He creado un océano, para que me aleje.

Sí, definitivamente la había visto antes. La recordaba bien, no era la misma joven que conoció ese día ya hace muchos años, pero era fácil de reconocer. Shiny Chariot, la bruja que alegraba el corazón de todos los que iban a su espectáculo. Claro, no es que la conociera de ahí. Justamente, la ultima vez que la vio fue el día de su desaparición.

Mas no era el momento de recordar, era el momento de actuar.

Las otras brujas no estaban, así que supuso que ya habrían huido. Ella se quedó a propósito, o quizás por otra razón que no comprendía. Se quedaron un rato viéndose mutuamente, oyendo el ruido de las sirenas y helicópteros acercándose. No iba a permitir que lo atrapasen tan rápido, tenia que actuar ahora, y encargarse de ella de una buena vez.

No era el único que tenia esa idea. La bruja vestía de forma distinta, ya no llevaba ese traje con la que la vio al principio cuando llego a la azotea, usaba una especie de uniforme que la hacia verse más ágil, sin esa gran falda que parecía un caldero.

Rápidamente, ambos sacaron sus respectivas armas. Chariot de su cinturón, y el asesino de su chaleco. La bruja entono rápidamente unas palabras que no fue capaz de entender por el sonido del disparo saliendo de su cañón. El trayecto del hechizo y la bala se cruzaron, ambos sin interferir con el otro, y con la misma velocidad.

Fácilmente el sicario inclinó su torso un poco para evitar el rayo que venia en su rostro, era muy sencillo hacerlo cuando veías una luz centelleante yendo hacia ti. Esperaba que solo una bala fuese necesaria para acabar con la pelirroja, quedó sorprendido por segunda vez. La velocidad del proyectil no fue suficiente para terminar de realizar su trabajo, Chariot acababa de arquear su espalda hacia atrás, esquivándola y quedando en esa posición por largo tiempo mostrando gran flexibilidad. Volvió a erguirse y mirar directamente a los ojos al sicario. Lo retaba.

No iba a dejarse verse humillado por ella. Con rapidez levantó su arma y siguió disparando. La bruja pegó un gran salto hacia atrás y antes de caer sobre su rostro apoyó sus manos en el suelo quedando de pie de nuevo, repitiendo el proceso una y otra vez, evitando cada bala del sicario.

Con cada bala que disparaba, el monstruo se acercaba un paso más adelante para mejorar sus posibilidades de acertar. Comenzaba a enojarse. Esquivaba todas y cada una de ellas, no paraba de esquivar y cambiar el patrón. Algunas veces se detenía y se movía con extrema rapidez de un lado a otro, hasta que finalmente sucedió lo que tenia que pasar. Las balas se agotaron.

Rabia traído varios cargadores, no tenia sentido desperdiciarlos y perder el tiempo en alguien escurridizo. Así que tenia que hacerlo al estilo antiguo. Guardó el arma y se acercó a ella en tono amenazante. Chariot se percató de que un puño derecho venia con toda mala intención a su rostro. Justo como había planeado.

Alejándome de las buenas cosas, y un Dios que era real.

-¡Debemos volver! ¡Por favor! ¡No podemos dejarla! —Akko exigía que regresasen, no quería dejar sola Chariot. Sabia de que corrían un gran peligro si regresaban, no le importaba, quería estar con ella, no podía dejarla. No iba a dejarla morir. Diana, la bruja con la cual compartía la escoba mientras volaban, no respondía ni se volteaba a mirar a Akko. Solo se quedaba en silencio sin contestar los reclamos que esta soltaba— ¡Volvamos! ¡Si nos apoyamos entre todas quizás...!

Volteó a ver a sus compañeras brujas, esperando algún tipo de apoyo departe de ellas. Pero solo se dedicaron a intercambiar miradas, sin decirle nada. Se sorprendía de que ni siquiera Lotte y Sucy la apoyaban esta vez. No podía creer que nadie estuviera dispuesta a arriesgarse para salvar a su maestra, a aquella que tanto las había ayudado en el pasado, y darle la espalda.

Ya habían pasado por grandes peligros antes, podían superar este, si trabajaban todas juntas podían hacerlo. Tal y como detuvieron el misil. Pero no era tan simple. Akko estaba tan centrada en regresar que no se daba cuenta de una cosa. No era el peligro que correrían si es que volvían para enfrentar al asesino, no eran las heridas o perdidas que podrían tener si es que el malnacido las veía venir.

-Akko... —La voz de Diana se oía diferente, esperaba un grito de reclamo, o una voz autoritaria que le dijera que se callase. Había olvidado todo lo que su amiga perdió en esos días, y no estaba dispuesta a perder más. Su voz se quebró. No quería ser egoísta, solo estaba pensando en la seguridad de su maestra, y no en la suya o la de sus compañeras. Tenían miedo, todas, y por eso habían hecho caso a la indicación de Chariot. Sabían que estaba mal, que no podían cometer tal acto de abandono, mas el miedo que invadía su corazón era superior a su valentía.

Cuando fueron a enfrentar al dragón que se robó la piedra filosofal no temieron, cuando la cacería de fantasmas se salio de control no le tuvieron temor a los monstruos que ahí aparecieron, cuando el misil amenazó con iniciar una guerra fueron las primeras en intentar detenerlo. Y no podían parar a un simple humano.

Un humano que no tenia magia, habilidades con la escoba, sueños que cumplir, venenos poderosos, habilidad de comunicarse con las hadas, conocimiento en la tecnología, un linaje importante, un apetito voraz, nada. Solo una cosa, una cosa más grande que ellas, una cosa que lo ayudaría a cumplir su objetivo, no importa si era malo o bueno: Tenia voluntad.

Una voluntad capaz de acabar con cientos de brujas, usando solo la cabeza, adelantándose a los hechos, usando la discreción. Una simple persona con voluntad. Akko estuvo tan preocupada por lo que le pudiera suceder a las otras, que no tuvo tiempo de tener miedo.

Diana sintió como es que su escoba se tambaleaba un poco, no era ella quien temblaba.

El plan ahora era volar hasta Appleton, Diana poseía una idea que era capaz de terminar con el cazador de brujas, solo tenia que llegar hasta allá. No era el momento de entrar en detalles, no solo porque no había tiempo, sino porque eso solo haría ver a la situación peor de lo que ya era, si es que podía empeorar más.

La magia podría agotarse en cualquier momento, no era prudente detenerse, seguirían avanzando todo lo posible, y si es que se agotaba por completo, irían a pie.

Nadie dijo una palabra, ni siquiera Akko que dejó de protestar cuando Diana la llamó por su nombre. No podían decir nada, ni siquiera "lo siento", pues era algo que ya todas sabían.

Lotte sentía un frió recorrer todo su cuerpo, sobretodo las piernas. Aun tenia esperanzas de que todo fuese un sueño, una pesadilla, de que haya bebido un veneno de Sucy que la ayude a delirar, pues por más que atraparan al matón, las cosas no volverían a ser como antes. No soportaría volver al lugar donde cientos de brujas no volverían a ver la magia de nuevo, gracias a ellas. Todo se debía a ellas. Sí se hubiesen entregado, si tan solo hubiera acabado con todas ellas a su primer intento, quizás las otras no hubieran muerto. Algunas estaban vivas, aquellas que consiguieron salir de la ciudad por medio de la LeyLine, estaba segura de que no volverían a Luna Nova. Sacudió la cabeza intentando sacarse esa horrible idea de la cabeza, creer que les hubiera deparado algo mejor si morían en vez de las otras... No podía pensar en eso ahora, tenia que centrarse, como lo hacían las otras. O al menos fingir que podía llevar la situación.

Sobrevolaban un bosque espeso, atravesarlo y llegar hacia Appleton debería ser una tarea fácil, se encontraban tan cerca.

Sucy reconoció el lugar, o algo así. No es que hubiera visitado el sitio antes, leyó una nota en el periódico en el hotel, donde según este decía que se encontraba un hospital psiquiátrico abandonado. Quizás, cuando todo se solucione, podía dar un vistazo. Tampoco quería guardar falsas esperanzas, la Academia pasaría por muchos problemas cuando todo esto terminase. Probablemente el alumnado baje masivamente, dejándolos en bancarrota, y obligandolos a cerrar, si es que la policía local no decide cerrar el lugar primero. No es que deseara abandonar Luna Nova, no tenia muchas opciones de todas formas, solo se preparaba para lo peor. Ya no tendría razón para quedarse en Inglaterra si no podía aprender más acerca de la magia. En el mejor de los casos, estaba segura de que las otras abandonarían la Academia, solo por el alto riesgo que se corría ahí y que ahora sabían. No quería que nada malo pasase, no quería quedarse sola de nuevo. No tenia padres, familiares, solo amigos. Y ese asesino a sueldo se los estaba arrebatando. La impotencia que sentía no la ayudaba en nada.

Algo le rozó el cabello, escuchó como un mosquito super rápido paso a toda velocidad junto a su oreja.

Amanda podía notar como es que descendían poco a poco, si se daban prisa, quizás la magia duraría hasta que salieran del espeso bosque. No quería perderse allá abajo, les tomaría más tiempo salir que llegar a Appleton. Aun si se apuraran, tendrían que recorrer un largo camino a pie, confiaba en que el matón haya sido arrestado por la policía, o retenerlo y ganar algo de tiempo. Aunque no decía nada, también había odiado dejar a Chariot detrás. Odiaba tener tanto miedo de un simple humano normal, no podía aceptarlo. Era prácticamente imposible que alguien como él causara un impactó tan grande en aquellas que cambiaron el mundo. No hallaba explicación alguna de como es que pudieron dejarse eliminar por un loco como él. A la primera oportunidad que tenga, le haría daño... o algo peor.

Algo arranco una pequeña parte de la zona delantera de su escoba, como si hubieran arrojado un proyectil con tanta velocidad que era capaz de romper madera. Un proyectil.

Un proyectil de metal.

Una bala.

Les estaban disparando. Diana se percató de la situación al girar la cabeza y oír el crujido de un pedazo de madera partiéndose, encontrándose con una sorprendida Amanda como ella cruzando miradas. Sabían lo que sucedía.

-¡Separense! —Ordenó Diana, quizás un poco tarde. Un disparo preciso obligo atravesó el mínimo espacio que había entre Diana y Akko, partiendo la escoba a la mitad. Los reflejos de Amanda y Lotte funcionaron al instante, tomando de las manos a Diana y Akko, una a cada una respectivamente. Sucy intentó ver de donde provenían los disparos, notó que los proyectiles salían del bosque, probablemente de alguien que ya conocían. Saco una pócima de su cinturón, su plan original era esparcirla por el aire, pues liberaría una gran nube de humo que las ayudaría a camuflarse, pero cuando la tenia en la mano y abría la tapa de su poción, una bala se adelanto a sus intenciones, impactando en el frasco de vidrio y generando una pequeña explosión.

Hasta que tomó mi luz de sol.

No logró impactar ni un solo golpe en todo el tiempo que estuvieron peleando el uno contra el otro. Solo se limitaba a recibir patadas en el rostro, en el estomago, en las piernas, gracias a las estúpidas acrobacias que realizaba aquella mujer que conoció hace años. Ya estaba harto de ser arrinconado contra la pared, cubriéndose siempre con los brazos intentando reducir los fuertes golpes de esa bruja. Se sentía humillado y miserable, ya había gastado todas las balas de su pistola y podía escuchar como es que las sirenas de las patrullas de policías al pie del edificio, su único acceso y salida. ¿Como es que estaba permitiendo que la mujer pelirroja lo estuviera acabando, a él, un asesino a sangre fría? Tenia que actuar ya, no era aceptable ser atrapado por las autoridades del lugar.

Así que ejecutó lo que siempre funciona: El Plan B.

Vio como es que un derechazo de la mujer se dirigía a su rostro, consiguió agacharse a tiempo y contraatacar de la misma forma que su rival. Ella arqueó su espalda hacia atrás dejando pasar el amenazante ataque, pero no se esperó recibir un golpe certero en todo su rostro con la izquierda del asesino sin nombre. Un poco desorbitada, el matón logró aprovechar el momento para sujetarla de los cabellos con su brazo izquierdo y cambiar de lugar con ella, estrelló su frente contra la pared, con la mayor fuerza que pudo. El golpe no bastó para acabarla, solo empeoró su dolor y confusión. Quiso repetir la dosis, mas Chariot estuvo preparada esta vez. Apoyó su pie derecho contra el muro, soportando el empuje, y con un codazo de su brazo izquierdo en el estomago de la amenaza, consiguió liberarse. El sujeto la soltó y retrocedió unos pasos, Chariot era quien podía aprovechar ahora. Pegó un pequeño brinco y apoyó su pie derecho contra la pared, impulsándose hacia atrás y girando hacia la derecha para impactar con una patada potente en toda la cara. No era una victima fácil de derribar.

Él cayó arrodillado, tambaleante, casi derrotado. Cuando levantó la vista, pudo hallar a la misma mujer, con mínimos rasguños en el cuerpo y rostro, apuntándole con la varita a solo unos cuantos milímetros de él. Cruzaron miradas por bastante tiempo, sin decir palabra.

No era necesario, ambos sabían bien lo que él otro pensaba. Compartían algo: La mirada fría sin sentimientos, dispuestos a cometer lo que sea con tal de cumplir su objetivo.

-No te muevas... —Le amenazó. Ya había sentido el impacto de un proyectil así antes, sabia que se arrepentiría de volver a recibir otro. Pero no era ni un tonto. Chariot ya había usado un ataque de magia antes, y sabia bien lo que eso significaba. Las había estudiado por días, y descubrió que no podían usar magia fuera del rango de la piedra filosofal.

Agachó la cabeza, dando muestra de rendición. Chariot ahora solo debía esperar a que la policía llegase, los oía muy cerca, pues sus pasos sobre la escalera de caminó hacia la azotea ya se podían oír.

El Plan B siempre funciona.

El hombre no agachó la cabeza en señal de rendición, sino todo lo contrario. Era un ataque. Saltó desde la postura en la que se encontraba, impulsándose con las manos sobre el suelo y las piernas. Dicen que el musculo más pesado del ser humano es la cabeza.

El golpe impactó en el torso de Chariot, quitandole casi todo el aire al instante, y a retorcijarse arrodillada en el suelo. No parecía ser la única afectada, pues el atacante se veía un poco adolorido. Ambos arrodillados, uno al lado del otro, tenían una misma idea. Solo que aquel que la ejecutó más rápido fue él que sentía menos dolor.

Un segundo golpe en rostro derribo a Chariot en el suelo, aun sin ser noqueada. La pelea agotó a los dos contrincantes, pues jadeaban intentando recuperarse. La policía se acercaba, solo necesitaban unos segundos más para terminar con esta pesadilla.

El sicario agradeció a su prudencia, pues podía prevenir que algo así podría pasar. Visitó nuevamente esa tienda de artilugios mágicos antes de llegar al hotel.

Sacó de su bolsillo dos nueces, pequeñas nueces. No sabia como funcionaban, solo esperaba que las estuviese usando correctamente. Abrió ambas exprimiendo una en cada mano, y arrojándolas debajo de él y Chariot. Esta ultima conocía bien lo que era eso, y se espantó, al saber que todo había sido en vano.

La puerta de la azotea se abrió, con hombres armados hasta los dientes, apuntando en todas las direcciones con grandes armas de alto calibre. No encontraron nada, ni a nadie, solo un montón de casquillos y balas sueltas por el suelo.

Soy el secuestrador por las noches, soy una padre abusivo por las mañanas, soy un relámpago en las tormentas, soy aquel que disfruta de tu sufrimiento.

La cabeza le dolía un poco. Cuando abrió los ojos, pudo ver un techo de madera, con un gran hoyo encima. En primer lugar, ni siquiera sabia en donde estaba. Parecía una cama, pues era suave. Se levantó y miró a su alrededor, encontrando una escena algo extraña y rara. Era una especie de habitación con varias camas, una separada a una distancia separada de la otra, habían como unas 6. Las paredes de madera estaban cubiertas de polvo y el lugar donde se suponen iban las ventanas fueron selladas con tablones de madera, algunos estaban regados por el suelo, aunque parecía haber sido recientemente. Lo más notorio era un gran hoyo en la pared que daba la vista al exterior mostrando el panorama completo del bosque que sobrevolaban hace algunos segundos, algo grande debió haberlo causado. Sus demás compañeras también estaban ubicadas en otras camas, quizás tan confundidas como ella. A excepción de Amanda, quien se quejaba de que Constanze y Jasminka no se quitaran de encima de ella.

-¿Que? ¿Donde estamos?

Preguntó, mirando a sus otras compañeras.

-Caímos, pero no fue un impacto duro, creo que fue sobre un edificio. Es extraño, no debería haber nada aquí. —Diana inspeccionaba el hueco en el techo ya de pie, clara muestra de que lo habían atravesado con brutalidad. Tenía su mano en el mentón, pensativa.

-A quien le importa donde estemos, tenemos que salir de aquí. —Exclamó Amanda, malhumorada. Creía ser la única que recordaba que estaban siendo perseguidos por un asesino.

-No, Amanda. Si él nos sigue persiguiendo, creo que seria una mejor idea ocultarse aquí. Sé que es un riesgo, pero no podemos enfrentarlo en la espesura del bosque. —Diana tenia razón, y la estadounidese lo sabia. Solo suspiró, resignada.

-¿Estamos lejos de Appleton? —Preguntó una temerosa Lotte, era quien menos podía controlar sus nervios sabiendo que eran perseguidas por alguien.

-No lo sé, no había estado en esta zona del bosque antes. —Respondió Diana al mismo tiempo que se acercaba a la única puerta de la habitación, trató de abrirla pero algo la bloqueaba del otro lado.

-Conozco este lugar. —Mencionó Sucy.

-¿En serio? —Akko, al igual que las otras, les extrañó el comentario de Sucy.

-Lo leí en un periódico, es un hospital psiquiátrico abandonado. —Respondió, dejando aun más nerviosas al grupo.

-Quieres decir... ¿Un manicomio? —Podía escuchar como es que Akko tragaba saliva.

-Básicamente.

La situación no podía empeorar.

-Pues con más razón debemos de explorarlo y asegurarnos de que este vació, salgamos de aquí. —Lo que respondió Amanda tenia sentido, no era recomendable quedarse en una sola habitación en caso de que el asesino supiera su ubicación actual. Se acercó a la puerta en tono amenazante, y dándole tiempo a Diana para que se haga a un lado, la abrió de una patada.

La puerta cayó con brutalidad junto con un trozo de madera que tenia clavos incrustados, alguien la había sellado desde afuera. Podían ver un corredor oscuro, pues las ventanas también estaban cubiertas con tablones, apenas y notaban el interior gracias a unos pequeños rayos de la luz del sol, como si alguien no hubiese querido que sea quienes hayan estado en esa habitación no salieran. En el lado contrario de las ventanas habían puertas selladas de la misma forma, probablemente otras habitaciones. Telarañas se formaban en las esquinas y el techo, el lugar estaba lleno de polvo e insectos que huyeron cuando escucharon la puerta abrirse.

-Bueno, supongo que debemos continuar. —Habló Sucy, pues las demás se veían muy nerviosas como para decir algo acerca de la tétrica escena, a excepción de Constanze y Diana, quienes probablemente sabían disimular bien.

Habia un detalle que dejaron pasar, al menos por ahora, cosa que era bueno, pues no era momento para superar la perdida de Chariot.

Sin piedad.

Soltó un quejido, las había perdido cuando una nube de una explosión involuntaria las camufló. Aunque pudo ver un rastro que dejaban gracias a este. No había encontrado un objetivo tan escurridizo como ellas en años. Guardó el francotirador con el cual había intentado acabar con las vidas de las brujas en el maletero trasero del auto viejo y alquilado que usaba para transportarse. Sin perder el tiempo, subió al asiento del conductor y arrancó el motor, sumergiéndose en el bosque y abandonando la colina sobre la cual se estacionó. Desde el espejo retrovisor del interior podía ver a su victima anterior, atada de pies y mano con unas sogas, sentada, de malhumor, y una pequeña herida en la frente.

No es que la hubiese dejado vivir por un acto de piedad, o porque algo humano había despertado de él hacia ella, ni mucho menos para pedir un rescate, o porque la conocía. Simplemente era su póliza de seguro. Cuando todo terminase, necesitaría a un rehén para huir, y ella era quien estaba más cerca.

-No las atraparas. —Chariot tenia una mirada cargada de ira contra él a través del espejo. Odiaba al asesino de sus alumnas, de cientos de ellas, todo para atrapar a unas inocentes niñas. Las mismas que cambiaron el rumbo de la magia como conocemos. Quizás no debió quedarse, quizás debió ir con ellas, odiaba tanto pensar en formas distintas en que podría haber terminado esto. Al menos, ni ella ni las otras estaban muertas. No aun. Aun tenia que pensar, ganar algo de tiempo para las brujas. Ese desgraciado logró vencerla a ella careciendo de magia, usando trucos sucios y previniendo lo peor, era un condenado experto.

-No es la primera vez que me lo dicen, Chariot. —Siempre que hablaba con ella, la llamaba por su nombre, como si la conociera desde antes. Mas ella no recordaba haberlo visto en algún lugar, estaba segura de que jamas olvidaría un rostro con una mirada tan seca e indiferente como esa— ¿No me recuerdas?

No respondió, seguía con la mirada llena de ira. Al menos quería dejarlo hablar, tenia un plan entre manos.

-Ese día yo estaba en la ciudad, no recuerdo bien el lugar, creo que era en algún sitio de Francia, usaba una capucha para cubrirme el rostro. —Sin que se diera cuenta, Chariot poco a poco comenzó a forcejear las soga que ataba sus manos, intentando liberarse del amarre— Me enviaron para matar a alguien. Alguien que tú conocías.

Sin prestar atención a lo que el sicario decía, Chariot continuaba con su tarea, sentía como es que el amarre cedía.

-No lo encontré, supongo que sabia donde esconderse y que alguien lo buscaba. Y entonces te encontré a ti, dando un pequeño espectáculo en una plaza, promocionando tu show. Oí acerca de este hombre, era una especie de manager de tú espectáculo. ¿Recuerdas que fue lo que te pregunte?

Se detuvo al oír lo ultimo que dijo. Recordaba a ese hombre, no lo había vuelto a ver desde su desaparición. Su corazón se aceleró, no podía ser cierto lo que él decía, tenia que ser una mentira, una especie de tortura psicológica. Ella no podía haber...

¿O sí?

-Te pregunte donde se encontraba.

Y la noche en la que desapareciste, y una extraña señal fue escrita en la Luna, le pegue un tiro a él, y a toda su familia.

No se quien seas, ni que camino tomaras. Solo me verás y querrás regresar.

Tal vez estuvieron equivocados con esta idea. El sitio, a pesar de ser de día, daba un aire a estar en una película de terror. Hallaban muchas habitaciones y cuartos sellados, los pasadizos estaban cubiertos con polvo y telarañas, sillas de ruedas se encontraban regadas en algunas zonas, marcas negras adornaban las paredes, con cada paso que daban se escuchaba el crujido de la madera debajo de sus pies casi como si estuviese a punto de caer por el peso, apenas y podían ver gracias a algunos rayos de sol que lograban ingresar por pequeñas aperturas. Juraban poder oír pasos debajo de ellas, voces, metales chocando contra otros, incluso gritos. Aunque las excepticas de Diana, Amanda, y Sucy no creían en nada de esto, pues pensaban que eran efectos del miedo que sufrían sus compañeros lo que les hacia imaginar tales cosas.

-¿Lotte? ¿No puedes comunicarte con las almas de este sitio? —Preguntó Akko a su amiga, mientras se juntaban la una a la otra mutuamente, mirando a sus alrededores nerviosas por si es que algo fuera a saltarles o atacarles.

-N-no creo que se buena idea. —Contestó temblorosa— No creo que las almas de este lugar sean tan bondadosas. Creo que fue mala idea dejar a mi hada en el hotel...

-Pues parece que no tendremos otra opción. —Dijo Sucy, quien estaba adelantada unos pasos delante de ellas— Hemos estado caminando un buen rato y no hemos encontrado una escalera para descender, esto parece un laberinto.

-Puede ser. Calculo que debemos estar en el quinto o cuarto piso de este edificio, y quizás la salida de este lugar también este sellada. —Diana se detuvo, era quien iba al frente y las guiaba. No quería obligar a Lotte a hacer esto pero no parecía tener otra opción, el tiempo corría en su contra y si querían salir vivas de esta necesitaban ocultarse en algún lugar que fuera incapaz de ser descubierto por Sicario. Ahora podía llamarlo así y lo sabia, no tenia un nombre, jamas fue necesario saberlo, mas ponerle distintos apodos solo incrementaba su terror por ese monstruo.

-¿Estos lugares no tienen un mapa o algo? ¿Como es que no se perdían acá? —Amanda inspeccionaba cada rincón del corredor por el cual pasaban, sin temerle a nada mas que algunos insectos que pisoteaba al instante.

-Quizás esta sección era la menos indicada para tener un mapa. —El ultimo comentario de Sucy solo aumento el temor de Akko y Lotte.

Constanze avistó algo a lo lejos, algo un poco distinto gracias a una pequeña luz que se reflejaba sobre su estructura. Inmediatamente apuntó su dedo indice al lugar que veía.

-¿Que? ¿Que es lo que ves Constanze? —Amanda dirigió sus ojos hacia el lugar apuntado, notando lo mismo que su compañera— ¡Hey! ¿Que es eso?

Rápidamente, todas se dirigieron a lo que parecía ser una puerta ancha de metal, la entrada a un ascensor. Los botones a un costado de esta se veían oxidados y era obvio que no iban a funcionar gracias a la falta de electricidad.

-Esto no funcionara sin luz, dudo que encontremos algo similar a una salida en este punto. —Diana formulaba algo en su mente, quizás una idea lo suficientemente loca que entraba en los estándares de las brujas que la acompañaban.

-¿Que sugieres, Diana? —Akko haría casi lo que fuera como para salir a algún lugar con más luz.

-Necesitamos abrir esta puerta, es lo único que sabemos que nos puede dar un acceso hacia abajo. —Las brujas se miraron las unas a las otras, no es que estuvieran en contra de la idea, mas no sabían como llevarla acabo, a excepción de una.

-Déjenmelo a mi. —Amanda hizo crujir sus nudillos entrelazando su dedos los unos contra otros. Tomó un pequeño tablón de madera del suelo y lo introdujo entre el mínimo espacio que había entre la puerta cerrada y la pared— Esto va a tardar un rato.

Ahora el sonido de un forcejeo era el único que inundaba la habitación, sus compañeras decidieron tomar asiento en el suelo contra la pared, tomando un pequeño descanso del terror que la rodeaba, menos Diana, quien se propuso a vigilar la zona, no se sabe que es lo que puede haber aun por ahí.

Akko vio una oportunidad, en este pequeño momento, aunque fuese un momento de tensión máximo para todas, tenia que hablar con ella. Tenia que hacerle saber de que a pesar de que Hannah y Barbara se hubiesen ido, no estaba sola. Se puso de pie y se acercó a ella, llamando su atención tocándole el hombro.

-Diana, ¿podemos hablar? —Diana la miró a los ojos, con una especie de indiferencia, como si supiera que es lo que Akko le iba a decir. No quería ser mala con ella, simplemente no quería oírlo, no aun. Por otro lado, estos podrían ser sus últimos momentos juntas en caso de que algo malo ocurriese y se vieran obligadas a separarse.

-¿Que sucede Akko? —Dijo finalmente la rubia.

-¿Podemos hablar? —Por un instante dirigió sus ojos hacia Lotte y Sucy, quienes estaban sentadas y le dirigían una mirada insegura. Akko nunca estaba segura de lo que haría, pero aun así lo intentaba. Se arriesgaba.

-Seguro.

Se alejaron un poco de las otras para que no oyeran lo que iban a decir, en una de las habitaciones donde había más luz, parecía una enfermería la cual saquearon pues varios estantes estaban tirados por el suelo y porque necesitaban un tiempo a solas. Hacia mucho tiempo que no hablaban a solas o compartían un momento.

-Diana, sé que posiblemente no te encuentres bien del todo... pero igual debo preguntar. —Estaba cabizbaja, como si se avergonzara de lo que estaba a punto de decir. Sí, no era el mejor momento para decir algo como eso, al menos lo reconocía y eso era un símbolo de madurez— ¿Quieres hablar de eso? —Dijo lo ultimo levantando su cabeza, con una mirada casi suplicante.

Normalmente diría que no, que no era el momento, la regañaría un rato, y luego le diría que debería ser más prudente para ver en que lugar se tendría hablar de esto. Pero no lo hizo, sino todo lo contrario. Hannah y Barbara ya no estaban, ya no tenia a sus amigas, ya no participaría de sus conversaciones, ya no compartirían lo que tenían, ya no tenia a alguien que siempre la apoyara. A excepción de una persona.

Suspiró, sabiendo que lo que estaba a punto de decir era una equivocación.

-Hannah y Barbara eran mis amigas, Akko. —Ahora era ella quien no podía evitar bajar la vista. Su voz se oía seria— Las quería, no se me cruzó en ni un momento por mi cabeza que en algún momento ellas se irían tan pronto. Las extraño. —Sus ojos volvieron a cruzarse, y por un motivo que Akko desconocía, se veía algo molesta— Aun no puedo aceptar que se hayan ido, que simplemente haya llegado un tipo y les disparara en la cabeza y dejaran de respirar. No tendrían que haber terminado así, tendrían que haber crecido y volverse hermosas chicas. —Su voz cambiaba, como si se enfureciera cada vez más con cada palabra que saliera de su boca— Tendrían que haberse casado con los hombres que siempre soñaron. ¿Que les dirán a sus padres? No pudieron ni verlas graduarse. —Akko creyó comprender, al menos un poco. Diana estaba enojada, había pasado por tanto que no tuvo tiempo para enojarse por la muerte de sus amigas. Escuchó por Sucy que era algo normal, que las personas que pierden seres queridos o se enteran que su vida pronto terminara tienden a enojarse fácilmente— Y todo por la culpa de un humano egoísta y desgraciado al cual probablemente salvamos su vida al detener el misil, quizás solo me buscaba a mí, y Hannah y Barbara se interpusieron en su camino... —Su voz titubeaba, se quebraba poco a poco— Yo solo... —Cerró los ojos, intentaba soportar las lagrimas, apretó sus puños, no quería llorar. No era el momento, no era el lugar, y aun así hacia esto— Solo las quiero de vuelta.

Akko sabia que hacer en ese momento, algo que quizás le haría saber que no estaba sola, y que tal vez Hannah y Barbara no se habían ido del todo.

Se abalanzó contra ella sin previo aviso y la abrigó con un abrazo, ella solo se quedaba allí, en la misma posición intentando soportar las lagrimas. No quería ceder, por más que fuera el momento de liberarse no iba a sucumbir ante la tristeza.

Era eso, no quería estar triste. No quería enfrentar la tristeza, no de esa forma. La tristeza era uno de los peores sentimientos que una bruja podría tener, muestra tu debilidad, te hace sentir miserable por vivir, te hace ver que las cosas no son como creías que eran.

A Akko no le interesaba nada de eso, simplemente la siguió abrazando, fuerte. Al mismo tiempo, Diana cerraba los puños con más fuerza y apretaba sus dientes, no quería llorar, no iba a hacerlo. No iba a ceder.

-Diana... —La voz de Akko, la voz de aquella muchacha que le hizo ver como es que alguien con voluntad era capaz de cambiar el mundo, la voz que la animó tanto en el pasado para que mantuviese vivo el legado y linaje de los Cavendish, no iba a ser suficiente para hacerla ceder— No estas sola. —O quizás sí— No estrés triste Diana. No tienes que estar triste por ellas. Ya no sufren, a donde sea que fueron, ya no hay nadie que les haga daño. Tienes que vivir, ser feliz, por ellas. Por lo que te dieron, por lo que fueron. Tienes que recordarlas.

Y lo hizo, no iba a llorar por su muerte, si no por su vida. Agradecerles por todo lo que le dieron, por todo lo que hicieron por ella, por siempre estar ahí para ella, por comprenderla y entenderla. Lloró, las lagrimas corrieron por sus ojos, y sin decir nada, tambien rodeó con sus brazos a Akko, y sollozó en su hombro. Lloró, recordando sus rostros, recordando los buenos momentos que tuvieron, y lo que iba a hacer por ellas. Akko tenia razón, no iba a estar triste, no tenia que estarlo, iba a superarlo, por ellas. Tenia que hacerlo, no iba a permitir que lo único que recordase de ellas fuera su muerte. Las dos muchachas quedaron en silencio, aun abrazadas, consolándose mutuamente.

Y entonces el sonido de un fuerte metal rompiéndose fue oído por ellas, seguido de la voz de una de sus amigas.

-¡Hey! ¡Muchachas! ¡Trabajo completado! —Llamó Amanda, agotada por el esfuerzo que acababa de ejecutar.

Sin piedad.

Era irónico, o algo así. El edificio en medio del bosque era facilmente reconocible para él, pues lo conocía como la palma de su mano. Esto debía ser una gran suerte, una gran coincidencia, daba igual, sabia donde estaban sus presas. Estacionó el auto delante de la entrada al hospital psiquiátrico, bajó del vehículo y fue a hablar con su prisionera desde la ventana trasera. El destino le favorecía de verdad ese día.

-No se mueva.

Sacó una jeringuilla desde su bolsillo, y dispuesto a incrustarselo en el cuello de su victima, abrió la puerta. Chariot intentó alejarse lo más posible de él y empezó a patear e intentar soltar sus amarres con la mayor fuerza que tenía. Todo era en vano. El hombre la arrastró contra sí jalándola de un brazo y colocó la púa con un liquidó en el cuello. Un ardor recorrió la espalda de Chariot que trató de combatir contra el sueño, era inútil. Mientras se desvanecía, pudo oír la voz del sicario, hablando a lo lejos.

-Es algo interesante... Conozco este lugar. Trabajaba aquí.

Chariot cerró los parpados pensando en que ellas no podían sufrir un peor destino que ese...

Un peor destino.

¿Destino?

Sin piedad.