REBOBINAR /


Capítulo VI

"Hasta que la muerte los separe"


Sakura

Las luces fuertes en mi dirección me habían impedido ver los rostros de los espectadores. Cuando cerraron el telón, las encandilantes luces se detuvieron, pero los gritos y aplausos atravesaron la gruesa tela. Apenas estuve a salvo tras las cortinas, me giré ante Shaoran y lo miré a los ojos.

Por primera vez en estos casi cuatro meses que llevaba en Tomoeda, pude descifrar parte de lo que veía en ellos: felicidad y diversión. No necesitaba tocarlo para saber que su corazón latía igual de fuerte que el mío. Aunque no podría asegurar que la causa fuera la actuación agitada o el beso.

El maldito beso.

—¿Qué te pasa, Shaoran? —pregunté, con una voz más dura de la que esperé.

Él se encogió de hombros, como si besar a una compañera de salón cualquiera fuera cosa de todos los días. Digo, nosotros conversábamos, habíamos compartido el protagonismo frente al escenario, incluso nos habíamos visto después de clases en casa de Tomoyo, pero no éramos más que compañeros.

Abrió la boca para decir algo, pero antes que pudiera emitir sonido, todos se acercaron a nosotros para felicitarnos por la actuación y tal. Pude percibir en sus miradas la simpatía que habían sentido con el beso que presenciaron. Quizás qué tipo de rollo se habían pasado. Qué estábamos saliendo en secreto, que nos gustábamos, o alguna locura de ese tipo.

Nos llenaron de tantos palmeos en la espalda y felicitaciones, que por poco olvidé lo que había pasado. No es que realmente lo hubiera olvidado, si no que no tuve tiempo de pensar en eso.

Pronto empezamos a salir del escenario e ir a los camerinos. Algunos ayudaron a sacar la escenografía, otros gritaban "¡por fin!" y todos, todos, estaban muy contentos con el resultado del arduo trabajo.

Pero yo no olvidaría así como así.

Lo agarré por el brazo antes que pudiera entrar al baño de hombres.

—No, tú no te vas —le dije con una cara que daba a entender que no había lugar para discutir al respecto.

Él se giró y sonrió.

—¿Qué?

—"¿Qué?" ¿En serio? Parece que no te conozco lo suficiente. No llegué a escuchar que tenías la costumbre de besar a tus compañeras de salón sin razón.

—¿Sin razón? —repitió, con una sonrisa burlona en el rostro— Te lo dije allí mismo. Te veías preciosa. No podía no besarte. Aparte, no es una costumbre. Eres la primera.

—No te entiendo, Shaoran Li.

Ya habíamos hecho mucho show frente a toda la escuela y arriba del escenario (yo solo había aceptado hacer el show de Aurora, a mí nadie me habló de ningún beso), por lo que lo tomé del brazo y llevé a un lugar más alejado. Más solitario que la entrada del baño de hombres, donde obviamente estaría entrando y saliendo mucha gente. Aparte, no quería que comenzaran extraños rumores de nosotros. De Shaoran y de mí.

—¿Por qué me llamas por mi nombre?

Aquello me tomó por sorpresa. Estábamos al lado de un depósito o bodega, donde seguramente guardaban cosas de la escuela que ya no necesitaban. Desde donde estábamos, nadie nos podía escuchar ni ver. Seguramente Tomoyo me estaría buscando como loca, pero ya habría tiempo para hablar con ella.

—No sé. La verdad, no lo había pensado —dudé un poco—. Si te molesta, te puedo llamar por tu apellido. Tienes razón que me tomé mucha confianza en ese sentido… —y casi caí en su anzuelo, pero fruncí el ceño— Pero no más confianza que tú, de todas formas. Hay un gran tramo entre llamar a alguien por su nombre y tomarte la libertad de besarlo frente a toda la escuela.

—¿Nunca te han dado ganas de besar a alguien hermoso?

Sí, mil veces. Cuando fruncías el ceño al pensar en cómo resolver un problema matemático, las pocas veces que reías a carcajadas con una broma y también en un par de fiestas en las que habíamos coincidido y la cordura no me acompañaba.

—No importa. Uno no puede llegar e interrumpir el espacio privado de los demás, ¿entiendes? Además, ¡frente a toda la escuela! Si tanto querías darme un beso, podrías habérmelo dicho en privado y quizás llegábamos a un acuerdo —bromeé—. Si hacías mis deberes de matemáticas, quizás te lo hubiera concedido.

No podía creer que se estuviera comportando como un crío. No tenía ningún deber yo de enseñarle mínimas lecciones de acuerdos sociales y que no podía ir por la vida dándole besos a quien quisiera.

—Sakura.

Se acercó un poco a mí y lo siguiente lo dijo muy bajito, como si le costara:

—Me gustas.

Ah, vale. Dos sorpresas en un día.

—No entiendo. Yo creía que me odiabas.

La verdad, el corazón me latía con fuerza. Cómo no, si tenía a Shaoran Li acorralado en un oscuro lugar tras bambalinas, luego de habernos besado sobre el escenario.

—Yo no te odiaba. Nunca te he odiado.

—Bueno. Está bien —estaba tan molesta que no podía pensar con claridad. Ni siquiera sabía qué responderle a su declaración—. Solo no vuelvas a hacerlo, ¿bien?

—Me gusta que seas así de directa. Nunca creí que me gustaría alguien como tú, de esta forma.

—Hey, elógiame, pero no me digas eso de "no creí que podría gustarme de alguien como tú", como si fuera un ser despreciable o extraño.

Se quedó en silencio, pero sonrió. Yo sabía que no se refería a eso, pero él sabía que yo no lo decía en serio, por lo que imagino que no se tomó la molestia en responder.

Sí, el corazón solo me latía como le latería a cualquier chica a la que se le acaban de declarar. No era nada especial.

—Creo que… debo irme —dije, de pronto—. Tomoyo debe estar buscándome. Además, no podemos dejarle todo el trabajo a los demás —recién comencé a sentir que las manos me temblaban de los nervios.

Antes que pudiera darme vuelta e irme por donde mismo habíamos llegado, me detuvo. En esta ocasión, él fue quien me agarró. Pero de la mano, no del brazo, como yo había hecho antes.

—Perdóname por besarte así sin más, eso estuvo mal —dijo, de nuevo con voz baja. ¿Shaoran Li, inseguro?—. Pero lo que dije antes es verdad.

—¿Qué?

—Me gustas, Sakura. No importa si en este momento no te gusto yo, pues no me voy a rendir. Incluso podría no ser la última vez que te robe un beso —sonrió, un poco burlón, pero con los ojos muy brillantes.

—Si te atreves a robarme otro beso, te voy a sacar esa bonita nariz tuya a un mordisco —lo desafié.

Él soltó una carcajada y soltó mi mano.

La mía extrañó esa tibiez desconocida, pero no podía detenerme en ese momento. Caminé con paso apresurado hasta encontrar a los demás chicos, pero a juzgar del ritmo de mi corazón, pareciera que hubiese corrido una maratón.

"No —pensé—, tres maratones mientras cargaba a un guapo e idiota Shaoran Li en la espalda".

Más tarde, en el cambiador de las chicas, estábamos todas quienes habíamos actuado sacándonos los trajes de la obra y poniéndonos otra vez el uniforme escolar. Tomoyo nunca se cambió de su uniforme, pero aun así me acompañó a que me cambiara. Hubiera preferido que me esperara afuera, la verdad.

—¿Y qué te dijo?

Aunque en realidad no importaba. Ahora o cuando saliera del cambiador, ella me habría acosado a preguntas. De toda clase. Y no es que no tuviera confianza con ella como para contarle con todo el detalle que quisiera las pocas palabras que crucé con Shaoran luego del tan famoso…

—¡Te besó! —había casi gritado mi amiga, apenas me vio y corrió hacía mi hace un rato. Yo me puse roja como un tomate y le tapé la boca con ambas manos.

—¡Cállate! No lo digas tan fuerte.

—¿A quién quieres ocultárselo? Lo vio todo el mundo.

Mientras me ponía la falda, le respondía a todo lo que me preguntaba con un sonrojo, al mismo tiempo que suplicaba entre respuesta y respuesta que, por favor, bajara el volumen.

Sentía que todas las chicas estaban mirándome y escuchando lo que decía, pero en verdad era una paranoica. Cada una tenía sus propias cosas que conversar.

Cuando terminé, salimos del auditorio. Llevaba en una mano mi bolso y en la otra la espada de cartón que hicimos con el grupo de escenografía. La guardaría en mi habitación para recordar la obra. Sería un bonito recuerdo.

—¡Sakurita!

Me sobresalté al escuchar la voz de mi madre, que era lo último que esperaba escuchar en la preparatoria. Ella corría hacia mí con una sonrisa. Mientras me abrazaba, miles de cosas pasaron por mi cabeza. ¿Por qué vino? ¿Cómo consiguió entradas? ¿Y papá? Pero la que más me preocupaba era: "vio el beso".

Me felicitó por mi actuación y sus ojos brillaban al hablar de lo mucho que la había disfrutado. Después de un poco, Nadeshiko se fijó en Tomoyo, quien se había quedado unos pasos atrás, seguramente para no incomodar. Lo que ella no sabía, es que su presencia salvaba la situación, porque así la atención no estaba toda fijada en mí.

—¿Ella es Tomoyo, cierto? —mi madre se acercó a ella y la abrazó con una sonrisa— Gracias por cuidar de mi hija. He escuchado muchas cosas de ti.

—Sí, Tomoyo Daidouji. Un gusto conocerla, señora Kinomoto —respondió mi amiga con mucha cortesía y una sonrisa.

—¿Cómo conseguiste entradas para venir? —pregunté yo.

—¡Ja! Yo estaba muy triste porque no me habías invitado, pero no conseguirías alejarme. Una chica que trabaja en la revista donde estoy actualmente tiene una hermana aquí. Ella me dio una—dijo con una sonrisa, pero el ánimo de ésta cambió y supe lo que diría a continuación—. Aunque ya sé por qué no querías que viniera… ¡No querías que te viera dándole un beso a un chico tan guapo!

Me sonrojé, por quinienta vez en el día.

—Sakurita, preciosa, ¡sí que tienes buen gusto! Si no fuera porque eres mi hija y la protagonista, habría pasado toda la obra observando al chico de cabello castaño. ¡Ah, no tienes que avergonzarte conmigo, hija! No te pongas tan roja.

—¡Ah, mamá! Déjame —hice un puchero y mi amiga a un lado reía calladamente, aunque yo sabía que aguantaba una carcajada.

La visita de mi madre duró un poco más solamente, ya que luego nos dio un abrazo a ambas y se despidió corriendo porque debía ir a la revista rápidamente.

Yo sabía que Nadeshiko era bastante conocida. Ganaba bien y siempre se veía hermosa en las fotos. Había firmado un contrato con una revista local de Tomoeda, transformándose en la cara de ésta. Tenía miles de fotos que sacarse, con diversas marcas. También le habían añadido una sección a la revista, donde Nadeshiko daba consejos de moda y cosas así.

Aunque nunca se lo admitiera en voz alta, estaba feliz que hubiera venido. Nunca tenía tiempo para mí en Tokio, pero parece que aquí las cosas habían cambiado un poco… O al menos por esta vez.

—Tu mamá se ve como una persona muy amable. Para nada como me habías contado de ella.

Me toqué las puntas del cabello, que ahora me llegaban a los hombros. Me había cortado el cabello como una muestra de rebeldía, pero también por mí misma. Quería ser diferente a ella. La relación que habíamos tenido toda la vida, me había hecho fuerte e independiente. No me iba a engañar con un par de mimos, con venir a una obra escolar, cuando había estado ausente toda mi infancia. Yo ya no la necesitaba a ella, ni a nadie. Menos necesitaba un novio.

Si mis padres habían sido capaces de abandonarme a mí por amor, no tenía ningún interés en experimentar ese sucio sentimiento. Si el amor te hacía alejarte de tus responsabilidades, de aquellos que creías querer antes, solo para sentir un poco más de ese egoísta "amor", yo no quería tener nada que ver con ello.

No necesitaba a mis padres y menos a Shaoran Li.

—No sé, amiga. Es una mujer extraña —le dije a Tomoyo mientras soltaba un gran suspiro—. Quiero despejarme un poco, por favor. Ha sido un día horrible.

—Eres la única mujer en el mundo que estaría tan abatida luego de escuchar de los labios de un hombre como Shaoran que… ¡le gustas!

Reí un poco y escondí mi rostro en mis manos por la frustración de sentir mi corazón acelerarse por la sola mención de su nombre.

—Ya, para. Tú estarías igual si te hubieran dejado en vergüenza de esa forma frente a todos.

—¿Vergüenza? Ahora todas saben que Shaoran es tuyo. Yo estaría feliz. No debes temer que llegue una chica con culo danzarín ni piernas largas a robártelo.

—¡Nadie es de nadie! —exclamé.

Eriol

—De todas formas —le dije a la castaña luego de darle un abrazo de felicitaciones por su buen desempeño en la obra—, creo que leí mal el libreto. Ya que, si mal no recuerdo, no había ningún be…

—¡No! —casi gritó con los ojos verdes muy abiertos— No digas esa palabra en este momento, que se me revuelve el estómago.

Reí.

—¿De asco? Vamos, Sakura, no creo que Li esté tan mal como para que digas eso.

El rubor de sus mejillas llegó a un tono similar al de un tomate y me dedicó una sonrisa media chueca. A juzgar por su silencio y el sonrojo, lo que le revolvía el estómago era algo más similar a bichitos (mariposas, como dicen), que asco.

—Bueno, ok, no hablaré de lo sucedido —volví a reír—. Pero te felicito.

—Muchas gracias, de nuevo.

La ex Aurora se alejó con una sonrisa cuando llegaron otras personas a saludarla y abrazarla, dejándome solo con mis pensamientos.

Sakura, en realidad, era como un libro abierto para mí, lo cual lo hacía un poco chistoso, pero monótono. La mayoría de las personas tenían problemas para ocultar sus sentimientos y pensamientos. Yo tenía la arrogancia suficiente para admitir para mis adentros que tenía una perspicacia superior al promedio. Podía leer a la gente. Para mí, siempre había sido un pasatiempo jugar con las personas en ese sentido. Siempre se sonrojaban o enfadaban cuando decía justo lo que ellos no querían escuchar, o verbalizaba en voz alta sus pensamientos, por ejemplo.

Para las chicas, había sido particularmente útil. Podía descubrir qué tipo de chicas eran solo con mirarlas a los ojos: si preferían que fuera directo al grano con el coqueteo (más vulgarmente dicho, a la cama), si eran de esas románticas empedernidas o no sentían ninguna atracción por mí. Me había ahorrado un par de decepciones que los demás mortales solían tener y en ciertas ocasiones también me había ayudado a escapar de esas loquitas que te perseguían.

Observé a Shaoran tomar su bolso y salir acompañado del rubio amigo que siempre lo acompañaba. Él también era una persona igual de sincera que Sakura. Sus ojos revelaban todos sus secretos. Sus ojos eran sinceros. También parecía muy sincero en ese aspecto consigo mismo. Fye, tampoco se esforzaba mucho en ocultar lo que pensaba. Si lo que sentía el 100% del tiempo era diversión y risa, entonces también podía leerlo muy bien.

—¡Estabas divina! —exclamó Tomoyo a su nueva mejor amiga con un abrazo y un beso en la mejilla.

Los empleados en casa, los niños de la secundaria, los de la preparatoria, los vecinos que tenía en la casa de veraneo. Todos, todos, menos Tomoyo.

"Ella es un libro cerrado. Con una tapa gruesa y dura, impenetrable".

Si hubiera aprendido a leer con más eficacia sus ojos, quizás nos habríamos ahorrado muchos momentos desagradables, pero por más que intentara aprenderme sus hábitos conductuales, leer sus ojos…

¡Era imposible!

Y quizás por eso me había sentido tan atraído por ella en un comienzo.

No tenía más sentido estar allí. Yamazaki seguramente estaría esperándome a la salida del auditorio, como dijo. Él había sido el más cercano a mí en la preparatoria. En este momento, él estaba en otro curso del mismo nivel, pero igual nos veíamos seguido y disfrutábamos de molestar a Chiharu, su novia, y sus amigas.

—Pronto encenderán la gran fogata —me dijo mi amigo cuando me acerqué a él.

—Ah.

Fuimos al patio principal, donde ya habían retirado todas las tiendas y arreglado todo para encender el fuego donde luego muchas parejas bailarían alrededor.

Con Yamazaki fuimos a un costado del patio, donde estaban Chiharu y las demás chicas esperándonos. Al vernos, Naoko llamó nuestra atención agitando un brazo, como para las reconociéramos.

—¡Eriol, la obra estuvo espectacular! —dijo Naoko apenas nos sentamos en el pasto junto a ellas.

Yamazaki le dio un tierno beso en los labios a su novia y luego empezó a hablar del teatro en el siglo XIX.

Yo no sabía muy bien qué pensar. Creía que podía acercarme a Sakura para cierto cometido, pero al parecer ya no sería de mucha utilidad. "No después de ese beso. Hasta a mí me sorprendió. Yo, quien se supone sabía leer a la gente".

Bueno, me imagino que hay cosas que ni ellos mismos sabían de ese beso. ¿Cómo podía leer algo que ni ellos conocían?

El sol se puso con rapidez y el fuego ya estuvo prendido mucho después que Yamazaki estuviera obligado a mantener silencio en ordenanza de su novia, quien le había pegado en la cabeza para que dejara de decir estupideces.

Pronto la música comenzó, la gente se puso de pie y a todos bailaron al son de la guitarra. Chiharu y Yamazaki también se pusieron del pie y bailaron aquel ridículo baile tradicional.

Yo sabía que las chicas a mi lado, Naoko y Rikka, estarían un poco incómodas a solas en mi presencia. Especialmente la segunda, con quien había salido un par de veces, pero nada más. Nos habíamos ido a la cama una vez, pero muy pronto ella cortó conmigo porque sabía que yo no quería nada serio con ella. Era una chica muy madura y estaba bien que de vez en cuando yo no fuera el villano que cortaba con todas.

Con mi eficaz suspicacia, también sabía exactamente cómo había que comportarse, qué decir, para que las chicas terminaran conmigo. Algunos lo llamarían manipulación, pero yo a mi defensa decía que ningún daño les había hecho. Bueno, ninguno grave.

Me levanté de mi lugar y busqué con la mirada a la amatista con el cabello ondulado y suave, como el de una sirena. La encontré sentada junto a Sakura. Lo usual.

Y yo no siempre había sido así, mujeriego. La verdad, incluso recordaba el día exacto en que todo cambió.

Le gustas a Himari —había dicho la suave voz—. Sal con ella.

Solo recordarlo habría hecho que me hirviera la sangre. Pero eso antes, años atrás. Con el tiempo, había descargado tanta rabia besando y toqueteando con pasión a otras chicas que no eran Himari (ni que eran Tomoyo) que casi no me quedaba enojo.

Casi.

Sakura me miró con cara de desconcierto cuando le ofrecí una mano para ayudarla a levantarse.

—¿Bailamos? —dije.

Ella miró a su alrededor un poco, a su amiga Tomoyo. Luego se levantó, un poco confundida y bailó conmigo. Como era de esperarse, no pude descifrar aquellas pozas casi amatistas que me miraban a la distancia. Si hubiera leído rabia, odio, tristeza… ¡Algo!

Tuve cuidado de no tocarla demasiado. Solo lo necesario para que pudiéramos bailar bien ese maldito baile.

—Quizás esta sea la última vez que podamos bailar, Sakura —le dije.

El baile si tenía un punto a favor, y es que no era ni romántico ni calmado, por lo que no recibiría un puñetazo de parte del castaño. Bueno, en realidad no estaba muy seguro.

—¿Por qué?

—Algo me dice que pronto no tendré permiso para hacerlo.

Ella me miró con su típica cara de no entender nada, pero yo no dije nada más hasta que terminó la pieza musical. Hice una pequeña reverencia para despedirme y caminé en dirección a Yamazaki, que ahora volvía estar sentado en el césped con las demás chicas.

—¿Y qué vamos a hacer ahora? Tengo ganas de una fiesta de verdad, no de esta burrada. Ah, y de beber.

—Misako dará una fiesta y sé que nunca te puedes resistir a una fiesta en casa de Misako.

La chica de cabello castaño y corto. Sí, nunca podía resistirme. Las amigas de la segundaria de Misako eran todas muy bonitas. Siempre había tenido éxito allí con las mujeres.

Quizás si Tomoyo nunca hubiera pronunciado esas palabras, yo habría sido un chico diferente.

No siempre fui así, mujeriego.

Le gustas a Himari —dijo la morena a quien creía conocer, con nada, absolutamente nada en los ojos.

—Vamos —le dije a mi amigo.

Shaoran

El fin de semana pasó muy, muy lento, pero el lunes no se podía escapar para siempre. Sucedía un fenómeno muy extraño en esta fecha, todos los años, y es que teníamos los exámenes finales a solo un fin de semana de distancia del festival escolar. Todos solían ponerle todo su esfuerzo a este último evento y debían encerrarse a estudiar dos días completos para las pruebas lamentándose por no haber estudiado antes.

Y así sucedió, obviamente, al igual que todos los años. Yo no estudié, la verdad. Siempre había tenido buenas calificaciones, pero no sin pasar noches en vela por el estudio. Se puede decir que era responsable. Pero este año, nada de eso me importaba.

El lunes por la mañana, caminé lentamente camino a la escuela, soñando que quizás me encontraba con una castaña ojiverde. Como era de esperar, llegué solo al salón y ella aún no había llegado. Ni para los exámenes lograba llegar temprano…

—Buenos días, Shaoran.

Tomoyo estaba radiante, como de costumbre. Tenía una nariz muy bonita y unos ojos muy brillantes. Estaba sentada en su escritorio, que era al lado del mío, con una croquera sobre la mesa y un lápiz en la mano.

—Está bonito. ¿Se te acaba de ocurrir la idea? —dije, mientras observaba el bosquejo de lo que, al parecer, sería el nuevo vestido que haría Tomoyo.

—Sí. Desperté con esta idea en la cabeza y me apuré en llegar para tener tiempo de hacer aunque sea un boceto —rió—. Quizás obligue a Sakura a usarlo.

Quizás no. Quizás solo nombraba a su amiga para intentar leer mi reacción. Me imagino que le sorprendió lo del beso. Bueno, como a todos. Hasta a mí.

No estuvo programado, en serio. No mentía cuando dije que no me pude controlar. Desde que decidí dejar de lado mis temores y disfrutar de la nueva oportunidad que me habían entregado (o había comprado a un precio un poco alto), no había podido contener mis pensamientos sobre Sakura. Quería tenerla en mis brazos y besarle el rostro cuanto antes. Pero, ¿cómo hacerlo?

Me daba un poco de vergüenza admitirlo, aunque sea para mis adentros, pero yo no era lo que se conoce como un conquistador. En el pasado, Sakura se había enamorado de mí de la misma forma que yo de ella: como unos niños, en secreto. Hasta que empezamos a crecer, nuestros sentidos a aflorar y de a poco convertimos nuestra amistad en un noviazgo propiamente tal.

Uff, tardamos siglos. Pero estaba bien. Aquellos años como amigos habían sido los mejores de mi adolescencia. No llevábamos ni un año saliendo cuando…

…cuando Sakura murió.

—Tomoyo, hay algo que quiero hablar contigo.

Sus ojos sonrieron casi tanto como sus labios.

—¿Sí?

La campana que anunciaba el comienzo de clases sonó.

—Bueno, tendrá que ser más tarde.

—Vaaamos, Shaoran. No me dejes así —hizo un puchero y me agarró de la manga de la camisa.

Yo reí.

—Tendrás que esperar. Lo único que te puedo adelantar es que necesito tu ayuda para un plan de conquista.

Y su sonrisa se volvió aún más grande. Casi saltó en su asiento mientras me aseguraba que no tenía nada de que preocuparme, que me ayudaba, que era la persona ideal para una tarea de ese tipo…

—Pero recuerda, es un secreto. Si no fuera secreto, no sirve.

Ella asintió con su cabeza múltiples veces como perrito obediente.

—¿Ahora si esperarás al final de los exámenes para que hablemos?

Ella volvió a asentir un par de veces más.

Fye había estado conversando con otros chicos del salón. Con el llamado de la campana, se sentó frente a Tomoyo y seguramente se murió de curiosidad por ver a Tomoyo tan enérgica tan temprano en la mañana.

Pero no alcanzó a preguntar nada, porque el profesor Terada abrió la puerta para entrar y atrás suyo entró Sakura un poco avergonzada de las risitas de los demás. El profesor negó con la cabeza, sabiendo que no pasaría nada en absoluto si la volvía a regañar como siempre.

—Quizás el próximo semestre podrías intentar llegar más temprano —le dijo Fye mientras la saludaba con una sonrisa.

Ella se dejó caer prácticamente en su asiento y suspiró. Saludó a Tomoyo con una sonrisa también y luego me miró un segundo. Bastó para que viera el sonrojo en sus mejillas. Vaya, parece que la fría y ruda nueva Sakura sí podía avergonzarse ante chicos.

Hicimos los exámenes uno a uno. En los descansos, íbamos a conversar con otros chicos. La verdad, me había sentido un poco culpable cuando me encaró Sakura el otro día. Había estado —un poco— mal lo que había hecho y lo reconocía, por lo que no quería perturbarla con mi presencia ni hacerla sentir incómoda sin necesidad.

Bueno, esperaba que eso quedara en el pasado muy pronto, ya que tenía un plan para intentar arreglar las cosas entre nosotros.

—No pude concentrarme en los exámenes porque en lo único que podía pensar era en el gran plan que Shaoran Li podía tener en mente para conquistar a una chica tan difícil como Sakura —me dijo Tomoyo mientras se comía el helado de fresa que le había invitado.

Cuando terminaron los exámenes, ella se deshizo de alguna forma de Sakura sin que sospechara nada, y caminamos hacia la zona comercial, donde nos sentamos en una cafetería y le invité su helado favorito.

—Pero decidí que no podía dejarte las cosas a ti, porque tú siempre lo arruinas todo —continuó, y yo me atraganté con mi helado de chocolate—, por lo que se me ocurrió un gran plan para…

—¡¿Que hiciste qué?! —exclamé— ¿No podías esperar hasta el final del día para escuchar mi plan?

—Shaoran, ambos sabemos que eres un desastre con las mujeres. No podía encargártelo a ti.

Solo hice una mueca.

Suspiré. No había mucho que hacer al respecto.

—Entonces, este es el plan. Sakura, Fye, tú y yo, en la casa que tengo cerca de Kioto, a un lado del lago Biwa. Siete días conviviendo, de vacaciones. Paseos en lancha por el lago, podemos bañarnos, incluso podríamos enseñarle a Sakura a hacer ski acuático. Por las noches podemos ver películas, jugar a los naipes… podríamos tomar unas cervezas —me guiñó un ojo—. Tú quizás no comprendes los misterios de la mente femenina —"¿quién sí?" pensé—, pero Sakura en este momento está un poco… avergonzada. No como una pequeña princesa, comprenderás, sino que ella se pone a la defensiva, por decirlo así. Necesitas que se ablande, ¿entiendes? Que se relaje con la compañía de sus amigos, para que luego acepte tu compañía como normal.

—Yo creía que ya aceptaba mi compañía. No vi que tuviera ningún problema para actuar conmigo.

—Eso fue antes de que le robaras un beso y te declararas, Shaoran. Para ella ahora eres una amenaza.

No me sorprendí al darme cuenta de que Sakura le contara lo de la declaración. Al cabo que las chicas siempre se contaban esas cosas.

—Entonces, todo estará listo. El miércoles los paso a buscar a sus casas. Ya hablé con Sakura, está todo listo.

—Si Sakura te dijo que podía ese día, solo faltaría preguntarle a Fye y…

—Ah, ya hablé con él también —se notaba que Tomoyo ya tenía todo listo, no podía hacer más que asentir—. No te preocupes, todo saldrá bien. No puedo asegurarte que necesariamente avancen mucho románticamente, pero al menos después estará tranquila para que la invites al cine o algo así.

—Quizás.

Ella sonrió.

Podía tener razón.

—Entonces, con un poco de mi ayuda y la de Fye, Sakura estará más tranquila, relajada. Más dispuesta a conversar con el chico que la avergonzó frente a toda la preparatoria.

—Ya me disculpé por eso.

—Vale, vale.

No podía creer que Tomoyo estuviera enseñándome como ligar de esta forma. Creía que era un buen plan encontrarnos casualmente en algún parque de Tomoeda. Allí la invitaría a un helado y al cine, o algo así. Algo tranquilo. Tuve que recurrir a Tomoyo porque dudaba que Sakura quisiera aceptar una cita mía si le proponía la idea de la película.

Aparte, ahora que finalizó el semestre, seguramente no me encontraría mucho con ella.

Para ser sincero, quizás su plan funcionara mejor. Al cabo que en el pasado, había sucedido algo similar para que nos diéramos nuestro primer beso.

~.~.~

No era la primera vez que el chico y la chica veían el sol ponerse en el horizonte, observando el lago y el cielo tornarse de mil colores maravillosos. Pero si era la primera vez que lo veían de esa forma. Desde hace un tiempo que el chico veía a la chica con ojos diferentes, y la chica también.

El chico veía el cielo, las nubes rosas, las montañas azuladas y los ojos verdes de la chica. Él prefería estos últimos, pero cuando los miraba y la chica le devolvía la mirada, no podía mantener mucho el contacto. En seguida se ponía rojo y la chica sonreía. Su única oportunidad de ver aquel espectáculo similar a una esmeralda bajo los rayos del sol, era pillarla desprevenida, concentrada en otra cosa, leyendo un libro, hablando con otra persona que no fuera él.

Esta vez, muy diferente a las otras en que habían visto la puesta de sol junto a sus amigos, ellos estaban solos. Acompañados solo por el sonido de la naturaleza, se sentían muy a gusto. Los nervios hace un tiempo que iban menguando, hasta hacer de esta puesta de sol de una ocasión mucho más grata.

Estaban el chico y la chica solos viendo la puesta de sol, él con un brazo por sobre los hombros de ella. Juntos, muy juntos. Él se preguntó cómo se verían los ojos de la chica desde esa distancia. "Quizás —pensó— los miles de tonos rojizos se mezclarían con el esmeralda de sus ojos. ¿Qué combinación haría?"

Cuando tuvo el valor de girar su rostro en dirección al de la chica, se sorprendió al ver los ojos verdes observándolo. Muy, muy brillantes.

Esta vez fue muy diferente a todas las otras. El chico no desvió la mirada ni se sonrojó. Por primera vez, observó los ojos de la chica y lo disfrutó. Eran más brillantes, más profundos y con una mirada más cálida de la que el chico alguna vez imaginó.

La chica le dedicó lo que, para el chico, fue la sonrisa más hermosa y cariñosa de toda su vida. Y se acercó, por primera vez, a su rostro lentamente.

Esta vez, sus labios se encontraron, se besaron con ternura y se quedaron allí, deleitándose con la compañía del otro.

Y fue la primera vez, pero no la última, que se besaron, que se amaron, que desearon que el otro se quedara por mucho, mucho tiempo. Para siempre.

Hasta que la muerte los separe.

~.~.~

Sakura

Abrí los ojos. La alarma sonaba. Estaba en mi habitación, tapada hasta las orejas. Sola, a pesar de que hace un momento estaba con alguien. Alguien cálido. Era posible que incluso más cálido que mi cama, pero la alarma estaba sonando, quizás hace cuánto tiempo, por lo que me levanté y la apagué.

—Oh, no.

Eran diez para las ocho de la mañana, lo que significaba que me había quedado dormida. Lo usual.

—¡Mierda!

Tomoyo dijo que pasaría por mí tipo ocho de la mañana y, conociéndola, sería más que puntual. No como yo, que estuve tan inmersa en un sueño que ya no podía recordar que solo tenía diez minutos para ducharme y…

—¡Mierda, mierda! —exclamé, mientras corría por el pasillo con una toalla en mano.

Me duché en con tanta rapidez que el jabón se me cayó tres veces, pero me dio tiempo para tomar un vaso de leche antes de escuchar el timbre de mi casa sonar. Era miércoles, por lo que en una casa normal habrían estado papá y mamá para despedirme mientras se preparaban su desayuno, pero no estaban.

Tomé una manzana roja y abrí la puerta.

—¡Buenos días! Hace un día precioso para pasar 6 horas en el auto.

El sol brillaba con fuerza. La sonrisa de Fye también.

Le respondí el saludo a mi rubio amigo. Él tomó mi bolso y me ayudó a llevarlo al auto. Era un gran auto negro. De conductor, iba una mujer con el cabello largo y gafas oscuras. La puerta del auto se abrió y salió saltando Tomoyo con una sonrisa.

—¡Buen día! —me dedicó una cálida sonrisa, pero rápidamente frunció el ceño— Sakura, arréglate un poco. No me digas que te quedaste dormida…

Me peinó un poco la cabeza y me examinó con la mirada.

—Sí, definitivamente te quedaste dormida.

—¡Hey! Solo no alcancé a peinarme.

—Ni a ponerte zapatos.

Ah, vale.

—Buenos días, Shaoran —le dije al castaño a mi lado.

Había corrido a toda velocidad de vuelta a mi casa a ponerme unas zapatillas. Podía escuchar desde el segundo piso las risas y gritos del rubio y la morena. Cuando llegué abajo, Fye y Tomoyo ya estaban en el auto. Me dejaron una puerta abierta por la que entrar…

Y me doy cuenta que me habían dejado el asiento a un lado de Shaoran, quien iba al medio. Entre Tomoyo y yo.

—Espero que no se te olvide nada, Sakurita —me dijo Fye mientras la mujer de las gafas encendía el auto y partíamos en nuestra travesía.

—Ella es Rei, nos llevará a Kioto.

—Es su guardaespaldas —dijo Fye, levantando una ceja.

—Bueno, eso no viene al caso —respondió ella, quitándole importancia con un movimiento de manos.

Yo reí y comencé a comerme mi deliciosa manzana roja.

Anduvimos tres horas seguidas hasta que yo no pude aguantar más y pedí que paráramos en una estación de servicio para ir al baño. Además de eso, no nos detuvimos ni una vez.

El viaje fue largo, pero entretenido. Fye conectó su celular a la radio del auto, por lo que iba eligiendo las canciones a su gusto y cantándolas —casi— todas, como si estuviera en un concierto. Con micrófono imaginario y todo.

Tomoyo nos hablaba a Shaoran y a mí, con esa deleitante música de fondo, acerca de distintas cosas. Hablamos de los exámenes, del primer semestre, del gatito que Tomoyo siempre quiso tener, del perrito que yo siempre quise tener, de recuerdos de la infancia…

De muchas cosas conversamos, pero nadie tocó el tema de la obra. Mi amiga sabía que no tenía permiso para hablar de eso. No estaba segura si era que cumplió muy bien mis peticiones o entendió que esa no era una buena situación para conversar de eso. Digo, con Shaoran a mi lado, encerrados en un auto que se trasladaba a 120 km/hr, del cual no podía escapar.

La última hora, Tomoyo durmió como una muñeca apoyada en la puerta del auto. Fye ya no gritaba con tanto entusiasmo, solo tarareaba canciones más tranquilas. Con Shaoran nos pasamos conversando la última hora de viaje. Muy poco, pero conversamos.

Era incómodo, sí. No solo por el beso…

Me gustas, Sakura.

… sino porque aún no le había dado una respuesta a su declaración. Y eso me ponía nerviosa. ¿Cómo explicarle que no tenía ninguna intención de tener un novio ni de enamorarme, sin herir sus sentimientos?

"Shaoran, es un hecho que eres increíblemente guapo. A veces te miro y me sorprendo, en serio. Incluso puede ser que me haya encariñado con tu eterno estado de ánimo gruñón, pero no quiero tener nada contigo. Es más, no me hables más. Así no me aceleras el corazón ni me haces sonrojar a escondidas. Es por la declaración, nada más. Yo no me enamoro, en serio".

—¿De verdad te gusta esa basura de música?

—No, no es que me guste —respondí yo—. La verdad no me gusta mucho la música. Vamos, escucho las canciones poperas de la radio si estoy en mi casa, pero no soy fanática, ¿entiendes?

—¿Prefieres admitir que no te gusta la música que admitir que te gusta Beyoncé?

Se rio y yo también.

—Más encima la música estadounidense es tan mala…

—No sé, a mí me da igual —me encogí de hombros.

Su cabello chocolate y desordenado.

—¿Ya habían venido a la casa de Tomoyo en Kioto? —pregunté.

La verdad, Tomoyo ya me había contado un poco al respecto, pero se me estaban acabando los temas de conversación y no quería quedarme en silencio el tiempo restante del viaje.

—Sí, una vez o dos —algo en sus ojos brilló—. Es una gran mansión en un terreno enorme con vista al lago Biwa. ¿Nada ostentoso, eh?

—¿Y cuántas veces vendrá? ¡Qué desperdicio de lugar, dejarlo sin uso todo el año!

Él pensó un poco su respuesta.

—Aunque no lo creas, antes solía venir más. Amigos de la familia de Tomoyo también tienen casas igual de lujosas cerca, por lo que veraneaban todos juntos.

—¿Amigos de la familia? ¿Y había chicos de su edad para estar? Sino, ¡qué aburrido!

Me estiré y retiré un mechón de pelo de la cara.

—Algo así —gruñó mientras fruncía el ceño.

Después de eso no hablamos mucho más. Pero supongo que estaba bien. A veces, mientras conversábamos, se me olvidaba todo el tema de la obra (por no decir, "del beso"), y podía disfrutar de su compañía un poco. Otras veces, no podía evitar sonrojarme y escuchar lo que decía mientras intentaba disimular el color de mi rostro de alguna forma. No estaba segura si prefería el silencio incómodo a centímetros de tocar su hombro, a una conversación natural con el chico que se me había declarado.

Ah, es que a pesar de que el auto era lo suficientemente amplio como para que viajáramos con comodidad, yo estaba apoyada en la puerta, prácticamente con todo mi cuerpo abrazándola. Así, estaría más lejos de Shaoran. Esperaba que no se diera cuenta de mi esfuerzo. Sino, quizás lo confundía con asco, o algo así.

"¿Confundir?". Obviamente era porque no quería tocarlo.

Dejamos la carretera principal para meternos por una calle más pequeña. Pronto ya podía visualizar el lago. Era enorme y el sol resplandecía con belleza en el agua. El lago Biwa es el más grande de Japón, y por mucho, pero yo nunca lo había visitado. El camino que tomamos recorría el lago y por mi ventana podía observarlo.

Tomoyo despertó para cuando el auto se detuvo frente a un portón grande y blanco. Fye se ofreció a bajar para abrir y que el auto entrara, y Rei, la conductora, le agradeció con una sonrisa. Entramos a lo que supuse sería el terreno de la casa de Tomoyo, y ella despertó con el movimiento del auto en el camino de ripio. Nos rodearon muchos árboles por el trayecto, hasta que llegamos a la casa.

Nos bajamos del auto, tomamos nuestros bolsos y entramos. La casa de veraneo de Tomoyo era más grande que mi casa en Tomoeda, lo cual era natural si te ponías a pensar en que Tomoyo era millonaria. Era más nada, una mansión. La decoración era sencilla, pero elegante. Amplios ventanales iluminaban las habitaciones y los pasillos, entregando además una bonita vista de lo que era el lago. El suelo era de madera clara y las murallas blancas.

Nos recibió una mujer mayor con una sonrisa afable. Tomoyo luego me explicó que ella y su familia tenían una casa en el mismo terreno y vivían allí. Su trabajo era cuidar la mansión de Tomoyo de robos o cualquier cosa. Y cuando visitaban la casa, la ancianita, la señora Sinui, les preparaba las comidas y mantenía todo limpio.

—¡Al fin! —exclamó Tomoyo, mientras se dejaba caer en su cama.

Compartiríamos una habitación muy espaciosa. A pesar de ser la habitación de Tomoyo, no tenía muchas cosas personales ni que hicieran parecer que se usara mucho. Se veía muy limpia y ordenada. Había dos camas, un escritorio con una silla, unos veladores y un gran ventanal con terraza que daba al lago.

—Oye, Tomoyo, ¿no crees que te excediste con el equipaje? —le pregunté, luego que Rei dejara la tercera maleta de mi amiga y se retirara.

Ella me miró con una sonrisa desde su cama y me tiró un cojín.

—¡Me lo agradecerás!

Tomé el cojín en el aire antes que me golpeara en la cara.

—¿Qué? ¿Qué tengo que ver yo?

—Traje ropa para ti, también.

—Oye, yo tengo mi propia ropa. También traje maleta —repuse—. Además, son solo siete días.

Ella me tiró otro cojín, que no atiné a atrapar.

—Como dije: ¡ya me lo agradecerás!

La verdad, es que en seguida le agarré el gusto a la ropa de Tomoyo.

Abrió sus tres maletas y empezó a sacar vestidos para que me probara. Al final, terminé usando un ligero vestido color verde limón y ella se puso una falda corta y color crema con una blusa blanca. A mí me parecía un poco extraño cambiarme de atuendo cuando recién había usado por la mañana otra ropa limpia, pero estaba bien. La sonrisa de Tomoyo bastaba.

Luego de cambiarnos, bajamos a la sala de estar donde estaban los dos chicos sentados, tirándose una pelota de goma despreocupadamente. Estuvimos allí con ellos conversando un par de minutos, cuando llegó la señora Sinui, a avisarnos que estaba el almuerzo.

Se sentía un poco raro estar de invitada en una casa y que te atendieran tanto. Además, la señora Sinui era muy amable y cortés. Me imagino que así es como veranean los millonarios. No como yo, que tenía entendido que salir de vacaciones con amigos era sinónimo de fideos recalentados y tarros de atún. De todas formas, quizás era la única que se sentía incómoda. Fye bromeaba con naturalidad y Shaoran… bueno, Shaoran estaba muy callado y todo eso, como siempre.

Luego de almorzar, salimos afuera. Había un pequeño muelle privado en el lago, donde estaba anclada una lancha. Nos sentamos en unas toallas que llevó Fye a mirar el agua y el cielo. Era precioso.

Los demás continuaron conversando, pero yo solo pude escuchar el sonido del viento. Era plena tarde de mi primer día en este lugar. Una semana con la mejor amiga que había hecho, un rubio medio atolondrado con el que compartía asiento en el colegio, y un castaño que me hacía revolver el estómago en ocasiones.

No me importaba descubrir el motivo de eso. En realidad, todo sería más sencillo si no sabía la razón.

El verde de las plantas del humedal se mezclaba con el azul del agua. Al horizonte se veían montañas desteñidas por la distancia. El sol brillaba con fuerza y yo me preguntaba cómo podía un simple paisaje ser tan bello y conmovedor.

El resto de la tarde la pasamos jugando a las cartas, tomando jugo de naranja y riendo a carcajadas. Tomoyo en un momento se disculpó y fue a conversar algo con la señora Sinui. Shaoran se alejó y se puso bajo la sombra de un árbol a tomar una siesta, y yo quedé sola con Fye y dos mazos de cartas inglesas.

—¿Nunca habías visto el lago Biwa?

—No —respondí yo con una sonrisa—. Y me arrepiento, porque es hermoso.

—Ah, lo vamos a pasar muy bien acá. Seguramente mañana Tomoyo nos obligue a hacer ski acuático.

—¡Ay, qué miedo!

—Ya verás que aprendes rápido. La técnica es quedarse parado arriba del agua —me guiñó un ojo.

Reí.

—Vale, vale. Creo que lo intentaré.

—¿Sabías que es el lago más grande de Japón?

—Fye, eso lo enseñan hasta en la escuela. Claro que lo sé.

—Ah, vale. Es que duermes tanto en clases que no puedo asumir que lo sabes todo…

Le pegué un puñetazo en el brazo.

Si desviaba un poco la mirada de su rostro, podía ver a Shaoran acostado sobre una toalla. Si hubiera estado bajo los rayos del sol, seguramente su cabello habría brillado tonalidades de otoño. Pero solo estaba ahí, acostado hacia el otro lado, dándonos la espalda.

Luego sentía la mirada de Fye y tenía que volver a mirarlo a él. No fuera que se diera cuenta que había mirado hacia atrás, no, no…

Y mi amigo rubio fue de lo más amable, porque no mencionó mi rubor ni nada. Solo siguió revolviendo los naipes y diciendo burradas para que riera.

El celular de Fye, que estaba a un lado suyo, vibró y él sonrió con el mensaje que leyó. Se levantó de un salto.

—Tomoyo me necesita —dijo mientras se alejaba.

Yo lo quedé mirando sin entender mucho, pero rápidamente entró en la casa y me quedé sola.

En mi soledad, no me sentí mal. Conversar con Fye siempre me ponía de buen ánimo, pero observar el paisaje en este momento también ayudaba. Sentir el viento acariciando mi rostro, el sonido de cosas que no podía observar, como pájaros, insectos, el agua, el viento…

Permanecí un rato de esa forma, disfrutando de mi soledad con el mundo. A lo lejos, muy lejos, se veían barcos y lanchas en el lago. Pero ni eso podía disturbar la belleza de las flores de loto que crecían cerca de la orilla.

Y observar las hojas en los árboles y su movimiento, inevitablemente me llevaron a la espalda de cierto chico que disfrutaba de una siesta de verano. Con el mismo sigilo y cuidado que un ladrón se acercaría a una joya de palacio, yo miraba hacia la casa mientras me acercaba a Shaoran. No quería que me vieran acosándolo.

"¡Es que quería ver su rostro mientras dormía!" me imaginé respondiendo en un interrogatorio policial.

Me sentía molesta hace un rato, y era porque no se había movido de su lugar desde que se acostó bajo la sombra. Estaba un poco celosa de no poder ver su rostro. Aparte, quizás ya no respiraba y estaba muerto. Debía verificar su seguridad.

Con mucho, mucho cuidado, rodeé el cuerpo de Shaoran y por fin vi su rostro cuando me senté a su lado. No estaba tan cerca de él, pero lo suficiente para darme cuenta que respiraba con cuidado. Estaba vivo, al menos.

El sonido de algunos pájaros y otros insectos, el sonido del agua y del viento, todo eso continuó igual que cuando estaba sola en la toalla junto a los naipes. Pero ahora estaba junto a Shaoran, y de pronto ya no estaba sola junto al mundo.

El pecho de Shaoran subía al ritmo de su respiración. Su cabello se movía un poco con el viento. Mi corazón palpitaba más fuerte, seguramente producto del miedo de que me descubrieran en mi violación a su privacidad. Nada más.

Como estaba acostado hacia mi lado, sus manos estaban más cerca de mí que el resto de su cuerpo. Eso me puso un poco nerviosa, porque recordé cuando me tomó de la mano después de la obra para detenerme. No apartó su mano de la mía hasta que yo salí corriendo para escapar de sus ojos brillantes.

En ese momento, Shaoran se declaró. Pero yo aún no le respondía nada. A pesar de lo irrespetuoso que fue conmigo (o algo así), no estaba bien ignorarlo de esa forma. Debía decirle que no quería tener nada con él. Que me gustaría seguir siendo su amiga, porque de cierta forma me había encariñado con sus ojos, su risa, su mirada penetrante e incómoda… Ah, pero que ojalá se mantuviera alejado, porque no quería que me hiciera acelerar el corazón.

Lo observé durante mucho tiempo, siempre desviando la mirada hacia la casa, lista para tirarme al lago si aparecía alguien y así esconder mi secreto. Un viento fuerte pasó y removió el árbol que nos daba sombra. Cayeron hojas y los pájaros retomaron el vuelo. Una hoja quedó atrapada entre el cabello de Shaoran. Acerqué mi mano para retirarla, así nada perturbaba su sueño.

Cuando empujé la hoja con suavidad para no tocarlo mucho y ésta salió volando, me quedé muy quieta en la misma posición. Apenas había rozado su cabello, pero mi corazón había empezado a latir con más fuerza. Me quedé así, con mis dedos a milímetros de él, hasta que no me aguanté más y apoyé suavemente mi mano en su cabello y cabeza.

Su pelo siempre me había parecido como un montón de hojas secas. Sus ojos eran de chocolate y su cabello de ramas y hojas de otoño. Su mirada era acogedora, pero al mismo tiempo era tan frío que tenías que ponerte una capucha para que no se te helaran las orejas.

Pero su pelo era suave, como cualquier otro cabello del mundo. No estaba hecho de hojas secas, sino de pelo igual de suave que el mío o el de mi madre. Y luego comencé a acariciarlo muy lentamente. No es que voluntariamente yo tomara la decisión de acariciar su cabeza y cabello mientras dormía, con una sonrisa de tonta en la cara. Fue algo que me nació. Fue mi mano la que quiso hacerlo y yo no tuve la voluntad para impedírselo.

Pasaron solo un par de minutos de esa forma, hasta que Shaoran empezó a removerse en su sueño y me vi obligada a dejar de tocarlo para que no me pillara in fraganti. Pero abrió los ojos más rápido de lo que pensé y, a pesar de que no lo tocaba, mi mano estaba justo encima de su cabeza. Mi cara ya no era de una tonta quinceañera, sino de una mujer un poco avergonzada y sorprendida.

Se quedó en la misma posición mirándome con suavidad. Sus pupilas me miraban directamente. El viento seguía removiendo nuestros cabellos y enfriando mi nariz. Los pájaros siguieron cantando. Y nosotros nos miramos a los ojos una eternidad.

Cuando volvió a pasar un viento lo suficientemente fuerte como para hacer tiritar el árbol tras de mí, yo atiné a retirar mi mano y acercarla a mí. Él parpadeó muchas veces, pero continuó mirándome. Y no sé si fue causa del viento, del canto de los pájaros o qué, pero un pequeño rubor apareció en las mejillas de Shaoran.

—¿Cuánto tiempo dormí? —preguntó mientras se rascaba la mejilla, quizás para esconder el rojo de su rostro.

—Un par de horas.

—¿Dónde están los demás?

—Adentro. No sé qué hacen.

Él se removió el cabello con fuerza con sus dos manos y luego se incorporó para quedar sentado. Frente a mí, a casi la misma distancia que habíamos estado antes.

Yo no sabía qué decir. ¿Por qué me había sentado junto a él a observarlo dormir? ¿Se habría dado cuenta que le había estado haciendo cariño en la cabeza mientras dormía? ¿Escucharía mi corazón con tanta fuerza?

Me miró un par de segundos y luego se rascó la punta de la nariz.

—Bueno, creo que entraré. Está enfriando ya.

Pero antes que pudiera levantarse de su lugar, lo agarré de su camisa. No sería tan irrespetuosa como para tocarle la piel. No quería que se me saliera el corazón por la boca.

—Espera, Shaoran.

Me miró y luego volvió a sentarse igual que antes.

—¿Qué pasa?

Empecé a mirar el suelo con nerviosismo y a ordenarme un poco el pelo para mantener las manos ocupadas.

—Shaoran, tú a mí no me gustas.

Y no me atreví a mirar su reacción hasta después de que me respondió, varios segundos después de dejarnos en silencio.

—Lo sé.

Sus ojos estaban serios, pero me dedicó una pequeña sonrisa. Quizás para aplacar las palabras. Quizás para que no me sintiera tan culpable…

—Entonces, ¿por qué me besaste?

—No me hagas repetir la razón.

"Ah… cierto, porque le apetecía".

—Quiero seguir siendo tu amiga —dije yo, notando que me tiritaba un poco el labio inferior al hablar, muerta de vergüenza por toda la situación. Ya era demasiado hablar cara a cara con el chico que se me había declarado y robado un beso, pero además tener que rechazarlo…— Quiero que sigamos siendo amigos, igual que antes. No me gustaría que tuviéramos que alejarnos los cuatro, ¿entiendes?

Tan, tan culpable.

—Igual que antes, ¿eh? —volvió a sonreír, pero esta vez de verdad.

—Sí.

Nos quedamos en silencio y yo no pude mantener nuestra mirada por mucho tiempo, porque sentía que si lo hacía, se me notaría el rubor en las mejillas. Y eso sería la derrota.

El viento ya era frío y el sol ya no nos acompañaba con tanta fuerza como antes. Estaba anocheciendo. El sol estaba bajando y lo observé enrojecer levemente el cielo y las nubes. Era un atardecer precioso.

—Sakura, tú me gustas.

Tuve que pensar en mis padres, en Tomoyo, Fye, la señora Sinui con su sonrisa amorosa, en los exámenes del colegio, las lanchas que se veían al horizonte. Tuve que pensar en mil cosas para evitar que mi rostro se pusiera rojo manzana. No quería perder. Si estaba así de avergonzada, es porque cualquier chica lo haría en un momento así. Shaoran Li, con sus cejas pobladas, sus labios carnosos y nariz perfilada, declarándose con tanta sinceridad que dolía el alma…

…era normal que el corazón saltara con tanta fuerza que me rompía el pecho.

—Y yo sé que no te gusto. Es natural. Al cabo que he sido un pesado contigo.

Pero tienes la piel bronceada, cabello color chocolate y ojos ámbares como en mis sueños.

—Pero no voy a descansar hasta que te guste de vuelta. No sé cómo lo voy a hacer, pero te vas a enamorar de mí.

Ya no había más métodos para aguantarme la vergüenza, por lo que decidí atacar.

—Por favor, que no hayan más besos sorpresivos.

Él rio.

—Shaoran, nunca me he enamorado, y no lo voy a hacer ahora —dije yo, con el ceño fruncido y muy convencida de mis palabras—. No soy una niña pequeña y desvalida que puedas convencer con palabras lindas, ¿entiendes? Yo me puedo cuidar por mí misma, no necesito un príncipe azul.

Era la culpa la que me hacía sentir tan avergonzada y me aceleraba el pulso. La culpa…

—Aún no puedo acostumbrarme a eso, pero está bien.

—¿Vas a intentar de todas formas?

—Voy a intentar hasta morir, Sakura.

… la culpa que sentía por mentir.

Y se acercó a mí con suma delicadeza. Esta vez no fue un beso sorpresivo, no me lo robó. Fue acordado.

Se acercó a mí lentamente y yo supe de inmediato lo que vendría, y no lo detuve. Me tomó la mano y yo intenté soltarme en un principio, pero cuando me agarró con más fuerza, yo dejé de luchar y acepté el tacto de nuestras manos. Mi corazón siguió palpitando con fuerza, pero esta vez le respondía el beso a Shaoran Li.

Los pájaros continuaban cantando, pero sentí que con menos fuerza. El viento continuaba helado y el agua moviéndose, pero yo ahora estaba besando a Shaoran y eso no importaba.

—No voy a salir contigo —le decía entre besos.

—No me importa.

—Tampoco me voy a enamorar de ti.

—Está bien.

—No soy tuya ni eres mío —le decía con la respiración entre cortada.

—Como quieras.

—Me gustan tus besos porque son cálidos —también lo halagué cuando nos detuvimos y nos miramos a los ojos.

Me sentí bien al darme cuenta que no era la única con la respiración fuerte y los ojos hambrientos.

—Shaoran, no voy a salir contigo, ni tampoco voy a ser tuya. Te voy a seguir besando, porque quiero. Y si te molesta, podemos parar, pero nada te asegurará que no te robaré ninguno para vengarme de lo que hiciste en la obra.

Él siguió mirándome con sus ojos brillantes.

—No me voy a enamorar de ti —sentencié, por último.

—Ya veremos.

Y volvió a acercarse para robarme un beso. Y se lo respondí, gustosa del sabor de sus labios.


Notas:

Gracias por la espera y muchas gracias a todas las personas que agregaron a sus listas y dejaron un mensajito :). Cualquier duda, déjenlo como review o mándenme un MP, responderé apenas pueda.

Espero que les haya gustado el capítulo. A mí, en lo personal, me movió muchas cosas en el interior. Me gusta como se están desarrollando los personajes de a poco. Me hace feliz escribirlos menos tristes jajaja. Se vienen 7 días en una casa aislada. Tantas cosas pueden pasar...

Saludos a todos, espero seguir leyéndolos. También espero no tardar tanto en el siguiente. Aunque lo dudo, ya que inicié mi quinto semestre en la universidad.

Lía.