Descargo de responsabilidad: ® Todo el universo de Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajme Isayama. La imagen de portada no me pertenece, no así la edición.
7. Noticia
El camino hasta el antiguo cuartel de la Tropa de Reconocimiento había sido más largo que el de esa mañana. A diferencia de ahora, todos habían salido en veloz carrera, con el entusiasmo de la primera misión como soldados de la Legión. Las capas ondeaban en la espalda haciendo que pareciera que las alas se desplegaban, y los gritos de guerra resonaron con fuerza al partir. Pero ahora, el caminar era lento, decaído, difícil.
Nadie habló en todo el camino.
Al llegar a la puerta del Castillo, Eren intentó bajarse solo de la carreta. Pero se tambaleó, y de no ser por Mikasa, hubiera caído. Al final, todavía en silencio, accedió a tomar la ayuda de Berthold y Reiner para bajar y llegar hasta su habitación.
Mikasa se quedó con él, haciéndole compañía. Armin también se asomó a la habitación, con el permiso de sus superiores.
"Necesitará el apoyo de ustedes, ahora más que nunca" le había dicho Erwin a Armin cuando le solicitó permiso para ir a verlo. Aunque el hombre, no dijo el porqué.
El motivo, radicaba en el profundo efecto que las muertes del escuadrón que lo protegía había causado en él.
Erwin había estado en aquel bosque, tan solo aquella mañana. Él también se encontró con el mismo escenario que Levi. Él, junto a Mike había recogido los cuerpos sin vida de sus subordinados. De inmediato supo, que habiendo Eren presenciado aquello, necesitaría el apoyo de sus amigos más cercanos. Presupuso que al menos esa noche Eren sería asaltado por las pesadillas, después de todo, no estaba acostumbrado a las situaciones de muerte a los que un soldado se ve sometido.
Armin cargaba una bandeja con comida. La cena en sí era bastante sencilla, constaba de los suministros que habían sobrevivido de aquella expedición. Pan, agua, un poco de avena, y una manzana. Eren no quiso comer. No tenía hambre. De hecho, nadie quiso cenar esa noche. Porque, cuando se sentaran todos juntos en las mesas del comedor, habrían varios puestos vacíos. Para siempre.
—Tienes que recuperar fuerzas, Eren— intentó convencerlo Mikasa.
Eren dio una mirada triste a la bandeja. No, seguía sin deseos de cenar. Mikasa cedió.
—Está bien, pero prométeme que mañana comerás más. Debes recuperarte.
Eren asintió, sin poder decir palabra alguna.
—El Comandante Erwin nos ha permitido acompañarte un rato —dijo Armin— estaremos aquí.
—Gracias… —fue lo primero que dijo Eren por esa noche— pero… preferiría estar a solas un rato.
Armin sonrió ligeramente, y salió de la habitación. Mikasa no accedió.
—Eren…
—Por favor.
Mikasa asintió con la cabeza, con la mirada entristecida. Era en esos momentos donde Eren necesitaba más a sus amigos, pero como pensaba Mikasa, nuevamente los estaba dejando a un lado.
—Lucha —fue lo último que dicho antes de abandonar la habitación.
Eren se dejó caer en la cama con fuerza, y dejó salir con libertad aquel llanto que a duras penas había mantenido a raya durante el trayecto.
Mikasa lo oyó sollozar profundamente, se había quedado en el pasillo que llevaba a la habitación, cuidándolo a su modo. Mikasa subió la bufanda hasta su boca, y en su corazón deseó poder abrazar a Eren y decirle que todo estaba bien, que no era su culpa lo que había ocurrido. Pero nada de eso serviría.
Estaba bastante oscuro para cuando Levi llegó a casa de los Ral. En todo el camino no pudo dejar de pensar en el hombre que le había hablado esa mañana, y en cómo darle la terrible noticia. La mente de Levi era un aluvión de preguntas sin respuestas. ¿Qué pasaría cuando el sr. Ral no viera llegar a su hija? ¿Cómo reaccionaría ante la noticia? ¿Podría sobrellevar su muerte? Casi deseó haber aceptado el ofrecimiento de Hange de acompañarle, pero sabía muy bien que esto era algo que tenía que hacer por su cuenta.
Cuando finalmente llegó a casa de los Ral, se sorprendió por lo grande que era. Lucía muy bien, incluso mejor cuidada que las demás casas alrededor. Se bajó de su caballo y cuando su pie izquierdo tocó el piso, ahogó una mueca de dolor. La lesión era peor de lo que había pensado.
Era la primera vez que Levi se encargaba personalmente de dar una mala noticia. Normalmente, cuando un miembro de la Tropa de Reconocimiento moría, eran Erwin y el líder encargado de la unidad al que pertenecía el fallecido quienes les notificaban a los familiares las muertes, en caso de que los tuviera. Si no se le conocía familia ni amigos cercanos, se les daba a conocer la muerte a sus vecinos, y sus objetos personales se guardaban en caso de que en un futuro apareciera alguien a buscarlos. Pero en este caso era Levi quien debía hacerlo, era su deber.
Levi tomó la bolsa con las pertenencias de Petra, incluyendo su capa, y tocó la puerta. Un, dos, tres golpes y la puerta se abrió de inmediato.
—¡Capitán Levi! ¡Qué agradable sorpresa verle llegar! Por favor, pase adelante, siéntase como en casa.
El entusiasmo del sr. Ral era demasiado alto. Levi intentó cortar por la tangente antes de que se hiciera más ilusiones, pero el hombre no lo dejó hablar. Le hizo pasar y le presentó a su esposa, quien parecía particularmente interesada en conocerlo.
—Muchas gracias por venir hasta aquí y acompañar a nuestra hija hasta su casa —agradeció la madre sin saber lo que se le venía encima.
—Señores Ral… no es a eso a lo que he venido —intentó explicarse Levi.
—¿Pasó algo? No veo a mi hija —inquirió el hombre notando por fin que la muchacha no estaba allí.
—Señor Ral… —insistió Levi— Petra no ha venido conmigo.
—¿Eh? No entiendo… ¿Dónde está ella? —el señor Ral se mostró confundido—. ¿Está herida? ¿Podemos ir a verla? ¡Por favor dígame que está bien!
—Señor Ral... —el matiz en su voz, habló por él. Levi abrió la bolsa que llevaba consigo, y extrajo una capa, doblada en un cuadrado… un cuadrado que mostraba las Alas de la Libertad.
Hubo una corta pausa, como si al pobre hombre le costara entender su significado. Había visto antes, pero no esperaba que le llegara el turno a él. Confiaba ciegamente en su hija, en su fuerza, en la reputación del hombre que la había tomado como parte de su escuadrón especial. Creía que su hija no moriría, no tan pronto, y pensó que su ausencia esa noche se debía a alguna lesión que había sufrido y que requeriría cuidados médicos.
Pero Petra Ral no estaba ausente por esa razón. No estaba en cama, en alguna habitación de los cuarteles de la Legión de Reconocimiento, recibiendo cuidados de algún médico y descansando de la expedición. Levi no estaba allí como mensajero, trayéndole la noticia de que su subordinada estaba herida y no podría venir por lo pronto. Petra no estaba presente y Levi estaba allí, todavía de pie, con su capa enseñando las Alas de la Libertad y una bolsa de lona con sus cosas porque Petra Ral estaba muerta.
La vista del sr. Ral se dirigió del soldado a la capa, de la capa al soldado y luego de vuelta. Finalmente, la comprensión llegó a sus ojos, llenándose de lágrimas.
—No… no… ¡NO! —negó el hombre, y su voz comenzó a descender y quebrarse. Su esposa se puso junto a él, tratando de contener las lágrimas.
Levi les entregó la capa en sus manos, sin poder quitar la mirada devastada de su rostro. Esto era tan duro que apenas podía soportarlo. Tragó saliva y procedió a darles la terrible noticia.
—La recluta Petra Ral, perteneciente al Escuadrón Elite de Operaciones Especiales, hoy ofreció su corazón a la causa de la humanidad —dijo siguiendo el protocolo. Pero aquellas palabras sonaron tan vacías, falsas en su boca. Ella, los demás, habían sido mucho más que eso. No había ninguna frase ensayada que pudiera transmitirlo.
La sra. Ral cayó de rodillas, arrastrando la capa con ella. El sr. Ral se quedó inmóvil por un momento, sin poder procesar lo que acababa de oír.
—¡Tiene que ser un error! —rugió el hombre echándose sobre Levi, quien permaneció impasible— ¡Usted debe estar mintiendo Capitán, mi hija no puede estar muerta! ¡Usted es el soldado más fuerte de la humanidad y mi hija confiaba en usted!
Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de aquel hombre, y se echó hacia atrás, casi cayéndose. Levi lo observó en silencio, incapaz de decir algo más.
—Es verdad —dijo al fin—. Yo mismo la encontré. Petra Ral está muerta —reservó lo último para sí.
La aceptación finalmente pareció llenar los rojizos ojos del hombre, y por un momento pareció que hubiera envejecido diez años más.
Levi quiso marcharse. Aquello había salido peor de lo que imaginó.
—Lamento mucho su pérdida —dijo, preparándose para partir—. Pronto se les informará sobre el funeral.
Dicho esto procedió a marcharse. Nunca fue bueno con las palabras. Cuando alguien que conocía atravesaba por un momento de dicha como un nuevo nacimiento o un matrimonio, no sabía qué decir. Y cuando alguien sufría una pérdida, nunca encontraba las palabras adecuadas. Además, ya una vez había estado del otro lado. Ya había pasado por la misma situación, cuando sus dos mejores amigos, sus hermanos, habían muerto. Ninguna de las palabras que escuchó le sirvieron de consuelo. Era igual ahora. Nada de lo que dijera podría aliviar el dolor de los Ral.
Sin embargo, antes de pisar el umbral, el sr. Ral le detuvo tomándole del hombro.
—¿Cómo… cómo? —se enjugó las lágrimas y trató de aclararse la garganta— ¿cómo fue que sucedió?
Levi no pudo responderle con la verdad. El hallazgo había sido demasiado grotesco, y no le había sido difícil adivinar qué había ocurrido. Seguramente aquel monstruo la había aplastado contra el árbol como a una hormiga.
—No lo sé. No estaba con ella.
Se dio la vuelta, incapaz de permanecer un segundo más allí.
—Cabo Levi.
Se detuvo.
Mi hija en verdad lo amaba.
¡Holi!
Al igual que con LBEEP, estoy haciendo el intento de terminar esta historia. Podrán encontrar paralelismos el en capítulo 16 de la historia que acabo de mencionar, si gustan darle una hojeada.
Gracias por leer, ¡felices fiestas a todos!
—Fanfiction, 26 de diciembre de 2016.
