– Pero por qué… - Se quejaba entre susurros inaudibles la pelirrosa con cara de exasperación.

Llevaban dos horas de camino hacia a saber Kami dónde. La noche antes de partir se había motivado a sí misma para hacerse un hueco en Akatsuki y por la mañana había estirado los músculos y había estado calentando para seguirles el ritmo a sus nuevos compañeros; para que estos vieran que ella podría aportar algo más a la organización que cerebro y conocimientos médicos. Si en el camino era lo suficientemente rápida, ágil y con buena resistencia por el momento no tendrían ninguna queja de ella; o eso pensaba.

Ella junto con Itachi, estuvieron esperando un buen rato en silencio a Kisame hasta que éste al fin se decidió a aparecer entre bostezos. No hubo miradas, ni un atisbo de diálogo. Nada. Ella estaba tensa y cada poco daba saltitos en el sitio para no enfriarse.

Empezaron a caminar en cuanto Kisame les alcanzó. Aún sin decir palabra. Siguieron caminando, caminando y caminando. Por el medio del sendero.

Sin carreras, sin saltos, sin prisa, sin esconderse. Como quien va de paseo sin miedo a ser seguido, atacado o visto.

Caminaban con un deje de tranquilidad tan abrumante y con tanto silencio que ni si quiera se escuchaban sus respiraciones, que tenía el efecto contrario en Sakura; se estaba estresando. Mucho.

'Tranquilízate, disfruta del paseo' – Se intentaba convencer.

Escuchó el trote de dos caballos detrás; echó un ojo y vio a un anciano en un carro tirado por dos preciosos caballos. Miró hacia sus compañeros. '¿Lo habrán escuchado?' No hicieron nada, siguieron caminando tranquilamente por el sendero hasta que el carro los alcanzó y se hicieron a un lado para no molestar el paso.

– Gracias, buen día – Dijo aquel anciano con una sonrisa mientras los adelantaba.

– ¡Buen día! – Le contestó un muy animoso Kisame mientras le despedía con la mano.

Esto era el colmo. Se habían vuelto a incorporar en el camino para seguir andando con parsimonia. Sakura no pudo más, se quedó quieta y con un puchero se quejó:

– ¿Por qué vamos caminando? ¡Somos ninjas y parecemos tortugas!

Nadie le contesto, esos dos seguían caminando.

– ¿Por qué vamos por el camino principal? ¡Estamos a la vista de todos!

Kisame se paró y la miró divertido. El Uchiha al darse cuenta de que su compañero se había quedado mirando a la chica mientras esta se quejaba detuvo el paso y se giró hacia ellos.

– Cuanto antes lleguemos, antes tendremos que trabajar – Dijo el pez encogido de hombros. Itachi asintió.

– ¿Qué? – Sakura se quedó en blanco - ¿Es broma?

Los dos la miraban algo sorprendidos, ¿de verdad ella tenía ganas de trabajar? Sakura al no recibir respuesta y no encontrar la manera de rebatirles el hecho de no llegar rápido al refugio para no recibir misiones decidió al menos, intentar saber por qué caminaban por el camino principal.

– ¿No sería mejor ir por el bosque? – No tuvo respuesta, ellos la seguían mirando - ¿O caminos secundarios?

Los chicos se miraron, y se entendieron. No estaban dispuestos a confesarle a aquella joven que, el hecho de que fueran por el camino más obvio de todos se debía a que los dos tenían un pésimo sentido de la orientación. Al menos, en cuanto a llegar a los refugios se trataba. Había tantos y en tantos sitios que era imposible saber la ubicación de todos desde cualquier lugar por lo que los caminos principales eran la mejor guía. Compartieron mirada durante unos segundos y después, se giraron y emprendieron de nuevo la tranquila caminata.

Sakura se quedó de piedra. La habían ignorado totalmente. Se sorprendió olvidando que tenía ante sí a dos de los mejores y más peligrosos shinobis que el mundo conocía; ahora solo veía un par de vagos orgullosos. Por suerte o por desgracia esto hizo que ella empezara a tener confianza con ellos; no le importaba quedar de niñata. Tenía ganas de discutir, y ya le daba igual que fueran unos reconocidos miembros de Akatsuki; ahora ella también lo era, tal vez no reconocida ni tan fuerte; pero se convenció a si misma que no tenía por qué sentirse menos.

– ¡Tú! – Dijo señalando a Kisame - ¡Me habías dicho que si iba a estar con vosotros más me valía hablar más que el sabelotodo! ¡Pero si tu boca parece de adorno también!

Itachi, que iba en primera línea se volteó para verlos a los dos. Por su parte Kisame se había quedado estático mirando hacia la nada con todo el cuerpo respingado. No tenía valor para mirar al Uchiha pues sabía que este le estaba dedicando una de las mejores miradas asesinas de su colección. Con una mano rascándose la cabeza decidió hablar.

– Yo no he dicho que tu boca fuera de adorno – Se rio tensamente.

– Tsk.

La mirada del Uchiha se desvió a Sakura con intención de intimidarla; pero eso no se acercaba ni de lejos a lo que pasó. Al fijar sus ojos en ella no pudo evitar sorprenderse. Allí estaba ella, con la cabeza ladeada y la mirada perdida en algún punto del espeso bosque; sus brazos cruzados y sus pequeños dedos temblando, con su cara sonrojada sin saber si era de vergüenza o enfado, o tal vez de las dos cosas a la vez. Su boca se movía entre pucheros y una línea recta; pudo ver perfectamente como ella intentaba mantener la compostura y hacerse la dura a la vez que sus ganas de discutir y la vergüenza que sentía por ello la delataban. Definitivamente no era la típica estampa de alguien con la mítica capa de nubes rojas. Ella le devolvió la mirada de forma inocente, como quien no quiere mirar, ajena al escrutinio que estaba recibiendo por parte del Uchiha. Lejos de mantener la compostura, este aparto su mirada avergonzado y se maldijo por el leve desliz que había tenido por culpa de esos inocentes gestos y ojos verdes.

– Tampoco te he llamado sabelotodo – Volvió a reír Kisame

Itachi esta vez le dedico una mirada cansada, sabiendo que su compañero solo buscaba divertirse; no era la primera vez que le buscaba las cosquillas llamándolo ególatra y sabelotodo. Confundido por la calidez que inundo su rostro al pensar en la actuación de la pelirrosa decidió que ya habían caminado suficiente por hoy.

– Entraremos en el bosque – sentenció

Vio que Sakura hacia un intento de gesto triunfal y no pudo evitar querer llevarle la contraria.

– Buscaremos un sitio para pasar lo que queda de tarde y la noche. Mañana seguiremos por el camino principal.

¿Por qué había dicho eso? ¿Qué sentido tenía picarla? Sonrió en silencio. Sí que tenía sentido, sí. Supo que sería fácil cogerle el gusto a molestarla porque ya le había cogido gusto a su enfado.

– ¿Ya? – Preguntó ella – Pero si no hemos avanzado nada…

– Vosotros buscad un sitio, voy a pescar algo. Parece que hay un rio colina abajo. Luego os encuentro.

Kisame se fue descendiendo rápidamente por la colina e Itachi se adentró al bosque. Ella enfadada pues había sido ignorada otra vez quería gritarle al moreno, pero decidió seguirle el paso a un par de metros por detrás. No sabía muy bien lo que significaba esa mirada que había recibido minutos atrás; pero la idea que más se le repetía en la cabeza era que sus ojos decían 'molestas'. No pudo evitar que le recordara a la mirada que tantas veces había recibido de su excompañero de equipo. Un suspiro melancólico salió de su boca. No tenía claro el motivo pero sentía que quería caerles bien tanto a Itachi como a Kisame, integrarse; pero ahora creía que no podía haber empezado con peor pie.

Cuando se dio cuenta Itachi ya no caminaba delante de ella; el corazón le dio un vuelco y entrando en pánico empezó a girar sobre si misma buscándolo.

– ¿Estás bien? – Pregunto el Uchiha insólito por los extraños movimientos que acababa de presenciar.

– ¿Eh? Si si – Contestó restándole importancia, consciente de que era la primera vez que él se dirigía directamente a ella de forma genuina.

– Te decía que este parece un buen sitio, nos quedaremos aquí - Ella sonrió y él se esforzó por no quedarse ensimismado mirándola como un loco – Busca piedras para los límites de la hoguera, yo iré a por madera. Nos encontramos aquí.

Clavó un kunai en el suelo a modo marca y mientras desaparecía entre la maleza con un tono de voz algo más alto de lo normal para que ella lo escuchara concluyó con un:

– No te alejes.


En Konoha la Hokage estaba preocupada; tenía la esperanza de que su pupila pese a las circunstancias consiguiera enviarle un cuervo para avisarla de que todo iba bien, que ella estaba bien. No dejaba de pensar en el motivo cuando un escalofrío la recorrió de pies a cabeza al cruzársele una idea por la mente; 'está muerta'. Con un gesto más de terror que de enfado negó con la cabeza y se recostó sobre su cómoda silla. Ella misma se había encargado del entrenamiento de la pelirrosa y era consciente de su fuerza y habilidad, no puede estar muerta. 'No está muerta, ella puede defenderse sola' se intentó convencer.

Había mandado un grupo de cuatro anbu en su busca para que ella estuviera al tanto de su estrategia con el consejo. Quería pedirle perdón por incluirla en el libro bingo y marcarla como desertora; pero también quería que supiera que el motivo por el que no dudo en hacerlo fue porque tenía una confianza pura y ciega en ella. El miedo de que Sakura no entendiera la situación la reconcomía; pensar que ella tal vez pensaba en que la habían traicionado y que no era importante para la Hoja hacía que se le revolvieran las entrañas.

Todo esto pasó por culpa de 'esa' misión; una misión que ahora a la exuberante rubia se la traía al pairo. Sabía que tendría que seguir adelante con ese panorama, pero la Flor ya no era ni mucho menos su prioridad. Para que no la destituyeran como Hokage tuvo que hacer de tripas corazón y aceptar las propuestas del consejo 'para mantener la paz' aunque eso pusiera a su casi-hija en el punto de mira de millares de shinobis. Pero era mucho mejor eso y seguir velando por su seguridad que negarse a marcarla como desertora y perder el mando de las fuerzas shinobi de la aldea; si eso pasaba ya no podría hacer nada por ella. La matarían, le quitarían la Flor y se quedarían tan contentos por un 'trabajo bien hecho'. No podía permitirlo.

– Hokage-sama, ¿puedo pasar? – La voz de Kakashi asomado en la puerta la sacó de su ensimismamiento. No lo había sentido, ni si quiera había escuchado los toques en la puerta.

– Pasa, pasa, Kakashi – Suspiró.

– ¿Se encuentra bien? No tiene muy buena cara – Usó un tono tranquilo y preocupado, tenían muchas cosas de las que hablar.

Tsunade agradecía que Kakashi supiera la verdad referente al asunto de su alumna, delante de él no había por qué mentir o esconderse.

– Estoy preocupada… - Sentenció mirándolo – Ella no se ha puesto en contacto con nosotros y los anbu no han hallado nada de momento. Es como si se hubiera esfumado… temo que…

– Sakura está bien – La interrumpió sentándose frente a ella – Es mucho más fuerte de lo que todos piensan – sonrió y Tsunade le devolvió la sonrisa con pesar.

– ¿Qué crees que estará pensando?

Kakashi no respondió, no estaba seguro de lo que estaría pasando por la cabeza de Sakura asi que prefirió callarse a mentir.

– Tenemos que ocuparnos de otras cosas por aquí, Hokage-sama. – Cambió de tema. La rubia lo miró animándole a seguir hablando – Que Sakura está calificada como desertora e incluida en el libro bingo es un tema público.

Tsunade frunció el ceño sin saber lo que quería decir con eso el hombre de la máscara. Era una obviedad que era un tema público, si no, no estaría tan preocupada por ella. Kakashi decidió explicarse ante la atenta mirada confusa que estaba recibiendo. Suspiró.

– Está claro que no todos los shinobis están atentos al Libro Bingo cuando se actualiza. Pero en algún momento alguien la verá ahí, y la información boca a boca es un peligro. Deberíamos… hablar con Naruto al menos.

Tsunade enmudeció. Quería que todo se solucionara antes de que Naruto y sus compañeros se dieran cuenta de lo que estaba pasando; pero se acababa de dar cuenta de que era imposible. En cualquier momento alguien lo descubriría… y si Naruto se entera de la situación por una persona ajena probablemente entraría en cólera y sería muy complicado hacerle entrar en razón. Pese a eso, decirle la verdad al rubio era un peligro. Defendería a su amiga a capa y espada y le gritaría a todo el mundo a los cuatro vientos que se trata de una misión. Tsunade tragó saliva como si esta fuera una bola de harina. Por muy buena voluntad que tuviera Naruto haciendo eso estaba claro que si llegara a pasar sería una condena para la pelirrosa.

– No podemos decirle la verdad – Le dijo casi en un susurro a Kakashi, el cual asintió.

– Debemos contarle la versión oficial, dándole a entender que haremos todo lo posible por ella.

Los dos se miraron. Parecía una lucha muda para decidir quién hablaría con Naruto; no sería fácil. Pasó un minuto de silencio hasta que Tsunade cerró los ojos y preguntó:

– ¿Los dos?

– Los dos – Contestó Kakashi.