Solo sueños

¿Cuáles eran los sueños de Candy?

Eso ni ella misma lo sabía. Si a eso le agregaba que tal vez ya no iba por el buen camino para verse realizada como una mujer respetable, después de todo ¿Qué sueños podía tener una jovencita como ella?

Una persona que ni siquiera conocía sus orígenes y que ignoraba su porvenir, le hubiese gustado tener un Padre y una Madre que la guiaran y le dijeran cual era el siguiente paso, pero no tenía nada de eso, había huido del buen nombre y rechazado los cuidados de su desconocido protector, claro que en los tiempos donde su vida parecía más alegre rodeada de amigos y gente amable, viviendo aventuras ligeras y seguras, había fantaseado con un futuro donde formaba su propia familia; casarse con un buen hombre del que cuidaría y el de ella, serian felices riendo en momentos y apoyándose en otros y cuando el momento llegara añadirían pequeños integrantes a la familia, uno tendría el pelo rubio como ella y el otro castaño, o tal vez al revés, quien sabe, pero eran esos pequeños detalles con los que solía distraerse en los momentos que estudiaba para algún examen o cuando realizaba alguna acción de naturaleza tediosa y aburrida.

Pero ahora todo eso era muy poco probable, ¿Quién se querría casar con una hija de nadie?

Hacía apenas dos días que habían desembarcado y llegado a Nueva York, no tenía mucho que había enviado su carta a Albert y ya moría por leer lo que él tenía para decirle, Terry no hablaba mucho últimamente, tan pronto como habían llegado se había vuelto un cara dura, su sentido del humor se había esfumado y solo había un joven hombre de pocas palabras, que no decía más que: si, no, tal vez y buenas noches.

Siendo la chica tan comunicativa que Candy era lo hacía un poco frustrante, pero claro, era obvio que la emoción por una nueva aventura no podía durar mucho, al final los había atrapado la realidad, conseguir un trabajo era tan difícil si es que el puesto no era como meretriz en algún burdel o chico del periódico y si tenía mucha suerte mozo de alguna casona de las afueras, era bien sabido que había que tener referencias si se quería algo bueno, tan solo rentar algún lugar era difícil por no ser lo bastante respetable.

Al final se habían instalado en un pequeño departamento que desafortunadamente contaba solo con una habitación, no es que pudiese pedir más o que ella quisiera algo mejor, sabía que eran más pobres que las ratas y el hecho de que hasta ahora no les hubiera faltado alimento era solo porque habían administrado bien algunos objetos de valor que Terry había llevado consigo, pero aquello no les duraría mucho. Con tan poco espacio para la privacidad como era de esperarse cada quien había escogido su lugar y si alguno de los dos traspasaba el área del otro tendría que tener una buena explicación.

También había un pequeño baño y una diminuta cocineta con una mesa y dos sillas algo apolilladas, pero era todo lo que habían podido costear con el dinero que había sobrado de un reloj de oro que el duque le había obsequiado a Terry.

En su lado de la alcoba había una ventana con un alfeizar que usaba para sentarse cuando quería pensar lo que había sucedido, aprovecho que Terry estaba bastante enfocado leyendo el periódico que un vecino se había dejado afuera, tal vez después podrían usar ese periódico como leña y darse un poco de calor, se estaba congelando en ese cuarto y al parecer haría más frio, por su ventana podía ver como la nieve comenzaba a caer en pequeños copos, algo que a Terry parecía no preocuparle mucho pues solo traía puesta una ligera camisa de manga larga y unos pantalones que tampoco eran para aquel tiempo, tal vez su cuerpo era lo bastante cálido para no necesitar nada.

Era una camisa bastante delgada a decir verdad, de esas blancas que usaba cuando solo quería taparse la piel del sol para no broncearse demasiado cuando era verano, algo desabrochada podía ver su pecho fuerte y sin vello, su piel pálida y mechones de cabello castaño estorbándole en los ojos para leer, su postura era cómoda sentado sobre una almohada y recargado sobre la pared mientras estiraba sus largas piernas, ¿Qué estaría pensando?

¿Se estaría lamentando?

Tal vez hubiese preferido venir el solo a América, Candy no quería ser un estorbo en sus planes, para sus sueños, no quería mermar sus ambiciones, tal vez estaba pensando como deshacerse de ella, tal vez ella debería inventarle el pretexto de que lo había pensado mejor y era hora de que ella fuera con sus madres, pero a pesar de no hablar mucho el no parecía quejarse o sentirse incomodo, se le veía bastante ¿relajado?

Cuando noto que ella le miraba el levanto la vista y le observo también, después de dos días de sumo silencio Terry Grandchester al fin sonrió, quito los mechones de su rostro y le sonrió pícaramente, algo en ella le decía que el joven estaba al tanto de las miradas furtivas que ella le había estado dando..

-¿Qué pasa?-pregunto con voz suave y casi aterciopelada.- ¿Por qué me contemplas tanto?

Candy trato de suprimir cualquier emoción que le produjera aquel comentario - solo me preguntaba si podías prestarme tu periódico.

El joven enarco una ceja sin creerle-claro- después de doblarlo se lo tendió y ella se paró por él.-no sé por qué no puedes admitirlo.

La chica ignoro su comentario, lo tenía bien calado y sabía que cuando quería desaburrirse buscaba maneras para molestarla , aun se preguntaba qué le había dicho Terry a la dueña del edificio para que los dejara quedarse ahí, teniendo en cuenta que solo eran dos jovencitos solos sin nadie que diera la cara por ellos, pues a casi todas las pensiones a donde habían ido a pedir una habitación les habían hecho mala cara, en la mayoría de las residencias sus ocupantes o eran puras señoritas o de varones, había sido difícil encontrar algo mixto pues matrimonio no eran y nadie les creía la mentira de que eran hermanos.

no fue así esta vez cuando al final encontraron un edificio antiguo pero cuidado que rentaba tanto a hombres como mujeres, la señora de rostro agrio que parecía iba a rehusar como los demás solo asintió y miro a Candy con una expresión de pena, después acepto el dinero y le entrego a Terry las llaves del ultimo departamento que no era más que un frio ático empequeñecido a causa de la cocineta y el baño.

-¿y bien?-pregunto la rubiecilla abrigada de pies a cabeza una vez teniendo el periódico en sus manos-¿has encontrado algo?

-mañana temprano iré a la compañía teatral Selwyn, están pidiendo gente, no mencionan de que es pero tal vez sea bueno -dijo el muchacho tranquilamente.

-bien. ¿Puedo ya quemar el periódico?

-¿no vas a mirarlo también?-El joven pregunto sin entender-creí que lo querías leer ¿Por qué quieres quemarlo?

-tengo mucho frio-le reveló con la nariz roja y una bufanda que tapaba su boca.

El muchacho se levantó y tomo su abrigo- ven- ella se acercó y Terry le puso su abrigo aunque este le arrastraba un poco, después se sentaron juntos y el paso su brazo por sus delicados hombros- ¿estas mejor?

Ella asintió sin mirarle-¿Por qué no vas conmigo mañana?- dijo el joven mientras frotaba su mano contra la espalda de la chica- tú también necesitas un empleo.

Candy lo miro como si bromeara- pero no podría ser actriz ni en un millón de años.

-pero podrías hacer otra cosa.

-no lo sé…. –dijo pensativa- si lo hago tendría que verte todo el día….

-y eso sería de lo más maravilloso, ¿no?- sonrió el joven y después le guiño el ojo– no te culpo, si yo fuera un tarzan pecoso también me gustaría estar con mi amor platónico.

Candy no pudo evitar reír, era más una risita nerviosa que se esforzaba por ser de diversión- Terry. ¡Tú no eres mi amor platónico!

-¿estas segura?- le cuestiono el con ojos risueños.-porque soy muy guapo y entenderé si no te puedes resistir a mí..

-muy segura.- dijo ella y después volvió a reír-¡eres un tonto, Terry!- él le miro con detenimiento y sonrió al ver como su pequeña nariz se arrugaba con un montón de pecas en ella.-¿entonces qué decides?

-bueno... No lo sé, tal vez si no está nevando demasiado te acompañe.

-me gustaría saber si es un sí o un no.-dijo el muy serio.

-es un no lo sé.- la verdad era que Candy no quería acompañarlo por miedo a que tal vez les dijeran que no había nada para ellos, ella podía soportarlo si fuera solo ella, le daba lo mismo trabajar fregando pisos en una mansión de ricos que haciendo quien sabe que en un teatro, pero Terry era diferente, él tenía sus planes, que no incluían fregar pisos ,él tenía grandes expectativas de la vida y había venido a buscar sus sueños a esa ciudad a ese país, ni siquiera había recurrido a Eleanor , era tan orgulloso que no podía pedirle ayuda a su madre, si mañana les rechazaban , si le rechazaban a él, ella se sentiría muy mal.

Decepcionado el joven hablo -creí que como mi amiga irías conmigo, tal vez no les importemos ni un comino y nos cierren la puerta en las narices pero me gustaría intentar y sería bueno que sigamos cuidando el uno del otro.

"cuidar el uno de otro" le gustaba como sonaba, sin duda no sonaba a él o nadie en particular, la joven le miro con curiosidad, ¿sería que Terry había madurado en esas últimas semanas?.- te acompañare.

El muchacho le abrazo agradecido y ella pudo oler su nueva esencia solo a jabón y le agradó mucho, demasiado, también pudo comprobar que su cuerpo era cálido.-gracias, Candy. –dijo el chico besándole una mejilla.

Esta vez no hubo bromas.

A la mañana siguiente nevó mas de la cuenta y antes de que salieran a probar suerte Candy preparo gachas de avena para los dos y cuando coloco los tazones sobre la mesa se preguntó si Terry haría algún comentario por el humilde desayuno, después de todo era el hijo de un duque y como tal estaba acostumbrado a lo mejor, pero para su sorpresa cuando el joven se sentó y tomo su plato no hizo más que terminar hasta el último bocado y preguntar si había mas.

Candy asintió sin palabras y le sirvió más-gracias- el muchacho tomó el tazón y rozó los dedos de ella con los suyos- tu... ¿ya terminaste de comer?

De pronto enrojeció recordando que sus gachas debían estar frías ya, pues se había limitado a mirar perpleja como Terry comía sus simples gachas de avena.