Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Huellas Imborrables
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Capítulo 7: La coherencia del imposible.
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Hanabi tocó la orilla del vestido para sentir la fina tela color negro.
Levantó la cabeza para ver cómo un grupo de personas bailaban en medio de la pista de aquel pequeño salón de fiestas. Personas de edades variadas que reían y charlaban entre sí, como si se conocieran de toda la vida. Los padres de Matsuri, por ejemplo, parecían las personas más felices del mundo con esas sonrisas de oreja a oreja. Y ella, Matsuri, metida en aquel vestido amarillo que parecía pastel de bodas, danzaba de un lado a otro recibiendo abrazos y frases de alabanza.
La Hyuga pensó que parecía una princesa de Disney. Sí, la chica que se enamora de la bestia.
Las luces brillantes de la escenografía caían en ella como un nupcial de baile. La música te invitaba a unirte a la celebración, pero ella no pensaba hacerlo de cualquier modo. Ya tenía casi una hora allí sentada desde que empezó la fiesta, y aunque Matsuri se acercó a invitarla a conocer al resto de su familia y amigos, ella se había negado, amablemente, si se podía serlo de algún modo.
Además, se sentía incómoda dentro de ese modesto vestidito de diseñador, que logró comprar un día antes. Sabía que lucía bien, pero no estaba acostumbrada a usar ropa de ese estilo.
Miró la hora en su móvil, las nueve a penas. Decidió que sólo se quedaría una hora más, como mínimo.
En ese momento vio que la castaña se acercaba con otra muchacha parecida a ella. La otra chica tenía también el cabello castaño, más largo, pero lo que no tenía nada largo era ese vestido dorado que usaba. De principio a primera vista, no le dieron ganas ni de conocerla, aunque el plan de Matsuri era opuesto.
—Hanabi, ella es mi prima Sari —mencionó sonriendo mientras cargaba en la cabeza una corona ridícula que le colocaron al finalizar su clásico vals.
Sari sonrió con entusiasmo y le dio un abrazo como saludo. Hanabi ni siquiera intentó forzar una sonrisa.
—Matsuri me contó que tu hermana es novia de Gaara, ¿es cierto? —preguntó la castaña con ojos expectantes—. ¡Tu hermana debe ser la mujer más hermosa del universo! Para que Gaara le haya hecho caso a una mujer, realmente debe de ser una preciosura —le dijo con ojos soñadores—. Él es tan serio, tan reservado, por un momento llegué a pensar que odiaba a las chicas.
Hanabi le pareció extraño que una mujer que acababa de conocer le preguntara eso, pero más extraño era saber que Matsuri hablaba de su hermana y sus asuntos personales con desconocidos, como esa tal Sari, que rayaba en lo ridícula con ese atuendo de prostituta infantil. Por ello le echó una mirada recelosa, y la quinceañera pareció ponerse ligeramente nerviosa, aunque intentó restarle importancia.
—Sari siempre ha pensado que Gaara es lindo.
Aún así, Hanabi no sentía confianza en Sari, y prefirió mirar hacia la pista de baile, sin responder a su pregunta.
Sari notó pronto que no era bienvenida ahí. Sintiendo el desplante, le hizo mala cara a la pelinegra, y después de susurrarle algo al oído a su prima, se marchó hacia otro lado, contoneando las nacientes caderas de adolescente precoz que tenía. Matsuri se sintió un poco confundida por lo que había sucedido, dándose cuenta de su fallida presentación.
—Lo siento —musitó con voz apenada—. A veces es un poco imprudente.
—No importa.
Matsuri sonrió y volvieron a sentarse lado al lado.
Desde ese punto, la castaña le señalaba con el dedo a las personas para decirle quienes eran. Así la Hyuga pudo conocer a su tía favorita, su abuelita adorada y el vecino que se enamoró de ella como un tonto desde el kinder. Era su intento para que Hanabi no se sintiera excluida y pudiera gozar un poco la celebración. Al parecer, era la única mujer sin pareja y la única que había permanecido en la mesa desde que comenzó la fiesta. Además, Matsuri sentí cierto compromiso por lograr que su compañera disfrutara la velada. Creía, sin razonarlo realmente, que era un honor tenerla allí a su lado.
En ese momento sonó el celular de la Hyuga y tuvo que levantarse para ir a contestar al sanitario, dejando a la anfitriona sentada sobre su despampanante vestido amarillo.
Cuando Hanabi no reconoció el número en su teléfono, dudó en contestar, pero finalmente lo hizo.
—¡Hanabi! —era la voz chillante de Sakura—. ¿Cómo estás?
Totalmente sorprendida, Hanabi tardó en responder.
—Bien…
—¡Me alegra! —la rosada parecía estar divertida al otro lado de la línea—. ¿Qué haces ahora?
—Estoy en una fiesta —comentó, aún ligeramente perpleja.
—¡Qué mala noticia! —musitó con voz repentinamente decepcionada—. Pensé que tendrías la noche libre para que puedas venir con nosotras a celebrar.
—¿Celebrar? —pareció confundida.
—¿Hinata no te lo dijo? —volvió su tono de voz animado—. Supongo que no. ¡Debió decírtelo, es increíble! ¡La banda tiene una presentación el próximo sábado!
Sakura le explicó entre palabras rápidas que Kyubi's Prophecy tendría su primer presentación en un conocido café-bar de la zona céntrica de la ciudad. Sasuke se había encargado se dar a conocer a la banda con algunos de sus contactos, y un amigo de su hermano mayor les había invitado a unirse como grupo invitado. Todos estaban en éxtasis de emoción y no repararon en festejar el primer triunfo en grande, como sólo su círculo sabía hacerlo.
—¡Me hubiera gustado que estuvieras con nosotros! —sugirió Sakura cuando también explicó que no pudo localizar a Hinata por ningún lado.
Hanabi había experimentado una nueva ansiedad en su cuerpo, como si estuviera tentada a romper sus propias reglas y sólo hacer lo que quería, dejándose llevar. Miró a su alrededor, sintiendo que quizá iba a actuar deshonestamente, aunque la realidad, es que quería marcharse e ir de prisa a donde Sakura le invitaba. Era quizá la situación ideal que buscaba, escaparse hacia algo mucho más intrigante y diferente. Quería ver a Sakura, quería volver a repetir lo de la última vez. De algún modo, le gustaba estar rodeada de esas personas, aún cuando a penas los conocía.
—Puedo ir… —susurró, sabiendo que se arriesgaba.
—¿De verdad? —Sakura se emocionó—. Dime dónde estás, Ino y yo pasaremos por ti.
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Hanabi buscó entre las personas que bailaban en la pista de baile, a la mujer del vestido amarillo. Sintió una ligera ansiedad al saber que se marcharía, y la encontró en medio de la pista, riendo muy divertida en compañía de su famoso vecino enamorado.
—Tengo que irme ya —musitó, un poco nerviosa, cuando le tocó el hombro.
Matsuri quedó ligeramente petrificada y en sus ojos se observó un destello de desilusión. Le sostuvo de la mano, como si con ese gesto pudiera convencerla de que no se marchara. Y Hanabi lo sintió tan claro como la castaña deseaba, pues en ella se impregnó un triste pesar al abandonarla, casi al principio de la celebración. Pero no podía seguir ahí, no cuando los amigos de su hermana la habían contactado para invitarla a salir. No podía desaprovechar esa oportunidad.
—Lo siento… —murmuró Hanabi mientras le soltaba la mano—. Nos veremos el lunes.
La pequeña de orbes de perla caminó entre todas las personas tratando de escapar de la pista de baile, y sin mirar atrás, abandonó aquel pequeño y adornado salón de eventos.
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Hanabi no podía verse a sí misma casi comiéndose las uñas mientras esperaba que el coche de la Yamanaka apareciera en la calle.
Apareció, estacionándose de modo brusco frente a la acera de un supermercado. Hanabi volvió a sentir esos nervios revolotearle en el cuerpo, por lo nuevo que ocurría en su vida. Subió al asiento trasero de inmediato y saludó a las dos mujeres de enfrente. Ino fumaba un cigarrillo y Sakura le decía que estaba alegre de que viniera con ellas. Poco después, el coche arrancó nuevamente por la avenida con una velocidad ligeramente excedida, tanto así, que Sakura optó por reñir con su rubia amiga para que manejara prudentemente.
—Si quisiera morir, ten por seguro que no sería en un accidente automovilístico, y tampoco contigo —musitó la rosada antes de girar su cabeza al asiento trasero. Hanabi sonrió, al ver cómo se llevaban las dos chicas. Sakura se mordió el labio y la vio de arriba abajo—. Vienes tan elegante…
—Estaba en una fiesta de quince años… —comentó con tono de voz irónico, como si fuera patético.
Sakura se rió.
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Ino abrió la puerta de la casa de Sasuke y se encontró con una multitud de aproximadamente veinte personas, que Hanabi no lograba reconocer.
Habían llegado a la casa de los Uchiha, donde se celebraba su nuevo éxito. Era una casa grande, con un amplio jardín delantero, una amplia cochera y una amplia sala, llena de personas de la escuela, mayormente del quinto año, grado en el que iban Sakura y los demás. Pero también había personas que parecían mayores, o eso pensó Hanabi, cuando divisó un grupo de seis cerca de una puerta de cristal que daba al patio trasero. Uno de ellos era muy parecido a Sasuke, obviamente más alto, con el cabello largo atado a una coleta y unas peculiares líneas expresivas debajo de los ojos. Vestía de negro y sonreía prudentemente. Enseguida dedujo que era el hermano mayor de Sasuke.
Hanabi se quedó cerca de la entrada, ligeramente tensa. Las aglomeraciones nunca le habían agradado, aunque esta vez era una ocasión diferente. Por ello parecía nerviosa, sin saber a dónde ir, pues Sakura de inmediato se perdió en busca de Sasuke, e Ino corrió al sanitario de prisa antes de que su vejiga explotara. Así que no le quedó más que entrar a la casa por sí sola e intentar encontrar a Naruto.
Cuando llegó a la cocina, lo vio recargado en la barra, acompañado de Kiba, una pelirroja llamada Karin, un amigo de su hermana de anteojos oscuros y abrigo militar, y una rubia desconocida con un fleco y orbes color violeta. Todos tenían un vaso entre manos y hablaban casi al mismo tiempo, a excepción del chico de anteojos, que parecía opinar sólo cuando alguien dejaba un momento en silencio.
Hanabi se sintió imprudente allí parada en el marco de la cocina, observando al Uzumaki y al resto, casi deseando que él girara a verla para no tener que ser ella la que interrumpiera. Pero después pensaba que no encajaba allí y que su presencia sería inútil cuando todos parecían estar pasándola de maravilla, y ahora deseaba que nadie la notara ni por accidente. Pero en ese instante, la mirada de Kiba se cruzó con la suya, lo que la hizo enrojecer, casi temblar, y estuvo a punto de esconderse. Kiba en cambio la miró sin expresión alguna y le dio un codazo en las costillas al rubio para que prestara atención.
Naruto estiró el cuello, y pareció sorprendido cuando reconoció la silueta que intentaba esconderse detrás de una planta de adorno. Hanabi no se movió de su sitio, sin saber realmente qué hacer, pero cuando vio que Naruto dejaba al grupo y se acercaba a ella, no pudo ni moverse, quedando tiesa como el hielo.
Él se detuvo frente a ella casi sin expresión, lo que a Hanabi le causó un choque eléctrico en el cuerpo. Parecía que Naruto era otro cuando tenía esa expresión en el rostro, pero al instante pareció relajarse, y sonrió de inmediato. Los ojos de Hanabi brillaron al tenerlo a esa distancia, y el recuerdo de aquella tarde en la habitación de Hinata volvió a incrustarse en su memoria. Respiró, intentando controlar su estúpido nerviosismo, e intentó sonreír, tratando de romper esa imagen de él, desnudo, sobre ella.
—¡Hanabi! —exclamó el rubio, que vestía una playera blanca y pantalones negros. Hanabi se cruzó de brazos por encima del abrigo que cubría su vestido. Naruto lo notó—. ¿Te vestiste así para venir aquí? ¡Qué elegante!
Hanabi observó su atuendo y se sintió un poco ridícula.
—No en realidad, estaba en otra fiesta… —le informó, sintiéndose esa nueva sensación extraña que nacía cuando él estaba mirándola.
—¿Dejaste una fiesta por venir aquí? —dijo impresionado, y Hanabi creyó que se vería como una grupie idiota, quizá el pensaría entonces que deseaba verlo como una acosadora. Pero Naruto sonrió con encanto—. Eso es genial dattebayo'.
Hanabi no supo qué responder. Para su salvación, Sakura apareció.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó tomando una mano de la Hyuga—. Sasuke armó una fogata, la noche se ve preciosa, vamos afuera.
Con una mano, la rosada haló a la pequeña Hanabi para llevársela, pero Naruto le jaló la otra para detenerla y Sakura le observó mientras él se acercaba a su cara.
—¿Y ella…? —la mirada del rubio pareció dilatarse, como si ocultara un secreto o algo prohibido que no podía ser dicho ante nadie más—. ¿Vendrá?
Sakura entendió al instante a quién se refería, y le dirigió una mirada desalentada, casi apenada, mientras negaba con la cabeza.
—Lo siento.
Naruto asintió con la cabeza, intentando no parecer afectado y guardó silencio. Sakura le jaló de la mano para llevarlo también afuera, intentando sacarlo de ese eclipse sentimental, pero él se excusó diciendo que primero debía ir al sanitario.
Sakura y Hanabi salieron juntas hacia el patio trasero. Allí los esperaban todo el resto, incluso el hermano de Sasuke y sus amigos. Habían colocado una alberca inflable cerca de la entrada y allí depositaron las latas de cerveza y botellas de licor. Todo pintaba a que esa noche sería larga, tendida, y muy entretenida. La luz lunar ejercía como manto, dando un cálido y acogedor ambiente para un momento perfecto.
Mientras, en medio del lugar, la llama ardiente crecía e iluminaba la cara de todos a su alrededor.
Hanabi observó a su alrededor ligeramente, viendo cómo cada uno interactuaba. La charla se armaba de casi algo inexistente y todos participaban en ella. Las opiniones variaban, pero todos tenían algo que decir. Incluso esa chica de orbes violetas, que tenía un gesto de presunción y desinterés, reía y levantaba la voz ligeramente para que la escucharan. En cambio ella, le era tan difícil ser extrovertida. Ni siquiera podía responder con una oración larga, era tan técnica y práctica, una nerd sin gracia. Inclusive su hermana, que rayaba en la timidez como ningún otro ser, resplandecía cada momento con esa facilidad para hacerla reír naturalmente y sonreír con dulzura, como una delicada muñeca de porcelana, candorosa y encantadora.
Naruto se había dado cuenta de esa cualidad en Hinata, un poco tarde para su pésima suerte. Ahora lo veía susurrando en secreto palabras que envolvían a su hermana como la dolorosa causa de su tormento. Lo había razonado ahora, una vez que reconoció a el cruce de palabras entre él y Sakura, breves segundos antes. Sí, sabía que se trataba de su hermana de quien hablaban.
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Ya tenía cinco minutos encerrado en el sanitario.
Por séptima vez, marcó el mismo número, esperando que la línea dejara de timbrar y que su voz se escuchara de una vez por todas. Apretó el teléfono a su oreja, diez segundos más, y nuevamente, el tedioso buzón de voz prestando su servicio. Eso lo hizo apretar los dientes de coraje.
—Mierda…
Volvió a marcar el radial, ignorando si estaba viéndose como un sicópata.
Para su mala racha, alguien tocó la puerta con fuerza, obligándolo a salir de su cápsula de auto-tormento. No podía seguir allí metido como un demente acosador. Ya había hecho demasiados intentos, posiblemente ella había visto de quién se trataba y decidió no contestar. Ese simple pensamiento lo llenó de rabia, pero más que eso, lo llenó de un total desconsuelo.
Abrió la puerta y Shino apareció ante él.
—Todavía no he perdido la consciencia como para orinar las flores del jardín —dijo mientras se metía al baño, se bajaba el cierre del pantalón y empezaba a orinar en la taza. Naruto se quedó en el marco de la puerta, sin prestarle atención. Aunque Shino pareció intrigarse con su repentino semblante—. Shion preguntó por ti.
Naruto recapacitó en las palabras del chico, recordando que todos allá afuera estaban celebrando.
—Necesito más cerveza.
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Sakura rodó los ojos cuando vio que la Yamanaka coqueteaba con el hermano de Sasuke. Desde que la conocía, ya había notado que la rubia tenía cierta debilidad por los hombres que le aventajaban ligeramente de edad. No era tan grave, en realidad, el mayor que le había conocido tenía treintaidos años, y para su pésima suerte, fue algo platónico… sí, hombre casado. Lidiar con eso en el bachillerato podía ser un poco contraproducente, más si se trataba de tu profesor.
—No logrará nada con Itachi… —fueron las palabras de Sasuke, que estaba junto a Sakura y Hanabi, frente a la fogata, mientras observaba a la rubia susurrarle algo al oído a su hermano.
—No se lo diré, se encapricharía aún más —musitó la rosada, aguantando la risa.
Hanabi observó como ambos se burlaban y después se besaban en los labios, como si estuvieran solos.
Ino Yamanaka parecía muy concentrada en ser encantadora y carismática con Itachi. ¿Por qué no podía tener una oportunidad con él? Era bonita, graciosa, tenía una personalidad única, llamaba la atención visual, y aunque era un poco escandalosa, era agradable. Tenía todo para ser una candidata predilecta a seducir hombres, por mayores que estos fueran. No entendía por qué no podría lograrlo.
En ese instante el teléfono le sonó en el abrigo, haciendo que respingara del susto. Lo tomó de prisa, para comprobar que la llamada provenía de su casa. Resopló, recordando que le había dicho a su padre que llamaría cuando necesitaran pasar a recogerla. En ese momento, no tenía planeado irse de aquel lugar, así que contestó y para no tener la responsabilidad en los hombros de marcharse, le dijo a su padre que Ino la llevaría a casa. Hiashi accedió después de un largo silencio.
Hanabi levantó la vista hacia la rubia, la cual supuestamente la llevaría a casa, y la vio riendo estrepitosamente mientras tomaba de una lata de cerveza. Entonces cayó en cuenta que sería épico y problemático pedirle que la llevara a casa, mientras veía cómo desgastaba su estado sobrio. Eso lo arreglaría más tarde.
En aquel instante, Naruto apareció mostrando un semblante totalmente diferente al anterior. Ahora parecía entusiasta y alegre. Tomó una cerveza y caminó en dirección a Hanabi, que ya se había servido un vaso de vodka con jugo de arándano.
—Brindemos por esta noche —dijo el rubio chocando su lata con el vaso de ella.
Hanabi lo observó y se dio cuenta que se esforzaba por parecer contento. Si hubiera sido antes, le hubiera dado pena ajena y lo hubiera ignorado. Pero ahora, sentía una sensación contradictoria. Le molestaba verlo así, fingiendo por culpa de Hinata. Porque estaba segura que ella tenía gran parte de la culpa. Es decir, le declaró su amor abiertamente, casi en público, y aunque él no le dio muchas esperanzas, ella dejó claro que siempre sería el único. Y ahora, ella estaba con aquel extravagante pelirrojo.
—Deberías olvidarla de una vez… —espetó sin quitarle la vista. Naruto, que bebía de la lata, se detuvo y también le observó. Hanabi se dio cuenta que había hablado quizá de más, pero ya lo había dicho, ya no podía retractarse—. Ella no va a dejarlo por ti.
En los ojos del rubio se dibujó una mirada de rabia. Hanabi quedó perpleja, y quizá un poco asustada. De pronto se arrepintió de lo dicho. Pero Naruto bajó la vista por breves segundos, en silencio, y cuando volvió a mirarla, ya parecía tranquilo de nuevo.
—Sé lo que debo de hacer… —declaró, sonriendo.
Hanabi asintió, con cierto confort. No era que se sintiera feliz, más bien, le dio una sensación de calma. O más bien, esperanza. Algo que aún no podía definir.
—Necesitamos hacer algo divertido… —dijo el rubio repentinamente, con un nuevo y mejorado ímpetu.
—¿Qué quieres hacer? —cuestionó sonriendo, sin saber qué esperarse.
Le indicó con la cabeza que lo siguiera para unirse al resto. Se acercó a los demás que estaban del otro extremo de la fogata, y los reunió para formar un solo círculo. Presentó a Hanabi a los que no la conocían, como Karin, que le sonrió y la monitoreó por debajo de las gafas, también le preguntó el parentesco con Hinata, y cuando supo que era su hermana menor, se sorprendió, observando a Naruto con rareza. Cuando le presentó a Shion, la chica sólo emitió una sonrisa corta, y giró la vista a otro lado. Hanabi le dio mala espina, y trató de no prestarle atención.
Al avanzar la noche, Hanabi parecía acoplarse más en aquel círculo. Y aunque le era difícil opinar, lo hacía con frases cortas y acertadas. En una ocasión, había hecho que todos en el grupo, incluyendo a la presuntuosa Shion, rompieran en risas.
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Poco antes de la una de la madrugada, Hanabi creyó que no debía deber más.
Cuando entró al sanitario medio tambaleándose, se miró en el espejo y vislumbró su reflejo sonriente. Sí, sonreía sin razón alguna. La sorprendió, pero además de eso, la hizo sonreír aún más. en definitiva, debía dejar el vodka. Así que se remojó las manos y se las pasó por el cabello, acomodándolo un poco, lista para reunirse con todos allá afuera.
Al abrir la puerta del baño, escuchó una risita divertida cerca.
La curiosidad le instó para asomarse a la sala, que ya estaba vacía, pues todos continuaban afuera junto a la fogata. Por ello le pareció extraño. Primero pensó que se trataría de Sakura y Sasuke. Así que deambuló hasta la salita, siguiendo de largo hasta la cocineta, la cual estaba abandonada. No era que quisiera espiarlos, sólo era morbo y curiosidad, ese que brota como sangre a la herida cada vez que uno bebe de más.
Escuchó un ruido cerca del cuarto de alacena, y de pronto un ruido más cerca por el pasillo de afuera, lo que obligó a detenerse para no ser vista. Fue allí cuando vio a Ino caminando mientras alguien la arrastraba de la mano hacia el interior de la casa, justo camino a las escaleras. No pudo evitar asomarse, sólo para descubrir que se trataba de Itachi Uchiha, llevando a una sonriente Ino, hacia la planta superior. Su corazón latió fuerte por la impresión, y cuando ellos se perdieron en alguna habitación de allá arriba, todo quedó en silencio.
Primero, Hanabi pasó de perpleja y sorprendida, a sólo quedar sorprendida, dándose cuenta que en realidad, nadie podía asegurar algo como lógica en esta vida. Sí, la lógica de otros era obsoleta. Y sonrió, razonando lo incoherente que podían volverse las cosas, así como Sasuke lo había predicho.
¡Noches bonitas para todos, lectores bonitos! He aquí con una nueva actualización. No pudo despegarme sin antes terminarlo. Les aviso que en el próximo capítulo se viene algo intenso e inesperado, o quizá sí sea esperado, pero tal vez no como se imaginan. No les cuento más, más bien les agradezco a todos por sus geniales reviews, me encanta recibirlos. Espero que aguanten para la siguiente actualización ;)
PD. Publiqué un nuevo fic (lo sé, debería terminar lo otros antes de subir uno nuevo, y luego, multichapter), pero es que casi se escribe sólo, en serio. Se llama Ecos del desierto, ambientado en el mundo ninja, con temática Angst/Hurt/Comfort, y además, se trata de un GaaIno. No el primero que escribo, pero el que definitivamente se lleva la delantera del resto que he hecho, y no he publicado. En fin, ahí está ;)
¡Nos vemos en la próxima! ¡y no se olviden de dejar su huella acá abajo en el recuadro!
Miss K
