CAPÍTULO 7 – HUMO DE GUTEJO
El tercer apasionado y espectacular capítulo de VENENO, uno tan ardiente como la picadura de una serpiente mortal que asesina poco a poco hasta que te destruye el cuerpo y desaparece el alma.
HUMO DE GUTEJO:
Veneno de tipo respiratorio. Es un líquido transparente y volátil, sin color ni olor.
Al minuto comienza el sopor, cada cinco minutos se pierde un poco la capacidad de reaccionar y al segundo minuto se duerme sin remedio por un periodo mínimo de 24 horas, hasta que despierta.
- Gaara ¿Por qué me no haces un enorme favor? – susurré con un sonido que en algún tiempo fue mi voz – por favor, ¿harías algo por mí? – respirando algo entrecortado por la presión que la falta de comida ocasionaba en mi pecho.
- ¿Qué tienes? – me dijo, algo preocupado al verme decaer sin aliento.
Me soltó un poco y dejó en el piso, empezó a desabrochar su camisa y bajándola hasta que pude ver de nuevo su cuello, me habló con los ojos enternecidos y con el rastro del compadecimiento en su sonrisa.
- Sabía que tarde un temprano ibas a necesitar de mi sangre – pero mi mirada llena de lágrimas, ida en el vació le dejó perplejo y algo confundido – pero no entiendo ¿Acaso no estás sufriendo demasiado por no beber sangre? Parece que llevaras meses sin probar la sangre de un humano, si no lo haces puedes perder la conciencia ¿Acaso ese no era el favor que querías pedirme?
- Llevo dos meses y dos semanas sin probarla – dije seria y calmada - y no pienso hacerlo ahora, que he llegado al lugar que había pensado desde el principio – me levanté como pude y caminando hasta él con la mirada suplicante le rogué lo que tanto deseaba – Gaara, por favor, mátame ahora, mátame sin dolor y de una buena vez – y me dejé caer a sus pies.
No debí pedírselo. No se le puede pedir a un hombre bueno que elimine o quite la vida a un alma inocente. Porque estoy segura que podía ver la inocencia en mis ojos y en fin en lo que era toda mi vida.
Se agachó y me vio con enojo. Yo estaba tan cansada, las piernas me temblaban y la espalda estaba tan adolorida como si llevara el peso del mundo sobre ella. Subí la mano por dentro de mi camisa y noté la mancha de sangre que emanaba de mi cuerpo. En el lugar en donde él me había mordido. Nunca había cicatrizado y el golpe que me di hace un mes al caer por un precipicio no fue de gran ayuda.
Me desvanecí un poco perdiendo el control de mi cuerpo y los brazos de Gaara me atraparon de inmediato antes de golpearme la cabeza en contra del piso. Eran como los brazos suaves de Naruto que me atrapaban en el cuerpo de otro hombre, pero la sensación era tan inocente y valedera como la de él mismo.
- No temas Sakura, yo no te voy a hacer nada – me susurró sobre la mejilla derecha, cuando notó mis ojos asustados y mi rostro nervioso – hay cosas que no se pueden manejar y por lo menos hoy necesitas de mi ayuda. Tienes hambre y estás completamente débil. Vamos, toma mi sangre y recupérate de una buena vez. Que por lo menos yo no te voy a quitar lo único que tienes, tu vida.
- No puedo – le dije bajando la cabeza – se nota que te han lastimado, alguien se ha alimentado de ti durante mucho tiempo o son las cicatrices de muchas personas. Yo no voy a ser una más, no voy a dejarte una marca que no se va a borrar jamás – y decaí de nuevo sobre su cuerpo, ahora con más fuerza tambaleando descontroladamente. Pero recuperando el equilibrio de inmediato – no soy un monstruo y puedo morir, pero no te haré daño. Si no me vas a matar, entonces ayúdame a levantarme por favor, no quiero ser un estorbo para ti.
- No lo eres – dijo de inmediato – nunca lo serías. No por ser quien eres, yo te voy a proteger de ti misma si es necesario.
- Basta – dije, y me dejé ayudar para seguir caminando hasta la entrada del castillo.
Un silencio incómodo se hizo entre los dos, pero de repente volvió a hablar con un tono suave y reconfortante.
- Esas cicatrices – me dijo con los ojos cerrados y sonriendo – al contrario de lo que pueda parecer son un buen recuerdo para mí – siguió mientras me ayudaba a caminar hasta el interior del enorme castillo – gracias a que alimenté a una persona con mi sangre le salvé la vida hace muchos años.
- ¿Una persona como yo? – mientras le ayudaba para que mi cuerpo no le lastimara mucho - pero te hizo mucho daño Gaara, debes haber querido mucho a esa persona para salvarle.
- En verdad fueron dos personas y estaban casi muertos. Si no les hubiera encontrado, ahora no existirían.
- No importa, ya llegamos ¿No es cierto? – y caminando lentamente me acerqué hasta la entrada sentándome en un pequeño saliente que dejaban entrever las rocas – vamos, por favor toca. Creo que no puedo mantenerme más en pie y menos respirar – colocando las manos en mi pecho para facilitar la entrada de aire.
Tocó dos veces en la puerta y de inmediato se abrió, dejando a la vista, a una anciana mujer de cabellos blancos inmaculados, que se perdían entre las olas que el viento dejaba ventilar en esa puerta.
- Anciana – dijo Gaara con la mirada alegre – he vuelto – y se abalanzó sobre ella con emoción al verla también en buenas condiciones.
Creo que la quería mucho porque su semblante cambió a uno de total serenidad de un momento a otro.
- Joven Gaara – susurró devolviéndole la sonrisa – me alegra tanto verle de nuevo, pensamos que los soldados del norte le habían atrapado en una de sus frecuentes visitas. Por favor siga – pero al notar mi presencia se detuvo en seco y dejó de hablar como si las palabras le quemaran la lengua.
Me miró con detenimiento y arrojó un suave comentario a mi persona.
- Una mujer del Sur – dijo concentrada – una mujer del sur en estado fértil – para aclarar de inmediato las dudas. Entonces pude respirar tranquila no estaba embazada del príncipe, ahora no me sentiría culpable por dejarme morir de una buena vez. Quitarme la vida se había convertido en un completo suplicio, no podía con ello, me lo impedían sin saberlo o sabiéndolo en el caso de Gaara - ¿Cómo has podido soportar tus impulsos Gaara? Eso es algo casi imposible – dijo mientras se acercaba y me ayudaba a levantar con cuidado – ven niña te ayudaré para que llegues a los baños y te limpies esa sangre que sólo te provoca peligros en estas tierras de los condenados. Entonces, debes saber que eres afortunada de que mi joven Gaara sea fuerte y bueno.
- ¿A qué se refiere señora? – le contesté mientras miraba con desconfianza a Gaara. Que ahora se alejaba de nosotros algo apenado.
- Las mujeres en estado fértil, las mujeres como tú, convertidas y capaces de engendrar a los hijos de tu raza, segregan una sustancia que enloquece a los hombres, los incitan a tomarte sin considerar lo que puedas opinar. Cosa que debes saber ¿No mi niña?
No hizo falta aclaraciones, ella de alguna manera había sabido de mi situación y quizás mi mirada triste y acongojada apenas dijo esas palabras le revelaron que fui una víctima de los deseos de un hombre de "Nuestra raza". Aunque ella no supiera quién, estaba completamente segura que conocía mi pasado y las circunstancias que me rodearon más que yo misma. A duras penas si había salido de ese calabozo a la habitación del príncipe y luego a las afueras.
- No hace falta que siga, por favor – le dije para acallarla un poco - no me importa esta vida o gente a la que implica. No quiero ser una de esas personas y mucho menos acostumbrarme a esa vida. Esto es repugnante – ahora con rabia – no quiero que me vuelvan a hablar de ellos – le dije cerca al rostro mientras Gaara se había quedado cerrando las puerta, ahora más suave – menos quiero saber que me puede pasar algo malo - y seguí caminando con los ojos cerrados.
Caminamos durante cinco minutos por pasillos y pasillos que se enredaban entre ellos mismos, vueltas y vueltas que se perdían en mi cabeza una y otra vez sin control. La respiración se perdió entre mis pulmones, los ojos perdieron las luces y el negro se adueñó de mi vida.
De repente no eran mis pies los que caminaban, no eran mis piernas las que me sostenían. Decaí en un estado de completa vulnerabilidad y sólo recuperé un poco de conciencia cuando me vi sentada en una tina desnuda y cubierta de agua hasta mi pecho.
Ella, la mujer de blancos cabellos me ayudaba a limpiarme.
Ella parecía ser buena, pero había aprendido a no confiar en nadie, menos en los de esta especie tan extraña que tenían sus propias reglas con la vida y para con la naturaleza.
- ¿Qué ha pasado? – pregunté asustada, chapoteando agua para todas partes.
- Cálmate, cálmate mi pequeña – dijo sonriente tocándome los hombros – te desmayaste en el camino y cómo no quisiste su sangre, Gaara insistió en traerte alzada, eso es todo – dijo cerrando las cortinas.
- Ya veo – le contesté tranquila – él es un buen chico. Es bueno para ser lo que es – pero me sentí desvanecer al no haberme alimentado.
- Lo somos – dijo de inmediato – y la verdad no es tan malo, puedes tener amigos por toda la eternidad.
- O puedes perder lo que fue de tu vida, en tan sólo un segundo. Pero dígame ¿Cuál es su nombre? – dije mirando toscamente hacia ella. Haciéndome la fuerte al sentir que perdía el poco manejo sobre mi cuerpo, pero ella hacía como si nada.
- Chiyo, me llamo así – dijo al verter un poco de agua sobre mi cabeza – y tú pequeña ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Sakura, señora – dije cerrando los ojos, tratando de sentirme aliviada – me siento mal – continué – por favor, me siento muy mal.
- Lo sé – contestó acomodando mi cabeza en el orillo de la tina – pero para eso solamente existe un remedio – y me siguió ayudando a limpiar las manchas que aún tenía – aunque no lo desees. ¿De dónde eres niña? No te he visto en el sur las veces que he ido a visitar a nuestros amigos.
Todo se volvió como un sueño y en medio de mi ensoñación, seguía contestando a sus preguntas por inercia a mi naturaleza gentil.
- Hace más o menos tres meses, tenía una vida en la aldea de las hojas, ahora sólo soy yo en esta vida miserable. Sólo yo y nadie más.
- Eso no es cierto niña – alcanzándome un trozo de tela para cubrirme – eres tú y tu compañero, cuando dos seres de nuestra especie se unen, lo están para siempre. Puedes sentir los miedos, los deseos, las pasiones, los sueños, el dolor y todo, absolutamente todo lo que se relaciona con él.
- Eso no es cierto, ese desgraciado debe haber violado a muchas mujeres y ya lo ve. No está atado a ninguna de ellas, menos a mí que no lo deseo. Por favor no me hable más de ellos y porque me hace pensar que tiene su mirada justo en mi espalda. No puedo dormir cuando siento que puede aparecer en cualquier instante y volver a hacerme daño.
Dejó salir un enorme suspiro y cuando terminó de ayudarme a secar. Terminó su conversación con unas palabras.
- ¿Quién te forzó mi niña? - dijo seria.
- ¿Cómo sabe que lo hicieron? – le contesté perdida en mi debilidad.
- Tus palabras, tus miedos y esa enorme rabia por los seres de nuestra raza, en especial los hombres. Además lo leo en tus ojos, mi pequeña. Muchas mujeres fértiles han sido sometidas por siglos al hombre que pueda poseerlas, a veces en esta raza no hay espacio para el amor y todos esos sentimientos nobles que tienen los humanos normales. Esas cosas se olvidan porque, la cuestión mi pequeña, es la simple y vana supervivencia. De nada más. Más si existe sangre real de por medio, ellos aseguran su descendencia como lo más importante. Cuando un rey se queda sin descendientes, los demás hombres de la raza los ven débiles y tratan de robar el trono. Es algo complicado.
- Igual no importa, como usted lo ha dicho. No estoy embarazada. Nada me ata a ese hombre. Aún así, se lo voy a decir, el hombre que me hizo daño fue el príncipe del Sur – dije bajando la cabeza, aguantando la molestia y cayendo en una profunda debilidad.
- No puede ser – dijo asombrada – él nunca haría eso. Él jamás haría daño a una persona.
Él me violaba y ella lo defendía como si fuera un hombre bueno y noble. Cómo si se tratara de alma buena y justa.
- Pues ya lo ve, parece que estamos hablando de dos personas completamente diferentes. Él es la persona más cruel que he conocido y sólo con mirarle los ojos, puedo sentir el odio y la rabia que lleva dentro. Su sonrisa se encuentra llena de pecados y su alma debe estar condenada por el mismo infierno – le dije muy molesta ya cansada de sus intromisiones – él me hizo eso y mucho más. Así que favor no me hable de él y menos de esa supuesta relación que tiene conmigo. La verdad, no vine a estas tierras a conseguir nada, vine a dejarlo todo, no quiero nada más. No quiero saber más, señora – cerrando los ojos para un descanso que hubiera querido fuese eterno para mí. Que la muerte me llevara en sus brazos para siempre, lejos de tanto dolor.
No sé qué pasó. No sé cuánto tiempo pasó, pero unos brazos fuertes me dejaron sobre un suave soporte y un contacto cálido se situó justo a mi lado, pero no era la presencia de la anciana mujer, era una persona callada y misteriosa.
La oscuridad y el silencio le daban a mi descanso paz, un toque sepulcral que parecía la muerte, que deseé con toda mi alma seguir así para siempre. Sin miedos, sin temores, sin dolores. Sólo ser yo y el mundo. Sólo ser yo y mi Naruto, pero, me sentía morir por dentro. Como lo extrañaba. Parecía que al fin y al cabo, era cierto que necesitaba la sangre del príncipe para vivir. Mi simple existencia se ligaba a su sangre y él me había arrojado para que me muriera. No sabía si sentirme muy triste o sentirme agradecida por haberme liberado; al fin y al cabo me hizo un enorme favor.
De pronto, toda la presencia me cubrió. Sus brazos cobijaron todo mi cuerpo, un calor adictivo me empezó a dar soporte para recuperarme poco a poco de un escalofrío incontrolable que me quitaba de a poquito la vida. La verdad no sabía de quién se trataba, pero me reconfortaba de tal forma que no me importaba, era un abrigo tierno y lleno de calor que me calmaba.
Parecía un ente, podría decirse que estaba muerta en vida. Pero si sólo debía esperar unos pocos momentos, no me importaría el dolor agonizante que acababa con mi garganta. Pero una suave caricia había empezado a pasar por mis mejillas sonrosadas por la fiebre.
En un instante, los brazos rodearon con delicadeza mi cintura y se acercaron para tenerme mucho más aferrada a su cuerpo. Un beso suave depositado en mi frente, acabó con el toque de sus brazos por mi espalda y simplemente me abrazó con empeño. Me abrazó tan fuerte que no tuve más remedio que entregarme a su abrazo también. No pude estar más agradecida por la fraternal muestra de afecto.
La ternura que cubría esa alma me cobijaba, pero sentía que mi corazón se detenía y si fuese uno de los grandes estudiosos o sabios, sabría que estaba muriendo, no perdiendo la razón como a los otros de mi nueva raza, sino muriendo en verdad. Creo que él también lo sabía, porque sentí un pequeño gemido de su parte.
¿Acaso quién me abrazaba? Quería que fuera Naruto, pero no, no era ese tacto el que recordaba. Gaara no podría ser, él no parecía el tipo de persona que se aprovechaba de una mujer, en un estado de completa debilidad. Aún así, mis dudas se acentuaban cuando sentía como me protegía.
Un sabor dulzón empezó a llegar hasta mi nariz. La caricia de sus dedos, pasaba por mis labios delicadamente y una piel abierta me ofrecía su sangre sin algún reparo. Cerré mis labios para no poder absorber lo que me daba lo que sabía era un hombre, pero lo acercó tanto que mis instintos recién adquiridos gobernaron mi voluntad.
Abrí mi boca y sentí cómo salieron esos dos dientes que se clavaron en una piel tersa, la sangre ingresó en mi cuerpo y la tomé con fuerza, la tome y me sentí vivir de inmediato, al pasar mis brazos sobre un cuello fuerte y rodeado de cabellos.
Las manos se aferraron a mí. Pero no me importaba lo que aconteciera, porque mi cuerpo en función de satisfacer sus necesidades sólo se ocupaba en tomar aquello que me urgía, su sangre que me satisfacía y me daba vida.
Tal vez si no me encontrara en esa situación hubiese notado, cómo mi cuerpo quedaba desnudo a los deseos de alguien que me alimentaba. Aunque posiblemente no me hubiera importado, porque mi urgencia por su sangre era mucho más fuerte que la intromisión en mi cuerpo o intimidad.
Suaves caricias sobre mi espalda anunciaban los deseos ardientes de alguien que me daba su sangre sin miedo. Pero la lujuria, los deseos por beber y ese deseo desgarrado por ser tomada se adueñaron de mi cuerpo y también de mi voluntad.
No me pregunten los motivos, ni siquiera se las respuestas, yo que pude sentir cómo mis pensamientos virginales eran reemplazados por otros que alguna vez llamé vulgares y descarados.
Quise que la persona que me estaba brindando sus caricias me tomara con fuerza y sin miedo, lo suficiente para olvidar esas escenas en mi cabeza donde mi mirada se fijaba en una colcha roja, mientras me balanceaba en la nada debido a ese hombre que me penetraba ordinariamente sin dejarme verle el rostro. La verdad en todo este tiempo, nunca pude distinguir con claridad la cara de ese hombre. Para mis ojos no era más que una imagen desfigurada llena odio y maldad.
Sus caricias eran tan diferentes y tan llenas de sentimiento y delicadeza que no me quejé cuando retiró el último pedazo de tela que me cubría la desnudez. Tenía tantos deseos de olvidar esa noche de mi memoria que lo que acontecía se convertía en una oportunidad de morir en forma agradable.
Abrí un momento los ojos, pero estaba lleno de oscuridad, la noche había arrastrado el día. El aire se filtraba por la ventana, cosa que me hacía saber estaba en un lugar muy alto y que la persona que se acomodaba sobre mi cuerpo era muy fuerte y delicado en sus movimientos, casi medidos para darme el mayor placer posible, pero un completo desconocido.
Abrió con cuidado mis piernas y acariciaba mis muslos sin control. Pasó sus dedos por mi rostro y susurraba suaves palabras para mis oídos.
- Una noche – me dijo con cuidado – entrégate a mí una noche a cambio de mi sangre – y cuando sintió que me dejaba de alimentar mordió mi cuello, en el mismo lugar que hace varios meses mordió el príncipe para saciar sus deseos.
- ¿Una noche? – dije con la voz entrecortada - Sólo si luego me quitas la vida – cediendo a sus manos y a sus movimientos – Ahhhh – al sentir el dolor de sus dientes sobre mi piel.
Lentamente se movía sobre mi cuerpo y su pecho, se apegaba al mío como si le necesitara.
- Si – susurró jadeando con la respiración entrecortada – te voy a tomar, pero tu vida no te pertenece para disponer de ella – y se acercó sus caderas a mi cuerpo para sentir su virilidad encendida por mí – no puedes, para qué pedir algo más, cuando no se necesita.
- Ahhh - tuve que gemir al sentir su rostro absorber mis senos con deleite, con desenfreno, con posesión y sin amor.
Pude ver un poco sus ojos, entre las sombras, entre el silencio de la noche. Unos ojos dulces, unos ojos llenos de lujuria y desenfreno. De ardiente pasión encendida. Una pasión que yo le despertaba, una pasión que sentía mía ahora.
- ¿Quién eres? – dije ida en el deseo ahora con los ojos cerrados - ¿Por qué me tocas? – sosteniendo unos pocos de sus cabellos que se regaban por su rostro.
Porque eres la flor más hermosa de este jardín del infierno – dijo suavemente y pasó sus manos debajo de mi espalda, sosteniendo mis nalgas con fuerza, dejando sentirme de nuevo ese intruso palpitante que deseaba adentrarse dentro de mi cuerpo.
- No – gritó alguien en la misma habitación. Un rugido estruendoso se escuchó y el hombre que me tocaba fue arrojado fuera de mi alcance. Unos sonidos tras la puerta anunciaron que alguien más se acercaba y él huyó por la ventana.
Gaara apareció tras la luz de luna llena y sólo pude voltear para verle asustada. No había percibido mi desnudez hasta que agachó su mirada y la anciana me cubrió con una tela.
- Yo – dije avergonzada – alguien ha entrado mientras dormía y …… - dejé porque sabía que no necesitaba terminar alguna frase adicional.
- No hace falta – dijo Gaara algo molesto – uno de los nuestros ha entrado y te ha querido tomar mientras te alimentaba.
Miré sobre mi cuerpo, noté las manchas de sangre en la sábana que me cubrían y resignada comprendí los motivos para que mi estado de total recuperación fuese evidente.
- Si – dije conmocionada – lo recuerdo – cayendo ahora hasta el piso – me dio su sangre y luego quiso …- pero cubriéndome me agaché para que Gaara no me viese desnuda.
- Ya niña – dijo la anciana –no te apenes. Lo importante es que no te hizo nada.
- ¿O sí? – dijo Gaara algo contrariado – ¿él se atrevió a hacerte algo? – caminando hasta alcanzarme.
- No – le repliqué, logré reaccionar antes que me tomara del hombro – pero tampoco hice nada para detenerlo – y me sentí completamente avergonzada. Sobre todo ante Gaara, por quien tenía un sentimiento de respeto.
- Por eso te dije la importancia de beber la sangre que te ofrecía – me dijo tomándome el rostro con indignación – cuando alguno de nosotros está alimentándose, queda en un estado de total vulnerabilidad, que si alguien como él decide tomarte mientras te alimenta no te va a importar, porque tu cuerpo sólo quiere alimentarse, olvidando tus pensamientos y lo demás. Mucho menos considerando los sentimientos Sakura.
- Ni siquiera supe quién era ese hombre y no hice nada para defenderme – me dije aún sin creerlo – sólo me alimenté de su sangre. Por favor señora, ¿me deja ir a un lugar para lavarme? – con la sábana cubriéndome – yo, lo lamento mucho – dije muy avergonzada – Gaara, pero no me arrepiento de no haber recibido tu sangre – y caminé hasta el lugar que supuse era el baño – no me arrepiento.
Era un sitio enorme lleno de flores de colores que resaltaban con la luz nocturna. Sonreí al recordar los miles de colores que veía justo al lado del lago en donde me bañaba todos los días cerca de mi aldea luego de los arduos entrenamientos para soportar las llegadas de los soldados.
- Nunca me enseñaron como enfrentarme a una situación como esta – susurré dejando caer la tela hasta el piso.
Él piso estaba lleno de hojas y una conexión a un tubo permitía la salida de agua, tal como en los baños del príncipe del sur. De pronto recordé a ese hombre, lleno de odio sólo porque nombre a Naruto ¿Por qué lo odiaría? No lo entendía por más que lo pensaba, menos para hacerme daño a mí por castigarle.
Di varias vueltas a la manija que recordaba dejaba salir el agua y caminé muy lento para dejarme bajo el chorro que limpió ese tinte rojo que me agradaba más que las mismas gotas de agua que brincaban a chocar con mi cuerpo.
- Tranquila - me dije, sonriendo falsamente y un poco del líquido vital se adentró en mi boca. No me iba a suicidar ahora en la casa del bueno de Gaara, no le iba a hacer sentir como un miserable por dejarme morir en su morada. Iba a esperar hasta que me pudiera ir y luego lo haría.
- Maldita sea – dije furiosa - ¿Acaso no puedo disponer de mi propia vida? – y me abracé bajo la lluvia de agua.
Inicio Flash Back
Ahora recordaba una vez en los bosques cercanos a la aldea en donde vivíamos antes de vivir en la aldea de las hojas. Tenía 14 años y caminaba sola luego de llevar unas encomiendas de mi madre, me mandó tan lejos que mis piernas me dolían, pero haría cualquier cosa para satisfacerla. Ella lo era todo para mí y sin importar que atravesara el mundo por alguno de sus trabajos lo haría, menos cuando mi padre acababa de morir hace unos meses, pero yo siempre pensaba que seguía vivo. Sólo por pensar que seguía a mi lado, algunas ocasiones nombraba a los dos, aunque sólo existiera ella.
Entré presurosa y hambrienta, pero unos ruidos extraños me llamaron la atención. Quité mis zapatos con cuidado y me acerqué a la habitación de mi madre en donde unos ruidos extraños me hicieron pensar que le estaban haciendo daño, pero la verdad no fue nada de lo que pensaba.
Había un hombre sobre ella, uno muy extraño que estaba completamente desnudo, sus cabellos negros cubrían su espalda y su tez clara extrañamente blanca contrastaba con la piel morena de mi madre. Me vio y me sonrió con descaro pasando la lengua por sus labios. Cubrí mi boca con cuidado y salí corriendo. Corrí como pude hasta las cercanías de un río, allí lloré hasta que pude, hasta que al día siguiente me encontraron y ella molesta me arrastró furiosa a las habitaciones de la cabaña, allí me abofeteó tan fuerte como recordaba, sintiendo el sabor de la sangre en mi boca, el dolor de un labio partido y una gota diseminarse en mi quijada.
- Nos vamos de este lugar – me gritó furiosa – por tu culpa pequeña perra, nos vamos de este hermoso lugar – y me dejó llorando.
A los pocos días llegamos a la aldea de las hojas y la primera persona que me recibió fue mi querido Naruto con una sonrisa que me alegró el día, luego de un mal viaje con mi madre.
Fin Flash Back
- Ella me odia – eso lo sabía – pero no entiendo los motivos – dije triste dejando salir una pequeña gota fugitiva y pesada.
De pronto, mis ojos tristes dejaron ver el dolor de no contar con una madre que me cuidara. En verdad si lo pensaba, el único motivo para que quisiera volver a la aldea era ver a Naruto. Si lo quitara de mi vida no tendría nada y aunque lo amaba no me gustaba que fuese una completa dependiente. Lo comprendía cuando me sentí totalmente dependiente de la sangre de alguien.
Caminé hasta la salida luego de cubrirme con un nuevo pedazo de tela que estaba cerca de la puerta, pero sin querer abrí una puerta que daba al enorme pasillo.
Allí en medio de una discusión estaba Gaara, pero no podía ver con quien discutía en una forma muy acalorada.
- No es justo – le gritaba con Gaara con rabia – eres un completo inconsciente para atreverte a venir así luego de cómo están las cosas.
Pero no podía escuchar la otra voz que suavemente le contestaba.
Gaara daba vueltas, parecía poseso, pero en un momento se calmó y se acomodó en el muro del pasillo. Le vi limpiarse una lágrima en la mejilla, y me sentí muy triste por él. Pero sabía que no era un buen momento, menos luego de lo que había pasado.
- Pero claro – dijo más suave – siempre haces lo que se te da la gana. No puedes manejar a las personas como quieras – susurró furioso pero con el rostro mirando al piso – eres mi mejor amigo, pero no voy a poder cuidarte siempre.
Pero volteó el rostro hasta donde estaba, afortunadamente me logré ocultar rápidamente, no sabía lo que pasaba.
Parecía que no era la única persona que sufría en la vida, de eso me acababa de enterar y ese hombre que era el mejor amigo de Gaara parecía no entender el daño que le ocasionaba a ese buen hombre por alguna cosa.
- Nadie sabe lo que tiene – dije mirando al piso – hasta que lo destruye.
Pensaba en mi madre y cómo día a día me destruyó con sus palabras malintencionadas.
Inicio Flash Back
- No eres lo suficiente para ser mi hija, no vales nada perrita, no entiendo los motivos para tener que cuidarte – acaso pensaban que mi vida era feliz y buena, pues la verdad es que no es lo que parece.
Cuando mi madre me gritó que me odiaba, borré esas palabras de mi cerebro y seguí como si nada. Salí con Naruto a visitar a Jiraya quien nos entretenía con las cosas absurdas de la vida y con cuentos que al fin no resultaron serlo.
Fin Flash Bakc
El cuento de los hijos de la noche, el cuento de los demonios que beben sangre y quitan la vida de los hombres. Ahora que lo pensaba Jiraya decía mucho más de lo que sabía, inclusive era posible que Naruto dijera más de lo que sabía.
Caminé hasta el cuarto y en el closet había mucha ropa de mujer, quizás de alguna chica que viviera en ese castillo. Me acerqué y unos hermosos vestidos dignos de una princesa estaban ubicado delicadamente, aunque también otros más sencillos, como los que usaba cuando era niña.
- Puedes usar alguno – dijo una voz en la puerta. Sabía que era la mujer anciana.
- ¿De quién son señora? – dije curiosa.
- Eran de la madre de Gaara, ha querido conservarlos, pero estoy segura que no le molestará uses alguno, ya que la ropa que traías está completamente destruida.
- No – dije – no tengo derecho. Estos vestidos deben ser muy valiosos para Gaara, no quiero dañarlos.
- No te preocupes – me dijo ahora Gaara entrando – se hacer las cosas que se deben por proteger a mis amigos.
- ¿Cómo ese hombre con el que hablabas? – dije serena – a veces los amigos no son tan buenos como queremos que sean.
- ¿Lo viste? – pregunto serio.
- No – dije de inmediato - ¿Quién es?
- Un viejo amigo algo solo que comete errores por ser quien es – dijo alcanzándome un vestido color blanco – este te quedará bien, por favor póntelo y descansa. No temas, nadie te molestará más hoy.
- ¿Cómo lo sabes? – dije preocupada.
- Porque tu sola te puedes defender y ya estas satisfecha – y saliendo de la habitación, llevándose consigo a la anciana - Que tengas buena noche linda, mañana será otro día.
- Si – dije tranquila – será el día.
