Claim: Hyuuga Junpei/Aida Riko.
Notas: Sin línea de tiempo.
Rating: T.
Género: Romance/Humor.
Tabla de retos: Random 6.
Tema: 09. Equipaje.
Cuando Aida Kagetora abre la puerta de su casa en los susburbios y escucha, por última vez, la voz de su hija llegando hacia él desde la cocina, no puede evitar sonreír con tristeza. Sabía que este día llegaría desde que la vio entre sus brazos, apenas un bebé de color amoratado y gran potencia en los pulmones, pero eso no hace más fácil la partida; el saber que pronto la casa se quedará sola, que no habrá más aromas extraños recibiéndolo desde la cocina o sonidos acallados en la noche, cuando su pequeña hija no puede dormir y trata hasta lo imposible por no despertarlo. Pero así es el ritmo de la vida y por eso, tampoco se sorprende cuando encuentra a Hyuuga Junpei sentado a la mesa del comedor, tratando de digerir alguna de las especialidades de Riko.
—¡Hola, papá! —saluda ella, asomándose desde la cocina con una sonrisa que logra ponerlo aún más nostálgico—. ¿Quieres cenar? Hice curry.
Kagetora intercambia una mirada cómplice con Junpei, quien inconscientemente hace un movimiento con la cabeza, aconsejándole que mejor no se acerque al curry, un monstruo burbujeante en su propio plato.
—Comeré —dice Kagetora y sobre todo lo hace porque es la última vez. Adora a su hija, sin embargo, tiene que admitir que sus dotes culinarias no son siempre las mejores—. Un plato grande para mí, Riko. Y luego ven a reunirte con nosotros, por favor.
El hombre casi se arrepiente de haber pedido un plato grande, sobre todo cuando después de la primera cucharada casi puede sentir algo moviéndose en su garganta, algo que parece vivo pero que espera realmente sólo sea un producto de su imaginación. No obstante, lo vale, porque Riko lo observa con una gran sonrisa desde su asiento, una sonrisa que conjuga todas las cosas buenas que le han pasado últimamente y que también dejan cierto toque de nostalgia en el fondo de sus pupilas.
—¿A qué hora te vas mañana? —pregunta el hombre, cuando ya no puede tomar más cucharadas y como una excusa para dejar el plato por un momento.
—A las 5 a.m., papá. Pero eso ya lo sabías, ¿cierto?
—Sí —se resigna el hombre y sus ojos se posan sobre el chico que, para su sorpresa (y no esperaba menos de alguien que desea estar con Riko), ya se ha tomado todo el curry, con el efecto secundario de parecer un poco absorto de la conversación—. ¿Por qué no va él contigo? —pregunta y es lo que realmente ha querido decir desde que Riko le dio la noticia de que se va a Estados Unidos, a estudiar para ser entrenadora oficial en una universidad del otro lado del mundo, muy lejos de papá.
No le pasa inadvertido que Riko y el chico intercambian una mirada cómplice, casi espera escucharlos decir que sí va, que tiene todas sus cosas preparadas y ya casi está imaginándose una boda rápida en Las Vegas cuando su hija lo detiene con simples palabras.
—Hyuuga obtuvo plaza en la universidad de Tokyo —dice, como si fuera lo más obvio del mundo—. Tenemos metas diferentes, papá. Ya hablamos de esto y decidimos que es lo mejor, sólo serán unos cuantos años, que de cualquier modo pasaremos estudiando, así que no se pierde nada, ¿verdad?
Se pierde, puede leerlo en los ojos del chico, al que conoce desde que era un chiquillo y sólo iba a casa para entrenar. Pero como él sabe al ser su padre, como el chico sabe por ser su novio, Riko tiene un espíritu demasiado libre, hace lo que quiere. Y esta vez, su sueño está en Estados Unidos, incluso si eso significa dejarlo todo atrás.
—Muy bien —dice Kagetora, derrotado por fin—. Supongo que tendrán mucho qué hacer antes de que te marches, así que vayan, vayan —dice, moviendo la mano en dirección hacia las escaleras que dan a los dormitorios, que pronto quedarán solos, una casa demasiado grande para un hombre solo como él—. No se preocupen por mí.
—Pero, ¿¡qué dices!? —se queja su hija, casi como en los viejos tiempos, el rostro rojo más por la furia que por la vergüenza, aunque algo de eso hay. Él todavía no está listo para despedidas, quizá por la madrugada, cuando la vea partir en el taxi de camino al aeropuerto, pueda sacar fuerzas para decir adiós, pero ahora, es el turno de Junpei de hacerlo y el mocoso debería de agradecerle que les de tal oportunidad.
—Gracias, señor —dice el ex-capitán de Seirin y permanece estoico cuando Riko le pega un puñetazo, capaz de dejarlo inconsciente incluso a él. Es un buen chico, ese Hyuuga. Lo sabe cuando ella le pasa el brazo por la parte baja de la espalda para ayudarlo a subir los escalones. Puede que sus caminos se separen en estos años de universidad, pero si alguien llegase a preguntarle y como que la sopa sabe horrible, podría jurar que terminarán juntos al final.
Pero ahora el matrimonio no es un proyecto que les interese y es mejor así, porque eso sí que no lo podría soportar.
