Y aquí me tienen con otra continuación. Lo bueno de haber estado trabajando en Febrero es que como es caminar por las mañanas de un lado a otro haciendo tramites, me dejaron con muchas ideas pa varias contis de mis fics, incluyendo este XD. Y bueno, aquí lo tienen.

Este capitulo se lo dedco a los japoneses por lo ocurrido del terremoto y el tsunami, no me gusta estar hablando de desgracias que me deprimen, pero les mando fuerzas japon!

Magic Kaito es propiedad de Gosho Aoyama. Kuroi y su banda son creaciones mias XD.

Capitulo 7: La ladrona que obsequia.

Había pasado una semana desde el show de Black Song y había quedado seleccionada para tocar en el Pearl cada sábado en la noche.

En la escuela, todos prestaban atención a lo que decía el profesor, bueno, menos Kuroi, tenía una expresión de aburrida ya que se conocía aquella materia al derecho y al revés. Si, odiaba la física, como todo que tenga relación con números, pero eso no significaba que no pusiera atención a las clases de su antigua escuela en Estados Unidos.

Gira su cabeza para ver el asiento de Saguru que se encontraba vacio, el detective se había ido a Inglaterra hace cuatro días por asuntos de familia y casos que requerían su presencia. Cierra sus ojos y se frota la frente sintiéndose tonta por pensar de nuevo en él, debería buscarse un nuevo pasatiempo, ¡Lo que sea! Pero que distraiga su mente para no pensar más en ese detective que le sacaba de los nervios.

Cara de póquer, cara de póquer. Se recuerda una y otra vez.

Así que decidida a buscar algo con que entretenerse, de forma discreta saca su Ipod de su bolsillo y decide navegar por internet a ver que cosas interesantes podía encontrar. Revisa su correo y notó un anuncio muy interesante, lo abre y lanza la sonrisa confiada marca Kuroba, prueba de que su mente había tenido una brillante idea.

El mejor plan para unir a los lentos de Kaito y Aoko.

Comprar. Piensa haciendo clic.


En la hora del almuerzo, los gemelos y Aoko se juntaron para almorzar.

-¿Tropical Land? – Preguntaron Kaito y Aoko a la vez.

Kuroi sonreía con mucha emoción para luego mostrarles su Ipod donde daba el anuncio de una nueva atracción que contaba el parque justo en su aniversario.

-Así es y lo mejor de todo, es que te dan descuentos si compras en las próximas seis horas, ya sea en el parque o en internet. Compre tres entradas para cada uno.

-Es genial. – Emocionada, Aoko toma una de las entradas y se la queda viendo. – Yo quiero ir, ¿Qué te parece, Kaito?

Kaito se queda mirando la entrada y luego a su hermana con esa sonrisa llena de emoción, tenía un extraño presentimiento al respecto, podía apostar que su hermana tiene algo entre manos. Pero no podía negarse ante la sonrisa de Aoko, en verdad que tenía ganas de asistir y si él se negaba, de seguro esas dos igual irían y su mente ya estaba imaginando cosas como un grupo de jóvenes invitándolas a salir…

Gruño por lo bajo, eso no lo iba a permitir.

Además, un día de descanso y entretención no le hace daño a nadie.

-Está bien, iré.

Las chicas sonrieron por la afirmativa.

-Está decidido. – Declaro Kuroi muy feliz. – Nos juntaremos en la entrada de Tropical Land el domingo a las diez.

Se da la media vuelta alegando que tenía cosas que hacer con su profesora de matemáticas y en ese momento, refleja una mirada de póquer, triunfal de haber conseguido la parte 1 de su plan.


En Inglaterra, se podía ver a Saguru empacando sus cosas para volver a Japón. Se supone que estaría dos días, pero al parecer, su familia no tenía intenciones de dejarlo. Suspiro y cierra la última maleta.

Baaya, su fiel compañera… o más bien niñera, le estaba anunciando que el auto estaba listo y sólo faltaba sus pertenencias y su presencia. Ambos se despiden de los demás residentes de la lujosa mansión y partieron al aeropuerto.

Como era temprano, no tuvieron problemas de tráfico, así que no tardaron mucho en llegar y Saguru pasó a comprar un aperitivo mientras esperaba su vuelo ya que no había comido y para el viaje porque no le gustaba la comida del avión. Con los audífonos de su celular escuchaba la música que tenía en su celular y no pudo evitar sonreír como todo detective en el momento que el MP· que tenía en el aparato emite la música de Kuroi que había grabado en su presentación.

Era una lastima que una persona con tanto talentos como ella terminase en problemas.

-Botchama. – Baaya lo saca de sus pensamientos. – Ya es hora de irnos.

Saguru responde con una sonrisa, apaga el MP3 de su celular y camina detrás de la anciana para poder tomar su vuelo.

-Es imposible que borre mi mente el placer de molestar a los ladrones.


En la noche antes de la salida, Kuroi había alegado que no se sentía bien en plena cena y su madre le había preparado un brebaje y le aconsejo que se fuese a dormir temprano.

Y cuando se hizo de día, con un bello sol en lo alta y brillando como nunca, Kaito se levanto para ir a ver como se sentía su hermana, quien no paraba de toser y se le veía que sufría del estómago.

-Hey, parece que no ha ayudado mucho la medicina.

-Me duele el estómago…y la garganta. – Se quejaba con la voz ronca, una prueba de su malestar.

-Y con lo emocionada que estabas de ir al parque. – Murmuró sentándose en la única silla que había. – Luces fatal.

-Yo también te quiero. – Se quejó frunciendo el ceño y vuelve a toser. – Deberías tú con Aoko… para no desperdiciar sus entradas.

-¿Ir con Aoko? ¿Solos? ¿Cómo en una cita? – No pudo evitar sonrojarse un poco por la idea tan tentativa. – ¡¿Estás loca?

-Oh, vamos. – La voz se le iba apagando más. – No me vengas con eso, han salido muchas veces juntos, ¿no? Y ahora te da pena… ¿Quién eres y que le hiciste a Kaito?

-Oh cállate. – Le ordeno malhumorado. – Es sólo que… ahora es diferente.

-¿Por qué recién descubriste que amas a Aoko? – No recibió respuesta, pero sabía que tenía razón. Vuelve a toser. – Por eso mismo debes ir Kaito. Si no te adelantas, si no eres rápido… perderás a Aoko para siempre. – Le dedica una sonrisa. – Lo mejor es que vayas poco a poco para el día que decidas declararte.

-Así que… ¿Poco a poco?

-Y el parque es un gran paso. Si no quieres declararte aún por nuestra misión sobre Pandora, asegúrate de darle buenas señales. – Y se da cuenta de algo. – Ah si… y disminuye la perversión o uno de estos días terminaras en un hospital por meses o años y cuando salgas, Aoko podría estar saliendo con otro chico… como Saguru.

Evito las ganas de reírse al ver el ceño fruncido de su hermano, estaba para sacarle una fotografía y publicarlo por internet.

-Está bien, voy a divertirme con Aoko.

-Mándale mis saludos.

Después de bañarse, desayunar y vestirse, Kaito se despide de su madre y su hermana para luego irse. Al oír la puerta principal cerrarse, Kuroi mira discretamente por la ventana para confirmar que Kaito se haya ido y al perderse de vista, sale de su cama de un salo suspirando aliviada.

-Que gran actriz soy. – Se felicita orgullosa. Corre hacía la puerta y la abre. – Gracias por ayudarme con la actuación mamá.

-De nada, Kuroi. Sólo asegúrate de volver antes que Kaito.

Kuroi cierra la puerta sin dejar de sonreír y camina hacía su ropero para cambiarse. Se coloca una calza verde claro y encima unas botas de cuero que le llegaba a las rodillas y de color negro, una blusa de color café oscuro y una chaqueta hasta las rodillas de color verde. Se recoge su cabello en dos coletas. Pesca su bolso con su celular, identificación y dinero para luego salir de su casa con destino a Tropical Land.

Primero entra a una tienda para buscarse algo de comer y mientras va eligiendo, pesca su Ipod para llamar.

-Chicas, lleven a Tropical Land pelucas y gafas que tenemos una misión de espionaje.


Aoko vestía unas sandalias negras, un vestido hasta las rodillas de color azul claro y un abrigo gris que le llegaba a la cintura y llevaba desabrochado. De pie esperaba la llegada de los gemelos y miraba el reloj de vez en cuando pensando en que momento ellos se aparecerían. Lo que tenían en común esos dos es su profundo amor a la almohada.

-¡Aoko!

La mencionada alza la cabeza y sonríe al ver a Kaito corriendo hacía ella. El mago vestías unos jeans azules, zapatillas blancas, una camisa blanca y una chaqueta azul. Su sonrisa desaparece al notar que venía solo, ¿Y Kuroi? Le dejo que recuperase aire por la carrera que había tomado mientras lo observaba curiosa, esperando una respuesta.

-Kuroi no puede venir. Se ha enfermado y ha insistido en que viniéramos a divertirnos para no desperdiciar las entradas. – Le dice como si hubiese leído su mente.

-¿De verdad? Es una lastima. – Lanzando un suspiro. – ¿Está bien?

-Sí, me pidió que te dijera que se disculpaba y que tratases de divertirte conmigo. – Dijo gruñón por recordar esas palabras.

-Bueno, si ella lo pide, trataré de pasarlo bien con un pervertido. – Le dijo con una sonrisa. – Por cierto, ya que estamos en eso, no te atrevas a intentar ver mi ropa interior.

-¿Por qué?

-Si quieres ver mis calzones con dibujos de peces, te doy la libertad de verlos. – Le reto tomando su vestido con las manos.

-¡NO! – Le grita con sus ojos saltones y con su corazón latiendo a mil, seguro de que tendría un infarto.

-¿Seguro?

-¡No me tortures!

Aoko se ríe divertida, era bueno vengarse de vez en cuando. Le ofrece su mano diciéndole que había que entrar y él acepto tomarla.

Ambos se divertían con la cantidad de juegos, incluso fueron al nuevo que creyeron que vomitarían su desayuno y el almuerzo y cena de ayer. Se divertían con tantas atracciones que al final les dio el hambre y se compraron unos completos y bebidas para comerlos sentados en una banca.

Tan entretenidos estuvieron que no notaron que habían sido observados todo el tiempo.

A unos metros y fingiendo ser otras personas que hacían lo suyo, estaba Kuroi y sus amigas de la banda usando pelucas y gafas, así no serían reconocidas por Kaito y Aoko si llegaban a encontrarse. Actuando como turistas, miraban un mapa del parque para fingir que buscaban la siguiente atracción en la cual querían subirse.

-Como me encantan estás misiones. – Comentó Ukio grabando con una cámara de video a la pareja. – Te daré una copia, Kuroi-chan.

-Gracias. – Le agradece, estaba emocionada y orgullosa de que su plan este saliendo tan bien, si tenía suerte, podían terminar con un ambiente romántico.

-Y yo que tenía planeado pasar mi domingo encerrada de mi habitación. – Murmuró Mikami de brazos cruzados. – Hace mucho que no pasó tiempo sola.

-No seas amargada, Mikami-chan. – Le alega Kaede, quien compartía el mapa del parque con Kuroi. – Esto podía terminar de una forma muy romántica.

-No es asunto mío y tampoco el nuestro.

-¿Por qué viniste entonces? – Le retó Ukio.

-Yo no quise venir, ustedes me arrastraron, ¿Recuerdas?

-Cosa sin importancia. – Dijeron despreocupadas Ukio y Kaede mirando hacía otro lado. A Mikami le creció una vena en la frente.

Kuroi reía nerviosa ante el show de sus amigas y sin dejar de observar a sus presas o los perdería de vista.

Y siguieron con el plan de espía.

Ellos esperaban en la cola para subirse a su siguiente juego mientras las chicas los observaban a lo lejos y ocultas detrás de una pared.

-Esto es tan divertido, ¿No Kaito?

-Sí… no sabía que querías subirte a este juego. Es el más rápido y con muchas vueltas.

-¿Me estás llamando cobarde? – Le preguntó alzando una ceja molesta.

-No, es sólo que podrías terminar vomitando y tendría que estarte llevando a enfermería cargándote en la espalda.

-Estás exagerando. – Le reclama con las mejillas levemente sonrojadas. – Un simple vomito no me impedirá caminar.

-Supongo que tienes razón, pero como me preocupas mucho, estaría aterrado y no sabría que hacer. – Admite mirando en el lado opuesto en donde estaba su amiga para que ella no viese lo avergonzado que estaba.

El sonrojo de Aoko aumentó y lo imito, mirando hacía otro lado con tal de no verlos. Eran como dos pequeños apenados de haber hecho algo malo.

-Aw, son tan adorables. – Dijo la directora Ukio haciendo un acercamiento con la cámara para tener mejor imagen.

-Casi ni parece mi hermano. – Confesó Kuroi también sonrojada por la escena. Pero bueno, Kaito tenía su corazoncito de todas maneras. – ¿Eh?

Como a unos seis o siete metros a su izquierda notó una silueta muy conocida que estaba de brazos cruzados y podía apostar que su mirada estaba clavada en Kaito y Aoko. Arquea sus cejas, era silueta era una mujer cuyo nombre era Akako.

-En seguida vengo, vi a una conocida. – Le dice a sus amigas para luego dirigirse a la bruja de la escuela… y no era un insulto porque en verdad era una bruja con escoba, hechizos y pociones.

Al irse acercando, fue notando la clase de ropa que usaba, unos pantalones de color morado que tenía bolsillos grandes y cuadrados a nivel de sus rodillas, unas botas cortas sin tacón de color café claro y un suéter de lana delgada también de color morado, pero más claro y con un discreto escote en U para mostrar el collar que colgaba en su cuello.

-Pero si es la bruja Koizumi Akako. – Exclamo fingiendo asombros. – Que sorpresa que una mujer de tan alta categoría se encuentre en un lugar como este.

-Deja los sarcasmos Kuroba Kuroi. – Le recomiendo al mismo tiempo que se cruza de brazos y alzaba una de sus perfectas cejas.

Ambas se lanzaban miradas asesinas, incluso se podía ver los rayos amarillos que salían de sus ojos. Kuroi acaba con el contacto visual moviendo su cabeza en negación, no había tiempo para esto.

-¿Por qué viniste?

-¿Qué no es obvio? – Y vuelve a observar a la pareja.

-No me digas que vienes a arruinar lo que me ha costado conseguir, porque te juro que te rompo la cabeza con su propia escoba.

-Me estas malinterpretando, yo no vengo a interrumpir la cita, si no a asegurarme de que se junten. – Confesó con una sonrisa confiada.

Kuroi abre la boca incrédula. Se había quedado congelada por varios segundos, pero logra reaccionar sacudiendo su cuerpo y coloca la mirada póquer de los Kuroba.

-Eso es sospechoso, ¿Por qué?

-Ambas sabemos que Kaito y yo somos iguales. – Le responde con una sonrisa confiada en los labios. – Nos obsesiona lo que no podemos conseguir y una vez que lo tenemos, nos aburrimos.

-Por favor, eso es lo más ridículo que he oído. Kaito y Aoko se gustan, pero son tan necios porque no se confiesan. – Dijo suspirando y pasando una mano por la frente por lo estúpidos que eran esos dos. – Más te vale no arruinarlo.

-¿En verdad me crees capaz? – Fingiendo estar ofendida. – Ya lo dije, cuando Kuroba consiga lo que quiere, se aburrirá rápidamente. Entre más pronto tenga sexo con Aoko, más pronto la dejara y eso será estupendo para mí.

-Vaya… me sorprendes. – Confesó revelando un sincero asombro. – Te gusta Kaito y te da celos… aunque te aplaudo lo del sexo, yo también espero que lo hagan pronto y me den sobrinos. – Agrega asintiendo con la cabeza.

-¿Celos? – Preguntó y no pudo evitar soltar una risa ante esas palabras que encontraba ridículas. – Que gracioso. Soy una bruja de la magia negra, el amor es ridículo para nosotros.

-Eres entonces una bruja de la magia negra enamorada. – Le dice apoyando sus manos en las caderas. – Y a pesar de todo, siento admiración hacía ti.

-¿Admiración por mí? – Preguntó con un tono serio y en estado de alerta, no confiaba en esa oración si salía de la boca de esa maga impertinente.

-Porque a pesar de no ser correspondida y tener el poder para destruir a Aoko en un ataque de celos, actúas con madurez y los dejas estar juntos y que disfruten sus momentos. Yo no sería capaz de soportar todo ese dolor, incluso llegaría a huir. Eres increíble, en verdad te respeto.

Ahora era el turno de la bruja en sorprenderse, jamás en su vida había oído a alguien diciendo cumplidos con tanta sinceridad, los hombres lo hacían sólo porque estaban embobados ante su belleza y no veían lo que era en realidad y las mujeres eran más listas que se daban cuenta como era y por eso no la integraban a su grupo, por mala o porque le tenían envidia.

Primero fue Aoko la que le fue sincera, diciéndole que la admiraba por ser bonita, inteligente y ser independiente. Y ahora Kuroi le decía esas palabras.

Y eso sólo la hacía entender de nuevo, que si no fuese por el mayordomo jorobado que la cuidaba en su castillo, estaría en ese mundo completamente sola.

Las amigas de Kuroi le advierten que Kaito y Aoko ya se estaban alejando, así que la maga se despide de la bruja para irse. Pero no da ni cinco pasos cuando Akako la detiene diciendo "Tonterías."

-¿Eh? – Volteando para verla.

-De tu boca sólo sale tonterías Kuroba Kuroi. – Se cruza de brazos manteniendo la seriedad en sus ojos. – Tú y tus amigas son tan novatas que de seguro Kaito se dará cuenta que ha estado siendo perseguido y si las descubre a ustedes, también me descubrirá a mí. Así que no tengo más opción que estar con ustedes y ayudarlas. – Concluye mientras caminaba hacía el grupo dejando a Kuroi detrás.

Kuroi se voltea para verla y no pudo evitar sonreír, estaba comprendiendo mejor a Akako y podía ver que tenía actitudes geniales como para ser parte de su lista de contactos, en otras palabras, no se llevarían tan mal como pensaba.

Sí, le estaba agradando.

Acelera el paso para alcanzar a Akako y a sus amigas cuando de golpe un escalofrió recorre todo su cuerpo que la hizo detenerse de golpe. No tarda en alzar una ceja, sólo le pasaba cuando tenía algo que ver con ese desgraciado y podía apostar que su teoría era la correcta.

-Maldición, esto es más asqueroso, ni que estuviésemos en una novela barata en que tenemos una conexión. – Gruñe volviendo a acelerar el paso. – Maldito Hakuba que me hace sentir estas cosas… Definitivamente necesito un hobby más saludable.


En el aeropuerto de Japón se podía ver a Hakuba caminando por los pasillos y con sus maletas en ambas manos. Finalmente había llegado y ahora debía ir con Baaya a buscar el auto que habían dejado en el estacionamiento (el auto que usaron en Londres era de otro modelo y lo fue a buscar un mayordomo de los Hakuba una hora después del vuelo). Al llegar al estacionamiento, Baaya le pide que espere, que ella buscara el auto y se lo traerá para no se esfuerce tanto.

Saguru no reprocho, tantos años con ella le hizo comprender que era tan obstinada que no podías hacerla cambiar de parecer, así que mientras ella cumplía su misión, él decidió esperarla sentándose en su maleta cuadrada y grande, de las que vienen con rueditas, y apoya su espalda en la pared del edificio.

Con la vista que tenía, podía observar los grandes carteles que habían para anunciar productor o alojamiento para los turistas, entre ellos, uno que mostraba nada menos que una fotografía de los ladrones Kaito Kid y Kaito Kuroi con sus nombres escritos de forma elegante delante de ellos, era como el anunció de un álbum musical.

El detective se lo queda observando y sonríe divertido.