Nya~ 3 hola! (no sé por qué no puedo dejar el nya, es un vicio horrible :P)

Cómo están todos? Antes que nada Feliz año nuevo! Estuve escribiendo este fanfic hasta las 4:30 del 1º dia del año, mientras todos dormían por pasarse de copas xD (aunque yo también me pase un poco, pero mi cuerpecito aguanta la resaca de alguna forma xD)

Y todo esto nada más que para demostrar lo responsable que soy al escribir ;)

Ok, ok, a veces pasan 3 o cuatro días, lo lamento, es el ánime, o los libros, o cualquier otra X cosa.

Pero genial, esta vez la cortamos un poco con la tensión y el misterio, y vemos algo más ameno, más… " de lo que los fans quieren ver" :D

Sin nada más que agregar, disfruten 3


¿Pero qué estupideces dices? ~ Parte 1 ~

Hacia la tarde, las nubes condensadas empezaban a dar tregua y la lluvia cedía poco a poco, permitiendo que los soldados entrenaras con más comodidad, aunque salpicando el barro que les llegaba hasta los talones.

Mikasa lideraba una fila desordenada que trotaba manteniendo el ritmo animado, delimitando el terreno en el que se encontraba la casa-escondite. Detrás suyo, Eren y Jean le pisaban los talones, tratando de superarse mutuamente corriendo bastante cerca uno del otros y dándose pequeños empujoncitos recurrentemente con intención de molestarse. Esto provocaba que su paso fuera desalineado y forzoso, salpicaban mucha agua y barro, en comparación con la ligereza y facilidad con la que Mikasa avanzaba, ignorando en buena forma a estos dos con su riña.

Detrás de todos, Historia y Armin aguantaban el ritmo como podían sin alejarse demasiado del grupo, mientras este último parecía muy inmerso en sus pensamientos, sin una idea en particular, tan sólo tratando de procesar y ordenar toda la información que en los últimos días había recibido.

— ¡Más rápido, muevan esas piernas! — les gritaba Rivaille cada tanto.

—Enano mandón, ¿por qué no corre él también? —murmuraba Jean por lo bajo.

—Se supone que nos está evaluando. No nosotros a él. — le replicaba Eren a su queja.

—Sí, sí, ya nos quedó claro la parte en la que somos todos unos inútiles, ¿pero para qué diablos tenemos que correr? ¿No nos podría enseñar a hacer esas piruetas y cosas raras y ya?

Al cabo de un rato, empezó a quitar personas de la caravana. —Mikasa, Eren y Jean. Es suficiente. —les gritó Rivaille con actitud de mando.

Ellos se detuvieron y se quedaron estirando a un lado mientras el resto seguía.

—Sasha y Connie, diez minutos más y pueden parar. Los otros dos… —el alivio apareció en el rostro del par de comediantes del grupo, mientras que Armin e Historia se vieron preocupados ante la llamada de atención. —Si quieren cena esta noche, y todas las noches que les queda en mi escuadrón, ¡apresuren el paso! ¡El muro María será recuperado antes de que ustedes lleguen a su décima vuelta!

El par enderezó sus espaldas y subió las rodillas para avanzar mas de prisa en cuando escucho la amenaza del cabo, aunque pareciera vil y grosero, y sus pulmones estuvieran al límite, las presiones y promesas que se proponía Rivaille siempre tendían a ser verídicas, a lo que el resto de los presentes se mostró bastante molesto, dirigiendo miradas de reprobación hacia su cabo. Exceptuando curiosamente a Mikasa y Eren, ya que entendían que el trato era necesario en situaciones así.


—Bien, comencemos con la ronda de preguntas al azar. —sugirió Rivaille.

Horas después, todos se encontraban sentados en el pasto y la tierra ya húmeda en una especie de fila, excepto el cabo que permanecía parado por "cuestiones higiénicas".

—Armin, tu eres el listo de entre todos ustedes, dime: si hipotéticamente pierdes tu caballo en un bosque, y te encuentras solo a merced de los titanes, ¿Cuál es la primera medida preventiva a tomar?

—Treparse a un árbol señor, desde luego. Claro que… si el caso es que me separé recientemente de un grupo, debo permanecer en el lugar y lanzar una señal de humo para recibir ayuda, ya que hay la posibilidad de que mis compañeros no se hayan alejado demasiado como para no encontrarme.

— ¿Y por qué es peligroso avanzar sólo con el DMT?

—Porque es impredecible el momento en que nuestro gas se acabe, y si uno o más titanes se ponen a seguirnos, podríamos estar atrayéndolos hacia nuestro propio grupo, provocando una emboscada, y poniendo en peligro toda la operación.

—Bien explicado. —aprobó en voz baja. —Jean, —sorprendió a éste pasando toda la atención a él en un instante, que estaba un poco desconcentrado. —¿Qué debe hacerse en un espacio abierto y sin árboles en kilómetros?

La pregunta sonó incómoda, teniendo en cuanta que éstos ya habían vivido una situación parecida tiempo atrás.

—… debemos quedarnos quietos en el lugar, avanzar sin caballo ni árboles es un riesgo; debemos llamar a nuestro caballo con la señal sonora y a nuestros aliados con la señal de humo.

—Es correcto. —Mencionó mirando a otra parte.

—Y luego esperar un milagro… —murmuró más bajo, aunque pudo ser oído.

—Es cierto, en ocasiones es así, no lo negaré. Historia, ¿cuál es la condición principal a la que debe adaptarse un soldado cuando decida asistir a otro en auxilio?

El resto comprendió que las preguntas habían sido formuladas específicamente para las personas a las que se las estaba haciendo.

—Un soldado… —dudó de responder temerosa —un soldado debe estar en óptimas condiciones. Para ayudar a un compañero, debe asegurarse de que su estado físico y mental sea apropiado, y tener una mínima ventaja en la situación.

— ¿Y por qué no se puede ayudar a alguien en apuros, estando nosotros mismos en malas condiciones?

Historia apretó sus delicados puños y tragó. —Porque nos arriesgamos a terminar igual o peor que el que tratamos de ayudar, que podría significar un problema para el resto más adelante. —contestó con firmeza.

—Excelente respuesta, aunque si me permites opinar, veo en tu forma de ser cierta tendencia a ignorar esta norma. ¿O me equivoco?

Ella no supo cómo contestar. Era cierto, y era un error en ella, pero en su inconsciencia seguía apoyando este principio propio.

No le dio tiempo a abrir su boca porque ya se estaba dirigiendo a otros.

—Mikasa, ¿por qué un soldado debe hacer a un lado sus emociones al momento de entrar en batalla?

"Nunca te andas con rodeos, enano."

—Porque nuestras emociones nos desvían del objetivo real y nublan nuestro juicio, por eso es que no debemos atacar al enemigo con furia descontrolada, y pensar claramente antes de actuar. —aunque trató de evitarlo, no pudo evitar mirar a Eren, que estaba sentado a su lado, luego de terminar la frase. Ella tampoco andaba con rodeos, sobretodo tratando un tema por el que tantas veces había sido cuestionada, al igual que Eren.

—Buena respuesta, Eren, ¿quieres agregar algo a la idea? —le sugirió.

—… No señor.

—Bien, entonces, ¿podrías ilustrarnos a todos relatándonos el "principio de obediencia superior-subordinado"?

—Mmm… supongo que es el que dice que, casa soldado debe obedecer a la orden de su superior, sin cuestionar y confiando plenamente en su decisión. Aunque desconozca el resultado o lo que se espera conseguir con ello. —le respondió Eren, casi vacilando en cada palabra. Era más que claro; Rivaille estaba tensando una cuerda que presionaba a las emociones y experiencias personales de casa uno.

— ¿Pero qué pasa cuando el soldado no puede cumplir con la orden por algún impedimento propio de su voluntad?

—El mismo deberá responsabilizarse por las consecuencias, señor.

— ¿Y qué si, a pesar de cumplir con la orden, el resultado es malo, de todos modos?

—Pues, la responsabilidad correrá por parte del superior que la dio, supongo.

—Exacto. —Dijo con ojos cerrados y tono tranquilo, luego, se sentó en el pasto más seco que tanteó —Y esto quiero que todos lo tengan en cuenta. Están al servicio y disposición de sus superiores, a su vez que yo también lo estoy a los míos, respondemos afirmativamente ante todas sus órdenes y no nos cuestionamos, ni aun cuando nuestras propias convicciones nos lo impiden, ya que, si el resultado es malo, podemos limpiar nuestras culpas y responsabilidades, alegando que la idea partió de otro mando. Sin embargo, hay otro tipo de conflicto con aquellos que no están conformes con ello, que de una forma u otra no pueden estar tranquilos con las cosas así como están. —miró a Eren, que parecía muy concentrado en el pasto, aunque entendía su papel en todo esto. —… Yo no sé nada, no me pregunten el qué hacer en un momento así, porque no tendría muy claro que responderles, —dijo después de un rato meditándolo, con ojos perdidos en el cielo nublado, —cada uno puede confiar en sí mismo, confiar en la fuerza de sus compañeros, e incluso ser lo suficientemente listo, pero aunque estés seguro, aunque estés decidido, o por más sabia que parezca tu decisión… al final, nadie sabe la respuesta. Y tengan por seguro, que de muchas elecciones, no hay retorno. —cerró melancólico, a lo que todos se quedaron mirándolo pensativo. Por más que aquella lección pareciera desalentadora, no cabían dudas de que era muy cierta, la cruel vida ya se los había probado.

—Pero en fin. Comienza aquí la sesión de sparring, en parejas. —Dijo de la nada incorporándose. —busquen los cuchillos y vayan a beber agua ahora mismo.

Salieron todos de su ensoñación al instante poniéndose en acción, en situaciones como esta, era mejor entrar en acción para despejar la mente.


—Mikasa… —llamaba su atención Historia mientras sostenía su bajo donde había juntado agua de una cubeta, como ya habían hecho todos. —No he tenido oportunidad de preguntarte, ¿cómo has estado? Desde que volviste hoy temprano te ves un poco más… —Mikasa la miró arqueando una ceja. —animada.

—Me sentó bien entrenar. —le contestó dibujando una sonrisita reparadora, y muy muy sincera.

— ¿En serio? Pues cómo me alegro, de verdad te veías mal esta mañana.

—No te preocupes Historia, estoy bien.

Sólo ellas dos permanecían a un lado de la casa con cacharritos da metal en la mano, recuperándose mientras que el resto, a la distancia, parecía discutir, armar parejas, y organizarse con bullicio.

Aunque sin entender muy bien por qué, el inconsciente de Mikasa dirigía su mirada al cabo, sin expresión en realidad, sólo necesitaba verlo para recuperar la serenidad que había tenido hace un rato atrás, cuando por primera vez en mucho tiempo, se sentía bien consigo misma. A su vez también, pasó por su cabeza las ideas de las que hablaron hace rato, y percibió esa melancolía con la que Rivaille hablaba de las decisiones tomadas, aquellas sin retorno, y que podían llegar a ser muy duras. Volvió a su memoria el "pequeño pedazo de pasado" que el cabo dejo salir a flote aquella mañana, y por un segundo, sintió como algo le estrujaba en el pecho y le empezaba a molestar en la vista.

Pero Historia no permanecía ajena a su comportamiento, contempló por un momento el cómo Mikasa observaba algún lugar entre al grupo, con algo que le pareció increíblemente una actitud de melancolía, de anhelo. Percibió sus ojos entrecerrados y su cabeza mínimamente inclinada.

No era tan perceptiva como para entender de inmediato que le ocurría a su amiga, y ésta nunca mostraba demasiadas emociones a través de su rostro, lo que hacía más difícil el trabajo, pero pudo reconocer, y se mostró algo sorprendida al hacerlo, que esa mirada ya la había visto en algún otro lugar, una de esas miradas que reflejaban algo interior, que se expresaban mejor que hablando y hablando. Claro, esa mirada se parecía a la de las personas que salían dibujadas en los libros que leía de niña, y que había tomado prestados de su madre, porque claro que esta nunca se los leería.

—Mikasa, ¿ha pasado algo cuando se fueron con el cabo? —la sacó suavemente de su trance.

— ¿Eh? —la miró confundida.

—No, perdón, quiero decir… tu mirada es rara, no más bien, no me malentiendas, —tartamudeaba. —es rara en ti, tienes otra cara de la que llevas siempre.

—Ah- ¿A qué te refieres? —le preguntó nerviosa.

—Bueno, —miró ella también al grupo, —es que no estoy muy segura de cómo leer las miradas, no he tenido suficientes experiencias con esto de los sentimientos como para opinar, —se lamentó. —pero, podría casi asegurar que, tu trato ha cambiado un poco para con el cabo, desde que volvieron hoy. Bueno, sí que me asustaron ayer con su pelea, eso es obvio, y esta mañana parecían estar tan triste, que de repente, no sé, veo algo diferente.

— ¿Cómo… me ves? —le costó preguntar a Mikasa, que temía un poco por la respuesta.

—Es como… algo como empatía, ¿me explico?

— ¿Tú crees?

— ¡No estoy sacando conclusiones adelantadas ni nada parecido! ¡No pienses mal!

¡OIGAN USTEDES! ¡YA VENGAN DE UNA VÉZ! —las interrumpió Eren, impaciente por empezar.

—Bueno déjalo, no importa, sólo pensaba que… aunque no tengo derecho de meterme en tus asuntos privados, y sé que no me incumbe cualquier cosa de la pidieran haber hablado con el cabo, sólo sé que te noto distintas, hacia él, y a hacia el resto, en serio, y me alegro por ti que así sea, luces mejor.

—Me siento mejor, Historia, gracias. —le dijo con una sonrisa aún más grande, poco propio en ella. —Me siento mejor, gracias por preocuparte. —Y volvieron al trote con el resto, la sesión de sparring ardía por empezar.


Rato después de iniciados los encuentros individuales, Jean y Eren empezaron a tirarse puñetazos, sacando éste último una mínima ventaja. Mikasa animó a Historia a empezar, invitándola a ser ella quien ataque primero. Connie y Sasha entraron en discusión para decidir quién debería empezar primero el ataque, pero no encontraron punto final al debate y terminaron impartiéndose en un piedra papel y tijeras. Por último Armin quedó observando a una distancia precavida y con desconfianza; se sintió más incomodo al momento en que el cabo se paró a su lado a escrutar las maniobras del resto, y temió por un momento que le ordenara hacer pareja para empezar el sparring, sin embargo, para su sorpresa, estuvo un rato mirando movimientos al azar, y no parecía muy concentrado al evaluarlos, pronto comprendió por qué. Al cabo de unos minutos, su paciencia se agotó y los detuvo con un vago: —Ya, con eso estuvo bien. —y soltó un bufido, alzó su mano y se refregó la frente sobre ambos ojos con resignación.

Sin dar ninguna indicación, reorganizó las parejas a su parecer: —Eren, tú has pareja con Connie, Jean, tú vas con Historia, ¡ahora! Y Sasha, —señaló de brazos cruzados al que estaba junto a él sin hace otra cosa que mirar. —con Armin, ¡muévanse!

Sin demora y sin discutir, todos rehicieron su formación y comenzaron de vuelta. Sin notarlo siquiera, el nivel de cada uno individualmente empezó a mejorar y las peleas se equilibraron.

— ¿Yo no haré nada? —le cuestionó Mikasa a Rivaille, pero no se mostró preocupada al respecto.

—En tu caso no es necesario, sólo observa…

La chica dirigió su atención a las parejas que se batían en duelo y levantaban pasto y tierra mojada. —Eren tiene un espléndido nivel, y piensa todos sus movimientos cuidadosamente, ayuda mucho a la concentración de Connie, que no tiene demasiado entusiasmo en hacer este ejercicio; lo mismo va con Sasha, que normalmente no pone demasiado esmero al hacer esto, midiéndose ante alguien de bajo nivel, pero que la sobrepasa miles de veces en concentración y inteligencia, está obligada a pelear bien, y medir sus movimientos para no pasarse con el muchacho; Jean por otra parte, es bueno… mmm, no demasiado, pero será suficiente exigencia para Historia, que estará obligada a poner instintivamente más fuerza en sus golpes para no ser volteada en segundos.

—… Parece como si nos conocieras de siempre…

—Sólo observo con atención, es fácil darse cuenta si les prestas un mínimo de atención.

— ¿Y por qué yo no hago nada?

—Tú tienes un nivel muy superior al promedio, ya lo habrás notado. No te puedes medir de tú a tú con ninguno de ellos.

— ¿Y tú? —lo miró retadoramente.

El arqueó una ceja.


Pasadas las 6 de la tarde, el sol comenzaba a ponerse, mientras el pequeño grupo yacía sentado contra los pocos árboles habidos carca de la casa-escondite, unos contra otros, profanaban sonoros suspiros que trataban inútilmente de recuperar el aliento, luego del arduo entrenamiento.

—Bien por hoy. —les dirigió un aliento Rivaille.

—Claro, ¡usted no ha hecho nada! —le reprochó Jean.

— ¡Cabo! —se apresuró a gritarle Eren, antes de que Jean sea reprendido por el comentario. —Disculpe, hace tiempo que quisiera ver, una verdadera demostración de sparring al cien por ciento de fuerza y talento— dijo con entusiasmo, ignorando su falta de aire para hablar más rápido. —Me preguntaba… si ustedes, podrían mostrarnos un buen encuentro. —se dirigió a ambos con timidez.

— ¡Cierto, a mi me gustaría ver algo así! —Se agregó Jean, —nos serviría bastante para aprender algunas pautas y movimientos. —agregó, aunque muy en lo profundo, eran grandes sus ganas de que Mikasa le rompiera la cara a golpes y patadas.

Como todos insistieron con el mismo entusiasmo, al par terminó por acceder a su petición, después de todo, se trataba solo de una inocente práctica de demostración.

—Aprovecha ahora, Rivaille, que no estás cansado como el resto, para tratar de sacar alguna ventaja sobre mí. —insinuó Mikasa con voz burlona.

—No cederé ante tu provocación, mocosa. No soy un infante impulsivo como ustedes, ¿lo olvidas?

Ella le propinó una mirada de molestia evidente, y se puso en posición para atacar. —Toma el arma, tú atacas primero. —Desafió.

Rivaille se paró frente a ella sin ninguna pose en particular, sostenía la daga de madera en su mano derecha y la miraba de pies a cabeza, haciendo énfasis en sus piernas, el resto observaba atento. En un segundo efímero, se acercó con velocidad a su rival y lanzó una violenta puñalada en diagonal al cuerpo de Mikasa, que la misma esquivó retrocediendo y arrojando un puñetazo seguidamente, mientras que con la otra mano sujetaba la muñeca con la que Rivaille le lanzó esa cuchillada. El puño fue simplemente bloqueado con la mano que le quedaba libre, y sin perder tiempo, en cuanto ambos brazos estuvieron ocupados en sostenerse mutuamente, la pierna derecha del cabo impacto contra la parte posterior de la rodilla de Mikasa, mientras que con la fuerza de sus brazos la acompañaba al suelo. Cayó de espaldas al piso, y casi en un acto reflejo soltó la muñeca que retenía la daga para atenuar el golpe con su mano ahora libre; muy tarde. A Rivaille sólo le tomó una fracción de segundo detener la daga en el cuello de Mikasa.

— ¿Prefieres ir más lento? — se burló.

—Eso fue rápido. —dijo Jean inevitablemente sorprendido.

Ambos se pusieron de pié. —No me la esperaba, —espetó Mikasa. — ¿Sigo yo?

Rivaille le lanzó la daga y quedó parado en la misma posición. —Cuando quieras. —Dijo.

"¿Se está burlando?" — ¿Por qué no te pones en posición?

—No será necesario.

"Si claro, hasta que alguien te haga besar la tierra."

Se lanzó hacia él de arrebato, sosteniendo la daga con ambas manos y apuñalando justo al frente con fuerza, a lo que él sólo restó agacharse mirándola hacia arriba, acto seguido, giró sobre sus talones volviendo a quedar parado a su lado, ella apenas atinó a ver su sombra girando a su alrededor para quedar justo a la par, desde donde sintió una fuerte patada en la división entre la espalda y la cadera. Se curvó hacia atrás y sintió como ambos brazos eran asegurados en su espalda, y su peso sostenido por él mientras la sujetaba con firmeza para no caer, ya que sus piernas cedieron ante la repentina y brutal patada.

La escena resultaba de lo más artística, antes de que cualquiera pudiera reaccionar y procesar los que habían hecho, Mikasa se encontraba arqueada hacia atrás, con ambas piernas flexionadas, con la cabeza echada hacia atrás y todo su cabello cayendo elegantemente sobre el hombro de Rivaille que la sostenía en un hombro. Paradójicamente, en esta pose que a él le resultaba tan conveniente y a ella tan incómoda, Mikasa se veía pequeña, a merced de quien la miraba de costada, con su rostro a milímetros de distancia de su cara.

— ¿Y ahora qué? —dijo él sin expresión alguna.

La chica sintió como todo el aire que salía de sus pulmones no podía volver a entrar, estaba asfixiada, intimidada y perpleja. De repente se veía dividida en dos, por un lado sentía una horrible frustración por haber sido inmovilizada con tanta facilidad, pero por otro, su corazón se aceleraba con cada respiración del cabo que sentía sobre sí. Llegó a cuestionarse de si realmente le molestaba estar metida es ese problema. Pero despejó cualquier tipo de pensamiento incoherente cuando agitó su cabeza e hizo peso muerto sobre sus piernas, Rivaille presintió la acción y la soltó, permitiéndole a ésta caer y volver a pararse con soltura y rapidez frente suyo.

—Y otra vez a lo mismo, ¿no prefieres seguir otro día que estés menos cansada? Han estado corriendo y trepando todo el día, —se limitó a decir, omitiendo el hecho de que estuvieron cazando titanes esa misma mañana. —Es injusto, estás más cansada que yo, te voltearía las veces que sea que lo intentes.

Mikasa no dio tregua, sintió de inmediato la ofensa, no intencional, del enano, y arrojó la daga al suelo que aún conservaba en su mano.

—Lucha.

— ¿Qué?

—Lucha de llaves, o si gustas puede ser judo. Una vez al menos. —endureció su gesto.

—Ok, como quieras. —dijo resignado.

Esta vez ambos quedaron enfrentados a menos distancia, pero el cabo adoptó una pose similar a la de Mikasa, con las piernas ligeramente separadas y los puños al frente. Ella distinguió el cambio, y entendió que lo haría enserio, por lo que aspiró profundo y se concentró apretando los puños.

— ¿¡Boxeo!? ¿¡O mejor será kickboxing!? ¡Qué genial, ahora se pondrá más emocionante! —se impacientaba Connie, aunque la sorpresa se mostraba en cara de todos.

—Dijo "judo". —Murmuró Eren.

— ¿He?

— ¡Ha, no es nada! Sólo pensaba, si el cabo es más pequeño, creo que Mikasa podría tener ventaja sobre él.

Jean sonrió al escuchar ese análisis. —Por otro lado, —recordó su primer encuentro con Annie, y ensombreció su mirada. —ser bajo te da ligereza, y si aprendes a usarlo a tu favor, si estás bien entrenado y si sabes donde golpear… creo que tienes la pelea ganada. —terminó casi lamentándose, al fin de cuentas nunca pudo ganarle a Annie peleando de igual a igual.

Hubo un momento de mucha tensión, nadie movió un músculo, hasta la brisa era ruidosa y golpeaba las caras de los luchadores.

De un segundo al otro, el cabo avanzó hacia Mikasa con un envión que sobresaltó a más de uno por lo inesperado, pero no a Eren. El chico tenía sus ojos puestos en Rivaille, en cada parte del cuerpo que movía, en cada músculo que tensaba, en cada maniobra que obrara, debía prestar muchísima atención, ése seguramente sería la mejor técnica que alguna vez pudiera aprender, y no se la iba a perder por nada del mundo, pensó en las millones de posibilidades que tenía el cabo, en todas las formas en que fuera posible voltear al alguien diez centímetros superior, aunque sin saber el peso y porcentaje de musculatura de cada uno, algo le decía que esto sería perfectamente útil en futuros combates, teniendo en cuenta rivales como Reiner, que le dieron un severo dolor de cabeza, y tontos otros que podrían aparecer recurrentemente, que lo superaron en tamaño y fuerza.

Sí, lo que estaba a punto de ver seria la clave definitiva, tal vez uno de los mejores encuentros que un soldado pudiera presenciar en vida, pintaba algo bueno e impactante, todo en los escasos segundos que Rivaille tardó en impactar contra Mikasa.

Rotundamente, todas sus expectativas se vinieron abajo, no porque el resultado de la pelea no fuera lo que se esperaba, si no por la forma en que había acabado, su sangre se heló, y volvió a quedar en blanco, en la incertidumbre, y muy desentendido.

Rivaille encaró el cuerpo de la chica desde abajo, pero se giró al subir pegando la espalda a su pecho, por la diferencia de estaturas sus cabezas no chocaron, pero el subió la mano derecha y agarró su nuca con rudeza, mientras que con la izquierda tomó su brazo y lo enrolló por delante suyo, afirmándolo sobre su pecho, para cerrar con un vuelco tremendo y estruendoso. La alzó por encima suyo cuan luchador profesional y la hiso dar un giro mortal en el aire para terminar completamente tendida en el suelo, y él agachado mirándole los ojos en estado catatónico, muy de cerca.

¿¡QUÉ!? ¿¡LA VOLTEÓ!? ¿¡ASÍ SIN MÁS!?¿¡ESO FUE TODO!? —saltó Jean completamente anonadado, ente los espectadores que quedaron desorbitados del mismo modo, con caras inescrutables y ojos bien abiertos.

— ¿Disculpa? —dijo Rivaille, y no pudo estar más sereno en la cuestión.

¡PERO SI ES UN ENANO! —gritoneó. Su enfado y sorpresa no era para menos, todos habían tenida la misma idea, aunque no se esperaban un resultado diferente, les sorprendía la forma tan simple en que dejó knock-out a Mikasa, que era una grandulona en comparación. Claro que nadie se sentía tan envalentonado como para dirigirse así, pero por suerte tenían al bocazas que nunca cerraba el pico para que hablara y expresara su asombro por ellos.

—Sí, y muchos años más experimentado, Jean. Pero "predecir", que ésta amazona lustrará el piso con migo sólo por la diferencia de tamaños entre nosotros, es una verdadera estupidez. Propia de un cabeza hueca como tú, o como muchos de ustedes. —paseó su vista lentamente por los rostros de todos los presentes, para finalmente volverse hacia la chica que yacía a sus pies.

— ¿Ya estás conforme?

Mikasa contuvo aire sin cambiar su rostro sobresaltado, y lo soltó a priori de un seco quejido a falta de palabras, no podía gritar de dolor, aunque se retorcía, por millones de agujas que sentía ahora mismo en toda la parte posterior de su cuerpo, no podía simplemente hacer muecas, llorar o gemir como un bebé luego de que fuera ella la retadora en cuestión.

—Bueno, por ahora no tenías posibilidades de vencerme, lo que no quiere decir que nunca las tendrás, sólo evita confiarte con cualquier enemigo, ¿entendido?

—…

—Y de verdad espero que te haya servido esto. —Acercó un poco más su cara de modo que sólo ella pudiera escucharlo. — ¿Te dolió? —susurró.

Luego se apartó y puso de pié, todo hicieron lo mismo, salvo ella, que aún necesitaba coordinar su mente con su cuerpo para pensar y/o hacer algo medianamente racional.

*¡Vaya Eren! Me sorprende que sigas cuerdo y no te hayas vuelto loco después de haber hecho el ridículo frente a todos.* "¿Por qué debo estar recordando esto justo ahora? ¿Así es como se siente, quedar completamente humillado y derrotado por alguien mejor? ¿Así se siente este tipo de fracaso?"

—Y espero que también sirva de lección para todos ustedes, y que hayan podido sacar algo bueno de esto. Pero en fin, se acabó la función, ya basta por hoy.

La mayoría empezaba a enfilar rumbo a la casa, mientras la chica tambaleaba al tratar de ponerse de pié.

—Tsk! ¡Ha! —sonó su voz bien fuerte, un dolor punzante le atravesó las costillas de lado a lado. Se arqueó hacia delante, y apretó fuerte lo ojos y los dientes.

— ¡Mierda, la herida! —volvió Eren hacia ella, mientras Armin la sostenía abrazándola de costado y pasando uno de los brazos por sus hombros.

—Mikasa, ¿estás bien? —sonó su amigo preocupado.

"Carajo, pensé que ya estaría bien. La presioné demasiado, tal vez le volví a abrir esa herida." —No la estén manoseando mucho, ven aquí Mikasa, te llevaré de vuelta, debes reposar. —Y la rodeó con sus brazos como en un intento por alzarla, pero ésta reaccionó enseguida.

— ¡No! ¡No es nada, estoy bien! —mientras seguía sin poder pararse erguida.

—No puedes ni pararte, te llevaré, no te preocupes, ya viste que puedo levantarte sin problemas.

— ¡Aléjate! ¡No me toques! —le gritó ahora enojada.

— ¿Resentida? Sé que odiarías que te cargue, pero ahora no es cuestión de querer o no querer. Vamos. —reafirmó con autoridad.

— ¡Que me dejes! —y lo apartó del camino, andando en dirección a todos que iban a paso tranquilo.

Los que quedaron se miraron entre sí, salvo Rivaille que suspiró resignado entornando los ojos hacia el cielo ya despejado, y naranja, a esas horas.

Sin previo aviso, embistió desde atrás a la chica que caminaba con dificultad, la tomó de las piernas, abrazándolas con firmeza, y la levantó sobre sus hombros, sosteniendo ambas manos de la muchacha con su otra mano libre. Cargó a Mikasa como un cazador podría cargar a un jabalí atado de manos y patas por detrás de su cabeza.

¡OYE! ¿¡QUÉ HACES!? ¿¡SUÉLTAME!?

—Si opones resistencia, es peor.

¡BÁJAME, MALDITO, ENANO, ABUSADOR, OBSESIVO… PERVERTIDO! ¡BÀJAME AHORA Y NO LO LAMENTARÁS LUEGO! —descontroló su ira.

—Lloriquea lo que gustes, no puedes moverte ahora. —terminó como siempre con su semblante despreocupado.

¡Grrrrr! ¡Me las pagarás! —sonó más enojada.

—Sí, sí, ya me dijiste eso antes. Ya entendí.

Todos se volvían a ver el espectáculo, algunos soltaban sonoras carcajadas mientras que otros temían por sus vidas ante esa provocación. Pero algunos como Historia, no pudieron evitar sentir, el increíble dejo de tranquilidad y felicidad, que le provocaba esa sencillamente conmovedora y tierna escena.

To be continued…


Aunque no es muy propio de Mikasa levantar la voz, ni llamar demasiado la atención, ni ser escandalosa, y mucho menos tener actitudes, "tsunderes", por llamarlo de alguna forma, recurramos a su más profundo sentido común: por más fríos e inexpresivos que seamos, ¿Quién no reaccionaría así si lo levantaran como un costal de papas, o como un niño? (Y por alguien que consideras tu odioso e irritante archirrival xD).

Bien, de todas formas me disculpo si atente contra su valioso y sagrado, "NO AL OoC".

No me maten.

Nos leemos la próxima ;)