Nota: ¡Hola, Klainers! Por suerte esta semana no tuve ningún bloqueo y pude terminar el cap un poco antes de lo que esperaba :D ¡Espero que les guste y perdonen la demora! Como siempre, muchas gracias a todos los que leen y ponen este fics entre sus favoritos, pero sobre todo a los que se toman el tiempo de dejar un comentario. Los quiero a todos, gracias por el apoyo :')


CAPITULO 7: El castigo.

El morocho entró al Gran Comedor con el rostro pálido. Jeff lo divisó y rápidamente se levantó del asiento con cara preocupada y lo alcanzó en el pasillo.

- Wow, ¿Qué pasó? Parece que viste al profesor Slughorn vestido con uno de los vestidos de Macgonagall. - Blaine sacudió la cabeza e hizo una mueca de espanto al escucharlo.

- Oh, por las barbas de Merlín, Jeff , ahora voy a tener pesadillas por tu culpa. - Se estremeció, y ambos ocuparon sus asientos en la mesa de los leones.

-Pues tenías esa cara ¿Que sucedió? - Blaine abrió la boca, y casi de forma inmediata subió la vista a la mesa de Slytherin encontrándose con que Hummel hablaba animadamente con López y Smythe.

- Yo... logré hacer un Patronus. - Jeff pegó un grito de sorpresa, sobresaltando a toda la mesa Gryffindor. - ¡Por los jodidos fundadores, deja de hacer eso, Jeffrey! - Le gritó, pegándole en la cabeza para que se calmara.

- Wow, Jeff, el nombre completo. Ahora sí lo cabreaste.- Se rió Nick.

- Cállate, Nicholas.

- Mi nombre no es Nicholas. Es Nick.- Refunfuñó el otro.

- Oh, por favor, acepta que tienes nombre de anciano.

- ¡Hey, pedazo de tórtolos! No sé si recuerdan que aquí Anderson hizo algo interesante, dejen de pelear. - Los atajó Thad, mientras rodaba los ojos, y se volvía a Blaine.- ¿Qué forma tiene, Blaine? - El morocho se ruborizó al ver que prácticamente toda la mesa estaba tratando de escuchar. Realmente odiaba ser el centro de atención. Incluso su tío Albus lo mirada desde la mesa de los profesores con curiosidad.

- Hmm... Es un león.- Hubo un segundo de silencio antes de que los más cercanos a él soltaran exclamaciones impresionadas.

- Wow, no hay duda de que eres todo un Gryffindor. - Comentó Nick con una sonrisa, y le palmeó la espalda en forma de felicitación.

- El pequeño leoncito tiene a un león para cuidarlo.- Soltó Jeff con una carcajada.

- No soy tan bajito.- Se quejó el morocho, con la cara roja.

- Tu estatura grita lo contrario.- Antes de que Blaine pudiera estrellarle la cara contra un pastel que había sobre la mesa, el rubio agarró a Thad y lo puso como escudo delante de él.- ¿Y por qué traías esa cara? Hiciste un Patronus, deberías estar feliz.

Blaine se mordió el labio y trató con todas sus fuerzas de no levantar la cabeza hacia las serpientes.

- Sí, lo estoy, es solo que tanto esfuerzo me dejó algo mareado.- Bueno, no era una total mentira la verdad, sentía que todo lo daba vueltas.

- Come esto. - El morocho levantó la vista y se encontró con Teddy, acompañado por Albus. - Harry siempre decía que mi padre se lo daba luego de practicar su Patronus.- Blaine tomó la tableta de chocolate y le dio un mordisco, sintiendo el delicioso gusto amargo con alivio.

- Gracias, Teddy.

- De nada, Blaine. Me alegro de que lo hayas logrado, Al me dijo que te veías frustrado en clase.- Blaine fulminó a su tío con la mirada.

- Hey, lo siento, a Teddy no le escondo nada.- Dijo Albus, apoyando una mano en el hombro del Metamorfomago.

- Sí, eso lo doy por seguro.- Sonrió Blaine, recordando la escena que había presenciado. Al lo miró con los ojos entrecerrados.

- ¿A qué te refieres?- Le preguntó en tono acosador.

- Bueno... Ambos son buenos amigos ¿Verdad?- Dijo, Blaine, con una sonrisita pícara.

- Oh, sí. - Teddy miró a Blaine con una sonrisa cómplice, y sacudió la cabeza.- Como sea, debo irme a preparar mi próxima clase ¿Vienes Ted?

- Sí, Al. - Blaine los observó marcharse, con gesto divertido.

- ¿Que fue todo eso?- Preguntó Jeff con el ceño fruncido.

- Están juntos.- Soltó Blaine. - Y creen que nadie lo sabe.

- ¿Qué? - Exclamó el rubio con sorpresa.

- Sí, los vi a mi padrino y a Teddy besándose... acaloradamente, antes de las vacaciones de verano.

- El hijo e hijastro de Harry Potter. Juntos. Wow.- Dijo Nick con los ojos como platos.

- Esa es una imagen demasiado caliente.

- ¡Jeff! - gruñó Blaine, tapándose los ojos con las manos como si así pudiera sacarse la imagen mental que había creado su amigo. - Por Merlín, son mis tíos.

- Sí, tíos que se están revolcando juntos, Blainey. Eso lo hace más caliente.- El morocho lo fulminó con la mirada.

- Si no te callas te haré un hechizo silenciador y esta vez no te lo sacaré por una semana.- Jeff sonrió pícaramente.

- Hmm... ¿Cómo crees que se tomará Harry esto?- Preguntó Nick, tratando de que no se hechizaran.

- El abuelo Harry los ama a los dos, no le molestará que estén juntos. Seguramente será el que más feliz esté de toda la familia. Sé que secretamente esperaba que mi mamá y Teddy salieran ya que eso haría oficial que él perteneciera a la familia. Ahora Teddy es parte de la familia, más de lo que ya lo era, pero no de la forma en qué esperaba. - Blaine se encogió de hombros con una sonrisa ladeada.

- Lo sé, pero en realidad no me refería a eso. - Blaine frunció el seño y miró a Nick con extrañeza.

- ¿De qué hablas?- Preguntó, dándole un trago a su zumo de calabaza.

- Pues de que los Potter cada vez se van acercando más y más a los Malfoy.- Blaine escupió lo que no había logrado tragar, haciendo que sus compañeros se quejaran y Jeff cayera del banco al tratar de apartarse.

- Por el puto Godric, Blaine, que asco.- Se quejó el rubio. Nick rodó los ojos y agitó su varita, limpiando el desastre rápidamente.-

Blaine se había puesto rojo de tal manera que le hacía honor a su casa, mientras las imágenes con las que había conjurado el Patronus regresaban a su mente.

- ¿A qué te refieres?- Exclamó, ignorando las quejas de su mejor amigo- ¿Que tienen que ver los Malfoy en todo esto?- Nick lo miró como si fuera lo más obvio del mundo.

- Tu tío Teddy es el primo de Draco y Scorpius Malfoy, por si no lo recuerdas. Y por lo que sé, Teddy y Scorpius son muy cercanos.- Blaine lo miró con el ceño fruncido, cavilando la idea.

- No lo sé. Al habla bien de Scorpius todo el tiempo, y Harry dice que el chico es un muy buen Auror, supongo que no hay problema con él. El verdadero problema sería Draco. - Soltó un suspiro y negó levemente con la cabeza. - Sé que mi abuelo le perdonó todo, aunque sea un gran misterio la razón de que lo haya hecho. Pero no habla de él, y si alguien lo menciona, de la nada desconecta de la conversación.- Se encogió de hombros.- Pero estoy seguro de que con tal de ver a Al y Teddy feliz, es capaz hasta de soportar a los Malfoy al completo. Incluso a la esposa de Draco, a la cual parece odiar a muerte.

- Ex- esposa. Se separaron poco tiempo luego del nacimiento de Scorpius.

- ¿Y tú cómo demonios sabes todo eso? -Preguntó Jeff.

- Leo y presto atención. -Contestó con una media sonrisa, antes de esconderse tras el periódico.

- Idiota.- Gruñó Jeff.

- Eres peor que la tía Hermione.- Se quejó Blaine.


Harry siempre se había quejado de la manera en que los rumores se escurrían por Hogwarts como pólvora y Blaine nunca había visto rastros de que eso fuera verdad, por lo menos hasta ese momento.

Había pasado apenas un día desde que había logrado hacer un Patronus, y ya todo el castillo estaba susurrando lo genial que era eso. El humor de Blaine había caído en picado desde el desayuno, y claro el hecho de que había visto como el idiota de Smythe posaba una de sus idiotas manos en la puta rodilla de Hummel al tiempo que se inclinaba para hablarle al oído, no tenía nada que ver. Para nada.

Tal vez lo que realmente había rebalsado el vaso de su paciencia había sido la manera en que Jeremiah se encontraba muy cómodo con la atención que recibía de algunos Gryffindors, solo por ser un "amigo cercano" a él. Realmente odiaba, con su alma que cosas así pasaran.

En ese momento comprendió más a Harry y su tío Albus. Ambos odiaban la atención que recibían. Y tenía más que claro que lo único que lo hacía "famoso" en Hogwarts era su sangre. Él, su abuelo y su tío Al no eran como James o Sam a los que les gustaba ese tipo de atención, o como Lily a quién temían que los hechizara si la molestaban.

Así que se había levantado de la mesa, sin probar bocado, y había salido disparado del Gran Comedor, fulminando a toda persona que se le acercara. Tal vez fuera bueno y, según Jeff, "extremadamente cariñoso" con las personas, pero cuando se enojaba era como un tornado con colmillos.

Como una serpiente.- Susurró esa parte enterrada en su interior que no lo dejaba olvidar que estuvo a punto de terminar en Slytherin.

Apretó la mandíbula. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no se dio cuenta de por dónde iba. Chocó contra una persona, haciéndola caer al suelo. Parpadeó varias veces por el golpe, y estiró una mano inconscientemente para ayudarla.

- Lo siento... Estaba dis...

- Ahórrate el discurso de perdón, león.- Soltó una voz inconfundible. Blaine se fijó a quién había tirado y atrajo la mano otra vez hacia su cuerpo. Hummel se levantó con agilidad, y lo miró con las cejas alzadas. - ¿Tienes miedo de que te muerda la mano, Anderson? No muerdo. - El joven sonrió lascivamente. - No mucho. - El morocho tragó saliva pesadamente, incapaz de abrir la boca. Sabía que lo más probable era que estuviera poniéndose rojo. Era la primera vez que se veía frente a frente con el castaño desde el accidente en los Baños de Prefectos. - Así que finalmente tus dos neuronas murieron y te dejaron más estúpido de lo que ya eras. Perfecto, será más fácil partirte la cara.- Blaine sacudió la cabeza y se obligó a sí mismo a recomponer la compostura.

- Cállate, Hummel. - Le espetó, y lo rodeó para seguir su camino.

- ¿Cuál es lo que siempre dice tu tío? Ah, sí. Nunca le des la espalda a tu enemigo. - Blaine se agachó al tiempo que un hechizo pasaba zumbando por encima de su cabeza, sacó la varita y apuntó al castaño antes de que este tuviera tiempo para reaccionar.

- ¡Petrificus Totalus! - El cuerpo del castaño se paralizó al instante, y cayó al suelo con un gemido ahogado de dolor. Blaine caminó hasta él con la varita en ristre, sintiendo como toda esa frustración y enojo se acumulaba en él. Kurt lo observó con una mezcla de miedo y orgullo en sus ojos. - ¿Sabes que otra cosa dice mi tío? - Le preguntó, mientras se agachaba a su lado. - Nunca subestimes a tu enemigo. ¿Y sabes qué? Estoy cansado de que lo hagas. Si quieres conocerme enojado, lo harás. No soy un simple gatito con garras, como todo el puto mundo piensa. - La mirada del castaño se había llenado de curiosidad mal disimulada, pero Blaine no lo notó. - Te lo diré una última vez, Hummel. No te metas conmigo. - Se levantó, y susurró el contra hechizo. El castaño permaneció en el suelo mirándolo con cara de pocos amigos.

- Púdrete, Anderson.- Blaine rodó los ojos y siguió su camino, preguntándose por qué se sentía tanta ira contra él.


Blaine abrió la puerta del aula vacía como pudo al tener a Jeremiah pegado por los labios a él. El mayor gimió y lo empujó dentro, pegándolo contra una pared y restregándose contra su dureza de manera necesitada. Blaine jadeó ante eso, y lo tomó por los cabellos, obligándolo a que dirigiese la boca a su cuello. Jeremiah comenzó a repartir mordidas por toda la extensión de su piel, haciendo que sus gemidos subieran de volumen.

El morocho se mordió el labio y se pegó contra el otro, agarrándolo fuertemente por los hombros ya que sentía que sus piernas le iban a fallar en cualquier momento. Cerró los ojos y se dejó arrastrar por los labios del otro joven que los estaban volviendo loco.

Realmente no tenía una puta idea de cómo habían llegado a estar así. Su cerebro había desconectado en el segundo dos en que Jeremiah lo había besado en el pasillo de forma furtiva y lujuriosa. Sonrió y restregó su erección contra la del otro chico, quien gimió y capturó sus labios nuevamente.

Apenas tuvieron tiempo de darse cuenta qué estaba sucediendo antes de que pasara. La puerta del aula se abrió, y la última persona que hubieran deseado que los encontrara los hizo. Por un instante la habitación, que antes había estado llena del ruido de jadeos, ahora se hallaba gélidamente silenciosa.

Jeremiah se separó de él, y Blaine cerró los ojos, porque realmente no podía soportar la vergüenza de que lo hallasen de esa manera.

Una vez superado el impacto principal, Hummel sonrió de forma casi malévola y se cruzó de brazos, repasándolos con la mirada a ambos.

- Miren con quiénes me vengo a encontrar. Dos leones en plena cena. - Sonrió aún más, y dirigió su mirada a Jeremiah de manera matadora. - Hmm... Fuera de la cama a horas indebidas, haciendo cosas... indebidas... Creo que se ganaron un buen castigo, ambos. - Jeremiah lo fulminaba con la mirada, mientras que Blaine trataba de no cruzar sus ojos con los de él. - Tú, Kiehl, mañana a primera hora con el profesor Longbottom. Ahora largo. - El mayor entrecerró los ojos y miró a Blaine con duda. El morocho asintió en su dirección y el joven se marchó, no sin antes empujar con el hombro al castaño. El Slytherin se arregló la túnica y se acercó a Blaine con una sonrisa divertida. - Así que el león dorado de Gryffindor es la puta del idiota de Kiehl. No tienes buen gusto, Anderson. - El castaño soltó una carcajada y lo observó con gesto altivo. - El gran nieto de Harry Potter es gay, al igual que su adorado tío. Al Profeta le encantará saberlo.

- Que te jodan, Hummel.

- No, que te jodan a ti, Anderson. A ti si te gusta.- El morocho tragó con dificultad. - Ni siquiera lo niegas, eres un maldito pasivo. Te haces el león grande y malo pero te entregas como un obediente perrito.- Blaine tenía la mandíbula apretada y el cuerpo tenso. - El lunes luego de clases en el despacho de Slughorn, sé cuánto adoras su materia y estoy seguro de que al profesor le encantará tenerte como ayudante.

El castaño lo miró de forma extraña y salió de la habitación con un frufrú de su capa. Blaine soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, y se recordó a sí mismo volver a respirar. Apretó los puños y se dejó deslizar por la pared hasta terminar sentado en el suelo con todo el cuerpo tembloroso.


Como había comparado con anterioridad, tener secretos en Hogwarts era similar a que todo el maldito castillo lo supiera. El rumor del motivo de su castigo había recorrido cada oído de cada estudiante y ahora no podía dar dos pasos sin que alguien se lo quedara mirando de forma extraña y las chicas lo fulminaran con la mirada.

Jeff y Nick estaban a su lado, ahuyentando a todos los que se acercaban a molestarlo con alguna pregunta. Blaine no sabía si sentirse avergonzado de que todo el mundo supiera que se había tenido una sesión de acalorados besos con Jeremiah en un aula vacía, o rabioso porque el resto de las personas les importara que era lo que hacía en su vida privada.

- Problemas, problemas, problemas... - Se apresuró a repetir Jeff, al ver acercarse a los tres Slytherins.

Blaine levantó la vista y la clavó de forma mortífera en el joven castaño del medio. Realmente quería romperle su perfecta y respingona nariz. Se negó a ir por otro pasillo. Se negaba a que Hummel lo humillara más de lo que había hecho.

Los tres Gryffindors pasaron a su lado sin prestarles atención, pero el golpe no tardó en llegar.

- ¡Hey, Anderson! - Gritó el Slytherin, con la voz bien alta, para que todos los que estaban en el pasillo lo escucharan. - ¿Es verdad que te gusta morder almohadas?

Las risas llenaron el corredor al instante, haciendo que el morocho se tensara y diera media vuelta con mirada asesina. El castaño lo observaba con una sonrisa de perra orgullosa de su maldito chiste. Blaine relajó sus músculos y avanzó hasta ponerse frente a él, casi rozándose las narices. Le sonrió de forma lasciva y lo miró directamente a los ojos.

- Solo la tuya, Hummel.

Dio media vuelta y se marchó de allí, sonriendo de manera triunfante.


¡Espero sus Reviews!