió de hombros, sin deseos de presionar, si su prima quería estar ciega de la realidad y mantenerse en la ignorancia absoluta, no haría nada al respecto. Will y la alemana siempre conversaban sobre eso, Helga desconocía de su potencial, de la manera en que atraía miradas, del deseo que despertaba en desconocidos y los enamoramientos platónicos que estaban surgiendo por la preparatoria. Entre un chiste y otro, simplemente estaba ocurriendo. Helga se había vuelto no solo atractiva, sino de una manera exótica y salvaje, lo cual ella no miraba, pues se seguía considerando como la niña que una vez fue, aquella niña a la que la confundían con un varón y la trataban como chico todo el tiempo. Gretel suspiró, esa burbuja de inseguridad un día explotaría y algo le decía que Arnold sería el que lograría eso.
Por lo menos serviría para algo.
Acto III: Tarde, muy tarde.
Helga soltó una carcajada cuando el equipo entero la bajó de sus hombros. No era para menos, habían ganado su primer partido de la temporada y estaban exaltantes de emoción. El equipo entero parecía rendirle pleitesía a su nueva y reluciente heroína. Y Will resplandecía de orgullo junto a ella, mientras la tomaba de la cintura.
- Helga ¿Puedo preguntarte si…?
- ¿…te permito besar mis pies y adorarme como tu reina, Tom? Sí, pero solo porque tienes la boca limpia. –bromeó Helga, cruzándose de brazos, el equipo entero soltó una carcajada.
- En serio, Helga, si alguna vez te cansas de Will, tú dilo y yo encantado tomo su lugar.-bromeó otro chico y a él se unió el equipo entero.
- Lo siento, solo salgo con capitanes de beisbol. –respondió la rubia, en juego.
Claro que Helga se lo tomaba con humor, como una broma sin una pizca de verdad. Así lo veía ella.
- Genial, ahora mi puesto está en peligro. –bromeó Will- Bueno, dejen a la chica entrar a su exclusivo camerino para refrescarse y cambiarse. –el resto de chicos protestó como niños, pero hicieron caso, caminando a los cambiadores de hombres- Y bueno… Espérame. No se cómo lo haces, pero eres más rápida que yo en arreglarte. –Helga se encogió de hombro y le guiñó un ojo.
- Venga, si te apuras puedes entrar. –bromeó ella, caminando al cambiador de chicas.
- ¡Eso es una promesa! –jugó Will, entrando con el resto de chicos.
Helga rodó los ojos, no podía negarse que estaba de buen humor, llevaba años sin disfrutar un partido como el de ese día. Una batalla endemoniada pero demasiado genial, todo el equipo se sincronizó bien y no habían dudado en confiar en ella. Si alguien había creído que Helga había adquirido su lugar por ser la novia de Will, seguramente se estaban retractando hasta la muerte. Porque Helga era buena, no, era más que buena, era excepcional, hasta Will había dicho que temía que le fuese a quitar su título de capitán.
Helga se estiró con pereza y lanzó la gorra hacia los lavamanos. La mejor parte era tener todo ese cambiador para ella, podía hacer lo que deseara. Lo que le recordó que Will le había enviado una canción para que la escuchara después del partido. Por un momento estuvo a punto de hacerlo pero recordó que en ese momento quería algo ya conocido, como el recuerdo del pelirrojo abrazándola mientras se recostaban en su cama y le cantaba al oído una canción que la hizo reír a carcajadas y lanzarle todos sus almohadones encima. Will hacía ese tipo de cosas, dedicarle canciones, enseñarle personajes de sus videojuegos que le recordaban a ella o cosas así. Casi como si le demostrara que le era inevitable pensar en ella constantemente.
- Tonto… -susurró, recordando la letra y como él le había explicado que así se había sentido al inicio de su amistad y el como ella huía en la dirección contraria a cada oportunidad.
Helga buscó en su celular y puso la canción, reconoció de inmediato "Drive by" de Train, la energía súbita y el ritmo la animó mientras tomaba sus cosas de limpieza, se quitaba la ropa rápidamente y se soltaba el cabello desordenándoselo. Siempre que lo escuchaba sentía su cuerpo saltar sobre la punta de sus pies y su cabeza seguir el ritmo.
- Oh I swear to you, I'll be there for you –cantó a toda voz, sabiendo que nadie la escucharía, dejó que el agua casi fría la refrescara y el jabón fuese limpiando su cuerpo. Si ella fuese un poco más franca, si dejase que ese lado romántico también saliera, le encantaría decirle al chico que ella también podía jurarle que estaría ahí para él. Si tenía suerte, él sabría eso sin palabras, como tantas otras cosas.
Will era casi sacado de un cuento, inesperado y ridículo muchas veces, increíblemente entregado y excéntrico a su peculiar manera. Helga se había dado cuenta que nadie en la preparatoria se había dado cuenta que el popular capitán de béisbol tenía una afición hacia la ciencia ficción, a los zombies y a los dibujos animados. Una combinación extraña y peculiar pero divertida. La chica no podía enojarse con un novio que, cuando la notaba a la defensiva le canturreaba al oído alguna canción el tiempo justo para que sus piernas temblaran y dudara de su norte.
La canción fue terminando repentinamente, de la misma manera en que había iniciado y Helga ya se estaba secando con la toalla y envolviéndose en la misma. Tres minutos y medio le tomaba lavarse el cabello, enjaguarse y sentirse refrescada. Tres minutos y medio. Casi parecía entrenamiento militar pero simplemente no soportaba bañarse en una ducha que no fuese la de su casa.
Helga salió refrescada y se metió a uno de los cubículos, mientras buscaba la canción que le había dicho Will que la escuchara y si no lo hacía estaba segura que la mano pesada del pelirrojo caería sobre su trasero incontables veces como castigo. La idea le dio escalofríos, a veces no sabía si le gustaba eso o le hacía sufrir.
Casi se le escapó una carcajada de sus labios cuando "What Makes You Beautiful" de One Direction sonó a todo volumen ¡Will le estaba dedicando una canción de One Direction! Helga se abrazó el vientre lista para molestarlo esta vida y la otra, casi cayéndose al suelo por estar en un espacio tan reducido. Cuando por fin se calmó tuvo que repetir la canción para escucharla atentamente. Bien, si era sincera el ritmo era extremadamente pegajoso y por alguna razón se imaginaba a Will y otros cuatro chicos haciendo una coreografía a lo Backstreet Boys.
La primera estrofa de la canción la impactó con fuerza, sin clemencia alguna, como si alguien le estuviese diciendo unas cantas verdades que ella nunca fuese a creer.
"You're insecure… don't know what for. You turning heads when you walk through the door. Don't need make up to cover up. Being the way that you are is enough. Everyone else in the room can see it. Everyone else but you"
Pero simplemente no quería creerlo, así no funcionaba su situación. Si, si era insegura y tenía muy buenas razones para serlo. Ella no era una chica atractiva que llamaba la atención o hacía que el mundo entero girara a su alrededor. En eso Will se equivocaba.
Helga rodó los ojos, mientras se ponía sus medias sin talón y se subía los shorts añil, se puso los tenis blancos y dejó caer el top blanco de tirantes que llegaba por debajo de su ombligo dejando ligeramente su piel descubierta. A veces no sabía de qué se quejaba Will. Antes ni siquiera se hubiese permitido enseñar sus rodillas y ahora estaba haciendo más que eso. Aunque si era sincera, el poder mover sus brazos libremente gracias a que ya no usaba mangas era reconfortante. Hasta había notado como el sol bronceaba ligeramente su piel, no excesivamente pero ya no le daba un tono lechoso de antaño. Helga se peinó el cabello esperando que este se secara en unos minutos para recogérselo.
- A veces se me antoja hacerme un tatuaje… -murmuró, tal vez uno de esos que era tipo cinturón, que rodeaban por sobre la cadera, pero en lugar del dibujo de alguna cadena o cosas así, prefería que fuese un escrito, una frase en latín que le gustara y solo ella supiera donde iniciaba y donde terminaba. Sí, eso sonaba bien.
- No deberías, arruinarías tu piel. –escuchó y al reconocer la voz de Arnold sintió que el corazón se le había paralizado, casi desmayándose del susto.
Helga trastabilló por un momento pero se sostuvo, mirando al rubio, parado en la entrada de los cambiadores, ya adentro de los mismos, pero de manera respetuosa quedándose atrás. La chica enmarcó una ceja extrañada ¿Qué quería?
- Es mi cuerpo, sabré que le hago y qué no. –masculló ella, recogiendo sus cosas para guardarlas en su bolso- Además, este es el cambiador de chicas, estás rompiendo las leyes, cabeza de balón.
- No sabía que escucharas este tipo de música. –comentó él, como para cambiar de tema. Por supuesto, la canción se repetía porque solo la había seleccionado a esta para que se reprodujera. Helga se cruzó de brazos, defensiva.
- Eso no es de tu incumbencia ¿Qué quieres? –preguntó, revisando que no se le quedara nada, mientras se ponía sus pulseras.
- Hablar contigo. –el chico se acercó con recelo al inicio pero rápidamente estuvo a unos pasos de ella, bloqueándole la salida.
- Otro día, cabeza de balón, estoy cansada y el equipo prometió invitarme todas las malteadas que quisiera por el gran partido.
- Yo te puedo invitar. –se apresuró a decir él y luego dio un paso hacia atrás, mirando el suelo mientras se rascaba la nuca, nervioso- Quiero decir… podemos hablar en otro lado, tomar una malteada y eso, para no incomodarte aquí.
- Me incomodas en cualquier lado, Arnoldo. Así que paso. –calló a su celular y lo guardó en el bolsillo de sus shorts.
- ¿Sabes…? La canción tiene razón. –confesó el chico. Helga enmarcó una ceja extrañada- Tú eres hermosa y no te das cuenta, eres hermosa sin darte cuenta. –repentinamente las mejillas masculinas se sonrojaron y sus manos se retorcieron entre si- Quiero decir… bueno… ¿Sinceramente? Lo eres, Helga… es que… -soltó un gruñido de exasperación y le dio las espaldas, comenzando a caminar en círculos.
Pero eso no era lo importante para Helga, era escuchar que Arnold, su antiguo tormento, la consideraba hermosa. Repentinamente su brillante cerebro volvió a funcionar con la rapidez y agilidad de siempre ¡Por eso Arnold estaba tanto tiempo sobre ella! ¡Por eso buscaba retenerla con peleas y todo eso! A Arnold Shortman le gustaba ella.
- Oh Dios… -susurró sorprendida, definitivamente estaba en el mundo al revés ¡Bienvenidos a Wonderland! ¿Dónde estaba ese conejo blanco cuando lo necesitaba? Tal vez Arnold lo fuese, aun lo recordaba con la pijama de conejito que una vez usó. El simple recuerdo le hizo reír a carcajadas, sorprendiendo al chico.
- ¿Qué ocurre?
- Lo siento, lo siento. –movió sus manos para quitarle importancia. No podía ser tan cruel con él- Mira, Arnold, debo irme, Will me está esperando. –le recordó, porque tenía un novio, un excelente novio, excéntrico, atlético y gracioso que soportaba los golpes como nadie ¿Qué más querría una chica en el mundo? Además… Dios, creía que lo amaba, por muy terrorífica que fuese la idea.
- Todo es sobre Will ¿No? Siempre es Will, Will, Will ¿Y cuándo es sobre nosotros, Helga? –ella abrió los ojos sorprendida y dio otro paso hacia atrás- ¿Qué hay con Industrias Futuro? ¿Qué hay con lo que ocurrió en San Lorenzo? No puedes decirme que eso no fue real… -Arnold avanzó a ella y la tomó de los hombros, con seguridad- ¿Qué hay de nosotros?
- Eso fue hace muchos años. –le recordó, apartando la mirada, sintiendo imposible creer lo que estaba ocurriendo- Arnold, eso fue hace mucho tiempo ¿Por qué justo ahora quieres meterte en mi vida? Ahora yo tengo a Will, soy feliz con él ¿Por qué no me dejas en paz? –pidió, empujándolo y ya sin nada de delicadeza- Antes no hiciste nada por nosotros ¿Podrías seguir sin hacer nada? –pidió en voz alta, tomando sus cosas.
- Helga… -el rostro de Arnold mostraba dolor, extendiendo su mano hacia ella- Yo era un tonto, no me di cuenta antes…
- ¿De qué? ¿De qué te amé y me hiciste negarlo? ¿Acaso tenía que esperar a que estuvieras listo? ¿Acaso tenía que congelarme en el tiempo sin avanzar? –preguntó, ya molesta, apretando sus puños.
- No… pero…
- Tú eres un buen recuerdo para mí, Arnold. –se cruzó de brazos- No lo arruines. –le advirtió, saliendo de los cambiadores de manera decidida, sintiendo que por fin una puerta se cerraba atrás de ella.
- Hey… -regresó a ver, ahí, apoyado contra la entrada estaba Will, con sus jeans desgastados, su camiseta negra y chaqueta azul, el chico le sonreía de manera despreocupada aunque en su mirada se podía ver una emoción destellante en su mirada de plata.
- ¿Oíste todo? –preguntó casualmente, relajando sus facciones.
- Casi todo. –admitió- Pero ¿Quieres saber algo? –ella le hizo un gesto para que continuara- Te amo.
Helga se quedó estática y su bolso se cayó al suelo produciendo un estruendo, el calor en sus mejillas se elevó a niveles incalculables y su garganta se secó por completo. Will sonrió de costado y avanzó a ella, tomándola por la cintura, la acercó a su rostro lentamente, notando como la chica temblaba entre sus brazos.
- Pensé que eras demasiado joven para sentir estas cosas. –susurró Helga, aferrándose a los brazos masculinos, sintiendo a través de la tela el calor del chico.
- Pues tú eres la muestra de nunca decir nunca, Pataki. –murmuró él- Además, pensé que tú llevabas las riendas de esta relación y mírame, aquí estoy yo, declarando mis emociones primero… otra vez. –bromeó, la soltó, cargó el bolso de la chica y tomándola de la mano comenzó a caminar lejos de los vestidos, de camino a la salida.
No parecía esperar una declaración de su parte ni que le dijera un simple "Yo también", solo había sido sincero, dándole su espacio.
- Yo llevo las riendas de esta relación. –dijo ella, enmarcando una ceja- No lo olvides.
- Si, se nota. –respondió Will, rodando los ojos.
Helga frenó de golpe y lo jaló a ella hasta tenerlo frente a frente, se estiró para besarlo lentamente, en una experiencia diferente, sin apuros, solo sintiéndolo contra sus labios, con seguridad y un estremecimiento por todo el cuerpo que se permitió sentirlo sin restricciones, se separó lentamente de él, sonriendo de lado al descubrir que el despreocupado y tranquilo Will estaba sonrojado y sorprendido a medidas iguales.
- Te amo. –dijo Helga, en voz alta y segura, señalándolo con su dedo índice- Te a-mo. –repitió, con seguridad.
La mirada grisácea se desvió rápidamente y el sonrojo en sus mejillas se elevó. Will rápidamente se tapó parcialmente su rostro con su mano derecha, causándole a Helga un ataque de risa por lo infantil que se veía de esa manera.
- A veces olvido lo linda que puede ser… -masculló el chico, a la defensiva, respirando hondo para calmarse, aun oculto atrás de su mano.
- Y yo lo ridículo que puedes ser, zanahoria. –respondió ella, con una soberbia sonrisa, mientras pasaba junto a él, adelantándose.
Sí, definitivamente lo amaba.
¡Saludos Manada! Quería hacer aquí adentro otra petición pero simplemente no se dio, ya era mucho trabajo esta. Bueno, aquí esta, la continuación de WillxHelga y con la reacción de Arnold ¡Cómo me encantó trabajar en esta idea! De todos los What if…? Esta pareja es mi favorita, definitivamente (no más que Arnold y Helga, obviamente, me refiero a las parejas imposibles).
En comparación ¿Qué pareja les gusta más? ¿Will con Helga o Helga con Arnold?
Consulta: ¿Tienen idea de otros What if…? No necesariamente deben ser parejas.
Reglas de la Manada: La Caperucita Roja puede ser un enemigo. El lobo sabio siempre advertirá sobre las personas inocentes y aparentemente frágiles que deciden a propósito meterse en la zona de casa de criaturas feroces. Nada bueno pueden traer.
Muchos abrazos.
¡Nos leemos!
Nocturna4
