Sí, se suponía que iban a pasar a dejar al pequeño animal y retomarían el camino

Se suponía que Blaine solo iba a parar allí dos segundos y luego iría a dejar a Kurt a su casa

Pero Kurt ya llevaba más de treinta minutos en el piso de su departamento, acariciando la barriga del cachorrito mientras este le hacía gracias e iba dejando la alfombra nueva y su color blanco cubierto de muchos pelitos negros.

El departamento de Blaine quedaba en el piso 10, dos pisos antes del último, por lo que llegar allí de por sí les había tomado mucho tiempo. Contaba con un estacionamiento subterráneo, que era prácticamente obligatorio para los habitantes, si no estacionaban allí debían hacerlo varias cuadras más allá.

Estaba, de cierto modo, camino a la casa de Kurt, y aunque el pueblo era pequeño y no había mucho por lo que decir una "linda vista", desde su piso si se veía gran cantidad de casa y parques. El moreno buscó y pensó muchas veces cual comprar, pero aunque sus padres podrían haberle dado el dinero para comprar el piso más caro de todo el pueblo, sólo optaron por entregarle éste, su primer departamento y donde vivieron siendo solteros por muchos años. Sí, tenía mucha historia

Y sin contar mucho polvo y grietas cuando recién llegó

Lo adornó como quiso con un dinero extra que había ahorrado durante su intercambio, y ahora disfrutaba de un gran ventanal, unos muebles, colores y adornos minimalistas, y mucho espacio para tirar ropa, recipientes sucios y cajas vacías de comida rápida.

Se resignó a que Kurt no dejaría al animal quieto hasta que éste dejara de respirar, algo bastante poco probable tomando en cuenta que solo tenía solo unos meses de vida. Así que espero unos minutos más, vio su reloj de pared marcando las 7 de la tarde, y decidió que la mejor decisión era que estuvieran juntos al menos hasta mañana

-Kurt, creo que esto no está resultando… - movió sus rulos despeinándolos un poco – ¿por qué no voy a dejarte a casa y lo tienes por esta noche?

El chico paró sus movimientos aun con los pequeñísimos dientes del perrito entre sus dedos, y sus patitas tomando con la poca fuerza que tenía sus manos. Sus ojos brillaban

-¿En serio puedo Blaine?

-Claro- Verlo así de feliz le alegraba infinito a él también – Dile a Burt que es mío, será solo una noche no creo que haga gran problema

Kurt tomó al cachorro de nuevo entre sus brazos y miró a Blaine con alegría – Yo tampoco

Blaine sonrío

-Mañana pasare a buscarlo – Se dirigió al sofá para tomar de vuelta su abrigo, Kurt ni siquiera se lo había quitado cuando ya estaba mimando al animalito – Sólo prométeme que hasta entonces no estará usando un vestido de diseñador

Kurt levantó una ceja y simplemente siguió acariciando las pequeñas orejitas. Estaba rendido, los perros en general no eran su afición, pero de pronto su corazón fue robado por ese pequeño animal negro y peludo

Lo miró de nuevo con infinito cariño y le sonrío de lado

-Te verías muy guapo con un traje de Armani


Entonces sólo tenía que darle un poco de comida. Pero no sabía qué

Blaine lo dejó en la puerta de su casa, y le dijo que se cuidara, él y la pequeña mascota; que pensara en un nombre que le pudiera gustar. Tan pronto como dijo eso se fue con su sonrisa de siempre, y sin decirle exactamente cómo cuidar a un cachorrito tan pequeño

Entró despacio y subió de inmediato a su habitación solo avisando con un grito que había llegado. Se acobardó a decirle a su padre que había traído un perro a casa, así que por ser solo una noche decidió que sería un secreto.

Sin embargo, ahora caía en cuenta de que no tenía idea de cómo cuidar a un cachorro, y que en su casa nadie podría ayudarlo

Se sentó en su cama acariciando sus orejitas, ya se le había hecho costumbre. Lo miró dormido, y pensó que había sido un regalo que iba a apreciar mucho, alguien que después de éste día serviría como un reconstructor de su amistad con Blaine.

Aunque no iba a negar que aún su corazón estuviera confundido por todo esto, sabía que tenía que olvidarlo, y ahora más que nunca tenía una razón para hacerlo

Didier

Se sintió mal, cuando hace un momento recordó no haberlo llamado, no lo veía desde ayer, pero sabía que lo correcto era comunicarse. Y quería hacerlo, no quería que perdieran contacto, fuera lo que fuera lo que ambos tenían, no quería perderlo.

Con su mano libre, sacó de su bolsillo su celular.

"Me pregunto si los franceses serán buenos amigos de los cachorros"

Espero un poco más de cinco minutos, cuando recibió un mensaje de vuelta

"¿Debo tomar esto como un ataque racista?"

Sonrío. Mitad por gracia, mitad por tranquilidad. Sintió su corazón latir más rápido

La magia de Didier aún le hacía efecto

"No, solo es alguien pidiendo ayuda. ¿Qué le doy de comer a un cachorro de unos 3 meses?"

"´mmm… pues si me preguntas a mí, los franceses no les damos pasta si es lo que quieres saber"

Tonto.

"Bien, lo apuntaré. Pero Didier, hablando en serio"

"Es en serio. Pero bueno, a esa edad podrías darle leche"

"¿Seguro?"

"complètement"

Sonrío

"Merci Monsieur"

Bajó rápido las escaleras, luego de dejar recostado al pequeño en su cama con cuidado para no despertarlo, y dejando su celular justo a su lado.

Fue directo al refrigerador y sacó un poco de leche en un tazón. Asegurándose que fuera uno que nadie llegara a echar de menos, calentándolo unos segundos en el microondas. Subió igual de rápido de vuelta, y despertó con dulzura al pequeño para darle algo de leche.

El perrito no quiso despertar en seguida, abriendo muy perezosamente los ojos, le recordó por un segundo a Blaine cuando tenía su edad, y Carole lo mandaba a despertarlos en su mañana de resaca. Finn no despertaba aunque un camión pasara justo al lado de él. Pero un día descubrió que Blaine era débil al frío, tirando sus frazadas despertaba igual que el perrito que ahora bebía leche del pequeño tazón que Kurt cargaba en su mano.

A la mitad de la leche, ya se había llenado y se acurrucó en la pierna que se encontraba flectada sobre la cama. El castaño sonrío y al rato sonó el vibrador de su celular anunciándole un mensaje

"Me gustaría verte. Aunque deba compartir tu atención con un cachorro"

Quedó mirando la pantalla como un bobo por un largo rato, y pensó qué hacer. No era muy tarde, el sol no caería hasta dentro de una hora o un poco menos, y sinceramente, también tenía muchas ganas de ver a Didier.

Pero paró ahí.

Hace un par de horas estaba feliz, con el corazón en la mano esperando por ver a Blaine, y ahora estaba igual, esperando por el francés. ¿En que parte comenzó a confundirse tanto la historia?

Si iba a comenzar algo, debía tener claro, grabado y asegurado que se dejaría sentir así por una sola persona. No podía alternar sentimientos entre Blaine y Didier como se le antojara, no era justo.

Con los dedos temblando ligeramente contestó. Luego de pensarlo unos minutos que parecieron eternos para ambos. Ahora sabía que estaba haciendo las cosas bien.

¿Quieres venir a mi casa?


Entonces Blaine se giró a la izquierda, luego a la derecha. Esperó algún resultado, giro a la izquierda otra vez y nada. No estaba cómodo, el lugar en que estaba no era cómodo.

Se levantó resignado. No podía dormir.

¿Y qué hacía Blaine cuándo no podía dormir? Caminaba

Daba vueltas por el piso, recogía algo de la basura que, por alguna razón, no recogía durante el día; miraba por la ventana, o salía al balcón a respirar algo de aire.

Hace meses no era víctima del insomnio, pero parece que éste no lo había olvidado por completo. Aún así se resignó, no iba a darle vueltas a ese asunto ahora, no tenía ganas. Extrañamente tenía mucho sueño y aún así, cerrando los ojos no podía dormir

Pensó buscar en línea alguna solución a su problema, pero cuando estaba en camino sintió el timbre de su puerta a sus espaldas.

Eran cerca de las 8, y el sol lentamente comenzaba a bajar del cielo, atravesando por sus grandes ventanales los rayos rojizos del atardecer

Con los pies como de piedra cruzo la sala, solo esperaba que no fuera su insistente vecina nueva. Joven, guapa y lo suficientemente ingenua para pensar que alguien podría creerle el hecho de que cada semana tuviera un percance que la hiciera parar frente a su puerta

Cada semana.

-Ben- En el pasillo, tras su puerta estaba su novio, con las manos a los costados y mordiéndose ligeramente el labio inferior, con la vista cohibida – ¿Qué haces aq...?

Sin poder terminar la frase los labios de su novio apresaron los suyos. Los dientes de Ben, que de un principio mordían su boca ahora se ocupaba de la de Blaine, y las manos que estaban a sus costados rápidamente pasaron a abrazar al moreno, con fuerza y casi desesperación. Con miedo a soltarlo por siquiera un segundo

Blaine solo sintió el impulso del chico contra él, con los ojos abiertos, para luego relajarse y cerrar los parpados; con sus manos tomó el rostro de su novio por las mejillas, atrayéndolo hacia si con más dedicación y ya sin duda adentrando su lengua a su boca.

Cerró la puerta con un pie y rápidamente Ben arrojó al moreno contra la mesa de al lado, botando con el impulso las llaves, que de por si estaban en una esquina insegura.

Siguieron besándose y besándose hasta que el sol había bajado por completo, y mientras con destellos titilantes los alumbrados de la calle comenzaban a encender.

Blaine estaba seguro que, si bien con Ben tenía muchas peleas, su mente las olvidaba con sus besos de reconciliación


-Creo que me odia

Didier estaba sentado en posición india sobre la alfombra de la habitación de Kurt. El pequeño animal mordía con ganas la pulsera de hilo que tenía su mano derecha, la que subía y bajaba haciendo que el perrito quedara en dos patas y luego de vuelta en cuatro

-Creo que es la leche – el castaño estaba sentado sobre su cama, con ambos brazos reposando a sus costados – Después de dársela, no ha dejado de moverse

El francés dejo de mover su mano. Y se quedo mirando fijo a los ojos de Kurt, quién luego de notarlo levantó una ceja confundido

-¿Tengo algo en la cara?-Palpo con cuidado su frente y su mejilla con una mano, recordando que hace unos minutos las patitas del animal habían pasado por su rostro. Con miedo de que le hubieran pasado a llevar la piel

-Te eche de menos- Le sonrío

Las mejillas del castaño se tiñeron de rojo. Y le devolvió la sonrisa de lado –yo también

Didier se acercó a la cama aún sentado en la alfombra, hasta quedar frente a Kurt. Levantó su rostro a la altura del castaño, posó sus manos en las rodillas de él, y pudo sentir su aroma y el calor que emitía su cuerpo rodear el suyo

Kurt cerró los ojos, sintiendo el rostro del francés cada vez más cerca, ciertamente esperando que le besara.

Didier se quedó allí mirándolo y le beso la frente. Se levantó rápidamente y lo miró sonriendo

-Si quieres uno, tendrás que robarlo tú mismo.

Kurt alzó el brazo y coloco un mechón oscuro del cabello del francés tras su oreja

-De seguro te cansarás antes que yo de esperar - Torció la boca de lado con una sonrisa desafiante. Se paró de la cama y caminó hasta la puerta

-Tengo hambre, bajemos a cocinar algo- Apagó el interruptor sin esperar respuesta y se escucharon sus pasos bajando la escalera

Didier se quedo pensando, sentado en el borde de la cama de Kurt, en como hacía para salir siempre bien de cada situación, y en cómo su voz, sus ojos y su respiración, en tan poco tiempo lo habían vuelto tan irresistible.

De pronto sentía que el sentido de su intercambio, de estar de paso en éste pueblo, que de un principio le pareció tan pequeño, tenía su significado en los ojos azules de Kurt mirándole, en su boca hablándole, haciéndole solo querer callarlo con un beso

Se levantó unos minutos después, minutos que había dejado pasar pensando en el castaño, y dispuesto a seguirle ya no tan seguro de poder ganar su desafío, sintiendo que no podría pasar más minutos a su lado sin poder acortar distancias

Bajo rápido la escalera, esperando encontrar a Kurt en la cocina, ya cocinando algo como había anunciado

Sin embargo, a medio camino, se encontró a Kurt cerca de la puerta, buscando algo impacientemente y con manos temblorosas

-¿Sucede algo?

Kurt se quedo plantado en su lugar, mirando a los ojos al francés, quién vio como de pronto se agolpaban un par de lágrimas en los ojos del castaño

-Acaban de llamarme del hospital. Steve tuvo un accidente