NA: Nuevo capítulo. No hay mucho más que decir. Exploro un poco más al personaje de Kotoko pero de verdad, saben perfectamente bien porqué estamos aquí.

caro: yep, se conocerán, probablemente en el próximo capítulo.

Paula: ¡Gracias! Aquí está la conti; espero que te guste :)

Advertencia: escena +18, aunque está casi al final del capítulo. Absténganse los débiles de corazón.


Cerezas Negras

Cuando termines

...

―¡Bienvenida a casa!

Apenas Jinko pone un pie dentro de su departamento, es asaltada con confetis y globos saltándole a la cara. La mujer tose, dispersando los papelitos con las manos mientras mira a sus dos mejores amigas con reproche, antes de girar los ojos hacia su novio, quien solo sonríe inocentemente.

―Estaremos ocupadas mis polainas… ¡así que por esto ni siquiera se dignaron a buscarme del aeropuerto!

―Oh, vamos, no te me vayas a enojar ahora― Satomi rueda los ojos mientras Kotoko ríe. Junpei, siempre atento, toma el equipaje de Jinko, llevándoselo consigo hasta su habitación, dejando a su novia sola para que pueda reunirse con sus amigas. Jinko salta hacia ellas, envolviéndolas en un fuerte abrazo.

―No estoy enojada, es solo que… cielos, ¡es la primera vez que piso Japón desde hace cuatro meses y ninguna de mis amigas estaba disponible para recibirme en el aeropuerto!, ¿qué más querían que sintiera?

―Lo sentimos Jinko, pero era parte de la sorpresa― Kotoko se disculpa, apenada. Jinko niega con la cabeza, separándose de ellas y enjugándose una pequeña lágrima.

―No, está bien, estoy muy feliz de que hagan esto por mí, y… pero, ¿dónde están Kin-chan y Chris? ¿Y Ryo?― pregunta, dándose cuenta de que ninguno de los tres está.

―Ryo está de viaje de negocios, mientras que la niñera de Chris y Kin-chan les canceló a último minuto― explica Satomi, abriéndose paso hacia la pequeña sala del departamento. Kotoko y Jinko la siguen, mientras que Junpei se les une al poco rato.

―Oh, es una lástima que no puedan estar.

―Te mandan muchos saludos― Kotoko dice mientras sirve un poco de gaseosa para cada uno. Ninguno es muy asiduo a la bebida, por lo que el refresco burbujeante es más que suficiente para ellos. Los cuatro se sientan alrededor de la mesa ratona de la sala, cubierta de bocadillos, y levantan sus vasos de plástico. ―¡Por Jinko y su retorno a casa!

―¡Por Jinko!― repiten Satomi y Junpei, para alegría de la joven. Toman de sus gaseosas y se hunden en una conversación amena, llena de risas y anécdotas.

―Entonces, dínoslo Jinko, ¿cómo estuvo el tour?

―Fue… maravilloso― suspira embelesada. ―Fuimos a tantas ciudades distintas, en diferentes países. Por supuesto, era pesado durante las noches de concierto, pero la energía antes de un show, la emoción vivida tras estos…

―Es la primera vez que trabajas como MUA de un ídolo profesional, ¿no? Debió haber sido mucho trabajo, prepararse adecuadamente para cada concierto― Kotoko piensa en voz alta, sorbiendo un poco más de su gaseosa.

―Sí, definitivamente lo es, pero como mi trabajo no requería que estuviera allí más que para maquillar y desmaquillar al cantante antes y después de cada concierto, tuve mucho tiempo libre para salir de turismo. ¡Oh! ¡Les traje muchos recuerdos! Los tengo todos en mi maleta así que…

Una hora pasa de esta manera, hasta que Junpei recibe una llamada de uno de sus compañeros de grupo. Disculpándose con las chicas, les dice que ha surgido un problema del que debe encargarse urgentemente, antes de tomar una chaqueta, sus llaves, y salir tras haberle dado un lánguido beso a su novia.

Una vez fuera, Jinko se apresura a sacar algo de la bolsa que lleva en sus manos, de la que anteriormente ha sacado varios tipos de recuerdos. Es una pequeña caja envuelta en satín, de color negro, que Satomi y Kotoko miran con curiosidad.

―Esto…― empieza Satomi.

―Podría ser…― continúa Kotoko.

Jinko les da una sonrisa, haciendo un gesto con su mano derecha, la v de victoria. ―Un anillo de compromiso. Planeo pedirle matrimonio a Junpei esta noche.

Satomi y Kotoko juntan sus manos, listas para gritar de alegría, pero antes de poder hacerlo las palabras de Jinko registran en sus mentes, y se detienen, pestañeando confusas y dirigiéndole a su amiga una mirada interrogadora.

―Espera, ¿o sea que Junpei no te ha pedido matrimonio?

―¿Se lo pedirás tú?

Las preguntas de sus amigas son esperadas, pero de todos modos Jinko no puede evitar sentirse un poquito decepcionada. ―Sí, se lo pediré yo. Encontré esta hermosa joyería en Hong Kong, y no pude resistirme al ver este anillo― abre la caja y se los muestra. Un simple anillo de oro, con inscripciones de notas musicales y un solo diamante pequeño en el centro.

―Es muy bonito…― dice Kotoko, su mano izquierda aferrándose a su camiseta, justo encima de su corazón, un dolor conocido, pero suavizado por los años, asentándose en su pecho.

―No sólo eso, pero concuerda tan bien con sus personalidades― agrega Satomi. Vuelve la vista hacia su amiga. ―Imagino que compraste uno idéntico para ti también, ¿no?

―Por supuesto. Son nuestros anillos de compromiso, después de todo.

―Felicidades Jinko, estoy tan feliz por ti― Kotoko abraza a su amiga, feliz por ella y este paso que dará. Satomi las acompaña unos segundos después. ―Junpei y tú han estado juntos desde la universidad, ¿no? Pensar que después de tantos años al fin podrán dar este paso, y no ser sólo pareja pero convertirse en la familia de cada uno…

―Kotoko…― Satomi y Jinko se separan, mirando a su amiga quien se enjuga las lágrimas.

―Ay, no me hagan caso, estoy un poco sentimental, eso es todo…

Las chicas se miran entre sí, comprendiendo el motivo de su angustia. Satomi suspira, antes de que una idea cruce su mente. Con una sonrisa maquiavélica que Jinko no puede descifrar, se acerca a su amiga pelirroja y con una mano en su hombro, susurra en su oído, pero lo suficientemente alto como para que Jinko la escuche de todos modos.

―Bueno, Jinko no es la única que tiene algo que contar, ¿no es así, mascota?

El rostro de Kotoko de repente se vuelve tan rojo que Jinko está sorprendida que no haya explotado aun. Mira de la una a la otra con confusión, mientras Kotoko se levanta y lanza un dedo acusador en dirección a Satomi, quien tan sólo ríe, divertida a expensas de su amiga.

―¡Satomi! ¡Basta! ¡Sabes perfectamente bien que se lo contaría a mi propio ritmo! ¿Por qué debes molestarme de esta manera? ¡Y prometiste que lo de mascota se quedaría entre nosotras!

―Oh, Kotoko, tú…― continúa riendo, mientras Kotoko no para de recriminarle y molestarse cada vez que Satomi ignora sus quejas y se ríe más y más. Jinko, al ver esto, frunce el ceño, cruzándose de brazos y dándoles una mirada de reproche.

―Hey, ya sé que esto es divertido y todo eso, pero me gustaría saber exactamente que está ocurriendo aquí. ¿Qué es esto de mascota? ¿Acaso entraron en una clase de relación prohibida? Satomi, espero sinceramente que por lo menos hayas tenido la cortesía de cortar con Ryo primero. Engañar no es bueno.

Esto para inmediatamente las risas de Satomi, quien se sonroja y se lanza contra Jinko de la misma manera que Kotoko hacia ella. ―¡No es así! Cielos, ¡¿qué rayos tienes en la cabeza?!

―¡Satomi y yo no somos pareja!

―Bueno, bueno, entonces explíquenme de una buena vez, ¿qué está sucediendo?

Con los rostros rojos y los labios en puchero, Satomi y Kotoko se miran la una a la otra, hasta que finalmente Kotoko lanza un suspiro y empieza a explicarle a Jinko exactamente lo que ha sucedido desde su ausencia en Japón.

Tras el relato, los ojos de Jinko están tan abiertos que parece que se le terminarán saliendo de las orbitas, mientras en sus mejillas se evidencia un pequeño tinte rosado. Mira a Kotoko con escepticismo, quien, a su vez, observa sus manos sobre su regazo esperando a lo que su amiga tenga por decir.

Finalmente, es una risa jocosa la que interrumpe el incómodo silencio.

―¡Rayos Kotoko! ¡Así que sí lo tenías dentro de ti!

―¡Es exactamente lo mismo que digo yo!― Satomi se une a su risa, causando que Kotoko frunza los labios, mirándolas la una a la otra con enojo.

―Me pregunto qué clase de imagen tienen de mí…

―Chica vainilla.

―Niña de veintiséis años.

Kotoko bufa, cruzándose de brazos y mirando al costado. Entiende hasta cierto punto de dónde vienen sus amigas. Inclusive en sus años de secundaria Kotoko siempre fue conocida por ser bastante torpe y hasta algo cabeza hueca. Pero la intimidad es un ámbito distinto, uno en dónde, normalmente, ella no se atreve a indagar mucho. Escucha las historias de Satomi y Jinko, sus aventuras antes y después de conocer a sus respectivos novios, pero durante mucho tiempo ella misma se negaba a compartir sus experiencias. Primero porque no las tenía, más tarde porque lo que compartía con él se sentía demasiado sagrado como para divulgar.

Pero esa clase de actitud no la lleva a ningún lado. Puede guardarse cosas como siempre ha hecho, sin necesidad de sentir pena o culpa, pues ella cuenta lo que quiere y lo que no. Pero lo que le pasa con Naoki es distinto. Nunca antes se había sentido tan… atraída por un hombre. Y, más allá de lo carnal, su relación no posee mucho más. Es totalmente inexperta en cuánto a estos temas se trata, por eso mismo buscó consejo en Satomi, y ahora en Jinko. Kotoko sabe perfectamente bien la clase de chica que es, lo que aparenta muchas veces concordando con lo que lleva dentro, pero el punto de salir con Naoki es eso. Cambiarse a sí misma, poner a prueba sus límites.

Siente que, de un modo u otro, hablar de esto con sus amigas es sólo un paso más que da para liberarse completamente de aquel ser que insiste en mantenerla atrapada, sola y desamparada desde aquel suceso de hace tres años y medio.

Así que, sin querer ofenderse de más, vuelve a mirarlas, abriendo la boca para continuar: ―Ni siquiera yo estoy del todo segura por qué acepté el trato, pero, ¿saben?, no es algo que pueda evitar. ¿Alguna vez se han sentido tan atraídas hacia alguien, que todo lo demás deja de tomar importancia? Y no estoy hablando de amor― niega cuando ve el rostro de confusión de sus amigas. ―Estoy hablando de atracción, lujuria, deseo… La primera vez que lo vi, fue como si fuera inevitablemente atraída hacia él. Pero no era mi corazón el que me guiaba, era… mi cuerpo. Como una especie de calor que nubla tus sentidos, que te mantiene en alerta, cada terminación nerviosa lista para saltar ante el mínimo movimiento suyo, hasta el momento en el que te das cuenta que está tan cerca, disponible sólo para ti y… jadeas, porque no hay forma en la que puedas librarte de esa sensación, no hasta que lo toques y te fundas con él.

Kotoko se muerde el labio, viendo como sus amigas se quedan pensativas. No espera a que ninguna diga nada, aquella no era su intención al empezar a contarles, pero siente que, al menos, debe explicar un poco por lo que está pasando. Quizás eso amonte a una pequeña porción de lo que necesitan para entender exactamente todo lo que está sintiendo.

―Es atracción pura. Nunca antes me había sentido de aquella manera con un hombre, ni siquiera con…― deja la frase al aire, sin encontrar la necesidad de elaborar. Satomi y Jinko saben de quien habla. ―Es… confuso, y pensé por un momento que quizás sería mejor ignorarlo. Pero no puedo. No quiero. ¿Por qué debería negarme lo que deseo? En especial cuando él también me desea con la misma intensidad. ¿De verdad creen que hubiera forma en la que podría negarme a un hombre que me ve de la misma manera que yo, como si el resto del mundo fuera a desaparecer tan sólo estando en sus brazos, justo cuando lo necesito?

No dicen nada. Kotoko mira sus manos, sin saber qué más añadir. Aunque desea escuchar sus opiniones al respecto, no se atreve a preguntar. Satomi sabe superficialmente lo que sucedió aquella primera noche en la que estuvo íntimamente con Naoki. A pesar de todo, no puede instarse a soltarse del todo. Hay cosas que desea todavía guardárselas.

―Sabes algo― finalmente es Jinko la que habla, relajándose en el piso, dejando su cuerpo caer hacia atrás siendo sujetada únicamente por sus manos apoyadas. ―No puedo decir que te entiendo del todo. Después de todo, el deseo para mí está mezclado con el amor. No logro imaginarme esa clase de atracción que mencionas sin sentimientos de por medio. Pero… has pasado por tanto Kotoko, creo yo, que si hay alguien aquí que merece esta oportunidad, definitivamente eres tú.

―Estoy de acuerdo con Jinko― Satomi asiente, apoyando sus antebrazos sobre la mesa ratona. ―Bueno, ya has hablado conmigo antes inclusive de aceptar el trato con Irie, así que conoces perfectamente mi opinión al respecto. Y después de aquella… sesión de la que me has comentado apenas algunos detalles, debo decir que mi resolución es aún más firme. Dime Kotoko, siquiera sin llegar a consumar el acto completo, ¿cómo te sentiste al hacerlo con Irie?

Kotoko se muerde el labio, pensando, y sorprendentemente, encontrando las palabras justas que necesita: ―Me sentí… suya. Naoki estaba en completo dominio de mí; sin dudas, sin retrasos. Más que nada me sentí… a salvo, de una manera en la que no me he sentido antes. Quizás sea aquella seriedad con la que hace todo, pero su presencia imponente no me causó malestar. Cómo decirlo… me sentí agradablemente débil, y nunca pensé que pudiera sentirme de aquella manera en una situación similar.

―Bueno, por lo que has contado tampoco han hecho nada que sea muy… duro― Jinko comenta, pensativa. ―No es por nada, pero el sexo oral es algo que todas hemos experimentado. Más allá de eso, si empieza a sacar juguetes extraños o querer atarte, ¿crees que puedas soportarlo?

―No soy una niña pequeña, por supuesto que podría. Sé perfectamente en lo que me metí al aceptar el trato― Kotoko responde secamente, ofendida de cierto modo que Jinko piense que no pueda adherirse a lo que ha prometido. ¿O la cree incapaz de aventurarse más allá?

―No es lo que quise decir…

―De cualquier modo, Naoki me ha demostrado perfectamente bien que no necesitamos juguetes o cualquier otra cosa para mantenernos… entretenidos…― aunque empezó con fuerza, lo último sale en un susurro, dándose cuenta que su voz se ha estado elevando demasiado mientras hablaba de eso.

Satomi ríe, cortando con la incomodidad, y le da unos cuantos manotazos en la espalda a Kotoko, quien casi se da de bruces contra la mesa por la fuerza utilizada. ―No te preocupes Kotoko, Jinko no te subestima, sólo está ansiosa escuchando de tus escapadas porque lo más arriesgado en su vida sexual es la posición de misionero. Pensar en algo más que eso la abruma.

―¡Resiento eso!

A pesar de lucir ofendida, Jinko sonríe, y así la tensión se disipa por completo. Satomi vuelve a mirarla, luciendo mucho más juguetona que antes. Esto no le da un buen presentimiento a Kotoko. ―Entonces… ¿cuándo volverás a verlo?

―…mañana por la noche…

―Más te vale que esta vez sí hagan algo más jugoso. Al menos deja que te de una o dos nalgadas…

―¡Satomi!

―Cierto Satomi, deberían seguir con algún juego de rol… ¿o quizás sería mejor si le permite atarla a la cama?

―¡Jinko!

La noche avanza, con sus dos amigas llenándola de ideas e imágenes que no necesita en ese momento. No si desea mirar a Naoki a la cara al día siguiente sin desmayarse.


La noche del jueves, Kotoko se haya concentrada pintando. Todas las pinturas que desea exponer el sábado han sido ya enviadas, y no tiene ningún pedido nuevo, por lo que ésta es sólo para calmar sus nervios y deshacerse de una imagen que la ha estado atormentando desde hace algunas noches.

―No, esto no está bien…― enojada al equivocarse por tercera vez consecutiva, lanza un suspiro y arranca el papel, arrugándolo con frustración y tirándolo a la basura. Mira el reloj y se da cuenta que Naoki debería estar llegando en cualquier momento, por lo que se dedica a ordenar sus cosas y limpiarse las manos, queriendo estar lista para cuando aparezca.

Está nerviosa, nuevamente, por la visita de aquel hombre. El recuerdo de su primera noche la asalta, y no pudiendo controlar el rubor de sus mejillas salpica un poco de agua en su rostro, buscando la forma de tranquilizarse. No debería ser para tanto, siendo que ya han compartido un momento tan íntimo una vez, ¿no? Y aun así, algo dentro de Kotoko revolotea, justo en la boca del estómago. Está nerviosa. No sabe lo que le espera para esta noche.

Justo cuando teme empezar a hiperventilar, el timbre suena. Con un respingo, cierra la canilla del agua y se seca las manos. Al llegar al recibidor, se detiene un momento junto al espejo decorativo que se haya en la pared junto a la puerta. Su cabello está bien, suelto como le gusta usarlo, y su simple vestido azul claro es lo suficientemente inocente como para que su mente maquine unas cuantas fantasías sucias con Naoki comentando sobre él.

Sacude la cabeza una vez el timbre suena otra vez, y abre la puerta, viendo al hombre que esperaba tras esta. Vestido con una sencilla camiseta polo y jeans azules, Kotoko levanta una ceja mientras se pone de costado, dejándolo entrar.

―¿Hoy no estás de traje?

―Salí temprano del trabajo, así que pude pasar por casa a cambiarme― explica, avanzando como si fuera el dueño del lugar. Kotoko se muerde el labio inferior, siguiéndolo hasta que lo ve quedarse parado en medio de su pequeña sala.

―¿Te gustaría algo de tomar?

―No, gracias. Estoy bien así― Kotoko asiente, pero antes de que pueda decir algo más, ve como los ojos de Naoki se posan sobre su brazo, una mueca divertida adornando sus masculinas facciones. ―¿Acaso interrumpí algo?

Kotoko pestañea, confusa, y Naoki señala su brazo. Cuando los ojos de Kotoko se dirigen allí, da un respingo al ver una mancha de acuarela por toda la longitud de su antebrazo. ¿Cuándo llegó eso ahí?

―Oh, no me di cuenta. A decir verdad antes de que llegaras estaba pintando… Debió habérseme pasado mientras me lavaba.

―Pintando… ¿tienes algún nuevo encargo?

Kotoko niega. ―Para nada. Lo hacía sólo por placer… aunque este sábado tendré una pequeña exposición en el museo metropolitano de arte. Mis obras serán exhibidas junto a las de otros varios artistas.

―Vaya, debes ser muy talentosa para tener tu propia exposición.

―Para nada― Kotoko dice con una risa, yendo a la cocina para lavarse el resto de acuarela, sintiendo como Naoki la sigue hasta allí. ―Y además no es solo mi exposición. Habrá otros artistas, ¿no te lo dije?

―De todos modos, no es poca cosa.

Kotoko asiente, secándose y volteando a verlo, apoyándose contra la mesada tras ella. ―Supongo que no.

―¿No me invitarías a tu exposición, por si acaso?

Aquello la toma totalmente por sorpresa. Lo ve con sus ojos grandes y confundidos, ladeando ligeramente la cabeza a un costado. ―No creí que te interesaría… además, ¿no sería raro vernos en otro ambiente que…?

―¿El sexual?― Kotoko siente sus mejillas arder, pero asiente. Naoki se encoge de hombros. ―Sólo porque nos estemos acostando no quiere decir que no podamos vernos de otra manera. Además, me encantaría ver alguna de tus obras en exposición. Por la forma en la que hablas de ellas, parece ser que te apasiona mucho.

―¡Me encanta!― ella exclama, olvidándose momentáneamente de su confusión anterior. ―Si quieres ir, la exposición empezará a partir de las siete de la noche, pero no hace falta que vayas si quieres ver alguna de mis pinturas― se aleja de la mesada y atraviesa el departamento, haciéndole gestos a Naoki para que la siga. ―Tengo varias en mi estudio. Lamentablemente están sin terminar, pero no me molestaría que les eches un ojo.

Al llegar al estudio, es recibida por pilas tras pilas de papeles desperdigados por el suelo y las paredes. Para Kotoko es un espectáculo común y corriente, pero puede ver que Naoki encuentra su desorden bastante interesante, si aquella elevación de cejas es alguna indicación. Dejando sus ojos vagar por todo el estudio, finalmente da con lo que estaba buscando.

―Aquí, estos son unos cuantos dibujos en los que he estado trabajando. No son la gran cosa, pero…― le pasa unos cuantos papeles que Naoki observa detenidamente. Lo invita a sentarse bajo la luz de una de sus lámparas de trabajo para que pueda apreciarlo mejor, y sale en dirección a la cocina, con la intención de preparar té para los dos.

Dejarlo solo en su estudio personal no le molesta. Sabe que Naoki es cuidadoso y respetuoso con las pertenencias ajenas, y hace tiempo ha dejado de darle vergüenza mostrar su trabajo a otros. De otra manera, nunca se atrevería a exponer sus obras en primer lugar. Aun así, hay algo un poco más íntimo ante la idea de dejar a Naoki libre albedrío en su lugar sagrado. Una pequeña corriente la recorre de pies a cabeza, preguntándose qué otra cosa suya estaría dispuesta a encargarle.

Justo cuando posa dos tazas en una bandeja, con el té humeante y listo para beber, oye los pasos de Naoki detrás de ella. Voltea para verlo de pie bajo el umbral de la puerta, todavía observando atentamente uno de los dibujos.

―No hacía falta que vinieras hasta aquí― Kotoko le dice, tomando la taza y entregándosela cuando lo ve sentarse a la mesa. Naoki se encoge de hombros.

―Tampoco hacía falta que me prepararas algo de tomar. De todos modos, no creí que fuera buena idea beber en tu lugar de trabajo. Algo podría caer y entonces todos tus dibujos estarían arruinados.

―Aunque es muy considerado de tu parte pensar eso, no tienes por qué preocuparte. Suelo beber e inclusive comer allí, cuando lo necesito.

―Igual, no me sentiría cómodo. Apagué la luz y dejé en su lugar el resto de los dibujos, pero traje este porque me llamó bastante la atención. ¿Quién es?

Kotoko levanta las cejas, dejando su taza en la mesada y acercándose. Cuando sus ojos se posan sobre el dibujo, una sonrisa triste toma posesión de su rostro.

―¿Él? Es sólo un niño que conocí una vez…

―No sabía que eras capaz de dibujar rostros humanos. Eres muy buena.

―Personas, paisajes, objetos… me gusta dibujar de todo, aunque si me preguntas, los rostros son una especialidad mía― observa por unos segundos a Naoki, sus ojos pensativos mientras una idea loca comienza a formarse en su mente. Pero antes de que pueda siquiera abrir la boca para consultar su opinión al respecto, Naoki habla, dejándola momentáneamente callada.

―Cuando te veo a los ojos, y veo tu trabajo, no puedo evitar pensar en lo hermoso que ha de ser, hacer algo que te apasiona con tanta intensidad. ¿Alguna vez tuviste dudas sobre lo que querrías hacer en el futuro, cuando eras una estudiante de preparatoria? ¿Supiste siempre que este sería tu camino, o lo fuiste descubriendo de a poco? ¿Qué fue lo que te motivó a convertirte en artista?

Las preguntas, aunque hechas con un tono de leve curiosidad, son cargadas. Kotoko puede sentir un cierto peso, una profundidad a ellas diferente al frente que Naoki pretende mostrar. Cómo si necesitara realmente saber las respuestas a esas preguntas. Cómo si se las hubiera hecho un millar de veces, sin obtener respuesta. Sin pretenderlo, algo en el fondo de su mente susurra una idea, una pequeña revelación que no tiene lugar allí. Quizás, sólo quizás, el conocido genio, el hombre de negocios más importante de todo Japón, no está del todo contento con su elección de vida. Quizás, Irie Naoki se arrepiente de la carrera que ha elegido. Del lugar en dónde está parado.

Es una idea que permanece por unos ineludibles segundos rondando, hasta que finalmente Kotoko la empuja bien, bien lejos del presente, concentrándose en su lugar en el Naoki actual, no en el que su mente ha creado, basado en la pequeña suposición que va cobrando fuerzas a pesar de sus intentos por detenerla.

―Cuando terminé la preparatoria, no tenía idea de lo que quería hacer con mi vida. Sabía, sin embargo, que deseaba asistir a la universidad. Nunca fui una buena alumna― ríe un poco ante el recuerdo de horas y horas de estudio, y resultados catastróficos a pesar de todo su esfuerzo, esta vez pudiendo verlos con mayor humor y afecto, en lugar de la desesperación del momento. ―Cuando logré ingresar a la universidad estaba muy feliz, casi no pensé en lo que debería hacer tras eso. Terminé inscribiéndome a un montón de cursos innecesarios sólo porque quería probarlos… y fallando horrorosamente en la mayoría de ellos.

Casi puede verlo otra vez. La clase F de la universidad, así los llamaban. Recuerda el grito de desesperación de Jinko al no poder escapar nunca del estigma acarreado desde sus años de secundaria, y a Satomi advirtiéndole que no podría con todo, al ver la cantidad de materias que llevaba.

―El primer año fue una pérdida de tiempo, por ponerlo suave. Mi padre casi me mata al ver la cantidad de marcas rojas en mis exámenes. ¡La universidad no es un juego! Me había dicho mientras agitaba aquel cucharón de cocina que siempre lleva a todas partes. Durante mi segundo año me había decidido, había pasado el momento de experimentar, necesitaba algo que me gustara realmente, algo en lo que pudiera trabajar y disfrutar haciendo el resto de mi vida. Pasé la tentación de inscribirme a un montón de materias que no darían ningún fruto, y en lugar de eso me concentré en mis fuertes: arte y relaciones públicas.

En esta parte Kotoko vuelve a vacilar. Fue alrededor del segundo año de universidad que lo conoció. Un nuevo estudiante en la facultad de leyes, su encuentro había sido de lo más cliché: chocando al doblar en una esquina, mientras corría porque llegaría tarde a su primera clase de relaciones públicas. Se pregunta, hasta ahora, si fue el destino lo que los llevó a conocerse, o si fue simplemente azar. De cualquier manera, está en el pasado ya.

―Por motivos que no diré, llegué tarde a mi primera clase de relaciones públicas, y el profesor no me dejó entrar. La que seguía después de esa era introducción al arte. La verdad es que no sé qué estaba pensando exactamente al inscribirme a arte, y muchos menos cuando pensé que tenía alguna clase de talento para ello, pero me gustó, mucho más de lo que creí, y pensé, realmente podría hacer esto por el resto de mi vida. Por supuesto terminé fallando nuevamente y repitiendo el primer año, pero esa vez estaba segura, me quedaría. Así que si me preguntas que fue lo que me llevó a querer convertirme en artista, fue justamente esto: mi determinación y el sentido de pertenencia al hacer algo en lo que quizás no seas del todo bueno, pero que te llena. Quizás si hubiera llegado a tiempo a aquella primera clase hubiera seguido un camino distinto, quizás no, pero de lo único que sé, es que no me arrepiento de lo que he elegido… aunque me haya tomado años descubrirlo.

Naoki asiente, pensando intensamente en todo lo que ha dicho. Lo que no ha comentado, sin embargo, es que hubo un motivo extra tras su preferencia por el arte: él le había dicho, con una sonrisa en los labios mientras compartían un café, como disculpa por hacerla llegar tarde a clases que, ¡tienes cara de artista, de seguro serás muy buena si pones tu mente en ello!

Sacude la cabeza al querer deshacerse de aquellos recuerdos, que aunque buenos, no hacen más que clavar la espina del dolor y el remordimiento en su pecho un poco más cada vez que son revividos. En lugar de eso, se aclara la garganta, volviendo a llamar la atención de Naoki, y habla.

―¿Y tú Naoki? ¿Cuál es tu pasión? ¿Cómo supiste que querías continuar con el negocio de tu padre?

Sabe que hizo las preguntas incorrectas cuando el rostro de Naoki se ensombrece, pero antes de que pueda disculparse, antes de que pueda siquiera abrir la boca para intentar excusarse, el hombre se levanta de su asiento, el dibujo y la taza de té olvidados en la mesa, y camina directamente hacia ella, acorralándola contra la mesada, sus manos a ambos lados de su cuerpo, su rostro ladeado hacia abajo, su penetrante mirada gris atrapando la achocolatada de ella.

―Aquí el que hace las preguntas soy yo, Kotoko, ¿o acaso lo has olvidado?

―No, yo… quiero decir, tan sólo quería saber…

―Silencio. Vamos a tu habitación. Estoy de humor para jugar.

Kotoko traga saliva, pero asiente, dándose cuenta que la hora de hablar se ha acabado. Parte de ella se resiste. No es justo que ella haya debido contar tanto sobre sí misma cuando él se niega tan fervientemente a contestar aunque sea una de sus preguntas, pero otra se burla. Por supuesto él no está obligado a contarle nada, y si vamos al caso, ella ha decidido por su cuenta responderle, y ni siquiera completamente. Hay muchas cosas que se guarda, y es con esa garantía que se deja guiar, las manos de Naoki recorriendo su cuerpo y sus labios dejando un camino ardiente por su cuello, hasta su cuarto.

―Voltéate― ordena Naoki. Kotoko asiente, haciendo lo que le ordena sin rechistar. No tarda en sentir sus manos, recorriéndola lentamente desde sus muslos, recogiendo el vestido, hasta sus caderas, su cintura, sus pechos, dejando caer la tela nuevamente cuando llega a sus hombros. ―Dime Kotoko, ¿te has tocado desde la última vez que nos vimos?

Kotoko niega, pero no sintiéndolo suficiente, dice: ―No señor.

―Perfecto― su voz está llena de aprobación, y eso hace que el pecho de Kotoko se llene de orgullo. Es lindo, ser halagada aunque sea de esta forma. Naoki toma el cierre de su vestido, que se encuentra al costado derecho de éste, y lo baja, después, con sus manos empuja los tirantes y el vestido cae, hecho un ovillo en el suelo. ―Así que no usabas nada debajo…― sus dedos juegan con sus pequeños pechos. Kotoko tiembla, al sentirlo rodando sus pezones con los pulgares. ―¿Era por mí?

―Pues… el vestido no lo necesita, así que…

Naoki ríe, cortándola. Lo siente negar con la cabeza. ―Ve, recuéstate en la cama. ―La suelta. Kotoko de inmediato extraña su tacto. Cuando está completamente acomodada, Naoki se sube sobre ella, y no puede evitar notar que su camiseta no está en ningún lugar a la vista. Verlo así, por primera vez, es abrumante. Emana poder, control. Los dedos de sus pies se curvan con anticipación.

La toca en el cuello, siguiendo un camino descendente por los hombros, pasando de largo sus pechos para ajustar sus manos en su cintura, su cadera, hasta tomar uno de los tirantes de sus bragas y tirarlo hacia adelante, atrapando aquella parte sensible de su cuerpo entre el algodón. Kotoko aguanta la respiración, mientras Naoki sigue tironeando de adelante hacia atrás, creando fricción que, aunque es un poco incomoda, la mantiene en alerta, atenta a cada uno de sus movimientos.

―Naoki…

―Me lo he estado preguntando, pero, ¿qué clase de ropa interior te gusta? Hasta ahora te he visto sólo con algodón, pero puedo totalmente verte con algo de encaje.

―I…Importa… ¿eso?

―No realmente.

Sin decir nada más, reclama sus labios con los suyos, el beso tan sensual como Kotoko lo recuerda. Aunque duda un poco al principio, finalmente termina enroscando sus brazos en su cuello, atrayéndolo más a ella mientras Naoki continúa jugando con ella, sin tocarla pero construyendo aquel impulso que va creciendo poco a poco en su centro, mandando señales al resto de su cuerpo, más y más hasta que puede sentirlo, poseyendo cada parte de sí, entumeciendo sus músculos y su mente para así por fin…

Se detiene. Kotoko casi grita de impotencia cuando Naoki para de moverse, pero el muy infeliz tan sólo ríe, disfrutando de su frustración, y se aleja, tomando sus bragas y tironeándolas hacia abajo, hasta que éstas terminan a un costado de la cama, olvidadas.

―Conmemorando nuestra primera vez, me gustaría mostrarte mi posición favorita. ¿Qué dices?

¿De verdad le está dando una opción o sólo pregunta por cortesía? Sin querer pensar de más en ello, asiente, y ve como el hombre toma unas cuántas almohadas y le pide que eleve su pelvis. Coloca las almohadas bajo su espalda baja, manteniendo sus caderas al aire, haciéndole pestañear ante lo extraño de esto. ¿Qué clase de posición es esta?

―Verás que te gusta, no te preocupes y solo siente― Naoki le dice al ver la inseguridad en su rostro. Empieza a quitarse los pantalones y Kotoko mira al techo, tontamente queriendo darle privacidad cuando el hombre ya ha visto cada recóndito recoveco de su cuerpo. Se recuerda una vez más que ha decidido poner su cuerpo en manos de este hombre, al menos por los siguientes tres meses, y asiente. Cierra los ojos cuando lo siente acomodarse en su entrada.

Es así. Esta es su primera vez. La primera vez de los dos, el uno con el otro. De repente Kotoko siente miedo. Tres años y medio sin el toque de un hombre. ¿Le dolerá de nuevo? Una parte de ella teme que sea así, pero otra, más grande, siente el aire fresco contra su húmeda piel, y un anhelo se crea en su pecho. Recuerda como la ha cuidado la vez anterior, y aquel anhelo se convierte en un ferviente deseo. Naoki le advierte que va a entrar, y antes de poder arrepentirse de nada, Kotoko se obliga a relajarse.

La primera intrusión es incomoda y algo dolorosa. Hace una mueca que Naoki ve, por lo que se toma más tiempo, lo hace más lento. Pero el dolor pasa, y pronto tan sólo lo siente a él, llenándola, a él con sus brazos a cada lado de su cabeza, poseyéndola, a él, con su frente contra la propia, besándole suavemente los labios, cuidándola.

―Maldición… sabía que sería así…

Kotoko abre los ojos, y ve su rostro perlado en sudor a pesar del clima frío. Levanta su mano derecha y le toca la mejilla, y con eso le da permiso de moverse. La primera estocada es lenta, liberando todo el aire de sus pulmones al sentirlo tocando fondo, la segunda es un poco más rápida, la tercera ya no tiene dudas, y para la cuarta Kotoko ya se encuentra gimiendo, sintiéndolo golpeando contra ese punto justo.

Ahora entiende el motivo de tantas almohadas.

Se aferra a sus hombros, mientras Naoki la besa, en los labios, en las mejillas, en su quijada, en los hombros, hasta que su rostro termina ocultándose en la unión entre su cuello y hombro izquierdo. La intensidad con la que la hace suya libera un nuevo tipo de dolor en su corazón. El dolor de sentirse de alguien, de sentir como, otra vez, sucumbe ante un hombre.

Debido a la posición, Kotoko no sabe cuánto tiempo más puede durar. Le hace saber a Naoki que su final se haya cerca, y éste la anima aumentando la dureza de sus estocadas, el ritmo. Antes de que pueda pensar en nada más, antes de que pueda comparar la actividad y al hombre que se lo hace con otro del pasado, todo alrededor de ella estalla, y ve estrellas tras sus ojos, y siente que el mundo muere y revive alrededor de ella, una y otra vez.

Naoki termina poco después, y se deja caer sobre ella, acariciando su cuerpo y susurrando palabras dulces en sus oídos. Kotoko suspira, volteando y tomándolo en sus brazos, aceptando no sólo su cuidado sino también queriendo darle el suyo propio. Es tomada por sorpresa cuando Naoki la aleja.

―No es necesario que cuides de mí― le dice en tono serio. Kotoko quiere protestar, pero antes de que pueda hacerlo Naoki se levanta. Camina desnudo hasta su puerta y Kotoko siente las mejillas arder, pero no aparta la mirada de su trasero. Una chica puede darse el gusto de vez en cuando, ¿no? ―Traeré tu té, ¿puedo usar tu microondas? A estas alturas ya ha de estar frío.

―Yo…― se aclara la garganta cuando el hombre voltea a verla, una sonrisita de suficiencia adornando sus facciones. Kotoko mira al piso. ―Está bien. No te olvides de tu taza, ¿sí?

Naoki asiente, y continúa su camino. Se detiene de pronto, volviendo a llamar la atención de la mujer. ―Ah, ¿y Kotoko? Todavía estamos empezando, así que esto es lo más suave que tengo en mi repertorio. Cuando vuelva, continuaremos con algo un poco más fuerte, ¿crees que puedas soportarlo?

Hay un desafío implícito en su tono, pero también hay diversión, la promesa de sucias y divertidas travesuras. Kotoko traga, pero asiente, firme y decidida a seguir con su elección hasta el final. Naoki sonríe, y sin decir nada más, sale de la habitación. Kotoko se deja caer sobre el colchón, soltando un enorme suspiro.

Irie Naoki… qué hombre tan extraño… ahora que su cuerpo ya no puede distraerla, Kotoko vuelve a recordar la conversación en la cocina, el cómo tan abruptamente había cortado su curiosidad y llenado el espacio con anticipación y deseo… casi como si se tratara de una táctica de evitación. No sólo eso, pero también recuerda el cómo hasta hace unos minutos rechazó completamente su tacto. Cómo si no pudiera soportarlo. Casi como… si no deseara sentirse cuidado. Cómo si el hecho de que lo cuidara fuera equivalente a tenerle lástima, ¿o estoy exagerando?

Acaso… ¿hay algo más en todo esto? ¿Por qué sigues este estilo de vida, Irie Naoki?

Por primera vez desde que se conocen, Kotoko se pregunta si no habrá algo más tras su elección por el BDSM que simple gusto personal.


NA: Creo yo que hacía falta esta escena con Satomi y Jinko, ¿no? En el anime, me hallo muchas veces frustrada porque Kotoko casi nunca recurre a ellas cuando se trata de Irie, contadas son las ocasiones en las que busca consejo con ellas (claro que, considerando algunas cosas que hacen, como colgar en el boletín de informes un anuncio de que los dos viven juntos para que toda la escuela se entere es, pues...) pero aquí son todas adultas, o tanto como pueden ser, así que creo que aunque sea debería poder hacer esto, ¿no? Digo, considerando que son sus mejores amigas y todo eso...

El capítulo es mucho más largo de lo usual justamente por eso, pero no se acostumbren, que quisiera mantener los capítulos un poco más cortos si es posible. Y creo yo que todas ya pueden empezar a hacerse una idea del pasado de Kotoko a estas alturas. ¿no? Bueno, nos veremos para la próxima. ¡Besos!