¡Hola! Aquí les dejo este nuevo capítulo como prometí :D
Nota: El titulo si dice algo. Todo es parte de la historia -risa malévola de la autora-
Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.
Capítulo 7: nm'nd cnfntc tlts
Magnolia. 10 de Marzo – año x793 / Gremio de Fairy Tail.
- ¿Dónde está Natsu? – fue la primera pregunta que recibió el alquimista de hielo al poner un pie en el gremio después de haber salido corriendo detrás de flamitas.
- ¡¿Qué?! ¡Se supone que debería de estar aquí, me dijo que venía hacia el gremio!
Estaba siguiendo a Natsu después de su extraña conversación en el bosque, no lo había perdido de vista ni un segundo pero un extraño sonido proveniente de alguna parte de bosque lo distrajo y eso fue lo único que necesitó el pelirrosa para escapar de él. Resignado, siguió caminando y retomó el camino de regreso al gremio, tal vez el pelirrosa estuviera ahí pero, por la pregunta que le hizo la albina, todas sus esperanzas de encontrarlo en el gremio se fueron al traste.
- No ha venido, dime que está bien, dime que no le pasó algo malo – suplicó la albina y él solo pudo decirle que Natsu estaba bien, que solo había sido un ataque de ansiedad.
Estaba buscando como deshacerse de Lisanna que le preguntaba un montón de cosas sin sentido sobre la salud mental de Natsu cuando escucharon la voz del pelirrosa en la entrada del gremio con su ya tradicional:
- ¡Estoy en casa! – con la mano levantada y con una sonrisa. El alquimista lo volteó a ver y nuevamente desconoció a su amigo/enemigo, se había cambiado de ropa por unas botas de cuero altas, su pantalón seguía siendo blanco, la bufanda que le regaló Igneel seguía en su lugar pero había desaparecido su ropa de una sola manga siendo suplantada por una similar sin mangas, con los hombros descubiertos y unas muñequeras en negro. Su marca roja del gremio se seguía mostrando y portaba su sonrisa habitual, o eso pensaba el alquimista que seguía viendo algo extraño en Natsu.
- ¡Natsu! – fue el gritillo de felicidad de Lisanna al lanzarse a los brazos de su esposo que la abrazó con una sonrisa mientras ponía su cabeza en el hombro de ella y le susurraba cosas que al parecer divertían a la albina, entonces el pelirrosa levantó la mirada un momento, la enfocó en el alquimista y luego a un punto detrás de él con una sonrisa que parecía ladina, todo en menos de un segundo, como solo para que aquel que lo estuviese detenidamente entendiera el mensaje que iba oculto en esa mirada y en esa sonrisa
El Fullbuster por inercia volteó a ver hacia atrás de él para saber qué era lo que el cabeza de flama había visto pero no había nadie, era como si jugara con su mente y le divirtiera.
-Lugar desconocido- 24 de Marzo – año x793 / Un pueblo costero.
El viaje en tren estaba sumido en un silencio sepulcral, el alquimista de hielo no sabía cómo comenzar una plática sin sonar agresivo, pero era inevitable, no confiaba en Juvia. El maestro los había mandado juntos a una misión un tanto problemática, se podría decir que era peligrosa pero no tanto para ser considerada una clase S.
- Gray – lo había llamado en la mañana en cuanto había bajado de su oficina – irás con Juvia a una misión a un pueblo pesquero – le hablaba con seriedad, casi pareciera que el maestro sabía que él había estado "investigando" a sus nuevas compañeras – el trabajo requiere a un mago de agua y a un mago de hielo, y ustedes son los mejores, confío en que superarán las diferencias que tienen – habló mirándolo y supo que lo sabía – y logren completar esta misión con éxito. Juvia te estará esperando en la estación de trenes en una hora.
El alquimista asintió casi mecánicamente a la orden, había pensado en protestar, negarse o decir que él solo podría con la misión pero se lo pensó mejor, quizás en el viaje pudiera averiguar quiénes eran ellas o qué era lo que buscaban en el gremio. Además, con lo último que dijo el maestro le dio a entender que sus protestas serian ignoradas, el mago santo tenía todo listo y dispuesto.
Juvia parecía sumida en sus propios pensamientos, tenía un codo apoyado en la ventana del tren y su mentón descansaba en la palma de su mano que la sostenía. El alquimista la veía de vez en vez pero parecía que ella no se daba cuenta o ignoraba elegantemente las miradas sobre ella. Aún más intriga para el mago de hielo.
Llegaron a la estación de trenes en total silencio, así como habían pasado todo el camino, cualquiera que los viera pensaría que eran dos extraños que jamás en su vida se habían visto pero Gray no sentía el compañerismo que se supone debería sentir por su compañera. Cada uno cargaba su equipaje, que no era más que una pequeña mochila con las cosas necesarias para uno o dos días fuera de casa.
Comenzaron a caminar por el pueblo, alejándose de la estación de trenes y dirigiéndose a uno de los caminos rurales que salían del pueblo del cual ni se molestaron en aprender el nombre. Iban a una distancia bastante alejada del pueblo cuando Gray redujo el paso y se situó junto a la peliazul que lo miraba confusa pero sin dejar de caminar.
- ¿Sucede algo Gray-san? – preguntó curiosa con la voz cargada de inocencia confundiéndolo aún más.
- ¿Por qué te uniste a Fairy Tail? – preguntó algo simple y sencillo sin dejar de caminar con paso tranquilo junto a ella.
- ¿eh? – Se detuvo despacio – Juvia se unió porque Lucy-san se unió – respondió de forma tranquila - ¿Por qué le pregunta eso a Juvia, Gray-san?
El mago la miró detenidamente a los ojos en busca de algún indicio de mentira pero no lo encontró y Juvia no desvió la mirada, sino que se la sostuvo pero manteniendo un aire de inocencia. - ¿Por qué se salieron de Lord Phantom?
- Lucy-san le dijo a Juvia que era tiempo de irse del gremio – se le quedó viendo como no creyendo lo que le decía, esperando a que le dijera algo más. La peliazul suspiró y bajó la cabeza en un gesto que podría tomarse como una ligera sumisión – Juvia no miente, Juvia espera que Gray-san no le haga más preguntas porque Juvia no tiene las respuestas que Gray-san quiere escuchar.
- ¿Qué crees que es lo que quiero escuchar? – preguntó después de unos instantes. Se había sorprendido de la respuesta que ella le había dado.
- Juvia sabe por qué Gray-san aceptó la misión, lo hizo para preguntarle a Juvia sobre Lucy-san – lo miró a los ojos con ese aire inocente – porque Gray-san desconfía de nosotras. Juvia sabe que Gray-san ha estado investigando y que por eso desconfía, Juvia sabe que Gray-san cree que nosotras tuvimos que ver con lo que le pasó a Natsu-san y Juvia sabe que Gray-san desea que digamos que fuimos nosotras solo porque no entiende lo que pasa.
La estaba escuchando sin dejar de verla a los ojos, "lo sabe" pensó en ese momento, "sabe más de lo que aparenta" pensó después – Entonces, ¿Qué es lo que pasa? – inquirió viéndola a los ojos.
- Es algo que Juvia no puede decir – miró hacia el piso – Juvia solo quiere que Gray-san confíe en ella, Juvia prometió que nunca diría lo que sabe para proteger a la persona que se lo dijo.
- Esa persona, ¿es Lucy? – preguntó con algo de molestia. ¿Cómo podía pedir que confiara en ella si ella no era sincera con él?
Juvia levantó la cabeza y lo volvió a mirar a los ojos, esta vez parecía frágil y vulnerable, como si se fuera a caer con solo un soplo de viento – no puedo decirlo – y le dio la espalda empezando a caminar nuevamente hacia el pueblito costero de la misión.
El alquimista apretó los dientes y caminó tras ella deteniendo todos sus impulsos por sujetarla del brazo y no soltarla hasta que le dijera toda la verdad pero no lo hizo y siguió el camino en silencio. Llegaron al lugar de la misión, era un pequeño pueblito formado por chozas hechas de paja y tablas, estaba en un estado de abandono, como si habitaran el lugar por temporadas. En ese momento la tarde caía y la brisa del mar los despeinaba, podían ver unas cuantas fogatas encendidas frente a algunas chozas que parecían estar en mejores condiciones que las de la entrada del lugar.
Se acercó a la más próxima, no había nadie fuera de la choza y decidió entrar para ver si había alguien adentro encontrándose con una familia que le pareció que eran pescadores por la ropa que vestían pero no estaba en buenas condiciones. Juvia caminaba tras él. Entonces se presentaron como los magos que Fairy Tail había mandado para la misión que ellos habían encargaron.
Las personas les explicaron que se trataba de una extraña creatura que salía del mar por las noches y raptaba a cuanta persona se encontraba, que la luz del fuego lo alejaba pero que siempre mandaba una ola que apagaba las fogatas. Él y Juvia asintieron ante lo dicho y les dijeron que ellos se iban a encargar esa misma noche de la creatura. Las personas del pueblo agradecieron eso y les dijeron que podían acampar en alguna de las chozas abandonadas que había en la playa ya que varias de las personas se habían ido de ahí cuando empezó a salir esa creatura del mar.
- Gray-san – lo llamó la peliazul cuando se alejaban de las personas e iban hacia la choza más cercana – Juvia cree que deberíamos acampar en esa – señaló una choza de las de la entrada y no las de la playa. Gray lo pensó por un momento pero decidió que no era conveniente, mientras más cerca de la playa más rápido verían a la creatura y más rápido terminarían la misión, además de que no podía confiar en ella. Juvia no volvió a insistir y lo acompañó a la choza de la playa.
Cuando terminó de caer la noche varias de las fogatas se habían encendido en la orilla de la playa y los habían invitado a cenar con ellos. Los lugareños le dieron agua de coco y pescado asado en una vara de madera. El alquimista comió con ellos mientras le seguían diciendo las cosas que habían pasado, cuándo había aparecido por primera vez la creatura y todos los detalles de cómo la habían intentado combatir, pero notó que Juvia no comió más de un bocado y un sorbo del agua aunque las mujeres del lugar le instaban a comer ella alegó que se sentía llena.
No habían terminado de comer los lugareños cuando el mar se alzó ante ellos dejando el paso a un calamar gigante se salía de entre las aguas de la playa. Las mujeres gritaron y tomaron a los niños en brazos refugiándose en sus casa, los hombre dudaron un momento pero luego siguieron a las mujeres dejándolos solos. Gray se limpió la boca y se levantó para atacar al colosal calamar pero sintió que el mundo le dio vueltas un instante mareándose pero recuperando el control de su cuerpo.
Atacó en solitario sin pedirle ayuda a Juvia, que se había quedado parada en la arena, pero de inmediato notó que la piel del animal era demasiado dura como para sucumbir ante el hielo; volteó a ver a Juvia para pedirle ayuda pero lo que encontró lo desconcertó más.
Las mujeres del lugar habían tomado desprevenida a la peliazul y en ese momento la tenían amarrada con las manos en la espalda y una mordaza en la boca para que no pudiera hablar - ¡Juvia! – gritó dejando de atacar al animal y tratando de ir a socorrerla pero los hombres del lugar se interpusieron en su camino apuntándolo con lanzas afiladas. Mientras tanto ella se debatía por soltarse del agarre de las mujeres. Los hombres estaban parados detrás de él, cuando quiso apartarlos usando su magia el mundo se le volvió a mover llevándose las manos a la cabeza.
Los hombres aprovecharon ese momento para atacarlo con las lanzas hiriéndolo en varias partes del cuerpo. El alquimista solo veía manchones que se movían muy rápido y sentía como los filos de las lanzas se clavaban en su cuerpo, entonces empezó a llover. La lluvia hizo que los hombres detuvieran su ataque al alquimista que estaba luchando por levantarse, entonces escuchó un grito escalofriante de la dirección donde recordaba que estaba lluvia amordazada y se obligó a levantar la cabeza para ver qué era lo que sucedía, aun sentía que el mundo se movía y sea lo que sea que le estuviera pasando a Juvia, él no podía llegar a defenderla.
Vio a Juvia arrodillada en la arena, aun amarrada pero sin la mordaza de la boca, sus ojos estaban blancos, completamente abiertos y una esfera de agua la protegía e impedía que las mujeres y las lanzas de los hombres, que habían dejado de prestar atención al malherido Gray, llegaran hasta ella haciéndolas astillas al momento de tocar la superficie de la esfera. La lluvia se intensificó volviéndose una tormenta, el peso del agua sobre el cuerpo mareado y azotado de Gray le impedía levantarse de la arena donde se había desplomado nuevamente pero sin dejar de mirar a la peliazul.
El mar rugió con la tormenta y el viento nocturno azotaba los arboles moviéndolos de extrañas maneras, de pronto, un brazo hecho completamente de agua de mar sujetó al calamar gigante destrozándolo y llevándose los restos al fondo mientras otro brazo hecho igual barría contra todos los atacantes arrojándolos lejos del lugar en tierra firme.
Y así como comenzó la tormenta así terminó, la esfera que cubría a Juvia se deshizo junto con las amarras que impedían que ella se moviera y se desplomó en el piso inconsciente. El alquimista se arrastró como pudo hasta ella pero no logró llegar, se quedó a unos metros de ella, cerrando los ojos y desplomándose en la inconciencia también.
Gracias nuevamente por leer :D
Respondo Reviews :D
-Sky in pieces: Gracias y es pero que la continues leyendo, habrá más dudas jejeje pero todo tiene una respuesta y si no, la invento jejeje :P
-jbadillodavila: gracias :D
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